Favoritos de 3015 en Blogdecine http://www.blogdecine.com/usuario/ seleccionado por 3015 http://www.blogdecine.com <![CDATA['Cocodrilo Dundee', truncado relato ecológico]]> http://www.blogdecine.com/criticas/cocodrilo-dundee-truncado-relato-ecologico http://www.blogdecine.com/criticas/cocodrilo-dundee-truncado-relato-ecologico Tue, 17 Nov 2009 13:15:59 +0000 seleccionado por 3015

“No sabe ni qué día es. Y no le importa. Qué tío con suerte”

-Wally

Los años ochenta son un década denostada por unos como la confirmación de que los antiguos y esplendorosos estudios de Hollywood se habían ido al garete y se habían transformado en bancos, y defendida a muerte por otros como una década bastante más interesante para el cine norteamericano de lo que muchos quieren o pueden admitir. Yo no pertenezco ni a un bando ni al otro. Pero tengo mis debilidades, como todo el mundo. Creo que hay Blockbusters tipo A, como ‘Arma letal’, y Blockbusters tipo B (o C), como ‘Cocodrilo Dundee’, un relato ecológico que es bastante más de lo que quizá algunos puedan otorgarle, con un personaje central que da nombre al título lo bastante interesante y con aristas como para justificar el visionado.

Pero hay más detalles interesantes, más allá de su personaje central. Y es que a pesar de su espíritu ochentero y sus limitaciones genéricas (una extraña mezcla de acción, comedia, aventura, parodia y misticismo) ‘Cocodrilo Dundee’ está dirigida con bastante buen tino por el desconocido Peter Faiman, de carrera más bien inexistente, que en los últimos años apenas ha dirigido nada, y que se ha centrado en la producción. Aquí firma un a ratos hermoso, aunque truncado, filme naturalista, que termina naufragando por albergar numerosas concesiones a la galería, pero que merece ser defendido.

Brillante primera hora

La película comienza con una excusa que podría haber dado, como tantas otras cosas, bastante más de sí, pero que no está desaprovechada del todo: una periodista neoyorquina, que se encuentra en Sydney, recibe el encargo de realizar un reportaje a partir del rumor de que un lugareño sobrevivió al ataque de un cocodrilo mientras estaba pescando, y se arrastró varios kilómetros hasta conseguir ayuda. Intrigada, se introduce en la Australia más salvaje, para dar con él, entrevistarle y obtener un buen artículo. Así, desde un principio, la historia envuelve a Dundee de una aureola de misterio y mística que se va a derrumbar, por una parte, y se va a reconstruir, por otra, hasta efectuar una suerte de deconstrucción.

La primera, y muy divertida, escena con el protagonista será en una taberna que podía haber sido escenario de alguna escena de caza de Hawks. Lo primero que va a saber la reportera, interpretada por una guapa aunque algo sosa Linda Kozlowski, es que a Cocodrilo Dundee le gusta fanfarronear, llevándose consigo a un cocodrilo disecado a tomar cervezas, y que no tiene problemas en repartir puñetazos entre los paletos y los cowboys de ciudad presentes en el lugar. Pero sin duda tiene un encanto sincero, de modo que parte con él a un viaje de pocos días en lo más profundo de la naturaleza, y así poder presenciar el lugar donde le atacó el cocodrilo.

La fotografía de Russell Boyd aprovecha magníficamente los exteriores naturales, escogidos con mucho gusto, mientras que el director Faiman se limita a contar con bastante oficio el choque de culturas y mentalidades que representan reportera y aventurero. Hay algunos momentos especialmente inspirados y en los que ambos actores demuestran tener mucha química. Como aquél en el que ella le pregunta a él por lo que piensa de la carrera nuclear (recordemos que estamos en plena era Reagan), a lo que él responde que no es asunto suyo. Ella le replica que hay que tener voz. Él dice que quién la va a oir ahí, y tiene toda la razón.

El diálogo prosigue y ella le pregunta por lo que piensa de la lucha de los aborígenes por recuperar sus derechos y sus tierras, a lo que él responde con la metáfora de las rocas que llevan miles de años ahí posadas. Hay un fondo de innegable melancolía en esta historia, sobre todo a través del solitario y un tanto oscuro personaje de Dundee, en oposición a la burguesía bienpensante de ella. Esto es el mundo real, viene a decir la historia, y lo que se ha construido el hombre para su comodidad, es completamente falso y nos separa de todo aquello que nos hace eternos. La forma de ser de Dundee contrasta con su deseo de impresionar, que termina por dibujar un personaje ambivalente: afeitándose con cuchilla, observa que ella se acerca, la guarda y finge afeitarse con su enorme cuchillo; mirando previamente la hora en el reloj de Wally, simula de nuevo saber la hora que es mirando la posición del sol. Eso sí, cuando un búfalo se cruza en la carretera, impidiendo el paso, es capaz de dormirlo sin apenas tocarlo.

Además, la película tiene momentos en los que el tempo se estira brillantemente, como aquel en que ella decide ir sola hasta el punto de encuentro, y se ve atacada por un cocodrilo. Magníficamente montada, aún viéndola hoy, he de reconocer que la escena me impresiona por su ritmo, primero suave y luego violentísimo, y por su credibilidad. Todo esto, además, está sazonado con la excelente música de Peter Best, sencilla pero contundente, que otorga un gran ambiente a una ya de por sí excelente atmósfera. Momentos como la venganza contra los cazadores de canguros o la danza de los aborígenes, se quedan grabados por su sencilla emotividad.

Ahora bien, justo cuando el relato tenía que ir más y más arriba, Mick Dundee y su reportera viajan a New York, en una especie de homenaje al mito del buen salvaje en la ciudad, y todo se derrumba. A partir de ahí el encanto construido se desvanece entre los dedos para dar lugar a una comedieta urbana bastante pobre de ideas visuales y temáticas. La historia de amor entre ambos es creíble, pero su desarrollo está mal armado, y tenemos la sensación de abandonar un buen relato ecologista por una peliculita comercial con los inevitables tics ochenteros. Una pena, porque esta historia se merecía algo más.

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<![CDATA['La costilla de Adán', excelente teatro filmado]]> http://www.blogdecine.com/default/la-costilla-de-adan-excelente-teatro-filmado http://www.blogdecine.com/default/la-costilla-de-adan-excelente-teatro-filmado Sun, 15 Nov 2009 18:41:09 +0000 seleccionado por 3015 adams-rib-tracy-holliday-hepburn.jpg


“Los abogados no deberían casarse con otros abogados”

-Kip Laurie

El cine clásico norteamericano comprende, en teoría, las décadas de los 30, 40 y 50 del pasado siglo. En la última de ellas se alcanzó, según muchos, la perfección de este arte en ese país, y después de eso, no ha dado más que tumbos. El neoyorquino George Cukor, tenido por un gran director de actrices, dirigió esta famosa comedia en 1949, con la ya famosa y casi mítica por entonces pareja formada por Tracy y Hepburn.

Comedia bastante disparatada, sin llegar a los niveles de “screwball comedy”, centrada en la guerra de sexos y en el feminismo rampante por aquella época, con dos abogados rivales que resultan ser marido y mujer (algo que es ilegal, pero a quién le importa…), involucrados en un caso de infidelidad que casi termina en tragedia y que va a servir para un discurso que, a día de hoy, queda bastante naif.

Todo comienza con una secuencia que es, ciertamente, magistral, y que demuestra más de lo que el propio Cukor demuestra a lo largo de esta película: que tenía un gran sentido visual. Cinco minutos de cine mudo, con suspense y comedia a raudales, en los que seguimos a una mujer en su plan de vengarse del calavera de su marido, interpretado por un Tom Ewell como siempre espectacular. Cukor se entrega, después de este alarde, a dar todo el protagonismo a Tracy y Hepburn, en una trama que deja bastante que desear.

Lo de Hepburn es un caso de personalidad como no ha existido otra en la historia del cine. Nadie daba un duro por ella como estrella, aunque ya de joven era indudable su talento. Quién podía imaginar que enamoraría al católico Tracy, y a Howard Hugues, e incluso le haría perder la cabeza al lacónico John Ford, una mujer de atractivo físico escaso, pero de energía y vitalidad arrolladoras. Aquí se erige en icono feminista, que no es sino una de las batallas de su vida, mientras despliega sin prejuicios su complicidad y cariño con Tracy, que interpreta a un personaje mucho menos atractivo.

Como ejemplo de cine judicial, lo cierto es que la película no es gran cosa. El caso es forzado, poco creíble, y mal desarrollado. El juez incurre en actitudes incomprensibles, como muchos otros personajes, y todo no es más que una excusa poco divertida para lo que verdaderamente importa: el discurso feminista y las situaciones entre la famosa pareja. Además, ya sabemos cómo va a acabar. Es decir, no estamos en algo parecido a ‘Testigo de cargo’ en versión cómica, sino en un conservador vehículo de lucimiento.

Tampoco es gran cosa como creación cinematográfica, aunque a muchos se les llene la boca con este tipo de películas, que no son más que teatro filmado, llamándolas obras maestras y cosas por el estilo. Cukor se limita a poner la cámara sobre un trípide y filmar del modo más correcto posible, sin emplear el punto de vista en ningún momento y con una planificación completamente teatral. Es decir: plano general o plano medio, con los actores generalmente de perfil. Aún así, logra una narración fluida y competente, pero diez años después de, por ejemplo, ‘Lo que el viento se llevó’, que es mucho más dinámica y mucho más visual, pues queda anticuado. El cine evoluciona, por suerte.

Eso sí, la dirección de actores es soberbia. Aunque también es verdad que los actores son, todos, sin excepción, una gozada de profesionales, perfectamente conocedores de los resortes del ritmo interno de la secuencia y de la comprensión de la cámara. Es impresionante cómo dan vida a una secuencia tan ramplona.

Al final, todo queda en un espectáculo light, muy poco inspirado visualmente, con secuencias muy divertidas y llenas de ingenio verbal. Pero Cukor no fue nunca más (ni menos, ciertamente), que un director académico, brillante e impersonal. Nunca fue Hitchcock, ni Hawks, ni Welles. Las obras maestras del cine, las de mayor sentido visual, las firmaban otros. Pero su teatro filmado era siempre interesante.

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<![CDATA['Robin de los bosques', la felicidad hecha cine]]> http://www.blogdecine.com/criticas/robin-de-los-bosques-la-felicidad-hecha-cine http://www.blogdecine.com/criticas/robin-de-los-bosques-la-felicidad-hecha-cine Tue, 03 Nov 2009 19:38:16 +0000 seleccionado por 3015 robinhood4.jpg

Vamos, Sir Guy, no mataríais a un hombre por decir la verdad, ¿no es cierto?

- Robin Hood

Echando un vistazo a un periódico, ojeo sin querer las últimas páginas, que casi siempre suelen traer la programación diaria, y me sorprendo de ver que esta noche, La 2 de Televisión Española va a deleitarnos con ‘Robin de los bosques’ (Michael Curtiz, 1938). Eso sí, a partir de las dos menos veinte de la madrugada (que serán las dos en punto, conociendo como conozco la impuntualidad de dicha cadena). Me parece que algo anda muy mal cuando programan esta maravilla a tales horas, obligándonos a levantarnos al día siguiente con unas ojeras de impresión. Pero claro, hoy en día lo que copa las horas más importantes son las series de televisión, y no van a desplazar ninguna por una vetusta película de aventuras filmada hace la friolera de setenta años.

Las cosas como son, en La 2 rescatan material a la altura de los paladares más exigentes, y si quieres ser un iniciado en eso de ver cine del bueno, tienes que dejar de dormir. No tengo nada en contra. Yo pienso quedarme, aunque seguramente los chavales de 8 a 15 años no lo hagan, y son los que más deberían verla. O quizá se queden, pero jugando a la consola. Reconozco ser un viciado como el que más, pero esto son palabras mayores del cine de aventuras. Quizá tenga algo de poético que la echen tan tarde: prueben a verla, a pesar de que les den las tres y media seguirán tan despiertos como al mediodía.

El poder hipnótico de la imaginación

Robin Hood es una leyenda en torno a la cual se funden toda suerte de improbables historicismos y romas fuentes documentales, que no aciertan a establecer si en verdad existió alguien similar, o si no se trata más que de una amalgama de personajes populares aderezados con el punto justo de folklore y de gusto por el folletín novelesco. Por supuesto, lo que ha trascendido ha sido la obra de Howard Pyle, que ejercía de crisol de todas las aventuras que salpicaban la vida de este fantasma vestido de verde, incluso aquellas inventadas por Alejandro Dumas en su ‘El Príncipe de los Ladrones y Robin Hood el Proscrito’, que poca gente ha leído.

En realidad, Robin no es más, ni menos ciertamente, que una representación poética del sueño de los pobres de que un tipo valiente de la cara por ellos cuando los poderosos les dejan sin razones para existir. Pero no como El Zorro, que luchaba solo, sino con ánimo de que todos se unan a él en una cruzada cuyo objetivo último es la libertad personal. Robin Hood es un icono anarquista puro, un luchador díscolo pero encantador, capaz de robarle los anilllos a una marquesa rica, mientras con su sonrisa logra que no le odien por ello.

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Sublime Errol Flynn

¿Y quién mejor que el incomparable Errol Flynn para encarnar, de manera proverbial, a este encantador ladrón de buen corazón? Nunca le he considerado un actor de raza, porque ni lo era ni lo necesitaba. Flynn era un pedazo de carne arrolladora, un animal pleno de vida, sinvergüenza y vividor, entrañable y gamberro. Nunca nadie pudo, ni podrá, jamás igualarle, porque había nacido para este papel. A sus 29 años se encontraba en un estado de forma asombroso, un verdadero atleta y un rompecorazones, un saltarín con una carcajada inolvidable. Él se calzó las polainas verdes sin los complejos que luego demostraron otros, y se erigió en la imagen suprema de la virilidad.

A su lado, nunca Olivia de Havilland, que por entonces contaba con 22 años (por cierto, sigue viva), estuvo tan guapa, nunca. Ni siquiera en ‘Lo que el viento se llevó’. Confieso que vi esta película cuando yo era muy pequeño (de hecho, podría ser la primera película que ví en mi vida), y desde entonces me enamoré por completo de esta Marian de ojos enormes y brillantes, inteligentísimos, y de rostro duro pero dulce. Ambos actores formaron una de las parejas artísticas más famosas de su tiempo, y aquí su relación es algo así como la cumbre del romanticismo en el cine de años treinta.

Pero todo el reparto brilla de forma asombrosa en una película en la que los colores vibran como nunca lo hicieron en una pantalla de cine. Los rojos, azules, violetas, verdes y amarillos de este filme son la paleta más enérgica y vitalista que se pueda recordar. Pero no sólo los colores, también las sombras, pues Michael Curtiz (el inconfeso maestro de Spielberg, al que da sopas con honda) dibuja, en los combates y en las escenas de acción, claroscuros y siluetas bellísimos, que muchos trataron de imitar, y que pocos lograron siquiera igualar.

Robin Hood, es, en fin, la felicidad hecha cine. No un regreso a la infancia, sino un triunfo de esta. No una conquista del mundo, sino la certificación de que el mundo es nuestro. No la gracia lúdica de la evasión, sino la bendición emocional que nos regala el placer por la aventura. Esta noche, todos arriba.

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<![CDATA[Primer trailer de 'Prince of Persia: The Sands of Time']]> http://www.blogdecine.com/default/primer-trailer-de-the-prince-of-persia-the-sands-of-time http://www.blogdecine.com/default/primer-trailer-de-the-prince-of-persia-the-sands-of-time Tue, 03 Nov 2009 08:48:04 +0000 seleccionado por 3015

Pues aquí lo tenemos, por fin. Lo cierto es que, desde que la franquicia del príncipe arrasara en medio mundo con cuatro juegos, a cada cual mejor, estaba cantado que a algún lumbreras se le ocurriría que aquello podría dar dinero también en el cine, y se han puesto manos a la obra. El lumbreras ha sido el más que listo Jerry Bruckheimer (que amor al cine, supongo que tendrá, pero mucho más, seguro, a su inmensa fortuna), y la productora y distribuidora va a ser la Disney, con lo cual muchos se esperan lo peor. Y es que lo de hacer cine de aventuras, del bueno claro, parece reservado a pocos artistas capaces de ello.

Ahora bien, el director Mike Newell, un artesano británico más que digno, fue capaz de firmar una de las mejores y más emocionantes películas de la ahora devaluada y predecible saga de Harry Potter, la estupenda ‘Harry Potter y el cáliz de fuego’. También dirigió la más que interesante ‘Donnie Brasco’. Algo de esperanza puede quedar. Que elijan a un actor tan capaz como Jake Gyllenhaal para interpretar a un principe guerrero persa, chirría un poco, pero parece que el chaval se lo ha currado en la caracterización. Alfred Molina, Ben Kingsley y Gemma Aterton le acompañan.

Echad un vistazo al trailer, que es bastante espectacular. Se aceptan apuestas, porque es un enigma si será una buena película de aventuras, u otra ñoñería plagada de efectos digitales. El estreno, dentro de bastante tiempo: finales de mayo. Personalmente me quedo con algunas imágenes que me recuerdan, porque así lo han buscado los productores, algunos momentos del juego en los que tanto disfruté. Por lo demás parece una mezcla de los tres primeros. ¿Tendrá alguna secuencia de acción bien hecha? Ya veremos.

Vía | Vida Extra

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<![CDATA['Mi vecino Totoro', el hermoso misterio de la infancia]]> http://www.blogdecine.com/default/mi-vecino-totoro-el-hermoso-misterio-de-la-infancia http://www.blogdecine.com/default/mi-vecino-totoro-el-hermoso-misterio-de-la-infancia Sat, 31 Oct 2009 17:31:12 +0000 seleccionado por 3015 totoro1.jpg

Primero había uno pequeño…luego otro más grande…¡Y luego uno enooooorme que estaba durmiendo!

-Mei

No es difícil recordar el panorama de la animación japonesa de mediados de los años ochenta. Lo que nos llegaba a España, que conocía un fabuloso éxito, eran series de muy pobre calidad, tanto en su escritura como en su formalización, y la mayoría de los analistas, que no tenían mucho interés en estudiar a fondo éste fenómeno más allá de nuestras fronteras, despreciaban estos productos y, por extensión, cualquier producto japonés. En aquel tiempo no sabíamos, pobres ignorantes, lo que podía dar de sí, estéticamente hablando, esa prodigiosa industria.

Sin embargo, algunos privilegiados (yo contaba unos diez años), pudimos ver dos películas creadas en aquel lejano país que nos dejaron asombrados. La primera fue ‘Akira’, que aún hoy resulta asombrosa en sus imágenes, y la segunda fue ‘Mi vecino Totoro’, que nos descubrió un talento ahora premiado en festivales internacionales y venerado como un gran maestro del cine, que aquí firmó una de sus más hermosas, libérrimas, inclasificables y conmovedoras películas.

Es duro ser niño

Más que ninguna otra película de su director, inclusiva la última de ellas, esta bella película indaga con gran sensibilidad y compasión en los misterios, no siempre luminosos, a menudo lóbregos, que rodean la más esencial de nuestras etapas vitales, la que algunos definen como la verdadera patria del hombre. Miyazaki observa a la niñez como el paradigma de libertad absoluta, entendida no sólo desde un concepto físico y social, sino sobre todo desde un plano netamente imaginativo o, incluso, espiritual. Los niños como poseedores únicos y exclusivos del mundo tal como es, incluidos todos sus secretos, espíritus y dioses.

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Pero la niñez no está exenta de oscuridad, que para Miyazaki es el símbolo supremo de la infancia. La oscuridad o incluso la desesperación, consecuencia de lejanía o enfermedad de una madre, o de un cambio de residencia, traumas que las niñas intentan superar con la ayuda de un padre bondadoso y, sobre todo, de una naturaleza exhuberante, la verdadera protagonista de la película, capaz de refugiar a Satsuke y Mei, de divertirlas, de subyugarlas, de darles ilusión.

En cierto sentido, Totoro es una metáfora, un símbolo y una parábola al mismo tiempo. Representación de las necesidades y los anhelos más profundos de las dos niñas, fuerza liberadora de su aprendizaje emocional. Nos sentimos niños de nuevo (es decir, libres de nuevo) siguiéndolas por esta peripecia contemplativa y lúdica, despojada de todo prejuicio y convencionalismo, que existe por el mero objetivo de hacer sonreir. Y como Miyazaki es un hombre de una vasta humanidad, y de una amplísima cultura, que sabe aplicar ambos rasgos a una historia sencilla con unos personajes llenos de vida, sabe arrastrarnos al fondo de esta poco convencional historia de aprendizaje emocional sin atavismos formales y sin forzarnos a ir a donde no queremos. Porque queremos.

Con ‘Mi vecino Totoro’ se dan la mano el poderoso minimalismo visual de Yasujiru Ozu, con un desaforado sentido de la fantasía, más basado en la filosofía oriental tradicional que en los pastiches audiovisuales de su tiempo, todo mezclado con una ligera base de panteísmo y exacerbado respeto por la naturaleza, pues para Miyazaki es la conexión con la naturaleza, la aceptación de nuestra unión con ella, lo que nos salva, nos reconforta y nos hace libres, y los seres que en ella habitan los únicos que pueden guiarnos hacia es libertad.

Es una pena que este anhelado estreno cinematográfico haya conocido tan pocas copias y pases, y en tan pocas ciudades de nuestro país. Ya que decidían hacernos disfrutar, muchas más personas debían poder tener la opción de verla en pantalla grande. Pero ya se sabe con las distribuidoras españolas. Tarde mal y nunca.

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<![CDATA[Steven Spielberg: 'La lista de Schindler', Spielberg recupera su gran talento]]> http://www.blogdecine.com/criticas/steven-spielberg-la-lista-de-schindler-spielberg-recupera-su-gran-talento http://www.blogdecine.com/criticas/steven-spielberg-la-lista-de-schindler-spielberg-recupera-su-gran-talento Sat, 24 Oct 2009 08:43:39 +0000 seleccionado por 3015 3-schindlers_list_red_dress.jpg

Eso es muy cruel, Oskar. Les estás dando esperanza. No deberías hacerlo. Eso es muy cruel.

- Among Goeth

Después de ese tríptico terrible conformado por ‘Always’, ‘Hook’ y ‘Parque Jurásico’ (la primera muy cuestionable, la segunda lamentable, y la tercera flojísima), que tanto ha contribuido, en mi opinión, a rebajar la altura artística de la carrera de Steven Spielberg, llega un título clave en su filmografía, que él no tiene reparo en afirmar que es la más importante de todas las que ha hecho, mientras que por ejemplo considera ‘E.T.’ como la más personal.

Yo no estoy por la labor de llevarle la contraria. Quizá sea la más importante que ha hecho, aunque puede que también por razones que a lo mejor él no considera, como redimirle de varios años muy poco interesantes. No creo que ‘La lista de Schindler’ sea, ni mucho menos, esa obra grandiosa que muchos han proclamado, aunque está claro que es una película formidable a la que algunos defectos absurdos (y que además, convierten la práctica de la crítica cinematográfica en un ejercicio arduo de llevar a cabo) impiden una perfección absoluta que se insinúa en muchos momentos.

Un proyecto complicado

Y lo cierto es que es un proyecto que pasó por bastantes manos antes de llegar definitivamente a las suyas. Cineastas del calibre de Roman Polanski, Martin Scorsese o Billy Wilder, nada menos, pudieron haberla dirigido antes que él. El primero lo rechazó por motivos personales, el segundo intercambió proyecto con Spielberg (que iba a dirigir el remake de ‘El cabo del miedo’...), y el tercero intentó hacerse con los derechos, pero en el último momento los perdió en favor de Spielberg, cuando podría haberse convertido en el testamento del maestro austríaco, cuya madre fue asesinada en Auschwitz.

En cualquier caso, resulta apasionante la identificación que Spielberg experimenta por su protagonista, Schindler, y por el interpretado por Ben Kingsley, el contable Itzhak Stern. La notoria y en cierto modo célebre (aunque no fue la única de estas características, por supuesto, y hubo otros casos en los que se salvaron a un mayor número de judíos) historia del controvertido hombre de negocios Oskar Schindler, fue descrita de manera admirable en la novela homónima de Thomas Keneally, que Steven Zaillian, un consumado guionista, convirtió en un libreto también admirable, quizá el mejor que ha tenido Spielberg en muchos años.

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El cineasta tomó la decisión, incontrovertible, de filmar en blanco y negro (exceptuando su prólogo y su epílogo), decisión que como se puede apreciar por su imagen, es acertadísima, aunque muchos temían que se pudiera acusar al director de pretencioso por ello. Pero es inimaginable esta película filmada en color, aunque se le hubiese aplicado algún tipo de decolorado, o hubieran decidido emplear una luz fría y siniestra. El blanco y negro era obligado, y en su primera colaboración con su ahora operador habitual Janusz Kaminsky (que aquí firma, de lejos, el mejor trabajo de su vida), consigue una fusión creativa total, para una imagen en verdad sublime.

Para el papel de Schindler, Spielberg contrató a Liam Neeson, y podemos afirmar que la decisión fue acertadísima. Neeson encarna al moralmente equívoco Schindler con una fuerza y una verosimilitud en verdad impresionantes y conmovedoras. Pero todo el reparto está a la misma altura. Fiennes interpreta al despiadado Amon Goeth con similar perfección. Kingsley, uno de los actores más completos de su generación, borda a su contable judío sin apenas mover una ceja. Y así todos y cada uno de los muchos intérpretes, protagonistas o episódicos. Cuando se supo que Spielberg había comenzado a filmar la película, muchas fueron las voces que demostraron su escepticismo. Supongo que muchas de ellas se acallaron cuando, al ver finalmente la película, observaron solamente el esfuerzo de Spielberg en la dirección de actores. Pero claro, hay muchos detalles más que señalar.

Complejo y contradictorio antihéroe

El tema de este relato, con el trasfondo del genocidio nazi, es por supuesto el viaje de Schindler desde el cinismo ilimitado de un hombre de negocios implacable y astuto, hasta la compasión absoluta experimentada como catarsis y transformación final. Y este largo viaje es entendido por Spielberg como una peripecia de redención a través de un dolor brutal, sin apenas esperanza. El horror visto muchas veces de frente, con la mirada limpia de un niño asombrado por la capacidad de destrucción y crueldad del ser humano. ¿Y como presenta a este anti-héroe? Es interesante observar que primero vemos sus manos, como hiciera con Indiana Jones, para después armar una magnífica secuencia en la que nos percatamos del poder de persuasión de este arribista sin escrúpulos.

En esta larga secuencia, filmada con maestría, se describe con qué habilidad Oskar se hace amigo de los principales mandos nazis para conseguir lo que se propone: salir de la ruina y forrarse con la guerra. Los azules ojos de Neeson son la viva imagen de la ambición, y en su relación con los hombres de negocios judíos (comiunidad a la que Spielberg no se resiste a criticar por su ánimo de lucro y la cobardía de algunos de ellos) comienza a gestarse su futuro destino.

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Pero lo que va a vertebrar este relato son dos relaciones apasionantes, las que unen a Oskar con Itzhak Stern y Amon Goeth, respectivamente la luz y la oscuridad, que curiosamente van a extraer de Oskar lo opuesto a lo que representan. Oskar actúa como un espejo invertido ante ellos: la natural bondad del contable provoca mezquindad y displicencia en Schindler, mientras que la suprema abyección de Goeth (posiblemente uno de los personajes más repulsivos y repugnantes de la entera historia del cine) termina por sacar el lado más compasivo de este hombre tan fascinante y dual.

Schindler, poco a poco, va comprendiendo el momento histórico en el que vive, y la capacidad de ayudar de los judíos de la que goza por su privilegiada posición. Será capaz, por tanto, de pactar con el diablo (porque Goeth es el Mal Supremo), infinidad de veces, sacando partido de él, aprovechándose de su amistad, y aprendiendo a la vez a respetar el estoicismo y la serenidad de Stern.

Rasgos estilísticos

Después de tres películas de las que extraer rasgos estilísticos supone un dolor de cabeza, quizá porque no existían, ‘La lista de Schindler’ ofrece material abundante sobre el que escribir. Sin extendernos demasiado, para no hacer este capítulo demasiado largo, primero: decir que es evidente la gran autoexigencia que Spielberg demuestra durante toda la película. Y segundo: que esta historia es, incontestablemente, un verdadero “jardín”. Es decir, que el director se la juega, y de qué forma, llevando a cabo este proyecto.

Ahora bien, y después de dejar claro lo que opino de estos puntos, ‘La lista de Schindler’ queda, bajo mi punto de vista, por debajo de maravillas como ‘Shoah’ o ‘El pianista’. Por la sencilla razón de que el camino que se traza a sí mismo, Spielberg no es capaz de seguirlo durante toda la película. Me explico. Influenciado o inspirado de manera directa por las imágenes de la época y por películas como ‘Alemania, año cero’ (Roberto Rossellini, 1948), muy superior también a ésta, el director navega tanto por las aguas del melodrama histórico como por las del drama realista, y en ocasiones su barco zozobra, aunque nunca llegue a naufragar.

Visualmente alterna de manera brillante una narración cercana al documental de época (reforzado por un empleo soberbio de la cámara en mano), con una puesta en escena más clásica, aunque igualmente fluida, con un gran sentido de la atmósfera y un ritmo que no decae jamás. Y no le tiembla el pulso, narrando con una convicción inusitada esta progresión de atrocidades. Sin embargo, a medida que avanza el relato, estilísticamente sufre incoherencias y su mirada se resiente de ello. Para entendernos: esta historia nos acerca a las vidas de Schindler y sus empleados judíos, salpicada por momentos de horror, pero no siempre Spielberg está a la altura moral y estética de lo que narra.

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Un ejemplo: un judío manco de avanzada edad es ejecutado por los nazis, y poco después de ello, Spielberg regresa al cadáver, aún con los ojos abiertos, y su cámara se aleja junto con la sangre. Es innecesario, tendencioso, y manipulador en extremo, tomando esa decisión. Sin embargo, muy poco después, Goeth manda ejecutar a la capataz judía que avisa de los malos cimientos de un futuro edificio. Ahí Spielberg es frío y despiadado, no hay un plano contemplativo o especulativo, sino la pura verdad, un balazo despiadado que nos pone la carne de gallina.

Más ejemplos: en la larga y escalofriante matanza del gueto, Spielberg alterna lo sublime (el plano de la anciana caminando por calle, adelantada por un grupo de furiosos nazis; el rosselliniano momento de la ingesta de objetos de valor) con lo vulgar y facilón (el nazi pianista tocando, mientras suenan los disparos y se ilumina el edificio con intermitencia). Y en cuanto al famoso y polémico momento de la niña vestida de rojo, creo que es una figura burda con la que Spielberg quería construir una metáfora entrañable del genocidio (el rojo quizá simbolizando la sangre derramada, como si fuera necesario simbolizar nada, el rostro espantado de una niña por cierto preciosa simbolizando la pérdida total de humanidad de los nazis) pero que resulta ñoño y tosco, y que rebaja la altura de esta escena.

Dos secuencias, eso sí, en las que Spielberg enseña el horror sin falsas componendas: la cremación de los cadáveres exhumados, y el paseo de las mujeres por el infierno en la tierra que fue Auschwitz. Ambos pueden ser los dos mejores y más escalofriantes momentos filmados jamás por Spielberg. Es conmocionador observar al nazi disparando a la pira de cadáveres (uno de los planos más desoladores que recuerdo haber visto en un cine), y es terrorífica la recreación del más famoso y siniestro lugar del siglo XX. Pero no siempre Spielberg mira al horror con semejante aplomo. Y el epílogo me parece, de nuevo innecesario, así como la caída en el sentimentalismo de ver llorar a Schindler en su despedida a sus empleados.

Conclusión

Una gran película, que roza con los dedos muchas veces la maestría, pero que no la atrapa a manos llenas. Spielberg recupera el talento perdido, o aguado, de sus realizaciones previas, y filma, junto con ‘Tiburón’, ‘E.T.’, y ‘La última cruzada’, una de sus películas más completas y conmovedoras. Se echa en falta, eso sí, una mayor cohesión estilística. Spielberg no es Rossellini, Polanski o Lanzmann, pero vuelve a ser Spielberg. La colección de barbaridades nazis en ocasiones es manipuladora, pero también en otras respira una verdad incontrovertible.

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<![CDATA[Steven Spielberg: 'Hook', Peter Pan dejó de volar]]> http://www.blogdecine.com/criticas/steven-spielberg-hook-peter-pan-dejo-de-volar http://www.blogdecine.com/criticas/steven-spielberg-hook-peter-pan-dejo-de-volar Mon, 19 Oct 2009 19:07:47 +0000 seleccionado por 3015 hookss1.jpg

Es un deporte violento, el béisbol, ¿o no?

- Capitán Garfio

De las siete películas que Steven Spielberg dirigió en los años ochenta, a pesar de sus altibajos, no hay ninguna que pueda considerarse fallida o innecesaria (aunque ‘El imperio del sol’ a veces se acerca a lo primero). Pero los altibajos de los años noventa van a ser mucho más pronunciados. De hecho, comienza la década con el que podría ser, si se me apura, el peor de los largometrajes que ha dirigido en su vida.

Tras el fracaso crítico y de público de ‘Always’, Spielberg efectuó lo que su maestro Hitchcock llamaba un ‘run for cover’: una apuesta no demasiado arriesgada. Aunque, de forma paradójica, sí arriesgó, de alguna manera, transformando el extraordinario cuento original en una suerte de ‘collage Spielberg’. Intentó mezclar su sentido de la aventura, que tantos buenos resultados le había dado, con un enfoque más adulto de la historia de Barrie. El resultado bordea el ridículo cuando no se instala en él de manera calamitosa.

¿El capitán garfio es el motivo?

Muchos aducen que esta no es una historia sobre Peter Pan, realmente, sino sobre el capitán Garfio, que es quien le da el título a la película. Interpretado por el excelente actor Dustin Hoffman, si en verdad él es el protagonista del relato, que lo dudo, realmente no veo nada de notable en su creación, que a ratos es lo suficientemente guiñolesca, pero que sorprende por su esquematismo y la poca fascinación que produce. A su lado, Bob Hoskins, uno de los mejores actores de su generación sin ninguna duda, está completamente desprovechado como Smee, haciendo más un cameo que un papel. Y es que ‘Hook’ es uno de los ejemplos máximos de desaprovechamiento que pueden encontrarse en la trayectoria de un director importante.

El relato original de Barrie tenía todos los ingredientes para ser un gran Spielberg, las cosas como son. Algo así como un nuevo ‘E.T.’. Sin embargo lo que el director y su guionista proponen es una relectura cuanto menos muy discutible en su pertinencia, en la que Peter Pan ha crecido, se ha casado y ha descubierto la sensación sublime de ser padre (no me resisto a señalar los componentes ultraconservadores de tal idea). Pero claro, Garfio vuelve y se lleva a sus hijos, por lo que tendrá que recordar quién era y volver a asumir el liderazgo de los niños perdidos. Ni la premisa es excesivamente original, ni su ejecución es digna de ningún elogio.

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Nunca me ha gustado mucho Robin Williams como cómico. Cuando hace papeles más serios está un poco mejor, pero tampoco es nada espectacular, por lo que no entiendo la fama de la goza en su país, y que le ha garantizado papeles en un principio estelares, como éste. Aquí crea un Peter Pan soso y olvidable, un pobre remedo del original. Lo que se llama un miscasting total. Y los niños perdidos, que se han convertido (por eso de estar acorde con los tiempos…) en una panda de macarras skaters, no producen la menor simpatía en el espectador. De hecho caen bastante mal. En comparación, toda la turba de piratas andrajosos y borrachos son bastante más simpáticos, quizá porque resultan más divertidos que los niños perdidos en su carácter disparatado, aunque el conjunto es de una trivialidad recalcitrante, una aventura muy ligera.

Rasgos estilísticos, por llamarlos de alguna manera

A veces se ha acusado a John Ford, el gran gurú de Spielberg, de pecar de sentimental. Es cierto que, sobre todo en su última etapa, hay momentos que parece que van a pasar de lo melancólico a lo sentimental, pero nunca de un modo innoble. Spielberg, en ‘Hook’, alcanza su cima como sentimentaloide, con varios momentos que causan vergüenza ajena, como por ejemplo casi todos los protagonizados por una Campanilla (insoportable Julia Roberts) que parece que está en otra película. Pero también las reminiscencias de Peter como padre, y la canción de la hija en la cubierta del barco pirata. Y en general todo el tono de una película sin ninguna idea narrativa interesante, ninguna secuencia realmente buena.

Este es un Spielberg muy apagado, que recibió su justo castigo crítico y de taquilla (pues recaudó mucho menos de lo esperado). Las escenas de aventuras, por llamarlas de alguna manera, brillan por su ausencia. ¿Dónde está ese directorazo de ‘La última cruzada’, capaz de superarse secuencia de acción tras secuencia de acción? ‘Hook’ tiene poquísima aventura y muchísimo dulce, hasta empalagarse. El clímax final es impropio de un hombre que tantas alegrías nos ha dado en el género que ahora degrada de mala manera por querer contarnos lo que se siente siendo padre. En definitiva, un error mayúsculo de este gran director.

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<![CDATA[Steven Spielberg: 'Always', un Spielberg muy menor]]> http://www.blogdecine.com/criticas/steven-spielberg-always-un-spielberg-muy-menor http://www.blogdecine.com/criticas/steven-spielberg-always-un-spielberg-muy-menor Sun, 18 Oct 2009 15:07:48 +0000 seleccionado por 3015 11aaaa.png

No es el vestido, es la forma en que me miras…

-Dorinda

Considero legítimo que un director pruebe cosas que antes no había hecho. Eso que muchos llaman, a mi juicio erróneamente, experimentar (como si el arte fuera algo similar a verter el contenido de dos probetas en una tercera, a ver qué sale…), y que en realidad es expandir los propios límites. Ahora bien, esos directores no deberían protestar cuando no les salen las cosas y ven su esfuerzo ignorado por el público y cuestionado por la crítica.

‘Always’ pertenece, sin duda, a ese tipo de películas. Spielberg indaga en el territorio de la aventura romántica y se esfuerza por dejar huella, pero el resultado dista mucho de alcanzar lo buscado. De hecho, la diferencia entre lo buscado y lo encontrado es considerable, de modo que sólo podemos considerar como fallido este esfuerzo. Una pena, ‘Always’ es un sincero querer y no poder. Eso sí, no podemos decir que Spielberg no lo intentara.

Un conjunto desvaído

Llama la atención que siendo este un proyecto que Spielberg consideraba como pequeño y personal, termine por otorgarle un tono tan apagado, tan desganado y falto de fuerza dramática, excepto por los ramalazos sentimentales que le surgen, sólo salvados por la arrolladora presencia de tres intérpretes fenomenales como Holly Hunter, Richard Dreyfuss y John Goodman, que da la impresión que comprenden mucho mejor el drama de sus personajes que el propio director.

Hace poco vi, aunque sin ánimo de comparar, sino como curiosidad, el filme del que este es un remake (‘Dos en el cielo’, de Victor Fleming, 1941) y es un conjunto mucho más afortunado (a pesar de que su tono ñoño y propagandístico también es incontestable) que esta extraña película, en la que, como suele ser habitual en él, las escenas de aventuras sobre los hidroaviones, están fabulosamente filmados, pero que naufraga en sus partes más sentimentales, las cuales terminan estomagando de puro reiterativas que son.

El interés de Spielberg era algo así como filmar una comedia romántica de los años cuarenta pero cuatro décadas más tarde. Y es cierto que el director está enamorado del cine de aquella época, y que en algunas escenas consigue la suficiente química y el suficiente encanto, pero todo suena a ya visto, y a que el director podría dedicar sus esfuerzos en proyectos más interesantes, y no en servir de avatar de directores desaparecidos, como si eso le otorgara automáticamente un prestigio que él se afanaba en conquistar mientras muchos directores le negaban la mayor.

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Da la sensación de que Spielberg, más que buscar o afianzar un estilo propio, se contenta en ocasiones con imitar otros estilos, o simplemente que no siente la seguridad suficiente como para confiar en su propia mirada. En esa actitud que tanto ha definido el postmodernismo, consistente en mirarse siempre en el espejo de directores precedentes, Spielberg ha naufragado terminando por aguar, a mi juicio, una carrera que hubiera resultado mucho más sorprendente si hubiera roto con esos directores al mismo tiempo que los homenajeaba.

Algo por el estilo hace Tarantino. Se equivocan, creo yo, aquellos que le achacan falta de estilo, o simplemente copismo. Ningún director es más confeso plagiador que el de Tennessee, pero más que reverenciar a antiguos maestros, lo que hace es recoger todo lo que hicieron (sobre todo el material de derribo) y darles la calidad que aquellos, a los que tanto ama él, no supieron o pudieron darle. ¿Y qué estilo es ahora más reconocible que el de Tarantino?

A mi juicio, hasta el comienzo de la presente década (en la que no por casualidad, nada más empezar, Spielberg rompe en pedazos todo esa irritante vehemencia hacia el vacío estilo Kubrick), Spielberg no puede presumir de lo mismo que de Tarantino. Ya había demostrado ser un narrador inigualable, pero ni en su estilo ni en su universo había demostrado el coraje o la coherencia de otros. Por suerte para él, algunos títulos rotundos de esta década han enderezado el rumbo.

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<![CDATA['Mar adentro', abyecto melodrama]]> http://www.blogdecine.com/criticas/mar-adentro-abyecto-melodrama http://www.blogdecine.com/criticas/mar-adentro-abyecto-melodrama Tue, 13 Oct 2009 17:03:31 +0000 seleccionado por 3015 mar-adentro-critica-2.jpg

Sólo el tiempo y la evolución de las conciencias decidirán si mi petición era razonable o no

- Ramón Sampedro

Primero que nada hay que decir las cosas como son: Alejandro Amenábar es un grandísimo profesional del arte de hacer películas. Y cuando digo grandísimo profesional me estoy refiriendo a todo lo que comprende el aspecto artesanal y técnico que conlleva una realización audiovisual. Este hombre le da sopas con onda al resto de realizadores españoles con una mano atada a la espalda. Aquí venía de hacer ‘Los otros’, tres años antes, y todo lo que aprendió de aquella gran producción lo aplica aquí de manera ejemplar, en un producto de un gran acabado formal.

Ahora bien, como espectador, como cinéfilo y como analista, uno tiene sus principios y, más aún, su integridad. Como se suele decir, lo cortés no quita lo valiente. No se puede, simplemente, admirar las virtudes de un filme, olvidando así todos sus terribles defectos, por más que está claro que Amenábar tiene cine en las venas. Ahora bien, este hombre, en cuanto a personalidad y a coraje intelectual, no está a la altura de su pericia técnica. Esto está clarísimo.

Comienza bien la historia, la verdad, con un prólogo que promete algo bueno. Quizá una aproximación lírica de un personaje tan polémico como Ramón Sampedro. Pero todo se diluye muy pronto, pues Amenábar claudica a los cinco minutos, y con la complicidad de su guionista Mateo Gil, construyen un relato que se da todas las facilidades a la hora de ganarse el corazón del espectador de la forma más especulativa posible. Poco importa que quien esto suscribe, jamás haría una historia sobre una persona que existió y sufrió como Ramón Sampedro, lo que más importa es la manera de acercarse a él una vez que se decide entrar en el terreno del melodrama.

El melodrama es un género que sólo en manos de grandes directores (quizá, muchos de ellos, peores realizadores que Amenábar) es un género de gran nobleza, que al sustentarse en grandes pasiones y en una puesta en escena grandilocuente, puede tratar al espectador con dignidad pese a todo, sin manipular sus sentimientos. Para Amenábar esto sencillamente no es posible. Habiendo decidido abandonar el terror o el thriller para abordar su primer drama, se muestra tan brillante como siempre, pero hay muchos factores que terminan por convertir esto en un espectáculo abyecto.

Este director es magistralmente inteligente. Sabe sacar un partido formidable de los ambientes gallegos, así como de un reparto de actores gallegos que queda muy realista. Ahora bien, en su casting de actores principales, exceptuando a Lola Dueñas, que hace un buen trabajo y que destila verdad (como casi siempre esta gran actriz), la decisión de otorgar el papel de Sampedro a un actor de la potencia de Javier Bardem (otra jugada inteligente) y el de la abogada a una actriz tan limitada como Belén Rueda, le hace tambalearse a un reparto que merecía otra cosa.

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Bardem es un gran actor, pero siempre es Bardem, no es posible ver a Sampedro. Su interpretación roza el exhibicionismo moral puro, que añadido al exhibicionismo tendencioso de Amenábar, retrata completamente las intenciones de ambos. Tengo por un principio moral no apreciar dramas basados en vidas de personas reales en los que, cuando esa persona sufre, el director tenga el pésimo gusto, la intención oportunista, de incluir una musica “dramática” debajo, ya sea un piano melancólico o unos violines trágicos. Esto le desautoriza de manera rotunda para acercarse al drama de una persona que él, en ningún momento, llega a entender nada más que para tomar al espectador por bobo.

Porque no hay ningún respeto por el espectador, ni ninguna confianza en el cine, cuando se recurre a la estrategia narrativa a la que acude Amenábar aquí, haciendo un espectáculo lacrimógeno de la decisión de morir de un hombre testarudo que durante dos décadas y media se vio postrado en una cama. No existe el mínimo pudor, y la elegancia visual que sin duda despliega no es suficiente para maquillar la vulgaridad que reviste inventarse una historia de amor tan pueril e innecesaria, tan poco verosímil y tan cobarde, como la que en un principio tiene con el personaje de Rueda, y una tan poco creíble como la que le une con el de Dueñas, que realmente tuvo lugar.

Todo esto son quizá temas en los que hay que hilar muy fino. Pero hay otros en los que no tanto, como un guión que se contenta con quedarse en momentos y diálogos previsibles y en exceso sentimentales, que avanza renqueante y con seversa fisuras de ritmo interno (que por supuesto Amenábar, con su talento artesanal, salva en el ritmo externo), subrayando el mismo tema una y otra vez y convirtiéndose, mal que le pese, en cine político, en puro panfleto anti-clerical que intenta jugar la baza, por el qué dirán, de la ambiguedad moral, pero que se posicioina de manera evidente con Sampedro.

¿Significa que se posicione el hecho de que asuma su punto de vista? Pues no. Al igual que ocurre con su última pelicula, Amenábar no tiene un punto de vista, ni asume el punto de vista de sus personajes. Su imaginación y son conciencia sobrevuelan, inmaculados, lo que cuentan, y a los personajes, como si no pudiera salpicarle lo que cuenta, porque a fin de cuentas, sospecho, no le importa tanto como impresionar, impactar sentimentalmente al espectador, en lugar de acudir a su inteligencia y permitirle ser partícipe en la creación de este drama, que podría haber dado lugar a una hermosa película, pero que se queda en un espectáculo lacrimógeno hollywoodiense.

Eso sí, filmado en España.

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<![CDATA[Steven Spielberg: 'El imperio del sol', el niño que crecía demasiado deprisa]]> http://www.blogdecine.com/criticas/steven-spielberg-el-imperio-del-sol-el-nino-que-crecia-demasiado-deprisa http://www.blogdecine.com/criticas/steven-spielberg-el-imperio-del-sol-el-nino-que-crecia-demasiado-deprisa Fri, 09 Oct 2009 16:58:51 +0000 seleccionado por 3015 empire-of-the-sun_779812i.jpg

El P-51, el Cadillac de los cielos!

-Jim Graham

Lo que nadie le puede negar a Steven Spielberg es su capacidad de trabajo, y su interés por proyectos que no aporten algo nuevo a una filmografía densa y dilatada, sobre todo teniendo en cuenta la complejidad de algunos proyectos, y la naturaleza de gran acontecimiento de muchas de ellas. ‘El color púrpura’ era su primera película, por decirlo de una manera grosera, ‘de prestigio’ para los norteamericanos, ‘de autor’ quizá para una mentalidad europea. Sin embargo no logró ninguna estatuilla de su academia, y al igual que Martin Scorsese, ese era uno de sus sueños.

Desde pequeño, Spielberg estaba obsesionado con los pequeños cazas de guerra, concretamente los de la Segunda Guerra Mundial, evento que, además, es considerado por el cineasta como el más importante del siglo XX, y al que ha intentado hacer justicia con varias películas, la primera de las cuales fue la fallida ‘1941’, y la segunda esta extraña, irregular y a ratos hermosa ‘El imperio del sol’, que hoy sigue siendo considerada una de las películas que forman el ramillete de las “fallidas” de su director.

La pérdida de la inocencia

Este es sin duda el tema de esta película, que de manera obvia impregna todas las secuencias en las que un jovencísimo Christian Bale. En realidad, es uno de los temas mayores de su director, junto a nuestra fragilidad frente a los caprichos de la naturaleza y a nuestra imperfección moral. Adaptando la novela semi-autobiográfica de J.G. Ballard, el director se acerca por primera vez, con un estilo ambicioso y serio, a una tragedia de proporciones globales pero personalizado en la figura de un chaval privilegiado que, de pronto, se verá completamente solo en un entorno absolutamente hostil, al que tendrá que adaptarse o morir.

John Williams volvió a trabajar con el director (y le dio uno de sus más sentidos y menos recordados trabajos), y Allen Daviau, el director de fotografía, lo hizo por última vez. El director le pidió que emulara la luz y la densidad de imagen propias de un filme de los años 50, y para ser justos hay que decir que lo consiguió plenamente. No en vano este proyecto ya había pasado por las manos del gran David Lean (y era una historia ideal para él), un director tan admirado por Spielberg que cuando él tomó las riendas le ofreció a su ídolo dirigirla, aunque ya era demasiado tarde.

Fanático irredento de ‘El puente sobre el río Kwai’, es imposible observar el tratamiento de los soldados japoneses en esta película sin acordarse de aquella de forma contínua. Claro que la aventura del coronel Nicholson resulta bastante más emocionante, y a la vez contenida (ese extraño “toque Lean”), que la de James Graham, ese niño con voz de ángel que experimentará una larga estancia en el infierno una vez le corten las alas.

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Christian Bale debutaba en esta película, después de algunos trabajos televisivos. Después de la excelente dirección de actores infantiles que Spielberg desplegó en ‘E.T.’, parecía muy seguro de sí mismo a la hora de guiar a un chico con un potencial evidente, pero tendente a interpretar en exceso sus secuencias. Bale es, hoy día, uno de los actores jóvenes norteamericanos más conocidos y de mayor proyección del mundo. Y Spielberg puede presumir de haberle descubierto, pero no quizá de haberle ayudado a componer una gran interpretación.

Hay un gran mérito en hacer recaer todo el peso de la historia a un chaval casi sin experiencia, y salir vivo de ello. Bale se dejó literalmente la piel en este difícil trabajo, pero hemos de decir que, aunque muy esforzada su presencia, son demasiados los altibajos que la jalonan, y es cierto que por momentos está insufrible. Para entendernos: Bale es un chaval tan brillante como actor, intenta interpretar tan bien, que se pasa varios pueblos muchas veces, por lo que su interpretación es demasiado obvia. Le ha pasado en otras películas posteriores, ya adulto. A este muchacho hay que contenerle.

A su lado, John Malkovich da vida a uno de sus personajes más apasionantes. El hombre está muy bien, aunque quizá, por contra, demasiado contenido. Pero es uno de los aspectos más notables de la película, pues siempre le observamos con los ojos del chaval, y el aura, finalmente, que obtiene este personaje es indescriptible, casi mística. Spielberg se muestra magistralmente inteligente a la hora de dirigirle, y siempre que está en pantalla la película sube varios enteros.

Conclusiones

Bienintencionada, con un punto de autocomplacencia incontestable, al final le acaban pesando a este buen ‘Empire of the Sun’ su irregularidad y su excesiva duración. Y da la impresión de que Spielberg se lanza en pos de una seriedad y una trascendencia algo forzada, sin creérselo del todo. A su lado, ‘El color púrpura’ parece un relato no sólo mucho mejor acabado, sino más rotundo, menos impreciso.

Pareciera como si Spielberg pidiera permiso para entrar en el grupo de los directores consagrados, importantes o prestigiosos, en lugar de reclamar el puesto que le pertenece. Filma con talento, muchísimo, pero sin convicción, con timidez, como si los grandes logros obtenidos hasta entonces, más que refrendarle, le lastraran. Y esta sensación aún duraría un tiempo con sus películas más ambiciosas.

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