Favoritos de 3536 en Blogdecine http://www.blogdecine.com/usuario/ seleccionado por 3536 http://www.blogdecine.com <![CDATA['Gran Torino', excepcional negrura]]> http://www.blogdecine.com/criticas/gran-torino-excepcional-negrura http://www.blogdecine.com/criticas/gran-torino-excepcional-negrura Fri, 06 Mar 2009 21:11:29 +0000 seleccionado por 3536 mv5bnjk3mte1otqzof5bml5banbnxkftztcwndgwmzuxmg.jpg

Del mismo modo que otros grandes artistas que han dejado una huella imborrable en la historia de la cinematografía norteamericana, como Hitchcock, que emprendió a finales de los años 50 y primeros 60 un viaje hacia la muerte conformado por ‘Vertigo’ (1958), ‘North by Northwest’ (1959) y ‘Psycho’ (1960), Clint Eastwood lleva los últimos años emprendiendo idéntico viaje, pues con sus últimas realizaciones va acercándose más y más a la propia muerte, tanto vital como temáticamente. ‘Mystic River’, ‘Million Dollar Baby’, ‘Flags of our Fathers’, ‘Letters From Iwo Jima’, ‘Changeling’ y por fin este ‘Gran Torino’, son peldaños, cada vez más oscuros y desesperanzados, pero también gozosos en su plenitud, hacia la muerte.

Hay quienes, después del estreno hace pocos meses de ‘Changeling’, un filme mucho más de estudio, que aceptaba unos cánones clásicos que siempre han sido ajenos a un falso clásico como Eastwood, han valorado su último largometraje como menor dentro de la brillantez y lucidez de sus últimos tiempos, aduciendo que es una historia pequeña y aunque emocionante con menor mérito que, por ejemplo, ‘Letters from Iwo Jima’. Y lo cierto es que nos encontramos ante una de las más complejas, impredecibles, libérrimas y hermosas películas de toda la carrera, como director, productor y actor, de este hombre irrepetible.

En este último capítulo de ese viaje hacia la muerte, Clint Eastwood regresa a la interpretación dando vida a un personaje homófobo, gruñón e inaccesible, verdadero compendio de todos los personajes importantes que conforman su extensa y apasionante trayectoria como actor. No sólo del inolvidable Tom Highway de ‘Heartbreak Ridge’, otro veterano de la pocas veces estudiada en el cine guerra de Corea, sino también del encantador Red Stovall de ‘Honkytonk Man’ y su enfisema letal, por supuesto de la socarronería violenta de Harry Callahan, del laconismo que salva mujeres en apuros que caracteriza a Josey Wales, y un largo etcétera. Ahora, Eastwood, inmerso por fin en la ancianidad, une a su habitual economía expresiva un carraspeo pertinaz que es casi como el rugido de un león herido, solitario y en guerra con el mundo y consigo mismo.

Seguimos a este correoso veterano, a su rostro que es casi un trozo de cuero con ojos, a sus insultos e ironías, a través de un relato sereno y plácido, que poco a poco se va oscureciendo, al sumergirse en los meandros de la América multirracial y multicultural que ha heredado Obama, que ha transformado un país que no se reconoce a sí mismo, gracias a sus errores y prepotencia, su identidad y su dignidad. En ese sentido, Kowalski (para colmo, descendiente de inmigrantes) es un fantasma, o un muerto viviente, incapaz de cambiar, aferrado a un barrio que ya no existe, que vivirá una experiencia de redención al conocer a la comunidad hmong (aunque para él todos los asiáticos son rollitos amarillos) y al enfrentarse a sus terribles demonios de una vez por todas.

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Su cámara sigue tan precisa como siempre, y alcanza momentos de narración majestuosa en el uso del 2.35:1, con una distribución de espacios que merecería la pena ir disfrutando a cámara lenta. Pero el máximo objetivo de un artista es la sencillez, y en esta ocasión Eastwood la consigue como si respirase. Algunos le piden al cine que les muestre vidas imposibles, situaciones más estimulantes de las que vivirán en su vida (o eso creen ellos), escenarios grandiosos, movimientos de cámara alucinantes, un diseño de producción que exalte a los sentidos. Pues Eastwood no tiene la menor intención de provocar que esos espectadores acudan a sus imágenes, ya que su materia prima es la misma vida, y sus personajes son seres de carne y hueso que viven historias >plausibles. A sus años, no tiene nada que demostrar, y se toma su tiempo contándonos la difícil relación de Kowalski con Thao (Toad, atontao, le llama él), y permitiéndose que la violencia sólo entre con toda su fuerza en el tramo final de la película.

Hasta ese tramo final, en el que Kowalski se enfrenta ante todo a sus fantasmas, y en el que el mito de Eastwood se enfrenta a sí mismo, deconstruyéndolo con una dignidad indescriptible, vivimos el crecimiento de una amistad (o mejor dicho, dos amistades), de forma paulatina y verosímil, que comienza de manera casual gracias al desencadenante que supone el Gran Torino del título, el preciado automóvil de Kowalski. El Gran Torino significa varias cosas dentro de la lógica de este relato. No sólo es el mcguffin de la película, sino que simboliza de alguna forma el pasado al que se aferra su dueño, y cristaliza una forma de expresión típicamente americana que ya no existe, y que representa un anacronismo. Poco importa que apenas salga del garaje, para Kowalski es un ser vivo y algo más, forma parte de él mismo.

A medio camino entre el drama social y el western urbano, Eastwood firma una obra maestra incontestable, perfecto testamento interpretativo, conclusión de un discurso moral y estético que, a pesar de sus lógicos altibajos, es ya uno de los más nítidos y apasionantes del reciente arte norteamericano. La dureza de sus imágenes, es como una patada en el estómago que desarma cualquier atisbo de complacencia, pero la compasión conque filma extrae lo mejor de nosotros mismos. El gran cine de Eastwood lleva consiguiendo este milagro más de dos décadas, pero sobre todo en las películas que él mismo ha protagonizado, pues su icono, su rostro, es inseparable de su legado. En sus filmes menores, aún contamos con ese rostro, que nos devuelve el espejo de la soledad, el dolor, la crueldad humanas…pero también el del sosiego, la lucidez, la redención.

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‘‘Gran Torino’, esto es lo que él hace

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<![CDATA['Slumdog Millionaire', colosal tomadura de pelo]]> http://www.blogdecine.com/default/slumdog-millionaire-colosal-tomadura-de-pelo http://www.blogdecine.com/default/slumdog-millionaire-colosal-tomadura-de-pelo Sun, 22 Feb 2009 00:06:28 +0000 seleccionado por 3536 slum-dog-millionaire.jpg

Dentro de pocas horas, esta deleznable película va a llevarse, casi con toda seguridad, el Oscar a la mejor película (irónicamente, uno de los premios cinematográficos más codiciados que existen, aunque su prestigio cada año decae más). Por lo tanto, textos como el que siguen seguramente provoquen que más de uno me tache de snob. ¿Hay algo más snob que atacar ferozmente la película que se ha llevado el Oscar? Sin embargo, he sido uno de los que no se han dejado engañar por una prodigiosa campaña de marketing tan poco creíble como la historia que nos cuenta.

Algunos dirán que esto es un cuento de hadas, y que, como tal, deberíamos suspender nuestra incredulidad. Pero no basta conque un relato quiera ser algo, es imprescindible contarlo bien. El cuento de hadas más maravilloso que se ha filmado es ‘It’s a Wonderful Life’ (Capra, 1946), y nunca se diría que es poco creíble, pues aunque aparezca Dios, San José y multitud de elementos en un principio increíbles, y aunque tengamos un final feliz, el talento de Capra es tal que el cuento deviene obra de arte. Por supuesto estamos en el polo opuesto. No es cuestión de comparar ambas películas. Pero este cuento de hadas en particular es una colosal tomadura de pelo.

La forma de dirigir de Danny Boyle quizá fuera idónea para un filme tan arriesgado como ‘Trainspotting’, que igual que quedó magnífico podría haber salido un bodrio. Y era idóneo porque esa cámara nerviosa, ese montaje sincopado, se acercaban con gran precisión a la peripecia de Renton y compañía, aquellos yonquis memorables. Sin embargo, el resto de la filmografía de este cineasta es, como poco, irregular, y en el caso de su último largometraje, que tanto está dando que hablar, nos situamos ante el que es, de lejos, el peor de los suyos.

Boyle dirige exactamente igual una escena de suspense que de acción, un momento íntimo que uno general o abstracto. Ni siquiera el comienzo, esa persecución se supone que frenética por las calles de Mumbai, está logrado. Remite, por supuesto, al inicio de ‘Trainspotting’, y recuerda un poco al sensacional arranque de ‘Ciudad de Dios’. Pero se queda muy lejos de ambas, sobre todo de la segunda, que es un prodigio de montaje. Aquí este montaje, firmado por Chris Dickens (aunque como en toda película, responsabilidad última del director) es un completo desastre, y sorprende que sea el favorito para el premio en esta categoría.

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¿Por qué suele nominarse al Oscar, u otros premios de similar y sospechosa índole, a montajes sincopados? Porque se suele confundir que muchos cortes y mucho caos es lo mismo que gran mérito en la sala de edición. Pero el montaje es mucho más que eso. Del montaje dependen el equilibrio tonal, el ritmo interno más que el externo, la construcción dramática. Es una disciplina complejísima que aquí no se domina ni por asomo, y que además resulta mareante de tanto corte innecesario (he llegado a contar sesenta cortes para una escena sencilla), dando una idea del despiste de Boyle a la hora de contar su historia.

Pero si hay algo más desastroso que el montaje, que ya es decir, es su disparatado guión, que pretende que nos traguemos multitud de ideas y situaciones sencillamente absurdas. Resulta que un chaval puede ganar 20 millones de rupias (curiosamente 20 millones de dólares son los que puso una compañía independiente para distribuir la película por todo el mundo cuando parecía destinada al Dvd, cualquiera se lo cree a estas alturas) en un famoso concurso de televisión. Y resulta que sabe las respuestas a las preguntas por situaciones dramáticas de su vida. Y, tal como decía muy acertadamente nuestra comentarista isabelha…¡de forma cronológica! Pero lo que me dio ganas de levantarme de la butaca echando pestes (y no lo hice por respeto a la gente sentada a la que iba a estorbar la vista) fue precisamente la última pregunta del concurso. Definitivamente, los autores de esta película nos toman a todos por imbéciles.

¿Cómo puede una película que toma como protagonistas a varios niños de los suburbios de Mumbai, que viven en la más absoluta pobreza, resultar tan poco conmovedora? ¿Cómo es posible que con tanto supuesto frenesí y locura nos aburramos tantísimo? ¿Cómo puede ser tan torpe una estructura en paralelo que más que retroalimentarse se anula mutuamente? ¿Cómo puede, en definitiva, sumergirse de manera tan superficial y carente de interés por las calles y vidas de una de las ciudades y culturas más atractivas del mundo? Todo esto y mucho más hace una película que podría ser, quizá, la más manipuladora en muchos años de cine.

No nos engañemos, su propuesta está totalmente calculada. De hecho, es completamente lógico que dentro de pocas horas arrase en los Oscars, tal como dice Alberto Abuín, recolectando varios premios importantes. Esta historia de un futuro millonario, que además se enamora de una chica bellísima (la debutante Freida Pinto, que podría ser modelo), buscándola desesperadamente en una ciudad de diecinueve millones de habitantes (no revelo nada si digo que un día la encuentra, como no podía ser menos) es perfecta para Hollywood. Con ella, ese esquema del Hollywood clásico de amores románticos inverosímiles, aventuras con algo de crueldad pero trasfondo optimista, relatos del don nadie que un día alcanza la gloria, se justifica plenamente y vuelve a hacerse vigente.

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Es más, si tenemos en cuenta la ansiada colaboración con el mucho más rentable y poderoso Bollywood por parte de la industria norteamericana del entretenimiento, este premio no deja de ser (como el 99% de los Oscars) una habilidosa jugada política con la que tender puentes. Por mi parte, considero un disparate que Boyle gane el premio a su puesta en escena, frente a la muy compleja y difícil (pese a sus altibajos) dirección de Fincher. Pero es que el cine anda por otro lado. Sin ir más lejos, ‘Entre les murs’, que opta solamente al irrisorio y estúpido premio de película extranjera, tiene más cine en un solo plano que esta memez de película en dos horas eternas.

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‘Slumdog Millionaire’, el triunfo del amor (y del buen cine)

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