Favoritos de 2961 en Blogdecine http://www.blogdecine.com/usuario/ seleccionado por 2961 http://www.blogdecine.com <![CDATA[La cuestión del estilo en el cine]]> http://www.blogdecine.com/reflexiones-de-cine/la-cuestion-del-estilo-en-el-cine http://www.blogdecine.com/reflexiones-de-cine/la-cuestion-del-estilo-en-el-cine Sat, 14 Nov 2009 16:14:41 +0000 seleccionado por 2961 19176456.jpg

Una de las cuestiones que más dan que hablar a los cinéfilos y analistas es, sin lugar a dudas, ese concepto resbaladizo e inasible, muchas veces manipulado y manipulador, que el gran John Ford se negaba a acotar con esa vanidad a la que tantos se entregan, y que Sinatra admitió que era la verdadera razón de su fama y de su fortuna: el concepto siempre difícil del estilo.

La cuestión del estilo trae de cabeza a más de uno, mientras que para muchos es la verdadera razón de su cinefilia y el núcleo a partir del cual reflexionar acerca de la forma de arte que representa la puesta en escena cinematográfica. Ahora bien, y ahora profundizaré un poco en ello, creo que con esto de estilo muchas veces se pierde el norte.

Primero habría que responder a la inevitable pregunta, con las limitaciones personales de rigor: ¿qué es eso del estilo? Si por estilo entendemos las características de la mirada de un director, o la mera formalización visual y sonora de una historia, la respuesta podría ser infinita, y también muy reduccionista, pues todo se limitaría a hablar del aspecto más material del cine, y no de su esencia, que es lo que verdaderamente nos importa, creo yo. Es decir, creo que el problema suele estar entre diferenciar forma y contenido, cuando en el arte, la forma crea el contenido.

En el reciente 57º Festival de cine de San Sebastián pudimos ver, o más sufrir, la nueva película de Javier Rebollo. Después de lamentarme por haber visto una de las mayores bobadas que he visto en mi vida (y he visto muchas), Rebollo se alzó con la Concha de Plata al mejor director. Leí poco después a Carlos Heredero afirmar que la había ganado con todos los merecimientos. Y resulta curioso, y deprimente, que Heredero alabe con tanto ardor este vacuo ejercicio de estilo cuando hace años le leí también que en ‘Hero’ Yimou primaba el estilo en detrimento de la sustancia, por ejemplo.

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Me explico: cuando digo que la forma crea el contenido, es tal cual, por eso nunca he entendido que se acuse a una película de ser “simplemente bella”, cuando ese debe ser su más grande objetivo, y bello es lo que contiene la armonía de la forma. Premiar el estilo facilón, burdo, pagado de sí mismo, de Rebollo, es precisamente encumbrar el estilo por el estilo, no como creación, sino como masturbación estética, en aras de un cine sin más objetivo que el de recrear ideas, no la vida misma.

En mi opinión, expresar ideas o sentimientos por medio del cine, es rebajar el cine, porque el arte está para expresar la vida misma, y pocas veces he visto, ya que nombrábamos a ‘Hero’, una secuencia de acontecimientos de amor y celos más vital y enérgica, más bella, que la que separa de muerte a los dos amantes vestidos de rojo. Eso me da la sensación de ser un pedazo de vida, tal cual. Formalmente muy estilizada, pero para contar algo.

Porque el estilo, en realidad, es lo de menos. No es más que una excusa sobre a la que tantos nos encanta hablar, cuyo fin último es que en la pantalla le ocurra algo a alguien, y que esto nos importe. Esto es lo más difícil de todo, y los grandes estilistas del mundo, léase Tarantino o Lynch, son quienes son, porque por mucho que digan sus detractores, bajo todo su estilo siempre están al servicio de una historia y unos personajes, eso que los puristas priman por encima de todo lo demás…

Realmente creo que el estilo, algo que como pueden comprobar nuestros lectores suele ocupar gran parte de mi trabajo en los estudios a directores en blogdecine, es algo insignificante cuando a los directores les importa más demostrar lo geniales que son sus ideas (como al aberrante Rebollo, enamorado de sí mismo hasta las cachas…) que expresar lo terrible que es la vida. Ahí está la clave que convierte en artistas inmortales a esos estilistas que se niegan a contar historias como todos los demás y que a menudo son tachados de elitistas por la mayoría.

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<![CDATA['Celda 211', el corazón de la bestia]]> http://www.blogdecine.com/default/celda-211-el-corazon-de-la-bestia http://www.blogdecine.com/default/celda-211-el-corazon-de-la-bestia Mon, 09 Nov 2009 22:35:06 +0000 seleccionado por 2961 celda_211.jpg

Recuerdo a Daniel Monzón como un crítico cinematográfico con buen gusto y mejores maneras. Un chaval con cultura y buen verbo al que daba gusto leer. Un buen día dio el paso de hacerse director de cine, y no puede decirse que empezara con buen pie. ‘El corazón del guerrero’, que fue su debut, podría haber dado algo de sí en otras manos, pero en las suyas se convirtió en una carta de presentación muy floja, sin ningún interés.

Pero menos interés tuvo aún el intento de comedia de ‘El robo más grande jamás contado’, que algunos analistas defendieron con presencia de ánimo admirable pero estéril, pues no había por donde cogerla. Y con la anodina ‘La caja Kovak’ terminé por perder la esperanza de que este extraordinario cinéfilo pudiera convertirse en director importante alguna vez. Pero ahora llega con ‘Celda 211’, que es algo más que una buena película de género. Es la película española del año.

Un relato poderoso y sin fisuras

Justo cuando no daba un duro por él, se calza Monzón un relato de presos, cárceles y motines que se erige, por derecho propio, en todo un clásico de este subgénero del suspense. Con una experiencia en la dirección de actores y la puesta en escena, que se le supone en su ya cuarta realización, y adaptando de manera ejemplar la novela homónima de Francisco Pérez Gandul, ayudado en esas labores por el excelente guionista Jorge Gerricaechevarría, Daniel Monzón se hace mayor como artista incontestablemente.

En sus manos, la novela de Pérez Gandul deviene una mina de oro de inagotables posibilidades visuales. La cárcel, cualquier cárcel, se convierte en un espacio asfixiante donde la muerte, el dolor y las posibilidades de traición son infinitas, donde la vida y la esperanza son efímeras, y donde las más primarias pasiones humanas se dan la mano con la cobardía y la estupidez, la crueldad y la dignidad de las ratas atrapadas y en el punto de mira.

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Comienza de manera admirable esta ‘Celda 211’, y lo mejor es que va subiendo más y más, sin parar, en un crescendo admirable sin la menor concesión con el espectador. El que espere un espectáculo amable que se quede en casa. Esto es cine descarnado y brutal, cine de verdad, grande, adulto, complejo. Con una galería de personajes inolvidable, algunos de los cuales abandonan su rol previo para transformarse a causa de la desesperanza y la violencia.

Y entre todos los presos destaca Luis Tosar en una interpretación antológica, que le coloca desde ya mismo entre los más grandes intérpretes europeos. Su Malamadre no es sólo una bestia con corazón, pues el director y el intérprete son lo suficientemente inteligentes y talentosos para dotar de una vida a este personaje como pocas hemos visto en el cine español de los últimos años. Malamadre es el alma de la película, y lo que la hace trascender los límites del propio género. Le amamos y le odiamos al mismo tiempo, qué pocas veces sucede eso en una pantalla de cine.

A su lado, Alberto Ammann compone un digno funcionario de prisiones, aunque es cierto que el actor sufre en comparación con el gigante Tosar. Es un actor competente, si bien un par de veces parece que van a fallarle las piernas. Pero mantiene el tipo. Aunque en general el reparto es poco menos que formidable, y el casting soberbio. Nos creemos hasta al último figurante con frase que se pasea por la cárcel (entre otras cosas, porque los diálogos son excelentes), y es que aquí han hecho las cosas como Dios manda.

Monzón narra con convicción y sobriedad, sin cosas extrañas ni florituras, ateniéndose a los personajes y preocupándose por ser creíble siempre. Nunca pierde el control de la historia, y ayudado por la labor del operador Carles Gusi (que firma una imagen dura y acerada) y la de la montadora Cristina Pastor (que monta con talento y elegancia un tema tan escabroso), además de por la percutiente partitura de Roque Baños, firma una obra contundente e inolvidable.

Post Data Inevitable

Esto es cine de primerísima factura, con una producción de gran profesionalidad, que está dando sus frutos en taquilla y entre la crítica. Viene a demostrar que la gente desea ver buen cine español, por mucho que algunos no se quieran dar cuenta. Ahora bien, tiene que valer la pena verlo. Hoy estaba la sala a rebosar, y más que va a estarlo cuando arrase en los Goya, como estoy seguro que va a hacer.

Por cierto, apuesto porque el inevitable remake americano no se hará esperar. Pero esta no se la pierdan.

Celda 211 en Blogdecine

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<![CDATA['Ágora', una rotunda equivocación de Amenábar]]> http://www.blogdecine.com/default/agora-una-rotunda-equivocacion-de-amenabar http://www.blogdecine.com/default/agora-una-rotunda-equivocacion-de-amenabar Tue, 06 Oct 2009 22:38:26 +0000 seleccionado por 2961 agora_051.jpg

Alejandro Amenábar es un hombre privilegiado dentro de la industria del cine español. Sin duda, se ha ganado tales privilegios, muy superiores a los de cualquier otro cineasta de este país, se llame Almodóvar o de la Iglesia. Él juega en una liga varias galaxias por encima de ellos. Con cuatro películas, las cuatro rotundos exitazos de taquilla, que convencieron a amplios sectores de la crítica, y se alzaron con numerosos premios, este hombre puede, a día de hoy, hacer la película que le venga en gana.

Y en su afán por hacer cine de Hollywood, pero fuera de Hollywood, y en el de aunar cine de autor con cine comercial, hace ‘Ágora’, que el próximo viernes llega a las pantallas españolas, después de su tibia acogida en Cannes. De nuevo filma en inglés, después del taquillazo de ‘Los otros’. Habiendo indagado en miedos y en horrores, ahora cambia de tercio y se atreve con un extraño Peplum, género al que pretende otorgar de un estilo más realista, hablándonos de una mujer única. Mucha ambición para unos resultados tan pobres.

Un relato inconsistente

Pienso que el principal problema de esta película es que se sustenta en un guión muy pobre, desgraciadamente, obra, una vez más, del binomio Alejandro Amenábar/Mateo Gil. Según palabras del propio cineasta, su intención era hacer una película de ficción científica, o incluso un documental, sobre el cosmos, pero todo eso le llevó hasta la filósofa neoplatónica romana Hipatia. De modo que se dispuso a armar un gran fresco histórico en el que la destrucción de la biblioteca de Alejandría fuera el vórtice a partir del cual comienza una lucha entre religiones.

Pero, sea el guión pobre, o que quizá éste se haya visto estropeado por el montaje final, lo que queda es un sincero quiero y no puedo. Guionistas y director intentan abarcar demasiado. Por un lado, la historia del choque de culturas y de religiones, de otro la búsqueda de conocimiento de Hipatia del universo a través de las matemáticas, de otro la destrucción de una forma de vida y de un sistema de creencias, de otro un retrato de los fanatismos. Y a Amenábar le fallan las fuerzas. Es sencillamente incapaz de hilvanarlo todo de forma fluida y armónica, evidenciando graves trastornos rítmicos en el seguimiento a sus personajes, incapaz de establecer un tono.

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Porque, ¿exactamente qué nos quiere contar Amenábar? ¿Que los fanatismos son destructivos y terroríficos? Eso ya lo sabíamos ¿Que la razón siempre será más analítica que la fe? Esto también lo sabíamos. Ahora bien, los mecanismos de ese fanatismo, los intereses que los mueven y los promueven, las mentes que son manipuladas desde la ignorancia de una vida miserable, de todo eso no hay ni rastro en un relato que siempre se mueve por caminos fáciles, y que no es capaz de profundizar en nada. Intelectualmente, ‘Ágora’ es un filme muy menor. No hay en él una sola idea, siendo una película que, en teoría, iba a hablar sobre las ideas, ni un hallazgo. No se hace preguntas, ni se las hace al espectador.

Una dirección dubitativa y estática

No es Amenábar un director que goce de mi devoción. Muchos le consideran un grandísimo cineasta. Yo opino que es un grandísimo realizador. Quizá el más grande español vivo. ‘Tesis’ o ‘Abre los ojos’ eran castillos de naipes que se sostenían por la sola habilidad de su responsable de mantenerlos en pie como un alquimista avezado, sin duda el primero de su clase. Mucho más ambiciosas, ‘Los otros’ y ‘Mar adentro’ eran nuevos castillos de naipes, con mucho más oficio dentro, pero igual de vacías, de falsas, de impersonales.

En este nuevo castillo de naipes, el quinto, que es ‘Agora’, no hace falta ni soplar para que se venga abajo. La elefantiasis acaba por revelar todas las carencias de Amenabar como gran artista. Eso sí, su habilidad como realizador sigue creciendo. Es increíble cómo mueve la cámara, como arma las secuencias, cómo crea sonidos, ambientes. Es un grandísimo profesional. Pero le falta lo más importante: el ritmo, lo invisible, el genio. Le puede lo grandioso y se olvida de que el cine está en la cosas pequeñas, en los detalles, en lo que no se ve, pero se siente. Quiere filmarlo todo, mostrarlo todo, y pone en un pedestal sus ideas, convirtiendo sus imágenes en meros vehículos de estas. Pero en el cine, la imagen es absoluta, y los adoctrinamientos, por muy ingenuos que sean, la vuelven tendenciosa.

Porque tendenciosa es la manera en que Amenábar dibuja a sus caracteres y formaliza su narrativa. Un artista no es quien mejor fotografíe, encuadre o sonorice una secuencia. Sino el que con una capacidad de observación mayor que la nuestra nos indica una forma de mirar que descubre los rincones más secretos donde se esconde la vida, la esperanza y el horror. Y nada de eso hay en esta lamentable película. También dijo, el director, que quería hacernos sentir como si la CNN hubiera viajado en el tiempo y hubiera presenciado tales acontecimientos. Sería interesante ver la película al lado del director y que explicase de qué escena o forma de filmar se infiere tal cosa. Los planos de la Tierra sí que parecen una versión virtualizada de Google Maps, pero al respecto no le he ído decir nada.

Un reparto sin nada que hacer

He dicho que el ritmo en esta película no existe, por la sencilla razón de que sus personajes no existen, no son, no están. El ritmo no lo alcanzas con un montaje frenético, o con una cámara enérgica y virtuosa. En realidad, existe a pesar de eso, no gracias a ello. El ritmo te lo dan los personajes, sus necesidades, sus búsquedas, sus réplicas y sus interioridades. Pero para llegar a eso no se puede aspirar a hacer una película comercial y condescendiente como ‘Ágora’, cuyo mayor objetivo es lograr grandes ingresos en taquilla, y cuyos personajes parecen fantasmas pululando por la pantalla.

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Se intuye talento en Amenábar para crearlos, pero falla a la hora de sostenerlos. Tanto Ammonius como Orestes, incluso el esclavo Davo (que no es más que un truco de guión evidente), son personajes con gran potencial, pero que aparecen y desaparecen de manera arbitraria y sin ningún criterio, y que viven realidades diferentes. Rachel Weisz es una actriz magnífica, pero no se puede sentir gran cosa por su Hipatia, que en manos de Amenábar no es más que una filósofa bienintencionada. ¿Dónde está esa asombrosa mujer, capaz de enfrentarse a los hombres más poderosos? Apenas hay rastro de ella. No conocemos más a Hipatia después de esta película. Le falta caracter, fuerza, presencia. Y no parece protagonista. Amenábar no sabe tratar el material que tiene entre manos.

Uno se pregunta qué clase de película está viendo, qué pretende Amenábar, de quién es la historia (¿del esclavo? ¿del prefecto? ¿de la matemática?). Demasiados interrogantes. Uno se pregunta si eran necesarios cincuenta millones de dólares para hacer realidad este proyecto, o por qué Amenábar no siguió el camino que él mismo se había trazado. ¿Es una de aventuras, es una película sobre ideas, espiritual, metafórica? Ignoro si será un éxito, pero Amenábar, en su infinita ambición, comienza a flaquear en su capacidad, hasta ahora asombrosa, de hacernos pasar gato por liebre. De pronto la liebre se parece mucho al gato, y es que puede ser que siempre haya sido gato.

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<![CDATA['King Rat', el último videoclip dirigido por Heath Ledger]]> http://www.blogdecine.com/default/king-rat-el-ultimo-videoclip-dirigido-por-heath-ledger http://www.blogdecine.com/default/king-rat-el-ultimo-videoclip-dirigido-por-heath-ledger Thu, 06 Aug 2009 17:29:32 +0000 seleccionado por 2961

Con Heath Ledger sucede un poco como con Michael Jackson, pues se va a seguir hablando de él muchos meses después de muerto, tal era su fama y su talento. Pero es que después de su muerte siguen llegando cosas, como si su actividad artística hubiera sido mucho más prolífica de lo que muchos pudieran pensar, porque de hecho era así. Y ahora se estrena su último trabajo como director de videoclips, para el grupo Modest Mouse.

De hecho, el deseo de Ledger era convertirse en director en cuanto pudiera, es decir, una vez hubiera cumplido sus expectativas profesionales como intérprete, tal como aseguró en algunas ocasiones. Y es una lástima que ambas carreras se vieran truncadas de forma tan brusca y dolorosa, porque no sólo era un gran actor, sino que tenía talento como director, tal como confirma esta magnífica pieza de animación, un verdadero cortometraje de gran poder subersivo y muy poco condesciente con el espectador de este tipo de productos audivisuales. O sea que Ledger, además, los tenía bien puestos.

Ballenas cazando a hombres (tal cosa podría suceder un día de estos, animales cazando a sus cazadores, y el que esto suscribe bien que se alegraría de ello), con un clímax realmente oscuro, pero muy coherente con el tema que están tratando, y un gran diseño para un trabajo soberbio, publicado ahora en honor a un gran amigo, según los músicos.

No os lo perdáis.

Vía | El país

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<![CDATA[1998: 'Salvar al soldado Ryan' y 'La delgada línea roja']]> http://www.blogdecine.com/default/1998-salvar-al-soldado-ryan-y-la-delgada-linea-roja http://www.blogdecine.com/default/1998-salvar-al-soldado-ryan-y-la-delgada-linea-roja Mon, 13 Jul 2009 20:03:23 +0000 seleccionado por 2961 spr2.JPG


Yo no saldría si fuera vosotros. Ese francotirador tiene talento.

-Soldado Jackson


Mira la jungla. Mira esas enredaderas. Retorciéndose, tragándoselo todo. La naturaleza es cruel, Staros.

-Coronel Gordon Tall

Recientemente, dándome un paseo por la red, descubro uno de esos viejos foros que hace años abrieron este debate, un debate que a mí me parece apasionante, porque aunque es verdad que son películas muy diferentes, también tienen muchos puntos en común que resulta interesante poner en contacto, por la sola razón de que con ello se discute sobre dos formas muy distintas de entender y vivir el cine.

En 1998 se estrenaron, con pocos meses de diferencia, dos de las películas bélicas más famosas de los últimos años, dirigidas por sendos directores míticos, ambas sobre la segunda guerra mundial, aunque con dos entornos muy distintos. Por un lado la gris y deprimente Francia ocupada (filmada en Normandía, pero también Irlanda y algunos puntos de Reino Unido), y por otro la exuberante Guadalcanal (además de esa isla, los exteriores son de islas Solomon y Queensland, Australia). Dos maneras de mirar. Una es notable, la otra sublime.

La película de Steven Spielberg fue el mayor éxito económico de aquel año, lo que teniendo en cuenta su extrema violencia gráfica, que la obligó a exhibirse como NC-17, es una hazaña aún mayor por tratarse el director de quien se trata. Cinco Oscar rubricaron su excelente año, y no ganó el de mejor película porque se la llevó la muy inferior ‘Shakespeare in Love’. En cuanto a la de Malick, significó su regreso después de veinte años desaparecido del mapa. Soy consciente de que muchos prefieren la primera respecto a la segunda. Yo sólo voy a dejar mi punto de vista.

Mientras que ‘Salvar al soldado Ryan’ es una gran película, pues dentro de ella hay mucho gran cine, poniéndola al lado de la monumental obra de arte de Malick, parece cine convencional, incluso tosco. Por supuesto que la propuesta de Spielberg es muy diferente, pero mientras la suya parte de las convenciones del género y de un clasicismo hijo de Ford y Walsh, la de Malick sencillamente no tiene precedentes, y está fuera de todo parámetro.

El de Spielberg es un relato clásico de itinerario, con un grupo de hombres bien definido, una historia potente y una puesta en escena soberbia. Muchos se sorprendieron de lo descarnado de sus imágenes, lo que fue lo más comentado en el momento de su estreno, como si Spielberg nunca hubiera filmado un tiburón comiéndose a dentelladas a Robert Shaw. El principal problema que tengo con esta película son su prólogo y epílogo innecesarios, ñoños y reiterativos. Sin ellos la película hubiera ganado en unidad y fuerza dramática. En el resto Spielberg tenía la lección bien aprendida, y se dispuso a filmar las más realistas secuencias bélicas de la historia.

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El bélico, un complejo género

Mucho se ha hablado del desembarco de Normandía, esos veinte minutos largos que nos dejaron a todos boquiabiertos. Son ciertamente impresionantes, y merecen pasar con letras de oro a la historia del cine. Para muchos, es lo mejor de la película, e incluso el resto es un pegote necesario pero menor. Yo, por mi parte, también considero soberbia la secuencia de la batalla final y todo el bloque entre las ruinas del pueblo francés, tan deudor de ‘La chaqueta metálica’.

El tono de Spielberg, además, es abiertamente elegíaco y épico. Para él, la Segunda Guerra Mundial fue un evento crucial en la historia del hombre, y se le nota una autoexigencia que no vemos en otras películas suyas. Alumno aventajado de los grandes maestros de la narración norteamericana, está dispuesto a dejar una aportación en la que no escatima suciedad, veracidad, emotividad, una planificación cuidada hasta el mínimo detalle, una representación brutal del campo de batalla.

También existe un cierto cinismo no sólo en su propio punto de vista sobre las decisiones de los jefazos del ejército norteamericano, también en la forma en que su pelotón acoge esas decisiones, en un ejemplo de permitir que el tema fluya desde sus personajes, y no venga impuesto desde los intereses del director. Aunque en este punto Spielberg se muestra ambivalente y termina por otorgar una aureola de heroísmo a sus soldados, y una extraña justificación moral a las decisiones del ejército norteamericano.

De hecho, hay destellos que quedan fuera de lugar, o que parecen reprimidos, como Caparzo (un buen Vin Diesel) asegurando, fuera de sí, que ellos no acribillarían a un mensajero alemán, cuando su capitán (un sorprendente Hanks) le asegura que sí lo harían. Reflexiones interesantes que a Spielberg le importan poco. Lo suyo es la furia y la intensidad, como el eléctrico momento del francotirador, o la emboscada final. Es un portentoso alquimista audiovisual que nos regala grandiosos espectáculos, llenos de emoción y belleza.

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Más allá del género

Pero todo lo de lo que es capaz Spielberg en esta notable película, toda esa furia, el horror de la guerra, los combates descarnados, la planificación audiovisual, está contenido en ‘La delgada línea roja’, en la que hay muchas cosas más además de estas. Más niveles, más lecturas. El extraordinario bloque, escalonado en varias secuencias y segmentos, de la toma de la posición de la colina, rivaliza con el Spielberg más inspirado, y la secuencia de la batalla final, en el que las exhaustas tropas japonesas son aniquiladas y puestas de rodillas es, probablemente, tal como aseguraba Nacho Aguilar en zonadvd la más perfecta secuencia bélica de la historia del cine, además de una de las más terribles.

La pericia y la genialidad de Malick en cuanto a la planificación, la disposición de espacios y tiempos rítmicos, el sublime trabajo de cámara (quizá las más maravillosas tomas de steady y de grúas que se han visto en cine), valdrían para superar a la práctica totalidad de directores, salvo muy pocos maestros de la puesta en escena, como el propio Spielberg. Pero es que, además, trasciende con mucho los encorsetamientos del género para construir una lírica representación de los momentos más íntimos de la muerte, una interiorización anímica del asesinato, una crónica de la destrucción de la naturaleza con lo que esto supone de desconexión con lo único que tenemos de eterno.

Para Malick la guerra es una excusa con la que poder desplegar un coro de voces interiores, una sinfonía lírica de imágenes y sonidos sagrados, prístinos, de escasa vocación narrativa y cuyo mayor objetivo es convertir al cine en un altar de esperanza, en el arte que siempre debió ser y que muy pocas veces es, sometido como está a las leyes del mercado, de lo narrativo y lo políticamente correcto. Malick está más allá de modas, de estilos, de taquilla y de géneros.

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Postdata y Fotografía

Los dos mejores trabajos del a menudo autocomplaciente director de fotografía Janusz Kaminski, son precisamente aquellos por los que ha ganado el Oscar: ‘La lista de Schindler’ y ‘Salvar al soldado Ryan’. Trabajos superlativos, sobre todo el primero de ellos. Su labor en el segundo, con un estilo cercano al documental, desaturando los colores, con abundante grano y muchísimo contraste, es magnífica, pero ha de situarse por debajo del alucinante trabajo de fotografía de John Toll para Malick, que es considerado por muchos de los profesionales de esa disciplina como uno de los mejores de la historia.

Y no sólo en la fotografía, el sonido no tiene nada que envidiar al del todopoderoso Spielberg, ni el diseño de producción. En realidad, técnicamente es igual o mejor, y estéticamente es muy superior. Es como colocar a Megan Fox al lado de Gloria Grahame. Fox es espectacular, impactante. Pero si la colocas al lado de Grahame, parece hasta convencional, del montón. Es lo que tienen las obras de arte.

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<![CDATA['Blade Runner', aburrida y confusa ficción científica]]> http://www.blogdecine.com/default/blade-runner-aburrida-y-confusa-ficcion-cientifica http://www.blogdecine.com/default/blade-runner-aburrida-y-confusa-ficcion-cientifica Mon, 15 Jun 2009 11:29:14 +0000 seleccionado por 2961 bladerunner.jpg

Antes que nada, una advertencia: no escribo mi crítica sobre ‘Blade Runner’ en este blog (ya he escrito otros textos sobre ella aquí y en otros blogs) para justificarme ante algunos comentarios que “me exigían” argumentos después de leer que la considero sobrevalorada. Más bien este texto me va a servir para dejar las cosas claras de una vez, y va a ejercer de pozo de indignación de todos aquellos fanáticos que oyen nombrar el título de esta película y si a continuación no se dice obra maestra se te tiran a la yugular. Así podré enlazarla en el futuro, y cada vez que diga que está sobrevalorada, o algo por el estilo, aquí el lector podrá leer mis argumentos.

Tampoco es mi intención escribir un texto con el ánimo de ofender a nadie. Sí con el de provocar polémica, la madre de todas la buenas ideas de este mundo. No es lo mismo una cosa que la otra. Yo creo sinceramente que el tercer largometraje del director más creído de la historia del cine es una ficción científica aburrida y confusa, además de poseer, claro que sí, una formulación plástica fascinante, y algunos buenos momentos aislados que no logran levantar un conjunto pesado, autocomplaciente e insatisfactorio. Mi única exigencia es escribir lo que pienso.

Allá por 1982 se estrenaba esta película, en la que algunos no confiaban demasiado, a pesar de estar dirigida por un tipo cabezota y brillante, con muchas ideas de fotografía, que ya había sorprendido al mundo entero con una obra maestra: ‘Alien, el octavo pasajero’. Nadie sabía por entonces, como es lógico, que nunca más repetiría, ni siquiera se acercaría, a aquella perfección. Y su siguiente película iba a empezar a confirmarlo. En un rodaje caótico, con un guión mutante (mil veces reescrito) sobre una novelita insustancial, con Harrison Ford harto de tener que esperar horas para hacer una mísera toma, el director acabó pidiendo varias semanas de retomas para retocar la luz y la misma historia.

Esos retoques se prolongan hasta la actualidad, pues durante más de dos décadas el director ha estado vendiéndonos varias versiones de esta película. No como un verdadero “work in progress”, sino como un evidente intento de satisfacer la curiosidad de los seguidores de la película, a los que les han sacado, una y otra vez, el dinero del bolsillo. Yo no he visto la ultimísima versión (mi compañero Alberto me asegura que no hay ningún cambio sustancial, salvo un lavado de cara…bien, eso no es una nueva versión según mi diccionario), por eso sobre lo que voy a escribir es sobre la primera y sobre los interesantes cambios que se introdujeron en la segunda. Todo lo demás es aire y marketing. Yo de marketing no hablo, me pagan para hablar de cine.

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Y hay cine en ‘Blade Runner’, aunque amorfo y demasiado consciente de su propia importancia, como si desde el primer plano quisiera dejarnos bien clarito la obra maestra que debe ser, y que desde luego nunca será para mí. Scott, como buen hijo de la publicidad, comienza con dos planos que podrían haber formado parte de un comercial fastuoso: las chimeneas de un L.A. infernal escupiendo fuego, y esa misma imagen reflejada en un ojo en primerísimo primer plano, o en plano detalle, mejor dicho, de su iris azul. La excesiva y engolada música de Vangelis hace enseguida acto de aparición. Hemos llegado a un futuro distópico, en permanente lluvia y claroscuro.

En este comienzo, y en diversos intervalos, veremos grandes planos generales de una ciudad futurista que según muchos ha influenciado a la mayoría del cine posterior de ficción científica. En realidad es una amalgama de logros anteriores de creadores mucho más originales. El aspecto arquitectónico es deudor de una obra fundacional de la ficción científica cinematográfica: ‘Metrópolis’, de Fritz Lang, cincuenta y cinco años anterior, y el aspecto cyber-punk es algo que en Japón llevaba muchos años en cómics y películas. Es decir, ni Scott ni su fabuloso equipo (porque era un equipo técnico de primer orden) inventaron nada. Y en cuanto a su repercusión posterior, yo no la encuentro.

Películas posteriores, y muy superiores, como ‘Strange Days’ o, sobre todo, ‘Hijos de los hombres’, por hablar de dos películas recientes con futuros distópicos. De ambas, y otras, han dicho que siguen la estela de la película de Scott. Y no es cierto. En concreto la de Cuarón se aleja premeditamente, con grandísimo acierto, de los postulados preciosistas y grandilocuentes de Scott, y se centran en algo que él no puede: las personas. Siempre he pensado que el cine va sobre las personas, no sobre los escenarios. No tengo ningún problema en asignar a Scott el título de mejor escenógrafo de la historia. Nadie puede superarle a la hora de armar el juego de luces, reflejos y humos dentro de un cuadro. Al menos en algo es el número uno.

Pero Scott, aunque algunos no quieran o no puedan verlo, no es ni un humanista, ni un filósofo, ni un intelectual, ni un poeta. Pocas veces hemos asistido a un desaprovechamiento tan brutal de un director de tanto talento, a causa de un ego desmedido y de una ambición comercial que, como prioridades, han dejado en la cuneta a la coherencia y la personalidad. Y todas las carencias, y todo el truquerío con el que maquilla esas carencias, comienzan a evidenciarse ya en ‘Blade Runner’. Y viéndola hoy, casi tres décadas después, si uno no es un fanático intransigente, las oquedades son obvias, y es que todo acaba cayendo por su propio peso.

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Deckard y los replicantes
La voz en off que desapareció en la segunda versión, la verdad es que ofrecía algo de unidad a un relato tendente a la dispersión. Era una voz en off desengañada y estoica, muy de agradecer, que nos metía con bastante acierto en un estilo noir que esta historia está pidiendo a gritos. La segunda versión, sin él, parece aún más sosa y gélida que la primera, y carece, como aquélla, del nervio y de la fuerza expresiva suficiente como para funcionar con tantos silencios, tantas miradas y tantos vacíos. Yo hubiera dejado la voz en off, pues una nueva versión debe ser algo que cambios de ésta índole, que huelen a ir probando qué queda mejor.

Además, Deckard no es un personaje precisamente fascinante (como sí lo es Roy), y es una suerte que lo interpretara un esquivo y acerado Harrison Ford (que siempre he pensado que es un actor instintivo, muy físico y muy natural) que parece tan aburrido y harto como seguramente lo estuviera en el rodaje. Lo malo del asunto es que en ningún momento podemos sentir, o eso me parece a mí, ninguna empatía por él. Es decir, a mí personalmente no me produce ningún dolor, ni siquiera preocupación, lo que pueda pasarle a este hombre, y su gran dilema, tan pésimamente tratado, de matar replicantes y sentirse como un asesino, parece un tema de videoclip, disciplina a la que se debería haber dedicado Scott, antes de firmar una obra tan fallida.

El momento en que mata a su primer replicante, la salvaje Zhora (interpretada por Joanna Cassidy, que varios años más tarde encarnaría a uno de los personajes más excéntricos de la inolvidable ‘Six Feet Under’) es un ejemplo perfecto. Deckard, en su voz en off (algo es algo) nos cuenta cómo se siente, o lo intenta, pero nunca entramos en su estado anímico. Ridley no incluye el rostro de su protagonista en primer plano, para ver cómo se siente, pero sí una fastuosa secuencia de persecución, con la replicante rompiendo con su cuerpo varias paredes de cristal. Eso sí le importa a Ridley mostrarlo muy bien.

Pero menos importa aún la muerte del siguiente replicante (al final, parecen más un mcguffin que personajes de entidad) la cual ocurre muy poco después, a manos de Rachel (insípida, pero guapísima Sean Young). Esta es la excusa para que comience una historia de amor cuyos integrantes, Ford y Young, carecen de la más mínima química juntos. Cómo se nota lo mal que se llevaron y lo distintos que son. Es imposible creerse que surja un amor desesperado entre ambos (qué diferente es el amor desesperado y maravilloso de Sarah Connor y Kyle Reese en ‘The Terminator’), aunque guapos y melancólicos son un rato. Si la caza de los replicantes carece de toda fuerza o intensidad, la historia de amor es de una frialdad que asusta.

Menos mal que nos queda Roy.

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Dios y la mortalidad
Lo más convincente de este batiburrillo de ideas amorfas que es ‘Blade Runner’ está integrado por Roy, encarnado por un Rutger Hauer impresionante, bello y terrorífico. Su aventura es la que alcanza momentos de mayor firmeza y catarsis emocional. La magnífica secuencia del asesinato de su creador te causa una sensación de inquietante agobio y existencialismo. La imagen de este gran actor bajando en el ascensor, y el plano del techo del mismo, con un cielo oscuro y vacío de esperanza, posee una fuerza sorprendente, que le encoge a uno el corazón. Cuando regresa, el asesino Deckard ya ha acabado con su amante, Pris (una desaprovechada Daryl Hannah), en otra escena carente de emoción. Roy es es el que tiene sentimientos en esta historia, y él debería ser el protagonista, pues el dilema de Deckard no son más que palabras, sin actos que lo muestren.

Y tiene la suerte esta película de que su última gran secuencia sea precisamente el clímax final, en el que por fin Roy y Deckard se encuentran. Nos identificamos más con Roy que con Deckard, pero a quien seguimos en este final es al poli, de modo que es imposible saber con quién debemos situarnos. Por supuesto vence el replicante, pero en el último segundo decide no matar a Deckard y morir en paz. Este es uno de esos finales más recordados por los fanáticos, y que según ellos define a la perfección lo que significa ser un mortal. Hauer improvisó las mejores escenas del mismo, con Scott en contra. El impertérrito Ford asiste a su final sin mostrar la menor emoción, una vez más. La paloma que sujetaba Roy (???) sale volando, corporeizando una metáfora del alma recién adquirida de Roy, que sube al cielo. Una figura tosca y pueril.

Pienso que el principal problema de esta película es que se queda a medio camino entre el cine de autor, y el cine comercial más noble. Al intentar combinar ambas, se acaban matando entre sí. Muy pocos directores han fusionado el estilo más personal con la ambición comercial y han salido triunfantes. Coppola, Lean, Spielberg o Cameron son de los pocos. Scott, no. Como dice Harry, el sucio, lo que mejor es conocer tus propias limitaciones.

La ficción científica es mucho más que un aburrido ejercicio de autocomplacencia, que un impostado truquerío de maquetas y fondos matte que buscan una forzada poesía. Su valor es el de proporcionarnos una verdad que acontecerá en el futuro, como sigamos así. ‘Blade Runner’ podría haber sido prodigiosa. Y aunque tiene buenos momentos se queda en eso, un aburrimiento confuso y encantado de haberse conocido.

En Blogdecine:

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<![CDATA[El cine porno aburre a las ovejas]]> http://www.blogdecine.com/reflexiones-de-cine/el-cine-porno-aburre-a-las-ovejas http://www.blogdecine.com/reflexiones-de-cine/el-cine-porno-aburre-a-las-ovejas Wed, 10 Jun 2009 20:14:14 +0000 seleccionado por 2961 16.jpg

¿Cómo una industria que factura al año, en el mundo, tropecientos millones de dólares, y que fabrica al año decenas de miles de películas logra hacer malo ese dicho de: “de la cantidad sale la calidad”? Es que es verlo para creerlo. Y ya, ya sé que algunos estarán diciendo, o pensando, ahora mismo que esto no es cine, que es una basura. Y que además está grabado en vídeo, la mayoría de las veces. Bien, todo esto es cierto, no voy a venir a negarlo yo.

Pero por un lado el cine porno (no empleemos, hagan el favor, el recalcitrante eufemismo de “cine para adultos”) me parece un fenómeno sumamente interesante, que no merece ser despreciado y llevado al ostracismo (gente como mi admirado Paul Thomas Anderson, sin duda uno de los más grandes cineastas del mundo, asegura ser capaz de distinguir entre los estilos del cine porno de cada año…), y que, de alguna forma, es hasta necesario y cumple una importante función social. Lástima que adolezca de tantos problemas crónicos. Hablemos un poco de metesac…digo, de porno, ¿qué os parece?

Sí, vale. Soy un consumidor de porno. Supongo que como el 95% de los hombres y el 33,333% (o algún número abstracto y falso) de las mujeres. Tampoco soy un devorador compulsivo, pero precisamente por eso puedo hablar con conocimiento de causa. Y que no se preocupe el lector que no voy a salirle ahora con el consabido (y falso) argumento de que en el cine porno falta precisamente eso, argumento. Aún recuerdo a ese productor de la insuperable ‘El gran Lebowski’, alegando que lo que le falta al cine porno es emoción, historias. No estoy de acuerdo. Tampoco voy a empezar ahora con ese argumento, patrimonio de las espectadoras femeninas, de que al cine porno le falte erotismo, sugerencia, sensualidad.

Eso es cine erótico, que tiene buenos exponentes, como el célebre (en justicia) Tinto Brass, y alguno que otro más. Es decir, el cine erótico se puede defender. El cine porno, pues no. Y en cuanto a que no es cine sino vídeo, cuántas veces habremos hablado en este blog de películas filmadas en vídeo o HD. La frontera está cada vez menos clara, y supongo que tendremos que hablar de cine cada vez que nos encontremos ante un soporte audiovisual. Pero me voy por las ramas, decía que el porno es más bien para hombres. O puede que no…

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De todos los tipos de porno, el que más posibilidades ha dado ha sido el malogrado “Gonzo”, ese porno en el que un tipo simula ir con una cámara de vídeo por aquí y por allá, y fíjate tú qué casualidad, se encuentra con orgías y situaciones morbosas de toda índole, lo que son las cosas. El problema es que no saben darle el debido uso, pues a menudo el protagonista no es el que lleva la cámara (usando el punto de vista siempre deseable en toda narración), sino otro fulano. Y, para colmo, ¡la chica pregunta por qué su amigo lleva una cámara! Como si eso fuera necesario. Amigos realizadores de porno, el espectador no es imbécil, no hace falta justificar la cámara en mano.

Pero el cine porno es un catálogo de obviedades. A todos nos gusta ver a una chica con una minifalda estupenda…pero ¿es necesario que sin agacharse siquiera ya se le vea su estupendo trasero? Es que suelen ponerles las falditas a la altura de la cadera. El morbo no es la imagen facilona, hay que echarle un poco de ingenio. Por eso el cine porno aburre hasta a las ovejas, sobre todo porque toman al espectador por idiota. Pero claro, con ese catálogo de vedettes (y en eso, me temo, el cine europeo es en lo único que gana al yankee, están mucho más buenas las checoslovacas o italianas que las norteamericanas…aún me vuelve loco Monica Sweetheart, de quien no me he resistido poner una foto al principio de este post), qué más les da el ingenio.

Pero más alla de eso. ¿Por qué todas las películas porno tienen que ser, no ya cutres, sino decididamente horteras? Es que no lo entiendo, maldita sea. Y en ocasiones el asunto alcanza lo grotesco. Los directorcillos de cine porno se creen artistas incomprendidos muchas veces (y peor es con las actrices, alguna ingenua cree que logrará llegar a ser actriz dramática…) y se ponen a “experimentar” con diseños de producción inenarrables, o movimientos de cámara dignos de un chiquillo de trece años. Para luego, a la hora de la verdad, ser incapaces de filmar lo importante (o sea, la razón por la que nos ponemos a ver una peli porno, diablos) con un mínimo de profesionalidad.

Y, ya para terminar, ¿por qué co*ç$% doblan las películas porno? ¿A alguien le interesan los diálogos? ¿Acaso los gemidos y gritos del personal son más interesantes en otro idioma? Uno intenta poner la versión original en Canal+, para evitarse esos doblajes dantescos… pero no hay. Y así vamos, con muchas preguntas sin respuesta, y con películas porno que son, en el 99,9999 % de los casos, auténticos calcos unas de otras: flirteo insustancial-lamidas y babeadas varias-penetración vaginal-penetración anal-corrida facial (esa es otra, desde que a mediados de los ochenta se descubrió en occidente, porque en oriente era algo habitual, la corrida facial, deben haberse filmado 342984394893482394 escenas iguales). Y así cinco escenas por película y a casita, que llueve. Olé y olé. Y además olé.

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Además, me llama muchísimo la atención lo ingenuos y hasta entrañables que resultan los profesionales de este gremio, muchas veces. Como esos directores que aseguran que es un cine mucho más realista que el cine convencional porque todo lo que se ve es real (???), o esos actores que viven en una realidad paralela. Aún recuerdo cierta chusca mesa redonda con Nacho Vidal, en la que este hombre, en perpetuo estado de estar encantado de haberse conocido, nos contaba un poco sus experiencias como actor. En el fondo, son buena gente y hacen algo que les gusta. Lo malo es que no convencen porque siempre hacen lo mismo y lo hacen mal.

Pero aún descubrimos alguna que otra secuencia interesante, un cruce de miradas o un gesto llenos de intensidad física, que con toda seguridad han sido producto del azar, y no del talento del director. En fin, que no podía pasar la oportunidad de hablar, aunque fuera por una vez, de este “ejem” género.

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<![CDATA['No se preocupe', de Eva Ungría]]> http://www.blogdecine.com/default/no-se-preocupe-de-eva-ungria http://www.blogdecine.com/default/no-se-preocupe-de-eva-ungria Tue, 09 Jun 2009 18:35:30 +0000 seleccionado por 2961 no_se_preocupe_03-600.jpg

No hay muchos cortos que me llamen la atención, debo admitirlo. En general suelen ser piezas audiovisuales irrelevantes, o bien chistes sin gracia. El que incluyo en esta entrada es un chiste, pero con gracia. No tiene nada de especial ni en su guión, ni en sus actores ni en su realización, pero tiene una grandísima virtud. Lo que cuenta, lo cuenta bien. Y lo cuenta bien porque se nota que la directora, Eva Ungría (veterana ayudante de dirección y directora de segunda de unidad en series españolas importantes), ha vivido esto en infinidad de ocasiones.

Y es que el que crea, pobre de él, que ayudar en un rodaje es algo divertido, glamouroso, o fascinante…que se lo piense dos veces. Y este cortometraje, a pesar de que a algunos pueda parecerle lo contrario, no se llega todo lo lejos que se podría, a pesar de contiene momentos que pueden sorprender. Y es que cuando un grupo de personas se ponen a filmar una película, les da exactamente igual molestar a todo el mundo. Eso sí, con mucha educación.

Lleva un tiempo rulando por ahí este corto, recibiendo algunos premios. Aunque el mayor premio de todos, creo yo, es verlo.

Vía | Lo que me gusta es inmoral, ilegal o engorda

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<![CDATA[Muere David Carradine]]> http://www.blogdecine.com/default/muere-david-carradine http://www.blogdecine.com/default/muere-david-carradine Thu, 04 Jun 2009 13:58:48 +0000 seleccionado por 2961

Sí, la sorpresa ha sido total. Esta mañana han encontrado muerto, en su habitación de un hotel de Bangkok, al actor David Carradine, que contaba con 72 años de edad. Las primeras informaciones, que aseguraban que se había suicidado ahorcándose, finalmente han resultado desmentidas por su agente, Chuck Binder. Según él se ha tratado de una muerte natural, pero medios tan importantes como el New York Times afirman que le han encontrado ahorcado, así que habrá que esperar para asegurarnos. Desaparece así uno de los más importantes miembros de una familia de actores legendaria en la televisión y el cine estadounidense.

Ha llegado a participar en dos centenares de producciones, aunque siempre será recordado por dos papeles sobre todo. El del monje Shaolin Kwai Chang Kane (papel que le arrebató en el último momento a Bruce Lee) y el de todopoderoso jefe de la mafia Bill. Pero Carradine nunca fue considerado un actor de prestigio, a pesar de haber trabajado con Scorsese en la inquietante ‘Boxcar Bertha’ o con Bergman en la magistral ‘El huevo de la serpiente’. Pero claro, los 63 capítulos de ‘Kung-Fu’ (aunque no sabía nada de artes marciales antes de empezar con ella) o su maravillosa aparición en la película de Quentin Tarantino pesan mucho.

En mi opinión era un actor de rostro poderoso y voz profunda y bien atenorada, capaz de ofrecer potentes secundarios y atípicos protagonistas. Descanse en paz. Arriba incluimos un clip de ‘Kill Bill, vol.2’ en el que está perfecto, a modo de homenaje sincero.

Vía | El País

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<![CDATA[James Cameron y las secuencias de acción]]> http://www.blogdecine.com/default/james-cameron-y-las-secuencias-de-accion http://www.blogdecine.com/default/james-cameron-y-las-secuencias-de-accion Wed, 03 Jun 2009 04:06:45 +0000 seleccionado por 2961 terminator3.JPG

Los 80 fueron la peor época para el cine de acción. Walter Hill había perdido la onda. Morían los de la vieja escuela, como Aldrich y Peckinpah. Sólo quedaba James Cameron, que era fantástico

-Quentin Tarantino *

Hace varios meses le dediqué un especial, para comenzar mi andadura en Blogdecine, a James Cameron, que para mí es claramente no sólo el mejor director de ficción científica de la historia del cine, y por extensión uno de los más grandes de todos los tiempos, sino también, quizá, el mejor director de secuencias de acción. Y es que en aquel análisis de diez partes sólo hablamos, un poco de pasada, de cada película, en lugar de profundizar en sus temas y virtudes. En cuanto a los temas de ficción científica que ha desarrollado, otro día le dedicaremos su tiempo. Hoy vamos a hablar de diez secuencias de acción suyas.

Son, de entre algunas más, las diez mejores secuencias de acción que creo ha dirigido, y ahora mismo no puedo imaginarme ninguna mejor de otro director. Y si digo esto es para que el lector aporte sus propias opiniones, y elija sus propias secuencias y directores favoritos de escenas de acción. Las que describo a continuación no son sólo persecuciones y tiros. Hay otros elementos que las hacen únicas, como tensión y suspense. Son “set-pieces” en toda regla, y para ellas nadie como Cameron.

De esta maravilla, insuperable para directores con muchísimo más dinero pero muchísimo menos talento, entresaco dos secuencias que me parece un milagro lo bien que quedaron teniendo en cuenta el poquísimo dinero conque contaban, y lo bien escritas que están. Y es que esto demuestra quienes son los más grandes directores.

    1. Rescate de Kyle Reese a Sarah Connor

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Desde que aparece el terminator por la puerta del Tech-Noir (también tiene coña el nombre) dispuesto a matar a Sarah Connor (min. 32:25) hasta que la policía detiene a Kyle Reese y se hace cargo de Sarah (min. 48 aprox.) transcurren más de quince minutos excepcionales que pueden considerarse un bloque temático y temporal en sí mismo, es decir, una secuencia entera aunque cambien de lugar varias veces. En ella el tema, claro está, es la huida del todopoderoso e imparable cyborg, pero Cameron, que es un escritor maravilloso, hace lo inimaginable: mientras van huyendo en coche Kyle comienza a explicar a Sarah (y a nosotros mismos, que lo vemos todo bajo su punto de vista) todo el follón en que está metida con una claridad prístina. No creo recordar ninguna secuencia de persecución en que se aproveche la velocidad para introducir diálogos. Generalmente se para un poco y se habla, para continuar corriendo. Im-presionante.

    2. Huida final y destrucción del Terminator

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En esta ocasión desde que el exterminador irrumpe en el escondite de la pareja (min. 80 aprox.) hasta que por fin es destruido el puñetero cyborg (min. 95 aprox.), son otros quince minutos alucinantes, que todo director de cine de acción debería estudiar detenidamente antes de pedir a producción veinte milloncejos de dólares. Teniendo una continuidad temático-temporal, forman un bloque indivisible, que comprende la velocísima (con fragmentos acelerados, bien es cierto, pero otros que no lo están y son igualmente sorprendentes) persecución en moto, y la posterior con el camión y Sarah corriendo desesperada, y la soberbia secuencia de la fábrica, en la que ya, tan exhausto el espectador como los personajes, sentimos una catarsis viendo que el pelmazo del terminator es vencido por fin. Más acción, más dinamismo, más tensión, más suspense, sinceramente creo que no se le puede pedir al cine.

La secuela del excelente filme de Ridley Scott que Cameron escribió en solitario (algo que muchos no saben, o le conceden poca importancia) es para algunos sensiblemente inferior a la primera, para otros, como yo mismo, claramente superior. De tono muy distinto a aquélla, ésta es un cruce entre un western a lo Howard Hawks (con varios personajes encerrados esperando un ataque), un bélico adrenalítico y una sci-fi despiadada, como debe ser. Tiene varias secuencias de acción antológicas:

    3. Emboscada a los marines y rescate de Ripley

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Otra grandiosa “set-piece” de prácticamente un cuarto de hora duración, que le deja a uno agotado y sin aliento. Bien entrada la película, ya en la segunda hora de metraje, tiene lugar por fin la aparición de la mortífera horda de aliens. Que me nombren a mí una película reciente de corte similar que no tarde quince minutos en vender todo el pescado, como se suele decir. Aquí Cameron tiene los redaños (por no decir otra cosa) de hacernos aguantar sesenta minutos para que los soldados entren en la estación termonuclear, se vean arrasados por los bichos después de una espera inaguantable de tensión, y acuda rauda Ripley conduciendo ella misma el tanque APC. Sin palabras.

    4. La trampa a Ripley y Newt

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Más corta que las otras grandiosas secuencias comentadas, pero igual de intensa. Ripley y Newt servidos en bandeja para sendos “agarracaras”, y el enérgico Hicks atravesando el cristal con su cuerpo después de que Hudson dispare sobre él. La adrenalina que suelta uno en este momento valdría para descargar un camión de cemento sin pestañear.

    5. Huída por los túneles

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De nuevo una “set-piece” que comprende desde bien entrado el minuto 108 hasta más del 120, y que está separada de la anterior secuencia por un breve diálogo. Es decir, descansos los justos. Desde que los alienígenas cortan la luz del complejo hasta que los escasos dos supervivientes del segundo ataque por fin abandonan el lugar, ocurre de todo, y lo más impresionante es la huída desesperada por los túneles para llegar a la pista de aterrizaje, con una luz roja que le pone a uno la carne de gallina.

    6. Cara a cara con la Reina

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Prácticamente 16 minutos para un bloque que va inmediatamente unido al anterior, pero que está separado temáticamente, puesto que allí el asunto era el ataque de los aliens y la huida, y aquí es el rescate de la niña a la que Ripley ya considera su hija. Además, para colmo, está hecho a tiempo real, puesto que son quince minutos lo que le da el androide antes de que la planta estalle en una explosión termonuclear. Es decir, un alucine. Y en esos 16 minutos le da tiempo a Cameron a enmendar la plana al clímax de Scott en la primera parte con Ripley corriendo por la Nostromo, a dar detalles originales de la forma de vida de los aliens con la descripción de la reproducción de la reina, con detalles sobre su comportamiento y el de sus guardianes. ¿Para qué seguir? Y aún encuentro gente que no traga a Cameron y prefiere a otros directores que son incapaces de armar cinco minutos como esto. Pero como suelo decir, las cosas caen por su propio peso.

Escrita, filmada, mezclada y montada en sólo un año, la secuela de esta película es, para algunos (no para mí), muy superior al original. Pero es casi un remake con todo lo que Cameron había aprendido en apenas siete años.

    7. El camión y la motocicleta

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Creo que McG no vio esta película, y más concretamente esta secuencia, que podría ostentar el título, fácilmente, de mejor secuencia de acción de toda la historia. En caso contrario no se atrevería a afirmar que su terminator es el mejor de todos. No hay nada en su filme, salvo quizá más presupuesto todavía, equiparable, ni de lejos, a la persecución del T-1000 a John Connor y posterior rescate del T-800. En justicia empieza en el minuto 28, cuando el T-800 localiza en carretera a John, y no dos minutos y medio después, que es cuando le salva del T-1000, ya que es una secuencia (un bloque temático-temporal) sin elipsis. De modo que dura 9 minutos. Inolvidable.


    8. Sarah escapa del sanatorio mental

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Desde más o menos el 47 hasta el 63, uno de esos bloques de acción inalcanzables para el resto de los mortales y que este director narra con una precisión majestuosa. Tres acciones paralelas (la huida de Sarah, la llegada del T-1000, la llegada in-extremis de John y el T-800), cada una con su espacio y sin molestarse, algo que parece fácil pero que es muy complejo. Finalmente llega el clímax con el enfrentamiento directo al T-1000 (incluido el auto-homenaje del enemigo abriendo las puertas y siendo rechazado de un disparo en la cabeza), y otra huída por los pelos. Para quitarse el sombrero.

9. Cyberdine Systems y el helicóptero

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Para no abusar, pues no es necesario, diremos que este bloque va desde el minuto 100, más o menos, hasta el 123. Es decir, desde que toman la decisión de volar Cyberdine hasta que finalmente se estrellan todos contra la fundición. Podría decirse que comprende hasta el final, porque el tema es el mismo, y no hay elipsis, pero la parte de la fundición funciona con una estructura independiente. Aún así, tenemos no sólo la muy tensa escena del edificio Cyberdine, sino también la complejísima (no me quiero imaginar la complicación del rodaje…) persecución del helicóptero, que tomó varias semanas de filmación. Aquí no hay ordenadores, ni nada por estilo. Las tomas del helicóptero son reales. Esto es cine.

    10. Impacto contra el iceberg

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Lo que muchos no quieren ver sino como una ñoñería y un arquetipo catastrofista, otros lo vemos como el más bello relato feminista que se recuerda y la más conmovedora historia sobre la dignidad humana. Para cerrar este post sobre las secuencias de acción del maestro, queda la secuencia del impacto contra el iceberg, que si la minutamos desde que lo avistan hasta que por fin cierran todos los compartimentos, son cuatro minutos de planificación y montaje ejemplares. Hay muchas más en esta película, y seguramente más vistosas para otros. De hecho, el hundimiento tuvo lugar en poco más de una hora (algunos dicen que menos), así que podría ser una secuencia entera (temática y sin elipsis) todo el hundimiento, pero eso sería ya hilar muy fino.

Hasta aquí hemos llegado con las diez. Para mí es una colección insuperable. Creo que en parte he hecho este post porque he leído por ahí que ‘Terminator Salvation’ es una digna película de acción, como si el hecho de tener acción bastase para redimir a una muy floja película, o como si unas buenas escenas de acción fuesen posibles en una película muy floja. Esto es, a mi entender, infravalorar el cine e infravalorar la acción. Si una película tiene grandes escenas de acción es que es una gran película, y no creo que sea el caso de la cuarta película de una saga dinamitada.

*Puede verse a este director diciendo estas palabras en los contenidos adicionales del Dvd de ‘Reservoir Dogs’

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