Favoritos de agege en Blogdecine http://www.blogdecine.com/usuario/ seleccionado por agege http://www.blogdecine.com <![CDATA['Spanish Movie', primer tráiler]]> http://www.blogdecine.com/default/spanish-movie-primer-trailer http://www.blogdecine.com/default/spanish-movie-primer-trailer Tue, 30 Jun 2009 09:47:41 +0000 seleccionado por agege

Acabo de enterarme, gracias a uno de nuestros amables lectores, que ya ha salido el primer tráiler de ‘Spanish Movie’, la parodia del cine español que todos estábamos esperando con gran ilusión (ejem, ejem, vaya tos me ha dado de repente).

El tráiler es un teaser muy breve, de menos de un minuto, que se centra en recordarnos dos de los mayores éxitos del cine parido aquí. Y al final hay una sorpresa. Personalmente, creo que esto huele bastante mal, porque la idea da mucho juego, pero si al final todo va a ser como otra ‘Scary Movie’ más, con personajes dándose golpes con todo lo que haya a mano… pues vaya forma de tirar el dinero. O no. Igual es un exitazo de taquilla. ¿Puede ser?

‘Spanish Movie’ ha sido dirigida por el debutante Javier Ruiz Caldera y el guión es de Paco Cabezas. La película está protagonizada por Alexandra Jiménez, Carlos Areces, Silvia Abril y Joaquín Reyes, entre otros. Dicen que estará en los cines a finales de año.

PD: ¿Qué película española no puede quedarse sin su correspondiente parodia?

Vía | Telecinco | Gracias a agege por darnos el toque.

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<![CDATA['Once', breve encuentro musical]]> http://www.blogdecine.com/criticas/once-breve-encuentro-musical http://www.blogdecine.com/criticas/once-breve-encuentro-musical Tue, 27 Nov 2007 02:33:54 +0000 seleccionado por agege 19189.jpg

Mientras escribo estas líneas me empapo de la maravillosa banda sonora de ‘Once’, que ya me he apresurado a pedir a amazon.com, tanto el cd como el dvd de esta estupenda película, de la que hace poco nos habló mi compañero Juan Luis. Y es que ‘Once’ es más que una película, es toda una experiencia, única y gratificante desde cualquier punto de vista. Porque a veces ocurren cosas o personas que queremos retener en un momento eterno, sólo para nosotros, y ‘Once’ lo capta a la perfección. Porque todos nos hemos enamorado alguna vez, porque alguna vez nuestros ojos miraron a otros que junto con el silencio se entendieron, porque otra vez fue la música compuesta para alguien especial, o una canción, o un poema… o una película.

Quiero volver a perderme en esta sencilla historia de ese músico callejero, que un día conoce a una chica a la que le encantan sus canciones, y que toca el piano. Él no le tiene miedo a nada, ella no tiene dinero para un piano y toca en una tienda donde le dejan hacerlo. Él tiene el corazón roto por una mujer que un día simplemente se fue, ella no se lleva bien con su pareja. En este momento se tienen el uno al otro, y sus canciones, con las que se dicen más cosas que hablando entre ellos.

Tanto el director, John Carney, como el protagonista principal, Glen Hansard, fueron compañeros en el grupo musical The Frames. Existe una complicidad latente entre ellos dos en el film, ya que Hansard está en verdadero estado de gracia, enamorando literalmente a una cámara juguetona y cercana a nosotros, que demuestra una extraña habilidad por parte de Carney para filmar. Y digo extraña porque el realizador utiliza tanto el método de cámara en mano, casi en tono documental, como largos planos secuencia, como grandiosos travellings realizados con grúa, dependiendo de los distintos momentos emocionales del relato.

19182.jpg Un relato que a simple vista puede parecer que no cuenta nada, y tal vez sus líneas sean más bien pocas. Pero el gran acierto del film es haber transmitido un montón de cosas con un mínimo de elementos, de forma que cuando la película termina descubrimos con alegría, y terriblemente emocionados, que no necesitamos nada más. A ello por supuesto contribuye la más que perfecta combinación de unas canciones compuestas para la ocasión, con lo que se nos cuenta, unas canciones que no están puestas para adornar, sino brillantemente utilizadas como elementos narrativos y que hacen avanzar la historia. Desde ya merecen estar en los altares del musical (en el caso de que tuviéramos que etiquetar la película, y aún así estaríamos equivocados) temas tan increíbles como ‘Falling Slowly’, que sirve de primer contacto entre los dos personajes, o ‘If You Want Me’, que suena en una secuencia prodigiosa del personaje femenino escuchando la canción mientras camina por la calle en bata y zapatillas.

En el campo interpretativo, decir que los dos actores principales provienen del mundo musical y se nota sobremanera en el caso de Markéta Irglová, quien se le notan sus limitaciones como actriz, algo que no tenemos en cuenta cuando en un par de ocasiones se sienta al piano y es capaz de derrumbarnos emocionalmente. A su lado, en perfecta compenetración, un Glen Hansard estupendo que pareciera que lleva toda la vida en esto de la actuación, él solito aguanta con todo el peso de la función, no sólo por sus más que excelente momentos musicales, sino en aquellos otros en los que habla o simplemente no dice nada. Atención a como mira a su compañera de película cuando ésta está sentada en el piano, ¿cuántos actores de verdad son capaces de transmitir lo que él transmite en ese bellísimo momento?

Quizá la película es algo reiterativa, no lo niego, pero un servidor disfrutó de lo lindo. No sé, tal vez he pasado muchas horas en infinidad de jam sessions (como alguna que sale en el film) bebiendo y tocando sin parar hasta altas horas de la madrugada, con gente con la que sólo te comunicas con música, sea cual sea el tema de conversación. De eso habla la película, y creo que lo hace entendible para todo el mundo, y además lo hace cinematográficamente, yo no le puedo pedir más. Espero volver a perderme en esta preciosidad, con su historia, sus personajes, sus canciones, por lo menos más de una vez.

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<![CDATA['Once', canciones de amor y desamor]]> http://www.blogdecine.com/criticas/once-canciones-de-amor-y-desamor http://www.blogdecine.com/criticas/once-canciones-de-amor-y-desamor Wed, 21 Nov 2007 14:44:19 +0000 seleccionado por agege Los protagonistas de Once

El pasado 31 de octubre nos decía, con resignación, mi compañera Teresa que ‘Once’, estrenada ese día, podía ser una de las sorpresas de la temporada, pero que no iba a poder comprobarlo por la limitada distribución del film. Aquí en Granada tenemos suerte en ese sentido, aunque seamos pocos los que lo aprovechemos, y es muy raro que algún estreno no se proyecte en alguno de los cuatro cines (hace nada eran seis) de la ciudad. Incluso el reestreno de la mítica ‘Blade Runner’ ha caído.

En respuesta a su pensamiento, no creo que ‘Once’ vaya a sorprender a nadie. Es muy poca cosa, es casi un videoclip barato y extendido con el propósito de que escuchemos canciones sobre el amor y el desamor. Si sabes que vas a esto, y te atrapan las canciones, disfrutarás de la sesión; si esperas un musical o que te cuenten una historia compleja o no te convencen las canciones, pasarás un rato muy aburrido en el cine. Si te pasa esto, más te vale que seas de los que abandonan la sala para, una vez gastado el dinero, no perder más el tiempo. ¿Mi caso? El primero.

La sinopsis de ‘Once’ (2006) es la siguiente: un anónimo cantante y compositor interpreta sus canciones por las calles de Dublín, cuando no está trabajando en la tienda de su padre (repara aspiradoras). Durante el día, interpreta temas conocidos para los transeúntes, por la noche toca sus propios temas. Su talento no pasa desapercibido para una chica, inmigrante checa, que vende flores en la plaza para sacar adelante a su hija y a su madre. Ella también compone canciones y toca el piano, pero nunca se ha atrevido a cantar en público.

La película está escrita y dirigida por John Carney, que se toma la tarea como si de un falso documental se tratase. Así, tenemos situaciones que parecen reales, ya sean en una habitación o en plena calle, donde hay que destacar un plano secuencia magnífico. Sin embargo, también nos encontramos con planos que se tambalean cuando no deberían. Por ejemplo, resulta lamentable cuando vemos a los dos personajes principales, en su primera charla con algo de intimidad, desde fuera de la cafetería, alejándonos de la situación, y además que se note tanto el pulso del cámara. Todo esto tiene sentido cuando pensamos en la falta de medios y en la de pretensiones, cosas que, por cierto, no tienen que ir ligadas de forma obligatoria.

Carney, por otra parte, no filma un musical tradicional y no usa las canciones para avanzar la trama. Éstas las reserva para que conozcamos mejor a los dos protagonistas, sus sentimientos, su pasado y su situación actual. Cuando esto ya lo consigue con un tema o dos, el resto pueden llegar a sobrar, porque no aportan casi nada. Salvo que, como a mí, simplemente, te guste pasar el rato escuchándolas. Ah, y no, no han tenido la mala idea de doblar las canciones. A Kubrick gracias.

El reparto de ‘Once’ es tan limitado como sus pretensiones. De hecho, los dos protagonistas son músicos, no actores. La buena noticia es que esto no se nota para nada (me refiero a la parte no musical, claro). Así, básicamente, “nuestra” mirada se va a posar casi todo el tiempo, primero, en Glen Hansard y, en menor medida, en Markéta Irglová. Hansard es sencillamente el rey de la función, aunque Irglová tiene momentos muy inspirados, como la primera vez que se sienta al piano y ya mucho más adelante, en el estudio, durante el descanso, cuando vuelve a posar sus manos sobre las teclas.

Pero, repito, Hansard es quien sostiene la débil película. Tiene un rostro que hace que te caiga simpático desde el principio, y cuando se pone a cantar y tocar la guitarra está fantástico. También encarna a un personaje que, dicho simplonamente, es un pedazo de pan, es fácil identificarse con él. Su amistad con Irglová está bien llevada y se compenetran estupendamente. De nuevo nos encontramos con la típica historia de amor que no llega a ninguna parte, centrándose únicamente en la contemplación de momentos concretos de la misma; esto queda claro desde casi el principio y es un error, porque permite al espectador dar por hecho el desenlace y relajarse aún más (o mirar más veces el reloj).

En resumidas cuentas, ‘Once’ podía haberse quedado en un disco, pero qué mejor que acompañar las canciones con imágenes para tener una experiencia más completa. Desgraciadamente, es un film de bajo vuelo, que no pretende hacer ruido (ya, ya) y que puede sacar de quicio al espectador impaciente o que se encuentre algo cansado. La mejor opción, opino, es centrarse en las canciones y pasar un poco del resto, no hay para rascar ni tampoco se pretende.

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<![CDATA[Taquilla española | Qué le pasa al público]]> http://www.blogdecine.com/default/taquilla-espanola-que-le-pasa-al-publico http://www.blogdecine.com/default/taquilla-espanola-que-le-pasa-al-publico Wed, 09 Sep 2009 14:33:12 +0000 seleccionado por agege quelespasa

taquilla

Tenemos nuevo número uno en la taquilla española. ‘Up’ ha vuelto a caer al dos (ya lo estuvo cuando se estrenó ‘Enemigos públicos’, aunque a la semana siguiente volvió a lo más alto) y deja la cima para ‘Qué les pasa a los hombres’, que se estrenó el pasado viernes con, por lo visto, un considerable éxito de público. Parece claro que los espectadores se dejaron seducir por el espectacular reparto protagonista (Scarlett Johansson, Jennifer Aniston, Ben Affleck, etc.) de esta insípida comedia sobre los líos entre hombres y mujeres (aunque en el título sólo se haga referencia a los primeros). Durará poco en el primer puesto.

‘Año uno’, con Jack Black, cae del segundo al cuarto puesto, confirmando que esta comedia no ha interesado demasiado al público español, que sin embargo se ha visto atraído por otra de las nuevas entradas de la cartelera, ‘Gamer’, con Gerard Butler. Los otros dos estrenos que han conseguido entrar entre las diez más vistas son ‘Agallas’, en un decepcionante noveno puesto (¿no se esperaba algo más para este thriller?), y ‘Hazme reír’, en el último puesto, a pesar de contar con un reparto con gancho (Adam Sandler y Seth Rogen, entre otros). Cabe destacar, por último, la bajísima recaudación de otra película española, ‘Mapa de los sonidos de Tokio’, la infumable nueva propuesta de Isabel Coixet; imposible que llegue a recuperar lo que ha costado, casi 6 millones de euros.

La semana que viene llegan tres títulos que pueden hacer buena taquilla: ‘District 9’, ‘Gordos’ y ‘San Valentín sangriento 3D’. ¿Conseguirá alguno el primer puesto?

PD: Ayer me di cuenta que Bradley Cooper está presente en hasta tres estrenos, actualmente en España (‘Qué les pasa a los hombres’, ‘Expediente 39’ y ‘Resacón en Las Vegas’). Les da por un actor y nos lo meten hasta en la sopa…

Vía | BoxOffice.es

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<![CDATA[Películas ridículas: 'Gamer']]> http://www.blogdecine.com/default/peliculas-ridiculas-gamer http://www.blogdecine.com/default/peliculas-ridiculas-gamer Wed, 09 Sep 2009 17:04:06 +0000 seleccionado por agege gamerf1.jpg

En un principio no tenía pensado incluir ‘Gamer’ (Mark Neveldine, Brian Taylor, 2009) en esta sección de películas ridículas. El film es un bodrio de proporciones cósmicas, sin ningún tipo de interés artístico, sociológico o de cualquier otra índole; no hay en ella un sólo elemento salvable, es un sufrimiento de menos de hora y media que hace creer que la muerte del cine está cerca. Pero pensando un poco en ella después de su tortuoso visionado, se encuentran instantes delirantes en su loco argumento, tratado de igual forma por sus dos máximos responsables: Mark Neveldine y Brian Taylor, los mismos tipos que hinchan el pecho por haber dirigido las dos películas de la saga ‘Crank’.

Curiosamente ‘Gamer’, siendo posterior a ‘Crank: alto voltaje’, se ha estrenado antes en nuestras salas, mientras que el film protagonizado por Jason Statham aún duerme el sueño de los justos, esperando una nueva fecha de estreno, que a este paso no se producirá. Mientras rezamos por ello, nos ha tocado disfrutar de la tercera película como directores, de dos sujetos que van camino de convertirse en auténticos terroristas del séptimo arte.

El argumento de ‘Gamer’ —toma nota de originalidad, la película va sobre un videojuego, y la titulan ‘Gamer’, comiéndose el coco, sí señor— recuerda sobremanera, primero a un film reciente: ‘Death Race’, que comparte con el mismo la condición de bodrio soberano, pero sobre todo a un film de los 80 protagonizado por Arnold Schwarzenegger: ‘Perseguido’ (‘The Running Man’, Paul Michael Glasser, 1987), de la que prácticamente se puede considerar un plagio. Un condenado a muerte es usado como conejillo de indias en un videojuego de clamorosa respuesta popular. Por supuesto es inocente del delito que se le acusa, y cómo no, se convierte en la máxima estrella del juego, el cual consiste en un grupo de soldados disparando a diestro y siniestro en un campo de batalla, dichos soldados están dirigidos realmente por un jugador que los hace caminar, disparar y pelear desde el mundo exterior. Si un soldado llega a 30 batallas superadas, conseguirá el indulto.

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Por supuesto, y a pesar de que la premisa recuerda sobremanera a los films mencionados, sus responsables intentan encuadrarlo todo dentro del universo de los videojuegos, ese mundo multipoblado que crece y crece, y que por momentos vive emparejado al cine, el cual se ha dejado influenciar, sobre todo estéticamente, y viceversa. Da la impresión de que en ‘Gamer’ han querido unir los dos mundos en un imposible mezcolanza, queriendo satisfacer a dos tipos de público muy distintos. Por un lado, los amantes de loas buenos videojuegos, y por el otro, los amantes del cine de acción. Muchas veces ambos coinciden, pero me temo que en este caso no ha sido así. Desconozco por completo qué habrá sentido un aficionado a los videojuegos a la hora de ver ‘Gamer’, pero desde luego los que amamos el buen cine de acción —ése que nos han servido directores como John McTiernan, James Cameron, Richard Donner o Kathryn Bigelow—, nos hemos quedado con cara de idiota, sufriendo más que el pobre protagonista del film.

Y es que el injustamente infravalorado subgénero de acción está menospreciado incluso por parte de sus propios defensores. No llega, muy señores míos, el filmar una película que nos ofrezca una ensalada mal mezclada, de hostias, persecuciones, explosiones, y efectos visuales sin parangón, no. El cine de acción necesita lo mismo que cualquier otro género, un guión mínimamente decente, y un realizador que sepa mantener el tono y enfoque de la historia, y a ser posible que ponga algo de pasión en el asunto. Porque si de algo peca ostentosamente ‘Gamer’ es de una total y absoluta falta de garra por parte de sus dos directores, que se creen que con dejar que la cámara sea manejada por un enfermo de parkinson, ya han conseguido ritmo. Por no hablar de la alarmante falta de coherencia en su historia.

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Una historia que podría haber escrito mi perro —que es mucho más inteligente que algunas personas que conozco, dicho sea de paso— en una noche de descomposición. Claman al cielo los despistes del villano de la función, que tiene todo un entramado plan para hacerse con el mundo, y se olvida por completo del chaval que maneja desde su casa a Kable, el protagonista del juego. Ése quizá sea el más llamativo, aunque le sigue de cerca el hecho de que del juego se puede salir con una facilidad pasmosa —el detalle del combustible para una furgoneta es lo más forzado que se ha visto en años en este tipo de cine—, o la facilidad con la que desenmascaran al villano, cosa que podrían haber hecho mucho antes. Detalles que le restan credibilidad a lo narrado, y donde las ínfulas de denuncia hacia la sociedad, que hay en el inicio, se van desinflando de sopetón, para caer en una burda apología del ojo por ojo y diente por diente.

De lo que indudablemente puede presumir ‘Gamer’ es de contener un reparto más que decente, y desaprovechado al 100%. Gerard Butler es un actor que necesita de personajes mejor dibujados, y también cambiar de agente. Kyra Sedgwick descansa de la premiada ‘The Closer’ para hacerse cargo de un personaje más vacío que las propia película. Alison Lohman quedó medio tocada de su experiencia con Sam Raimi en ‘Arrástrame al infierno’ (‘Drag me to Hell’, 2009) y tiene cara de seguir viendo diablos por todas partes. Michael C. Hall —grandioso en ‘Six Feet Under’ y ‘Dexter‘— se esfuerza por resultar lo mejor de la película, pero su labor queda reducida a hacer literalmente el payaso, y si no, atención a cierto numerito musical en el que suena el glorioso I´ve Got You Under my Skin, interpretado por Sammy Davis Jr. De vergüenza ajena.

‘Gamer’ fracasa por completo en haber querido reunir dos mundos que, aunque beban el uno del otro, tienen sus propias reglas. Como película es un chiste, como videojuego es de los aburridos. Curiosamente no está basada en ninguno en concreto, aunque se pueden ver las referencias a muchísimos de ellos, así que esta vez no puedo decir aquello de que no hay una buena película salida de un videojuego, pero sí es evidente que los intentos de fusión entre ambos mundos no han funcionado, y tal vez deberían dejar de intentarlo. ‘Gamer’ no es cine, y tampoco lo otro.

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<![CDATA['District 9', el espectáculo más inteligente de los últimos años]]> http://www.blogdecine.com/default/district-9-el-espectaculo-mas-inteligente-de-los-ultimos-anos http://www.blogdecine.com/default/district-9-el-espectaculo-mas-inteligente-de-los-ultimos-anos Thu, 10 Sep 2009 07:01:26 +0000 seleccionado por agege aliens

Lo que son las cosas. Peter Jackson sorprendió a muchos fichando al prometedor, y casi desconocido, Neill Blomkamp para dirigir la arriesgada y esperada adaptación del famoso videojuego ‘Halo’ a la gran pantalla; sin embargo, el proyecto fue finalmente cancelado (Steven Spielberg lo ha vuelto a recuperar). Jackson quedó decepcionado pero quiso seguir siendo el que le diera a Blomkamp el impulso para dirigir su primera película, y le preguntó si tenía alguna idea. De ahí surgió ‘District 9’, que ha cosechado un merecidísimo, y nada sorprendente, éxito en Estados Unidos.

Por suerte, el público español no tendrá que esperar demasiado para verla, ‘District 9’ se estrena en España el próximo viernes, día 11 de septiembre, y ya os adelanto que es una de las películas más estimulantes, inteligentes, espectaculares y entretenidas que se han hecho en los últimos años. Parece increíble que sea obra de un debutante en el cine, aunque al mismo tiempo no deja de ser lógico, viendo la manera en la que narra la conflictiva llegada de una nave alienígena a nuestro planeta. Sin exagerar, Neill Blomkamp ha estado cerca de debutar con la mejor película de ciencia ficción desde ‘Blade Runner’.

La idea que Blomkamp dio al máximo responsable de la trilogía de ‘El señor de los anillos’ estaba en un cortometraje que realizó en el año 2005, titulado ‘Alive in Joburg’. En dicha obra, el director sudafricano planteaba una visión fantástica del apartheid. Simulando un reportaje televisivo, se nos mostraba cómo una raza alienígena había llegado a nuestro planeta, pero lejos de suponer una gran alegría o un terrible temor, la situación resultaba problemática, ya que no había sitio para acoger a los extraterrestres; la salida humana (nótese la ironía de esto) fue aislarlos en una zona apartada, donde malviven y son tratados como animales peligrosos.

El cortometraje destacaba por el planteamiento y también por la forma en la que Neill Blomkamp integraba los efectos especiales en lo que parecía ser una pieza informativa real cubierta por medios de comunicación reales y protagonizada por personajes reales (que intervenían hablando a la cámara). El realizador quiso explotar estos hallazgos y darle una nueva dimensión, alargando y mejorando el desarrollo de tan interesante punto de partida.

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Y así llegamos a ‘District 9’, en la que se da esa misma situación ya expuesta, extendiéndola y aprovechando al máximo el formato cinematográfico, ofreciendo un espectáculo que deja sin aliento. En la ficción, una nave alienígena llegó a la Tierra hace dos décadas; en concreto, a Johannesburgo, en Sudáfrica. Lejos de lo que cabía suponer, no hay contacto ni ataque, el aparato en el que han llegado estos seres de otro planeta se mantiene flotando en el cielo, quieto, como si se hubiera apagado. Pronto se descubre que la situación de los extraterrestres es precaria, están hacinados en un vehículo muerto.

El primer paso es sacar a los extraños seres de la nave e instalarlos temporalmente en el Distrito 9 (a saber por qué no se ha traducido el título, no aciertan ni una), hasta que se decida qué hacer con ellos. La situación se vuelve rápidamente insostenible y se decide volver a situarlos a otra parte, a una especie de campo de concentración, más alejado de las personas, donde podrán estar mejor atendidos… en realidad, controlados. La operación, peligrosa, será llevada a cabo por una poderosa compañía llamada Multi-National United (MNU), más interesada en la impresionante tecnología y el armamento alienígena que en la seguridad y el trato digno a las criaturas (llamadas de forma despreciativa como “gambas”).

Neill Blomkamp se descubre como un narrador de un talento impresionante, mostrándonos con garra el caos que se produce en la zona cuando el inevitable fallo del control humano se produce, iniciándose una cadena de acontecimientos explosivos, de una gran carga dramática, perfectamente planificados y puestos en escena, resultando una película arrolladora, fresca y sumamente divertida. Tenemos el clásico desencuentro entre civilizaciones, la imposición de reglas por los más fuertes a los (aparentemente) más débiles, el dilema del comportamiento humano, las posibilidades de una ciencia superior a la nuestra… pero también hay espectaculares escenas de acción y unos personajes de carne y hueso (nominación al Oscar para Sharlto Copley, ya).

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Como las grandes obras del género de ciencia ficción, ‘District 9’ nos hace reflexionar sobre las circunstancias de un escenario que parece real, de hecho, sacado de la realidad para llevarlo más lejos, que nos resulta cercano y posible, coherente aunque estemos viendo a enormes insectos inteligentes rebuscando en la basura y vistiendo harapos. Por cierto, si hubiera que darle una nota a los efectos visuales de la película no podría ser otra que la matrícula de honor, porque la manera en la que se logra situar a los alienígenas y su tecnología en nuestro mundo es totalmente alucinante.

Entonces, ¿dónde falla? En algo que no puedo/quiero escribir aquí, porque mi último deseo con este texto es arruinaros cualquier sorpresa (ya sabéis que en mis críticas intento no destripar nada relevante de la trama), pero os esperaré en los comentarios cuando la veáis, y la comentamos con spoilers y todo. Sólo os digo que el problema está en el punto de vista, y, un poco menos, en ciertos comportamientos y aspectos concretos del guión que no casan con el crudo y realista conjunto, siendo más propios del resto de películas que nos llegan, repletas de tópicos e incoherencias, inverosímiles.

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<![CDATA['La joven del agua', la cumbre del cine fantástico]]> http://www.blogdecine.com/default/la-joven-del-agua-la-cumbre-del-cine-fantastico http://www.blogdecine.com/default/la-joven-del-agua-la-cumbre-del-cine-fantastico Sat, 18 Apr 2009 15:15:54 +0000 seleccionado por agege 5.jpg

Que el cine fantástico es una de las formas de representación más difíciles de dominar para cualquier artista es algo patente en el hecho, incuestionable, de las pocas obras (cinematográficas o literarias) abiertamente fantásticas (como ésta) que consiguen alcanzar una altura estética y, más aún, que sobreviven al paso del tiempo, pero estamos saturados de muchísimas historias fantásticas que no tienen pinta de perdurar. Doy por hecho que el lector de éstas líneas sabe diferenciar entre ficción científica y fantasía, y que aprecia ambas formas, aunque son radicalmente opuestas.

Una de las características más importantes de la fantasía es la necesidad de que el autor haga sentir al espectador que por muy fantasiosos que sean los elementos de su historia, puede creer ciegamente en ellos. De hecho, es un acto de fé. Quizá por eso sólo los más grandes artistas han sabido domeñar la fantasía y hacerla suya. Pero es que, ¿hay un acto de fe más grande que modelar una obra de arte? Pues bien, uno de esos grandes artistas es el norteamericano, de origen hindú, M. Night Shyamalan. Aquí alcanza el techo de los maestros con la que de lejos es su obra mejor formalizada, la más hermosa, libre, compleja película que ha escrito y dirigido.

Shyamalan, tras dirigir dos películas muy menores, se convirtió en una celebridad planetaria gracias a la sorprendente ‘The Sixth Sense’, un raro ejercicio de cine fantástico, que dibujaba los primeros trazos de una personalidad inclinada a hacer creíble lo increíble, a aproximar a la sensibilidad occidental experiencias que no aceptamos como verosímiles, pero que su inmenso talento hacía verosímil gracias a una fe más allá de lo concebible. Cine fantástico que se antojaba como algo real. Y que se vio ampliado y confirmado por la magistral ‘Unbreakable’ (que en España tuvo el título absurdo de ‘El protegido’), una realización que afina incluso mejor que la anterior la sensibilidad y el coraje ilimitado de su máximo responsable. Después de la magnífica, intensa e incomprendida ‘Signs’ y de la lírica ‘The Village’, Shyamalan estaba preparado para dar lo mejor de sí mismo, y así fue.

Si la obra más verdadera, más importante, de un artista, nace de lo más profundo de su ser, según yo creo sinceramente, no hay duda de que ‘La joven del agua’ surge de los sentimientos más terribles, y al mismo tiempo más hermosos, del alma de Shyamalan, que aquí se entrega en sacrificio, como director de éxito, para ser aniquilado por aquellos incapaces de apreciar lo que tiene esta película de bello y de inimitable. Que nadie se lleve a engaño, cuando Shyamalan elaboraba, siquiera interiormente, esta historia, sabía perfectamente lo que le esperaba si podía mantenerse fiel a sí mismo con todas las consecuencias. Pero así tiene que ser: con el atrofiado gusto de la gran masa de espectadores de cine, es hasta deseable que ésta película conociera un rechazo tan masivo, una tal perplejidad.

El caso de Shyamalan es realmente único en la industria de su país por varias razones. Quizás la más importante de todas ellas es que, dado el éxito mundial de algunos (pocos) de sus filmes, el resto, los más arriesgados, los más bellos, reciben una atención enorme, y disfrutan de una campaña de promoción en principio sólo destinada a blockbusters casi seguros. También Shyamalan tiene talento para diseñar sus campañas de presentación, y aunque luego sus proyectos a menudo no dan el dinero que sus productores desearían, es uno de los pocos artistas personalísimos del cine que, al menos de momento, consigue repercusión mediática a nivel global. Lo cierto es que esa posición privilegiada en la industria (que con los últimos batacazos se tambalea, pero que todavía posee) se la ganado él a pulso, es un derecho conquistado, y no regalado por nadie. Pero hay una gran verdad: muchos no saben reconocer los méritos y sólo les interesa ir a la yugular.

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La construcción de un universo real

Sería curioso elaborar una lista con los relatos sobre sirenas y otras criaturas marinas que ha dado el cine. En ese sentido, algo muy interesante en ‘Lady in the Water’ es que para elaborar ese necesario misticismo, Shyamalan se sirve de herramientas y medios muy austeros, dando por hecho que con pocos datos y algunos esbozos, el espectador puede aportar toda la información, o simplemente imaginarla, que él sólo da en off, por decirlo de alguna manera. Su procedimiento es el siguiente: creando una atmósfera de gran densidad, en la que priman los ecos sonoros y las brumas de ese extraño complejo de apartamentos, nombrando de pasada algunas viejas leyendas orientales, y gracias a un prólogo animado de sorprendente concisión y lirismo, el director nos sitúa completamente en el tono místico en que instala a sus personajes.

No se me viene a la cabeza ningún director de fantasía más contenido que Shyamalan. En el viaje subacuático del apocado Cleveland (sensacional Paul Giamatti), que aporta un poco más de imaginería plástica a ese mundo secreto de las ninfas marinas, la mayoría de los directores, encantados consigo mismos, habrían dado el “do de pecho” con una puesta en escena más espectacular, más vistosa. Shyamalan, por el contrario, resuelve la secuencia con muy pocos planos y, al igual que en toda la película, con un estilo despojado, directo, ajeno a todo divismo. Hay algo intensamente suicida y sorprendente en este relato: una película que se zambulle sin complejos en un tono abiertamente fantástico, una película de autor que huye de toda veleidad personal. Creo que la verdadera fuerza, en última instancia, de esta hermosa película, reside en la profunda conmoción que provoca, debido a la convicción y el amor que Shyamalan pone en ella.

Las primeras secuencias de esta película están narradas con un único plano, máxime dos. Pero la mayoría con un sólo plano, dentro del cual pueden convivir hasta nueve personajes, o que puede empezar con un suave travelling lateral, o que encuentra obstáculos desenfocados que impiden la correcta visión del personaje a foco. La pericia de Shyamalan con la cámara es ya la de un consumado artista, hasta tal punto que se puede afirmar sin exagerar que “escribe con la cámara”. Para ello encuentra una completa sintonía con otro gran artista, el insigne operador Christopher Doyle. Juntos crean una fotografía que otorga a la imagen un tono poco constrastado, así como colores apagados, que le dan ese aspecto tan brumoso. Los colores azules y verdes, algo difuminados, son los que crean ese ambiente onírico.

Nada sobra y nada falta en la construcción de universo que, a poco que uno se deje arrastrar por él, es más verdadero que la misma vida. Con la fotografía de Doyle y la música de James Newton Howard como pilares maestros, Shyamalan da una lección artística a otros directores (como Peter Jackson, los hermanos Wachowski y otros astutos realizadores de éxito), que no confían plenamente en la inteligencia del espectador y que trazan los contornos de sus vistosos universos (en realidad cómics baratos financiados con muchísimos dólares y poco ingenio) con trazo grueso, por acumulación, en lugar de por sugestión, dominando los resortes del misterio y suscitando la imaginación del espectador, en lugar de seducirle gracias a un mamotreto de imágenes prefabricadas.

Este camino, que Shyamalan ha convertido en una investigación particular de la puesta en escena y la estructuración de relatos, promete mucho más. Significa ir de la mano y proponer al espectador ser co-autor de las imágenes, no sólo en su sentido visual, sino sobre todo en lo que significan como idea emocional. En caso contrario se le ofrece al espectador una idea preconcebida, un espectáculo que impone las propias ideas, y que provoca su indolencia y su bienestar. Sin duda habrá muchos que prefieran esta segunda opción, pero qué duda cabe que el escaso grupo que forman los primeros son los espectadores más valiosos (los más inteligentes y exigentes) con quienes puede dialogar estéticamente un artista.

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En ‘Lady in the Water’ la galería de personajes representa una abstracción. Shyamalan renuncia a ofrecer un perfil psicológico extenso de ellos. Sirven, tal como dice el crítico de sombrío destino, como herramientas para contar la historia. Sin embargo, de alguna forma misteriosa, emana de ellos una trágica humanidad, una apariencia frágil y real. Incluso la propia Story (tiene agallas Shyamalan para ponerle ese nombre a su sirena…) es en sí misma una abstracción. Su relación con Cleveland significa una redención por ambas partes, pero también la vuelta a un arquetipo de amistad y pérdida. Y todo se ensambla gracias a la inspiración musical de Newton Howard, que firma la que quizá es su obra magna. En su partitura, repleta de ese sentido de lo maravilloso tan necesario en esta historia, hay espacio para la tensión, lo bufonesco, lo místico. Pero sobre todo está dedicada a conmovernos hasta lo más profundo. A hacernos creer, a tener esperanza.

Desequilibrada, desigual, desacomplejada, desesperada, desafiante, puede que ‘Lady in the Water’ sólo encuentre espacio para los paladares más exigentes. O puede, empiezo a pensarlo, que necesitemos desprejuiciarnos para disfrutar toda la verdad que late en ella. Para muchos lo más importante es el reconocimiento inmediato, el éxito inmediato. Para otros el premio es simplemente poder hacer películas como esta, aunque sólo sea una. Ese es el éxito.

En Blogdecine:

‘La Joven del Agua’, la magia de Shyamalan

‘La Joven del Agua’, precioso cuento sobre el destino de nuestras vidas

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<![CDATA[Sobre la crítica en España]]> http://www.blogdecine.com/default/sobre-la-critica-en-espana http://www.blogdecine.com/default/sobre-la-critica-en-espana Mon, 16 Mar 2009 10:05:45 +0000 seleccionado por agege gasset-critica.jpg

“La crítica es excesivamente subjetiva y personal, ya que se dan demasiados juicios de valor [...] debería ser más didáctica, más objetiva, más informativa. Que generara deseo de ir al cine”.

Son declaraciones de Antonio Gasset, periodista, crítico y antiguo presentador del espacio ‘Días de cine’, en La 2 de Televisión Española.

Al margen de que esté más o menos de acuerdo con las declaraciones de Gasset, lo que creo que es evidente es que la mitificación de la figura del crítico de cine ha llevado en muchas ocasiones a que el público desconfíe de la palabra de estos expertos, y considere más las opiniones de sus familiares y amigos. A una separación absurda, y forzada por los que creen que sus juicios son leyes, entre los que se supone que saben y los que buscan esa sabiduría para orientarse. Al final, cada uno por un lado.

No es cuestión de rebajar el grado de inteligencia, ni la complejidad de análisis, sólo, creo, la arrogancia. Hay que poner los pies en el suelo. Me parece que falta humildad a la hora de construir los textos, no sólo por respeto a la obra que se critica sino también, no menos, por el público que puede disfrutar de ella. Para mí, un ejemplo de buen crítico de cine es el señor Josemanuel Escribano (al que pude entrevistar recientemente), alguien que intenta enfocar siempre sus comentarios hacia lo positivo de una película, intentando entender el conjunto, y a quién puede interesarle más.

En este sentido, sí estoy de acuerdo con lo que señala Gasset de “generar deseo de ir al cine“. Debería ser así. A veces parece que el crítico tiene la función de extender un sentimiento de amargura, de hundirlo todo y quedar como superviviente. Parece que así eres más adulto y tu comentario tiene más peso, mayor seriedad. Así ocurre que mucha gente empieza a creer que todo el que ve mucho cine debe tener una vida triste y acabar mal de la cabeza, un marginado hombre gris cuyos textos sólo sirven para mayor gloria de su ego. Sin utilidad alguna. Bueno, algunos hay, cierto…

Personalmente, llevo años viendo, normalmente, una película al día, y si en algo me ha influido, más allá de tener menor vida social (me refiero a salir a tomar algo y volver a casa a las tantas de la mañana, cosa que no me ha entusiasmado nunca), ha sido para adoptar un punto de vista más tranquilo, respetuoso, cuidadoso. Porque no sabemos nada. Porque el cine es demasiado extenso. Porque cuando crees que has visto una película viene alguien y te descubre una interpretación diferente de una escena; y tiene razón. Porque cuando crees que lo sabes todo sobre un país o un género, alguien te descubre una película que no conocías; y resulta que es maravillosa y no es la única del director. Una constante, apasionada búsqueda en lo inabarcable.

Y por otro lado, ¿quién es nadie para creer que sus gustos son mejores que los del resto? Sí, claro, hay personas que saben más de cine que otras, por supuesto, de ahí que exista la profesión de crítico. Pero éstos no dejan de tener sus gustos personales y a menudo, por más que quieran, como señala Gasset (y debe hablar por experiencia), eso marca el texto que escriben, lo condiciona y no puede hacer nada para evitarlo; pero lo intentan. Muy pocos van a decir “me gusta“, dirán “es bueno“. Lo que lleva, a menudo, a escribir todo tipo de rebuscadas justificaciones, a veces, de lo más ridículas. Los más hábiles lo harán de forma que no se entienda del todo lo que están diciendo, pero lo escrito no suele superar una segunda lectura.

Al final, lo que hay que mirar es la firma, quién escribe qué. Eso te sirve para saber de qué pie cojea y si puedes fiarte, más o menos, de lo que ha escrito. Habrá algunos con los que estés más de acuerdo, pero no puedes seguir a alguien siempre, te llevará a sufrir mucho cine que no te gusta. Cada uno debe tener su propio criterio, sus propias películas favoritas. Y debe defender su opinión. Si es posible, con argumentos. Pero también con mucha humildad.

Y ya paro. Hasta aquí mi punto de vista. ¿Vosotros cómo lo veis?

PD: Eso sí, si alguien pretende responsabilizar a los críticos de la tremenda bajada del número de espectadores en los cines… que lo piense dos veces, por favor.

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