Favoritos de capote en Blogdecine http://www.blogdecine.com/usuario/ seleccionado por capote http://www.blogdecine.com <![CDATA[Jim Carrey es el más grande]]> http://www.blogdecine.com/actores/jim-carrey-es-el-mas-grande http://www.blogdecine.com/actores/jim-carrey-es-el-mas-grande Tue, 17 Feb 2009 07:19:11 +0000 seleccionado por capote wallpaper_olaf2_1024.jpg

Miren bien ese rostro. Hoy día, el setenta y cinco por cierto de la población mundial podría reconocerle, a pesar del abundante y elaborado maquillaje. Estaba tentado de recortar aún más esta foto, hasta que quedara solamente ese ojo derecho tan desvergonzado e inquisitivo, que nos escruta con una energía arrolladora. Claro que también hay maldad en ese personaje maravilloso de Conde Olaf, pero Carrey no puede pese a todo enmascarar, aún con una máscara tan imponente, ese aura de chico amable y generoso, que sus amigos no se cansan en afirmar que tiene en la intimidad.

Jim Carrey es un genio del cine. Así, tal cual. O al menos de cierto tipo de cine. Sólo un genio podría sostener, con su sola presencia, con su talento transformador, una carrera repleta de títulos tan lamentables, la gran mayoría de ellos edificados en torno a su capacidad para negar tanto la materia con la que está hecha su cuerpo (que sospechamos, sólo sospechamos, es de carne y hueso como el nuestro) y sobre todo su rostro, como la materia de la que está hecha la comedia, erigiendo varios monumentos a la estupidez más descacharrante, barroca y… liberadora.

Del mismo modo que uno de sus ídolos, Andy Kaufman, Carrey triunfó en televisión de manera absoluta, y del mismo modo que aquél, es un experto imitando a Elvis Presley. Su padre le animó a ser payaso desde muy joven, y después de que su familia se viera sumida, prácticamente, en la pobreza por la bancarrota de la empresa en la que trabajaba su padre, Jim Carrey (de verdadero apellido franco-canadiense Carré) se labró, lento pero seguro, un futuro muy prometedor como cómico. Ya con 20 años sus dotes llamaron la atención hasta el punto de ser contratado para la mítica serie ‘In Living Colour’, que se mantuvo cuatro años en antena.

Antes de aquello trabajó en pequeños papeles para Francis Ford Coppola y Clint Eastwood en las respectivas ‘Peggy Sue Got Married’ y en ‘La lista negra’. Si observamos con detalle esos minúsculos trabajos ya observamos que la gestualidad marca de la casa de Carrey ya estaba fraguándose. Y no sólo eso, sino que su energía en pantalla resultaba incuestionable, pese a esas facciones de payaso retorcido, que no ocultaban del todo una fuerza de voluntad que, si bien aceptaba ser de momento un secundario con pocas frases, parecía dispuesta a comerse el mundo.

Ahora bien, la pregunta era ineludible: ¿podría sostenerse una película con semejante engendro dramático, dicho esto desde el respeto, como protagonista? La primera respuesta a esa pregunta fue la comedia loca ‘Ace Ventura: Pet Detective’, que resultó un gran éxito económico (para sus características y posibilidades) dentro del mercado de su país, y un desastre de crítica dentro y fuera de sus fronteras. Carrey se daba a conocer al mundo, y no pensaba desaprovechar la oportunidad: iba a poner toda la carne en el asador. En pocas palabras, íbamos a tener ración extra de Carrey.

Siendo como soy un gran admirador de este intérprete, no voy ahora a perder la cabeza y a afirmar una locura como que ‘Ace Ventura’ es una buena comedia. Por supuesto que no lo es. Es más, resulta sin lugar a dudas una bastante mala, siendo genero, muestra de la degeneración del género. Dirigida por el debutante en cine Tom Shadyac, el director despliega una carencia de recursos visuales y narrativos ciertamente deprimente. Así mismo, el guión, un disparate de cien folios, se esfuerza en ignorar cualquier norma estructural, lógica o tramática a fin de proporcionar a Carrey todas los trampolines necesarios para que él se lance al vacío.

Y bien que se lanza. Hagamos un viaje mental a 1994, o bien a la primera vez que la vimos. En un principio su exageración sorprende, a continuación agota al espectador con gran velocidad. Pero luego sucede algo extraño. Hay una cierta lógica retorcida en este caos de muecas y aspavientos. La lógica de un personaje solitario (nadie más en toda la película está dentro de ese tono de comedia bufa) y de una personalidad extravagante que grita como loca: “¡Aquí estoy yo!”. Y si todavía no hemos cambiado de canal o apagado el Dvd, quizá, sólo quizá, podamos morirnos de la risa con el absurdo total que se nos muestra en la pantalla.

Detective estrafalario e irreverente por antonomasia, Ventura/Carrey ejerce como bufón sin complejos, poniendo en evidencia la estructura de la sociedad, sus estamentos y normas. Tal como hacían los bufones en las cortes antiguas, Ventura/Carrey recoge el testigo y todo lo que toca lo convierte en motivo de irrisión. No hay piedad ni siquiera consigo mismo. Si entramos en su juego, si nos despojamos de complejos e hipocresías, podemos llegar a admitir que su trabajo como Ventura es prodigioso. Él es el motivo, la causa y la razón de una película insulsa y sin interés alguno; pues cuando sale del plano, asistimos a una comedieta más, pero cuando entra es capaz, como en el vídeo de más abajo, de montar una secuencia de suspense entera basada en la nada. Una verdadera fuerza de la naturaleza. Muchos minimizarán su esfuerzo en esta bobada de película, pero pocos actores tienen el carisma, los redaños y la fuerza para ser, por entero, la película.

Por supuesto que en ‘The Mask’, que protagonizó aquel mismo año y que le entronizó definitivamente como gran rey de la comedia americana, sus gags visuales se veían justificados por los poderes de su personaje, el cual le iba como anillo al dedo, pero aquella película carece de la frescura de esta primera aventura, y del salvajismo y coraje de ‘Dumb and Dumber’, que es la apoteosis del estilo Farrelly. Su posterior aparición en la vistosa y estimulante ‘Batman Forever’ estaba metida claramente con calzador, aprovechando su éxito y colándole en la trama como personaje pareja del villano de turno. Su Enigma resulta andrógino, glam y sorprendente.

Como otros artistas de ambición, Carrey intentó pronto participar en películas que diesen algo más que ese payaso que él dominaba a la perfección. Aún el fracaso de la muy inteligente ‘Cable guy’, supo rehacerse con la muy cínica ‘Liar, Liar’, para convencer a la crítica más conservadora con su papel en la irregular ‘The Truman Show’. Muchos alabaron este papel en una película que no alcanzaba ni la mitad de sus tremendas expectativas, pero en mi opinión en la poco mencionada ‘Man on the Moon’ se mueve en registros muy superiores, interpretando a un actor bueno que finge ser malo. O mejor dicho, un actor bueno al que todo el mundo cree malo interpreta a un actor bueno que se hace pasar por mal intérprete. Su encarnación de Andy Kaufman es emocionante, verdadera y maravillosa, más aún si tenemos en cuenta los paralelismos entre ambas figuras interpretativas.

Pero su carrera no sería fácil en sucesivos años con los fracasos de ‘The Majestic’ o ‘Me, Myself and Irene’, sin embargo una década después de Ace Ventura, concretamente en 2004, alcanzó la cumbre en su carrera con dos papeles muy diferentes que son lo mejor suyo en comedia bufa, y en un cambio de registro tonal respectivamente. Hablamos, por supuesto, de la maravillosa ‘Una serie de catastróficas desdichas’ y de la inolvidable ‘Olvídate de mí’. El conde Olaf puede ser un resumen en plenitud de todos sus papeles cómicos, y su Joel Barish puede ser su papel más contenido y melancólico, más en carne viva.

Ahora mismo el declive en su carrera, si no nos equivocamos mucho, parece ser evidente. Quizá no conozca algunos de los grandiosos éxitos de taquilla de hace años. Pero quizá también pueda acceder a papeles que antes le estaban vedados. Esperamos que pueda seguir deleitando a propios y extraños con su profesionalidad extrema, sus payasadas vivificadoras y su melancolía sincera y auténtica. Mucha suerte, señor Carrey. La necesitará y se la merece.

]]>
<![CDATA['La joven del agua', la cumbre del cine fantástico]]> http://www.blogdecine.com/default/la-joven-del-agua-la-cumbre-del-cine-fantastico http://www.blogdecine.com/default/la-joven-del-agua-la-cumbre-del-cine-fantastico Sat, 18 Apr 2009 15:15:54 +0000 seleccionado por capote 5.jpg

Que el cine fantástico es una de las formas de representación más difíciles de dominar para cualquier artista es algo patente en el hecho, incuestionable, de las pocas obras (cinematográficas o literarias) abiertamente fantásticas (como ésta) que consiguen alcanzar una altura estética y, más aún, que sobreviven al paso del tiempo, pero estamos saturados de muchísimas historias fantásticas que no tienen pinta de perdurar. Doy por hecho que el lector de éstas líneas sabe diferenciar entre ficción científica y fantasía, y que aprecia ambas formas, aunque son radicalmente opuestas.

Una de las características más importantes de la fantasía es la necesidad de que el autor haga sentir al espectador que por muy fantasiosos que sean los elementos de su historia, puede creer ciegamente en ellos. De hecho, es un acto de fé. Quizá por eso sólo los más grandes artistas han sabido domeñar la fantasía y hacerla suya. Pero es que, ¿hay un acto de fe más grande que modelar una obra de arte? Pues bien, uno de esos grandes artistas es el norteamericano, de origen hindú, M. Night Shyamalan. Aquí alcanza el techo de los maestros con la que de lejos es su obra mejor formalizada, la más hermosa, libre, compleja película que ha escrito y dirigido.

Shyamalan, tras dirigir dos películas muy menores, se convirtió en una celebridad planetaria gracias a la sorprendente ‘The Sixth Sense’, un raro ejercicio de cine fantástico, que dibujaba los primeros trazos de una personalidad inclinada a hacer creíble lo increíble, a aproximar a la sensibilidad occidental experiencias que no aceptamos como verosímiles, pero que su inmenso talento hacía verosímil gracias a una fe más allá de lo concebible. Cine fantástico que se antojaba como algo real. Y que se vio ampliado y confirmado por la magistral ‘Unbreakable’ (que en España tuvo el título absurdo de ‘El protegido’), una realización que afina incluso mejor que la anterior la sensibilidad y el coraje ilimitado de su máximo responsable. Después de la magnífica, intensa e incomprendida ‘Signs’ y de la lírica ‘The Village’, Shyamalan estaba preparado para dar lo mejor de sí mismo, y así fue.

Si la obra más verdadera, más importante, de un artista, nace de lo más profundo de su ser, según yo creo sinceramente, no hay duda de que ‘La joven del agua’ surge de los sentimientos más terribles, y al mismo tiempo más hermosos, del alma de Shyamalan, que aquí se entrega en sacrificio, como director de éxito, para ser aniquilado por aquellos incapaces de apreciar lo que tiene esta película de bello y de inimitable. Que nadie se lleve a engaño, cuando Shyamalan elaboraba, siquiera interiormente, esta historia, sabía perfectamente lo que le esperaba si podía mantenerse fiel a sí mismo con todas las consecuencias. Pero así tiene que ser: con el atrofiado gusto de la gran masa de espectadores de cine, es hasta deseable que ésta película conociera un rechazo tan masivo, una tal perplejidad.

El caso de Shyamalan es realmente único en la industria de su país por varias razones. Quizás la más importante de todas ellas es que, dado el éxito mundial de algunos (pocos) de sus filmes, el resto, los más arriesgados, los más bellos, reciben una atención enorme, y disfrutan de una campaña de promoción en principio sólo destinada a blockbusters casi seguros. También Shyamalan tiene talento para diseñar sus campañas de presentación, y aunque luego sus proyectos a menudo no dan el dinero que sus productores desearían, es uno de los pocos artistas personalísimos del cine que, al menos de momento, consigue repercusión mediática a nivel global. Lo cierto es que esa posición privilegiada en la industria (que con los últimos batacazos se tambalea, pero que todavía posee) se la ganado él a pulso, es un derecho conquistado, y no regalado por nadie. Pero hay una gran verdad: muchos no saben reconocer los méritos y sólo les interesa ir a la yugular.

4.jpg

La construcción de un universo real

Sería curioso elaborar una lista con los relatos sobre sirenas y otras criaturas marinas que ha dado el cine. En ese sentido, algo muy interesante en ‘Lady in the Water’ es que para elaborar ese necesario misticismo, Shyamalan se sirve de herramientas y medios muy austeros, dando por hecho que con pocos datos y algunos esbozos, el espectador puede aportar toda la información, o simplemente imaginarla, que él sólo da en off, por decirlo de alguna manera. Su procedimiento es el siguiente: creando una atmósfera de gran densidad, en la que priman los ecos sonoros y las brumas de ese extraño complejo de apartamentos, nombrando de pasada algunas viejas leyendas orientales, y gracias a un prólogo animado de sorprendente concisión y lirismo, el director nos sitúa completamente en el tono místico en que instala a sus personajes.

No se me viene a la cabeza ningún director de fantasía más contenido que Shyamalan. En el viaje subacuático del apocado Cleveland (sensacional Paul Giamatti), que aporta un poco más de imaginería plástica a ese mundo secreto de las ninfas marinas, la mayoría de los directores, encantados consigo mismos, habrían dado el “do de pecho” con una puesta en escena más espectacular, más vistosa. Shyamalan, por el contrario, resuelve la secuencia con muy pocos planos y, al igual que en toda la película, con un estilo despojado, directo, ajeno a todo divismo. Hay algo intensamente suicida y sorprendente en este relato: una película que se zambulle sin complejos en un tono abiertamente fantástico, una película de autor que huye de toda veleidad personal. Creo que la verdadera fuerza, en última instancia, de esta hermosa película, reside en la profunda conmoción que provoca, debido a la convicción y el amor que Shyamalan pone en ella.

Las primeras secuencias de esta película están narradas con un único plano, máxime dos. Pero la mayoría con un sólo plano, dentro del cual pueden convivir hasta nueve personajes, o que puede empezar con un suave travelling lateral, o que encuentra obstáculos desenfocados que impiden la correcta visión del personaje a foco. La pericia de Shyamalan con la cámara es ya la de un consumado artista, hasta tal punto que se puede afirmar sin exagerar que “escribe con la cámara”. Para ello encuentra una completa sintonía con otro gran artista, el insigne operador Christopher Doyle. Juntos crean una fotografía que otorga a la imagen un tono poco constrastado, así como colores apagados, que le dan ese aspecto tan brumoso. Los colores azules y verdes, algo difuminados, son los que crean ese ambiente onírico.

Nada sobra y nada falta en la construcción de universo que, a poco que uno se deje arrastrar por él, es más verdadero que la misma vida. Con la fotografía de Doyle y la música de James Newton Howard como pilares maestros, Shyamalan da una lección artística a otros directores (como Peter Jackson, los hermanos Wachowski y otros astutos realizadores de éxito), que no confían plenamente en la inteligencia del espectador y que trazan los contornos de sus vistosos universos (en realidad cómics baratos financiados con muchísimos dólares y poco ingenio) con trazo grueso, por acumulación, en lugar de por sugestión, dominando los resortes del misterio y suscitando la imaginación del espectador, en lugar de seducirle gracias a un mamotreto de imágenes prefabricadas.

Este camino, que Shyamalan ha convertido en una investigación particular de la puesta en escena y la estructuración de relatos, promete mucho más. Significa ir de la mano y proponer al espectador ser co-autor de las imágenes, no sólo en su sentido visual, sino sobre todo en lo que significan como idea emocional. En caso contrario se le ofrece al espectador una idea preconcebida, un espectáculo que impone las propias ideas, y que provoca su indolencia y su bienestar. Sin duda habrá muchos que prefieran esta segunda opción, pero qué duda cabe que el escaso grupo que forman los primeros son los espectadores más valiosos (los más inteligentes y exigentes) con quienes puede dialogar estéticamente un artista.

lady-in-the-water-9.jpg

En ‘Lady in the Water’ la galería de personajes representa una abstracción. Shyamalan renuncia a ofrecer un perfil psicológico extenso de ellos. Sirven, tal como dice el crítico de sombrío destino, como herramientas para contar la historia. Sin embargo, de alguna forma misteriosa, emana de ellos una trágica humanidad, una apariencia frágil y real. Incluso la propia Story (tiene agallas Shyamalan para ponerle ese nombre a su sirena…) es en sí misma una abstracción. Su relación con Cleveland significa una redención por ambas partes, pero también la vuelta a un arquetipo de amistad y pérdida. Y todo se ensambla gracias a la inspiración musical de Newton Howard, que firma la que quizá es su obra magna. En su partitura, repleta de ese sentido de lo maravilloso tan necesario en esta historia, hay espacio para la tensión, lo bufonesco, lo místico. Pero sobre todo está dedicada a conmovernos hasta lo más profundo. A hacernos creer, a tener esperanza.

Desequilibrada, desigual, desacomplejada, desesperada, desafiante, puede que ‘Lady in the Water’ sólo encuentre espacio para los paladares más exigentes. O puede, empiezo a pensarlo, que necesitemos desprejuiciarnos para disfrutar toda la verdad que late en ella. Para muchos lo más importante es el reconocimiento inmediato, el éxito inmediato. Para otros el premio es simplemente poder hacer películas como esta, aunque sólo sea una. Ese es el éxito.

En Blogdecine:

‘La Joven del Agua’, la magia de Shyamalan

‘La Joven del Agua’, precioso cuento sobre el destino de nuestras vidas

]]>
<![CDATA[Clint Eastwood: 'Por un puñado de dólares']]> http://www.blogdecine.com/default/clint-eastwood-por-un-punado-de-dolares http://www.blogdecine.com/default/clint-eastwood-por-un-punado-de-dolares Fri, 26 Dec 2008 17:07:44 +0000 seleccionado por capote eastwood-dolares.jpg

Antes de continuar la serie ‘Rawhide’ (‘Látigo’ en nuestro país), el futuro intérprete de ‘Harry el sucio’, pensó que venirse a España a rodar una película podría significar una buena oportunidad para seguir desarrollando sus aptitudes como actor. Cambiar de aires, sobre todo porque ya estaba un poco cansado de la CBS y la mencionada serie, podía venirle bastante bien. Así que, con alguna que otra duda, los consejos de su mujer por aquel entonces, y la condición de que podría cambiar los diálogos de su personaje, cruzó el charco dispuesto a probar nuevas experiencias.

‘Il magnifico straniero’ fue el título con el que se rodó la película, cambiándolo por el que todos conocemos justo antes de su estreno. Eastwood no sabía quien era Sergio Leone, quien había hecho algún que otro peplum (género, o subgénero, que empezaba a entrar en decadencia en Italia) y colaborado en algunas superproducciones (fue el director de la segunda unidad de ‘Quo Vadis’ y ‘Ben-Hur’), y éste apenas conocía nada de Eastwood. Simplemente le había parecido interesante al verlo en algún que otro episodio de ‘Rawhide’. Pensó que podría envejecer su aspecto, poniéndole barba de días y cierto aspecto desaliñado. No se equivocó.

Eastwood no hablaba italiano y Leone no hablaba inglés, pero al poco tiempo acabaron entendiéndose a la perfección, pues ambos compartían una enorme pasión por el cine. A Sergio Leone se le consideró el padre del spagetthi western, algo que a él siempre le molestó. Lo cierto es que este film, en contra de todo pronóstico, fue el que terminó de impulsar dicho subgénero, que hasta entonces contaba con algunas producciones, sobre todo de origen alemán (anotar la graciosa anécdota de que en Italia, los espectadores pensaron que Clint Eastwood era una actor alemán, ya que ‘Rawhide’ aún no había llegado al país de la bota).

Leone le dio la vuelta a lo que hasta entonces se conocía como western. El director italiano cambió por completo las reglas de un género genuinamente americano, y aunque esto fue visto en un principio como una falta de respeto, no hay más que fijarse un poco para comprobar el profundo amor y cariño que Leone sentía por las películas norteamericanas. El personaje central rompía todos los moldes del típico héroe. Su entrada en escena ya marca por dónde irán los tiros, nunca mejor dicho, en el film. Su llegada a un pueblo fronterizo, en el que parándose a beber un poco de agua en un pozo, es testigo de cierta injusticia (a nuestros ojos) en la que no interviene. ¿Estamos ante el héroe o por el contrario es uno de los villanos? Leone se reserva esa información para más adelante, y nos sorprende mostrándonos a alguien sin ningún tipo de moral o ética al ofrecer sus servicios de pistolero a los dos bandos que se disputan el poder en el pueblo.

‘Por un puñado de dólares’ es un remake en toda regla de ‘Yojimbo’, el famoso film de Akira Kurosawa protagonizada por Toshiro Mifune, aunque en un principio Leone intentó disculparse poniendo todo tipo de excusas. Kurosawa montó en cólera y denunció a los productores, logrando ganar el pleito (los derechos de distribución internacionales fueron exclusivamente suyos). Dejando a un lado polémicas de este tipo, se puede apreciar que ‘Yojimbo’ tenía una historia que podía ser trasladada perfectamente al western (no nos olvidemos de que Kurosawa además rendía con ese film un homenaje al género en cuestión, sobre todo por sus admiradas películas de John Ford, pasión que compartía con Leone), pasado por el filtro que el director italiano estaba a punto de convertir en estilo. La amoralidad del film japonés también está presente en ‘Por un puñado de dólares’, subrayando esto con un incremento de la violencia hasta límites insospechados para la época (atención a la paliza que recibe el personaje central cuando es pillado in fraganti en una de sus artimañas).

eastwood-dolares-2.jpg

Leone, además de una puesta en escena reforzada por unos decorados de una sequedad brutal, en perfecta armonía con el uso del formato scope, contó con dos elementos que hoy día son ya inmortales. Por un lado la inolvidable música compuesta por Ennio Morricone, que va más allá de ser un mero acompañamiento musical. Sus melodías, pegadizas hasta decir basta, muestran y sugieren las motivaciones o sentimientos de los actores de una forma que nunca antes se había visto. El compositor italiano, que a día de hoy sólo tiene un Oscar honorífico, se convertiría en el máximo referente de las bandas sonoras en películas de este tipo (a la copia le salieron copias hasta debajo de las piedras), llegando a expandirse en otros géneros, como ya todos sabemos.

El segundo elemento es, cómo no, Clint Eastwood, cuya composición sigue resultando, aún a día de hoy, una de las mejores de su larga carrera como actor. Con una sorprendente ironía, un laconismo utilizado como expresividad, y cierto sentido del humor (la escena en la que pide al sepulturero tres ataúdes, y después de matar a cuatro hombres le dice que se equivocó, que quería decir cuatro, es impagable), el actor compone un personaje inolvidable. Leone siempre dijo que Eastwood tenía tres expresiones: con cigarro, con sombrero, y sin sombrero. Lo que nunca dijo, porque tal vez ya se daba por entendido, es que con esa enorme economía de medios, Eastwood era capaz de transmitir muchísimo, y de ser totalmente creíble. Por otro lado, el actor nacido en San Francisco se encontraba por primera vez dando vida a un tipo de personaje que no le abandonaría nunca, y que raya en cierto modo con lo fantástico. Su aire misterioso (aparece en medio de una humareda, impasible, peligroso), su origen desconocido, su parquedad en palabras, nos hacen pensar en alguien no humano, o de carácter fantasmal. Esto queda bien patente en una de las secuencias finales, cuando uno de los villanos dispara seguidas veces a Eastwood, y éste se levanta una y otra vez mientras susurra palabras, que semejan por el tono ser de ultratumba. Leone demuestra inteligencia al poner el punto de vista en el villano, de modo que el espectador no tiene más datos que él, y se sorprende (aterroriza) de lo que sucede. El actor Gian Maria Volontè es el perfecto contrapunto a la sobriedad de Eastwood.

Clint Eastwood se volvió a los USA convencido de que la película se olvidaría, hasta que el impresionante éxito que tuvo en Europa le pilló totalmente por sorpresa (incluso no sabía nada de lo del cambio del título). Leone quedó encantado de poder contar con él, después de la negativa de varios actores como Charles Bronson, quien dijo que el guión le parecía el peor que había leído en su vida, o Henry Fonda, que despidió a su agente pues éste ni siquiera le enseñó el guión que Leone le hizo llegar (¿es necesario que diga en qué impresionante película trabajaron los tres unos años después?).

El western empezó a despuntar en Europa, al contrario de lo que sucedía en su país de origen. El cine americano ya llevaba un tiempo trayendo algunas de sus producciones al viejo continente, aprovechando las subvenciones que el cine recibía por aquí (lo que son las cosas, eh?). Eastwood volvería a recibir una llamada para interpretar otra película que haría historia, ‘Per qualche dollare in più’, conocida aquí como ‘La muerte tenía un precio’, en la que Leone y Eastwood tocarían la perfección, cosa que aquí no sucede por un par de detalles no demasiados molestos (la rivalidad de los bandos en realidad era algo fácil de solucionar, y esa cámara subjetiva en el personaje de Volontè cuando cae abatido). Sea como fuere, se disfruta de principio a fin.

En Blogdecine:

]]>