Favoritos de los expertos de 239 en Blogdecine http://www.blogdecine.com/usuario/ seleccionado por los expertos de 239 http://www.blogdecine.com <![CDATA[Las tardes con Van Damme]]> http://www.blogdecine.com/humor/las-tardes-con-van-damme http://www.blogdecine.com/humor/las-tardes-con-van-damme Tue, 17 Jan 2012 20:31:47 +0000 seleccionado por los expertos de 239

Ve el video en el sitio original.


Basta de ironías, profanos. Basta de no escribir cantares de gesta a la masculinidad, y basta de no hacerlo con la personalidad que debe exigir uno a todo cronista. La cultura pop es una fiesta, os digo, y aquí no cabe otra cosa que el ponerse a bailar. En Las Tardes con Van Damme no trato de escribir algo que ya ha hecho antes John Tones en su Focoblog. A Tones le gusta mucho Van Damme. Mucho más que a mi. Tones es uno de esos nombres, carentes de ironía, que invierte todo su esmero en explicar las cosas al Pueblo. Explicar el Hecho. Van Damme. No sé. A día de hoy, sigo yéndome a la cama sin entender muchas de sus palabras, tal es la envergadura de su proyecto. Explicar a Van Damme sin ironía, lo viene escribiendo Tones, y sin embargo, aquí estamos, sentaditos, empezando este especial.

Es una gran estrella de acción. No valen los clichés. He seleccionado mis películas favoritas del astro belga.

Empiezo con un vídeo. Van Damme baila y el usuario de youtube lo reescribe al ritmo de una cumbia. Van Damme baila y baila. Él era así. Empezó su carrera moviendo las caderas y luego dislocó muslos sin detenerse jamás. Fue grandes tardes de gimnasio para aquellos culturistas que confundían su elasticidad brutal con los más tradicionales Arnold Schwarzenegger y Sylvester Stallone. ¡Cierto es! Trató de ceder a aquellas estrellas de acción, sin atender siempre a sus peculiaridades. Van-Damme, levanta siempre la pierna izquierda, espectáculo limpiador de matones y ahora resistiendo aún a los malos espectadores.

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<![CDATA[Vampiros de verdad: 'El baile de los vampiros' de Roman Polanski]]> http://www.blogdecine.com/cine-clasico/vampiros-de-verdad-el-baile-de-los-vampiros-de-roman-polanski http://www.blogdecine.com/cine-clasico/vampiros-de-verdad-el-baile-de-los-vampiros-de-roman-polanski Thu, 09 Sep 2010 18:16:20 +0000 seleccionado por los expertos de 239 bailevampiros-f1.jpg

Primera vez que en este especial dedicado a las fascinantes criaturas conocidas como vampiros tratamos una comedia. Por supuesto ‘El baile de los vampiros’ (‘Dance of the Vampires’, 1967, Roman Polanski) no es la primera película que se toma a coña el mundo vampírico, hay algunos ejemplos sobre todo en el cine de serie B de los años 40 y 50. Pero Polanski se adentró de lleno y en clave de comedia —con pequeños puntos trágicos— en el universo de los vampiros, cuando estaba en una de las cimas de su carrera, aprovechando además que el tema estaba muy de moda gracias a la mítica productora británica Hammer Film.

De hecho, ‘El baile de los vampiros’ —cuyo título original ha cambiado en USA al de ‘The Fearless Vampire Killers’— revisita en su mayor parte uno de los títulos menos considerados injustamente de la Hammer, ‘El beso del vampiro’ (‘Kiss of the Vampire’, 1964, Don Sharp). De esos films recoge absolutamente todo, desde la apariencia gótica de sus imágenes, hasta el uso del color, pasando por un esquema narrativo idéntico y acentuando, cómo no, los elementos sexuales y sangrientos del relato, que en esta ocasión Polanski utiliza para provocar la carcajada. Lo consigue a veces.

Y es ahí donde discrepo con mi compañero Adrián Massanet, que en su estudio del cineasta Roman Polanski asevera lo sublime de esta cinta. No pongo en duda la grandeza que el director de origen francés ha alcanzado en su filmografía con títulos como ‘El quimérico inquilino’ (‘Le locataire’, 1976) —para el que suscribe su mejor trabajo hasta la fecha—, ‘Frenético’ (‘Frantic’, 1988) o ‘Lunas de hiel’ (‘Bitter Moon’, 1991), por citar tres ejemplos variados, pero también creo que es un realizador con una trayectoria muy irregular. Capaz de lo peor y lo mejor, ‘El baile de los vampiros’ expone precisamente las virtudes y defectos de un cineasta que se ha hecho un hueco en la historia del cine gracias a productos, en su mayor parte, no precisamente fáciles.

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El comienzo de ‘El baile de los vampiros’ deja claras las intenciones del cineasta, estamos ante un cachondeo puro y duro sobre un tema fantástico que curiosamente en muchos films ha estado al borde del ridículo —a veces cierta cutrez en los efectos visuales, o en una alocada trama, provocan esa triste sensación—. No obstante el film posee también elementos terroríficos que no tienen nada que envidiar al resto del cine de terror coetáneo. Instantes como el del Conde Krolock —Ferdy Maine excelentemente caracterizado— entrando por la ventana del techo para llevarse a la espectacular Sarah —Sharon Tate sustituyendo a la inicialmente prevista Jill St. John— o esos instantes fantasmagóricos en los que se escuchan unos hipnóticos cantos, demuestran la gran capacidad de Polanski para crear una adecuada atmósfera, y entran por derecho propio en los anales del cine vampírico.

En cuanto a los instantes cómicos encuentro que instantes hilarantes se dan la mano con otros de un humor más grueso o zafio, un terreno pantanoso para Polanski, quien no controla todos los resortes de la comedia. Ciertamente inspirado me resulta la composición del que sería una especie de versión cómica de Van Helsing. El profesor Ambrosius —extraordinario Jack MacGowran en la mejor interpretación de la película— resulta encantador por despistado, y el hecho de que gracias a él el vampirismo se extiende por todo el mundo es uno de los detalles más acertados de la historia. No ocurre lo mismo con el personaje al que da vida el propio Polanski y que no empata con nadie, amén de una historia de amor muy brusca.

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En su primera mitad, antes de que los dos personajes centrales se presenten en el castillo de Krolock, Polanski no domina del todo el ritmo de la historia. La estancia en la posada se alarga en demasía y se suceden situaciones de poco interés, aunque el personaje de Shagal —divertidísimo Alfie Bass— emerge en ese instante como el más provechoso, alcanzando más tarde cotas inimaginables en el tratamiento que Polanski le da cuando aquél ya ha sido vampirizado. Afortunadamente las secuencias en el castillo contienen lo mejor del film, y el director logra instantes de cierta tensión, como el intento con acabar con los vampiros mientras duermen en el interior de sus ataúdes en su cripta particular —atención a las andanzas de Shagal en ese tramo—, o el mítico baile que da título al film, y que rememora en clave de comedia el realizado por Don Sharp en el film arriba mencionado.

Irregular, pero estimable trabajo de Polanski, fracaso total en Estados Unidos —debido a ciertos problemas personales con el productor que recortó la película en la sala de montaje—, y éxito en Europa, continente en el que Polanski es más admirado. Al año siguiente volvería al género del terror desde una óptica mucho más seria y con resultados muy superiores.

Anécdota sobre el rodaje

Para la famosa secuencia del espejo en el que sólo se ven reflejados los tres protagonistas, mientras el resto de vampiros se quedan boquiabiertos, Polanski hizo construir una habitación exactamente igual a la que estaban, pero a la inversa, de forma que al separarlas por una puerta —en la película, el espejo, que simplemente no existe— dé la sensación de que es la misma estancia reflejada. Los actores son los que están de frente a la cámara, mientras que unos figurantes son los que bailan hacia el inexistente espejo. Hoy se haría de forma digital y el encanto se iría a tomar viento fresco.

Vampiros de verdad en Blogdecine:

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<![CDATA['Cadena perpetua', nunca perder la esperanza]]> http://www.blogdecine.com/criticas/cadena-perpetua-nunca-perder-la-esperanza http://www.blogdecine.com/criticas/cadena-perpetua-nunca-perder-la-esperanza Thu, 19 Aug 2010 17:21:48 +0000 seleccionado por los expertos de 239 shawshank31.png

Hay películas que le devuelven a uno las ganas de vivir. Así de sencillo. O, más exactamente, el deseo de seguir a ver qué ocurre, con un poco más de esperanza. He visto ‘Cadena perpetua’ (el que pone los títulos en España es un lince, pues era mucho más interesante el original ‘The Shawshank Redemption’, aunque también llamaron ‘Pena de muerte’, originales ellos, a ‘Dead Man Walking’, precisamente dirigida por Tim Robbins) muchas veces a lo largo de sus dieciséis años de existencia, y en todas ellas me ha producido idéntica sensación: la de asistir a un poema que existe por la mera razón de dar esperanza al corazón del hombre, curiosamente un objetivo que para Andrei Tarkovski era la meta suprema del arte. En su debut, Darabont lo logra con una maestría poco común en un primerizo, filmando uno de los más bellos y emocionantes filmes de las últimas décadas.

Pocas veces puede emplearse la manida, reduccionista en ocasiones y socorrida expresión de “obra maestra” como en el caso rotundo de esta película. Era el año 1994 cuando nació, y compitió en los Oscar con la genialidad de Allen ‘Balas sobre Broadway’ o con el ‘Pulp Fiction’ de Tarantino. Perdieron todas contra la mediocre ‘Forrest Gump’, pero creo que debió ganar la que ahora nos ocupa, que es la más hermosa de todas, quizá la más hermosa de todas las películas carcelarias de la entera historia del cine, pues en su seno se haya una de las elegías más intensas que se recuerdan en torno a la búsqueda de la libertad personal y espiritual, algo ansiado por la mayoría de los hombres, aunque quizá muchos ni lo sepan. Pero ‘Cadena perpetua’ es mucho más que eso, incluso. Vamos a por ella.

Adaptación del relato de Stephen King ‘Rita Hayworth y la redención de Shawshank’, relato aparecido en 1982, llevada a cabo por el propio Darabont (quien con la sola excepción de ‘The Majestic’, sobre un guión de Michael Sloane, ha trabajado en sus largos sobre textos previos del famoso escritor de Maine, una especie de verdadero gurú para él), durante mucho tiempo Darabont se estuvo planteando la posibilidad de debutar con ‘La niebla’, cuya adaptación vería la luz en 2007, pero finalmente se decidió por este relato acerca de un convicto acusado de un delito que no ha cometido, y que pasará dos décadas en la cárcel, durante las cuales conocerá a una serie de personajes. Con uno de ellos, Red (Morgan Freeman), iniciará una amistad duradera y profunda, enriquecedora y estimulante para ambos, una amistad en torno a una serie de temas mayores, como lo son la esperanza, la redención, la fraternidad, empeñarse en vivir o empeñarse en morir. Casi nada.

Un árbol con una carta

Como soy un ignorante de tal calibre que no he leído el relato de King, sólo puedo hablar de la perfección del guión de Darabont, que durante ciento cuarenta y dos minutos de metraje no pierde el hilo de sus numerosas criaturas en ningún momento, y que es capaz de narrar, sin el menor desmayo de ritmo o intensidad, dos décadas en las que sus personajes van envejeciendo y cayendo embrujados por los muros de piedra de la enorme prisión, según las propias palabras de Red. Y ya en labores propias de dirección (puesta en escena y dirección de actores) Darabont se revela como un consumado artista, un grandísimo cineasta para el que las difíciles tareas del timo, el tono, la atmósfera, son mera cuestión de elegancia y humildad. Creo, sinceramente, que este filme no ha sido realmente valorado como se merece, a pesar de ostentar el primer lugar del ranking del archifamoso imdb, una lista tan arbitraria como cualquier otra (incluidas, claro, las mías, pero para eso se hacen las listas, para ser arbitrario). Si ‘Cadena perpetua’ fuera un filme de los años cincuenta (y bien podría serlo) se codearía hoy, en renombre, con ‘El crepúsculo de los dioses’ (‘Sunset Blvd.’, Wilder, 1950) o ‘Rio Bravo’ (Hawks, 1959).

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‘Cadena perpetua’ viaja en latitudes similares a aquellas películas. La pegada emocional, el mazazo de sus imágenes, compite con ellas. Que Red consiga la condicional después de treinta años en la cárcel, viva durante un tiempo en el cuchitril en el que se suicidó su compañero Brooks Hatlen (interpretado por el legendario y ya fallecido James Whitmore), decida violar la condicional, y se encamine al enorme árbol en el que su amigo Andy le dejó una carta, es mucho más que lo que simplemente se ve. Bajo la (plácida y serena) apariencia de la imagen de Red acercándose al árbol subyace la conmoción principal de la película: el hombre caminando hacia una esperanza por fin recobrada, nunca desaparecida pero quizás sí ignorada. Se revela así el verdadero poder del cine: que la imagen contiene su anverso y su reverso, y que el primero se explica con el segundo y viceversa. Culmina ahí el viaje por el infierno de la cárcel de dos hombres tan vivos y tan reales que da miedo verlos.

Pero no obtenemos esa esperanza sin antes asistir al breve episodio (un cortometraje magistral en sí mismo) en el que a Brooks le sueltan tras cincuenta años convicto. Un episodio al que accedemos arrasados de emoción, testigos de la infinita capacidad de soledad y desesperanza del ser humano, más aún cuando es anciano y olvidado. Ni el menor rastro de manipulación melodramática, ni de lugares comunes. Sólo la cruda y atroz realidad, verificada por una vida malgastada. Pocas veces en el cine se ha asistido al milagro de la dignidad del hombre así representada, en sus últimos días de existencia, esperando que el pájaro que convivió tantos años con él en la cárcel le visite y le diga hola en el exterior. Pero esta clase de milagros sólo pueden suceder cuando se tiene el privilegio de contar con este grupo de actores, muchos de los cuales formarán algo así como la compañía de actores habitual en Darabont, entre los que destacan dos colosos, dos monstruos como Tim Robbins y Morgan Freeman, los cuales recibirían, cosa curiosa, el Oscar al mejor actor de reparto en sendos papeles para Clint Eastwood.

Pero también contó con el genial montador Richard Francis-Bruce, que hace maravillas temporales y rítmicas en este largo relato, y con la fotografía del habitual operador de los Coen Roger Deakins, que aquí firma quizá su mejor trabajo, y con la música de un enorme Thomas Newman, sin la cual es imposible comprender esta obra magistral. Dice Darabont que dentro de un tiempo se considerará a Stephen King como el Dickens de nuestra época. Pero no es necesario que pase mucho tiempo más para considerar a este grupo de fenomenales artistas como lo que son, fenomenales, y a esta película irrepetible como lo que es. Independientemente de todo lo demás, porque habla del hombre, a la altura de la mirada humana, sin perderse jamás en las veleidades de un medio tan propenso a no respetarse a sí mismo.

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<![CDATA['Dark City', la película que mereció el éxito que se llevó 'Matrix']]> http://www.blogdecine.com/criticas/dark-city-la-pelicula-que-merecio-el-exito-que-se-llevo-matrix http://www.blogdecine.com/criticas/dark-city-la-pelicula-que-merecio-el-exito-que-se-llevo-matrix Fri, 16 Jul 2010 08:41:52 +0000 seleccionado por los expertos de 239 darkcity-f1.jpg

‘Dark City’ (id, 1998, Alex Proyas) fue un fracaso debido as que su distribuidora, la New Line, no supo cómo venderla. ¿Es un film de ciencia ficción? ¿Es cine negro? ¿Se trata de un pastiche de multitud de cosas? Sea como fuere lo cierto es que el film de Proyas no lo vio casi nadie —aún recuerdo en el momento de su estreno los cuatro matados que estábamos en la sala, mientras yo me sorprendía por no ver a casi nadie en la nueva película del director de la admirada ‘El cuervo’ (‘The Crow, 1994)—; sin embargo al año siguiente todo el mundo alucinó en colores con ‘Matrix’, la odisea de los Wachowski que plagiaba en más de un punto el film de Proyas. Está claro que ‘Matrix’ tuvo un presupuesto mucho mayor, revolucionó por completo el mundo de los efectos visuales, en su reparto había una estrella taquillera y se supo vender como el no va más en el cine de acción.

No obstante no quiero ser malinterpretado, soy de los que se lo pasa de miedo con ‘Matrix’, excelente película que debió permanecer sola sin secuelas que no eran más que una mera y desvergonzada explotación de la gallina de los huevos de oro. Pero al César lo que es del César, los Wachowski se inspiraron descaradamente en el universo creado por Proyas, un plagio muy disfrutable que iba más allá de lo meramente argumental, y si no seguid este enlace que os llevará a la comparativa que de ambos films hace Jorge Morales a nivel estético. La sorpresa para algunos será mayúscula. Pero ojo, ‘Dark City’ tampoco es original al cien por cien, en realidad Proyas bebe de infinidad de influencias, entre ellas la de ‘Blade Runner’ (id, 1982, Ridley Scott) film con el que en cierto modo está hermanada.

Como habéis podido ver en la foto de arriba existe una edición en DVD del montaje del director —ese invento de Ridley Scott que vuelve locos a los consumidores de formato casero con cien mil remontajes de una misma película— y que como es lógico en nuestro país no se encuentra disponible, por lo que hay que recurrir a maravillosos reinos como el de Amazon para poder conseguirla. Al igual que la famosa obra maestra de Scott, ‘Dark City’ es una película cuya fama ha ido creciendo con el paso de los años que la han ido revalorizando hasta convertirla en lo que es, una pequeña joya del cine de ciencia ficción, no exenta de algunos errores que no empañan un film fascinante de principio a fin.

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Las diferencias entre la versión estrenada en cines y el montaje del director son la eliminación de algunas escenas, como la del prólogo, unos diez minutos de metraje inédito repartidos a lo largo del film, y la supresión de la voz en off de Kiefer Sutherland, obligada a grabar por la New Line ya que consideraban la historia algo incomprensible. El montaje del director es la demostración palpable de que tal afirmación es absurda. La historia de John Murdoch es perfectamente entendible desde el inicio cuando despierta en la bañera de una habitación de hotel hasta el falso final feliz en el que tomando conciencia de sí mismo y sus poderes convierte su viejo mundo en la materialización de sus recuerdos, implantados o no. Las lecturas que se dejan entrever en su argumento son de lo más variopintas, desde la típica historia detectivesca en la que en la mejor tradición del Film Noir nada es lo que parece, hasta las teorías sobre sueños y recuerdos, la búsqueda de la identidad, el individualismo frente al colectivismo, pasando por la eterna lucha entre el Bien y el Mal, un elemento muy común en las grandes historias.

Proyas ha declarado haber estado influido por la lectura de varios libros sobre psicología y por la teorías sobre el sueño de Freud y Jung —de considerable influencia en muchos cineastas—, construyendo una historia que fascina por su tratamiento y su puesta en escena. El director viste su película de sombras, ambientada en una ciudad en la que la vida sólo sucede de noche y los recuerdos son fantasmas diurnos de difícil explicación. No sabemos la época ni el lugar, los anacronismos nos indican que éste no es importante, al final cuando los protagonistas descubren la verdad sobre la ciudad donde viven —la verdadera sorpresa del relato— la terrorífica realidad se revela como el lugar del que no podrán salir jamás, pero todos tendrán sus recuerdos, sean cuales sean, y sus sueños más la posibilidad de poder cumplirlos o mantenerlos sin el miedo invisible de que sean cambiados cada medianoche.

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Los Ocultos —en el montaje del director se elimina por completo la explicación de su existencia— representan en cierto modo la propia búsqueda del ser humano en intentar explicar la existencia del alma, algo tan antiguo como la propia memoria. Extraterrestres que necesitan los cuerpos muertos de gente para poder sobrevivir, de aspecto lúgubre —el ‘Nosferatu’ de Murnau tiene mucho que ver con ello— son todo lo contrario a la humanidad. Fríos, sin sentimientos, con una memoria única, pero con una enorme curiosidad por saber qué hay detrás del gran misterio del hombre. Esa búsqueda del alma por parte de los Ocultos es quizá el elemento más ingenuo de todo el relato, y sin embargo da lugar a multitud de reflexiones que se derivan de las distintas situaciones que atraviesan algunos de los personajes. El portero del hotel que sigue comportándose igual al mando de un quiosco, la negativa de Murdoch a ser un asesino, o también cómo el poseer nuevos recuerdos cambia por completo la actitud y la vida de otras personas. Múltiples posibilidades para el logro más alto de la historia.

Rufus Sewell no es un actor conocido por la gran audiencia, pero su John Murdoch logra ser muy creíble. Jennifer Connelly, antes de ser una superestrella, compone un personaje de mujer típica del cine negro, con interpretación de canciones clásicas incluidas; Kiefer Sutherland, aún lejos de convertirse en Jack Bauer forever, tiene en su haber el personaje clave del relato, una especie de mad doctor que tiene en su poder todos los recuerdos posibles. William Hurt da vida a un curioso detective de policía, al que casi nadie hace caso, pero es de los pocos que sabe que las cosas no están bien. Richard O´Brien es el Sr. Mano —Proyas escribió el papel específicamente para el actor—, un Oscuro que decide inocularse los recuerdos de Murdoch para encontrarle pues representa una amenaza para su especie, produciéndose otra interesante reflexión con ello: el hecho de que el Sr. Mano posea los recuerdos de Murdoch responde más a una necesidad de sentirse humano, pues los recuerdos en parte es lo que nos hace únicos.

‘Dark City’ posee una extraordinaria dirección artística, obra de Richard Hobbs, en la que una ciudad entera se transforma por completo, ocultando calles y edificios y naciendo nuevas construcciones, algo así como los recuerdos que viene, van y desaparecen. Trevor Jones hace gala de una muy acertada grandiosidad en su banda sonora, y Dariusz Wolski viste de oscuridad una película que en su parte final se llena de luz, el despertar de la nueva memoria que está por construirse.

¿Similitudes entre ‘Matrix’ y ‘Dark City’? Todas. Los protagonistas viven en un mundo que no es real, controlados por unos seres que los vigilan en todo momento, el héroe de la historia termina revelándose como una especie de Mesías con superpoderes. Alex Proyas se arriesgó no dándole todo mascado al espectador, arrastrándolo a un mundo incómodo de final lógico pero jamás deseado; los Wachowski sucumbieron con inteligencia a las necesidades de las nuevas eras de espectadores jóvenes. En realidad la producción supermillonaria se lo debe todo al pequeño film, hoy de culto, de Proyas. Preferir una u otra es cosa de las inquietudes de cada uno. Un servidor se queda con las dos.

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<![CDATA['Acorralado', una excelente película de aventuras]]> http://www.blogdecine.com/criticas/acorralado-una-excelente-pelicula-de-aventuras http://www.blogdecine.com/criticas/acorralado-una-excelente-pelicula-de-aventuras Thu, 01 Jul 2010 16:19:16 +0000 seleccionado por los expertos de 239 captura-de-pantalla-2010-07-01-a-las-175126png.jpg

El cine de acción y aventuras, que en la actualidad no creo que pase por su mejor momento, siempre ha sido considerado de segunda clase, de nulo prestigio, de una importancia inferior a la de otras formas de cine, por razones incomprensibles para quien esto escribe. Así, algunos hitos de este cine fueron despachados, durante años, por los especialistas, como mero cine comercial sin la menor relevancia estética. Y si tal cosa ocurrió nada menos que con ‘Terminator’ o ‘Mad Max’, mucho más con otro famoso título de los 80, situado entre ambos, la fenomenal ‘Rambo: Acorralado’.

Viéndola de nuevo, casi tres décadas después de su aparición, resulta que no ha envejecido en absoluto, más bien es sorprendentemente moderna y su discurso y trasfondo aún están vivos hoy día, quizá más aún que en el momento de su estreno. Su vértigo y su trepidación permanecen intactos, y su drama, el de un hombre demolido por la guerra, merece situarse como uno de los relatos de acción más importantes de los ochenta, y, por tanto, una importantísima muestra de cine de aventuras, única forma de entretenimiento capaz de aunar divertimento y tragedia.

Adaptación bastante libre de la más que decente novela de David Morrell, algunos famosos actores fueron considerados para el papel de John Rambo, entre ellos Clint Eastwood, Steve McQueen, John Travolta o Dustin Hoffman. La llegada de Sylvester Stallone, que ya estaba un poco cansado de su Rocky Balboa, al parecer propició algunos cambios en el personaje que a mi modo de ver son muy interesantes, porque añaden un nivel de crítica social que no se encontraba en el original literario y que es uno de los elementos que hacen a este filme tan emocionante.

La soledad del guerrero

El comienzo es magnífico, con John Rambo, veterano de la Guerra de Vietnam, miembro de una unidad de las fuerzas especiales, y galardonado con la Medalla de Honor, averiguando que un viejo amigo y compañero de su unidad ha muerto de cáncer (luego sabremos que era el último de sus compañeros que aún vivía), y vagando después sin rumbo hasta encontrarse con el pueblo de Hope (un irónico nombre, “Esperanza”...), lugar en el que no podrá ni descansar ni comer algo porque el sheriff local (estupendo Brian Dennehy) primero le echa por considerarle un vagabundo y luego le arresta cuando Rambo ejerce su derecho de caminar o dirigirse a donde le apetezca.

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Sin el menor esfuerzo, sin trampas, nos sentimos completamente identificados con Rambo. Los que crean que el personaje del sheriff es un truco de guión o una exageración, quizá deberían pasarse por ciertos pueblos de Estados Unidos o incluso de España, lugares en los que los extranjeros son menos que nada, y cualquier sospecha conlleva un enfrentamiento directo con las fuerzas de la autoridad locales. La brutalidad policial de la que es objeto y su posterior fuga, son momentos de gran violencia, pero no una violencia elaborada por motivos bajos o comerciales, sino para mostrarnos la desesperada existencia de un hombre abandonado. Por eso cuando escapa veloz en su moto sentimos una inyección de adrenalina, porque nos gustaría ser capaces de enfrentarnos a la opresión policial con semejante destreza.

John Rambo es un monstruo, un animal de guerra producido por la implacable maquinaria belicista de Estados Unidos, que al regresar al lugar que en teoría ha contribuido a hacer más libre (en realidad, a enriquecerse y a fortalecerse en sus privilegios de bienestar y comodidad) es tratado como escoria, como basura prescindible, un ser sin sentimientos, por policías que son como matones, hombres acomplejados que así se sienten más hombres, más duros. Poco después, descubren que el piojo que ellos creían blanco legítimo de su violencia, es en verdad un lobo mucho más peligroso que todos ellos juntos, un hombre que no ha hecho absolutamente nada y cuya venganza será terrible.

Sentimos compasión por él, y una vez que los policías deciden salir a cazarle, deseamos que sea él quien los cace a ellos, deseamos que su reacción sea lo más violenta posible. Pero cuando el ayudante del sheriff, el más brutal, cae por accidente del helicóptero y muere, nuestra euforia se nos atraganta y se nos mezcla con ácido en el estómago. Sentimos, como pocas veces, las consecuencias de la violencia y la brutalidad, a través de muertes terribles, por mucho que mueran los más abyectos. Así, ‘Acorralado’ nos golpea con fuerza en la conciencia mientras nos proporciona un subidón de energía poco habitual en el cine.

Un filme eléctrico

El artesano Ted Kotcheff dirige con inusitada habilidad un drama tan propenso a caer en los lugares comunes y en la exageración, hasta el punto de que logra mucha elegancia y sobriedad en un su puesta en escena. Sacando el máximo partido a los excelentes escenarios naturales de Canadá, la fotografía de Andrew Lazslo y el montaje de Joan Chapman son soberbios, como soberbia es la música de un Jerry Goldsmith muy inspirado, pues mezcla con sencillez la intensidad con el lirismo, en uno de sus scores más recordados.

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‘Acorralado’ consigue todo lo que intenta conseguir. La distancia entre lo que busca y lo que encuentra es ínfima, casi inexistente. Hay violencia y tensión en sus imágenes, dinamismo y verdad, dolor y desesperación. No fue un grandioso éxito como algunos piensan, aunque propició una saga bastante lamentable (cuyo segundo título está escrito, en colaboración con Stallone, por James Cameron, en el que probablemente sea el trabajo de guión más deleznable que haya firmado el realizador canadiense). Stallone, del que siempre he pensado que es un buen actor desaprovechado, borda un papel muy físico, muy exigente, provoca miedo y pena al mismo tiempo, algo más difícil de hacer de lo que parece.

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<![CDATA[Los diez mejores remakes]]> http://www.blogdecine.com/reflexiones-de-cine/los-diez-mejores-remakes http://www.blogdecine.com/reflexiones-de-cine/los-diez-mejores-remakes Mon, 14 Jun 2010 17:34:45 +0000 seleccionado por los expertos de 239 remakes-mejores

Todos los remakes no son malos. O dicho de otra forma, realizar una nueva versión de una otra película no es algo necesariamente criticable o poco artístico. Algunos lectores habéis pedido que se hablara aquí de “buenos remakes”, y eso vamos a hacer hoy, que no se diga que Blogdecine no cuida su comunidad.

Antes de dar el pistoletazo de salida y empezar con la lista de diez títulos, creo que conviene realizar un par de aclaraciones importantes. En primer lugar, el origen y la intención definen al “remake”, que es “rehacer” una película; por tanto, no deben considerarse de tal manera nuevas adaptaciones de novelas, musicales, series de televisión u obras teatrales, aunque a veces estos límites son difusos y cabe la discusión (a menudo se camuflan remakes para venderlos mejor).

Por otro lado, aunque es cierto que últimamente se ha extendido en Hollywood una especie de fiebre por rehacer películas (y cada vez con menos criterio), no puede decirse que se trate de una moda pasajera causada por una preocupante falta de ideas; el remake es algo que se viene haciendo desde hace mucho tiempo, prácticamente desde que se inventó el cine (según la Imdb, el primero data de 1900). Clásicos como ‘El golem’ (1920), ‘El capitán Blood’ (1935), ‘Los diez mandamientos’ (1956), ‘Ben-Hur’ (1959) o ‘Los siete magníficos’ (1960) son remakes.

Dicho esto, y arriesgándome a que los más veteranos y más fanáticos del cine clásico maldigan mi nombre, voy a obviar en este repaso de los remakes más interesantes, los títulos más antiguos, centrándome sólo en los que se han filmado en las últimas cuatro décadas, desde los 70 hasta ahora. Sencillamente, hay demasiadas películas “refilmadas” y muchísimas versiones estupendas a lo largo de más de cien años, y no se trata de hacer aquí una lista exhaustiva, sino una selección de títulos destacados, para que intervengamos todos, para hacer de esto un entretenido debate cinéfilo. Además, reinvidicar clásicos como los ya mencionados (o ‘Carta de una desconocida’, ‘El hombre que sabía demasiado’, ‘Imitación a la vida’...) no tiene mucho sentido, a mi parecer.

Sin más, aquí os dejo mis diez títulos favoritos, los diez mejores remakes, echad un vistazo y, si queréis, podéis aportar vueltras alternativas en los comentarios, que ahí también se hace Blogdecine:

‘La invasión de los ultracuerpos’ de Philip Kaufman (‘Invasion of the Body Snatchers’, 1978)

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Empezamos con uno de esos casos discutibles. Aunque damos por sentado que es un remake de ‘La invasión de los ladrones de cuerpos’ (‘Invasion of the Body Snatchers’, 1956), también podría verse como una nueva adaptación de la novela escrita por Jack Finney, en la que se basó el film de Don Siegel. Sin embargo, un detalle deja fuera de juego esta interpretación: el propio Siegel interviene en ‘La invasión de los ultracuerpos’ haciendo un cameo, en un claro guiño a la película original. Me sigo quedando con la del 56, todo un prodigio narrativo, pero el remake de Kaufman logra recuperar la tensión y la atmósfera de pesadilla de la primera versión. Y la escena final con Donald Sutherland es ya uno de los momentos antológicos de la historia del cine.

‘La cosa (El enigma de otro mundo)’ de John Carpenter (‘The Thing’, 1982)

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Uno de esos pocos remakes que han sido capaces de superar al original. Claro que tampoco es muy complicado cuando el director de la nueva versión es muy inteligente y la primera película ha quedado muy enjevecida. Carpenter tomó la trama de la ingenua ‘El enigma de otro mundo’ (‘The Thing From Another World’, 1951), donde el monstruo es literalmente una verdura alienígena, y planteó una inquietante y entretenidísima película de terror fantástico; sin duda, una de las cumbres del género.

‘El precio del poder’ de Brian de Palma (‘Scarface’, 1983)

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Es difícil, por no decir imposible, entrar en una tienda con productos relacionados con el cine y no encontrarse algo que lleve la imagen de Al Pacino como Tony Montana. Se ha convertido en todo un icono del séptimo arte. La violenta, salvaje y gozosa versión de ‘Scarface’ escrita por Oliver Stone y dirigida por Brian de Palma es otra de esas razones para no atacar, nada más verlo venir, al remake. Por cierto, los que no hayan visto la original de Howard Hawks, ya están tardando.

‘La mosca’ de David Cronenberg (‘The Fly’, 1986)

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Otra producción en la que cabe la duda de si calificar o no como remake, pudiendo entenderse como una nueva adaptación del relato escrito por George Langelaan que dio origen a la primera ‘The Fly’ (1958); pero sobre todo es un caso similar a ‘La cosa’, pues supera a la original tanto por la entrega y el talento del director de la nueva versión, como también porque la anterior ha envejecido bastante mal. En estos casos es cuando deberían hacerse remakes, pero supongo que nunca se sabe del todo hasta que no se ve el resultado final, y tampoco podemos pedirles a los productores que sean tan amantes del cine que sólo pongan dinero cuando los guiones sean fantásticos. Comentaré extensamente este film, y la primera versión con Vincent Price, en el especial sobre Cronenberg.

‘La momia’ de Stephen Sommers (‘The Mummy’, 1999)

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Sommers es ahora mismo un director acabado (ejem, ‘G.I. Joe’), pero fue el principal responsable de una de las películas más divertidas que han salido de Hollywood en mucho tiempo. Puro cine de palomitas, la nueva versión de ‘La momia’ (Karl Freund, 1932) elevaba el espectáculo, la aventura y la magia a la máxima potencia, gracias a un generoso presupuesto y unos profesionales especialmente inspirados. El éxito de taquilla hizo que se sacaran dos secuelas más, sólo para comprobar que lo de 1999 fue un increíble golpe de suerte.

‘Amanecer de los muertos’ de Zack Snyder (‘Dawn of the Dead’, 2004)

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Antes de ser menospreciado (injustamente) por las más famosas, violentas y arriesgadas, ‘300’ y ‘Watchmen’, Zack Snyder demostró su potencial con un sorprendente remake de ‘Zombie’ (‘Dawn of the Dead’, 1978), uno de los títulos de culto dentro del subgénero zombie. Snyder renueva al muerto viviente de George A. Romero agregándole la velocidad de los infectados de Danny Boyle (en ’28 días después’, 2002), y saca mucho más partido a la tensa situación de los personajes encerrados en un centro comercial. Imprescindible para los aficionados al mejor terror.

‘Infiltrados’ de Martin Scorsese (‘The Departed’, 2006)

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Parece que los fanáticos del cine asiático no aceptarán nunca que Scorsese se llevara por fin el Oscar (un reconocimiento que le debía la Academia) por dirigir un remake de la estupenda ‘Juego sucio’ (‘Infernal Affairs’ o ‘Mou gaan dou’, 2002). Al margen del fanatismo y el posicionamiento snob (por el cual Scorsese lleva “muerto” muchos años), lo cierto es que el responsable de la mítica ‘Taxi Driver’ firmó uno de los dramas criminales más brillantes, viscerales y emocionantes de la última década. Fantásticos Nicholson, DiCaprio, Damon… ¡hasta Mark Wahlberg actúa bien aquí!

‘12’ de Nikita Mikhalkov (‘12’, 2007)

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Filmar una nueva versión de ‘12 hombres sin piedad’ (‘12 Angry Men’, 1957), que es poco menos que perfecta, parecía una auténtica estupidez. Pero Mikhalkov no tenía intención de imitar la película de Sidney Lumet, sino de aprovechar el punto de partida y el ingenioso desarrollo de la trama para ir más allá del tema de la justicia y ofrecer un retrato de la Rusia moderna. Se le va la mano con la duración, pero el tramo final (tras el giro inesperado) es de los que hacen a uno amar el cine.

‘La huella’ de Kenneth Branagh (‘Sleuth’, 2007)

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Tenía que haber algún título polémico, ¿no? Aunque puede considerarse como una nueva versión de la obra teatral de Anthony Shaffer, desde el principio el proyecto se vendió como un remake, de ahí que Branagh jugara con volver a contar con Michael Caine, uno de los protagonistas del film de Joseph L. Mankiewicz (‘Sleuth’, 1972), para interpretar esta vez al veterano Andrew. Una lástima que Branagh no se quedara con el otro personaje, en lugar del más limitado Jude Law (que se esfuerza por sacar su mejor versión), pero su remake no deja de resultar una propuesta tan deliciosa y retorcida como la original.

‘El tren de las 3:10’ de James Mangold (‘3:10 to Yuma’, 2007)

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Después de que los infiltrados de Scorsese triunfasen en los Oscars de 2006, era de esperar que la Academia no prestase mucho interés en este otro remake, aunque lo mereciera (y curiosamente ese año ganó otro western). La nueva versión de ’3:10 to Yuma’ (Delmer Daves, 1957), basada a su vez en un relato corto de Elmore Leonard (que entre otros cambios, comienza ya en el hotel), comete el error de extender la trama y desviarse de lo esencial, pero consigue mantener el espíritu, el drama y la tensión de la original. Gran duelo interpretativo entre Crowe y Bale en la mejor película de un sorprendente Mangold.

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<![CDATA['El golpe', obra maestra del cine comercial]]> http://www.blogdecine.com/criticas/el-golpe-obra-maestra-del-cine-comercial http://www.blogdecine.com/criticas/el-golpe-obra-maestra-del-cine-comercial Mon, 14 Jun 2010 09:48:57 +0000 seleccionado por los expertos de 239 0001.JPG

A menudo hablamos en Blogdecine, tanto los redactores como nuestros comentaristas, sobre las diferencias entre cine comercial y cine de autor, y sobre la necesidad de que el segundo prevalezca sobre el primero en cuanto a coraje y riesgo. Pero una cosa no quita la otra, y el cine comercial ha ofrecido hitos importantísimos desde el invento de este soporte audiovisual, demostrando que lo comercial puede y debe ser universal, y que el talento no está reñido con ello, y que lo excepcional tampoco. Y maravillas irrepetibles como ‘El golpe’ son buena prueba de ello.

Hoy día, claro, su director, George Roy Hill, es un hombre olvidado por los cinéfilos, o casi. Tampoco es cuestión de convertir a cada director olvidado en un genio universal por el mero hecho de haber dirigido un par de películas maravillosas (en su caso, la otra sería la melancólica ‘Dos hombres y un destino’), pero no hay duda del inmenso talento narrativo de Hill, y de su pasión por contar historias más grandes que la vida, no olvidándose jamás del carácter mortal y a menudo miserable de sus personajes.

‘El golpe’ iba a ser un filme de timadores de bajo presupuesto, y su guionista, David S. Ward, tenía intención de dirigirla. Sin embargo, con un guión de tal perfección (basado muy libremente en la novela ‘The Big Con’, de David W. Maurer) era imposible pasar desapercibido para grandes nombres de la industria, y Hill se empeñó con el proyecto y la maquinaria de Hollywood (la única capaz de levantar algo tan hermoso) se puso en funcionamiento. Para algunos, iba a ser el reencuentro comercial de dos actores que ya habían triunfado en el mencionado western ‘Dos hombres y un destino’. El resto es leyenda.

La gran depresión, a ritmo de Scott Joplin

La primera secuencia es uno de los muchos momentos absolutamente magistrales de la película. Una cola de indigentes se ve desmentida por el paso vivaz y sobrado de un tipo con traje y mocasines. En realidad, es un correo de la mafia, cuya responsabilidad consiste en transportar dinero negro (obtenido en tugurios ilegales) a su dueño. El tipo se ve asaltado por unos timadores que consiguen arrebatárselo sin que se de cuenta (y con un truco que no vamos a desvelar aquí). Los timadores son, por supuesto, Johnny Hooker (un Redford de 37 años que interpreta sin dificultad a un personaje una década más joven) y Luther Coleman (excelente Robert Earl Jones, sí, el padre de James Earl Jones…). Ambos no saben dónde se meten, y la venganza del dueño de ese dinero será terrible.

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De este modo, la imagen de Luther, y su ausencia, marcan la película. Él es el motivo de la contra-venganza de Hooker, dispuesto a saltarse varios cursos (o varias ligas) para aprender a timar a lo grande y arruinar al asesino de su mentor. Contacta con otro mentor, el inefable y encantador Henry Gondorff (un Paul Newman de casi 48 años, que se entrega con pasión a un personaje bastante secundario, aunque quizá con las mejores escenas y diálogos) y ambos, maestro y pupilo, inician una de las aventuras más recordadas en los últimos 40 años de cine.

Es justo decir que los temas musicales de Scott Joplin (retocados por el gran Marvin Hamlisch) en realidad son completamente anacrónicos respecto a la trama y su marco histórico. Nos encontramos a mediados de la década de los 30, y la música Ragtime de Joplin es, por lo menos, dos décadas más antigua. Pero aceptamos esta trampa musical porque los temas (todos ellos) van como anillo al dedo con la historia. Les otorga a las imágenes su carácter al mismo tiempo juguetón y melancólico, y reviste el conjunto de una gran elegancia. Aunque al conjunto, precisamente lo que no le falta, es elegancia.

Los decorados y la dirección artística de Henry Bumstead y James W. Payne, así como el diseño de vestuario de la legendaria Edith Head, logran el milagro de crear un mundo ya desaparecido hasta el más nimio detalle, alcanzando así una hazaña mil veces alabada y que ha servido de referencia a tantos diseñadores. Decir que esta recreación de los años 30 es magistral sería faltar a la verdad: sencillamente es un prodigio de la imaginación, el trabajo y el talento. Tugurios, salones, hoteles, bares, hostales, calles, trenes, andenes, vehículos, despachos, casas de apuestas, trajes, abrigos, sombreros, iluminación. Una verdadera gozada.

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Por otro lado, la labor del director de fotografía, el no menos legendario Robert Surtees (que obtuvo nada menos que dieciséis nominaciones a los Oscar, de las cuales se alzó tres veces con la dorada estatuilla, aunque no por esta película) es asombrosa por contenida, sobria y capaz de ofrecer un aspecto en sereno equilibrio entre lo clásico y lo moderno. Empleó una relación de imagen de 1.85:1 y lentes esféricas de Panavision, con propensión a primar los tonos marrones o amarillentos, en un estilo de tratar el cine de época que llegaría a su máxima expresión (y manierismo) en la obra maestra de Francis Ford Coppola ‘El padrino, parte II’, un año después.

Cine sobre el cine

En realidad, ‘El golpe’ es una película sobre el prodigio de la mentira del cine, sobre el modo en que el cine juega con nuestra incredulidad y construye una realidad aparente y completamente autónoma y llena de vida. En ese sentido, nosotros estamos en una situación más cercana a la del despiadado Doyle Lonnegan (un impresionante Robert Shaw, dos años antes de dar vida al genial Quint de ‘Tiburón’) que a la de Hooker o Gondorff. A fin de cuentas, aunque tenemos más información que el mafioso, el guionista y el director se complacen en metérnosla doblada con el tema del FBI (y que no se lleve nadie las manos a la cabeza, porque continúo sin desvelar nada).

Es decir, que el guión es de una perfección tan inusitada, que cuenta una mentira dentro de otra mentira, nos hace sentir privilegiados de conocer ambas mentiras, pero en el corazón de esa mentira reside otra (aunque no sería justo hablar de mentiras, quizá sí lo sería de falsas apariencias) que redondea de manera fabulosa la relación entre Gondorff y Hooker. En medio de todo ello, somos testigos de la fabricación de esa apariencia. Es extraordinario ver cómo se maquillan, cómo eligen la ropa, cómo construyen el decorado de la casa de apuestas. En realidad, es un falso ‘making of’ de la película.

Pero, y por si todo esto fuera poco, ‘El golpe’ propone una mitificación y un poético homenaje al pasado. Hay una preciosa secuencia que confirma lo que estoy diciendo: la noche antes de la culminación de la estafa, Hooker camina solo por las calles, como un alma en pena, yendo a parar a la cama de alguien que no es lo que parece. Suena la música de Joplin. Por encima de las apariencias, las recreaciones, los juegos y las aventuras, Hill desborda con su compasiva mirada sobre un tiempo y sus gentes. De pronto, la estafa nos importa poco, pues un existencialismo feroz preside toda la secuencia, como si Hill fuera consciente del vacío de Hooker, de su soledad, de su necesidad de emociones fuertes para dar sentido a una vida que carece de ella.

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<![CDATA[El fanático, nada que ver con el cine]]> http://www.blogdecine.com/reflexiones-de-cine/el-fanatico-nada-que-ver-con-el-cine http://www.blogdecine.com/reflexiones-de-cine/el-fanatico-nada-que-ver-con-el-cine Thu, 10 Jun 2010 14:17:19 +0000 seleccionado por los expertos de 239 zombies-fanatismo

Hay muchos tipos de espectadores de cine. Está el cinéfilo, el cinéfago, el “friki” (es como aquí conocemos al “geek”), el ocasional, el snob, e incontables mezclas y variantes (hay cinéfilos frikis y cinéfagos elitistas). Pero hoy me quiero centrar en una nueva especie de aficionado, producto de los tiempos en los que vivimos. Es innegable que Internet ha sido una bendición para los que amamos el séptimo arte, posibilitando el visionado de películas que de otra manera serían imposibles de conseguir; ya sea por el sistema de intercambio de archivos (lo que algunos llaman “robar”) o simplemente porque ahora es de lo más sencillo contactar con una tienda de cualquier país y adquirir productos que no se pueden comprar en nuestro país. En páginas como la de Amazon o YesAsia puede el aficionado encontrar títulos inéditos, o ediciones de sus películas favoritas que nunca llegarán a España.

Internet también tiene sus puntos oscuros, nadie puede negarlo. Y de uno de sus infectos agujeros ha surgido, desgraciadamente, ese nuevo tipo de aficionado al que me he referido. Uno al que ni siquiera le interesa de verdad el cine. Es el fanático. Nunca hasta ahora me había dado cuenta, con tanta claridad, con tanta contundencia, de la existencia de este fenómeno. Por supuesto, los artistas han tenido fans desde hace décadas, incluso siglos si tenemos en consideramos que la palabra proviene del siglo XIX (por el boxeo), y el comportamiento de éstos ha sido siempre alocado, anormal, desproporcionado, incluso peligroso (que se lo digan a John Lenon), fruto no del extraordinario talento de los admirados, sino del éxito de la publicidad, de la necesidad de crear dioses y sacar un dineral, y también de las frustaciones personales o de la vida cotidiana, entre otros factores.

Fanatismo vs. cine

Desde hace unos años, no obstante, se ha ido creando, y reproduciendo en el nido de la vasta red, un tipo de fan diferente, radical, embrutecido, orgulloso y rotundamente irrespetuoso con las opiniones ajenas. Un tipo de fan que no necesita escribir correctamente, porque no sabe o porque le da igual, que no sabe gran cosa sobre cine tampoco, porque no puede o porque le da lo mismo, y que ataca a los que no piensan de la misma manera, que no puede concebir la diversidad de criterio. Lo que admiran estas personas debe ser admirado por el resto de la humanidad. Y si no, ese resto debe callarse. No por casualidad, el marketing viral se está convirtiendo en un arma imprescindible para promocionar nuevas películas, logrando a menudo una expectación mucho mayor que las provocadas por herramientas habituales como un cartel, un tráiler o la portada de una revista popular.

twilight-fansLa facilidad del acceso a Internet y el anonimato que permite (ya sabéis el chiste del perro) han posibilitado y potenciado una participación cada vez mayor de personas en debates cinematográficos (vamos a ceñirnos a eso), cuando en muchos casos, sencillamente, no están preparadas para ello. Es como dejarle tu casa a unos adolescentes desconocidos, sin restricciones ni vigilancia, para que se diviertan. ¿Educación, respeto, responsabilidad, autocontrol? No tienen intención de cumplir con nada de eso, no vas a rendirles cuentas; les has dado las llaves, ahora prepárate para que se diviertan. Los gremlins serán monjas octogenarias a su lado. Cualquiera puede comprobarlo, en Blogdecine o en cualquier página que permita comentarios, que haya participación de los lectores, cómo han intervenido personas que no saben dónde están escribiendo (a menudo nos llegan correos dirigidos a Jet Li, o ni siquiera relacionados con el cine), sobre qué se está hablando, o directamente que no saben escribir. Podrían ser monos aporreando el teclado y no habría una gran diferencia.

Esto de todos modos no es malo, ni preocupante, al fin y al cabo la falta de educación y de cultura se puede corregir, y no daña ni molesta a nadie que lea el blog (bueno, quizá un poco la vista). El problema es que esta masa de gente, que no sabe, que no tiene criterio, es manipulable y fácilmente impresionable. Así que cuando han visto una película y se sienten fascinados por uno o varios de los protagonistas, y entran en la red, el paso al fanatismo es cuestión de segundos. Con un par de clicks, estos individuos han accedido a webs y foros con infinidad de información y fotos, donde no tiene que esconderse ni sentirse observados, donde pueden liberarse y decir lo que les dé la gana. Y lo que es más importante, donde hay más gente como ellos, con la misma pasión por el mismo producto, que igualmente están deseando compartir sus desbocados sentimientos. El fan encuentra su sitio y se integra en la comunidad. Se siente cómodo y arropado por personas que aplauden sus pensamientos y su gusto. Una vez más, el cine no es lo que importa, sino los ídolos creados por la publicidad. Inevitablemente, esta gente seguirá navegando, buscando más, hasta encontrar otros lugares donde no son tan entusiastas con lo que adora. Y llegamos al encontronazo del fanático con la diversidad de opiniones.

Agresivos, sin personalidad: muertos vivientes del marketing

Podéis entrar en cualquier post relacionado con ‘Harry Potter’, ‘Crepúsculo’ o ‘Sexo en Nueva York’ y leer las absurdas discusiones (los fanáticos pueden llegar a creer que los personajes son sus amigos o sus verdaderos amores). Claro que esto lo vemos casi todos y nos hace gracia y tal. Pero el otro día publicaba mi opinión sobre ‘Kick-Ass’ y… vaya, ¡fanáticos! De pronto estalla una tormenta porque a mí no me gusta la película, porque me parece aburrida, vacía y comercial. Es mi punto de vista. Bueno, pues eso lo leen algunos y saltan como locos al teclado para insultarme. Y no sólo a mí, se ataca a cualquiera que no esté en su grupo de opinión. Si no te ha gustado ‘Kick-Ass’, debes callarte, así de claro. Lo más sorprendente, sin embargo, es que cuando se le borra a uno de estos energúmenos un comentario claramente insultante, lo siguiente que hacen es volver a escribir para hablar de democracia y libertad de expresión. Parece mentira, pero hay quien cree (y no son pocos) que desear la muerte a alguien porque no comparte sus gustos es totalmente lícito. Y que eliminar un comentario en el que se llama enferma a otra persona porque no es de su misma opinión, es un acto de dictadura. Que yo sepa, aquí nadie ha sido fusilado ni encarcelado por defender unas ideas determinadas.

kick-ass-critica-palosLo preocupante en este caso es que no se limita a ‘Kick-Ass’ (en la última entrada sobre ‘The Expendables’ hay quien habla de dar una paliza a quien no le guste la película), y sobre todo que no es la misma gente a la que me refería antes. Estos otros fanáticos no son tan incultos, no escriben (tan) mal y pueden que hasta sean padres de los anteriores. Pero se sienten igualmente insultados si no apoyas sus creencias, si no piensas como ellos o le argumentas que eso que admiran no tiene valor alguno. En la mayoría de los casos, no hay posibilidad de diálogo. Porque muchos no tienen interés alguno en conversar, sólo en imponer su criterio, y si responden lo hacen sólo con esa finalidad. Los que no tienen inteligencia o ganas ni para eso, se contentan con insultar y apoyar a otros que sí son capaces de articular mensajes con algo de sentido. Son individuos a los que el marketing ha idiotizado de la misma manera, posiblemente porque sus vidas carecen de interés, porque no dan para más, y sólo encuentran sentido cuando experimentan y defienden un producto que admiran, así que necesitan liberar su ira contra los otros, los que no están en su bando. Buster Keaton, Fritz Lang, Terrence Malick o Wong Kar-wai no tienen valor alguno, sólo ven lo que les dicen que tienen que ver (adorar y defender).

Pero se supone que estamos aquí, en Blogdecine, para leer, escribir y conversar sobre el séptimo arte, para informarnos, divertirnos y dejar nuestra opinión; para conocer gente, incluso, con nuestra misma afición. ¿Qué ganamos imponiendo nuestro criterio? ¿De qué vale que una legión de comentarios le den a uno la razón? ¿No es preferible una diversidad de criterios y opiniones, un debate, con argumentos, ideas e interpretaciones, que den que pensar? Bueno, yo así lo creo. Evidentemente uno no puede estar de buen humor todo el día, y a veces necesitamos desahogarnos. Igualmente, todos tenemos nuestros gustos personales (eso de la objetividad es una gran patraña) que a veces nos pueden llevar a actuar de una manera borde, pero también hay que saber pararse y recapacitar, darse cuenta de dónde se está y que no se puede tomar tan en serio una discusión sobre cine, hay que respetar siempre las opiniones ajenas, y por favor, no enviar más ninjas a la puerta de mi casa. Que me destrozan la casa y no son fáciles de derrotar.

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<![CDATA['La guerra de las galaxias: El retorno del jedi' (y 2)]]> http://www.blogdecine.com/criticas/la-guerra-de-las-galaxias-el-retorno-del-jedi-y-2 http://www.blogdecine.com/criticas/la-guerra-de-las-galaxias-el-retorno-del-jedi-y-2 Tue, 01 Jun 2010 17:17:47 +0000 seleccionado por los expertos de 239 trotj4.JPG

Lo habíamos dejado en el momento en que Luke se entera de que Leia es su hermana, y cuando la flota rebelde se reúne para un intento desesperado de acabar con la Estrella de la Muerte, igual que en ‘Una nueva esperanza’, y aunque la reunión no está del todo mal, carece la fuerza de aquella. La dirección de actores es paupérrima, y la planificación sosa y sin chispa, como en un telefilme. Es cargante observar cómo todos los personajes parecen angelitos de la caridad, y hasta se sonríen entre sí como si estuvieran en ‘La casa de la pradera’. Un verdadero pastelón, no parece que vayan a enfrentarse a una muerte segura, probablemente porque saben (y sabemos) que no van a morir.

La cosa está clara, cortar el blindaje de energía desde la Luna de Endor, y así la flota tendrá alguna oportunidad de acceder a la estación de combate. Hay un reencuentro forzadísimo entre Luke, Leia y Han…¡en esa misma sala! Ahí, ahorrando escenarios. A continuación, un diálogo bastante penoso entre Han y Lando (para prestarle el Halcón Milenario, cuando quizá debería haberlo conducido él, aunque claro, eso ya sería parecerse mucho a la primera parte…ejem), en el que sólo les queda darse un buen beso húmedo. No tiene explicación de qué forma pensaban que esto sería buen cine de aventuras, con nuestros queridos personajes enfrentándose a una misión suicida.

Algo mejor, y recordando un poquito la tensión y la oscuridad de la segunda parte, es el momento en el que el grupo se infiltra en el bloqueo imperial para acceder a la Luna. Por supuesto, Vader sabe que su hijo viaja en ese vehículo que se hace pasar por imperial, y por supuesto le permite pasar porque allí se encontrará con él. A partir de aquí observamos también que los personajes de Han y Leia (curiosamente como le sucede a Amidala en la sexta parte) han perdido mucha chispa también, y que tanto Ford como Fisher parecen aburridos y sin energía. Concretamente Fisher parece que está en otra película.

Luces y sombras en Endor

Nada más llegar al bosque de Endor tiene lugar la bastante frenética carrera de moto-jet, que es una de las secuencias más recordadas de la película. Tiene cosas buenas y cosas malas. Malas las peleas, que están totalmente coreografiadas y quedan muy falsas. Buenas el empleo de la cámara en la persecución, quedando totalmente realista la velocidad de esas motos. También es interesante que no se emplee música en esa persecución. Ahora puede quedar un poco anticuada, pero lo cierto es que tiene su mérito y algunos planos sensacionales.

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Esto podría haber dado lugar a un bloque de aventuras realmente bueno, pero se queda en unos cinco minutos de acción y poco más, para dar paso a esa creación tan discutida y tan poco interesante de los ewoks (en lugar de recurrir a una tribu de wookies, que era la intención inicial), que son básicamente ositos de peluche con gorras de piel. Al final tenemos simplemente un bosque de enormes abetos como decorado principal de la película, que palidece mucho frente a Dagobah o Bespin en la segunda parte. Y revienta uno de diabetes en secuencias como el encuentro de Leia con Wicket Wystri Warrick, el primer ewok que sale en la pantalla.

El reencuentro de todos es una pretendida escena bufa que podría aparecer tranquilamente en cualquier película de Bud Spencer y Terence Hill. Los osos de peluche les tienden una trampa a los rebeldes (porque son unos soldados muy preparados, ejem…) cuando Chewbacca atrapa un cebo en mitad del bosque. Les rodean, pero en cuanto ven a C3po le toman por una especie de deidad y le aupan como a un Dios. Pese a todo, nada puede hacer C3po, porque ellos van a ser el banquete en su honor, tampoco puede hacer nada Leia, que aparece de improviso con unos rizos de permanente que sólo se pueden conseguir en un poblado Ewok. Menos mal que está Luke para hacer volar la silla del droide como demostración de su ira divina.

Esta secuencia dura muchísimo, carece de la menor gracia, y estropea el buen comienzo en Endor con las moto-jet. Pero tampoco la siguiente es mejor, con C3po relatando a los ewoks la historia de los tres protagonistas en su idioma nativo. Muchos ewoks y mini-ewoks (aún más cucos, si cabe), algunos de los cuales frotándose con Han con mucho amor. Al menos, un buen chiste, que es cuando les declaran miembros de la tribu, se forma una gran algarabía, y Han, muy cínico, responde al abrazo de un ewok: “¡es lo que siempre deseé!”. Fuera de la tienda, con uan bonita luz nocturna, Luke le cuenta a Leia que son hermanos. Huelga decir que el diálogo carece de la menor fuerza. Mark Hamill está muy bien (es el mejor de la película), pero a Fisher se la ve como sin ganas. Es increíble cómo recibe la noticia de que Vader es su padre y Luke su hermano. Y más increíbles son los celos de Han al no poder saber la verdad, lo que le desdibuja completamente como personaje.

La redención de Darth Vader

Una vez comienza la batalla más importante de toda la trilogía, en la que hay bastantes aspectos interesantes, también somos testigos de momentos sonrojantes. Como el modo en que Han llama la atención del último soldado imperial que guarda la puerta del generador, éste le persigue, y se encuentra de bruces con más rebeldes. Realmente parecen chavales jugando en el bosque, no se han roto los cuernos. Y era perfectamente de esperar que en ese momento aparecieran muchas tropas imperiales, entre otras cosas porque ya lo sabíamos. Como también sabíamos que vendrían los osos de peluche a salvar a los personajes.

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Mucho mejor batalla, más emocionante desde luego, es la que se sucede alrededor de la Estrella de la Muerte. Ahí sí hay épica y sensación de peligro y tragedia, acompañado todo de una fantástica creación de John Williams que el lector puede oir arriba del todo de estas líneas. Los rebeldes se meten en un verdadero avispero de cazas enemigos, y los de Industrial Light & Magic echan el resto para una serie de bloques realmente espectaculares, con multitud de maquetas coexistiendo al mismo tiempo en el plano, sin la menor sensación de confusión o mareo.

En cuanto a intensidad psicológica, la lucha de Luke con su padre, que es una lucha al mismo tiempo verbal y física, es realmente lo mejor de la película, con ese observador cruel y artero que es Palpatine. Ciertamente, el combate a espada está bastante menos logrado que el que ambos mantuvieron en ‘El imperio contraataca’, pero así y todo es lo suficientemente violento y espectacular. Es muy hermoso el modo en que Luke intenta atraer a su padre, en cada parón del combate, hacia el lado bueno, mientras el otro se resiste a hacerlo. También es interesante que una vez le corta la mano a su padre (poseído por una ira peligrosa) comprende que la única manera de vencer es, precisamente, sin pelear.

Creo que le falta algo de fuerza a la muerte final de Sidious, que se limita a destruir el sistema de respiración de Vader cuando éste le echa al pozo, pero como en paralelo estamos viendo a los cazas rebeldes introducirse (alucinante maqueta, por cierto) en las entrañas de la estación espacial, pues perdonamos algunas torpezas. Una cosa es segura: creo que se equivocaron rotundamente al mostrar el rostro (apacible y avejentado) de Vader. Era mucho más misterioso no haberle visto la cara jamás. También hay torpezas como en el beso final de Han y Leia, carente de todo interés romántico (realmente ellos sí parecen hermanos…). La fiesta final en el poblado ewok, en plan “party boy-scout” queda feísima, y buena prueba de ello es que cuando Lucas estrenó las versiones extendidas, añadió imágenes de algunas de las ciudades más importantes de la galaxia, en algarabía y felicidad por haber derrotado al tirano.

Conclusiones a la primera trilogía

Viendo a Luke despedirse de su maestro, su mentor y su padre (imagen también cambiada, por desgracia, en las ediciones extendidas), se acaba esta pobre película, que apenas tiene buenos momentos aislados y de la que cabía esperarse mucho más, fanatismos aparte. Se deja ver y, por decirlo de alguna manera, está bonita. Pero este supuesto final apoteósico no convenció a muchos seguidores de La Fuerza. Lo cierto es que la trilogía, en realidad, tiene mucho de improvisada sobre la marcha, lo cual no es algo necesariamente malo, pero se le ven demasiado los flecos. La más sólida, sin duda, la segunda, y la primera la más bella y personal. Esta tercera, sin duda la más floja

Muchos daban por muertos esta saga, otros creyeron eso de que era una trilogía de trilogías desde el comienzo. La mayoría nos dedicamos a jugar a sus videojuegos y poco más. Pero, sorpresa, Lucas volvió a ponerse tras las cámaras en 1999.

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Especial ‘La guerra de las gaxias’ en Blogdecine

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<![CDATA[Clint Eastwood: 'El sargento de hierro']]> http://www.blogdecine.com/criticas/clint-eastwood-el-sargento-de-hierro http://www.blogdecine.com/criticas/clint-eastwood-el-sargento-de-hierro Thu, 13 May 2010 14:00:54 +0000 seleccionado por los expertos de 239 heartbreakridge-f1.jpg

Estoy aquí para comunicaros que la vida, tal y como la habéis conocido, ha terminado. Más vale que os vayáis al pueblo esta noche a reiros y a hacer el gilipollas o a restregar vuestras pichitas contra vuestras novias, o a meterla en cualquier agujero. Pero sea lo que sea hacerlo, porque mañana a las seis de la mañana, vuestros culos serán míos

La de arriba es una de las famosas frases por la que popularmente se recuerda ‘El sargento de hierro’ (‘Heartbreak Ridge, 1986), la película que Clint Eastwood decidió filmar tras un año lleno de felicitaciones por su trabajo. En Europa empezaban a proclamarle como uno de los mejores directores americanos y poco a poco su imagen de autor iba creciendo, por lo que a muchos les sorprendió un proyecto como el presente, una especie de comedia dramática bélica —toma mezcla de géneros— que a priori parecía un ensalzamiento del ejército norteamericano. Eso era lo que pretendía el propio Ejército, que apoyó a Eastwood en todo cuanto quiso, dejándole rodar en determinados lugares y prestando armamento esperando que el actor/director hiciese un film al estilo de ‘Top Gun’ (id, Tony Scott, 1986), el gran éxito de aquel año, y que provocó que muchos jóvenes se alistasen en aviación. ‘El sargento de hierro’ es otra cosa bien distinta, afortunadamente.

Los altos mandatarios del Ejército querían que en la película se reflejase al nuevo ejército el cual no tenía nada que ver con el retratado en el film, en el que Eastwood daba más bien una visión del antiguo en un homenaje a los veteranos, aquellos que habían participado en guerras como la de Corea. No era la primera vez que Eastwood daba vida a un veterano de dicha guerra, y aquí le servía para realizar una vez más un dibujo sobre uno de sus típicos personajes individualistas, de esos que no se adaptan a los nuevos tiempos y que pertenecen a una época ya muerta. El sargento de artillería Tom Highway no se aparta demasiado en su esencia de Harry Callahan, Josey Wales o más recientemente Walt Kowalski, el resumen de todos sus personajes.

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Eastwood ya era alcalde del pueblo en el que vive, Carmel (California), cuando realizó ‘El sargento de hierro’. Republicano de ideas, muchos pensaban que Eastwood se desharía en elogios hacia el Ejército de su país, pero que un cineasta tenga unas determinadas ideas políticas no significa ni por asomo que tengan que aplicarlas a sus películas. De hecho el director de ‘Million Dollar Baby’ es precisamente uno de esos casos en los que su ideología personal nada tiene que ver, no siempre, evidentemente, con la ideología de sus películas, demostrando que no todo es blanco o negro, que los extremos no son buenos.

Una de las cosas que más molestó al Ejército —enseguida declararon no tener nada que ver con la película y retiraron su apoyo— fue su lenguaje mal hablado, algo que también crispó a algunos de los espectadores de la época —comprobado in situ en el momento de su estreno, y es que eran otros tiempos—, pero pocos veían que se trataba de una exageración bien planeada de cara a que el film poseyese un marcado tono de comedia que en algunos momentos alcanza un grado de negrura insólito. El film da comienzo con Highway en prisión relatando un aventura de él y sus hombres con unas prostitutas; la cantidad de tacos que Highway suelta por minuto llama la atención de cualquiera, una efectiva manera de captar el interés. Más tarde nos enteramos de que Highway es un hombre muy condecorado por haber servido a su país en tiempos de guerra. A falta de poco tiempo para el retiro, Highway, de carácter difícil y siempre metido en líos, es trasladado a una base en la que adiestrará a marines. El sitio al que siempre ha querido regresar porque allí se encuentra la mujer de su vida, su ex-esposa (interpretada por Marsha Mason), que le separó por jugar demasiado tiempo a los soldaditos.

‘El sargento de hierro’ se divide en dos partes bien diferenciadas: el entrenamiento y la parte bélica —¿alguien se está acordando de Kubrick?—, estando la primera de ellas también subdividida. Primero vemos como Highway pone en cintura a una pandilla de vagos e inútiles jóvenes que no hacen absolutamente nada en el campo —otra de las razones por las que en el Ejército se sintieron especialmente molestos—, el entrenamiento será en principio un verdadero suplicio y toda esa parte está llena de gags, aunque la seriedad subyace debajo de toda la comicidad que baña dicha parte. Cuando todas las cartas han sido presentadas, Eastwood da uno de esos giros a los que nos tiene acostumbrados pero que siempre sorprenden. El director nos desvela el lado humano de Tom Highway, uno de los personajes mejor retratados por el actor, con detalles tan divertidos como las revistas femeninas que lee para entender mejor a las mujeres, o tan dramáticos como el recuerdo de lo que pasó en Heartbreak Ridge —al paredón el que cogió el título original y lo convirtió en lo que es en nuestro país— y que es la clave para entender la personalidad de Highway. Dicen que el pasado no importa, pero lo cierto es que lo que se hace, lo que se hizo, convierte a uno en lo que es, en lo que será. Hay que bucear en el pasado de los demás para entenderles.

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Con todo lo mala que fue la década de los 80, artísticamente hablando, y lo mal que envejecen muchos de las películas de aquellos años hay que reconocer que ‘El sargento de hierro’ aguanta muy bien el paso del tiempo, aunque personalmente el último tercio del film, el de la parte bélica, es el que encuentro más flojo. No sé si está hecho adrede, parece que sí, pero la torpeza del asalto a la isla de Granada, la rapidez con la que entran y vencen al enemigo, y que dicha victoria haga quedar a Highway como un soldado excelente poniendo en evidencia a su superior —papel que interpreta un caricaturesco Everet McGill— me resulta demasiado facilón. No obstante, hay apuntes en ese tramo muy interesantes y bien mostrados, por ejemplo cuando se producen las primeras muertes. Los soldados entienden que han pasado de lo que parecía un divertido juego a la realidad. Incluso la música de Lennie Niehaus cambia volviéndose más oscura.

La crítica no trató demasiado bien, aunque tampoco demasiado mal, al film, y muchos no supieron ver más allá de los chistes basados en los tacos dichos por Highway. Es lo que ocurre cuando se tiene la imagen equivocada de un actor por determinadas películas. Por cierto, decir que ‘El sargento de hierro’ estuvo en el libro Guinness de los récords por ser la película en la que más tacos había, récord que mantuvo hasta que llegaron Tony Scott y Bruce Willis con ‘El último Boy Scout’ (‘The Last Boy Scout’, 1991). Eastwood tardaría casi dos años en ponerse delante y detrás de las cámaras. Como actor serviría en bandeja todos los ataques posibles de la crítica gracias a su muy olvidable participación en la quinta entrega de Harry Callahan a la que Eastwood volvió por evidentes intereses comerciales para después entregarse a un proyecto muy, muy personal.

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