Favoritos de 2371 en Blogdecine http://www.blogdecine.com/usuario/ seleccionado por 2371 http://www.blogdecine.com <![CDATA['Poesía', irreductible belleza]]> http://www.blogdecine.com/criticas/poesia-irreductible-belleza http://www.blogdecine.com/criticas/poesia-irreductible-belleza Thu, 23 Dec 2010 16:18:13 +0000 seleccionado por 2371 poesia-yoon-jeong-hee

Escribir poesía es encontrar la belleza. Es descubrir la belleza verdadera en todo lo que vemos ante nosotros, en nuestra vida diaria.

(Kim Yong-tak)

De entre todas las novedades de las últimas semanas, con la cartelera inundada de propuestas de todo tipo (diferentes al menos superficialmente), yo os recomiendo buscar y apostar por un drama coreano titulado ‘Poesía’ (‘Shi’, 2010), que por fortuna se ha estrenado en las salas de nuestro país tras proyectarse en los festivales de Cannes (donde se llevó el premio al mejor guion) y San Sebastián. Se trata del último trabajo de Lee Chang-dong, del que el año pasado pudimos ver, tras dos años de retraso, ‘Secret Sunshine’ (sus otras tres películas permanecen inéditas en España). Licenciado en lengua y literatura, Lee empezó escribiendo y dirigiendo obras de teatro, luego se dedicó a la novela, fue profesor y ministro de cultura (durante un año), y ahora enseña dirección y guion en la universidad; actualmente, es uno de los creadores más interesantes de Corea del sur y, sin ninguna duda, del panorama internacional actual.

Para su quinto largometraje, el segundo tras su aventura política, Lee quiso contar con Yun Jung-hee, una veterana intérprete con más de trescientas películas a sus espaldas que se retiró hace quince años para vivir plácidamente en París con su marido. Considerada la mejor actriz en la historia de Corea del Sur, Yun ha confesado que seguían enviándole guiones pero que ninguno le entusiasmaba lo suficiente como para salir de su cómoda existencia, hasta que leyó ‘Poesía’. Dice mucho del compromiso de esta mujer con la historia, y de Lee como cineasta, que se llevaran toda una noche rodando (más de treinta tomas) una escena en la que la protagonista juega al bádminton en la calle. El esfuerzo, la vida, la experiencia, la pasión, el talento y el sentimiento, tanto de la actriz como del director, quedan impresos en los fotogramas de una película sensacional, de una contundencia y un lirismo que traspasan la pantalla hasta llegar directamente al corazón.

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‘Poesía’ gira en torno a Mija Yang (Yun se llama realmente Son Mi-Ja), una señora elegante y curiosa de sesenta años; trabaja cuidando a un hombre mayor, discapacitado, y vive junto a su nieto adolescente en un miserable apartamento de una pequeña localidad cercana al río Han. Allí, flotando en sus aguas, descubren unos niños el cadáver de una chica que se ha quitado la vida. Esta tragedia la vivirá intensamente Mija, incluso desde antes de saber que está vinculada en cierta manera con lo sucedido, a través de su nieto (no conviene revelar más detalles). Otro dramático acontecimiento que afectará y transformará a la mujer será hallar que sus constantes y extraños olvidos se deben a que sufre el mal de Alzheimer; esto es, que su tiempo, su vida, se consume rápida e inevitablemente. Con todo, Mija mantiene la ilusión gracias a un taller de poesía y los recitales de un club de aficionados.

La protagonista de ‘Poesía’, como tantas personas, vive en su propio mundo, se diferencia de los demás y le gusta ser así; le resulta útil además, pues de esa manera es capaz de aguantar los sinsabores que le han tocado vivir, y puede seguir adelante con una sonrisa en el rostro. Siempre ha sido una mujer excéntrica, soñadora, que ve las cosas a su modo, así que cuando tiene la oportunidad de aprender y escribir su primer poema, se lanza a ello con gran determinación, con un entusiasmo más propio de una niña que acaba de descubrir a qué se quiere dedicar de mayor. Pero se da contra un muro. Por más que lo intenta, siguiendo todos los consejos que le dan, no encuentra la inspiración y no logra arrancar. Puede que su incipiente enfermedad tenga parte de la culpa, pero lo cierto es que la mujer empieza a mirar lo que le rodea con otros ojos, en busca de algo que la ilumine, y entonces se enfrenta a la tristeza, la miseria, el dolor, la indiferencia, la muerte. ¿Queda sitio para la poesía, queda belleza en este mundo?

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A menudo, cuando se habla y discute sobre cine, y se dice que una película aburre o entretiene, creo que muy pocas veces se tiene en cuenta lo que diferencia a un buen director de otro: la puesta en escena. Y esto se está convirtiendo en algo demasiado común, quizá porque es difícil determinar dónde está concretamente la fuerza, el valor de la película. Me sorprende mucho que el único premio importante que ha recibido ‘Poesía’ haya sido por el guion, cuando (al menos a mí) me parece evidente que los dos aspectos más destacables de la película son otros; la inspirada puesta en escena de Lee y la impresionante interpretación de Yun. Desde luego, el cineasta coreano ha escrito un estupendo relato que retrata verdades y habla de temas interesantes (la educación, el machismo, la felicidad, la belleza, el arte, el sacrificio), que posibilita mucha lecturas, y lo hace de forma honesta y cruda, contando con la participación del espectador, pero por encima de eso, a mi parecer, está su visión como realizador, su forma de presentarnos ese relato en imágenes, y su capacidad para sacar el máximo rendimiento al elenco, destacando en especial a su inmensa protagonista.

De sus más de dos horas de metraje (el mayor defecto, no haber sido más preciso recortando la película, y no es la primera vez que le ocurre a este director), quiero destacar tres escenas, en las que Lee demuestra su talento para captar la realidad, y lograr que la ficción parezca espontánea, de maneras muy diferentes. La primera sucede en la puerta del hospital; la cámara sigue a Mija, pero algo ocurre a su alrededor, se abre el plano y vemos a una mujer tirada en el suelo, desolada, mientras los demás la miran con extrañeza, como algo curioso que no va con ellos. La segunda, la que más me afectó, sucede durante un almuerzo, están Mija y los padres de los amigos de su nieto; la forma en la que se desarrolla la escena, cómo responden esos hombres ante los hechos ocurridos, impacta como un puñetazo en el estómago, y es un simple plano-contraplano que da prioridad a los diálogos y las reacciones de los actores. La última tiene lugar en la clase de poesía, los alumnos confiesan y recuerdan, frente una cámara estática, momentos de felicidad en sus vidas. Demoledor y sin embargo también esperanzador, es imposible no sentirse implicado, herido y conmovido por este relato, esta joya titulada ‘Poesía’.

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<![CDATA['El sexto sentido', el cine como catarsis emocional]]> http://www.blogdecine.com/criticas/el-sexto-sentido-el-cine-como-catarsis-emocional http://www.blogdecine.com/criticas/el-sexto-sentido-el-cine-como-catarsis-emocional Tue, 13 Jul 2010 11:07:53 +0000 seleccionado por 2371 tss02png.jpg

El año 1999 fue un año de cine interesante por varias razones, entre las que podemos incluir el regreso de directores míticos como George Lucas o Stanley Kubrick (que firmaría su última obra), la consagración internacional de Pedro Almodóvar, o la aparición de un cineasta cuyas dos películas previas habían pasado sin pena ni gloria, que se ganaba un buen sueldo como guionista (‘Stuart Little’) y que con su tercer largometraje iba a sacudir los cines de medio mundo, contra todo pronóstico, creando un fenómeno sociológico como hacía tiempo que nadie había visto. Y algo más: un mito del cine, del cual Bruce Willis dijo que era el mejor guión que había leído jamás.

Once años después de su nacimiento, con su máximo responsable a punto de estrenar en España su película número nueve como director, escribir sobre ‘El sexto sentido’ es como escribir sobre ‘Perdición’ (‘Double Indemnity’, Wilder, 1944), ‘Casablanca’ (Curtiz, 1943), ‘Jennie’ (‘Portrait of Jennie’, Dieterle, 1948) o ‘Los siete samuráis’ (‘Shichinin no samurai’, Kurosawa, 1954). Es decir, no es una empresa sencilla, porque ya se ha dicho todo, o prácticamente todo, sobre ella, dada su condición de mito, de película imperecedera. Sin embargo sigo pensando que M. Night Shyamalan, pese a su grado de celebridad, o quizá precisamente por ella, sigue siendo un director bastante incomprendido, reducido por sus exégetas a una colección de lugares comunes, de los que escapa una obra tan resbaladiza, apasionante y vivificadora como ésta.

¿Cómo aunar, en una misma imagen, el espíritu de suspense cotidiano de un Roman Polanski, la estilizada atmósfera de un Alfred Hitchcock, el sentido de la maravilla y de lo universal de un Steven Spielberg o la entrega al terror más infinito de ‘La profecía’ (‘The Omen’, Donner, 1976) o ‘El exorcista’ (Friedkin, 1973), sin crear un pastiche visual y temático, muy al contrario, con voz y mirada propias, en un ejercicio de autoría sin precedentes, al menos nítidos? La respuesta la dio en parte Bruce Willis: un guión de hierro. Pero también unos personajes magníficamente sugeridos en papel y admirablemente desarrollados en la pantalla, que son la verdadera viga maestra del relato que nos quieren contar.

Comunicarse para vencer al miedo

“Alguna magia es real”

- Cole

No nos engañemos, ‘El sexto sentido’ se convirtió en una de las películas más taquilleras de la historia, no por sus calidades estéticas, sino por sus escalofriantes momentos de terror, un género que se encuentra entre los más venerados por el espectador palomitero, seguramente porque existen muy pocos títulos verdaderamente destacados. De forma irónica, volviéndola a ver, llaman la atención su enorme contención y su elegancia, y su estilo profundamente personal y anti-comercial, sólo traicionado por esos momentos de terror (sólo dos o tres secuencias) en los que quizá sobra ese manido recurso al “susto” antes que al “miedo”. Me refiero a esos golpes de sonido de la banda sonora que te harían saltar del asiento sin necesidad de ver la imagen. Shyamalan tiene talento para mucho más, y lo demuestra en secuencias como la de la furiosa, y suicida, ama de casa.

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Puede parecer un cliché, pero no me cabe duda de que las raíces hindúes de Shyamalan influyen, y de qué manera, en su tratamiento de la percepción de la vida y de la muerte por parte de sus personajes. Según sus propias palabras, exorcizaba su propio miedo a morir, y qué forma más hermosa de hacerlo, porque termina siendo un sencillo punto de partida, a partir del cual tienen lugar notables ramificaciones: la angustiosa soledad de la infancia, la dificultad de ser madre soltera, la frustración de perder el matrimonio por causa del trabajo. Eso para empezar, pero hay más lecturas, de gran profundidad y calado emocional. La más importante de todas ellas la necesidad de comunicación entre familiares, entre amigos y entre extraños.

En la comunicación está la clave del fin de la angustia de Cole (extraordinario, alucinante Haley Joel Osment), llave de su libertad sugerida por su psicólogo/amigo el doctor Malcolm Crowe (fantástico Bruce Willis, en un registro suyo casi inédito), no solamente respecto a los fantasmas que le acosan con sus terribles historias, también y sobre todo con su madre (magnífica Toni Collette, una actriz fenomenal que ahora triunfa en televisión con ‘United States of Tara’), con la que sufre una complicada y tensa relación. Y para finalizar consigo mismo, pues deja de sentirse un pirado y encuentra una motivación para seguir adelante. Cole Sear es uno de los personajes infantiles más inolvidables de la historia del cine.

Como sucederá en sus futuras películas, Shyamalan parece contar sólo el principio de una historia, el arranque, cuyo final el espectador no verá. Tanto la existencia de Cole, como la de David Dunn en ‘El protegido’ (‘Unbreakable’, 2000), la del reverendo Graham en ‘Señales’ (‘Signs’, 2002), todos los habitantes del poblado de ‘El bosque’ (‘The Village’, 2004) o el Cleveland de ‘La joven del agua’ (‘Lady in the Water’, 2006) viven una vida paralizada por el miedo, la frustración o la angustia, y el final de la película supondrá un superar esos avatares, empezar una nueva existencia, resucitar. Eso sí, será en off. Las criaturas de Shyamalan siguen su camino una vez liberados.

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Rasgos de estilo y conclusión

Shyamalan filma con ascética sencillez, sin la menor caída en el divismo y sin darse facilidades. Con la magnífica complicidad del operador Tak Fujimoto (responsable de la luz de, entre otras, ‘El silencio de los corderos’), Shyamalan es capaz de elaborar gradaciones de suspense con la facilidad de quien respira, al menos en apariencia. La sensacional partitura de James Newton Howard (con quien le unirá una relación sólida y duradera, en la mejor tradición Hitchcock/Herrmann) termina por redondear su sentido visual, complementándolo con uno sonoro, sin fisuras.

Relato compasivo con el dolor y la tragedia humanas, noble y de gran ingenio, su asombroso final sigue siendo uno de los más recordados de la historia del cine americano. En realidad un doble final, o un doble comienzo, para ambos protagonistas. Porque, en el fondo, esto es la bella historia de una amistad, la de Cole y Malcolm, dos amigos que vivirán una fugaz amistad, que tanto aportará a los dos para recomenzar su existencia, por mucho que la de uno de ellos se encuentre lejos de este mundo. Lágrimas y miedo, unidos por un jovencísimo maestro, para una catarsis emocional agotadora y luminosa.

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<![CDATA['Toy Story', y la animación cambió]]> http://www.blogdecine.com/cine-animacion/toy-story-y-la-animacion-cambio http://www.blogdecine.com/cine-animacion/toy-story-y-la-animacion-cambio Thu, 08 Jul 2010 19:16:38 +0000 seleccionado por 2371 toystory-f1.jpg

Hay un selecto grupo de películas cuya importancia es vital en el desarrollo del cine como arte. A todos nos vienen a la mente films como ‘Intolerancia’ (‘Intolerance: Love’s Struggle Throughout the Ages’, 1916, David W. Griffith), ‘El acorazado Potemkin’ (‘Bronenosets Potyomkin’, 1925, Sergei M. Einsentein), ‘Ciudadano Kane’ (‘Citizen Kane’, 1941, Orson Welles) o ‘La guerra de las galaxia’ (‘Star Wars’, 1977, George Lucas), por citar algunos ejemplos. Hay claramente un antes y después de elllas, cada una en su ramo, aportando al cine elementos que más tarde serían aprovechados por un sinfín de cineastas. ‘Toy Story’ (id, 1995, John Lasseter) pertenece por derecho propio a ese grupo pues se trata del primer largometraje realizado enteramente por ordenador, herramienta con la que hasta ese momento se habían intentando algunas cosillas, como por ejemplo en ‘El secreto de la pirámide’ (‘Young Sherlock Holmes’, 1985, Barry Levinson) en cuya aplicación del CGI intervino John Lasseter, un verdadero visionario cuyo nombre merece estar entre los grandes.

Pasados quince años desde su realización ‘Toy Story’ no ha perdido ni un ápice de su frescura aunque si comparamos sus efectos visuales con los realizados hoy día en Pixar —en breve llegará a nuestros cines la tan aclamada tercera y última entrega de estos maravillosos juguetes— es evidente que sale perdiendo en algunas cosas. Sin embargo y tal y como señaló el propio Lasseter en su momento, la película no sería recordada en el futuro por representar un avance tecnológico, sino por sus entrañables personaje y su sencilla, que no simple, trama llena de fuerza destinada a niños de todas las edades. Es increíble presenciar cómo esta película va dirigida a todo el mundo demostrando una vez más que el cine de animación no es sólo para los más pequeños. Y presenciando demoledores comienzos como el de ‘Up’ (id, 2009, Peter Docter) ahora menos aún.

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La historia de ‘Toy Story’ nos lleva al universo que existe en la habitación de Andy. Allí siempre le esperan serviciales sus juguetes encabezados por Woody, un vaquero, que es el predilecto y para eso su lugar está encima de la cama. Con motivo del cumpleaños de Andy, los juguetes se ponen nerviosos ante la llegada de nuevos compañeros temiendo ser desplazados por su amo en pos de la novedad. Buzz Lightyear es un juguete de última generación, un guardián del espacio que puede volar y lanzar rayo láser es la nueva adquisición de Andy quien está maravillado con su nuevo entretenimiento. Muy pronto, en dicho universo surgirán enfrentamientos debido a los celos.

John Lasseter ha demostrado sobradamente, sobre todo en esta película y su genial secuela, una endiablada capacidad para la narración sabiendo mezclar con genialidad elementos del cine de animación y del de imagen real. Con esto me refiero a que todos los personajes en ‘Toy Story’ son perfectamente reconocibles dentro del mundo de Disney, existe un ambiente de película familiar en la que se ensalzan valores como la amistad, algo que lleva haciendo la mítica productora desde ‘Blancanieves y los 7 enanitos’ (‘Snow White and the Seven Dwarfs’, 1937, David Hand), resultando más que evidente su mensaje. A ello hay que sumar la habilidad del director para crear todo un mundo paralelo —el de los juguetes— al real, con entidad propia y que resulta totalmente creíble, mucho más que un buen número de películas no animadas. ‘Toy Story’ nos habla de las alegrías y pesares de un montón de juguetes y el espectador se cree lo que está viendo. Si eso no es la magia del cine no sé entonces lo que es.

Por supuesto el causante del milagro, por así llamarlo, no es otro que John Lasseter que se la jugó por completo al demostrar a todos que la animación por ordenador era el futuro. Vemos que no se equivocó, es más, es muy probable que nadie haya demostrado jamás el tener las ideas tan claras como Lasseter en querer demostrar algo totalmente revolucionario. Pero la genialidad del director no sólo se palpa únicamente en el lado técnico del film, ‘Toy Story’ no es grande por sus efectos, que en su momento nos dejó a todos con la boca abierta, sino por la puesta en escena de Lasseter, su sentido del ritmo y el dibujo de unos personajes llenos de carisma, desde Woody, el vaquero algo miedica, envidioso y temeroso de ser rechazado —un miedo habitual en el ser humano por lo que la identificación es total—, hasta Buzz Lightyear, el arrogante y fanfarrón héroe que tarda en tomar conciencia de sí mismo —otro elemento más para la identificación: la identidad—, pasando por toda una galería de personajes secundarios a cada cual más entrañable.

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‘Toy Story’ es desde su inicio, con la llegada de Buzz al cuarto de Andy, hasta su clímax en en una impresionante persecución, un continuo no dar respiro al espectador, set piece tras set piece llenas de emoción y perfectamente hilvanadas para dar coherencia al conjunto. Llama la atención que dos de las mejores escenas sean aquellas en las que se apartan un poco del tono del film y se codean con el género de terror, siguiendo el esquema clásico de ciertas películas de horror tomando como principal referencia ‘Freaks’ (id, 1932, Tod Browning). Me refiero, cómo no, al instante dentro de la habitación de Sid —un tormento de crío que se divierte destrozando juguetes— en el que Woody y Buzz descubren toda una manada de juguetes monstruos, producto de la mente retorcida del niño. Y el otro es la venganza de Woody y las víctimas de Sid contra éste, más serio de lo que cabría esperar en una película de estas características.

Una obra maestra en definitiva, que no sólo revolucionó técnicamente al sector, sino que además logró superponerse a ese progreso técnico con una historia inmortal. Las crítica fueron espléndidas, la taquilla impresionante y la Academia de Hollywood reconoció la calidad de John Lasseter entregándole un premio especial. Cuatro años más tarde propició una continuación que supo estar a la altura de las circunstancias, incluso las superó.

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<![CDATA[Quentin Tarantino: 'Pulp Fiction', la culminación de un estilo]]> http://www.blogdecine.com/criticas/quentin-tarantino-pulp-fiction-la-culminacion-de-un-estilo http://www.blogdecine.com/criticas/quentin-tarantino-pulp-fiction-la-culminacion-de-un-estilo Tue, 06 Jul 2010 05:18:47 +0000 seleccionado por 2371 pulp fiction 1
Siguiendo con el especial dedicado a Quentin Tarantino que tenía algo abandonado en el cajón, ahora toca el turno de adentrarnos en la que es, sin duda, su gran obra maestra. ‘Pulp Fiction’ ha sido la película que lo consagró definitivamente como el cineasta joven, con talento, provocador y llamado a aportar y renovar el cine norteamericano de aquel entonces, los noventa.

Como ya adelantamos, su periplo para dar a luz ‘Reservoir Dogs’ no fue breve. Algo que repetiría con esta nueva película que lo encumbraría en el olimpo de los más grandes. Y no son palabras grandilocuentes de un entusiasta tarantinista, sino un resumen de los muchos elogios que recibió Tarantino tras triunfar en 1994 con ‘Pulp Fiction’.

Tarantino aislado en Amsterdam para escribir el guión

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Tras su paso por Europa con ‘Reservoir Dogs’ y el éxito creciente de su debut, Quentin Tarantino se fue encontrando muy a gusto alejado del ambiente de Hollywood, al que, a pesar de todo, no pertenecía. Recordemos que era un joven que tan sólo había estrenado una cinta violenta y había logrado un buen éxito de taquilla y un puñado de críticas positivas pero todos estaban expectantes a su siguiente paso. Necesitaba demostrar que su carrera irrumpiría y no se quedaba en un amago de inspiración.

Para llevar a cabo su siguiente obra completamente personal y una vez ‘Asesinos natos’ estaba en manos de Oliver Stone y ‘Amor a quemarropa’ reportándole cierto prestigio como guionista, decidió establecerse una temporada en Europa. Gracias a un contrato de novecientos mil dólares con TriStar para escribir el guión de su nuevo trabajo, Tarantino se marchó a Amsterdam, donde se recluyó durante varias largas semanas con la finalidad de volcar todos sus esfuerzos en el guión de ‘Pulp Fiction’. Escribiendo en un mugriento apartamento con su vieja máquina de escribir, encontró su inspiración para desesperación de su manager, Cathryn Jaymes en Hollywood.

Al menos, supo justificar su pasotismo e individualismo con un guión que estaba llamado a convertirse una película transgresora, original (dentro del estilo referencial propio de Tarantino) y que marcaría un hito. Aunque si bien es cierto, que el primer borrador de su historia tenía 500 páginas y tras un primer vistazo de los ejecutivos de TriStar, el guión fue rechazado porque “no parecía una película de su estilo”. Curiosamente los distribuidores de ‘Reservoir Dogs’, los hermanos Weinstein, no dudaron que ‘Pulp Fiction’ sería un éxito. Y Miramax se hizo cargo de la producción definitiva.

‘Pulp Fiction’: La culminación de un estilo

Tarantino supo exprimir su peculiar universo cultural, sus experiencias y su enorme talento para el diálogo en un guión que quería romper con los moldes. Tanto en la narrativa, en la que mostraba una nueva forma de mostrar una historia violenta y de gángsters (pero con apenas cinco minutos de violencia explícita en todo el metraje), como a la hora de aglutinar referencias, dotarlas de su personal visión y mostrarlas de un modo del todo fascinante, brillante y con un dominio de la narración inesperado. Aunque mucho de ‘Pulp Fiction’ se apunta ya en ‘Reservoir Dogs’, aquí Tarantino prescinde de la atmósfera claustrofóbica para presentarnos una historia fragmentada, pero hilada con unos diálogos sobresalientes, que hacen avanzar la historia a un ritmo trepidante.

Gran dominador del tiempo, de la acción, de los diálogos, de la construcción de personajes, Tarantino extrae con suma inspiración un puñado de escenas inolvidables (el baile, el monólogo de Walken, la adrenalina inyectada…). Muchas de ellas quedan impregnadas en la memoria del espectador sin un afán moralizador, sin querer impregnar un mensaje en su cine. Tan sólo entretener, divertir y ofrecer un espectáculo de fuegos artificiales sublime a base de un guión sólido.

También podemos mencionar la enorme astucia que muestra en la creación de sus personajes. Nada originales, de los que ya hemos conocido en múltiples ocasiones, pero llevándolos un paso más allá, extrayendo el máximo de los estereotipos de gángster, de boxeador tramposo, o de la novia del jefe, una tentación en forma y fondo. Tarantino dota a sus personajes de alma, de personalidad y lo consigue no sólo dibujándolos con suficiente tino en el papel, sino también trasladando su esencia con un puñado de actores a los que sabe sacarles lo mejor de sí mismos.

Ni que decir tiene, que la recuperación de un John Travolta denostado y olvidado para el cine, es obra de Tarantino. De su apuesta personal y de darle un personaje inolvidable. Pero en general, la película posee un reparto coral muy inspirado, sobresaliente. Desde un Bruce Willis memorable a una fascinante Uma Thurman o un locuaz evangélico y despiadado Samuel L. Jackson.

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‘Pulp Fiction’: Buceando en los bajos fondos

Como película violenta y criminales, Tarantino no renuncia a mostrar escenas repletas de sangre, de acción o de mostrar con gran detalle las drogas y su consumo. Consigue virtuosidad en su puesta en escena de forma provocativa, pero también midiendo con especial cuidado. Es más violento lo que sugiere que lo que muestra (como ya hiciera en la famosa cercenación de oreja en ‘Reservoir Dogs’), y eso que ahora intentaba homenajear a su añorada revista Black Mask, donde el asesinato, la sangre y los bajos fondos eran los ingredientes principales.

Tarantino se muestra tan extrovertido como provocador y violento, pero llenando todo el film de un humor negro que logra envolver el resultado matizándolo y mostrando una película no sólo digerible, sino especialmente entretenida. Nos arrastra en una historia de criminales, vestidos con elegancia y mostrados con una enorme normalidad y humanidad. Desde las citas bíblicas a las conversaciones sobre las diferentes denominaciones de una hamburguesa ya sea en Europa o en Estados Unidos. Temas aparentemente intranscendentes pero que definen a los personajes, los aproximan al espectador y lograr ganarse una empatía a base de humor negrísimo. Del mismo modo que se acoge los estereotipos de personajes rudos, de féminas atractivas para desenmascarlos, para mostrarlos sin prejuicios, incluso deconstruyendo el arquetipo made in Hollywood porque no pretende sino desprenderlos de su habitual comportamiento, para presentarlo más próximos, menos acartonados.

‘Pulp Fiction’ presenta su particular universo “hardboiled”, repleto de referencias cinéfilas, a la cultura pop, de recursos narrativos como la estructura circular (y episódica) o de una banda sonora (escuchar playlist en Spotify) impregnada de aire setentero, que consigue lograr un homenaje al cine de serie B, a la vez que aporta un cierto postmodernismo que tiene más de refrito que de originalidad, pero que en absoluto se le puede restar mérito (como por ejemplo la famosa escena del baile está claramente inspirada en ‘Banda aparte’ de Godard).

Es más un homenaje como Tarantino entiende el homenaje: mostrar sus gustos con enorme pasión y respeto. Además, en esta ocasión, lo consigue con inspiración, con diálogos magistrales, con personajes inolvidables y un estilo que marcará tendencias durante los siguientes años. Tarantino logra con ‘Pulp Fiction’ la culminación de su estilo.

En Blogdecine, especial Quentin Tarantino:

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<![CDATA[Cadillac Records y la revolución musical]]> http://www.blogdecine.com/criticas/cadillac-records-y-la-revolucion-musical http://www.blogdecine.com/criticas/cadillac-records-y-la-revolucion-musical Wed, 04 Mar 2009 11:28:35 +0000 seleccionado por 2371 cadillac

Que una película a priori tan interesante como ‘Cadillac Records’ haya pasado de puntillas, casi desapercibida, por las carteleras sólo es comprensible una vez se ha visto. Porque, como digo, en un principio, uno piensa que tiene elementos más que suficientes para atraer y entusiasmar al público. Un reparto con caras conocidas, una buena historia y una cuidada ambientación (se ve en el trailer) no han servido para enganchar a nadie. El motivo, en mi opinión, es que da por hecho que todos conocemos lo que se narra aquí, y que, por tanto, podían ahorrar detalles y centrarse en las canciones, que los musicales (aunque ésta no entra en el género) están de moda. Error.

‘Cadillac Records’ se centra en el mítico sello “Chess Records”, una discográfica que revolucionó la música, ni más ni menos. La película nos traslada a Chicago a lo largo de tres décadas, de los años 40 a los 60, presentándonos cómo surge el sello y cómo acaba, a través de los diferentes personajes más característicos de su historia, especialmente dos: el creador, Leonard Chess, y el músico Muddy Waters, con el que Chess consiguió su primer éxito. También hay hueco para otras grandes figuras de la música de ese tiempo, como Little Waters, Etta James y Chuck Berry.

Si los nombres que he citado te suenan a chino (lo cual entra dentro de lo normal, lo raro es que no sepas quiénes son David Bisbal o Britney Spears), o apenas conoces de ellos más que los nombres o un par de canciones, me imagino que puedes tener dos actitudes con respecto a esta película: o “no me interesa en absoluto” o “me interesa porque cuenta algo que no sé”. A los primeros les diré que pueden pasar perfectamente de este título, porque no es nada especial, y a los segundos que se animen, que sabrán un poco más, pero que no esperen una buena película.

La realizadora Darnell Martin, curtida en televisión, donde ha trabajado para series como ‘Urgencias’, ‘Anatomía de Grey’ o ‘Ley & Orden’, tiene a su disposición un material de gran potencial, pero no consigue sacarle provecho, no logra exprimirlo para que la narración resulte tan interesante como debería. No parece difícil (he dicho parece, ¿eh?), contar la clásica historia de unas personas que superaron su problemática situación, todas las dificultades que fueron surgiendo en sus vidas (incluso algo tan complicado pero tan corriente como las barreras psicológicas que las propias personas nos construimos y que nos impiden avanzar), y triunfaron haciendo lo que más amaban: la música. Añadir mucho melodrama, muy buenas canciones, las inevitables redenciones… y agitar. ¿De verdad era tan complicado?

No escasean los ejemplos de buenos dramas que giran en torno a figuras legendarias de la música, con los que podríamos comparar la eficacia y el impacto de esta flojita ‘Cadilllac Records’; pero ya sabéis lo que dicen de las comparaciones. Desde luego, en este caso, estoy seguro que Martin no querrá ver su película enfrentada a títulos como ‘Amadeus’ o ‘Bird’. Normal. Lo que ya no lo es tanto es que tampoco aguante la comparación con otras obras menores. ‘Ray’ por ejemplo, una película sencilla pero muy efectiva que gana muchos puntos gracias a la soberbia interpretación de Jamie Foxx.

En este tipo de películas, las interpretaciones son fundamentales. Y es uno de los puntos donde falla ‘Cadilllac Records’, aunque no tanto como la incapacidad de Martin para que su relato tenga solidez y resulte emocionante. Pero es cierto, al menos bajo mi punto de vista, que la labor de Adrien Brody, que no sale precisamente poco, deja mucho que desear, quedándose en muchas escenas con esa expresión suya que ya empieza a resultarnos (desgraciadamente) familiar y que podría resumirse con la frase “estoy aquí, pero no”. Todos los demás, por el contrario, están bastante bien, destacando especialmente Jeffrey Wright (cuya forma de hablar me recordaba constantemente al Ennis del Mar de Heath Ledger en ‘Brokeback Mountain’) y Mos Def, un tipo que no deja de sorprenderme, y es que a pesar de su aún corta trayectoria, su trabajo me han parecido de lo más destacable de las películas en que lo he visto (concretamente, pienso en ’16 calles’ y ‘Rebobine, por favor’).

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Def encarna a Chuck Berry, que no tiene la presencia que sería deseable, y Wright a Muddy Waters, el otro protagonista central de la trama, junto a Brody (que es Leonard Chess). También hay que destacar la presencia, secundaria, de Beyoncé Knowles como Etta James, cuya aparición aporta algo de interés a una película cuyo ritmo (nunca mejor dicho) va decayendo considerablemente conforme pasan los minutos; Beyoncé es guapa y tiene una voz extraordinaria, eso está claro, pero está muy lejos aún de ser una buena actriz, y cuando se junta con Brody la química es nula. Otros como Cedric The Entertainer (en el papel de Willie Dixon), la atractiva Emmanuel Chriqui (hace de esposa de Chess), Columbus Short (encarna a Little Walter) o Heamonn Walker (un impresionante Howlin´ Wolf), cumplen con mucha mayor con sus respectivos personajes, aunque algunos tienen muy poca participación en la trama.

En resumen, una película entretenida y con cierto valor, puesto que nos presenta una historia basada en hechos reales sobre una serie de personajes que influyeron en la música. En este sentido, es muy probable que ‘Cadilllac Records’ sea un título más indicado para los melómanos, que para un público más general. La cuidada ambientación, las interpretaciones de Wright, Def y Walker, y por supuesto una banda sonora fantástica, lo mejor de todo, son los puntos fuertes de una película que debería aportar mucho más, pero que carece de la fuera y el dramatismo que necesitaba la historia. Una pequeña decepción.

2,5

En Blogdecine:

‘Cadillac Records’, los inicios de algo muy grande

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