Favoritos de antonello en Blogdecine http://www.blogdecine.com/usuario/ seleccionado por antonello http://www.blogdecine.com <![CDATA['El nuevo mundo' de Terrence Malick, la mejor película estrenada en 2006]]> http://www.blogdecine.com/criticas/el-nuevo-mundo-de-terrence-malick-la-mejor-pelicula-de-2006 http://www.blogdecine.com/criticas/el-nuevo-mundo-de-terrence-malick-la-mejor-pelicula-de-2006 Tue, 01 Sep 2009 12:00:06 +0000 seleccionado por antonello nuevo-mundo

Si me preguntáis, charlando entre copas, cuál es la mejor película que vi en 2006, sin dudarlo ni un instante, mi respuesta será ‘El nuevo mundo’ (‘The New World’), que aunque se estrenó en diciembre de 2005, aquí no la pudimos ver hasta febrero del año siguiente. Conociendo la escasa valoración que se le dio, en general, a esta impresionante obra de arte, lo más probable es que a continuación, y repito que estamos tomando copas, estallaran las carcajadas, poco antes de empezar a preguntar si vi tal o cual otra película; con resignación, lo sé por experiencia, diría que sí a todos los títulos (más de una vez me reiría yo también), manteniendo invariable que el cuarto trabajo de Terrence Malick fue lo mejor de aquel año.

Tras terminar ‘Días del cielo’ (‘Days of Heaven’, 1978), Malick, autor enigmático donde los haya (se ha llegado a decir que en realidad no existe, que es un seudónimo de otras personas, pero esto no tiene sentido si se echa un vistazo a su obra, tan escasa como única y coherente), nos tuvo esperando dos décadas hasta que por fin se decidió a rodar otra película, ‘La delgada línea roja’ (‘The Thin Red Line’). Mereció la pena que se lo pensara tanto, qué duda cabe, pero por fortuna no necesitó tanto tiempo para lanzarse a crear su nuevo trabajo, centrado en la famosa leyenda de John Smith y Pocahontas, lo cual descolocó a muchos (sigue haciéndolo).

Porque ‘El nuevo mundo’ se vendió como lo que no era/es, una película de trepidantes aventuras en un entorno exótico con el típico amor imposible; puro marketing, los hombres tendríamos aventuras y las mujeres amor, el producto perfecto. No en vano, la esperadísima y superanunciada ‘Avatar’ de James Cameron ofrece lo mismo, tal como vimos en el tráiler, cambiando al conquistador inglés del siglo XVII por un soldado norteamericano del futuro y a la indígena americana por una alienígena de un planeta lejano (por supuesto, el tono y el tratamiento de ambas películas no tendrá nada que ver).

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‘El nuevo mundo’ se centra en el descubrimiento de las enormes tierras salvajes de Norteamérica por los colonos británicos, que llegaron en tres pequeños barcos y levantaron el fuerte Jamestown, en 1607. Los hombres “civilizados”, a miles de kilómetros de su hogar, buscan introducir su cultura, religión y economía en este “nuevo mundo” al que acaban de llegar, y que no está deshabitado. Los nativos americanos ya estaban ahí y, aunque diferente, también tienen su propia forma de vida, negándose a permitir que unos intrusos alteren la naturaleza y el orden con el que ellos habían estado conviviendo hasta entonces.

En medio del conflicto entre ambos pueblos surgirá el amor entre dos jóvenes, uno de cada bando. Él era un rebelde que llegó a América condenado a la horca por insubordinación, un buscador de fortuna llamado John Smith (Colin Farrell, excelente), un hombre valiente y diferente al resto; ella (Q´Orianka Kilcher, todo un descubrimiento, nunca mejor dicho) es una joven curiosa y atrevida a la que han apodado Pocahontas (“juguetona”), y es la favorita del jefe de su tribu. El vínculo que surge entre ellos es tan repentino e intenso como imposible de mantener, de la misma forma que los pueblos a los que pertenecen están condenados a enfrentarse.

Como decía, esto no es lo que parece, la realidad es que la cuarta película de Terrence Malick no está hecha para ser consumida como la gran mayoría de productos que nos llegan de Estados Unidos; la intención no es que te sientes a desconectar, a pasar el rato, sino lo contrario, que experimentes y reflexiones sobre lo que se te muestra en la pantalla. La trama de Smith y Pocahontas es una excusa y la película no se ciñe a ella, no pretende contar lo que pasó realmente o darnos un nuevo enfoque de los hechos, va más allá, y le da igual la Historia, porque el propósito es otro, es exponernos la triste y bellísima historia de un paraíso perdido.

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‘El nuevo mundo’ guarda un gran parecido con ‘Días del cielo’ y ‘La delgada línea roja’, no tanto con ‘Malas tierras’ (‘Badlands’, 1973), la ópera prima del cineasta. Malick vuelve a ofrecernos unos impresionantes retratos de la naturaleza (la labor fotográfica de Emmanuel Lubezki fue lo único nominado al Oscar), miradas secretas y esquivas, la poética voz en off y escasos diálogos, un lento y suave curso de los acontecimientos (acompañado por la composición de James Horner), que aun así a veces se muestran, como en la propia vida, erráticos y repentinos, fruto del capricho del azar y de las erróneas decisiones de los hombres, incapaces de apreciar el mundo, la belleza, la inocencia y el amor que están destruyendo.

Si esta película me parece tan extraordinaria es por la capacidad que tiene para despertar emociones y reflexiones, porque sus preciosas imágenes no dejan indiferente y transmiten justamente el mensaje que desea Malick, impactando y alterando los sentidos como si estuviéramos en el mismo lugar y la misma época de los hechos, y también porque pocas veces se ha plasmado en la pantalla con tanta sutileza y elegancia una historia de amor tan cercana y tan verdadera, como la que se muestra en ‘El nuevo mundo’, una obra maestra que mejora con cada visionado. Y eso que todavía no hemos podido ver la versión completa, que no dura 135 minutos sino 170, totalmente necesarios para la mejor integración de un apasionante conjunto.

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Otra crítica de la película en Blogdecine:


‘El Nuevo Mundo’, la peor película de Terrence Malick

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<![CDATA['Avatar', tráiler y primeras imágenes de lo nuevo de James Cameron]]> http://www.blogdecine.com/default/avatar-trailer-y-primeras-imagenes-de-lo-nuevo-de-james-cameron http://www.blogdecine.com/default/avatar-trailer-y-primeras-imagenes-de-lo-nuevo-de-james-cameron Thu, 20 Aug 2009 14:30:47 +0000 seleccionado por antonello

En Blogdecine no solemos publicar dos entradas seguidas sobre tráileres, pero con esto había que hacer una excepción. Aquí tenéis el ansiado primer tráiler de ‘Avatar’, la nueva película del director James Cameron, de la que ya habíamos podido ver un primer cartel. Espero vuestras opiniones sobre el avance, a mí me parece impresionante, no me puedo creer que aún tengamos que esperar tanto para poder ver la película.

Además del tráiler, hay que destacar que también han aparecido hoy seis nuevas imágenes de ‘Avatar’, a las que hay que sumar la primera oficial que salió hace unos días, mostrando a Sam Worthington como Jake Sully. Cinco de estas nuevas fotografías corresponden propiamente a escenas de la película, en las que aparecen Michelle Rodriguez, Sigourney Weaver, Giovanni Ribisi, Stephen Lang (ambos actualmente en nuestras carteleras con ‘Enemigos públicos’) y Worthington, el protagonista principal; la otra imagen fue tomada durante el rodaje, y muestra a Cameron y a Weaver, un reencuentro que promete ser muy especial.

‘Avatar’ gira en torno a Jake Sully, un ex-Marine en silla de ruedas que es enviado, a través de un “avatar” que controla con su mente, a Pandora, un exótico planeta habitado por la raza de los Na´Vi; Jake se verá envuelto en una lucha desesperada por su propia supervivencia y por la del pueblo indígena. La fecha del estreno de ‘Avatar’ es el próximo 18 de diciembre. ¿Veremos esa anunciada revolución cinematográfica o será uno de los mayores fiascos de la Historia?

Galería de fotos

(Haz click en una imagen para ampliarla)

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PD: Por cierto, mañana es el ‘Avatar Day’, en el que un puñado de salas mostrarán gratis 15 minutos de la película. Espero que nos comentéis vuestras impresiones.

Toda la información, vídeos, imágenes, trailer y estreno en: Avatar, la nueva película de Cameron

Vía | Empire y Apple (aquí podéis descargar el tráiler en alta definición)| ¡Gracias a todos los que nos habéis avisado!

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<![CDATA['Pagafantas', la ilusión del amor]]> http://www.blogdecine.com/default/pagafantas-la-ilusion-del-amor http://www.blogdecine.com/default/pagafantas-la-ilusion-del-amor Sat, 01 Aug 2009 14:24:13 +0000 seleccionado por antonello pagafantas-1.jpg

Miremos bien la fotografía de arriba. Situación: un pagafantas (¿necesito explicar lo que significa la palabra?) observa cómo la chica de sus sueños se abraza amorosamente a su novio. Ése es el momento clave de todo pagafantas, el instante en el que todos deberíamos haber dicho: “hasta aquí hemos llegado”. Pero no, hay seres que aún sufriendo dicha escena en su retinas todos los días, pasan de ser pagafantas a ser rematadamente imbéciles. Y es que el pagafantas (todos lo hemos sido alguna que otra vez, y el que diga lo contrario miente vilmente) es ya de por sí un ser patético, alguien que no ve la realidad y se forma en su mente un ideal que no existe ni por asomo. En algún momento de su vida, hicieron (hicimos) el tonto, y ella pasó simplemente a ser su (nuestra) amiga. Luego se desarrollaron como especie y con gran habilidad lograron repetir exactamente lo mismo con toda hembra que se cruzó en su camino.

Seguro que hay pagafantismo femenino (haberlas haylas…), pero creo que es muy diferente al masculino, digamos, que los límites de humillación no están tan abajo, al menos en líneas generales. Pero no es ése el tema del post, evidentemente, aunque mucho me temo que la conversación en los comentarios irá, y sin que sirva de precedente, por ese camino. El tema es la ópera prima de Borja Cobeaga, quien ha tenido la estupenda idea de fijarse en esta especie, tan común en cualquier época de la humanidad, y dedicarles una película tan amable como sincera, aunque no perfecta.

Lo que me extraña de ‘Pagafantas’ es su tibia recepción popular. Con una campaña de marketing que ya quisieran para sí otras producciones nacionales, el film no ha respondido en taquilla como se esperaba. Tal vez muchos no han querido verse reflejados en un tema tan espinoso como el de las relaciones amorosas. Hacer el tonto por la persona que te gusta, dar el brazo a torcer en cosas que antes no se daría ni de coña, y finalmente ser rechazado, o sea, fracasar, es algo que a nadie le hace sentirse cómodo, y rápidamente se intenta borrar de la memoria. O tal vez nada de eso, dado que el film de Cobeaga se estrenó el mismo fin de semana que ‘Ice Age 3: El origen de los dinosaurios’, la elegida por el público español para acudir a las salas, con el consiguiente bombazo en taquilla.

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‘Pagafantas’ es una comedia que trata a esos seres patéticos y ridículos con respeto y sobre todo mucho cariño. El personaje central al que da vida un más que acertado Gorka Otxoa, cae simpático al público, y está enormemente mimado por el director y guionista. Su aventura, o desventura, recorre lugares comunes que a todos suenan, logrando una gran empatía con el espectador, quien se podrá sentir identificado en muchas de las situaciones por las que el joven enamorado (encoñado) pasa. Situaciones que en ningún momento caen en la exageración (uno de los males de la actual comedia), aunque su guión esté mas apoyado en el gag que en una trama coherente. Aún así, el film tiene un acertado ritmo, siempre interesa y consigue hacer reír varias veces, ya sea por tratar el tema como si de un documental (ciertamente inspirado) se tratase, o porque el film, en su mala leche (quizá menos de lo deseado) emana buenrollismo por todos lados, y situaciones en principio ridículas (la escena del karaoke) logran despertar nuestras simpatías.

En la película están todos y cada uno de los malos momentos que un pagafantas tiene que soportar a la espera de que su amor se fije de una vez en él. Y aunque todo parece fluir fácilmente, sin llegar a resultar burdo (por muy poco, que conste), me falta algo que considero primordial en toda experiencia pagafanta: la persona amada, siempre, repito, siempre, sabe que el otro se muere por ella. En la película se centran más en las obsesiones del personaje central (Chema), y su mujer ideal (Claudia) nunca llega a darse cuenta de que lo que él realmente siente por ella es un encoñamiento desmesurado y no amistad. El verdadero punto de inflexión, la crucial situación por la que todo pagafantas pasa es precisamente la que el film no presenta. En su tramo final, algo forzado y precipitado, llega a plantearse la posibilidad de que Claudia sí lo sepa, pero se evita con la peor resolución que pueda plantearse. Me imagino que la idea de una continuación ronda por la cabeza de Cobeaga, es la única explicación que encuentro a un final totalmente fuera de tono.

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El resto está casi todo en su justo sitio. Una historia sencilla que no se complica inútilmente, bien servida y sobre todo bien interpretada. Al respecto es una delicia encontrarse con actores veteranos como Oscar Ladoire y Kiti Manver, que representan la idea de que el pagafantismo no tiene edad, o la espléndida María Asquerino, cuyas breves apariciones suponen los momentos más hilarantes del film. Gorka Otxoa y Sabrina Garciarena tiene una buena química, aunque la película, por motivos lógicos, descuida a la segunda en un rol no demasiado bien escrito (hasta eso parece una coña de sus autores) y un pelín cargante debido a su excesiva simpatía.

‘Pagafantas’ puede presumir de estar muy por encima de la media de lo que se realiza en nuestro país, y más aún cuando la vergüenza ajena es el sentimiento común cada vez que una comedia patria se estrena, aunque tal y como están las cosas, creo que no deberíamos quejarnos. Incluso se permite el lujo de beber de la screwball comedy clásica americana, algo que no todo el mundo sabe hacer. Eso sí, Cobeaga ha pasado de retratar a la alta clase (uno de lo elementos de la screwball) de Bilbao, centrándose en personas más de la calle, con ramalazos argumentales hacia la inmigración, y al estar anclados en los viejos tiempos (el Tío Jaime negándose a poner cámaras digitales en su tienda de fotografía se empareja con la necia persistencia de los pagafantas, incapaces de despertar de su imposible sueño). Dejo para el final, los inspirados chistes sobre Héroes del silencio, punto en el que más se ha sentido identificado un servidor. Mientras me río de Entre dos tierras, me retiro a mis aposentos a escribir sobre el profético título de la ópera prima de Sam Peckinpah.

Otra crítica en Blogdecine:

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<![CDATA['El pianista', el arte sobrevive]]> http://www.blogdecine.com/criticas/el-pianista-el-arte-sobrevive http://www.blogdecine.com/criticas/el-pianista-el-arte-sobrevive Fri, 10 Jul 2009 15:00:22 +0000 seleccionado por antonello elpianista1.JPG


Amo ver a una mujer tocando el chelo

- Wladislaw Szpilman

Hace poco escríbi un ensayo sobre una de las dos excepcionales películas norteamericanas de Polanski (dos películas hizo allí, sendas obras maestras), la bellísima y trágica ‘Chinatown’, que el realizador polaco presentó en 1974. Este gran hombre de cine, cuando decepciona, lo hace a conciencia, y nos hace plantearnos su importancia en el arte, pero cuando está en plenitud, es muy superior a la gran mayoría de directores actuales.

Lástima que no pueda hacer siempre cosas como ‘Chinatown’ o como ‘El pianista’. Si lo hiciera podría ser, fácilmente uno de los ocho o diez mejores directores de la historia. Pero su vida, y su personalidad, han sido cualquier cosa menos estables y predecibles, y poco importa que se equivocara con ‘La novena puerta’ o con ‘Piratas’, cuando ha sido capaz de filmar la experiencia de Szpilman de una manera tan hermosa, tan humilde y tan ejemplar.

Una de las máximas del arte es: “habla sobre lo que conoces”, y aquí es aplicada hasta sus últimas consecuencias. Años antes de este proyecto, Steven Spielberg le había ofrecido la dirección de una película que él, en un principio, sólo iba a dirigir, y que iba a titularse ‘La lista de Schindler’. Pero el cineata polaco declinó la oferta alegando que los sucesos que se describían en esa historia, situados en el guetto de Cracovia, le tocaban demasiado cerca. Allí había vivido él, a los 9 años, precisamente durante el exterminio judío, y de allí habían llevado a su madre a morir a Auschwitz. Pero de alguna forma, Polanski sabía que tarde o temprano tendría que contar esa historia.

Eso sí, no quería que fuera una especie de autobiografía, sino un acercamiento a aquellos dolorosos recuerdos sin la losa que representa el resentimiento por el recuerdo de los seres queridos. Quería hacerse justicia a sí mismo sin caer en la manipulación y lo tendencioso. Esa oportunidad le llegó cuando leyó las memorias de uno de los más afamados pianistas europeos del siglo XX. Su extraordinaria epopeya de varios años de supervivencia en las condiciones más duras imaginables excitó la imaginación de Polanski hasta decidir que esa sería la película con la que enfrentarse a sus viejos fantasmas.

Lo primero que hizo fue contratar a un hombre al que apenas conocía, pero del que admiraba su trabajo, el escritor y dramaturgo Ronald Harwood. Juntos (aunque Polanski no figure en los créditos, siempre trabaja en el guión) construyeron un guión que es un diamante sin la menor arista, una crónica descarnada de un mundo derruido (moral y físicamente), yendo de la mano de Szpilman. Y con ese guión bajo el brazo se dispuso a seguir con crudeza y verdad al actor elegido, Adrien Brody, de quien sabía que no iba a intentar alardes interpretativos, sino sólo realismo.


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Polanski en el filo

Hacía mucho tiempo que Polanski, aún en algunos trabajos muy interesantes (‘Frenético’, ‘Lunas de hiel’) no era realmente Polanski. Su talento estaba ahí, dormido, pero no acababa de regresar a la energía arrolladora de los años sesenta y setenta. Cuando parecía que estaba abocado a una decadencia inevitable, presentó una película que para algunos, empero, fue la confirmación de su domesticación. Resulta vergonzoso leer algunas críticas que le echaban en cara al realizador haber perdido su toque grotesco y su tono barroco.

En mi opinión, todos esos críticos no sabían qué historia estaba contando Polanski, y sobre todo, por qué. No tenía sentido ninguno que el director se entregase a su habitual, y conocido, repertorio de horrores cotidianos, a esa cámara nerviosa, a esos caracteres guiñolescos. Esto es otra cosa. ¿Acaso no cambió Polanski de estilo para filmar la magistral ‘Tess’? Afirmaciones como esa dan una idea de hasta qué punto cierto sector de la crítica anda con un despiste monumental.

La estrategia narrativa seguida por Polanski de modo ascético es la del realismo y la sobriedad absolutos, y se entrega a ello sin el menor divismo, sin ningún interés por demostrarle nada a nadie, y sin otro deseo que el de hacer una gran película sobre un tema que a él le dolía en lo más profundo. Habiendo él visto algunos horrores del guetto de Cracovia, decide entregarse a fondo en una historia sucedida en el de Varsovia, ciudad que además él también conoció de niño. Y, como en sus mejores películas, cuenta la historia de una degradación progresiva. De una horca que se va cerrando implacable.

Así sucedía en ‘La semilla del diablo’, donde poco a poco la intriga se cernía en torno a Rosemary, y también en ‘Tess’, y por supuesto en ‘El pianista’, relato en el que observamos durante su primera parte cómo la familia va perdiendo derechos y dignidad de vida, hasta caer en el horror más hondo y más tenebroso que ha provocado el hombre sobre el hombre en ese nauseabundo siglo XX. Tanto en esa primera mitad como en la segunda, en la que ya Szpilman se queda solo, Polanski va incrustando, aquí y allá, recuerdos de su niñez, detalles horripilantes, que suenan a certeros y auténticos, y que aportan una dimensión conmovedora y crudísima a una película cuya oscuridad resulta inolvidable.

Sin embargo, es notable que Polanski lo cuenta todo sin ánimo de revancha, sin cargar las tintas ni hacer un relato maniqueísta. hay nazis malos y buenos, y también hay judíos malos y buenos. Nadie se salva. Todos son culpables de tanta muerte y tanto sufrimiento. La elegancia y la contención del director son dignas de todo elogio.

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Pero Polanski no estaba solo. A su lado se hallaban su compositor preferido en los últimos tiempos Wojciech Kilar (que saltó a la fama internacionalmente con la impresionante música para ‘Bram Stoker’s Dracula’), el diseñador de producción Allan Starski (que ya había ganado el Oscar, precisamente, por ‘La lista de Schindler’), o el director de fotografía Pawel Edelman, que firma aquí el que de lejos es su mejor trabajo, todo un alarde de iluminación siempre justificada, y de una belleza que daría para otro artículo.

Con ellos, y con Brody en estado de gracia, Polanski nos narra en la segunda parte, esa en que el artista se queda solo, su propia historia, la de un superviviente, que gracias precisamente a ese sentido de la supervivencia pudo legarnos cuatro obras maestras (‘El pianista’, ‘Tess’, ‘Chinatown’ y ‘La semilla del diablo’) y varias películas maravillosas. Las últimas imágenes, con el triunfo de la vida sobre la muerte, viendo tocar pletórico a Szpilman, son la verdadera venganza de Polanski frente a la locura y el fanatismo. El director reivindica su grandísimo talento con un acto de sinceridad y redención, en una superproducción (Alemania, Francia, Polonia, Reino Unido y Holanda colaboraron en ella) realmente europea, que muestra hasta qué punto en este continente podemos competir en calidad de producción con los americanos.

Postdata inevitable

Además de otros numerosos, y merecidísimos premios, ‘El pianista’ se alzó, en los Oscar, con las estatuillas correspondientes a mejor director, guionista y actor. Pero cuando todos esperábamos que también lograse el de mejor película, oímos el título de ‘Chicago’, un musical interesante y poco más. La pregunta es la siguiente: ¿cómo la mejor dirección, el mejor guión y la mejor interpretación del año no crean la mejor película? La respuesta es bien sencilla: era la mejor película. Pero no la que convenía que ganase. Es decir, ya con el Oscar, los hipócritas norteamericanos habían reestablecido la imagen social de Polanski, tantas décadas después del escándalo que le obligó a abandonar el país sino quería verse, muy probablemente, en la cárcel. Pero no iban a agasajar con más al pequeño (sólo por su tamaño) director.

Una vez más, son los oscar los que no tienen prestigio por no premiar maravillas como esta, anteponiendo trivialidades como ‘Chicago’.

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<![CDATA[Oscars 2009: Mejor película para 'Slumdog Millionaire']]> http://www.blogdecine.com/default/oscars-2009-mejor-pelicula-para-slumdog-millionaire http://www.blogdecine.com/default/oscars-2009-mejor-pelicula-para-slumdog-millionaire Mon, 23 Feb 2009 03:55:36 +0000 seleccionado por antonello slumdog-pelicula.jpg

Es el gran Steven Spielberg, quien tiene más arte entregando el premio que el receptor del mismo dirigiendo su película, el que entrega complacido el octavo calvo dorado al melodrama que no creo que jamás pueda ponernos de acuerdo a todos. Unos pensamos que es una patraña, otros la adoran.

En cualquier caso, y aunque es una de las películas más oscarizadas de la historia, yo sigo pensando exactamente lo mismo, y lo que pienso lo saben de sobra los lectores de este blog. Alberto, a mi lado, ya ni siquiera se sorprende. Yo me limito a teclear. Concluye así una gala que salvo el inesperado premio a mejor actor en papel principal, no ha tenido el menor momento de sorpresa, y ha encumbrado la que todos sabían (algunos temíamos) que fueran a encumbrar.

La platea se levanta, sale todo el equipo al escenario a recoger el galardón, la cámara de Canal + nos enfoca sin compasión. En fin, es lo que hay.

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<![CDATA[Oscars 2009: Penélope Cruz gana como mejor actriz en papel de reparto]]> http://www.blogdecine.com/default/oscars-2009-penelope-cruz-gana-como-mejor-actriz-en-papel-de-reparto http://www.blogdecine.com/default/oscars-2009-penelope-cruz-gana-como-mejor-actriz-en-papel-de-reparto Mon, 23 Feb 2009 00:53:23 +0000 seleccionado por antonello pe-oscar.jpg

Tras una genial apertura (la mejor vista en años) a cargo de Hugh Jackman (¿cómo no han pensado antes en este fuera de serie para presentar los Oscars?), que ha destilado un buen humor envidiable, además de moverse por el escenario con una facilidad inusitada, ganándose la admiración de todos los presentes salen al escenario Tilda Swinton, Anjelica Huston, Whoopi Goldberg, Goldie Hawn y otra cuyo nombre no recuerdo, a entregar el Oscar a la mejor actriz secundaria, que es, cómo no, para Penélope Cruz.

Ella es, sin duda, lo mejor de ‘Vicky Cristina Barcelona’, y su interpretación es muy del gusto de los actores, a los que les encanta que uno de los suyos sea un roba escenas. Cruz lo hace de sobra en una de las peores películas de Allen.

Pronto el guión original.

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<![CDATA[James Cameron (X): Conclusión, hundimientos y avatares]]> http://www.blogdecine.com/criticas/james-cameron-x-conclusion-hundimientos-y-avatares http://www.blogdecine.com/criticas/james-cameron-x-conclusion-hundimientos-y-avatares Mon, 24 Nov 2008 08:04:03 +0000 seleccionado por antonello pdvd_233.jpg

En el penúltimo capítulo de este estudio sobre James Cameron habíamos dejado constancia (en la medida en que se puede dentro de un post, sin aburrir al personal) de la coherencia y la entrega total de Cameron a sus personajes en ‘Titanic’. Con dos mitades bien diferenciadas, la segunda está dedicada casi enteramente a la tragedia del hundimiento, después de que en la primera se consolidara la relación de amor de Jack y Rose, y el enfrentamiento de esta a una vida que la reduce a menos que una persona. Y es que la lucha de Rose en esta película parece interminable. Por eso el largo y tortuoso hundimiento, además de encerrar una visión despiadada del mundo, es la parábola feminista más importante en una película vista en muchos años.

Al contrario de lo que muchos piensan, ‘Titanic’ no se convirtió en un fenónemo social sin precedentes por sus (mejorables) efectos visuales (que son magníficos en maquetas, pero irregulares por ejemplo en integración CGI), ni por la historia de amor protagonizada por un ídolo de quinceañeras. Si así fuera, películas de mucha menor valía arrasarían también en el mundo entero…y no lo hacen. El poderoso contagio emocional de ‘Titanic’, su escalofriante retrato de la mezquina condición humana, pero también de la dignidad y el coraje que nacen en momentos límite o en los instantes previos de la muerte, esas son, a mi parecer, las razones de la hipnosis que provoca esta película.

El cataclismo del buque (que no es más que otro apocalipsis, como los vistos en todas las películas de Cameron) está estructurado de manera insuperable. No hay reiteración ni barullo en el perfecto crescendo dividido en tres partes diferenciadas (primeros instantes…caos total…muerte del buque), que poco a poco nos hacen testigos de la ilimitada estupidez de los poderosos, y de la infinita capacidad de sufrimiento del ser humano. A la magnífica secuencia del choque contra el iceberg (con un montaje soberbio), le siguen unos momentos de calma muy calculada por Cameron, que preceden a la aterradora tormenta que supondrá la muerte de 1.500 personas. A continuación, poco a poco, se disponen las piezas…comienzan a descender los primeros botes. En esos primeros compases, no parece que se desate una gran tragedia. Qué contraste con los últimos momentos, con los pasajeros enloquecidos luchando por vivir. La habilidad de Cameron es tal, que es capaz de electrificar lentamente la tensión del espectador hasta alcanzar un paroxismo inigualable, mientras deja caer una feroz reflexión sobre la voracidad humana y su fragilidad frente a la fuerza de la naturaleza.

El objetivo fundamental del arte es conmovernos en nuestra interioridad más profunda. Prepararnos para la muerte. De ahí proviene la profundísima verdad de ‘Titanic’, como experiencia sensorial y emocional, como espectáculo noble y humilde. Cameron nos provee de dignidad, colocando un espejo delante de nosotros, pero dándonos la oportunidad de redimirnos. La aventura inolvidable que es esta película, su carácter de viaje físico, valdría para directores de menor valía que Cameron. Pero existe algo más, inherente a la originalidad de su mirada, que nos exige observarnos a nosotros mismos.

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Una obra artística sólo puede juzgarse en relación con ella misma, ni siquiera con otras de su autor, y pocas veces con el autor mismo. Lo mismo pasa con un artista: sólo puede juzgarse su trabajo en coherencia consigo mismo. Una vez establecidas sus normas internas, no deben traicionarse. Hay que llegar con ellas hasta el final. Por eso por ejemplo ‘True Lies’ o ‘The Abyss’ no merecen la misma consideración que ‘Titanic’. No las comparo entre sí, porque no hay comparación posible ni justa. En aquellas Cameron no pudo ser totalmente cabal o coherente con sus propias ideas artísticas, mientras que en esta su sinceridad y clarividencia asustan, son casi peligrosas para el equilibrio formal de su película, que sin embargo se sostiene sin aparente esfuerzo.

El mejor cine de Cameron es el que aúna un dinamismo vibrante con un juicio sobre la naturaleza del ser humano que le sale casi sin proponérselo, aunque seguramente lo tenga muy pensado. Pero cuando esas reflexiones son evidentes, o no consiguen fundirse en un todo narrativo, como en ‘The Abyss’, o son traicionadas, como en ‘True Lies’, al menos nos queda su exploración de mundos o formas nunca antes transitados, y el cariño sincero que siente hacia todos sus personajes.

Más de una década después, este gran hombre de cine sale de su silencio (al menos, en largometrajes de ficción…) y anuncia una nueva película de sci-fi (en realidad dos, si finalmente su adaptación del manga ‘Battle Angel’ se consuma) titulada ‘Avatar’, que él mismo asegura que va a resultar una revolución en el género y en la técnica cinematográfica, con su ego y seguridad en sí mismo tan conocidos por todos. Al final del año que viene podremos por fin verla, doce años después de ‘Titanic’, y podremos comprobar si su percepción de la ficción científica continúa cautivándonos, o si los años pesan en su creatividad. De momento el secretismo es casi absoluto. En cuanto al manga de Yukito Kishiro, parece ‘a priori’ un material apto para que el canadiense lo convierta en una película de imagen real.

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Concluimos así este análisis sobre la carrera (de ficción, la más interesante) del director canadiense. Un cine que yo calificaría como de miradas y luchas vibrantes. Esperamos, desde Blog de cine, haber ofrecido con esta serie unas claves sobre su obra originales y satisfactorias, que pongan en su justo lugar el trabajo de Cameron, y que profundice en las razones y claves de sus películas. Dentro de poco más de doce meses volveremos a hablar de una película suya. El mes que viene cambiamos de director. Haremos un repaso por la carrera del realizador norteamericano David Fincher.

Hasta entonces.

En Blogdecine:

Toda la información, vídeos, imágenes, trailer y estreno en: Avatar, la nueva película de Cameron

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<![CDATA[David Fincher: 'Se7en']]> http://www.blogdecine.com/criticas/david-fincher-se7en http://www.blogdecine.com/criticas/david-fincher-se7en Fri, 05 Dec 2008 07:59:35 +0000 seleccionado por antonello 1241335266_57bc31cfe1.jpg

Pasar de arruinar, casi por completo y para muchos aficionados, una de las sagas más importantes de la ficción científica, a dirigir uno de los thrillers más importantes y recordados de los años 90, tiene que ver con varias cosas, y posiblemente la menos importante de ellas sea el propio David Fincher, quien entre ‘Alien 3’ y ésta no parece haber cambiado o reformulado sus ideas sobre su oficio. Da qué pensar si este hubiera sido el primer título en la filmografía del director, con ese aura mítica que otorgamos siempre a las óperas primas deslumbrantes. Como en ‘Citizen Kane’ (Welles, 1941), que recogía todos los avances técnicos y tramáticos de su época, para cristalizarlos en un todo, en mucha menor medida ‘Seven’ aglutina, condensa y reformula todas las constantes y afinidades plásticas del thriller y el drama policiaco para crear algo más allá, mil veces imitado desde entonces. ¿El neo-thriller?

El thriller, más que un género, es un tono siniestro en el que se desarrollan los relatos de asesinos sanguinarios, de crímenes atroces, pero también de personajes superlativos que escapan a las leyes de la naturaleza y de la razón. En el thriller el objetivo es provocar la tensión máxima en el espectador, ya que to thrill significa emocionar, entusiasmar, y el nombre thrill significa estremecimiento. No hay duda de que ‘Se7en’ cumple con ésta definición en grado superlativo, pues es el thriller más espeluznante de la década, y no sólo eso, además un discurso apocalíptico que desmenuza sin compasión los clichés del cine policiaco y a una sociedad moribunda, desquiciada, estéril.

No sólo el cine policiaco, sino las películas de las parejas imposibles de polis (cuya moda empezó en la década anterior), la investigación hiperbólica de asesinatos (que alcanzó el cénit la década posterior con la serie de televisión ‘C.S.I’), el cine negro oriental estilizado y sonámbulo, incluso el cómic noir de vena más salvajista, se dan de la mano en ‘Se7en’. En aquel momento no se podía ir más lejos, y hasta los títulos de crédito finales, que pasan en dirección contraria a los habituales, significan una voluntad de reinvención. Cuatro años después de la extraordinaria ‘El silencio de los corderos’ (Jonathan Demme), ‘Seven’ va lo más lejos posible sin caer en la parodia, con un psicópata que es más un ángel exterminador cumpliendo una misión divina, que un loco de morbosas compulsiones insatisfechas.

Además, ‘Seven’ propone una revolucionaria y no siempre valorada en su mérito, forma de entender la postproducción. Lo entenderá bien el que haya visto los extras de su magnífica edición en DVD. Por supuesto que antes de ella las técnicas de digitalización del negativo ya habían empezado a dar sus frutos, pero esta película significa un gran logro plástico (entornos, cinematografía, decolorados, re-encuadres…y un largo etc), integrado en una narrativa muy personal, que se ha convertido en un clásico del género. De ahí la importancia de la transformación de la imagen de esta película (ese final en un terreno ocre, que fue filmado en un ambiente verde y lleno de vida, esos interiores influenciados por ‘Klute’ (Pakula, 1971)) en algo que adquiere rango estético por la integración absoluta de las decisiones de la fotografía y el diseño de producción en el estado anímico y el viaje emocional de sus personajes.

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En esto gran parte de la responsabilidad recae en el genial operador Darius Khondji, que encuentra una complicidad total con el director a la hora de estilizar hasta la abstracción esta historia en los límites de la sordidez y lo siniestro. Los objetivos Primos de su cámara proporcionan una textura muy realista y urbana a este largometraje, además de otorgar a sus secuencias de acción un aspecto muy inmediato y vibrante. Así mismo fue muy inteligente el uso, por parte del operador y el director, del formato Super35 mm (con una cámara Aaton para los planos cámara en mano tremendamente expresiva), con un ancho de negativo mucho mayor que permite reinterpretar en postproducción la planificación. Khondji llevó aquí al máximo, en el trabajo que le hizo estrella, el empleo de impresión technicolor conocido como ENR, que retiene las partículas de plata del negativo, proporcionando una imagen de gran contraste con negros muy intensos. Ahí están esos negros, en los planos cortos de la película, como quizá nunca se habían visto hasta entonces en una pantalla de cine.

Fueron programadas 12 ó 13 semanas de rodaje, con jornadas de 18 a 20 horas…Entornos de trabajo de filmación siempre lluviosos (que hacían que L.A. pareciese New York o Filadelfia, convirtiéndose en una ciudad sin nombre), interiores con humos eternos que provocaron una tos crónica en los miembros del rodaje…Todo eso se palpa en la pantalla. Se huele la influencia de la película de Pakula y de ‘French Connection’ (Friedkin, 1971). Este guión demencial de Andrew Kevin Walker exigía quizá una experiencia en rodaje tan agotadora y claustrofóbica como los sentimientos que desean provocarse en el espectador. Muchos se quedarán con la lógica retorcida y finalmente incoherente de esta trama enrevesada y apasionante que nos conduce sin pausa y sin piedad por un pesadillesco túnel dentro de siete asesinatos basados en los pecados capitales. Otros podemos relativizar el alcance de su historia y adentrarnos más en la riqueza de sus personajes y en la insuperable puesta en escena que los acompaña.

Es gratificante observar el mimo de Fincher en cuidar a David Mills (solidísimo Brad Pitt) y William Somerset (espléndido, como acostumbra, el gran Morgan Freeman), dos personajes elaborados que resultan antagónicos, como dos caras de una misma moneda. Baste observar sus primeras secuencias por separado. Comenzamos con Somerset, que es un detective hastiado y casi sin energía vital, en su pulcritud, poniéndose su chaqueta (de la que recoge un pelo…), respetando el escenario de un crimen pasional. Al quedarse dormido (empleando para ello un metrónomo) comienzan los famosos títulos de crédito (una soberbia pieza de video arte que anticipa el tono, el aspecto visual y la oscuridad del relato), que bien podrían ser una pesadilla premonitoria del propio Somerset…o una pesadilla del propio Mills, pues al terminar los créditos, se despierta el personaje de Pitt.

David Mills se despierta. Toma café, no como Somerset, que lo tiró al fregadero en su secuencia inicial (y luego lo desdeña cuando se lo lleva al escenario del primer crimen que comparten), elige su corbata de entre varias arrugadas (al contrario que la de Somerset). Una vez se conocen, comienzan a hablar en la calle. Somerset camina tranquilo entre la riada de gente que anda en dirección contraria a ellos, mientras que Mills tiene que ir esquivándolos y termina chocando con alguno. Somerset mantiene la calma, pero a Mills se le ve tenso. ¿Qué expresa Fincher con esta puesta en escena? La comodidad de Somerset en ese ambiente opresivo y el hecho de que Mills no está preparado aún para soportarlo. Esto es una puesta en escena brillante, y la presentación y confrontación previa de ambos personajes en su intimidad es una presentación excelente de personajes.

Este dúo protagonista, y las motivaciones derivadas de su personalidad, son el motor verdadero de una historia que podría haber resultado mucho más predecible y monótona con unos actores menos entregados, y un director no tan pendiente de sus rostros. La aparición final de Kevin Speacy como ese ángel de la muerte indestructible, es una creación escalofriante de un intérprete singularísimo, guiado con astucia por Fincher, que le empuja a un gran esfuerzo en el clímax final. En él la sorpresa tiene el valor de la catarsis, la transformación del policía en asesino y del psicópata en mártir (un iluminado, casi, dispuesto a limpiar con su talento creativo y carnicero, a la Tierra de los ‘impuros’, los inmerecedores) arrancando del espectador las últimas gotas de seguridad que podían quedarle.

La conclusión deja un sabor amargo en el paladar, como una cumbre emocional que no es la esperada pero que aún así se agradece por el descanso ante tanto horror. El montaje, magistral, de Richard Francis-Bruce; la música, vanguardista y fuera de parámetros, de Howard Shore, se han encargado de despojarnos de toda esperanza, nos han sometido a la prueba más dura. El cine recobra su capacidad para convertir los terrores de la sociedad del presente en una ficción, que es una parábola de la inseguridad ciudadana, de la imposibilidad de las fuerzas del orden para sofocar el lado siniestro de la humanidad. El ‘mal’ y el ‘bien’ se funden en un instante, indisociables. Ya no hay luz ni tinieblas, sino todo lo contrario.

Fincher se redime con una película que es todo lo contrario a ‘Alien 3’: sólida, bien escrita, sugerente. Por fin puede dar rienda suelta a su personalidad, abarrocando con sobriedad inusitada los recovecos truculentos de una trama imposible, planificando a lo Welles, a lo Ray, dando un salto de gigante en una filmografía que se adivinaba mediocre, prescindible. Quizá ‘Se7en’ no sea la obra maestra (qué expresión tan manida, anhelada y desaprovechada) que muchos pretenden que sea (otros no), pero no importa. Su intensidad, su expresividad netamente cinematográfica queda ahí, como uno de los ejemplos de género más auténticos y sorprendentes en muchos años de cine. Fincher se había hecho autor a base de detallismo y pasión.

Convertido en director estrella, sus próximos movimientos serían más dificultosos y resbaladizos de lo que quizá él mismo hubiera imaginado. Pero la vida artística nunca fue un camino de rosas para Fincher, aunque muchos puedan creer equivocadamente que sí...

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En Blogdecine:

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<![CDATA[Las diez mejores películas del 2008]]> http://www.blogdecine.com/default/las-diez-mejores-peliculas-del-2008 http://www.blogdecine.com/default/las-diez-mejores-peliculas-del-2008 Fri, 09 Jan 2009 15:59:23 +0000 seleccionado por antonello 3-10-to-yuma.jpg

Primero fueron las peores, y hoy le toca el turno a las mejores. Como ya hemos repetido hasta la saciedad en esta página, el 2008 no ha sido para nada un buen año cinematográfico. Realizar la lista de las diez mejores películas (entre todas las que he visto) ha resultado esta vez bastante fácil. En un año, marcado sobre todo por el regreso de uno de los iconos del cine por excelencia, Indiana Jones (en líneas generales ha supuesto una decepción, aunque servidor se lo paso pipa viéndola), al final, el absoluto vencedor, por lo menos a nivel popular, ha sido el hombre murciélago (¿quién apuesta conmigo a que la nominan a importantes premios a los Oscars?).

Sin más, y bajo mi absoluta responsabilidad, las diez mejores películas del 2008, en orden descendente:

Como amante del western que me considero, y fan absoluto del film original dirigido por Delmer Daves (es impresionante como muchos se han atrevido a hablar del remake sin saber que lo era), tenía mis dudas al respecto de la calidad de este film, sobre todo teniendo en cuenta que tras las cámaras se halla el impersonal James Mangold. Con sumo respeto hacia la obra de Daves, en más de un título de su filmografía, Mangold actualiza una historia apasionante, en la que no puede renunciar a uno de los males del actual cine: la falta de sutileza. Aún así, excelente, y con unos Russell Crowe y Christian Bale soberbios.

Crítica aquí.

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La demostración palpable de que el veterano Sidney Lumet sigue más vivo que nunca. El plan de dos hermanos para ganar dinero cobra dimensiones de tragedia clásica, amén de un guión casi perfecto. Los actores están todos en estado de gracia, incluida Marisa Tomei, cuyas breves apariciones son un deleite para nuestros ojos a pesar de lo débil de su personaje. Una vez más Albert Finney se corona como el auténtico monstruo que es, sosteniendo él solito el demoledor final de la cinta, uno de los más desoladores vistos este año.

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Esperado film de Paul Haggis tras la excelente ‘Crash’, y por el que no obtuvo el éxito esperado. Tal vez los americanos no se sentían a gusto con la pesimista visión que Haggis da sobre su propio país, a través de la historia de un hombre que busca razones lógicas para la muerte de su hijo soldado. Precisamente la no razón del crimen, como la no razón de las guerras, es algo que puede incomodar a más de uno, que no quiere que le estampen la verdad en la cara. Entre el thriller y la denuncia, Haggis se mueve como pez en el agua, y el film nos brinda dos portentosas interpretaciones de Tommy Lee Jones y Charlize Theron.

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La mejor película española del 2008. Un canto a la vida, y una protesta contra la intolerancia y el fanatismo religioso. Atacada sin piedad por mentes obtusas y excesivamente conservadoras que no quisieron ver que Javier Fesser en realidad trata con sumo respeto las creencias católicas, denunciando el mal uso de las mismas (una vez más la gente no desea ver la verdad estampada en la cara, y menos en éste, nuestro querido país). Trabajo actoral de primera categoría, de absolutamente todo su reparto, descubriéndonos a una magnética Nerea Camacho. Se merece todos los Goyas que se le puedan dar. Imperdonable el olvido de Mariano Venancio en las nominaciones.

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Puede que estemos ante la película menos conseguida de M. Night Shyamalan (obviando sus dos primeros trabajos, ‘Prayer with Anger’ y ‘Los primeros amigos’), pero aún se trata de un film estimable. Un film de suspense con escenas sobrecogedoras, en el que se remite sin vergüenza ninguna hacia ‘Stalker’ de Tarkovsky, y cómo no, ‘Los pájaros’ de Hitchcock. Una vez más, la campaña de promoción no tenía nada que ver con lo que Shyamalan nos ofrece, algo que no le perdonan los espectadores, como si él fuese el verdadero culpable. Eso sí, esta vez el director no es capaz de arrancar buenos trabajos de sus actores, en concreto la pareja principal.

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Atreverse con un remake de ‘12 hombres sin piedad’, la ópera prima de Sidney Lumet, era tarea harto difícil, pero Nikita Mikhalkov lo hace con sumo respeto, y enmarcando la historia en cierto contexto de fuerte carácter político. Empleando una hora más que Lumet, disecciona al ser humano marcado por las desgracias generales y las ideologías. Los doce actores están soberbios, aunque en el caso del director, éste no sea capaz de evitar su momento de lucimiento, a todas luces innecesario, por lo tramposo del mismo. Aún así, impresionante.

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Los Reyes Magos me trajeron una miniatura de la criatura más encantadora del 2008: el robot más entrañable de la historia del Cine (con el permiso de unos cuantos más, claro). Pixar vuelve a dar en el clavo, aunque esta vez apuesta por un público más adulto que de costumbre. Emotiva hasta decir basta, y con un fuerte carácter de denuncia hacia ese malvado espécimen conocido como el ser humano, el film es también un prodigio técnico, en el que brilla con luz propia el trabajo de Ben Burtt, quien se llevará un Oscar sí o sí.

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El bombazo taquillero del 2008 es también una de las mejores películas del año. Christopher Nolan se supera así mismo, logrando un film de una efectividad sorprendente, logrando traspasar las fronteras del mundo de los superhéroes, y a través de la ficción convertir su mundo en una verdad plausible. Heath Ledger se convierte en el verdadero rey de la función, con una interpretación llena de matices, por la que se merece todos los premios habidos y por haber (se llevará más de uno importante). Que su lamentable pérdida haya influido en el morbo por ver la película, es algo que no debe ensombrecer las intenciones de un film perfecto en todos sus aspectos.

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Lo que a simple vista parecía una película de terror más, se convierte, en manos de Frank Darabont, en un desesperanzador estudio sobre la estupidez humana y el miedo en general. Un cuento que ahonda en nuestros más profundos temores, y que sirve a Darabont para realizar un sentido homenaje a las monster movies de los años 50, pero llegando mucho más allá. Final demoledor donde los haya, deja al espectador literalmente hundido. Imprescindible ver la versión en blanco y negro, que es como Darabont quería estrenarla. No, no vale con quitarle el color al televisor, eso es una idiotez.

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El mejor director en activo, al que se la tacha equivocadamente de cineasta clásico, nos regala otra de sus obras magnas, de aparente sencillez pero profunda intensidad. Pero ya hablaremos de ella cuando corresponda en el especial de Clint Eastwood.

Ahora, y como siempre, vuestras incalculables aportaciones. En orden y con educación, damas y caballeros.

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<![CDATA[La mentira del actor de reparto]]> http://www.blogdecine.com/default/la-mentira-del-actor-de-reparto http://www.blogdecine.com/default/la-mentira-del-actor-de-reparto Tue, 13 Jan 2009 07:12:47 +0000 seleccionado por antonello brokeback_mountain_14.jpg

Vamos a hablar un poco del tema de los premios a actores, y por extensión de su trabajo. El actor. Esa especie en extinción, la mayoría mal pagados e ignorados, salvo unos pocos, en realidad un porcentaje ínfimo, que ganan cantidades demenciales de dinero, viven a todo tren, y a los que la mayoría de la gente se moriría por conocer, vaya usted a saber por qué. El caso es que con la reciente entrega de los absurdos Globos de Oro (que alguien me explique por qué unos premios entregados por la Asociación de Prensa Extranjera de Hollywood son tan importantes), y con la vara que han dado con el desaparecido Heath Ledger, quien se ha alzado con el Globo de Oro al mejor actor en papel de reparto por su genial Joker, podríamos reflexionar un poco sobre la tontería, la mentira, la falacia esa de los actores de reparto.

Y es que en el desquiciado mundo del cine, todo se etiqueta, se programa y se decide en base a prejuicios, chorradas y lugares comunes. No recuerdo ahora quién dijo (aunque seguro que hay algún lector avispado que lo sabe y me lo comenta) eso de que “no hay papeles pequeños”. Porque en interpretación es una gran verdad. Cualquiera de esos tipos que ponen su jeta delante de una pantalla debería saber que aunque permanezca breve tiempo enfocado por una cámara, un mal trabajo echa a perder una secuencia entera, y quizá la película. A fin de cuentas, el cine, como el teatro, no va de las sillas, ni de otra cosa que de las personas.

Al grano: ¿por qué Heath Ledger es actor de reparto en ‘The Dark Knight’?. Además la cosa está aceptada de la manera más natural. En plan: “por supuesto que es actor de reparto”. Y eso aunque todo el mundo lleva el año entero hablando sin parar de su trabajo (mitificado por el mazazo de su repentina muerte). Se supone que el prota, el motor de la película, es Christian Bale. Pero el verdadero protagonista, el personaje que todo el mundo quiere ver, está claro quién es. ¿Es eso un actor…secundario?

Hace casi dos décadas Anthony Hopkins asombró al mundo entero con otro villano legendario. Su Hannibal Lecter conmocionó el cine en la insuperable ‘El silencio de los corderos’, una de esas obras maestras que de cuando en cuando nos asombran a todos. Y en un caso de rara lucidez, los lumbreras de la academia de Hollywood decidieron convertir a aquella película en una de las tres únicas con los cuatro Oscars principales (película, director, actriz y actor, además de guión adaptado) de la historia. El actor principal fue, cómo no, Anthony Hopkins. Sin embargo, en cuanto a importancia externa, no tiene más que, por ejemplo, Ted Levine, el aterrador Buffalo Bill de la película.

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Lecter aparece en ocho secuencias, ocho, en toda la película: cuatro entrevistas con Clarice, una con Chilton, una con la senadora, la larga secuencia de la huída y la llamada telefónica final. Sin embargo nadie duda de que es el coprotagonista junto a la omnipresente Jodie Foster. ¿Por qué entonces Heath Ledger no es el coprotagonista, sino el protagonista absoluto, de su película? Su peso no es menor, sus apariciones son más numerosas, y es el personaje que más interesa a todos. Pues sencillamente porque ‘El silencio de los corderos’ es una película seria, de prestigio, un drama policiaco sobrio y doloroso, y ‘The Dark Knight’, aunque nadie niega su brillantez, es un cómic llevado a la gran pantalla. Ni más ni menos.

Algo similar sucedió en otra película de Ledger, la bellísima ‘Brokeback Mountain’. ¿Por qué Jake Gyllenhaal fue nominado al Oscar al mejor actor en papel de reparto? De acuerdo, sobre todo nos quedamos con Ledger. Pero entre los varios elementos que engrandecían la interpretación de este actor, uno era la valiente y arrojada composición de un excelente Gyllenhaal. Además, según los cánones clásicos, tampoco sería “de reparto”, pues la película cuenta la historia de ambos. Es, salvando las distancias, lo mismo que proponer a DiCaprio como mejor secundario en ‘Titanic’ porque la historia es de la Winslet más que suya.

Todo esto responde a necesidades de mercado, como todo en la vida. Gyllenhaal tenía más opciones yendo como secundario, y le dejaba más opciones a Ledger en solitario como principal. Ni más ni menos. El mismo año que ‘El silencio de los corderos’, y no es casualidad, dos actrices, Susan Sarandon y Geena Davis, compitieron juntas por el oscar a mejor actriz principal, por la estupenda ‘Thelma & Louise’, y no pasó nada. De acuerdo, no ganaron, pero eso es lo menos. De acuerdo, la historia era más de Louise que de Thelma. Pero eso también era lo de menos.

Al menos allí, en los Oscars, dicen “best actor in a supporting role”, que vendría a ser mejor actor en un papel secundario. Aquí en España, en nuestros Goya, que ya no se llaman así, decimos Mejor Actor Secundario. Como si le rebajasen, ignorando que un actor principal sin un actor con menos tiempo que le sostenga el papel, no brilla tanto. De hecho, ¿qué tiene más mérito? ¿Aparecer 5 minutos y quedarse en la retina del espectador, o lucirse toda la película y exigir por insistencia permanecer en el recuerdo? No sé yo.

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