Favoritos de los expertos de 26450 en Blogdecine http://www.blogdecine.com/usuario/ seleccionado por los expertos de 26450 http://www.blogdecine.com <![CDATA[Disney: 'Peter Pan', de Clyde Geronimi, Wilfred Jackson y Hamilton Luske ]]> http://www.blogdecine.com/criticas/disney-peter-pan-de-clyde-geronimi-wilfred-jackson-y-hamilton-luske http://www.blogdecine.com/criticas/disney-peter-pan-de-clyde-geronimi-wilfred-jackson-y-hamilton-luske Sun, 23 Mar 2014 07:00:58 +0000 seleccionado por los expertos de 26450 Peter Pan cartel

La primera vez que a Walt Disney se le pasó por la cabeza adaptar el ‘Peter Pan’ de James M. Barrie corría el año 1935. El estudio se encontraba entonces inmerso en la producción del que iba a ser su debut en el mundo del largometraje animado y, con la clara incertidumbre de si éste funcionaría o no como se esperaba, poco más se hizo de cara a la adquisición de los derechos de la novela hasta que, cuatro años más tarde, y con el éxito de ‘Blancanieves y los siete enanitos’ (‘Snowhite and the Seven Dwarfs’, David Hand, 1938), el “tío Walt” llegó a un acuerdo con el Hospital Great Ormons Street de Londres.

La entidad, a la que Barrie había cedido los derechos sobre la historia de ese niño que no quería crecer y que tanta popularidad había adquirido desde el momento mismo de su primera representación teatral, vendió a Disney la posibilidad de llevar al cine a Peter, Wendy, John, Michael, Garfio, Smee, el cocodrilo y los niños perdidos por la irrisoría suma de 5.000 libras y, tan pronto lo tuvo en su mano, el presidente de la compañía dio luz verde a un proyecto que, de no haber estallado la Segunda Guerra Mundial, se habría estrenado después de ‘Bambi’ (id, David Hand, 1942).

Adaptando la historia original

Peter Pan 1

Comenzada pues la producción en 1950 y alcanzando ésta un coste final de unos cuatro millones de dólares, ‘Peter Pan’ (id, Clyde Geronimi, Wilfred Jackson y Hamilton Luske, 1953) se convirtió en un auténtico éxito ya desde su estreno el 5 de Febrero de 1953, cosechando una recaudación que iba a permitir por fin a Disney consolidar la recuperación económica que se había iniciado tres años antes con ‘La Cenicienta’ (‘Cinderella’, Clyde Geronimi, Wilfred Jackson y Hamilton Luske, 1950) y a la que ‘Alicia en el país de las maravillas’ (‘Alice in Wonderland’, Clyde Geronimi, Wilfred Jackson y Hamilton Luske, 1951) había puesto una pequeña zancadilla.

Clave en el éxito de ‘Peter Pan’ fue, no cabe duda, la espléndida adaptación que los muchos guionistas acreditados en la historia —no llegan a los trece de ‘Alicia…’ pero las dieciséis manos que intervinieron en la redacción del libreto no son moco de pavo—; una adaptación que pasaba por efectuar, de forma ineludible, algunos cambios fundamentales con respecto al texto original pero que aquí, a diferencia de lo que veíamos la pasada semana en la traslación del texto de Carroll, no se sienten tan abruptos, redundando de hecho en un preciso funcionamiento de la narración.

Peter Pan 2

Entre ellos quizás los dos más relevantes sean, de una parte, la completa eliminación de los dos capítulos de la novela de Barrie que menos casaban con la idea de cuento infantil de Disney: los referentes a la creencia de la madre de Wendy de que sus hijos han sido secuestrados, algo que sí apuntará Steven Spielberg en ‘Hook’ (id, 1992), y aquél en el que Peter descubre que Wendy se ha casado y tiene ya una nieta, algo que también incluía —con la aparición de una jovencísima Gwyneth Paltrow— la cinta firmada por el otrora Rey Midas de Hollywood.

En segundo lugar, e incidiendo de forma directa sobre uno de los personajes más icónicos de la compañía, el que Disney decidiera cambiar la bola de luz que Campanilla era en las representaciones teatrales por una pequeña hada es, probablemente, el mayor acierto de la cinta por cuanto esa rubia pin-up de gran temperamento que es la acompañante de Peter sirve de motor de los acontecimientos que se desarrollan de cara al final de la proyección, proporcionando al tiempo algunos de los momentos más divertidos de esa delicia constante que es el filme.

Dos protagonistas a la altura de las circunstancias

Peter Pan 4

Peter Pan, el atrevido niño que ha perdido su sombra y que se enfrenta a ese pirata cruel y sediento de venganza que es Garfio, era el primer héroe masculino de un filme Disney —no contaremos a Pinocho por aquello de que era un muñeco de madera— y mucho era lo que se jugaba la compañía si quería que éste fuera percibido en los mismos términos que habían cosechado sus dos princesas más exitosas. Para ello, la opción era muy clara, tratar al protagonista como un aventurero activo y dicharachero que pasa sus días jugando ajeno a la fascinación que genera en las mujeres, ya sean éstas la celosa Campanilla, Wendy o las sirenas.

Con la definición del pelirrojo héroe perfectamente planteada, y un plantel de secundarios de entre los que habría que destacar, cómo no, al simplón y cómico Smee —alucinante es lo que hizo Bob Hoskins con el personaje en ‘Hook‘—, la otra cara de la moneda de Peter, y uno de los villanos con mayor carisma que ha salido de la Disney, es el Capitán Garfio, un adulto malhumorado y que sólo desea vengarse del niño que le cortó la mano y se la arrojó al cocodrilo —otro hallazgo de los “secundarios“—. Definido con una comicidad espléndida, Garfio concreta algunos de los mejores instantes del metraje.

Entre ellos se cuentan todos aquellos en los que le vemos atemorizarse del enorme reptil que quiere continuar con el banquete interrumpido y que anuncia su llegada con el tic-tac del despertador que se tragó sin querer: sincronizando el movimiento de su ridículo bigote con el sonido de las manecillas del reloj al moverse, los animadores del personaje dotaban a Garfio de un talante reforzado por lo caricaturesco y desgarbado de su porte y por lo rastrero de sus actitudes, al tiempo que lo muestran como un manipulador de primera cuando maneja a su antojo la voluntad de Campanilla.

‘Peter Pan’, una auténtica delicia

Peter Pan 5

‘Peter Pan’ es un filme por el que no pasan los años. Todo un clásico —de los de verdad— de Disney en el que se conjugan de afortunadas maneras la concreción de unos personajes inolvidables, una música y canciones espectaculares que tienen su momento álgido en el ‘Volarás’ —o ‘You Can Fly’ si estamos hablando de la versión original— y, por supuesto, una animación espectacular e ingeniosa que tiene instantes de esos que se te quedan grabados en la memoria para nunca desaparecer por los recovecos de la misma.

Con el vuelo sobre el Londres nocturno como el más representativo de todo el metraje, una secuencia plagada de recursos brillantes de principio a fin, habría otros muchos que apuntar que confieren a la producción animada esa denominación de clásico a la que antes me refería y a los cuales les va también como anillo al dedo el calificativo de ingeniosos, dejándose la piel los animadores de la casa tanto en la definición de los personajes como en el casi millar de preciosos fondos sobre los que se va desarrollando la acción de la película.

Sumando pues al citado vuelo momentos como el uso de las sombras en toda la secuencia inicial; todo lo que precede a ésta —esa Nana intentando colocar bien los cubos de juguete—; la presentación de Campanilla sobre el espejo o lo “dramático” de cuando no sabemos si ésta vivirá o no tras la explosión de la bomba, es la poética del plano final y la forma en que la historia se cierra en boca del práctico progenitor de Wendy la rúbrica perfecta a una función deliciosa, un filme sobresaliente y atemporal que sigue cautivando a las nuevas generaciones de niños como lo hiciera hace más de sesenta años. En definitiva, un CLÁSICO.

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<![CDATA[Disney: 'La Cenicienta', de Clyde Geronimi, Wilfred Jackson y Hamilton Luske]]> http://www.blogdecine.com/criticas/disney-la-ceninienta-de-clyde-geronimi-wilfred-jackson-y-hamilton-luske http://www.blogdecine.com/criticas/disney-la-ceninienta-de-clyde-geronimi-wilfred-jackson-y-hamilton-luske Sun, 09 Mar 2014 07:10:46 +0000 seleccionado por los expertos de 26450 Cenicienta cartel

¡¡¡Por fin!!! Quizás sea una forma poco ortodoxa —o seria— de comenzar una entrada, pero entenderéis que, tras haber pasado las últimas seis semanas transitando por uno de los períodos menos reseñables de la historia de la Disney —uno, que no el único, como veremos más adelante en este especial— las ganas de llegar a arribar a las costas de los cincuenta y, por ende, a la recuperación de formas por parte de los estudios hacían que este puerto que es ‘La Cenicienta’ (‘Cinderella’, Clyde Geronimi, Wilfred Jackson y Hamilton Luske, 1950) se antojara cada vez más lejano.

Aún a sabiendas del convencimiento del “tío Walt” de que los filmes basados en pequeños segmentos o cortos eran mucho más rentables y fáciles de producir, estaba claro que tanto el taquillaje como las críticas hacia sus propuestas durante los años cuarenta habían terminado por hacer algo de mella en los inagotables ánimos del creador de la Disney, y el regreso al tipo de filmes con los que la compañía se había presentado al público era sólo cuestión de tiempo, anunciándose en 1948 en las páginas del ‘Annual Report’ de los estudios que su próximo proyecto sería una adaptación del cuento de ‘La Cenicienta’ de Charles Perrault.

Los cincuenta, la década del esplendor

Cenicienta 1

Pero ese no era el único título que Walt Disney barajaba como posibilidad para devolver el esplendor perdido a su empresa y varios habían sido los proyectos que, siempre adaptando obras literarias, habían pasado por las manos del cineasta antes de que éste se decidiera por la historia de la joven huérfana que, maltratada por sus dos horribles hermanastras y por una madrastra cruel y tiránica, tendrá la posibilidad de ver cumplidos sus sueños gracias a la ayuda de su hada madrina y de un zapato de cristal.

Así, Disney había contemplado primero la posibilidad de llevar al terreno animado a los que terminarán por convertirse en dos de los emblemas más reconocibles de la larga filmografía de la productora: el ‘Peter Pan’ de James M. Barrie y la ‘Alicia’ de Lewis Carroll. Considerando que ambos personajes y sus historias eran demasiado fríos para la calidez que quería que instilara el regreso a los cuentos de las producciones de la compañía, Walt se terminó decantando por una jovencita que guardaba no pocas concomitancias para con su exitosa Blancanieves, intentando así garantizar el éxito de la empresa.

Una empresa que se pondría en manos de aquellos que habían venido en llamarse los “Nueve Viejos”, un grupo de animadores del que ya hablamos en la entrada correspondiente a ‘Dumbo’ (id, Ben Sharpsteen, 1940) y que estaba formado por Les Clark, Marc Davis, Ollie Johsnton, Mit Kahl, Ward Kimball, Eric Larson, John Lounsbery, Wolfgang Reitherman y Frank Thomas, nueve nombres que determinarían sobremanera el transitar de las producciones de la casa durante esa década de los cincuenta que fue la que, de forma definitiva, asentó a la Disney como la reina indiscutible en el terreno de los dibujos animados.

‘La Cenicienta’, o cuando el interés residía en los secundarios

Cenicienta 2

No creo que haga falta haber visto todas las producciones de la compañía, o ser un experto en su cine para apreciar que, en lo que a personajes carismáticos se refiere, los primeros filmes de Disney trabajaron muchísimo mejor los secundarios y los villanos que aquellos que servían de título a sus películas. Tanto es así que si uno piensa en ‘Blancanieves…’ lo primero que se le viene a la cabeza son los siete enanitos y lo segundo la malvada madrastra de la protagonista. Otro tanto sucede, por ejemplo, con Pepito Grillo, el Honesto Juan y Stromboli al recalar en ‘Pinocho’ (‘Pinocchio’, David Hand, 1941).

Es pues normal que, al recuperar los esquemas de las producciones que más éxito cosecharon en el público estadounidense, Walt y su equipo creativo tuvieran claro que el triunfo de su nuevo cuento animado pasaba, sí o sí, por crear una galería de secundarios que ganaran la partida de lejos a un personaje central que, como apuntaba más arriba, no se aparta prácticamente nada de los esquemas que sirvieron, doce años atrás, para definir a la primera princesa Disney. Un hecho que no ayuda mucho a que la percepción acerca de ‘La Cenicienta’ sea todo lo positiva que uno desearía.

Pero centremos nuestra atención momentáneamente en el rosario de carismáticos personajes que los responsables del filme hacen orbitar en torno a la estrella —aunque bien cabría decir que es al contrario—: tenemos a los simpatiquísimos ratones con el dicharachero Jack y el simpático Gus a la cabeza; contamos también con la némesis de todo roedor que se precie, un gato llamado Lucifer que sólo piensa en llenar la tripa y, dejando a un lado a los animales, dos presencias femeninas en los dos extremos del espectro, la bondadosa y algo despistada Hada Madrina, y la pérfida madrastra, cuya presentación es terrorífica —y genial—.

Cenicienta 3

Con todos ellos de por medio, la mucha atención que la cinta les presta —atención a la secuencia del desayuno— y el protagonismo que terminan atesorando de cara a la resolución de la trama, resulta a mi entender incuestionable que la inane historia de amor entre Cenicienta y el príncipe pase a un modesto segundo plano a la hora de valorar lo mejor de un filme cuya animación recupera mucho —aunque no todo— del esplendor de antes de la Segunda Guerra Mundial y que, eso sí, supuso un éxito impresionante para la compañía, recaudando 7 millones de dólares que respaldaban la apuesta de los estudios.

Unos estudios que a partir de aquí comenzarán una escalada exponencial en cuanto a calidad de la animación y de las historias y que, al menos durante diez años y cuatro producciones más, no conocerán límites que no sean capaces de sobrepasar. Importa poco pues que, en última instancia, ‘La Cenicienta’ no sea todo lo que se podía haber esperado de ella si se la compara con lo que la siguió, cuando es éste el trampolín que sirvió de ese necesario revulsivo que la Disney llevaba varios años necesitando; hasta tal punto que no podría entenderse la historia de lo que nos llegará si cierto zapato de cristal…

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<![CDATA[Disney: 'La leyenda de Sleepy Hollow y el Sr. Sapo', de James Algar, Clyde Geronimi y Jack Kinney ]]> http://www.blogdecine.com/criticas/disney-la-leyenda-de-sleepy-hollow-y-el-sr-sapo-de-james-algar-clyde-geronimi-y-jack-kinney http://www.blogdecine.com/criticas/disney-la-leyenda-de-sleepy-hollow-y-el-sr-sapo-de-james-algar-clyde-geronimi-y-jack-kinney Sun, 02 Mar 2014 07:24:23 +0000 seleccionado por los expertos de 26450 La leyenda de Sleepy Hollow cartel

Hasta que Tim Burton versionó el texto de Washington Irving en 1999, el icono que era el hombre sin cabeza que aterrorizaba a los habitantes de Sleepy Hollow en general y a Ichabod Crane en particular, estaba relacionado de forma íntima en el imaginario colectivo con el que aparecía en este filme que hoy nos ocupa y que cierra, de forma brillante —que todo hay que decirlo— la irregularísima trayectoria que la Disney mantuvo durante la década de los cuarenta, una década que toca a su fin con la unión de dos cortometrajes espléndidos que adaptan sendas obras literarias fundamentales de la lengua inglesa.

‘La leyenda de Sleepy Hollow y el Sr. Sapo’ (‘The Adventures of Ichabod and Mr. Toad’, James Algar, Clyde Geronimi y Jack Kinney, 1949) se eleva pues sin dificultad por encima de la mediocridad que hizo presa de las formas visuales y narrativas de la compañía desde que su máximo responsable decidiera que, para ahorrar costes en los difíciles tiempos de la guerra y la posguerra, lo mejor era centrar objetivos en la realización de filmes compuestos de variados segmentos cuya pobre animación no hacía justicia al nombre que se habían labrado los estudios con sus primeras producciones.

‘El viento en los sauces’, preciosa animación

La leyenda de Sleepy Hollow 1

El primero de los dos cortos que abre la función de una hora y pocos minutos que es ‘La leyenda de Sleepy Hollow y el Sr. Sapo’ está dedicado a éste segundo, un personaje salido de la fértil imaginación del escritor inglés Kenneth Grahame que es protagonista parcial de los muchos acontecimientos que el literato nos narró en ese magistral relato que es ‘El viento en los sauces’, un relato que aquí se adapta de forma parcial centrando su atención los cineastas de la casa de Mickey en lo que respecta al curioso anuro, desnudando así al texto de Grahame de toda la compleja parodia del género humano que es su obra.

Pero esto es Disney —tampoco se le pueden pedir peras al olmo— y lo cierto es que, a juicio del que esto suscribe, y considerando que como adaptación hay otras como el espléndido trabajo que hizo en viñetas Michel Plessix, el ritmo y la calidad de la animación de ‘El viento en los sauces’, justifican de sobra el poder señalar con el dedo a este primer segmento del filme como lo mejor que salió de los estudios desde ‘Bambi’ (id, David Hand, 1942), siete largos años atrás.

En esta afirmación tienen mucho que ver, como decía, tanto el tempo de la acción, que no para durante la media hora larga sobre la que se extiende el relato, como una animación que es brillante a cualquier nivel que quiera analizarse, ya sea en los diseños de personajes —muy familiares si atendemos a cintas posteriores de la compañía como ‘Basil, el ratón superdetective’ (‘The Great Mouse Detective’, VVDD, 1986) o ‘¿Quién engañó a Roger Rabbit?’ (‘Who Framed Roger Rabbit’, Robert Zemeckis, 1988)—, ya en unos fondos muy trabajados que destilan cariño por los cuatro costados.

‘La leyenda de Sleepy Hollow’, humorada a la Disney

La leyenda de Sleepy Hollow 2

Completando una función que en su primera mitad ha mezclado de forma sabia seriedad y humor, el segundo segmento del filme nos lleva a las casas y calles de Sleepy Hollow, ese pueblecito del norte del estado de Nueva York en el que un peculiarísimo maestro llamado Ichabod Crane, una joven muy bella llamada Katrina Van Tassle y un joven fornido de nombre Brom se convertirán en los tres vértices de una narración que, ahora sí, adapta de forma meticulosa el texto de Irving, extrayendo párrafos enteros del cuento del estadounidense para hacerlos formar parte del transcurso de la acción en boca de Bing Crosby —en versión original, claro—.

Al igual que en ‘Viento en los sauces’, donde el narrador en off del relato era la conocida voz del británico Basil Rathbone —al que los animadores homenajearon en las formas de vestir a lo Sherlock Holmes de Rata—, utilizar aquí la correspondiente del legendario actor y cantante era una apuesta por parte de Walt Disney de atraer a más público al visionado de la cinta en los cines, y hasta la apariencia del desgarbado Ichabod Crane y sus grandes orejotas suponen una simpática broma para con el aspecto físico del protagonista de ‘Un yanqui en la corte del Rey Arturo’ (‘A Connecticut Yankee in King Arthur’s Court’ Tay Garnett, 1949).

Anécdotas simpáticas al margen, en la comparación entre ‘La leyenda de Sleepy Hollow’ y ‘Vientos sauces’ podemos apuntalar muchas de las mismas observaciones que hemos hecho para con las cintas anteriores de la compañía enhebradas a partir de cortos, no existiendo en este filme tampoco ninguna relación más allá de la literaria con respecto a las dos partes de la cinta, y suponiendo la primera a nivel artístico una muestra mucho más sólida que el relato de las desventuras de Crane, cuya animación plana y carente de detalles es heredera directa de sus más cercanas antecesoras.

La leyenda de Sleepy Hollow 3

Y aunque los diseños de personajes vuelvan a ser el fuerte, y a ese imposible Ichabod Crane se unan una Katrina que mucho tiene que ver, por ejemplo, con la Sweet Sue del final de ‘Tiempo de melodía’ (‘Melody Time’, VVDD, 1948) o un Brom que servirá de inspiración, cuatro décadas después, para el Gaston de ‘La bella y la bestia’ (‘Beauty and the Beast’, Gary Trousdale y Kirk Wise, 1991), la poca profusión en los fondos y lo común del resto del “reparto” hacen que, en lo que a cualidades técnicas se refiere, haya un abismo entre la primera y la segunda parte de la cinta.

Un abismo que no sólo se ciñe a lo estrictamente visual, sino que amplia su incursión en lo sonoro, careciendo la adaptación del relato de Grahame de las típicas canciones que no vienen a qué de las cintas Disney, unas canciones que sí aparecen en la segunda mitad y que, a mi parecer, sólo van en aumento de la componente jocosa de la historia de Crane, restando efectividad, aunque no toda, a esos cinco minutos finales en los que el maestro se enfrenta al jinete sin cabeza, momentos de gran expresividad en la animación que rescatan lo terrorífico de la escena en el bosque de ‘Blancanieves y los siete enanitos’ (‘Snowwhite and the Seven Dwarfs’, 1938, David Hand).

Alabado el filme y ambas versiones por igual desde su estreno, y cobrando renovadas fuerzas durante los ochenta y los noventa —gracias a las emisiones por televisión—, no cabe duda de que, aún con sus fallas, tanto ‘Viento en los sauces’ como ‘La leyenda de Sleepy Hollow’ sirven para prefigurar lo que nos encontraremos en nuestra próxima entrega de este especial de Disney, un filme que recupera con autoridad lo mejor que había salido de los estudios y establece un primer paso para una década de los cincuenta plagada de algunos de los mejores ejemplos del cine de la compañía.

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<![CDATA[Cine en el salón: 'El chico de oro', ¿el mejor Murphy?]]> http://www.blogdecine.com/criticas/cine-en-el-salon-el-chico-de-oro-el-mejor-murphy http://www.blogdecine.com/criticas/cine-en-el-salon-el-chico-de-oro-el-mejor-murphy Wed, 15 Jan 2014 07:30:35 +0000 seleccionado por los expertos de 26450 El chico de oro cartel

No es que sea el caso pero, si tuviera que plantearme qué película de Eddie Murphy me llevaría a una isla desierta —por más que hacer tal cosa estaría lejos de mis prioridades cinematográficas de tener que emular a Robinson Crusoe—, la decisión final estaría entre tres títulos del puñado que el actor afroamericano protagonizó durante la década de los ochenta: ‘Superdetective en Hollywood II’ (‘Beverly Hills Cop II’, Tony Scott, 1987), la hilarante ‘Entre pillos anda el juego’ (‘Trading Places’, John Landis, 1983) y, por supuesto, esta ‘El chico de oro’ (‘The Golden Child’, Michael Ritchie, 1986) que ocupa hoy nuestro Cine en el salón.

A todas luces, ‘El chico de oro’ es uno de esos filmes de hace treinta años que no admite muchas revisiones pero que se aloja en el mismo lugar que otras muchas producciones de la época, y por más que su capacidad para envejecer no sea tan envidiable como los más granados filmes de aquella maravillosa década —y disculpen que me repita en mis aserciones a cada ocasión en la que tengo la oportunidad de hablar de los citados años—, no deja de ser menos cierto que, considerando las incontables ocasiones en que la he llegado a ver tras aquél estreno en un cine de Granada, me sigo riendo, aunque ya no sea a pleno pulmón, con algunos de los mejores chistes que han contado con Murphy para darles su inigualable “toque”.

El chico de oro 1

Inicialmente pensada como vehículo perfecto para John Carpenter de cara al que hubiera sido su siguiente filme tras ‘Starman’ (id, 1984), el desinterés del cineasta terminó haciendo recaer la responsabilidad de rodar este guión escrito por Dennis Feldman en las menos hábiles manos de Michael Ritchie. Curiosamente, Carpenter terminaría estrenando el mismo año que la cinta que hoy nos ocupa esa pequeña genialidad que es ‘Golpe en la pequeña China’ (‘Big Trouble in Little China’, 1986) un filme que cuenta en su reparto con tres de los intérpretes chino-americanos de la cinta protagonizada por Murphy: Victor Wong, James Hong y Peter Kwong.

La trama de la cinta sigue a Chandler Jarrel, un trabajador social que dedica su tiempo a encontrar a niños y jóvenes perdidos que se topa con el enfrentamiento definitivo entre el bien y el mal, encarnado el primero por un prodigioso niño tibetano que es el elegido para salvar al mundo y el segundo por Sardo Numpsa, un intrigante y elegante villano, que secuestra al ‘chico de oro’ al comienzo del filme y cuyas intenciones son reveladas de forma paulatina conforme avanza la acción y los oscuros designios que le rodean comienzan a ver la luz.

Encarnado por Charles Dance, siempre me ha parecido que lo mejor de ‘El chico de oro’ junto a esos momentos de humor que apuntaba más arriba, es la inquietante interpretación del actual patriarca de los Lannister en ‘Juego de tronos’ (‘A Game of Thrones’, 2010- ): con el natural porte con el que le dotó la naturaleza, y la elegancia de sus formas, el estricto acento del actor británico es perfecto contrapunto del de Murphy en las dos escenas que ambos actores comparten, sirviendo la flemática actitud de Dance para equilibrar la verborrea del intérprete afroamericano.

El chico de oro 2

Sin ningún particular que destacar en cuanto a nivel producción que no fuera común en un filme de 25 millones de dólares de la época, con una dirección solvente carente de personalidad o rasgos que elogiar y una banda sonora que fue motivo de fricciones en la post-producción cuando, habiendo pasado de Alan Silvestri a John Barry, y con el score de éste ya prácticamente finalizado, el artífice del sonido Bond fue reemplazado por Michel Colombier tras desavenencias con los productores derivadas de los pases previos; ‘El chico de oro’ es, como decía al comienzo, una de las cintas que más me hizo reir durante muchos años, de las protagonizadas por Eddie Murphy.

Y es que momentos como el regreso en avión desde Nepal, el encuentro con Numpsa en el aeropuerto, la conversación entre el protagonista y el personaje que encarna Victor Wong, el sueño compartido con la bella exótica belleza de Charlotte Lewis o, cómo no, la petición del “cu, cu-cu, cu-cu-cu-cu-cu-cu, cuchillo” son de esos que por muchas veces que los veas —e insisto en que han sido muchísimas en los veintisiete años que en breve habrán transcurrido desde su estreno en España— la sonrisa, la risa o la carcajada sigue aflorando con la misma naturalidad que lo hiciera tantos lustros atrás.

Y por si a alguien le queda la duda, creo que la que me llevaría a una isla desierta es la primera de las tres que he citado. A fin de cuentas es la más redonda en cuanto a dirección y guión y la que mejores golpes de humor tiene, ¿no?

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<![CDATA[Cine en el salón: 'Cristal oscuro', el asombro ]]> http://www.blogdecine.com/criticas/cine-en-el-salon-cristal-oscuro-el-asombro http://www.blogdecine.com/criticas/cine-en-el-salon-cristal-oscuro-el-asombro Fri, 03 Jan 2014 08:14:53 +0000 seleccionado por los expertos de 26450 Cristal oscuro cartel

Las marionetas por si solas no hacen nada, y tú tienes que crear la ilusión de que pueden hacer cualquier cosa.

Brian Froud

Fue leer hace unas semanas el primer volumen que ha publicado la editorial Norma de ‘Mitos de la creación’ —una serie ideada por Brian Froud destinada a descubrir los secretos del mundo de Urth— y sentir la necesidad imperiosa de volver a adentrarme por enésima vez en uno de los filmes más fascinantes de cuántos innumerables tuve la ocasión de disfrutar hace tres décadas. ‘Cristal oscuro’ (‘The Dark Cyrstal’, Jim Henson & Frank Oz, 1982) fue determinante en el desarrollo de mis filias cinematográficas y aún hoy, treinta años más tarde —treinta y dos para ser precisos— su visionado evoca sensaciones que otros filmes de la época no consiguen despertar.

Con siete años, en 1982 los Teleñecos y ‘Barrio Sésamo’ formaban parte de mi normal discurrir semanal —y el de incontables niños que crecieron con tan entrañables criaturas—, y ver a Gustavo, Peggy, el Conde, los dos críticos, Coco, el monstruo de las galletas, la gallina Caponata, el caracol Pérez Gil o, por supuesto, Epi y Blas, era en incontables ocasiones el mejor momento del día. Debido a ello, la natural curiosidad infantil por saber qué diantres era aquella película hecha con marionetas que tantas similitudes parecía guardar con uno de mis programas televisivos favoritos fue la que obligó a mi sufrido padre a llevarme al cine la tarde de un sábado de esos que nunca se olvidan. Poco podía imaginar aquel chaval que la mente creadora del espectáculo que estaba dejándolo cautivado era, precisamente, el mismo que había dado vida a los Muppets.

Una fuerza creativa arrolladora

Cristal oscuro 1

Y es que hablar de (casi) todos los personajes que hemos citado arriba es hacerlo sin posible escapatoria de Jim Henson, un auténtico hombre renacentista que dedicó su talento a ser titiritero, pintor, animador, inventor, guionista, productor y director de cine y a cuya febril imaginación debemos muchas generaciones gran parte del imaginario colectivo que nos ayudó a transitar felices por nuestra infancia.

Responsable tanto del diseño como del manejo de muchas de las marionetas que aparecían en sus programas —el fue el único que movió y dió voz a Gustavo desde su primera aparición en la televisión británica en 1976 hasta su fallecimiento en 1990— a Jim Henson le debemos también el haber creado los míticos Fraguel, el ser, junto a Frank Oz, el que diera apariencia, voz y alma a Yoda y, en lo que a esta entrada compete, uno de los tres motores fundamentales en la creación y producción tanto de ‘Cristal oscuro’ como de esa no menos fascinante película de los años ochenta que fue ‘Dentro del laberinto’ (‘Labyrinth’, Jim Henson, 1986).

Influencia incuestionable en incontables producciones cinematográficas y televisivas posteriores, ya sea de forma directa —suyo fue el diseño de los trajes que llevaban las tortugas ninja en su presentación en el cine en 1990— como indirecta, el genio creativo que Henson instiló durante tantos años en tantos y tan diversos productos —¿quién que viviera los 80 no recuerda ‘El cuentacuentos’ (‘The storyteller’, 1988)— es el que, sin duda alguna, provocó que ‘Cristal oscuro’ fuera un filme tan peculiar que, ya en el momento de su estreno, fue poco (o mal) entendido por una gran porción del público adulto de la época —entre los que tengo que incluir a mi padre, cuyo rostro a la salida del cine lo decía todo acerca de qué le había parecido el filme.

Creando una mitología completa

Cristal oscuro 2

La inspiración para lo que años después se terminaría convirtiendo en ‘Cristal oscuro’ le llegó a Henson a mediados de los setenta cuando vió una ilsutración en un libro de poemas de Lewis Carroll en la que aparecían cocodrilos viviendo en un palacio y vestidos con elaborados trajes y suntuosas joyas. Unido a ello, las raíces de la cinta se hunden ‘The Land of Gorch’, un sketch recurrente de la etapa que Henson y Farnk Oz pasaron en el ‘Saturday Night Live’ antes de emigrar a Inglaterra, y que uno de los productores ejecutivos del legendario espacio televisivo definió como “teleñecos que pueden quedarse hasta tarde”.

Dicho sketch tenía también lugar en un mundo ajeno al nuestro en el que no había personajes humanos. Un mundo algo oscuro y tenebroso que, según Frank Oz, entroncaba con la idea de Henson de “traer de vuelta la oscuridad de los cuentos de hadas de Grimm”; siendo el propio Henson el que afirmaba que no era sano que los niños crecieran sin nunca pasar miedo. Formuladas sus ideas en un borrador de 25 páginas que tituló ‘El cristal’, Henson esbozaba aquí una historia que ya contenía muchos de los elementos básicos que aparecerán en el producto final, incluyéndose de forma temprana las tres razas, los dos funerales, la búsqueda, el personaje femenino secundario, el cristal y la reunificación bajo la Gran Conjunción.

Obsesionado con poner en marcha una producción que terminaría extendiéndose a lo largo de cinco años, Henson contactó con el que se terminaría convirtiendo en pieza fundamental sin la cual ‘Cristal oscuro’ nunca habría visto la luz, nos referimos, como no, al artista Brian Froud, un dibujante y diseñador de talento asombroso cuyo trabajo durante el prolongado tiempo que ocuparon la pre-producción, rodaje y post-producción de la cinta, fue decisivo.

Cristal oscuro 3

Con un equipo que durante bastantes meses estuvo formado tan sólo por nueve personas, los esfuerzos iniciales de Henson, Oz —el tercer pilar creativo de la empresa— y Froud fueron destinados a concretar aquello que terminaría viéndose en la pantalla, y mientras los dos primeros barruntaban ideas acerca de cómo visualizar el mundo de Urth, la frenética labor del artista se destinó a tanto a dar forma a los místicos, los skeksis, los gelflin, los podlings y Aughra, como a fundamentar la milenaria historia de este fantástico mundo en una mitología propia que transmitiera una constante sensación de verosimilitud al espectador que acudiera al cine.

Con mucho de la Inglaterra natal de Froud marcando la paleta de colores térrea con la que el artista definiría a todas las criaturas —imprescindible resulta, en este sentido, hacerse con el fantástico volumen publicado hace unos años que recoge infinidad de los diseños del filme— es muy evidente, cuando uno se fija de forma detenida en todo aquello que atañe al diseño de producción, el nivel de concreción que se alcanzó con éste, jugando Froud con el triángulo y los círculos constantemente para caracterizar a esas dos facetas de una misma entidad que son los apacibles místicos y los repulsivos skeksis.

Todo ese trabajo de fondo es uno de los aspectos que, con los años, siempre me ha parecido una de las grandes bazas con las que juega ‘Cristal oscuro’ para situarse muy por encima de otras producciones de fantasía de la época: el esfuerzo que Froud y el equipo de diseño de la cinta pusieron en dotar a Urth de un semblante inequívoco de veracidad es algo que dimana de cada plano de cuantos se compone el filme, ya sea en tres de los escenarios principales donde se desarrolla la acción —el valle de los místicos, la morada de Aughra y el fabuloso castillo skeksi— ya en los fantasiosos paisajes artificiales poblados por mil y una especies de diferentes plantas y animales creados ex-profeso para la película.

La inusitada vida de unos trozos de trapo

Cristal oscuro 4

Hace unos años asistí a una proyección de la película en un cine de Londres y eran dignas de observar las reacciones de los asistentes: en un momento en el que todo es digital, no se podían creer que lo que estaban viendo era completamente real.

Brian Froud

Por más que con el paso de los años hayan perdido algo de la magia que tenían cuando uno era pequeño, es indudable que la expresividad que Henson y su equipo de marionetistas arrancaban a esos trozos de trapo que son los Teleñecos era de un talante superlativo, tanto como lo había sido la que Frank Oz había conseguido con Yoda en ‘El imperio contraataca’ (‘Star Wars. The Empire Strikes Back’, Irvin Keshner, 1980) o como la que lograrían alcanzar aquí con todos y cada uno de los personajes que pueblan el mundo de Urth.

Con los podlings como los menos trabajados a nivel de diseño —en un momento dado de la etapa de pre-producción, estos personajes tan ligados a la tierra no eran más que una patata con ojos—, resulta asombrosa la vida tan creíble que se insufla a Jen, Kira, los skeksis y, sobre todo, a esa Aughra que tantas gesticulaciones y aspavientos llega a realizar sin que en ningún momento el espectador tenga atisbo de duda acerca de que los cineastas han conseguido colocar su cámara en un mundo completamente real.

A ello ayuda, no cabe duda, la escasez de efectos especiales —que se limitan a algún que otro cielo y al clímax de la cinta con los Urskeks— y la integración de actores de reducida talla maquillados como los personajes en los planos lejanos en los que el uso de marionetas habría dificultado sobremanera la producción, unos planos estos que, fotografiados con gran belleza, sacan un partido espléndido de los varios entornos naturales de Inglaterra en los que el rodaje se movió antes de pasar a los estudios Elstree.

‘Cristal oscuro’, algo más que una simple película para niños

Cristal oscuro 5

Considerando todo lo anterior, lo que puede percibirse al ver la cinta —que tiene un diseño de sonido espléndido y una banda sonora de Trevor Jones que se ajusta como un guante a la acción— es que ‘Cristal oscuro’ es una pequeña obra de arte en la que hasta el más mínimo detalles ha sido cuidado para que el espectador se olvide de estar contemplando a unos muñecos moverse por un entorno ficticio.

Tal es el calibre de lo que Henson, Oz, Froud y todo el talento creativo detrás de la producción ponen en juego, que resultan especialmente reseñables algunas de las veladas influencias a las que ciertos momentos de la cinta aluden —o parecen aludir—. Reflejadas éstas ya en el carácter Buñuelesco de la cena de los skeksis, en esa mezcla entre influencias tibetanas y el arte de Brueghel que es la secuencia en el poblado de los podlings o en la combinación entre el laboratorio del ‘Frankenstein’ de James Whale con ciertas connotaciones hacia el monolito de ‘2001. Una odisea en el espacio’ (‘2001: A Space Odissey’, Stanley Kubrick, 1968) que suponen los momentos en que el skeksi científico arrebata la fuerza vital a las criaturas que tiene como prisioneras, lo que es muy evidente es que ‘Cristal oscuro’ era y es más que un mero filme de fantasía orientado a entretener a los chavales de la época.

Cristal oscuro 6

Tanto es así, que el trío responsable de la cinta veía a ésta como el primer escalón en una serie de producciones de carácter más adulto que habrían ido orientadas a “dignificar” —como si hiciera falta— el mundo de las marionetas en la gran pantalla, hablándose ya entonces, antes del estreno, de una hipotética secuela que Henson y David Odell, guionista del filme, habrían comenzado a desarrollar durante la producción.

Pero la tibia recepción crítica del filme, y el hecho de tener que competir en taquilla con cierto extraterrestre que quería volver a su casa, terminaron siendo factores decisivos para impedir que los sueños de Henson, Oz y Froud pudieran verse materializados, y el primero tendría que conformarse cuatro años más tarde con estrenar, bajo la producción de George Lucas, la citada ‘Dentro del laberinto’, un filme de menor calado que ‘Cristal oscuro’ que, a la postre, terminaría por cerrar los anhelos del padre de los Teleñecos.

En su carácter de pieza única, ‘Cristal oscuro’ es un maravilloso ejemplo —uno de los más maravillosos— de cómo se cultivaba la fantasía durante los años ochenta, una década sobre la que pocos elogios pueden hacer real justicia. Parte indeleble de mi infancia cinematográfica, el mejor elogio que quizás puede hacerse hacia este imperecedero filme es precisamente ese, que con tres décadas a sus espaldas, estos noventa y tres minutos con marionetas de trapo, extrañas y desagradables criaturas y la leyenda de un cristal mítico siga atesorando todo la magia que sus responsables vertieron en ella hace ya tantos lustros.

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<![CDATA['Gravity', la vida ]]> http://www.blogdecine.com/criticas/gravity-la-vida http://www.blogdecine.com/criticas/gravity-la-vida Tue, 17 Dec 2013 17:02:26 +0000 seleccionado por los expertos de 26450 gravityf1

‘Gravity’ (id, Alfonso Cuarón, 2013) es una de las grandes películas del año desde su estreno. Muchas palabras se han vertido ya al respecto, epítetos gastados mil y unas veces en desahogarse en lo que muchos consideran un clásico instantáneo apresurándose a dejar impresiones sobre algo que es mucho más que una simple película, un experiencia pura y dura en la que Alfonso Cuarón ha estado trabajando los últimos años de sus vida hasta hacer un trabajo que ha obtenido una respuesta popular y crítica fuera de lo común. ¿Es tal vez ‘Gravity’ la prueba patente de lo que muchos pensábamos, que Cuarón se halla entre los narradores más grandes del cine actual? No soy fan de su aproximación al universo de Dickens ni de su aventura de Harry Potter, eso sí, la mejor de todas, la entrada en Hollywood para demostrar que podía encargarse fácilmente de una supeproducción.

‘Y tu mamá también’ (2001), con ecos de Truffaut e ‘Hijos de los hombres’ (‘Children of Men’, 2006) son manjar de otro paladar más exquisito y exigente. El film protagonizado por Clive Owen ofrecía un futuro cercano desolador que acariciaba el fin de la raza humana, destacando con una puesta en escena que lograba lo que muy pocos logran en la actualidad, y muchos han olvidado, escribir con la cámara, que diría Douglas Sirk —por poner un ejemplo de director radicalmente distinto al mexicano y conocedor de la más importante herramienta narrativa del séptimo arte—. Con ‘Gravity’ Cuarón da un paso más poniendo en imágenes de aparente sencillez y articulando con la puesta en escena en todo su esplendor un discurso emocionante sobre la vida en sí a través de la historia de una mujer astronauta en la aventura más grande de su existencia. Puro cine de aventuras no falto de reflexión y lleno de detalles en cada plano, en cada minuto de su condensado metraje, otro de los aciertos, en este caso atrevidos, de esta obra maestra.

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(From here to the end, Spoilers) La premisa de ‘Gravity’ parte del primer vuelo espacial a bordo de un transbordador por parte de la doctora Ryan Stone (Sandra Bullock), que acompañada del veterano Matt Kowalski —George Clooney, que aportó ideas sobre su personaje— sufrirá un accidente espacial de catastróficas consecuencias dejando a ambos flotando y con pocas posibilidades de sobrevivir. La veteranía frente a la inexperiencia que se convertirá en fuerza de voluntad y ganas de vivir. Cuarón demuestra un dominio narrativo desde el primer minuto que deja literalmente con la boca abierta, al hacernos sentir, o acercarnos a ello, con una puesta en escena deslumbrante que pasa por impresionantes planos secuencia hasta tomas subjetivas como si fuésemos nosotros los protagonistas. Un ejercicio de estilo tal que sobrepasa en intenciones todo posible artificio al plasmar en pantalla algunos de los apuntes argumentales más interesantes y efectivos que ha dado el cine mainstream en los últimos años.

‘Gravity’ es la historia de la supervivencia del ser humano, la historia de Stone, una mujer que tras alcanzar la estación rusa adopta una posición fetal y a partir de ahí experimenta un auténtico nacimiento, una vuelta a la vida que quedó truncada por la pérdida de una hija, que nunca jamás debería abandonar esta vida antes que un padre o una madre. El tour de force en toda regla que se marca Sandra Bullock, actriz que dicho sea de paso no suele convencerme, es de los que hacen historia aunque suene exagerado. Si esta actriz merece un Oscar —ese premio en el fondo tan absurdo, pero que en cierto modo representa el triunfo máximo de un actor, al menos estadounidense— sin duda es por esta película y no por la que lo ganó, de cuyo título ya me he olvidado afortunadamente. A ello también ha ayudado sin duda la excelente mano de Cuarón para los actores, en este caso dos estrellas que logran precisamente desenvolverse de su aura de actores archiconocidos por todo el mundo.

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Aunque ‘Gravity’ tenga en pantalla todo el rato a Bullock, la verdadera estrella es el director que se atreve además a que una película de estas características dure tan sólo 90 minutos con títulos de crédito incluidos. En una época en la que las grandes producciones, sobre todo las que están llenas de efectos visuales, y ésta lo está, suelen sobrepasar las dos horas largas, volver a una duración muy típica de los años dorados de Hollywood es algo que honra a Cuarón. Pocas veces han armonizado tan a la perfección los múltiples elementos técnicos y artísticos que conforman una película, y entre todo ellos destacan el crescendo dramático que marca la sensacional partitura de Steven Price, y sobre todo el trabajo de fotografía de Emmanuel Lubezki, que logra algunas de las tomas más bellas de un muy creíble espacio con nuestro planeta de fondo, algo que no se veía desde el trabajo de Jack N. Green en ‘Space Cowboys’ (id, Clint Eastwood, 2000).

‘Gravity’ da comienzo en el espacio, con el ser humano y los más grandes adelantos técnicos a su disposición, y concluye tras todo un periplo por parte de Stone, en una orilla con una mujer en bragas sosteniéndose duramente sobre sus piernas como si estuviese aprendiendo a caminar. Cuarón mira de frente a la humanidad, a la que hace realizar un viaje metafórico al revés, y ya de paso establece una alegoría sobre la crisis, cualquier crisis, y la absoluta necesidad de conocernos a nosotros mismos, sin artilugios, sin maquinitas ni aparatosas máquinas espaciales, el absoluto derecho de volver a nuestras raíces y comprender de dónde venimos y nuestra esencia, para simplemente levantarnos, enfrentarnos a nuestras calamidades dejando atrás nuestras lágrimas y llantos por lo perdido, y seguir. Seguir caminando hacia delante, aunque nos sintamos completamente solos.

Otras críticas en Blogdecine:

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<![CDATA['El llanero solitario', una de las mejores películas del año]]> http://www.blogdecine.com/criticas/el-llanero-solitario-una-de-las-mejores-peliculas-del-ano http://www.blogdecine.com/criticas/el-llanero-solitario-una-de-las-mejores-peliculas-del-ano Tue, 17 Sep 2013 14:10:30 +0000 seleccionado por los expertos de 26450 Cartel de El Llanero Solitario

Normalmente, cuando un blockbuster llega a las carteleras provoca una doble reacción: la crítica lo menosprecia y el público lo aplaude. Como a los productores lo que les interesa es el éxito comercial, lo que digan los críticos resulta absolutamente irrelevante. Porque además, como sabréis, la industria cuenta con el apoyo de su propio grupo de opinadores o entendidos en cine, profesionales que, sin necesidad de ver nada, venden sus frases más contundentes para convencer a los incautos, muchas de las cuales acaban en tráileres y carteles —aquí denuncian a los quote whores del año pasado, con nombres, apellidos y hasta fotos—. No obstante, a veces, los espectadores “expertos” y los espectadores “corrientes” se ponen de acuerdo en abuchear o aplaudir. ‘El llanero solitario’ (‘The Lone Ranger’, Gore Verbinski, 2013) es uno de esos casos.

Lamentablemente para sus responsables, la corriente de opinión ha sido tan contraria a la película que lo que Walt Disney Pictures quiso vender como la nueva ‘Piratas del Caribe’ (‘Pirates of the Caribbean’, G. Verbinski, 2003) ha terminado siendo la nueva ‘John Carter’ (id, Andrew Stanton, 2012). Un fracaso comercial que puede ocasionar pérdidas de 190 millones de dólares al estudio. El palo ha dolido tanto que, en una jugada poco habitual, el productor Jerry Bruckheimer y los actores Johnny Depp y Armie Hammer decidieron contraatacar y restar valor a los comentarios de la crítica, señalando que habían atacado el film sin analizar el contenido —del escaso interés del público no dijeron nada—. No diré que estoy de acuerdo con esa valoración, no he leído todas las “reviews”, pero sí afirmo que ‘El llanero solitario’ es, por ahora, el mejor entretenimiento de 2013.

Pulsad play antes de seguir leyendo, si sois tan amables. Por crear el ambiente adecuado. Gracias.

Los piratas del salvaje oeste

Cuando Bruckheimer y Disney quisieron continuar la saga ‘Piratas del Caribe’ más allá de la tercera entrega, se encontraron con el rechazo de Verbinski, deseoso de pasar página y embarcarse en otras historias. Con Depp como gran estrella, se le dio el mando a Rob Marshall y listo; la cuarta entrega fue un horror pero generó muchos millones, que era lo importante. Por su parte, Verbinski filmó ‘Rango’ (id, 2011) —de nuevo con la colaboración de Depp—, un éxito internacional que cosechó buenas críticas y ganó el Oscar al mejor largometraje de animación. Solo era cuestión de tiempo que los caminos del director y los productores de las peripecias del Capitán Jack Sparrow volviesen a encontrarse. La fascinación por el western del primero y la búsqueda de una nueva franquicia por los segundos les dio una idea…

‘El llanero solitario era la respuesta. Por un lado, la oportunidad para Verbinski de crear un western con presupuesto de superproducción, y por otro, la posibilidad para Bruckheimer y Disney de lanzar otra serie de películas a partir de una marca popular, un icono cuyo origen se remonta a los tiempos en los que la gente se entretenía escuchando la radio. Depp no tardó en subir a bordo pero en lugar de elegir el papel de héroe se decantó por el indio TontoToro en la versión española por motivos evidentes (hacen una broma al respecto en la versión original)—, una decisión que encaja con su debut en la dirección, ‘The Brave’ (id, 1997), donde dio vida a un nativo americano. El ascendente Hammer fue elegido para encarnar a John Reid, a quien Tonto llama “Ke-mo sah-bee”.

Armie Hammer y Johnny Depp son John Reid y Tonto

‘El llanero solitario’, nostalgia, aventura y espectáculo

No desvelo qué significa el nombre porque es uno de los mejores giros de la adaptación escrita por Justin Haythe, Ted Elliott y Terry Rossio —los dos últimos son guionistas de ‘Piratas del Caribe’—, y es que ‘El llanero solitario’ está cargada de ideas y detalles inusuales entre las superproducciones de Hollywood y el cine de entretenimiento en general, como la suciedad en las ropas y los rostros —odio esa pulcritud tan habitual—, el crudo retrato del progreso —la corrupción, la esclavitud, la destrucción…—, las convicciones morales de un héroe que idealiza la justicia —y el amor—, la brutalidad de ciertos momentos —la escena caníbal fuera de campo— o el puñetazo de realidad cuando cierto anciano camina lentamente por el desierto hacia un hogar inexistente —no os marchéis cuando empiecen los créditos finales—.

Todo esto, para mí, es una clara señal de que Verbinski y su equipo tuvieron libertad para llevar al cine esta historia con ingenio y pasión, a su modo, con ese humor absurdo tan disfrutable, lanzándose a una revisión moderna, desenfrenada y melancólica a partes iguales, de conceptos y referentes clásicos. Partiendo de los elementos más reconocibles de ‘El llanero solitario’ se enriquece la mezcla con homenajes a míticos westerns de John Ford, Henry Hathaway, Sam Peckinpah o Sergio Leone, además de guiños a maravillas como ‘El maquinista de la general’ (‘The General’, Buster Keaton, Clyde Bruckman, 1926). Hay tropiezos importantes, un metraje excesivo, se desaprovechan los personajes de Helena Bonham Carter y Ruth Wilson —Hollywood tiene un problema con los roles femeninos— y falta emoción en el enfrentamiento del ejército con los indios, pero sus numerosas virtudes pesan mucho más.

De ningún modo es la mera repetición de una fórmula para arrasar en taquilla, y por tanto, no es un fracaso. Económico sí, artísticamente es un triunfo, una película espectacular, fresca y atrevida, un entretenimiento ejemplar. Puede que muchos no se hayan dado cuenta aún pero estoy convencido de que lo harán más adelante, cuando pase la moda de hundir el film con argumentos tan “sólidos” como que hubo desacuerdos con el presupuesto, problemas durante el rodaje o que Tonto se parece a Sparrow. Id a verla, a ser posible en versión original —las voces ayudan a caracterizar a los personajes y marcar el tono de cada instante—, y procurad tened vuestra propia opinión, no os quedéis con lo que sugiere un tráiler o repitáis lo que suena por ahí. Igual no disfrutáis tanto como yo con ‘El llanero solitario’ pero, como mínimo, comprobaréis que cumple su principal objetivo: divertir.

4 estrellas

Otras críticas de la película en Blogdecine:

‘El llanero solitario’, largo viaje al disparatado Oeste
‘El llanero solitario’, la sorpresa del verano
‘El llanero solitario’, entretenimiento de diseño sin épica

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<![CDATA['Frozen: el reino del hielo', creando magia]]> http://www.blogdecine.com/criticas/frozen-el-reino-del-hielo-creando-magia http://www.blogdecine.com/criticas/frozen-el-reino-del-hielo-creando-magia Sun, 01 Dec 2013 08:25:40 +0000 seleccionado por los expertos de 26450 Frozen poster

“No escribiré una crítica de un estreno que pertenezca a uno de los especiales hasta que no le llegue el turno en los mismos”. Ese es más o menos el acuerdo al que servidor había llegado consigo mismo y que hasta ahora había cumplido a rajatabla, evitando por ejemplo publicar las críticas de ‘Kick-Ass 2: Con un par’ (‘Kick-Ass 2’, Jeff Wadlow, 2013) o ‘Thor: El mundo oscuro’ (‘Thor: The Dark World’, Alan Taylor, 2013), ambas pertenecientes al especial de Comic en cine. Y ese era el firme propósito con el que me dirigía al cine para ver ‘Frozen: El reino del hielo’ (‘Frozen’, Chris Buck, Jennifer Lee, 2013), completamente dispuesto a no publicar nada sobre la cinta hasta que fuera el momento de cerrar el especial de Disney con la última producción de los estudios. Pero claro, eso era sobre un papel que no contaba con el envite que iba a encontrarse toda vez se apagaran las luces de la sala.

Antes que nada, vaya por delante que, tal y como ya exprese en la entrada correspondiente a la previa de la película, soy de los que opinan que, desde que estrenara en 2008 la espléndida ‘Bolt’ (id, Chris Williams y Byron Howard), Disney ha vuelto a encontrar, y de qué manera, la voz que perdió momentáneamente con esos desaguisados que fueron ‘Zafarrancho en el rancho’ (‘Home on the Range’, Will Finn y John Sanford, 2004) o ‘Descubriendo a los Robinsons’ (‘Meet the Robinsons’, Stephen J.Anderson, 2007), siendo buena prueba de ello tanto las cintas que la productora ha ido aireando en los últimos cinco años —y no hace falta que vuelva a enumerar cuáles han sido— como el maravilloso filme que hoy nos ocupa.

Frozen 1

Si hay algo que el paso de los años nunca consigue mitigar es que, a la hora de ver una cinta de animación, lo que servidor siempre va buscando es volver a sentirse como uno de los ruidosos pequeñajos que inundan las proyecciones de “dibujitos”. Que un filme consiga eso, que me emocione como si nada supiera de cine y de lo que se esconde detrás de la realización de una producción, que me transporte a una época en la que mi mayor preocupación era a qué jugar cuando volviera a casa es, probablemente, el factor más decisivo para valorar de forma positiva una cinta de animación. Y como podréis imaginar, ‘Frozen…’ lo consigue, y de qué manera, desde su enérgico arranque hasta su previsible, pero no por ello menos efectiva, conclusión.

Si algo deja claro desde un principio la última apuesta de Disney es su clarísima vocación como musical, entendido éste desde el punto de vista de Broadway, esto es, con canciones que sirven para completar la definición de los personajes y quedan, en última instancia, perfectamente integradas en el devenir de los acontecimientos, no siendo en ningún momento la obligada interrupción a la que han rendido pleitesía muchas —que no todas, cuidado— de las producciones de la compañía desde que los temas vocales formaran parte indeleble de las mismas a partir de ‘La sirenita’ (‘The Little Mermaid’, John Musker y Ron Clemens, 1989). Y en este sentido es tan destacable el trabajo que realizan Robert Lopez y Kristen Anderson-Lopez en la elaboración de las canciones —atención especial merecen los duetos, con constantes solapes entre las voces— como el que, en la versión original, llevan a cabo tanto Kristen Bell como una Idina Menzel que pone los pelos de punta en el ‘Let it go’.

Frozen 2

Quizás en términos de historia, ‘Frozen…’ no sea nada del otro mundo, a fin de cuentas no deja de ser el eterno cuento con un par de inesperadas variaciones que sin duda lo hacen más interesante pero que no se alejan de la previsibilidad asociada a las historias Disney. Es no quita, no obstante, para que sea un cuento tan condenadamente bien narrado que en no pocos momentos el que esto suscribe observó con sorpresa como la intriga y algún que otro giro conseguían mantenerlo en tensión o arrancarle alguna exclamación ahogada, algo bastante difícil considerando el bagaje cinematográfico que uno lleva a sus espaldas.

Y si lo logra de la manera que lo hace es por mor de unos personajes que, descritos con cuatro trazos y medio, entran a formar parte por méritos propios en el panteón de lo mejorcito que ha salido de la casa de Mickey. Con mucho donde elegir —los inevitables alivios cómicos son especialmente brillantes, sobre todo ese muñeco de nieve llamado Olaf— si tuviera que elegir a uno sólo me quedaría sin dudarlo con Elsa, esa “villana” completamente atípica a la que el guión de Jennifer Lee dota de una profundidad inusitada convirtiéndola en uno de los mejores personajes que hemos podido ver en un filme de animación en los últimos tiempos.

Frozen 3

Ahora bien, donde ‘Frozen…’ triunfa sin ningún tipo de paliativos y deja momentos de auténtico genio, es tanto en su narrativa como lo espectacular de su animación. Y si de la segunda destacan los asombrosos diseños de personajes, vestuario —atención a los trajes de Elsa— y escenarios, es en el endiablado ritmo de la primera y en ciertos momentos del metraje donde la cinta le saca varias cabezas a lo que este año se ha podido ver en el cine del género. Y de aquí destacaría, sin dudarlo, un espectacular plano secuencia que acompaña al dueto ‘For the first time in forever’, lo asombroso de la creación del palacio de Elsa y un clímax que te mantiene agarrado a la butaca sin que puedas hacer nada para evitarlo.

No cabe duda, si hubiera que medirla en comparación con el patinazo de Pixar gracias a la olvidable ‘Monstruos University’ (‘Monsters University’, Dan Scanlon, 2013) o el doble desliz de Dreamworks con ‘Los Croods: una aventura prehistórica’ (‘The Croods’, Kirk De Micco, Chris Sanders, 2013) y ‘Turbo’ (id, David Soren, 2013), hay ya una clara vencedora como mejor cinta de animación de este año. Pero lo cierto es que, sin tener en cuenta a sus competidoras, ‘Frozen: el reino del hielo’ es una película con mayúsculas que deja un sabor tan inigualable como el que, por cierto, también queda después de ver el asombroso “meta-corto” —cuando lo veáis entenderéis el porqué— de Mickey que le precede. Dos maravillas para disfrutar una y otra vez.

Otra crítica en Blogdecine | ‘Frozen: el reino del hielo’, una delicia imprescindible

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<![CDATA[Cómic en cine: 'La máscara', de Chuck Russell]]> http://www.blogdecine.com/criticas/comic-en-cine-la-mascara-de-chuck-russell http://www.blogdecine.com/criticas/comic-en-cine-la-mascara-de-chuck-russell Thu, 12 Dec 2013 08:01:48 +0000 seleccionado por los expertos de 26450 La mascara cartel

Creada en 1986 por Mike Richardson, el propietario de una tienda de cómics que pretendía abrir campo a profesionales con talento creativo que no encontraran su lugar en ninguna de las dos majors, Dark Horse se convirtió a mediados de los noventa, y gracias a la providencial intervención de Frank Miller, John Byrne y Mike Mignola, en un sello bajo cuyo techo verían la luz proyectos tan fundamentales para entender el noveno arte contemporáneo como el ‘Sin City’ del primero, el ‘Next Men’ del segundo o el archiconocido ‘Hellboy’ del tercero.

Basada desde sus inicios en la publicación de cómics extraídos de franquicias cinematográficas como la de ‘Alien, el octavo pasajero’ (‘Alien’, Ridley Scott, 1979), ‘Terminator’ (id, James Cameron, 1984) o ‘Depredador’ (‘Predator’, John McTiernan, 1986) —una práctica que continua en la actualidad gracias a la publicación en exclusiva de todos los títulos que sobre el universo de ‘Star Wars’ han visto la luz en viñetas—, resulta curioso que, con la cinta que hoy nos ocupa, el sello diera el salto a la gran pantalla para acumular una nada desdeñable cantidad de títulos durante la década de los noventa que, desafortunadamente, poca o nula relevancia han llegado a revestir en el discurrir de la historia del séptimo arte.

‘La máscara’, un cómic salvajemente divertido

La mascara comic

…una combinación entre Tex Avery y Terminator

Mike Richardson

Así definía el motor impulsor de Dark Horse a ‘La máscara’, un cómic creado por John Arcudi y Doug Manhke que se basaba en una tira ideada por el propio Richardson —y desarrollada posteriormente por Mark Badger— y que apareció en los primeros números de ‘Dark Horse Presents’, la cabecera más antigua de la editorial y vehículo para la salida inicial de muchos proyectos que después verían la luz de forma aislada. Tras desechar el trabajo de Badger, que fue politizando poco a poco al personaje, Richardson decidió reiniciarlo, encargando a Arcudi —por aquél entonces un aspirante a escritor de cómics— y a Manhke una aventura que apareció serializada en la antología de historias cortas ‘Mayhem’ para, toda vez ésta fue cancelada, continuar la historia donde la habían dejado en la primera miniserie del personaje.

En los veintidós años que han transcurrido desde entonces, ‘La máscara’ ha sido protagonista de innumerables series y especiales, cruzando sus correrías con personajes de otras editoriales como Marshal Law, Lobo, Grifter o el Joker, nombres tanto o más salvajes que el alocado resultado de cruzar a un mero mortal con una máscara proveniente de los ancestrales cultos africanos que, con el paso de los siglos, terminarían derivando en las prácticas voodoo.

Desopilante en todas y cada una de sus encarnaciones —en los cómics muchos han sido los que ha portado la máscara y se han convertido en “Big Face“— todas y cada una de las miniseries del personaje han hecho de la risa y el desparpajo su mayor virtud, enlazando aventuras alocadas y sin otra pretensión que la de divertir al lector, y contando para ello con la ayuda de artistas como nuestro Ramón F. Bachs, uno de los que mejor impronta dejó en su paso por el personaje.

‘La máscara’, una locura desternillante

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Como ya hemos apuntado, ‘La máscara’ (‘The Mask’, Chuck Russell, 1994) fue el primero de los dos filmes que sirvieron a Mike Richardson para dar luz a Dark Horse Entertaiment, empresa subsidiaria de la editorial de cómics y dedicada en exclusiva al desarrollo de adaptaciones a imágenes en movimiento de aquellos personajes de la editorial que así lo merecieran— aunque, como iremos viendo en futuras entradas, las decisiones acerca de qué hacía meritoria a una cabecera para terminar traspasada a celuloide, han sido de lo más peregrinas—.

Si bien los esfuerzos iniciales a la hora de trasladar ‘La máscara’ al cine apuntaron al género de terror —con la New Line viendo al personaje como reemplazo de un Freddy Krueger que no daba para más en la gran pantalla— los problemas de la productora para dar con un guión que mostrara la violencia con cierto sentido del humor terminaron provocando la lógica decisión de que era mucho más fácil rodar una comedia con un alocado sentido de la violencia, una decisión que, no cabe duda, iba en la dirección hacia la que Richardson siempre había empujado a su creación, con la herencia de Tex Avery como principal influencia bajo la que trazar al personaje.

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Marcado el tono de filme a fuego por las características de los personajes que el genio de la animación creó durante los años 40 y 50, el problema fundamental al que se enfrentaba la producción de ‘La máscara’ no era tanto encontrar un realizador que supiera aportar el tono adecuado al relato —de hecho, no parece que Chuck Russell, un cineasta con sólo dos filmes a sus espaldas y que llevaba seis años sin ponerse detrás de las cámaras, fuera la decisión más acertada a priori— sino dar con un intérprete semiconocido como para aportar algo de relumbre a una producción de bajo coste —tan sólo 23 millones de dólares— y que, sin toda la parafernalia digital que la cinta iba a necesitar en post-producción, fuera capaz de sostener el filme.

Con nombres iniciales como los de Martin Short o Rick Moranis rechazados por Richardson, fue la sugerencia de Mike Deluca, productor ejecutivo de la cinta, la que terminaría convirtiendo a Jim Carrey en una estrella de la comedia contemporánea. El actor canadiense ya había estrenado como protagonista casi absoluto a principios de 1994 ‘Ace Ventura, un detective diferente’ (‘Ace Ventura: Pet Detective’, Tom Shadyac) y sus muecas y característicos tics serían a partir de la presente producción objeto de mil y una variaciones en la gran pantalla.

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Basado de forma leve en la primera miniserie publicada por Dark Horse —la máscara aquí está poseída por el espíritu de Loki y Stanley Ipkiss, el personaje de Carrey, no fallece al poco de encontrarla como si pasa en los cómics—, la apreciación de ‘La máscara’ depende sobremanera de la aceptación inicial de que la única regla de la cinta es que no hay reglas. Máxima derivada de la idiosincrasia de Avery, lo alocado y desenfrenado del tono del filme alcanza sus cotas de mayor paroxismo en los momentos en los que Carrey se transforma en su alter ego, un dibujo animado capaz de realizar cualquiera de las imposibles proezas asociadas a los cartoons —y la foto que encabeza este párrafo es mejor ejemplo que mil palabras— cuyos actos irán regidos, en buena parte, por la animal atracción que el apocado empleado de banca sentirá por Tina, una Cameron Díaz que nunca ha vuelto a estar tan carnal y bella como en este filme.

La trama, que mezcla algo de intrigas de cine negro con humor y acción, es, como podrán imaginar, lo de menos en una cinta de estas características, volcada la atención de los responsables en todo momento a superar de forma constante las diversas barrabasadas cometidas por el protagonista, siendo punto álgido en este sentido el número musical de ‘Cuban Pete’ en el que todo un regimiento de la policía termina bailando al son de las maracas agitadas por un desenfrenado Carrey.

El actor, que da aquí rienda suelta a todo su extensa verborrea gesticular, es el máximo responsable, junto a la imaginativa labor del equipo de efectos visuales —para tener casi veinte años, los trucajes digitales de la cinta resisten muy bien el paso del tiempo—, de la espectacular taquilla de 351 millones de dólares que consiguió la cinta, de sus posteriores encarnaciones en serie de animación e infumable secuela —durante mucho tiempo se rumoreó que Carrey volvería a protagonizar al personaje— y, sobre todo, de que el espectador pase por alto lo raquítico de su guión o la inane dirección de Russell, un cineasta que demostraría con títulos posteriores como las olvidables ‘Eraser’ (id, 1996) o ‘El rey Escorpión’ (‘The Scorpion King’, 2002) no estar hecho para eso de sentarse en la silla de realizador.

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