Favoritos de 4249 en Blogdecine http://www.blogdecine.com/usuario/ seleccionado por 4249 http://www.blogdecine.com <![CDATA['Cadillac Records', los inicios de algo muy grande]]> http://www.blogdecine.com/criticas/cadillac-records-los-inicios-de-algo-muy-grande http://www.blogdecine.com/criticas/cadillac-records-los-inicios-de-algo-muy-grande Thu, 19 Feb 2009 21:19:49 +0000 seleccionado por 4249 Cadillac

‘Cadillac Records’ cuenta la historia de Muddy Waters (Jeffrey Wrigth) y del fundador de la discográfica que le dio a conocer: Leonard Chess (Adrien Brody). Se apodaba a esta compañía ‘Cadillac Records’ porque el dueño les compraba este lujoso coche a todos sus representados cuando las ventas iban bien. En los mismos estudios también grabaron Little Walter, Howlin’ Wolf y Etta James, aunque la figura más importante que salió de la firma fue Chuck Berry. Willie Dixon colaboró con ellos como autor de algunos de los temas más influyentes que surgieron de Chess Records.

Darnell Martin, una realizadora con una carrera principalmente televisiva, escribe y dirige un film nostálgico narrado a base de flashbacks, que comienzan en 1941. Anastas Michos consigue una exquisita fotografía y la cuidada ambientación de época aporta elementos de gran belleza, donde lo que más destaca son los vehículos y más en concreto los Cadillacs que dan título al film.

La película sirve de reivindicación de una herencia musical. Quiere dar a conocer, a quienes no lo supieran, dónde están las raíces de grupos como Led Zeppelin o The Doors. Así que de alguna forma se podría ver como un film didáctico –o hasta publicitario, si tenemos en cuenta que produce Sony—. Pero no descubre nada que no pudiese saber ya cualquier persona con un mínimo interés en el tema. Por ese motivo, me parecería más interesante haber escrito la película desde el punto de partida de que eso ya se conoce, para aportar el lado humano de esa historia. Este aire reivindicativo, que se hace más patente que nunca en el cierre de la cinta, suena a lloriqueo, en lugar de a posicionamiento orgulloso. Así y todo, de esa idea parte una escena que tiene una gran intensidad dramática. SPOILER. Little Walter ha muerto y, mientras Muddy Waters coloca el traje con el que lo van a enterrar, en un televior, Elvis canta la canción que lanzó a Walter a las listas de éxitos. FIN DEL SPOILER.

La otra proclama de ‘Cadillac Records’ es la racial. Y es ésta la que me parece más interesante de la película. La época no es tan remota, pero las cosas son completamente distintas a como se presentan hoy en día. El segregacionismo llega a extremos que no podríamos ni creer: desde una falta de respeto absoluta a prohibiciones de todo tipo. Los negros todavía en los años cuarenta sufrían un trato de apestados y los blancos tenían casi libertad para agredirlos. Es muy significativo que el protagonista del film, Muddy Waters, fuese recolector de los campos de algodón antes de conseguir fama como guitarrista y cantante. Cuando los personajes principales de raza negra tienen que enfrentarse a cualquier aspecto de esa tremenda discriminación, la película consigue transmitir indignación. Por otro lado, el tema está directamente relacionado con la historia que se narra ya que, según la fama de estos músicos va aumentando y las décadas van pasando, la situación se modifica vertiginosamente. Por ello, se podría decir, rimbombantemente, que la historia del blues y el rock es una historia de América.

La estructura de ‘Cadillac Records’ es la de un biopic, género que, personalmente, a mí no me suele decir mucho, salvo excepciones. De esta manera, más que una trama que se extienda a lo largo de toda la película, tenemos momentos y anécdotas que se van sucediendo. Inevitablemente, algunos de estos lapsos son más llamativos que otros, por lo que se podría tener la impresión de que el film es irregular. El interés que despiertan unos personajes y otros tampoco es equivalente.

Por carecer de esa trama principal, ‘Cadillac Records’ tiene que centrar su atención en las personas. Por mucho que se base en seres reales, cuando se escribe el guión, éstas se convierten en personajes y, como tal hay que retratarlos. Me parece que el de Leonard Chess está bien diseñado y tiene sus cuitas que provocan que nos interesen las cosas que le ocurren. Adrien Brody resulta muy adecuado para encarnar a este hombre que, siempre con intenciones positivas, es un rebelde. Sin embargo, Muddy Waters, que es tan protagonista o más, es un personaje mucho más plano, que despierta menos simpatía y que, al igual que la película en sí, da más la sensación de estar quejándose que de hacer algo por las cosas. Un irreconocible Jeffrey Wright interpreta al mítico guitarrista sin aportarle demasiado carisma o gancho.

El más interesante de los secundarios es Little Walter, interpretado por Columbus Short. Su personaje tiene gran fuerza en el inicio, pero en seguida se pierde entre tópicos de famoso borracho. Quizá los momentos más bajos de la cinta se corresponden a la aparición de Etta James, a quien da vida Beyoncé Knowles. No es que ella haga una mala interpretación, pero el personaje entra pasada la mitad del metraje y toma una posición demasiado central, por lo que la narración se desequilibra. Como ella está en la producción, ha sobredimensionado un personaje que resulta cansino y ha forzado –imagino— a que las únicas actuaciones que se contemplen completas sean las suyas.

Encuentro cuestionable que, probablemente con la intención de buscar antagonistas donde no los había, se haya demonizado de alguna manera a un par de personas que no provocaron las situaciones negativas. Uno de ellos es Howlin’ Wolf, a quien se presenta como personaje nocivo únicamente por su forma de ser. Está interpretado por Eamonn Walker y, en el poco tiempo que se le concede, casi resulta más atractivo como personaje que el propio Waters. Pero el otro es mucho más importante: Chuck Berry, a quien da vida Mos Def. Sorprende que aparezca en escena de forma tan tardía, ya que su propia historia podría haber sido perfectamente la columna vertebral del film. Y luego asombra que se le muestre como un enemigo de Muddy Waters, por mucho que las ventas de éste hubiesen bajado cuando se descubre el rock’n‘roll.

Quizá la prueba para saber si un biopic es o no atractivo es plantearse si las historias relatadas podrían atrapar, cual trama de ficción, a cualquier persona, independientemente de si ésta está interesada o no en la figura real representada o en el legado artístico que dejó. En algunas ocasiones, las vidas de los famosos fueron tan apasionantes que podría ocurrir así. Pero creo que no es el caso. Eso no significa que ‘Cadillac Records’ no tenga interés, ya que me parece que puede hacer las delicias de los amantes del blues y del rock primigenio, así como de las películas que recrean épocas pasadas. Y a todos ellos se la recomiendo.

Más información en Blogdecine sobre ‘Cadillac Records’, que se estrena mañana, 20 de febrero.

Mi puntuación:

3

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<![CDATA['Como en casa en ningún sitio', humor en la pesadilla]]> http://www.blogdecine.com/criticas/como-en-casa-en-ningun-sitio-humor-en-la-pesadilla http://www.blogdecine.com/criticas/como-en-casa-en-ningun-sitio-humor-en-la-pesadilla Thu, 18 Dec 2008 12:27:14 +0000 seleccionado por 4249 4 Xmas

Seth Gordon dirige a Reese Witherspoon, Vince Vaughn , Robert Duvall, Sissy Spacek, Jon Voight, Jon Favreau y Kristin Chenoweth (‘Criando malvas’) en ‘Como en casa en ningún sitio’ (‘Four Christmases’), una película que cuenta la historia de cómo una pareja que quiere pasar las Navidades en una paradisíaca isla tiene que acabar repartiendo las horas de un día entre sus cuatro familias para sufrir en cada una de las casas más que en la anterior.

No se puede negar a ‘Como en casa en ningún sitio’ que tiene humor. Algunos de los golpes que se consiguen son verdaderamente graciosos. Por lo tanto, a quien busque únicamente pasar un rato divertido sin plantearse nada más, el film le puede resultar válido.

Para llegar a esos instantes de carcajadas, existen muchas situaciones y tipos humanos muy exagerados, por ejemplo, los hermanos de Brad y sus peleas, y, de entre todos estos intentos de hacer reír con este tratamiento grotesco, sólo en ocasiones se alcanza la hilaridad. En muchos otros momentos, la única sensación que puede tener el espectador es la de sufrir tanto como lo hacen los protagonistas y anticipar demasiado vívidamente lo que nos va a tocar pasar dentro de menos de una semana. También el humor de patochada (aquel que nos recuerda, por ejemplo, a Steve Urkel) está utilizado. Es decir, el tipo de humor fácil al que se recurre cuando no se saben hacer otras cosas.

Además de las opciones de pasar un buen rato, lo que puede atraer de este film son los actores. Dentro de la falta de realidad a la que se llega por ese pintoresquismo excesivo, los protagonistas hacen bien sus papeles y aportan algo de carisma y humor. Quizá lo único poco creíble son ellos dos como pareja, pues, debido a sus diferencias de tamaño, parece que perteneciesen a especies distintas. Cuando Vaughn se ríe de que ella hubiese sido gordita de pequeña sus frases te hacen pensar que el guión estuviese escrito para otro actor o para un Vince Vaughn de hace varios años, pues en su jersey cabrían tres Witherspoon gorditas.

‘Como en casa en ningún sitio’ es una película en la que los secundarios son muy importantes, ya que ellos son los que crean la posible pesadilla. Es fácil detectar en el retrato de padres, suegros y amantes de éstos un intento de acercamiento a los personajes de ‘Los padres de él’ y ‘Los padres de ella’. No es la primera vez que se ha tratado de imitar a estos films. Incluso sin que se pueda decir que las comedias de Jay Roach fuesen perfectas, ‘Four Christmases’ no consigue acercarse a ellas ni por asomo, se queda a varias millas de carreteras interestatales nevadas.

No quiere decir que no haya nivel en los actores que interpretan a las familias políticas, es muy probable que el hecho de no estar a la altura sea más bien un problema de guión. Sissy Spacek, como madre de Brad, provoca indirectamente los momentos más divertidos de toda la película y tiene el personaje que probablemente está más logrado. Kristin Chenoweth, como hermana de Kate, también es graciosa. Jon Voight y Jon Favreau forman parte de la familia que más incomodidad me produce y, sin que tengan los intérpretes la culpa, son los que quedan menos convincentes debido a sus personajes.

El estilo de gran parte del humor de ‘Como en casa en ningún sitio’ es muy gamberro y, sin embargo, el final tiene un mensaje moralista y una intención aleccionadora . Al igual que le ocurre a algunos capítulos de ‘Cómo conocí a vuestra madre’, para hacer reír, recurren a determinados comportamientos y, de repente, le dan la vuelta a la trama y el final se convierte en lo opuesto de lo que se estaba diciendolo y de lo que pensaban todos los personajes. Que una pareja que estaba tan convencida de no querer hijos como Kate y Brad decida tener descendencia precisamente viendo el infierno en el que viven sus parientes con niños es algo totalmente forzado. En lugar de una evolución del personaje lo que encontramos es un cambio que no se justifica. Ya que menciono series, la que de verdad sí consigue dar la imagen opuesta es la que comienza con unos personajes que han decidido casarse: ‘Worst Week’, eso sí que es humor destructivo sobre las familias.

Aparte de que la leccioncita molesta, es muy previsible: desde uno de los primeros minutos es facilísimo adivinar en qué va a acabar el film y qué tipo de aprendizaje va a significar para los posibles espectadores de edades similares a las de los protagonistas. En una de las primeras escenas, Brad y Kate acuden a unas clases de baile. Allí, sus compañeros, les preguntan cuál es la fecha de su boda y ellos sorprenden a los demás al declarar que no se van a casar y que acuden a clases de baile sólo porque les apetece. Esas declaraciones tan inteligentes y maravillosas dichas al inicio de un film sabes ya de antemano que están ahí para que se les dé la vuelta y al final se “aprenda” que casarse es lo que hay que hacer. Lo mismo ocurre cuando, en una escena de poco después, confiesan cómo mienten a sus familias para no acudir a ninguna celebración y, en su lugar, pasar unos días en la playa.

Entre las cosas exageradas de la película encontramos ese retrato que se ha hecho ya mucho en películas y en series por el que las personas que no tienen ni quieren tener hijos no distinguen cuál es la cabeza y cuál es el trasero de un bebé y que, por supuesto, no se quieren acercar ni a dos metros de ellos. Ver esto tantas veces resulta muy agotador y, por lo tanto, no hace gracia.

Por lo tanto, ‘Como en casa en ningún sitio’ es un film que tiene algunos puntos graciosos y que se deja ver. No es especialmente buena, pero fílmicamente no tiene tampoco tantos defectos como los tiene en su contenido. Esas ganas de servir de aprendizaje para la maduración proliferan tanto en tantas películas y series que ya cansan.

Mi puntuación:

1

En Blogdecine: Tráiler y póster

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<![CDATA['Quantum of Solace', el último hombre valiente]]> http://www.blogdecine.com/criticas/quantum-of-solace-el-ultimo-hombre-valiente http://www.blogdecine.com/criticas/quantum-of-solace-el-ultimo-hombre-valiente Fri, 09 Jan 2009 07:46:39 +0000 seleccionado por 4249 mv5bntezodgwotg3nv5bml5banbnxkftztcwmjqznjewmg.jpg

Era de esperar: el nuevo Bond, estrenado algunas semanas antes de las navidades, “debía” recibir un duro repaso por parte de la crítica, que se ha despachado a gusto, en casi todo el mundo, despedazándola sin compasión (tampoco en este blog mis compañeros han tenido contemplaciones con ella). También el público, que en un principio ha respondido masivamente a su estreno, originando un río de dinero que se ha agotado un poco pronto, parece estar poco satisfecho con la nueva entrega bondiana. Tras el magnífico ‘Casino Royale’ era mucho pedir que la siguiente la superase.

Pero así es, realmente. ‘Quantum of Solace’ es más que la digna compañera, como algunos pocos han sabido ver, de la sorpresa refrescante y deslumbrante que tuvimos con ‘Casino Royale’. Realmente aquella parece hermana pequeña de la última y sorprendente película del agente secreto más amoral, cínico, brutal y contradictorio de la historia del cine. Sí, realmente era de esperar una reacción tan negativa, porque nos encontramos ante un mazazo sin contemplaciones, una sorpresa mayúscula que ahonda despiadada en alguno de los terrores de nuestro tiempo. No todos estamos preparados para asumir que Bond se ha hecho adulto y que ya no tiene nada que demostrar.

Lo que es la vida. Estando las cosas en el nivel en el que están dentro del cine de entretenimiento (ese que, de cuando en cuando, también nos cuela cargas de profundidad en el mismo momento en que nos relajamos con sus pirotecnias, algo que el mal llamado cine clásico norteamericano hizo estupendamente durante décadas), es decir, en una escala de ingenio y sorpresa bastante bajas, por no decir nulas, pues llega un icono del cine de aventuras (en realidad, una puesta al día de los folletines seriados que fueron macerando durante siglos, con el bello, la bella y el villano de turno) y tiene las agallas de ignorar al fan de bond más superficial, y de adentrarse sin medias tintas en un territorio nuevo.

Cuando dicen que la Sci-Fi (porque eso ha sido siempre Bond, mezclado con thriller, noir, neo-noir, melodrama…y un largo etc) ha perdido su capacidad visionaria, profetizadora, de lo que puede depararnos la estupidez, la codicia y la ambición humanas, parece que no están en lo cierto, pues no es que los temas se hayan acabado, sino que todo lo que nos advierte este ilustre y dificilísimo género se hace realidad a una velocidad abrumadora. La Sci-Fi cinematográfica que nos llega desde mediados de los años 90 (con motivo del apocalíptico fin de milenio) puede ser en ocasiones brillante, y más desoladora que antes: sabemos que no son fantasías, sino realidades de ahora mismo. Cuando el mundo (que el desgraciado ha topado con nuestra terrible raza) se va al garete sin remisión, la ficción científica lo certifica. Y nos pone la carne de gallina.

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Cuando uno asiste a la desertificación masiva y controlada de regiones enteras en las que los parias, es decir, los hombres sin poder ni importancia estratégica alguna (más allá de su necesidad de beber…) se quedan apenas sin el mínimo necesario para subsistir, sabe que no le están contando una de indios. Esto está pasando en el mundo. Lleva pasando en el mundo varias décadas, junto a cosas peores, y seguirá pasando. Es la herencia del mapa sociopolítico heredado después de la segunda guerra mundial. Y precisamente para cosas como esta, creo yo, existen personajes y mitos como el de James Bond. Para contarlo en clave de cine de acción, por supuesto. Pero para contarlo y hacerlo visible. El cine popular es algo más, en realidad mucho más, que mera evasión.

Un magnífico, como acostumbra, Mathieu Amalric compone el villano más escalofriante de las 22 películas de 007. Reservado, reptilesco, de inteligencia sobrenatural, de explosiva ira incontenible, de labia irresistible. Esto es el perfil clavado de los hombres de negocios despiadados, de fachada bondadosa y políticamente correcta, que todos sabemos van a dirigir el mundo según sus intereses, sin importarles cuántos mueran en el camino. Y Bond tendrá que enfrentarse a él y aprender que en el juego del reparto de las migajas de este miserable planeta juega también su propio país, y que no tendrá la ayuda del gobierno para el que trabaja. Pero Bond es el último hombre valiente, el último guerrero. Todos queremos un Bond que con su fortaleza, su habilidad, se deje de zarandajas y en lugar de llevar a estos desalmados ante la justicia, se líe a puñetazos, patadas, navajazos y tiros con ellos. Qué subidón de adrenalina verle convertido en defensor mártir de los que no pueden valerse por sí mismos.

Cuando estamos hundidos en la butaca (al menos, los que sabemos la mierda de mundo en que vivimos y que no hay manera de cambiarlo), Marc Foster (al que algunos creíamos muerto y enterrado después de la extraordinaria, a falta de otras palabras que ahora mismo me asaltan a la mente, como descarnada, definitiva ‘Monster’s Ball’, a la que siguieron algunos errores de concepto en su carrera) nos regala la que probablemente es la secuencia mejor rodada y más impresionante de todas las persecuciones aéreas de la saga. Es tan impecable técnicamente, que no podemos creernos que pueda ofrecer, sin ningún error de continuidad o tono, un momento tan gélido y desolador como el que tiene lugar en la grieta en la que Bond y Camille (una bellísima Olga Kurylenko, mucho más que una simple chica Bond de usar y tirar, con una personalidad descreída y sacrificada que la empareja maravillosamente con el personaje que Daniel Craig elabora sin aparente esfuerzo y que es un ejemplo de contención y matices) descubren parcialmente el plan perfecto que deben desbaratar.

Pero ‘Quantum of Solace’ se aleja premeditadamente de las fórmulas agradecidas y acomodaticias que han echo a los dueños de la franquicia multimillonarios. No encontrará el enconado fan del asesino más perfecto de su majestad lugares comunes o espectacularidad desequilibrante del tema a tratar. La contención, la oscuridad del relato, son casi absolutas, tan sólo traicionadas por alguna que otra inevitable concesión a la galería, y lógica también. Por eso esta gran película es muy superior a toda esa parafernalia desplegada en la trilogía de Bourne, ese tipo indestructible y hecho de cera. Muchos establecen comparaciones entre sus modos de estructurar y montar la acción. Puede que sea cierto. Pero en esta, al contrario que en aquellas, late una desesperación plausible y lograda, algo que no se encuentra ni por asomo en la superficialidad irritante y adormecedora (por mucho que la maquillen de artefacto insuperable) de las películas protagonizadas por el amnésico asesino.

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En parte resulta tranquilizadora y reconfortante la incomprensión generalizada ante esta película. En un mercado dominado por el cine de acción cuyo único objetivo es adormecer los sentidos y vender evasión a cualquier precio, ‘Quamtum of Solace’ estaba condenada al escarnio, al desprestigio, a la condena del “consumidor medio”. El que suscribe no tiene nada en contra. Cada cual es muy libre. Casi mejor. En el cine en el que pocas personas veíamos esta película, muy pocos o ninguno, a parte del autor de estas líneas, parecía satisfecho con las imágenes por las que había pagado. Aún así estas se sostenían. Como decía Gene Wilder: “coge un relato y dale hostias sin compasión…si se sostiene, es que es una buena historia”.

En Blogdecine:

‘007: Quantum of Solace’, el terminator británico

‘Quantum of Solace’, el ultimátum de Bond

‘Quantum of Solace’, el peso de Jason Bourne

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<![CDATA['Tierra', el planeta desafortunado]]> http://www.blogdecine.com/criticas/tierra-el-planeta-desafortunado http://www.blogdecine.com/criticas/tierra-el-planeta-desafortunado Mon, 26 Jan 2009 07:09:18 +0000 seleccionado por 4249 20071107-documental-tierra-g.JPG

Hace cinco mil millones de años, aproximadamente, un meteorito colisionó contra la Tierra, provocando una inclinación en su eje que originó los climas. Por eso a este planeta se le llama el planeta afortunado

Con estas palabras comienza el grandioso documental del que vamos a hablar, que abarca, en la medida de las posibilidades de un documental de largometraje, a todo el planeta Tierra, y que nos sumerge en la historia de tres madres (una osa polar, una ballena jorobada, una elefanta) que intentan sacar adelante a sus proles, desde enero a diciembre de un año natural, pormenorizando sus grandes dificultades para sobrevivir, mostrando sus esfuerzos y su desesperación, otorgando a estas tres diferentes criaturas el protagonismo absoluto, sin pasar por alto a otras muchas razas que también obtienen sus minutos.

Con un gran esfuerzo de producción, ‘Tierra’ tiene como objetivo enamorarnos con las imágenes y los sonidos sagrados de un planeta moribundo, al que no comprendemos del todo, al que amenazamos con nuestra presencia contaminadora (en todos los sentidos de la palabra), y al que más nos vale respetar un poco más. Y vaya si lo consigue. Nadie puede ver este documental y quedarse como si nada. Nadie con sangre en las venas, claro.

Durante varios años, la cadena BBC produjo una de las series documentales más aclamadas de todos los tiempos, por su complejidad técnica, por su belleza de representación, por la variedad de registros documentales que dominaba con total maestría. Convencidos, los productores, de que merecía la pena regresar con mucho de ese material ya mostrado en las televisiones del mundo, lo refundieron con un material nuevo, y le dieron una estructura cerrada con la que armar un largometraje que hace dos años comenzó su andadura por el mundo.

Nació así un documental que es ya, por merecimientos propios, toda una leyenda. En él se cristalizan todos los avances que este noble género cinematográfico (en el que, por su propia naturaleza, se invierte mucho más en tecnología audiovisual, y en riesgo formal que en cualquier otro), y se dan la mano las más evolucionadas puestas en escena de la ya estudiadísima representación de la naturaleza en estado salvaje. Alcanza ‘Tierra’ la alquimia en su seguimiento de las vidas de estas criaturas-personajes, pero no sólo en eso. En la construcción poética del paso del tiempo, en los inmensos saltos geográficos de su historia, en la indagación del misterio de la vida misma.

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Porque lo que este extraordinario documental logra con una intensidad indescriptible, es la captura de lo efímero de la vida. Un concepto que infravaloramos, por habernos aislado en este mundo cómodo y artificial que hemos creado. Así, nos han cortado de raíz todo contacto con lo que hay de inmortal y eterno en todos nosotros. Maravillosos documentales como este se encargan, al menos, de describir de dónde venimos, de recordarnos el tan proverbial como ajeno a nuestra rutina “círculo de la vida”, de dar cuenta, además, del terrible impacto que nuestra actividad y nuestras demandas causan en un sistema al mismo tiempo robusto y frágil.

La voz que narra, en su versión inglesa, es la del buen intérprete, y mejor narrador aún, Patrick Stewart. Y creo que su trabajo es muy superior a la del famoso (sobre todo por su voz) James Earl Jones (que ofrece su talento en la versión norteamericana), y a la del español, habitual doblador de Clint Easwood entre otros, Constantino Romero. Stewart, con su voz bellamente atenorada, con su tono cultivado, es un ejemplo de contención y elegancia, de herramienta imprescindible pero sutil a la hora de vertebrar las imágenes.

Con su ayuda, caracterizamos mucho mejor a la osa, a la ballena y a la elefanta. Se convierte en el portador de sus conciencias, especuladas por supuesto a partir de sus actitudes y sus características como raza, tomando el testigo de los mejores y más reputados narradores de documentales, erizándonos la piel con plausibles subidones de intensidad, y cautivándonos con pequeños e irrepetibles momentos de la vida de las docenas y docenas de animales y plantas cuyo destino se nos muestra. Y ahí radica uno de los grandes méritos de esta película: el desarrollar unos resortes de ficción sobre un material enteramente documental.

Para algunos, ahí reside también uno de los defectos de esta película, el intentar emocionar al espectador manipulándole con la forma de narrar respecto a lo narrado. Son momentos como aquellos en los cuales Stewart enfatiza inteligentemente la voz para dar más realce a una conclusión importante, a un dato espectacular, o a un hecho estremecedor. También aquellos cuya pertinencia desequilibra el conjunto, pero que nos meten literalmente en la piel de seres muy distintos a nosotros, con quienes sin embargo compartimos nuestra mortalidad.

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Hay momentos en que esta película atrapa lo inimaginable. Gracias a las cámaras de 70 mm en alta definición, somos testigos privilegiados de la escalofriante cacería del lobo blanco sobre el caribú, en una secuencia de persecución que por planificación y tensión rivaliza con grandes secuencias de acción del cine de aventuras, si bien aquí se nos entregan hechos reales cuya captura es una hazaña por parte del cámara. También, por supuesto, hay instantes de una belleza paroxística, pero integrados en una secuencia, en un todo dotado de un motivo, que impide que sean consideradas meras postales.

Así, obtenemos planos de una complejidad y fuerza sobrecogedoras, de entre los que destacan el de el gran tiburón blanco y el leopardo, ambos dando cuenta de una presa, empleando para ello su altamente desarrollado diseño de cazadores. La cámara hiper-lenta se encarga de representar cada segundo del acto natural de la muerte para sobrevivir. Y en ese momento, el espectador queda reducido a simple criatura del universo. Confrontados a una verdad tan antigua como el tiempo, no podemos sino empequeñecernos anímicamente en el sofá, acogernos con humildad a nuestra condición de simples humanos controlados, mal que nos pese, por las reglas de la naturaleza.

Y, sobre todo, señala con el dedo a nuestra raza por ser capaces de condicionar, por nuestra ignorancia, la actividad vital del planeta entero. Ya no hay coartadas para el calentamiento global. Pero su razón de ser no es amenazadora, ni profética, ni apocalíptica. Sino la del respeto, el amor y la esperanza.

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<![CDATA[Sobre los Oscars y los Goya 2009]]> http://www.blogdecine.com/default/sobre-los-oscars-y-los-goya-2009 http://www.blogdecine.com/default/sobre-los-oscars-y-los-goya-2009 Wed, 28 Jan 2009 07:33:30 +0000 seleccionado por 4249 wrestler-aronofsky-promo-01.jpg

Este domingo se entregan los premios de la academia española, comúnmente conocidos como Goyas (aunque ya no puede emplearse ese término de forma oficial…eso sí, no han cambiado el diseño de la estatuilla…misterios de la vida), de los que ya sabemos, hace ya bastantes semanas, los candidatos. No es ningún secreto, ni ninguna exageración, decir que no son más que una copia, como todos los premios autóctonos, de los Oscar, que se entregarán dentro de de poco más de tres semanas.

Muchas de las películas que están nominadas, tanto en los Oscar como en los Goya, confieso no las he visto. Algunas por pereza, otras por simple y puro desinterés, algunas de las norteamericanas empiezan a llegar ahora. Lo que sí he visto, un año más, son muchas películas que no están nominadas en ninguna de las dos listas de nominados. Pero no por ello podemos dejar de hablar de algunas de las barbaridades que vuelven a perpetrarse cuando una industria se premia a sí misma. Esto es, se autojustifica con la entrega de un galardón. Pasemos revista.

Son cuestiones que a cualquier cinéfilo avezado no pueden pasarle por alto. Por ejemplo: se ha decidido que Mickey Rourke gane el Oscar al mejor actor, esto es así. Es decir, la industria que durante dos décadas ha masacrado sin compasión (muchas veces él echaba un cable a ese respecto) a este buen actor, que le encumbró precipitadamente y luego se le echó al cuello, ahora está dispuesta a “perdonarle”. Él encantado, claro. Pero nadie tiene ninguna duda de que se va a llevar el premio. Estos casos de estrella caída-y-luego-resucitada son ideales para el tinglado de Hollywood. Y es un insulto, bajo mi punto de vista, para los demás actores que compiten. Pero es que además le quita emoción al premio

No sólo con él. Lo mismo sucede con Kate Winslet, quien se va a llevar el premio en un 99% de probabilidades. Podría haberlo ganado por ‘Eternal Sunshine of the Spotless Mind’ (me niego a emplear su estúpido título español), o por cualquiera de sus otras nominaciones. Pero ya sabemos que se ha decidido que este sea su año. ¿Emoción?...cero. Ninguna de sus contrincantes tiene la menor opción, y lo saben. ¿Para qué van? Para cumplir. ¿Quién sabe si otro año se decidirá que tiene que ser alguna de ellas?

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En los Goya la cosa es diferente. Pero las insensateces también están ahí: ¿por qué, por ejemplo, vuelven a estar más o menos los mismos de siempre nominados? Después de ganar el Goya a la mejor película por su extraordinario debut, Agustín Díaz Yanes vuelve a estar nominado. Y es que todas sus películas han sido finalistas a mejor película del año. Lo malo es que la unanimidad en torno a la mediocridad aplastante de ‘Sin noticias de Dios’ y ‘Alatriste’ es casi absoluta, y nadie se traga que no haya mejores candidatos. Este año vuelve a estar nominado por una película que si bien no ha sido tan cuestionada como las otras, tampoco ha despertado pasiones.

Pero también tenemos la enésima película sobre la guerra civil (o sus consecuencias), tenemos la nueva realización de Alex de la Iglesia, y tenemos la propuesta progre del año. No entro en sus calidades estéticas, sino en el mensaje que significa elegirlas como finalistas. Riesgo, ninguno. Después de premiar, sorprendentemente, el año pasado a ‘La Soledad’, no ha recaído ni una sola nominación a ‘Tiro en la cabeza’, también de Rosales. Pero es que quizá lo más arriesgado (al menos en cuanto a reputación para la academia…) es nominar ‘Sangre de Mayo’ a mejor dirección artística o mejor sonido.

Volviendo a los Oscar, tampoco el actor en papel de reparto es una incógnita, pues todos sabemos quién se lo va a llevar (aunque hay un par de contrincantes que también lo merecen). Algo de morbo hay en actriz de reparto, y no sólo por Penélope Cruz, también por Marisa Tomei o Amy Adams. Sin embargo es el caso de ‘La Clase’ el más sangrante. Porque a nadie se le escapa que el Oscar a mejor película extranjera no es más que un oscarcito, en el mejor de los casos. Cuando la verdad es que tanto esa impresionante película, junto con ‘4 meses, 3 semanas y 2 días’ son de lo mejor del año pasado estrenado en todo el mundo, y deberían estar presentes en nominaciones importantes, como ya lo estaron en 1996, por ejemplo, ‘Rompiendo las olas’ y ‘Secretos y mentiras’.

Y tampoco es que los Goya, en el apartado de película extranjera (que si ya es un chiste en los Oscars, aquí es un chiste de un chiste, o sea, una parodia de sí mismo) se hayan lucido este año, con la oportunista presencia de ‘El caballero oscuro’ como mejor película europea, lo que es un disparate para el que seguro que han buscado alguna coartada industrial. Pero no creo que esa película necesite ese premio, o ese reconocimiento, pues precisamente ese premio debería ir destinado a aupar el filme europeo más destacado, y todos sabemos lo que es un filme europeo. Este no lo es.

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Podemo seguir así, podemos seguir con la bochornosa idea de considerar como finalista el insostenible trabajo de Verónica Echegui en la infumable ‘El patio de mi cárcel’, con la tontería del premio a la mejor dirección de producción, con lo chocante del globo de oro a mejor actriz de reparto para Winslet por un papel que ahora le ha proporcionado la nominación (y el casi seguro Oscar) a mejor actriz principal. Todo esto nos da una idea del demencial negocio del cine, que como todos los años tiene que cumplir con su tinglado, y defender su lógica industrial.

Por esto, y por más cosas, los premios de los festivales tienen mucho más valor que los premios a lo mejor del año que entrega cada país (y todos ellos copiando a los norteamericanos, aunque generalmente en lo malo). De acuerdo, en los festivales también cometen errores y olvidos imperdonables, pero su valor como plataforma para nuevos cineastas, su condición de descubridoras de obras nuevas que no han sido presentadas en otros países, su labor aglutinadora de las vanguardias y las herencias más significativas. Nada de todo eso pueden premiar los Oscar o los Goya, que funcionan, casi siempre, ajenos al riesgo, el coraje y la transgresión del gran cine. Pero sobre todo lo primero: la emoción. A nadie le interesan los Goya, o a muy pocos. Pero no se comprende que se esfuercen, año tras año, en eliminar cualquier atisbo de tensión y emoción en esta clase de premios.

P.D.: Todos sabemos que ‘Slumdog Millionaire’ va a llevarse el Oscar, y que ‘The Curious Case of Benjamin Button’ se va a ir de vacío…pero algo me dice que igual en ese apartado, al menos, la sorpresa es posible. Algo me dice que ninguna de las dos se alzará con el gran premio…

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