Favoritos de 2406 en Blogdecine http://www.blogdecine.com/usuario/ seleccionado por 2406 http://www.blogdecine.com <![CDATA[Jeff Bridges, qué grande eres]]> http://www.blogdecine.com/actores/jeff-bridges-que-grande-eres http://www.blogdecine.com/actores/jeff-bridges-que-grande-eres Tue, 17 Nov 2009 19:54:58 +0000 seleccionado por 2406 captura.JPG

Ya va siendo hora, si es que no es un hecho consumado y una certeza compartida por todos, de decir las cosas como son: Jeff Bridges es uno de los mejores actores vivos. Y cuando digo uno de los mejores, no me refiero solamente a sus dotes como intérprete, sino también al hecho de que es uno de los tipos más sencillamente auténticos que pueblan ese por lo común muy rentable vertedero llamado pantalla de cine. Vertedero no sólo porque se hacen demasiadas, y malas, películas, sino por la suma de ambiciones y carencia de escrúpulos que suelen desprender los ambientes de Hollywood, que parecen no encontrar, sin embargo, en este humilde e imaginativo hombre de cine una de sus presas.

Porque él va a lo suyo, ajeno a farándulas y a las indignantes mieles del glamour, y dedicado a ser, simplemente, Jeff Bridges. Aunque eso sí, próximo a cumplir los 60 años, elegancia y distinción le sobran con solo hacer un gesto, de la misma manera que con una mueca se transforma, sin perder la compostura, en un tipo corriente, en un fulano agradable y sin dobleces, de sonrisa desarmante y mirada a veces bondadosa, otras veces melancólica o incluso gélida, pero siempre muy inteligente y serena. Maduro de muy buen ver, está a punto de abandonar sus cincuenta y, pero no parece que haya perdido un ápice de atractivo, y ha seguido siendo un tipo de puta madre.

Una larguísima carrera en la que hay, literalmente, de todo

De todo, pero sobre todo mucho Bridges. Este hijo de Los Angeles, ciudad donde nació en 1949 y con la que se identifica sobre todo en su vertiente más bohemia, no sólo se interesa por la interpretación, sino que es músico, pintor y un excelente fotógrafo. De hecho, los directores ya saben que, si le llaman, obtendrán un soberbio material fotográfico del rodaje de manos de Bridges, que no va a ningún sitio sin su cámara, y que ha expuesto numerosas veces e incluso publicado trabajos por esa actividad, recibiendo elogios numerosos. Porque este tipo es algo así como una máquina de creatividad y de buen rollo, con el que todos sus compañeros aprecian trabajar, pues su generosidad y simpatía en los rodajes es legendaria, con todos y cada uno de los compañeros de un rodaje. Y no es exageración, pues así lo cuentan todos ellos.

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Bridges tuvo la suerte, claro, de que su padre era una estrella de la televisión, y junto con su hermano pudo aparecer, de niño en ‘The Lloyd Bridges Show’, sabiendo desde muy pronto que quería seguir los pasos de su padre y quizá superarlos. Y vaya si lo consiguió, aunque durante más de una década tuvo que conformarse con anodinos papeles televisivos hasta que por fin le llegó la gran oportunidad con Peter Bogdanovich y su fundacional ‘The Last Picture Show’, oportunidad que aprovechó al máximo y que incluso le proporcionó una candidatura al Oscar. Había nacido un actor de un don natural y completamente instintivo, que sin grandes alardes ni deseos de destacar, exigía lo máximo de sus compañeros de plano si no querían verse eclipsados por su energía.

En los setenta llegó a participar en 12 películas más, haciéndose poco a poco un hueco como actor a tener en cuenta. John Huston, Robert Benton, John Frankenheimer o Michael Cimino llamaron a su puerta y le ofrecieron interesantes papeles. También llegó a trabajar con un muy joven Arnold Schwarzenegger, y en aquel fiasco famoso de la nueva versión de ‘King Kong’. Pero para fiasco su segundo trabajo con Cimino, la épica ‘La puerta del cielo’, que hundió para siempre a la United Artists y a su director, pero que no afectó a la carrera de este hombre. Porque, seamos sinceros, Bridges nunca ha sido una estrella. No es de esos actores que arrastren a las masas, sino de esa raza de intérpretes que justifican una película poco interesante por su mera presencia.

En la mediocre ‘Tron’ (otro fracaso de taquilla) tuvo poco que ofrecer. Mucho más en ‘Starman’, una de las más depuradas películas de John Carpenter, en la que la falta de expresividad de su personaje no fue óbice, sino más bien lo contrario, para un trabajo sobresaliente, muy difícil por la complejidad de interpretar sin gestos ni estados anímicos coherentes o comunes. Aquel exitazo le hizo mucho más conocido en todo el mundo y le ayudó a protagonizar algunos policiacos interesantes, uno de ellos (‘8 millones de maneras de morir’), realmente notable, con la que Bridges ampliaba aún más sus registros al encarnar a un tipo duro pero corriente, algo que otros intentaron sin el mismo éxito que él.

Coppola le llamó para su semiautobiográfica ‘Tucker’, que bordó, y Steve Kloves le llamó para darle la oportunidad de reunirle con su hermano Beau y su amiga Michelle Pfeiffer en ‘Los fabulosos Baker Boys’. De modo que la década acababa inmejorablemente, y comenzaba con la segunda parte de la que fue su película iniciática, de nuevo con Bogdanovich, la infravalorada y otoñal ‘Texasville’. Pero Bridges ya estaba demostrando que su registro era, aparentemente, ilimitado, pues bordó su papel de mendigo en la magnífica ‘El rey pescador’, de Terry Gilliam, y dio un nuevo rumbo con su elogiable papel de ‘American Heart’, que le dirigió Martin Bell en 1992. Tenía 43 años y estaba en plena posesión de su talento. Se convertía en un hombre maduro y maduraba a la vez que su cuerpo. Menos interesantes fueron ‘Si miedo a la vida’ o ‘Volar por los aires’, pero con ‘Wild Bill’ se transformó en el mito. Este excelente western de Walter Hill, que quizá merecía más elogios de los que tuvo, le dio la oportunidad de ejercer de gran histrión. Bridges no tenía límites, y trabajaba con tesón y humildad, sin dárselas de gran actor. Y construía una carrera apasionante.

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De nuevo tuvo que lidiar con dos papeles menores, a los que ofrecía todo su talento, con ‘La tormenta blanca’ y ‘El amor tiene dos caras’, pero llegó otro de los papeles por los que le van a recordar dentro de cincuenta años, su fumeta pacifista metido a detective Jeff Lebowski (o El Nota, o El Notarino), que interpretó en la última gran película de los Coen, la proverbial ‘El gran Lebowski’. Este regalo de personaje lo convirtió en un icono del cine de los años 90. Imposible no enamorarse de él hasta las cachas. Y lo alucinante, es que después de este papel se pone a luchar contra terroristas en la inquietante ‘Arlington Road’, o interpreta al mismísimo presidente de los EEUU en ‘La candidata’. Esto es un intérprete de raza.

Cierto que en la presente década ha tenido que lidiar con películas bastante menores, pero dio muestras de su genio en la desgarradora ‘The door in the floor’, junto a una inmensa Kim Basinger, repitió con Gilliam en la siniestra ‘Tideland’, y participó en el taquillazo ‘Iron Man’, entre otras. Ahora, dicen que suena muy fuerte para ser nominado al Oscar, premio que se le resiste desde siempre, con la venidera ‘Crazy Heart’, a la que pertenece la imagen de arriba del todo. Lo logre o no, es lo de menos. Lo importante es que siga demostrándonos lo grande que es.

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<![CDATA['Cocodrilo Dundee', truncado relato ecológico]]> http://www.blogdecine.com/criticas/cocodrilo-dundee-truncado-relato-ecologico http://www.blogdecine.com/criticas/cocodrilo-dundee-truncado-relato-ecologico Tue, 17 Nov 2009 13:15:59 +0000 seleccionado por 2406

“No sabe ni qué día es. Y no le importa. Qué tío con suerte”

-Wally

Los años ochenta son un década denostada por unos como la confirmación de que los antiguos y esplendorosos estudios de Hollywood se habían ido al garete y se habían transformado en bancos, y defendida a muerte por otros como una década bastante más interesante para el cine norteamericano de lo que muchos quieren o pueden admitir. Yo no pertenezco ni a un bando ni al otro. Pero tengo mis debilidades, como todo el mundo. Creo que hay Blockbusters tipo A, como ‘Arma letal’, y Blockbusters tipo B (o C), como ‘Cocodrilo Dundee’, un relato ecológico que es bastante más de lo que quizá algunos puedan otorgarle, con un personaje central que da nombre al título lo bastante interesante y con aristas como para justificar el visionado.

Pero hay más detalles interesantes, más allá de su personaje central. Y es que a pesar de su espíritu ochentero y sus limitaciones genéricas (una extraña mezcla de acción, comedia, aventura, parodia y misticismo) ‘Cocodrilo Dundee’ está dirigida con bastante buen tino por el desconocido Peter Faiman, de carrera más bien inexistente, que en los últimos años apenas ha dirigido nada, y que se ha centrado en la producción. Aquí firma un a ratos hermoso, aunque truncado, filme naturalista, que termina naufragando por albergar numerosas concesiones a la galería, pero que merece ser defendido.

Brillante primera hora

La película comienza con una excusa que podría haber dado, como tantas otras cosas, bastante más de sí, pero que no está desaprovechada del todo: una periodista neoyorquina, que se encuentra en Sydney, recibe el encargo de realizar un reportaje a partir del rumor de que un lugareño sobrevivió al ataque de un cocodrilo mientras estaba pescando, y se arrastró varios kilómetros hasta conseguir ayuda. Intrigada, se introduce en la Australia más salvaje, para dar con él, entrevistarle y obtener un buen artículo. Así, desde un principio, la historia envuelve a Dundee de una aureola de misterio y mística que se va a derrumbar, por una parte, y se va a reconstruir, por otra, hasta efectuar una suerte de deconstrucción.

La primera, y muy divertida, escena con el protagonista será en una taberna que podía haber sido escenario de alguna escena de caza de Hawks. Lo primero que va a saber la reportera, interpretada por una guapa aunque algo sosa Linda Kozlowski, es que a Cocodrilo Dundee le gusta fanfarronear, llevándose consigo a un cocodrilo disecado a tomar cervezas, y que no tiene problemas en repartir puñetazos entre los paletos y los cowboys de ciudad presentes en el lugar. Pero sin duda tiene un encanto sincero, de modo que parte con él a un viaje de pocos días en lo más profundo de la naturaleza, y así poder presenciar el lugar donde le atacó el cocodrilo.

La fotografía de Russell Boyd aprovecha magníficamente los exteriores naturales, escogidos con mucho gusto, mientras que el director Faiman se limita a contar con bastante oficio el choque de culturas y mentalidades que representan reportera y aventurero. Hay algunos momentos especialmente inspirados y en los que ambos actores demuestran tener mucha química. Como aquél en el que ella le pregunta a él por lo que piensa de la carrera nuclear (recordemos que estamos en plena era Reagan), a lo que él responde que no es asunto suyo. Ella le replica que hay que tener voz. Él dice que quién la va a oir ahí, y tiene toda la razón.

El diálogo prosigue y ella le pregunta por lo que piensa de la lucha de los aborígenes por recuperar sus derechos y sus tierras, a lo que él responde con la metáfora de las rocas que llevan miles de años ahí posadas. Hay un fondo de innegable melancolía en esta historia, sobre todo a través del solitario y un tanto oscuro personaje de Dundee, en oposición a la burguesía bienpensante de ella. Esto es el mundo real, viene a decir la historia, y lo que se ha construido el hombre para su comodidad, es completamente falso y nos separa de todo aquello que nos hace eternos. La forma de ser de Dundee contrasta con su deseo de impresionar, que termina por dibujar un personaje ambivalente: afeitándose con cuchilla, observa que ella se acerca, la guarda y finge afeitarse con su enorme cuchillo; mirando previamente la hora en el reloj de Wally, simula de nuevo saber la hora que es mirando la posición del sol. Eso sí, cuando un búfalo se cruza en la carretera, impidiendo el paso, es capaz de dormirlo sin apenas tocarlo.

Además, la película tiene momentos en los que el tempo se estira brillantemente, como aquel en que ella decide ir sola hasta el punto de encuentro, y se ve atacada por un cocodrilo. Magníficamente montada, aún viéndola hoy, he de reconocer que la escena me impresiona por su ritmo, primero suave y luego violentísimo, y por su credibilidad. Todo esto, además, está sazonado con la excelente música de Peter Best, sencilla pero contundente, que otorga un gran ambiente a una ya de por sí excelente atmósfera. Momentos como la venganza contra los cazadores de canguros o la danza de los aborígenes, se quedan grabados por su sencilla emotividad.

Ahora bien, justo cuando el relato tenía que ir más y más arriba, Mick Dundee y su reportera viajan a New York, en una especie de homenaje al mito del buen salvaje en la ciudad, y todo se derrumba. A partir de ahí el encanto construido se desvanece entre los dedos para dar lugar a una comedieta urbana bastante pobre de ideas visuales y temáticas. La historia de amor entre ambos es creíble, pero su desarrollo está mal armado, y tenemos la sensación de abandonar un buen relato ecologista por una peliculita comercial con los inevitables tics ochenteros. Una pena, porque esta historia se merecía algo más.

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<![CDATA[Terrence Malick: 'La delgada línea roja' - Paraíso]]> http://www.blogdecine.com/criticas/terrence-malick-la-delgada-linea-roja-paraiso http://www.blogdecine.com/criticas/terrence-malick-la-delgada-linea-roja-paraiso Mon, 16 Nov 2009 22:39:44 +0000 seleccionado por 2406 ldlr001.JPG

“Recuerdo a mi madre cuando se estaba muriendo. Se veía encogida y gris. Le pregunté si tenía miedo. Ella sacudió la cabeza. Yo tenía miedo de tocar la muerte que veía en ella. No veía nada hermoso ni noble en su regreso a Dios. He oído hablar de la inmortalidad, pero aún no la he visto.”

-Soldado Witt

Del negro de la pantalla funde a la hipnótica y poderosa imagen de un cocodrilo que, lentamente, se introduce en la marisma, hasta que todo su cuerpo se sumerge en el agua. La música de Zimmer suena como en un templo, y se apaga al sumergirse la bestia. No hay cortes. Encadenado a la jungla: bellísimas y sobrecogedoras imágenes de la naturaleza en estado salvaje. De fondo, las reflexiones filosóficas del soldado Train (John Dee Smith). Comienza la película.

Las primeras secuencias de ‘La delgada línea roja’ nos trasladan, sin el menor complejo ni énfasis, al Paraíso en la Tierra. Eso sí, las palabras de Train nos trasladan un tono existencialistas ineludible: ¿por qué esta guerra en el corazón de la naturaleza? ¿Se enfrenta la tierra al mar? La cámara de Malick penetra con curiosidad en la misma textura de la jungla, suena un coro diríase celestial. En manos de Malick, la vegetación cobra personalidad, como un personaje más, o como el verdadero protagonista o Dios de la creación. Con su cámara los árboles parecen dioses.

La luz del mundo

Desde el mismo comienzo, la luz y la imagen del operador John Toll (fulgurante comienzo de carrera con dos Oscars consecutivos, uno de los pocos que lo ha logrado, por ‘Leyendas de pasión’ y ‘Braveheart’) se muestra un verdadero prodigio. Ya hablaremos poco a poco de la maestría desplegada por este hombre en este trabajo sublime, pero de momento anotar que toda luz es natural, solamente ayudada por algunas sedas y reflectores, y con el negativo expuesto hacia las sombras, aprovechando al máximo las localizaciones de Queensland, Guadalcanal y las islas Solomon, con un uso de los objetivos panavisión como no se recuerda haberse empleado jamás.

Malick vira de la naturaleza a sus habitantes, concretamente los indígenas de las islas Solomon, sobre todo sus niños, que son los primeros en que nos fijamos. Hay algo de documental en estas imágenes, que son como pedazos de vida antropológicamente arrancados del mundo. De ahí a varios planos de ensueño con los niños indígenas buceando en busca de conchas y otros objetos, como ángeles. Estamos en el Paraíso Terrenal, sin duda, y los cánticos se acentúan. Sobre los niños, en falso punto de vista, navega el soldado Witt (Jim Caviezel). El agua y la barca de Witt son dos de los iconos visuales más importantes de este primer bloque. El agua lo será de toda la película.

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Witt, sobre la barca, asemeja un hombre entre dos mundos. Con su chapa de soldado está claro que pertenece al ejército. Pero no actúa como un soldado, sino que se parece a un nativo, y parece llevarse bien con ellos. Con exquisito gusto, Malick encadena, no corta, de ese viaje en barca, a un pequeño lago donde los nativos limpian a sus hijos. Pareciera que Malick le señala a su personaje su camino. Pero Witt se encuentra lejos del lago, y lo observa con extrañeza. Este soldado, que parece haber abandonado el ejército y haberse refugiado allí, es un hombre espiritualmente en el filo, que se pregunta sobre la muerte una y otra vez.

Observando a una madre jugando en el agua con su hijo, Witt recuerda a su madre y habla de ella. Lo que parece una voz en off es un diálogo (reproducido arriba del todo). La música cambia, entramos en un nuevo tono, en una nueva estrofa de este poema. Se establecen, de manera nítida, tres melodías que formarán una sinfonía: la imagen, la música y la voz en off. Las tres se alimentarán mutuamente, se negarán, se darán sentido y se superpondrán las unas a las otras, como en una sinfonía que se concentrara en lo abstracto para dar una expresión concreta de la vida y la muerte.

Witt asemeja una estatua de piedra, un hombre que no teme rechazar todas las convenciones del mundo y que se enfrenta, directamente, a las cuestiones más terribles e inasibles a las que puede enfrentarse todo ser humano: ¿existe la inmortalidad? ¿qué es la muerte? ¿qué sentiré cuando sepa que ese es mi último aliento? No recuerdo ahora mismo quién dijo que las únicas historias que merecen ser contadas son aquellas que le contarías a un moribundo en el lecho de muerte. Y es auténticamente cierto. Esta es una de ellas.

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Con extrema sensibilidad, obtenemos un nuevo encadenado, posiblemente al recuerdo de la madre de Witt. Aunque no hay nada que nos haga pensar que no es, simplemente, la imagen de la muerte de cualquier ser amado. Con la música de Zimmer siempre consolándonos, observamos a una mujer en su lecho de muerte, esperando la parca con tranquilidad. Los gestos son sencillos pero extraños: la mujer se acerca a la niña, pero no sabemos si le da algo o le indica alguna cosa con un gesto. La niña es, además tremendamente misteriosa, vestida de blanco y con una sonrisa celestial, liberadora. Malick realiza un plano de dos pájaros en su jaula, en la misma habitación. ¿Metáfora del alma encarcelada que pronto echará a volar? Imposible asegurarlo. Con Malick el espectador ha de ser co-creador de la imagen, y otro verá algo diferente a lo que veo yo, sin duda.

Lo mismo sucede con el siguiente plano a ese: el camisón blanquísimo de la niña, con un extraño dibujo de tres círculos en su pecho. Que cada cual diga lo que puede sentir con eso, pero no hay duda de que existe algo poderoso e indescriptible en ese plano. Malick es un artista capaz de hacer levitar, explotar, la materia con que está hecha un plano, llevarlo más allá del mero carácter visual del mismo y convertirlo en algo más, mucho más, quizá el reflejo de la eternidad, la inmortalidad, precisamente aquello que Witt busca con tanta desesperación. La secuencia termina con las paredes de la habitación sin techo, con el cielo abierto sobre ellas, como si el espíritu quedase por fin libre. Y encadena al barco de Witt (tan inquietante como la barca de Caronte, que lleva a la otra “orilla”) y al propio Witt reflexionando en la playa. Parece que por fin ha encontrado la paz que tanto anhelaba.

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El personaje de Witt va a ser fundamental en la trama, pero, de forma extraña, apenas va a tener presencia en la misma. Va a flotar sobre ella, por decirlo de alguna manera, y no precisamente porque habiendo encontrado el Paraíso en la Tierra sea un hombre libre e intocable, nada más lejos, sino porque Malick va a sembrar en este comienzo la semilla del tema y la razón de la película, que no es otro que la muerte y la inmortalidad, en una visión panteísta y elegíaca del mundo, pero también cruel y descarnada, sin falsas componendas.

Por alguna razón, el plano que coge a Witt de espaldas después de haber alcanzado o percibido esa inmortalidad que hasta ahora no había visto, es perfecto para ese momento, significa realmente entrar en un estado de ánimo. Por fin puede hablar con la madre y su hijo, al que lavaba en el arroyo. E incluso porta una visión más ingenua incluso que la de ella, cuando asegura que los niños nunca pelean, y ella le corrige pues sí pelean. Para Malick, la violencia es intrínseca al ser humano, incluso en ese paraíso. Siempre está latente, nadie está a salvo. Pero a Witt no le importa, para él ese es su cielo.

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Trabajará con los nativos y jugará con los niños, acompañado por otro soldado renegado de la guerra y del horror, de quien ni siquiera conoceremos su nombre. Para Malick podría dar a otra película ese personaje anónimo, pero de momento se centra en Witt, aunque su compañero parece tan vivo y tan interesante, pese a su leve aparición, como él.

Por fin, tienen lugar los cánticos de las islas Solomon, que como la película, son un diálogo con Dios, pues Malick, como todo gran artista, tiene un diálogo con Dios, o si se quiere, con lo mejor y lo peor de nosotros mismos.

Con estos primeros diez minutos Malick alcanza uno de los comienzos más hermosos de la entera historia del cine norteamericano. Un despliegue de sensibilidad, profundidad, conmoción espiritual como este escritor pocas veces ha visto en su vida. Un bloque que concluye cuando el ejército norteamericano les “caza” y les devuelve a la disciplina militar, para hacer la guerra en Guadalcanal. Un prólogo tras el que comienza la verdadera película.

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<![CDATA['Celda 211', el corazón de la bestia]]> http://www.blogdecine.com/criticas/celda-211-el-corazon-de-la-bestia http://www.blogdecine.com/criticas/celda-211-el-corazon-de-la-bestia Mon, 09 Nov 2009 22:35:06 +0000 seleccionado por 2406 celda_211.jpg

Recuerdo a Daniel Monzón como un crítico cinematográfico con buen gusto y mejores maneras. Un chaval con cultura y buen verbo al que daba gusto leer. Un buen día dio el paso de hacerse director de cine, y no puede decirse que empezara con buen pie. ‘El corazón del guerrero’, que fue su debut, podría haber dado algo de sí en otras manos, pero en las suyas se convirtió en una carta de presentación muy floja, sin ningún interés.

Pero menos interés tuvo aún el intento de comedia de ‘El robo más grande jamás contado’, que algunos analistas defendieron con presencia de ánimo admirable pero estéril, pues no había por donde cogerla. Y con la anodina ‘La caja Kovak’ terminé por perder la esperanza de que este extraordinario cinéfilo pudiera convertirse en director importante alguna vez. Pero ahora llega con ‘Celda 211’, que es algo más que una buena película de género. Es la película española del año.

Un relato poderoso y sin fisuras

Justo cuando no daba un duro por él, se calza Monzón un relato de presos, cárceles y motines que se erige, por derecho propio, en todo un clásico de este subgénero del suspense. Con una experiencia en la dirección de actores y la puesta en escena, que se le supone en su ya cuarta realización, y adaptando de manera ejemplar la novela homónima de Francisco Pérez Gandul, ayudado en esas labores por el excelente guionista Jorge Gerricaechevarría, Daniel Monzón se hace mayor como artista incontestablemente.

En sus manos, la novela de Pérez Gandul deviene una mina de oro de inagotables posibilidades visuales. La cárcel, cualquier cárcel, se convierte en un espacio asfixiante donde la muerte, el dolor y las posibilidades de traición son infinitas, donde la vida y la esperanza son efímeras, y donde las más primarias pasiones humanas se dan la mano con la cobardía y la estupidez, la crueldad y la dignidad de las ratas atrapadas y en el punto de mira.

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Comienza de manera admirable esta ‘Celda 211’, y lo mejor es que va subiendo más y más, sin parar, en un crescendo admirable sin la menor concesión con el espectador. El que espere un espectáculo amable que se quede en casa. Esto es cine descarnado y brutal, cine de verdad, grande, adulto, complejo. Con una galería de personajes inolvidable, algunos de los cuales abandonan su rol previo para transformarse a causa de la desesperanza y la violencia.

Y entre todos los presos destaca Luis Tosar en una interpretación antológica, que le coloca desde ya mismo entre los más grandes intérpretes europeos. Su Malamadre no es sólo una bestia con corazón, pues el director y el intérprete son lo suficientemente inteligentes y talentosos para dotar de una vida a este personaje como pocas hemos visto en el cine español de los últimos años. Malamadre es el alma de la película, y lo que la hace trascender los límites del propio género. Le amamos y le odiamos al mismo tiempo, qué pocas veces sucede eso en una pantalla de cine.

A su lado, Alberto Ammann compone un digno funcionario de prisiones, aunque es cierto que el actor sufre en comparación con el gigante Tosar. Es un actor competente, si bien un par de veces parece que van a fallarle las piernas. Pero mantiene el tipo. Aunque en general el reparto es poco menos que formidable, y el casting soberbio. Nos creemos hasta al último figurante con frase que se pasea por la cárcel (entre otras cosas, porque los diálogos son excelentes), y es que aquí han hecho las cosas como Dios manda.

Monzón narra con convicción y sobriedad, sin cosas extrañas ni florituras, ateniéndose a los personajes y preocupándose por ser creíble siempre. Nunca pierde el control de la historia, y ayudado por la labor del operador Carles Gusi (que firma una imagen dura y acerada) y la de la montadora Cristina Pastor (que monta con talento y elegancia un tema tan escabroso), además de por la percutiente partitura de Roque Baños, firma una obra contundente e inolvidable.

Post Data Inevitable

Esto es cine de primerísima factura, con una producción de gran profesionalidad, que está dando sus frutos en taquilla y entre la crítica. Viene a demostrar que la gente desea ver buen cine español, por mucho que algunos no se quieran dar cuenta. Ahora bien, tiene que valer la pena verlo. Hoy estaba la sala a rebosar, y más que va a estarlo cuando arrase en los Goya, como estoy seguro que va a hacer.

Por cierto, apuesto porque el inevitable remake americano no se hará esperar. Pero esta no se la pierdan.

Celda 211 en Blogdecine

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<![CDATA[Estrenos DVD | 16 de Noviembre]]> http://www.blogdecine.com/estrenos-dvd/estrenos-dvd-16-de-noviembre http://www.blogdecine.com/estrenos-dvd/estrenos-dvd-16-de-noviembre Mon, 16 Nov 2009 08:48:34 +0000 seleccionado por 2406 No se puede decir que haya novedades de estrenos recientes esta semana, porque apenas estrenan nada de esas características, pero sí que hay estrenos en Dvd más que interesantes, sobre todo de películas muy importantes aunque quizá algo antiguas. Echad un vistazo a la lista.

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‘Con la muerte en los talones’ Edición Especial 50 Aniversario

Se cumple medio siglo de una de las obras mayores de uno de los directores más importantes de la historia del cine, ahí es nada, y se conmemora con el lanzamiento de un DVD que presenta una copia restaurada, y un segundo disco repleto de extras que prometen muchas cosas interesantes, con documentales y galerías. Una pasada de compra obligatoria.

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Colección 400 años de Monty Phyton

Por fin sale una de las macrocolecciones más esperadas de este año, la que hace un justo repaso a uno de los grupos cómicos más importantes de la televisión y el cine. Nada menos que 10 discos, que incluyen una edición de lujo de ‘Los caballeros de la mesa cuadrada’, la serie completa de ‘Flying Circus’ y un montón de extras. Perfecto regalo para estas navidades.

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‘Transformers 2, la venganza de los caídos’ Edición Especial

Se me pasaba anunciar la edición de este blockbuster, que con muchos más robots que la primera parte, continúa siendo una excusa perfecta para ir a ver a Megan Fox. Una edición especial de dos discos, que incluyen todo tipo de material extra, como no podía ser menos, como un larguísimo documental que desgrana convenientemente todo el proceso de producción, audiocomentario, arte conceptual, escenas extendidas, video musical. Vamos, que igual merece el dinero, y todo.

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‘Lo que el viento se llevó’ Edición 70 Aniversario

Sí, ya van varias ediciones de esta maravilla, pero ahora aprovechan que cumple setenta años para lanzar una nueva, con nada menos que cinco discos y una burrada de extras. Además, una reproducción del Programa de Mano original de 1939, con bocetos del vestuario, un libro de imágenes, un set con 20 fotografías seleccionadas. O sea, una pasada…

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‘Obsesionada’

Se estrena una edición sencilla de esta película de suspense que conoció cierto éxito de taquilla, pero que no tuvo mucho reconocimiento crítico, que se diga. Un par de documentales y algunos trailers acompañan la edición.

Críticas en Blogdecine:

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‘Derzu Uzala’

Otra obra excepcional, de uno de los dos otres directores japoneses más importantes de la historia, en la que quizá es su pieza más perfecta y melancólica, la historia del cazador solitario y su amistad con el capitán ruso. Un solo disco, pero trae entrevistas y documentales, y se vende junto con el libro que inspiró la película. Compra obligada para todos los amantes del cine.

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‘Fort Apache’ Edición Especial

Y seguimos con obras maestras de grandes maestros de las que hacen ediciones especiales. Esta vez, uno de los mejores trabajos de Ford, con una edición de dos discos, con tres documentales muy completos y un libreto, nada menos. Esto sí que es un regalo ideal para navidades, mi dirección es…

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‘Ice Age Trilogía’

He de reconocer que tengo debilidad por estas películas, aunque la tercera aún no la he visto. Pero es ver el careto de esa ardilla-rata y sonreir, no lo puedo evitar. Aprovechando que sale la tercera película, hacen un pack con las tres, aunque sin extras, tontos no son. Lo mejor, las escenas de Scrat.

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‘La vergüenza’

Potente drama, que le ha dado muchos premios a su director, probablemente merecidos. Una edición de un solo disco, pero con un montón de extras, como documentales, cortos, galerías…Merece la pena gastarse unos eurillos.

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‘Pagafantas’ Edición Especial

Una de las películas españolas más divertidas del año, aunque no es gran cine, ni mucho menos. Pero quizá sean necesarias más como esta. Dos DVD, con audiocomentarios, galerías, trailer, making of, escenas eliminadas, y muchas cosas más. Seguro que tiene buenas ventas.

Críticas en Blogdecine:

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Shohei Imamura – Filmoteca Fnac

Tenía que caer este DVD en la filmoteca Fnac, que recoge tres de las más importantes películas del maestro japonés, y tres de las más intensas sin duda: ‘The Insect Woman’, ‘Intention of Murder y ‘Pornographers’. Por supuesto, no hay casi extras, pero son tres joyas que seguramente los aficionados sepan apreciar, así que pasaros por este establecimiento, que será el único que lo venda.

Y eso es todo por esta semana. Nos vemos por aquí.

Vía | ZonaDVD

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<![CDATA[La cuestión del estilo en el cine]]> http://www.blogdecine.com/reflexiones-de-cine/la-cuestion-del-estilo-en-el-cine http://www.blogdecine.com/reflexiones-de-cine/la-cuestion-del-estilo-en-el-cine Sat, 14 Nov 2009 16:14:41 +0000 seleccionado por 2406 19176456.jpg

Una de las cuestiones que más dan que hablar a los cinéfilos y analistas es, sin lugar a dudas, ese concepto resbaladizo e inasible, muchas veces manipulado y manipulador, que el gran John Ford se negaba a acotar con esa vanidad a la que tantos se entregan, y que Sinatra admitió que era la verdadera razón de su fama y de su fortuna: el concepto siempre difícil del estilo.

La cuestión del estilo trae de cabeza a más de uno, mientras que para muchos es la verdadera razón de su cinefilia y el núcleo a partir del cual reflexionar acerca de la forma de arte que representa la puesta en escena cinematográfica. Ahora bien, y ahora profundizaré un poco en ello, creo que con esto de estilo muchas veces se pierde el norte.

Primero habría que responder a la inevitable pregunta, con las limitaciones personales de rigor: ¿qué es eso del estilo? Si por estilo entendemos las características de la mirada de un director, o la mera formalización visual y sonora de una historia, la respuesta podría ser infinita, y también muy reduccionista, pues todo se limitaría a hablar del aspecto más material del cine, y no de su esencia, que es lo que verdaderamente nos importa, creo yo. Es decir, creo que el problema suele estar entre diferenciar forma y contenido, cuando en el arte, la forma crea el contenido.

En el reciente 57º Festival de cine de San Sebastián pudimos ver, o más sufrir, la nueva película de Javier Rebollo. Después de lamentarme por haber visto una de las mayores bobadas que he visto en mi vida (y he visto muchas), Rebollo se alzó con la Concha de Plata al mejor director. Leí poco después a Carlos Heredero afirmar que la había ganado con todos los merecimientos. Y resulta curioso, y deprimente, que Heredero alabe con tanto ardor este vacuo ejercicio de estilo cuando hace años le leí también que en ‘Hero’ Yimou primaba el estilo en detrimento de la sustancia, por ejemplo.

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Me explico: cuando digo que la forma crea el contenido, es tal cual, por eso nunca he entendido que se acuse a una película de ser “simplemente bella”, cuando ese debe ser su más grande objetivo, y bello es lo que contiene la armonía de la forma. Premiar el estilo facilón, burdo, pagado de sí mismo, de Rebollo, es precisamente encumbrar el estilo por el estilo, no como creación, sino como masturbación estética, en aras de un cine sin más objetivo que el de recrear ideas, no la vida misma.

En mi opinión, expresar ideas o sentimientos por medio del cine, es rebajar el cine, porque el arte está para expresar la vida misma, y pocas veces he visto, ya que nombrábamos a ‘Hero’, una secuencia de acontecimientos de amor y celos más vital y enérgica, más bella, que la que separa de muerte a los dos amantes vestidos de rojo. Eso me da la sensación de ser un pedazo de vida, tal cual. Formalmente muy estilizada, pero para contar algo.

Porque el estilo, en realidad, es lo de menos. No es más que una excusa sobre a la que tantos nos encanta hablar, cuyo fin último es que en la pantalla le ocurra algo a alguien, y que esto nos importe. Esto es lo más difícil de todo, y los grandes estilistas del mundo, léase Tarantino o Lynch, son quienes son, porque por mucho que digan sus detractores, bajo todo su estilo siempre están al servicio de una historia y unos personajes, eso que los puristas priman por encima de todo lo demás…

Realmente creo que el estilo, algo que como pueden comprobar nuestros lectores suele ocupar gran parte de mi trabajo en los estudios a directores en blogdecine, es algo insignificante cuando a los directores les importa más demostrar lo geniales que son sus ideas (como al aberrante Rebollo, enamorado de sí mismo hasta las cachas…) que expresar lo terrible que es la vida. Ahí está la clave que convierte en artistas inmortales a esos estilistas que se niegan a contar historias como todos los demás y que a menudo son tachados de elitistas por la mayoría.

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<![CDATA['Roman Polanski: Wanted and Desire', la tragedia del enano genial]]> http://www.blogdecine.com/criticas/roman-polanski-wanted-and-desire-la-tragedia-del-enano-genial http://www.blogdecine.com/criticas/roman-polanski-wanted-and-desire-la-tragedia-del-enano-genial Sat, 14 Nov 2009 19:32:09 +0000 seleccionado por 2406 roman_polanski_wanted_and_desired_movie_image__1_.jpg

“Yo era como un ratón en las garras de un gato cruel”

-Roman Polanski

Esta madrugada, una de esas noches de viernes en las que, por alguna extraña razón, ver un documental es lo mejor, lo más interesante y provechoso, que uno puede hacer, volví a ver, bastantes meses después de la primera vez, este magnífico documental, que me ha parecido ahora, ya que la situación ha cambiado, mucho más perturbador e importante que la primera vez. Es lo que tienen los documentales contemporáneos: pueden quedarse obsoletos muy pronto con este mundo de locos en que vivimos.

Pero, obsoleto o no, ‘Roman Polanski: Wanted and Desire’ (Marina Zenovich, 2008) es bastante más que un documento audiovisual sobre el proceso a un eminente artista, es el retrato de una época, de varios hombres, de una sociedad hipócrita, de un sistema legal vergonzoso, es la tragedia de una vida, es una acusación a la vileza del periodismo moderno. Es un documento imprescindible.

El cineasta polaco demonizado

La pieza conmienza y concluye con una conversación que primero es un almuerzo y por la tumultuosa conversación se convierte en cena, y entre medias asistimos, estupefactos, a una radiografía certera y deprimente de las tripas de los juzgados norteamericanos, que cuando acogen a famosos supuran mezquindad hasta límites indescriptibles. Pero la película no defiende a Polanski, al menos de un modo obvio, sino que explica con bastante objetividad los hechos, dejando que juzguemos nosotros.

Hay talento y coraje mostrando el preludio a un juicio que fue una farsa, y que finalmente se convirtió en un circo. La directora y sus colaboradores se detienen con precisión en las barrabasadas de un caso delirante, contando en paralelo las vicisitudes de Roman en Londres primero y en Nueva York y LA después. Pero no hay nada tendencioso en contarte su vida, ni de manipulador, pues es un caso contra Polanski, y tienen que hablarte de Polanski, de sus luces y sus sombras, perfilando sus rasgos de carácter, así como los de los secundarios de esta trama, para que el espectador se sitúe debidamente.

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Sin duda, conocemos un poco más a este artista irrepetible, que ha dejado una huella imborrable en el cine europeo y norteamericano de la segunda mitad del siglo XX, y cuya vida es un verdadero rosario de desgracias. También ofrece algo de luz al caso de su relación sexual ilícita con una menor, en el crimen sexual más sonado, quizá, de la historia de California. Y luz es lo que se necesita, porque este caso es de todo menos simple, y la colección de opiniones del respetable debería estudiar a fondo el caso antes de demonizar a Polanski, o de santificarle.

Lo cierto es que uno pasa de la incredulidad a la estupefacción, y de ahí a la indignación. Pero también hay perlas para los del colmillo envenenado, los bienpensantes y los hipócritas, cuando Polanski pregunta “¿a quién no le gustan las jovencitas?”. Pero si a uno le presentan los hechos del caso, tal como están aquí, si uno ve de qué manera el juez cometió abuso de poder, o de cómo se plegó a las exigencia de los medios de comunicación, si uno atiende cuando explican de qué modo se cortaron en dos las braguitas de la víctima por orden del juez (la mitad para la defensa, la otra mitad para la fiscalía…), si uno percibe el ambiente de prejuicios de prensa y miembros del juzgado, no puede sino sentir vergüenza ajena.

Y más que vergüenza ajena cuando se explica que Polanski ya cumplió la condena pactada con el juez: 90 días en Chino, reducidos a 42 (la reducción en estos casos es algo habitual), en los que un supervisor psiquiátrico debía tratarle, y en los que recomendó encarecidamente la libertad condicional. Pero claro, el juez Rittenband, anhelante de publicidad, se dejó presionar por los medios de comunicación y no estaba dispuesto a dejar las cosas así, amenazando con meter entre rejas como fuera a aquel “enano pervertido”.

Pero también resulta inolvidable la emocionante rueda de prensa en la que Polanski pedía dignidad a los medios de comunicación (como pedir a un político que haga su trabajo) tras el asesinato de su esposa. Pocos documentales dejan en su sitio con tanta contundencia a la prensa como lo hace este documental de visionado más que recomendable.

Post Data Inevitable

Polanski huyó por sentirse tal como describe la cita que he reproducido arriba del todo, y sospecho que muchos habríamos hecho lo mismo. Hace unos años, según explica el documental, la fiscalía y la abogacía llegaron a un acuerdo para que se entregase y le fueran perdonados todos los cargos, eso sí...con la condición de que fuera televisado, dijo el nuevo juez (Rittenband, ya muerto, había sido retirado del caso por mala praxis…). Polanski, como es lógico, se negó.

Sobran comentarios.

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<![CDATA['La costilla de Adán', excelente teatro filmado]]> http://www.blogdecine.com/cine-clasico/la-costilla-de-adan-excelente-teatro-filmado http://www.blogdecine.com/cine-clasico/la-costilla-de-adan-excelente-teatro-filmado Sun, 15 Nov 2009 18:41:09 +0000 seleccionado por 2406 adams-rib-tracy-holliday-hepburn.jpg


“Los abogados no deberían casarse con otros abogados”

-Kip Laurie

El cine clásico norteamericano comprende, en teoría, las décadas de los 30, 40 y 50 del pasado siglo. En la última de ellas se alcanzó, según muchos, la perfección de este arte en ese país, y después de eso, no ha dado más que tumbos. El neoyorquino George Cukor, tenido por un gran director de actrices, dirigió esta famosa comedia en 1949, con la ya famosa y casi mítica por entonces pareja formada por Tracy y Hepburn.

Comedia bastante disparatada, sin llegar a los niveles de “screwball comedy”, centrada en la guerra de sexos y en el feminismo rampante por aquella época, con dos abogados rivales que resultan ser marido y mujer (algo que es ilegal, pero a quién le importa…), involucrados en un caso de infidelidad que casi termina en tragedia y que va a servir para un discurso que, a día de hoy, queda bastante naif.

Todo comienza con una secuencia que es, ciertamente, magistral, y que demuestra más de lo que el propio Cukor demuestra a lo largo de esta película: que tenía un gran sentido visual. Cinco minutos de cine mudo, con suspense y comedia a raudales, en los que seguimos a una mujer en su plan de vengarse del calavera de su marido, interpretado por un Tom Ewell como siempre espectacular. Cukor se entrega, después de este alarde, a dar todo el protagonismo a Tracy y Hepburn, en una trama que deja bastante que desear.

Lo de Hepburn es un caso de personalidad como no ha existido otra en la historia del cine. Nadie daba un duro por ella como estrella, aunque ya de joven era indudable su talento. Quién podía imaginar que enamoraría al católico Tracy, y a Howard Hugues, e incluso le haría perder la cabeza al lacónico John Ford, una mujer de atractivo físico escaso, pero de energía y vitalidad arrolladoras. Aquí se erige en icono feminista, que no es sino una de las batallas de su vida, mientras despliega sin prejuicios su complicidad y cariño con Tracy, que interpreta a un personaje mucho menos atractivo.

Como ejemplo de cine judicial, lo cierto es que la película no es gran cosa. El caso es forzado, poco creíble, y mal desarrollado. El juez incurre en actitudes incomprensibles, como muchos otros personajes, y todo no es más que una excusa poco divertida para lo que verdaderamente importa: el discurso feminista y las situaciones entre la famosa pareja. Además, ya sabemos cómo va a acabar. Es decir, no estamos en algo parecido a ‘Testigo de cargo’ en versión cómica, sino en un conservador vehículo de lucimiento.

Tampoco es gran cosa como creación cinematográfica, aunque a muchos se les llene la boca con este tipo de películas, que no son más que teatro filmado, llamándolas obras maestras y cosas por el estilo. Cukor se limita a poner la cámara sobre un trípide y filmar del modo más correcto posible, sin emplear el punto de vista en ningún momento y con una planificación completamente teatral. Es decir: plano general o plano medio, con los actores generalmente de perfil. Aún así, logra una narración fluida y competente, pero diez años después de, por ejemplo, ‘Lo que el viento se llevó’, que es mucho más dinámica y mucho más visual, pues queda anticuado. El cine evoluciona, por suerte.

Eso sí, la dirección de actores es soberbia. Aunque también es verdad que los actores son, todos, sin excepción, una gozada de profesionales, perfectamente conocedores de los resortes del ritmo interno de la secuencia y de la comprensión de la cámara. Es impresionante cómo dan vida a una secuencia tan ramplona.

Al final, todo queda en un espectáculo light, muy poco inspirado visualmente, con secuencias muy divertidas y llenas de ingenio verbal. Pero Cukor no fue nunca más (ni menos, ciertamente), que un director académico, brillante e impersonal. Nunca fue Hitchcock, ni Hawks, ni Welles. Las obras maestras del cine, las de mayor sentido visual, las firmaban otros. Pero su teatro filmado era siempre interesante.

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<![CDATA[Steven Spielberg: 'El mundo perdido: Parque jurásico II', lo que pudo ser y no fue]]> http://www.blogdecine.com/criticas/steven-spielberg-el-mundo-perdido-parque-jurasico-ii-lo-que-pudo-ser-y-no-fue http://www.blogdecine.com/criticas/steven-spielberg-el-mundo-perdido-parque-jurasico-ii-lo-que-pudo-ser-y-no-fue Fri, 13 Nov 2009 12:50:30 +0000 seleccionado por 2406 l_119567_75a544e5.jpg

“Peter, si quiere que dirija su pequeño safari, hay dos condiciones: primero, aquí mando yo, y cuando no esté yo, manda Dieter. Todo lo que tiene que hacer es firmar cheques, decirnos lo buenos que somos y abrir su caja de whisky cuando tengamos un buen día. Segunda condición: ¿mi salario? Puede quedárselo. Todo lo que quiero como pago a mis servicios es el derecho a cazar uno de los Tyranosaurios. Un macho. Cómo y cuándo es asunto mío. Ahora, si no le gustan alguna de estas condiciones, le dejaré solo. Así que adelante, levante el campamento aquí mismo, o en una ciénaga, o en mitad del nido de un Rex, porque me da igual. Pero he estado en demasiados safaris con dentistas ricos para escuchar más ideas suicidas, ¿de acuerdo?”

-Roland Tembo

Cuatro años después de ganarse un prestigio que siempre se le había resistido, y de alzarse con el Oscar al mejor director y mejor película con la estupenda ‘La lista de Schindler’, Spielberg volvía al cine con la segunda parte de la película más taquillera (hasta que llegó ‘Titanic’) de la historia. Y lo cierto es que dice mucho del carácter artístico de Spielberg que se arriesgara con aquella incursión en el holocausto judío, para regresar a una aventura que era una de sus menos interesantes películas. Es decir, un cineasta que podía permitirse cualquier cosa, cambiar por fin de rumbo una filmografía que ya se dibujaba con irregulares aristas, reincide en un cine descaradamente comercial que, además, fracasa en su intento de ofrecer grandiosa aventura y que se queda en una aventura familiar muy endeble. Películas como estas dan que pensar sobre la importancia real de Spielberg como artista.

Regreso a la pesadilla…es decir, al cuento de hadas

Estaba claro que íbamos a conocer una segunda parte, y parecía sencillo superar los tonos edulcorados y el bajísimo listón que Spielberg se impuso en la primera aventura. Esta película responde a la fórmula del “más difícil todavía”, pues después de sorprender a todos con unos efectos digitales que recreaban dinosaurios con gran espectacularidad, había que encontrar la fórmula para volver a sorprenderles. El problema es que ya estaba todo inventado. Simplemente, pusieron muchos más saurios, un poco mejor hechos que la última vez. La solución pasaba, en realidad, por situar a personajes más interesantes en la vorágine de esta secuela. Pero ahí también fracasaron, salvo en un caso, del que hablaremos más adelante.

Ya el mismo comienzo avisa de que la cosa no va a discurrir por caminos muy diferentes a los de la primera aventura. ¿Dónde están los electrizantes prólogos de Indiana Jones? Desaparecidos. A continuación regresamos a la civilización con el personaje de Jeff Goldblum, que repite papel, pero que durante toda película va a suponer un ejemplo de desgana y de incapacidad. Por supuesto, ha de regresar a la segunda isla en busca de su ex-mujer, que resultará ser Julianne Moore. ¿Por qué Spielberg coloca a este personaje en el centro de la historia, cuando es evidente que hace falta algo más interesante que eso? No lo puedo entender. En mi opinión, es el primer error, y uno de los más grandes. Pero hay muchos más. Su personaje tiene una hija, en teoría adoptada, que es un completo pegote sin gracia, y es que Spielberg tiene que meter algún crío por eso de asegurarse esa dimensión en el relato. La hija viajará con Malcolm de polizón, como todos nos imaginábamos desde el principio, cuando en realidad nos importa muy poco que viva o muera.

Malcolm, con barba y pinta de estar en muy mala forma, viaja con un equipo de dos personas más, entre ellos Nick Van Owen (un digno Vince Vaughn), que luego descubriremos que es un naturalista infiltrado, y enseguida se encuentra con su ex-pareja, una insoportable Moore (que es una de mis actrices favoritas). Hasta aquí han transcurrido más de veinte minutos de película, y se pregunta uno cuándo va a empezar esa en teoría gran aventura filmada por el gran maestro, porque ni por asomo hay nada de eso. Eso sí, los estegosaurios muy bonitos, muy bien hechos. También tenemos algún momento cursi digno de la casa, como al que pertenece la fotografía de arriba del todo. En ese momento, sucede un atisbo de milagro, porque llega un segundo grupo a la isla, capitaneado por el único personaje que tiene algo, interpretado por el gran Pete Postlethwaite, al que pertenece el monólogo que abre este artículo.

De pronto, sucede un milagro. Y es que pasa algo en la historia. Tensión, conflicto. Se instala cierta incertidumbre. Por supuesto, los dinosuarios vuelven a mostrar que son ellos los que mandan, y dos Rex atacan al furgón de los “buenos”, matando a uno de ellos, en una secuencia ciertamente muy elaborada, aunque estropeada por los famosos chistes malos tan del gusto de Spielberg. Eso sí, una vez concluido ese bloque, comienza la que es para mí la verdadera película, con el grupo de supervivientes aislados del mundo exterior y obligados a viajar hasta otro punto de la isla. Y ahí toma el mando el personaje de Postlethwaite, que es el que debería haber protagonizado toda la película, si Spielberg hubiera tenido los redaños de llevar su deseo de hacer esta película más oscura hasta al final, y no la hubiera convertido, de nuevo, en otra insulsez familiar.

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Y es que, que me corrija el lector si ando errado, pero la aventura es algo más que cuatro personajes sin carisma correteando de un lado para otro perseguidos por dinosaurios generados por ordenador. Estoy seguro de que el adolescente amante de videojuegos (y yo soy un viciado, que no me interpreten mal) que en su vida ha visto una película de Raoul Walsh, de Howard Hawks o de John Huston, querrá corregirme y estará encantado con este despropósito, pero yo espero algo más, en realidad mucho más, de una historia de aventuras. No sólo pasar el rato, sino que me conmueva, porque creo que es uno de los géneros más poderosos que existen. Y como Spielberg demostró en ‘Tiburón’, por ejemplo, pues es de esperar, siempre, lo mejor de él.

La cosa se anima, ya digo, con ese viaje hacia el interior de la isla, pero las barbaridades se suceden sin desmayo (el tyrannosaurio o los raptores cazando siempre a uno de los “malos”, nunca de los “buenos”, la bochornosa escena de la hija haciendo equilibrismos sobre barras paralelas…), hasta que por fin tiene lugar el forzado tercer acto, ya en la ciudad, que pretende homenajear, con más pena que gloria, a clásicos como ‘King Kong’. Ya hablé, en su momento, de lo mal que se le dan a veces los finales a este hombre, llegando a estropear buenas películas (no es el caso). Aquí vuelve a demostrar que la coherencia no es lo suyo. Y si no, que alguien se digne a explicar cómo un Rex sorprende a toda la tripulación del barco (dado su tamaño y su ferocidad), los devora…¡y se vuelve a meter en su prisión marina! De locos.

Pero parece que ha comenzado una nueva película. Sorprende, además, la poca imaginación visual que demuestra Spielberg durante toda la película, la escasa calidad de la fotografía de Kaminski, y la plena incapacidad de todos los responsables por elaborar una aventura que pudo ser intensa y que se queda en muy sosa.

Conclusión

Películas como esta, y bastantes más, le hacen a uno replantearse la altura estética de su director, capaz de entregar una maravilla, primero, y dos o tres productos más que discutibles, después. Quizá le puede la desgana, o quizá es que le importa poco abaratar su filmografía (eso sí, llenándose bien los bolsillos del dinero de los espectadores, muchos de ellos encantados con algunos de sus despropósitos). A estas alturas, en 1997, queda claro que hay dos Spielberg. Uno es el de ‘Tiburón’, ‘E.T’, las aventuras de Indiana Jones, ‘La lista de Schindler’, ‘Encuentros en la tercera fase’, ‘El color púrpura’. Otro, muy diferente, es el de ‘The sugarland express’, ‘1941’, ‘Always’, ‘Hook’, ‘Parque Jurásico’, ‘El mundo perdido’...

Las diferencias son notables. Yo me quedo con el primero, claro está.

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<![CDATA[Sevilla Festival de Cine Europeo 09: 'When Heaven Falls' durísima mirada a la realidad más repugnante]]> http://www.blogdecine.com/festivales-y-premios/sevilla-festival-de-cine-europeo-09-when-heaven-falls-durisima-mirada-a-la-realidad-mas-repugnante http://www.blogdecine.com/festivales-y-premios/sevilla-festival-de-cine-europeo-09-when-heaven-falls-durisima-mirada-a-la-realidad-mas-repugnante Thu, 12 Nov 2009 20:09:13 +0000 seleccionado por 2406 when heaven falls
El título que abría la jornada de hoy ha puesto los vellos de punta a más de uno. Una película como ‘When Heaven Falls’ (‘Himlen Falder’) que aborda una dura historia real sucedida hace un par de años en Dinamarca y lo hace de manera desgarradora y realista, pero sin renunciar a una realización arriesgada.

Y lo es en doble sentido, por una parte al director danés de origen afgano Manyar I. Parwani no le duelen prendas al entrar en detalles escabrosos y tremebundos de una historia de incesto que hiela la sangre. Y por otro, a la hora de afrontar una narración nada convencional, que acentúa en algunos momentos el estado casi paraoico que sufre la protagonista. A base, eso sí, de colores saturados, cámara inquieta y desenfoques a ritmo de músicas diversas.

Parwani no posee una formación cinematográfica de tipo académico, más bien resulta un autodidacta, lo cual no resultaría más que anecdótico, sino fuera porque posee talento a la hora de plasmar en imágenes un estado psicológico tan traumático como el de la protagonista.

Para situarnos, ‘When Heaven Falls’ es la adaptación de una historia real en la que una joven descubre que su madre biológica fallece y decide asistir al entierro. Tras varios años sin ver a su familia, no es reconocida y puede investigar y recordar su etapa de niñez en un ambiente al principio no demasiado extraño, pero que vamos descubriendo oscuro y absolutamente descarnado y sobrecogedor. En su viaje desde Copenhague, se trae su trauma no superado, sus temores, sus pesadillas y un estado, por momentos, de auténtico delirio, que evidencia un pasado nada agradable pero que el espectador no descubre completo hasta el desenlace.

El manejo de la intriga mejora y mucho la forma de afrontar esta historia durísima sobre una infancia protagonizada por un incesto silenciado que arrastra a su protagonista a casi una muerte en vida. Si bien es cierto que Parwani, virtuoso con la cámara se deja llevar en exceso por cierto lirismo psicodélico que en ocasiones sobra y no aporta casi nada a la narración. Sin embargo, a pesar de estos momentos más olvidables (junto con algunos detalles innecesarios que hacen más macabro el relato), el resto del metraje mantiene un noble intento de mantener el tono, siempre arriesgado, y en un intento de huir de la narración más convencional, lo cual aporta gran personalidad al trabajo.

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Junto a la protagonista, asistimos a cómo las dos hermanas pequeñas (dos niñas) a quienes no conocía, necesitan de su ayuda. Un descubrimiento que termina por descolocarla aún más, de invocar los demonios de un pasado difícil de olvidar que le empujan a buscar un necesario final para poder subsistir.

Lo cierto es que la historia no resulta nada agradable, destila mal rollo conforme va avanzando y, sin embargo, no resulta culpable la cinta, sino el hecho de conocer que aquello que vamos descubriendo fue cierto. Una realidad absolutamente repugnante que deja el cuerpo contraído, pero que viene a suponer un ejercicio de denuncia con una película sobrecogedora, interesante pero que tiene que cargar con unos hechos de los que uno preferiría no haber ni conocido.

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