Favoritos de galen en Blogdecine http://www.blogdecine.com/usuario/ seleccionado por galen http://www.blogdecine.com <![CDATA[¿El cierre de Megaupload es una buena noticia para el cine?]]> http://www.blogdecine.com/noticias/el-cierre-de-megaupload-es-una-buena-noticia-para-el-cine http://www.blogdecine.com/noticias/el-cierre-de-megaupload-es-una-buena-noticia-para-el-cine Mon, 23 Jan 2012 18:05:58 +0000 seleccionado por galen megaupload-pepe-taquilla

Los dueños de los cines de medio mundo sonríen tras el primer fin de semana con Kim Schmitz fuera de juego. Los resultados de recaudación, recién horneados, y aún provisionales, son sobresalientes tanto en Estados Unidos como en España, gracias, quizá, al cierre de Megaupload.

Ése es el primer párrafo de una “noticia” que ha publicado hoy el diario El Mundo, firmada por Luis Alemany. Básicamente, viene a decir que los dueños de los cines están muy contentos porque sin Megaupload se están llenando las salas y ellos ganan más dinero. Quizá, quizá, quizá, como diría Osvaldo Farrés… Para defender la teoría, esto es, que la gente ha despertado y repentinamente ha redescubierto su pasión por el cine (y no sabe que existen otras vías para descargar películas), en el artículo se manejan los siguientes datos: la recaudación del fin de semana en EE.UU., la previsión de lo que iba a lograr en la taquilla española el film ‘Los descendientes’ (‘The Descendants’) y el aumento de tráfico en un videoclub on-line que justamente lanzaba una oferta este fin de semana. Aunque ya así planteado causa risa, vamos a analizar estas pruebas demoledoras.

Apunta el señor Alemany que en Estados Unidos la taquilla del fin de semana dejó una recaudación de 136 millones de dólares, “un 32% más que lo recaudado en el tercer fin de semana del año” (ahí falta añadir “anterior”, supongo que es un error sin intención). Y esto es por el cierre de Megaupload. Claro que sí. Lo extraño, como apuntan en Malaprensa, es que hace dos años, en 2010, los cines recaudaron casi 170 millones de dólares en esa misma fecha. Y el año anterior, en 2009, la cifra asciende a más de 190 millones. Vaya, a lo mejor es que hay más factores que influyen en las cifras de taquilla de un fin de semana concreto, qué complicadez...

Dejando al margen el asunto del videoclub (no pienso hacer publicidad) vamos a los datos de la taquilla en España. Señala el artículo, como clara consecuencia de que los usuarios de la malvada Megaupload han empezado a ir al cine ahora que ya no pueden descargar películas como locos enfermos sedientos de porno ilegal, que ‘Los descendientes’ ha recaudado en torno a 2,3 millones de euros en su estreno, según estimaciones provisionales. Y ya está. No tiene en cuenta datos oficiales ni el total de la recaudación del fin de semana, porque no han sido publicados. Su única aportación son cifras provisionales de una película y la previsión que había hecho una web que toman como referencia, donde pensaban que recaudaría 600.000 euros. Desde que cerraron Megaupload, George Clooney tiene más fans. Termino con una pregunta, para responder con sinceridad: ¿iríais más veces al cine si no pudierais descargar películas de forma gratuita?

PD: Gracias al compañero Alex C. por el aviso.

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<![CDATA['Sherlock Holmes: Juego de sombras', una aventura]]> http://www.blogdecine.com/criticas/sherlock-holmes-juego-de-sombras-1 http://www.blogdecine.com/criticas/sherlock-holmes-juego-de-sombras-1 Sat, 21 Jan 2012 12:21:15 +0000 seleccionado por galen Sherlock Holmes: Juego de sombras

En mi humilde opinión, el cine de aventuras tendría que ser aquel que nos haga desear pasar las peripecias que están viviendo sus protagonistas, envidiar sus destinos y misiones y anhelar dedicarnos a lo que ellos hacen. Provocarnos vivir vicariamente lo que no podemos saborear con nuestros propios cuerpos, trasladarnos a lugares y épocas oníricos y deslizarnos en una vorágine de sucesos que, a pesar de sus riesgos y desventajas, deseamos compartir… estoy segura de que hace unas décadas, eso era el cine para los espectadores de todas las edades. Y más adelante lo fue para las generaciones que vinimos después, durante nuestras infancias.

Según nos hacemos mayores, vamos comprendiendo que este séptimo arte que nos da tantas alegrías y decepciones ofrece otras maneras de disfrutarlo, ya pueda ser en un deleite estético, como en una reflexión intelectual, como en un goce emotivo, causado por compartir los sufrimientos o logros de sus personajes. Sin embargo, ninguna de estas opciones conlleva el deseo de convertirnos en esas personas o la traslación de nuestras inquietudes al otro lado de la pantalla. Solo el cine de aventuras que funciona de verdad lo consigue. Tan rara es la vez que esto se halla que, por mucho que me sirva para pasarlo como una enana, ya he dejado de buscarlo. Cuando lo encuentro sin esperarlo, sea como sea la película que me lo proporciona, me recreo y siento que estoy recibiendo aquello que ansiaba siempre que acudía al cine.

Las aventuras de Sherlock Holmes

Sherlock Holmes: Juego de sombras

Como habréis podido adivinar, toda esta consideración previa está incluida para decir que ‘Sherlock Holmes: Juego de sombras’ (‘Sherlock Holmes: Game of Shadows’, 2011), de Guy Ritchie, ha sido una de esas pocas películas que lo han conseguido conmigo. No la he apreciado como película de investigaciones, quizá tampoco como retrato de mi detective favorito, aunque sobre todo esto hablaré más adelante para matizarlo; pero sí me ha parecido magnífica en lo que se refiere a la posibilidad de hacerme vivir una aventura, de obligarme a pensar que mi vida es aburrida –y, creedme, mi vida puede no ser exultante, pero no es rutinaria– y a desear convertirme en una analista loca que corre, huye, salta y pega y que se cuela donde no ha sido invitada para pasar un buen rato y tocarles a unos cuantos las narices con la excusa de investigar asesinatos u otro tipo de delitos. Si para algunos eso no vale el precio de la entrada, entonces no los comprendo.

Sobre la anterior entrega comenté que me habían gustado mucho los personajes, pues me recordaban a House y a Wilson quienes a su vez se inspiran, como también había indicado ya, en Holmes y Watson. Me gustaba mucho el toma y daca que se produce entre el personaje de Robert Downey Jr. y el de Jude Law y la química que consiguen como pareja, que ya la quisieran para sí muchas películas de amor. Aquí me costó encontrar eso en los primeros compases, pero más adelante sí que lo aprecié. No es de extrañar que las tres mujeres protagonistas, Noomi Rapace, Rachel McAdams y Kelly Reilly tengan mucho menos peso o incluso se las relegue voluntariamente para que “no estorben”. El cameos de lujo de Stephen Fry, del que tanto esperaba, pues adoro a este actor y presentador, queda simpático, pero no aporta nada. Jared Harris, como Moriarty, normalito. Ya que se contaba con uno de esos antagonistas tan poderosos que casi podrían tener el carisma de un principal, habría cabido esperar más derroche en su interpretación.

Sherlock Holmes: Juego de sombras

Este Holmes al que se le acusa de no parecerse en nada al que creó Sir Arthur Conan Doyle, en realidad no difiere tanto del personaje loco, drogadicto, boxeador, maestro del disfraz y obsesivo de los relatos y novelas. A lo que puede que no recuerde a muchos es al Holmes que se ha marcado en sus mentes, ese Basil Rathbone cuyas hechuras se inspiraban, no ya en los escritos, sino en las ilustraciones que los acompañaban en la revista Strand. Así que me reitero en que no es tan infiel al original como se quiere hacer creer. En cuanto a si investiga o sigue pistas menos de lo que debería, cosa que había escuchado en boca de una conocida antes de ver la película, no estoy de acuerdo. El protagonista está constantemente deduciendo –o, como decía David Addison o Bruce Willis, en broma, en ‘Luz de luna’, “detectando“–, lo que ocurre es que lo hace sobre la marcha, sin necesidad de diálogos explicativos que detengan la acción. Y, si nos sorprenden las conclusiones pues no hemos sido capaces de seguir su hilo de deducciones, bienvenidos al universo Holmes, ya que eso era tal cual lo que ocurría en los relatos. La opción estética de Ritchie de los ralentís y cambios de emulsión puede gustar más o menos, ahí no entro, pero el proceso del investigador no es tan diferente al relatado por Conan Doyle.

Pues eso, que ‘Sherlock Holmes: Juego de sombras’ puede no ser una película para quien espere investigaciones detectivescas, que obviamente no está a la altura de la magistral serie ‘Sherlock’, de la BBC, ni cuenta con un guion enrevesado con una trama magistral cuyo desmadejamiento nos llene de asombro. Sin embargo, a mí me gustó porque me sirvió para dejarme arrastrar por la aventura y no pido más, de hecho, me parece ya mucho pedir.

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<![CDATA[Gran Cine de Aventuras: 'King Kong', la imaginación hecha imágenes y sonido]]> http://www.blogdecine.com/criticas/gran-cine-de-aventuras-king-kong-la-imaginacion-hecha-imagenes-y-sonido http://www.blogdecine.com/criticas/gran-cine-de-aventuras-king-kong-la-imaginacion-hecha-imagenes-y-sonido Sat, 11 Jun 2011 08:32:35 +0000 seleccionado por galen 900-5_king_kong_blu-ray_.jpg

Empezamos este no demasiado largo (pero sí, espero, capaz de aglutinar toda una serie de estilos, constantes y formas de lo mejor de este amplio y generoso género, muchas veces desdeñado, pero el único capaz de convertir a este desgraciado mundo en un lugar un poco más habitable, y que no por proponer una intensidad o una emoción es menos denso, existencialista o terrible…) ciclo de Gran Cine de Aventuras con la que probablemente es una de las fantasías más famosas de la entera historia del cine, pese a que, me temo, las nuevas generaciones la tienen bastante olvidada. Y eso que el monstruo Kong es uno de los más grandes iconos culturales del siglo XX. Pero ese es, en parte, uno de los objetivos de este ciclo apasionado: volver a algunos títulos que quizá no son de dominio público, y procurarles la mayor curiosidad posible, para que se afane en el visionado de películas extraordinarias como esta, cuyas imágenes pertenecen, por derecho propio, a lo más importante del cine de todos los tiempos, no solamente del cine de aventuras, también del complejo cine de fantasía, y cuyo sustrato bebe, como ya veremos, de algunas ficciones literarias insoslayables y totalmente reconocibles.

También de un momento histórico, de unas coordenadas sociales y de una atracción por lo extraño y tenebroso que es, en esencia, la pura aventura. ‘King Kong’ (id, Merian C. Cooper y Ernest B. Schoedsack no acreditados, 1933) es, como todas las películas legendarias, varias películas en una: un melodrama romántico arrasador, un filme de terror de una atmósfera nunca superada, una película sobre el cine y sobre la (i)rresponsabilidad del cineasta, una estremecedora parábola sobre la incursión violenta del hombre en la naturaleza (que termina violada y destruida por la estúpida ambición humana), un incisivo poema sobre el erotismo y la sensualidad nunca consumada. Y, además de todo ello, una narración de gran riqueza de imaginación y capacidad de extrañamiento, que cambió para siempre la concepción de lo grandioso y lo épico. Volviéndola a ver, accede uno a un territorio nunca explorado, ni antes ni después, en el que la aventura se convertía en expresión luminosa de lo más terrible y lo más bello del mundo y del ser humano.

A finales del siglo XIX, el anhelo del público por descubrir lugares inexplorados, terrenos fértiles y vírgenes, junglas frondosas en las que habitaran todo tipo de criaturas extrañas, era realmente enorme. Relatos literarios de Arthur Conan Doyle (sobre todo, el proberbial ‘El mundo perdido’), Edgar Rice Burroughs con su también proverbial ‘Tarzán de los monos’, habían excitado la imaginación de los nuevos urbanitas, habitantes de las nuevas mega ciudades de Estados Unidos, y que habían dejado atrás su conexión con el mundo natural. A esto se unió la obsesión de Merian C. Cooper por los simios desde finales de los años veinte, y la posibilidad de hacer una gran película sobre gorilas desde su abandono de la Paramount y su fichaje por la mítica RKO al amparo del no menos mítico David O. Selznick. Aunque la Gran Depresión todavía hacía estragos, O’Selznick le prometió a Cooper que su película se haría, y después de mucho trabajo en el guión, y de haberse titulado al proyecto ‘La octava maravilla del mundo’, la película se hizo realidad con unos costes no demasiado elevados para un rodaje que se prolongó durante más de ocho meses.

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El asombro de una obra maestra sobrecogedora

Repasando brevemente la apasionante historia de la Radio-Keith-Orpheum Pictures (la RKO), es impresionante su lista de títulos en treinta años de existencia (1929-1959), desde los musicales de Fred Astaire y Ginger Rogers, pasando por ‘La mujer pantera’ (‘Cat People’, Jacques Tourneur, 1942) o ‘Yo anduve con un zombi’ (‘I Walked with a Zombie’, Jacques Tourneur 1943) y llegando, entre otras muchas, al asombro de ‘Ciudadano Kane’ (‘Citizen Kane’, Orson Welles 1941). Y, personalmente, creo que ‘King Kong’ está a la altura de la película de Welles dentro de su terreno, pues su grandeza visual, sus logros técnicos-narrativos, la profundidad de sus caracteres y su discurso moral, es equivalente. Y mientras ‘Ciudadano Kane’ es un colosal retrato de una personalidad, de una época y de una sociedad, la película de Cooper y Schoedsack es un luctuoso, casi lúgubre viaje de pesadilla hacia los confines de la imaginación, la demente empresa de un director (el personaje de la película) al interior de un mundo salvaje que ya no somos capaces de comprender, y cuyas maravillas nos sobrecogen, nos atraen y nos repelen al mismo tiempo.

Cuando afirmo que ‘King Kong’ es una joya imperecedera dentro del cine de aventuras de todos los tiempos es porque, a mi entender, plantea un contínuo secuencial que literalmente no permite respiro al espectador. Siempre está pasando algo “físicamente”, y la mayoría del tiempo también está pasando algo “psicológicamente”. Demasiadas películas (y novelas…) se nos venden como ejemplos de aventuras, y el trenzado de situaciones y eventos aventureros es muy endeble o simplemente no existe. Pero aquí, una vez que el director Carl Denham encuentra a su actriz soñada para protagonizar su locura de película, la acción no se detiene en ningún momento, y ninguna secuencia sobra, como no sobra imagen ni sonido alguno, en una estructura emocional impresionante, que representa en el ánimo del espectador, sin la menor exageración, una escalada de tensión luejo contextualizada por la subida del gran gorila a lo alto del Empire State Building (recién construido por aquellas fechas). Literalmente, flotamos y sentimos un vértigo semejante al de la actriz raptada porque desde el principio de la historia percibimos psicológicamente las sensaciones de este personaje, y no abandonamos esa percepción hasta el final, mérito de la puesta en escena y el ritmo de los directores.

Pero también es obligado rendir pleitesía a unos efectos especiales asombrosos, tanto en lo que se refiere al diseño y modelado de las muy variadas criaturas que aparecen, como de su expresividad, pues realmente con muy poco esfuerzo de nuestra parte podemos creernos el espectáculo dantesco que ocurre ante nuestros ojos. Ahora muchos verán estos efectos y los encontrarán ingenuos o, con suerte, entrañables. Pero el nivel de stop-motion alcanzado es alucinante, y la interacción con las imágenes reales (un complicadísimo proceso de fotomontaje) digna de todo elogio. Tanto es así que ochenta años después de su realización, la historia sigue arrastrándote, mérito también de un diseño de producción brillante, que nos traslada a la Isla Calavera y al Nueva York del art decó como nunca después lo ha hecho nadie, estremecidos por la historia del simio gigante al que apresan y llevan a su perdición. Y es que la muerte final de Kong hace presa del ánimo del espectador como pocas cosas he visto yo en mi vida, en una catarsis que nos devuelve los ojos alucinados de la infancia, porque eso es la gran aventura: regresar a ese estado infantil en el que descubrimos la muerte de la inocencia, la barbarie de la civilización, el nacimiento de la sensualidad y el erotismo en su estado más primario.

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Y no es para menos lo del erotismo, gracias a la presencia de una bellísima Fay Wray. La actriz canadiense encarna a una mujer de altísima sensualidad aún hoy día, y mucho más como es lógico a principios de los años treinta. Ella es la viva imagen de la inocencia, la dulzura y el sexo en estado primigenio (nunca mejor dicho), y nosotros somos también el Kong enamorado, obsesionados con esa imagen de posesión de la rubia definitiva arrebatada en el último momento. Claro que la formidable fotografía en blanco y negro de Edward Linden , J.O. Taylor, Vernon L. Walker y Kenneth Peach (no acreditado), con aspecto de imagen 1.37:1, a pesar de lo envejecido de su técnica, captura con toda la fuerza posible la peripecia narrada por los directores, capaces de construir algunas imágenes (Kong encadenado con el anfiteatro en primer término, Kong subido a un árbol y tratando de alcanzar a su amada rubia, la pelea entre los gigantes monstruosos, el “paseo” de Kong por la Gran Manzana) que dejan con la boca abierta hoy día, por su insuperable mezcla de espectáculo y sensibilidad, por la mirada compasiva y elegíaca de los directores, culminada por una imponente música de Max Steiner.

En definitiva

¿Hace falta decirlo? Considerar a otras películas muy inferiores a esta como “obras maestras” es casi un crimen de lesa humanidad. La grandiosidad épica, la riqueza de imaginación, la capacidad de extrañamiento, la atmósfera perturbadora que casi puede tocarse con los dedos, la construcción dramática (del verbo griego dram, que significa acción, palabra que la mayoría de los directores, aunque la digan al inicio de cada toma, no comprenden en absoluto), la ambigüedad moral y sexual de la historia, la belleza de los personajes, todo ello convierte a ‘King Kong’ en una joya excepcional, de las más impresionantes de todos los tiempos.

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Ciclo Gran Cine de Aventuras

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<![CDATA[Cine y videojuegos: El guión, la trama y los personajes. Los jugadores somos todos Dennis Hopper]]> http://www.blogdecine.com/reflexiones-de-cine/cine-y-videojuegos-el-guion-la-trama-y-los-personajes-los-jugadores-somos-todos-dennis-hopper http://www.blogdecine.com/reflexiones-de-cine/cine-y-videojuegos-el-guion-la-trama-y-los-personajes-los-jugadores-somos-todos-dennis-hopper Thu, 09 Jun 2011 08:01:04 +0000 seleccionado por galen Heaven

Todo está preparado. La luz es perfecta en este atardecer de ensueño; el lugar y el momento, la Jerusalén de la tercera cruzada, embotan los sentidos con miles de detalles que presuponemos minuciosamente documentados; La música se tensa disponiéndose para la acción, mientras, decenas de ciudadanos realizan su quehacer diario ajenos a la historia que mueve los intereses del protagonista; este presenta un porte especial que le diferencia de la muchedumbre, y parece más que listo para la misión encomendada, asesinar a un alto mandatario de la ciudad. Sus músculos están rígidos, su arma engrasada, su mente alberga determinación tras años de secreto entrenamiento. Todo está preparado. Sin embargo Altair, nuestro héroe, se mantiene inmóvil, como extasiado ante el entorno que le rodea. De repente, desoyendo su destino, deja de lado su objetivo, escala hasta lo alto de un edificio y se pierde entre los tejados de la mítica ciudad. Y es que esto no es una película, es un videojuego.

Al contrario que en ‘El reino de los cielos’, del inefable Ridley Scott, donde los actores siguen el guión que les llevará de forma férrea por tierra santa, en esa novela histórica interactiva que es ‘Assassin´s Creed’ podemos obviar lo escrito para marcar el ritmo que nos dicte nuestro propio interés o estado de ánimo. Somos el protagonista, y este actuará reflejando nuestro libre albedrío. Puede ser siguiendo a pies juntillas el argumento, o simplemente subiendo hasta lo alto de una atalaya para observar durante unos minutos el fantástico decorado que se despliega ante nosotros.

Es complicado narrar una historia cuyo ritmo depende de lo que quiera en cada momento el actor principal. En un Story Board de una película dispuesto en láminas individuales, el director puede pasar secuencialmente de un plano a otro haciéndose así una idea mental del tempo que tendrá la secuencia en pantalla. Imagina ahora que fuera el espectador el que decidiera ese tempo, existirían entonces tantas variantes como personas se pusieran ante las láminas. La acción podría ser lenta, rápida, hacia adelante, hacia atrás o simplemente la observación sosegada de un plano en particular. Existirían entonces tantas películas como espectadores, y cada una respondería a intereses y pulsiones individuales.

Los videojuegos, sobre todo los de mundo abierto (esto es, una enorme extensión de terreno que podemos explorar libremente), tienen que ver más con una experiencia sensorial que con una trama establecida de antemano. Recuerdo que en ‘Oblivion’, juego ambientado en un mundo fantástico de inspiración medieval, me llevé un mes deambulando sin rumbo, disfrutando de lo que me ofrecía el paisaje, visitando ciudades y poblados hablando con nobles y aldeanos, observando plácidamente una puesta de sol o enfrentándome de forma azarosa a algún asaltador de caminos. Fue producto de no saber jugar y, aún así, lo experimentado había resultado igualmente gratificante. ¿No habéis pensado alguna vez, cuando veíais ‘El señor de los Anillos’, lo maravilloso que sería simplemente recorrer esos parajes? Más adelante descubrí cómo jugar a ‘Oblivion’ y me metí de lleno en el viaje del héroe que proponía. Digamos que aquel primer mes fue como la vida de Frodo antes de recibir la visita de Gandalf. Hasta ese momento no había habido historia, sólo (y no es poco) vivencia.

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El ejemplo del ‘Señor de los Anillos’ me sirve igualmente para hablar del arco de transformación de los personajes. Nos encontramos ante una obra inmensa en la que el autor (centrémonos en el cine y no en la novela) tiene el tiempo suficiente para ahondar en los personajes, que estos vayan evolucionando poco a poco. Y es así como ocurre en los videojuegos, donde la extensión de la experiencia puede ir de las seis horas de un título de acción a las más de cien de un juego de rol. Es una labor complicada definir todo lo que quieres contar de un personaje en la duración estándar de hora y media de una película. Los videojuegos sin embargo lo tienen ahí más fácil, hay un espacio temporal lo suficientemente amplio como para madurar con tranquilidad ese proceso, siendo la interacción directa del usuario con el protagonista un primer paso, ya que se le hace responsable directo de sus acciones.

Un trabajo mal hecho en el desarrollo de los personajes puede dar al traste con una película y con un videojuego. Se crean barreras entre el espectador/jugador y los protagonistas porque desaparece la conexión con lo que ocurre en pantalla. Así pasaba por ejemplo en ‘Final Fantasy XII’, superproducción interactiva cuidada hasta el extremo en su dirección artística que naufragaba estrepitosamente por unos personajes que no evolucionaban. Y es que es difícil meterse en la piel de unos protagonistas que se mantienen sin ninguna variación interior tras 80 horas de juego.

La diferencia tan acusada entre la duración de una película y un juego conlleva también diferencias estructurales. Los dos puntos de giro habituales en el guión cinematográfico pueden multiplicarse a favor de mantener el interés del jugador. Es una decisión arriesgada que puede llevar a la confusión y al ridículo si se aplica sin medida aunque, como en el cine, todo depende de la maestría del guionista y del director.

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Volviendo al tema del jugador como actor rebelde y caótico que puede retorcer y quebrar a su antojo el guión marcado, me viene a la cabeza Dennis Hopper durante el rodaje de ‘Apocalypse Now’. En aquellos infernales momentos Coppola se desesperaba intentando que aquel desquiciado hippy recitara las líneas escritas para él. El actor se reconocía incapaz de seguir las pautas establecidas, y en más de una ocasión lo que se inmortalizó en pantalla provino de ideas que aparecieron en las acaloradas conversaciones entre toma y toma. Podríamos decir que los jugadores somos como Dennis Hopper, unos desequilibrados impredecibles que pueden pensar (o no) que tal vez sea mejor observar una puesta de sol sobre Jerusalén que responder a la llamada de nuestro destino.

Vídeo | Youtube

Enlaces | La gran mentira de ‘Heavy Rain’

En Blodecine | Cine y videojuegos, después de todo, no es más que la misma historia de siempre,

Videojuegos, historia y aspiraciones de ese hijo bastardo del cine de género

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<![CDATA[Ciclo: Gran Cine de Aventuras]]> http://www.blogdecine.com/reflexiones-de-cine/ciclo-gran-cine-de-aventuras http://www.blogdecine.com/reflexiones-de-cine/ciclo-gran-cine-de-aventuras Mon, 06 Jun 2011 14:53:16 +0000 seleccionado por galen adventures-of-robin-hood-title-still.jpg

Hace muy poco comentaba yo lo flojita y poco afortunada que me parece (a pesar de la excelente música del genio Polidouris, al que no creo que haga falta volver a llenar de elogios), la primera adaptación al cine del personaje por excelencia del subgénero de aventuras llamado “de espada y brujería”, que de espada tenía muy poco y de brujería menos aún, por no decir de aventura. Desde hoy, y hasta el día que se estrene la nueva ‘Conan, el bárbaro’ (‘Conan the Barbarian’, Marcus Nispel, 2011), por puro gusto personal, y porque así me sirve para hacer un repaso de algunas de las mejores constantes de este género desde los años treinta hasta la actualidad, vamos a hacer un ciclo de algunas películas de aventuras ejemplares, tanto en su fondo como, sobre todo, en su forma, que me reconcilian a mí casi todos los días con el hombre y con el cine, que me hacen aguantar un poco más de tiempo este mar grisáceo que es la vida, y que me llenan de energía, pasión y pura felicidad mezclada con pura melancolía.

Va a ser una docena larga de películas (salvo alteraciones de última hora, que pueden alargar o acortar la lista) con las que espero demostrar que el cine de aventuras (el bueno, el grande, el de verdad…) no es un género menor para distraerse los fines de semana. Mucho más que eso: es una droga sin la que no es posible vivir. Un opiáceo audiovisual, y al mismo tiempo una combustión que nos quema por dentro porque habla del hombre como no puede hacerlo ningún otro género. Desde la conciencia de que somos mucho más que seres que reptan por ciudades para ganarse el sustento perdiendo la dignidad, y que en cualquier momento podemos volver a echar mano de nuestro instinto de supervivencia, de nuestra sabiduría animal, de la piedra, la tierra, el fuego y los mares, del matar para sobrevivir, de la dignidad del ser por encima del tener. De la mortalidad como dignidad frente a Dios o los dioses (o lo que haya, como si es la Nada Eterna…casi mejor). De monstruos (como decíamos de pequeños), de piratas, de capitanes de navío, de cazadores, de pistoleros, de vagabundos, de reyes y príncipes, de locos, de solitarios guerreros, de hombres corrientes enfrentados a la naturaleza, de espadachines…

Y como ya hemos hablado (y no me gusta repetirme, ni puedo…) de grandes películas de aventuras como ‘Ninja Scroll’ (‘Jûbê ninpûchô’, Yoshiaki Kawajiri, 1993), ‘La momia’ (‘The Mummy’, Stephen Sommers, 1999), ‘El guerrero Nº 13’ (‘The 13th Warrior’, John McTiernan, 1999), ‘Toy Story 3’ (id, Lee Unkrich, 2010), ‘Robin de los bosques’ (‘The Adventurs of Robin Hood’, Michael Curtiz, 1938), ‘Depredador’ (‘Predator’, McTiernan, 1987), ‘Lawrence de Arabia’ (‘Lawrence of Arabia’, David Lean, 1962), ‘La casa de las dagas voladoras’ (‘Shi mian mai fu’, Zhang Yimou, 2004), ‘Harry Potter y el prisionero de Azkabán’ (‘Harry Potter and the Prisoner of Azkaban’, Alfonso Cuarón, 2004), ‘Mad Max 2, el guerrero de la carretera’ (‘Mad Max 2’, George Miller, 1981), ‘Le llaman Bodhi’ (‘Point Break’, Kathryn Bigelow, 1991), ‘Supermán’ (‘Superman, the Movie’, Richard Donner, 1978), ‘Hulk’ (id, Ang Lee, 2003), ‘Acorralado’ (‘First Blood’, Ted Kotcheff, 1982), ‘La gran evasión’ (‘The Great Escape’, John Sturges, 1963), además de la obra completa de directores de cine de aventuras tan importantes como Steven Spielberg, John Carpenter o James Cameron, y de un repaso a la saga ‘Star Wars’ (sin dejar de contar con un futuro especial de Kurosawa por parte de Juan Luis, o de John Ford por parte de Alberto…), pareciera que no hay películas de aventuras de las que aún no hayamos hablado, o que no vayan a ser comentadas pronto. Y nada más lejos de la verdad.

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No hay nada más físico, y en el fondo más abstracto, que la aventura cinematográfica. Dos amigos perdidos en un paisaje helado, como en ‘Dersu Uzala’ (‘Deruzu uzâra’, Akira Kurosawa, 1975), un núcleo de viriles luchadores en el que se instaura un fuerte elemento femenino (como en casi toda la obra de Hawks), un guerrero y una guerrera que se encuentran en un punto especialmente delicado y solitario de sus vidas, como en ‘Ninja Scroll’, la lucha inquebrantable contra las fuerzas despiadadas de la naturaleza, como en tantas y tantas películas que cualquiera puede nombrar, son para mí la aventura pura. Contada de manera directa, descarnada, pues en lo físico se dibuja y se esculpe lo metafísico, el cuerpo y la muerte como reflejo de un estado interior de combate infinito, pues el universo y nuestra fragilidad e inevitable degradación física es un espejo del alma.

He aquí el grupito de películas de las que voy a hablar en orden cronológico, cada una muy hija de su tiempo, cada una representante de un estilo y de una forma pura de hacer aventuras:

‘King Kong’ (id, Merian C. Cooper y Ernest B. Schoedsack no acreditados, 1933)

‘El ladrón de Bagdad’ (‘The Thief of Bagdad’, Ludwig Berger, Michael Powell, Tim Whelan y Alexander Korda, Zoltan Korda y William Cameron Menzies no acreditados, 1940)

‘El halcón y la flecha’ (‘The Flame and the Arrow’, Jacques Tourneur, 1950)

‘El hidalgo de los mares’ (‘Captain Horatio Hornblower R.N.’, Raoul Walsh, 1951)

‘La evasión’ (‘Le Trou’, Jacques Becker, 1960)

‘El tiempo en sus manos’ (The Time Machine’, George Pal, 1960)

‘¡Hatari!’ (‘Hatari!’, Howard Hawks, 1961)

‘Un hombre’ (‘Hombre’, Martin Ritt, 1967)

‘El viento y el león’ (‘The Wind and the Lion’, John Milius, 1975)

‘Excalibur’ (id, John Boorman, 1981)

‘Fitzcarraldo’ (id, Werner Herzog, 1982)

‘El fugitivo’ (‘The Fugitive’, Andrew Davis, 1993)

‘Waterworld’ (Kevin Reynolds, 1995)

‘El desafío’ (‘The Edge’, Lee Tamahori, 1997)

‘Hero’ (‘Ying xiong’, Zhang Yimou, 2002)

‘Kill Bill: Volumen 2’ (‘Kill Bill: Vol. 2’, Quentin Tarantino, 2004)

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<![CDATA[Encuesta de la semana | Cine de animación | Resultados]]> http://www.blogdecine.com/cine-animacion/encuesta-de-la-semana-cine-de-animacion-resultados http://www.blogdecine.com/cine-animacion/encuesta-de-la-semana-cine-de-animacion-resultados Mon, 06 Jun 2011 16:52:50 +0000 seleccionado por galen rey-leon-hayao-miyazaki

Aquí os traigo los resultados de la última encuesta de Blogdecine, centrada en el cine de animación. La cosa ha estado bastante igualada, salvo en la elección del mejor narrador de historias animadas, donde se ha producido una aplastante victoria. Y como siempre hay resultados sorprendentes, así que os animo a seguir leyendo:

  • ‘El rey león’ (‘The Lion King’, 1994) es la mejor película animada. La producción de Disney dirigida por Roger Allers y Rob Minkoff se lleva el triunfo en esta categoría por solo 27 votos, obteniendo el mismo porcentaje que ‘Toy Story 3’ (2010), un 18%. Del estudio Pixar también sale la tercera película más votada, ‘WALL·E’ (2008), favorita para el 13% de los lectores. A los que se ofendieron porque no incluí ‘Ninja Scroll’ (‘Jûbê ninpûchô’, 1993) entre las posibles respuestas, aclararles que solo recibió 5 votos. 42 más se llevó ‘La princesa Mononoke’ (‘Mononoke-hime’, 1997), otra ausencia que también provocó amargos comentarios, al parecer incapaces de entender que en la encuesta no puedo incluir cientos de títulos, que para algo está el apartado “otro”. Y que en todo caso iba a ganar una de Disney o una de Pixar. Sí o sí.

  • La peor película es ‘El espantatiburones’ (‘Shark Tale’, 2004). El 14% de los lectores se decantaron por el film de DreamWorks realizado por Bibo Bergeron, Vicky Jenson y Rob Letterman, un 3% más de los que eligieron ‘Final Fantasy: La fuerza interior’ (‘Final Fantasy: The Spirits Within’, 2001). En tercera posición, con un 9% de los votos, quedó ‘The Polar Express’ (2004). Sorprendentemente, ‘Planet 51’ (2009) no ha obtenido los votos suficientes para entrar en el podio, pensaba que la ibais a masacrar. Pero si algo me ha llamado la atención es que dos lectores votaron ‘Up’ (2009) como la peor película animada. Está claro que uno es Vicente Molina Foix, pero, ¿quién será el otro?
  • El mejor director es Hayao Miyazaki. Aunque ninguna película suya entró en el podio de las mejores (‘El viaje de Chihiro’ se quedó muy cerca), el japonés ha sido el cineasta más votado, contando con el apoyo del 41% de los lectores. Brad Bird queda en segundo lugar con un 14% de votos y Andrew Stanton es tercero con el 4%. Un lector votó a Robert Zemeckis.
  • WALL·E es vuestro personaje animado favorito. El encantador robot que protagonizó la película de Pixar dirigida por Stanton obtuvo el 24% de los votos, un 10% más que el juguete Woody, que yo pensaba que iba a ganar con facilidad. Jack Skellington quedó tercero gracias al 7% de los lectores, superando por solo 8 votos a Porco Rosso (el más votado de los personajes del cine de Miyazaki, solo 40 lectores se decantaron por Totoro). Curioso que no se haya colado Scrat, el único personaje que merece la pena de la saga ‘Ice Age’.
  • El cine de animación está infravalorado. Es la opinión del 68% de los lectores, mientras que el 27% considera que las películas animadas, en general, están justamente valoradas.

Bueno, eso es todo, ¿qué os parecen los resultados? Yo siempre los veo bien, es decir, habla la mayoría, aunque alguna vez no pueda evitar sorprenderme y preguntarme cuánto cine ha visto la gente que ha votado. Echo de menos alguna película de Miyazaki entre las tres mejores, en especial cuando él ha barrido en la votación del mejor creador cinematográfico. Igual que hago yo cada vez que aquí o en la sección “respuestas” se habla de alguna película que no he visto, quiero pensar que muchos lectores se pondrán las pilas a raíz de esta encuesta y dejarán de dar por sentado que en Pixar se hace el mejor cine animado. Os quieren vender esa idea, pero no es cierto. Buscad más allá y os sorprenderéis.

PD: Una respuesta de un lector, en la última pregunta: “Quiero responder ‘No, está infravalorado’ pero con una aclaración: Está infravalorado en occidente, donde se considera un producto para niños como puede ser el cómic. En oriente, tienen la cultura de que la animación no es más que otra forma de hacer cine (o TV) y existen excelentes productos animados de temas más adultos (y no, no me refiero a ciertos dibujos japoneses calenturientos)”.

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<![CDATA['El sicario de Dios', divertida, intensa e insatisfactoria]]> http://www.blogdecine.com/criticas/el-sicario-de-dios-divertida-intensa-e-insatisfactoria http://www.blogdecine.com/criticas/el-sicario-de-dios-divertida-intensa-e-insatisfactoria Wed, 11 May 2011 19:20:05 +0000 seleccionado por galen priest_trailer_59.jpg

Existe una cierta clase de películas que, de entrada, uno se predispone en su estado de ánimo, incluso aunque no te des cuenta. Películas que, lo sabes perfectamente, es casi imposible que te sorprendan. Ni que decir tiene que la posibilidad de que te parezcan realmente imponentes es muy remota. Sin duda, ‘El sicario de Dios’ (‘Priest’, Scott Charles Stewart, 2011) es de esa clase de películas. Pero, y aquí está la sorpresa, me quedo bastante alucinado de que, aún con sus defectos (que los tiene, y no son pocos), me lo he pasado pipa en el cine, armado con mis gafas 3D y entregado, tan a gusto, a esta descabellada película, muy libremente basada en el cómic coreano de Hyung Min-woo que me he leído y que también me ha hecho pasar un buen rato. No sé, puede que acudiera al cine con las expectativas tan bajas que luego cualquier espectáculo conseguiría hacerme vibrar, pero, en honor a la verdad, pasé una hora y media más que amena, impactado por algunas imágenes y algunos momentos que podrían haber dado de sí una salvajada de grandes proporciones.

Pero la película da para lo que da. Eso sí, no pienso escatimar algunos elogios para el diseño de producción y la fotografía, así como algunas decisiones sorprendentes de puesta en escena. Así como tampoco pienso callarme no pocas reprimendas por no haber sabido llevar hasta el final una premisa que daba para bastante más. Desprejuiciada, barroca, excesiva, descabellada, emocionante, salvaje, absolutamente desequilibrada, generosa, pulp…‘El sicario de Dios’ es de todo menos una película aburrida, algo casi milagroso en el cine narrativo en general de hoy en día, y dentro del cine de aventuras en particular. Bebiendo, sin el menor complejo, de cánones tan caros como los de la saga ‘Star Wars’, ‘Terminator’, ‘Mad Max’ o ‘Aliens’, ‘Blade Runner’, ‘Soy leyenda’ (la novela de Richard Matheson, no el aburrimiento de película protagonizado por Will Smith)...amén de numerosos cómics, animes, series de todo tipo. Un verdadero vampirismo estético que a punto está de triunfar…o de fracasar estrepitosamente…

Pistoleros, sacerdotes, cyber-punk

Con el Especial Vampiros de Alberto, con numerosos ensayos sobre el tema, con una buena cantidad de películas y series anuales, ya nos hemos percatado de que los chupasangre proveen de inagotables recursos a los escritores y a los directores para que inventen nuevas formas de terror basándose en un mito mucho mejor tratado en cine (ya lo hemos dicho otras veces) que el de los zombies o los hombres lobo. Esta es una más, y no por cierto de las peores. En ella hay cabida para una escenografía estilo western, mezclada con otra estilo cyber-punk, y aún con otras, más góticas y hasta post-apocalípticas, en un delirio tan impúdico como gozoso, que no tiene miedo de caer en el ridículo, sino que se regodea en él con ánimo suicida y sale vivo de la jugada. Parece que, a cada momento, la película va a derrumbarse completamente, ensimismada en sus fantasmagóricas y embelesadas imágenes (algunas de ellas realmente potentes), pero consigue una y otra vez remontar el vuelo, hasta su insatisfactorio y extraño final, que deja con ganas de más.

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Y la cosa empieza más que bien, con un prólogo y unas primeras secuencias que prometen algo especial, aunque desgraciadamente ese algo no lo veremos más que a ráfagas. Es la primera película que veo del director Scott Charles Stewart, un individuo muy curtido en muchas películas exitosas, dentro de la disciplina de efectos visuales, y cuya anterior película fue calificada por Juan Luis como un verdadero desastre. Tampoco es que este hombre nos descubra el Mediterráneo en esta nueva película, desde luego, pero ya en esos primeros minutos se advierte a un director que no lo hace del todo mal, que es capaz de armar una atmósfera, de situar la cámara donde debe, de divertirse y de creer en lo que está contando, por muy descabellado que sea. La breve secuencia animada, y el momento del rapto de la niña (una guapa Lily Collins) son cine muy elaborado, que despierta al más desprevenido como un zarpazo, y que hace volar la imaginación del espectador.

¿Qué importa que el personaje del buen actor Paul Bettany, un sacerdote impertérrito e improbable, se desdibuje en una secuencia y se vuelva a dibujar en la siguiente? ¿Qué importa que las motivaciones del malo de turno, un imponente Karl Urban, estén tan torpemente presentadas y que en el fondo sean tan innecesarias? ¿Qué importa que la historia sea tan manida y tan predecible? En realidad, uno termina por conceder poca importancia a esas cuestiones y por entregarse, cual adolescente ávido de sangre, al vendaval de intensidad de una película hecha para surfear sobre ella sin zambullirse nunca en su fondo (bien se han encargado de que ese fondo sea inexistente) en un dinamismo muy de agradecer y que se echa en falta en otras películas supuestamente trepidantes. Esta sí es trepidante, y aunque abuse un poco de la cámara lenta o de un montaje picado, es capaz de construir un suspense eficaz y una violencia furiosa y placentera. La infiltración en la colmena, la persecución al enorme tren, la masacre en el pueblo, son momentos poderosos y elaborados que merecen verse.

Aún está por ver que alguien pueda usar el 3D de un modo más visual y dinámico que escenográfico, pero la hábil fotografía de Don Burgess (un veterano siempre valiente, habitual en algunos grandes éxitos de Robert Zemeckis) sabe sacar el máximo partido de unos dantescos escenarios del diseñador Richard Bridgland y de una forma de dirigir la acción más cercana a lo oriental que a lo norteamericano (aunque a estas alturas, es difícil distinguir muchas cosas…). La cruzada de este cazavampiros solitario oscila entre una densidad conceptual muy lograda (el Réquiem de Mozart poniendo fondo a una carnicería, lo sacro y aséptico enfrentado a lo infernal y lo polvoriento) o el tebeo más zafio, y entre no tomarse en serio a sí misma y una grandilocuencia algo pasada de moda a estas alturas. Liviana pero gozosa aventura, en estos tiempos en que el sentido de la aventura se reduce a una ciudad que se dobla sobre sí misma o la estéril resurrección de mitos de la literatura.

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<![CDATA[Críticas a la carta: 'Dentro del Laberinto']]> http://www.blogdecine.com/criticas/criticas-a-la-carta-dentro-del-laberinto http://www.blogdecine.com/criticas/criticas-a-la-carta-dentro-del-laberinto Mon, 09 May 2011 18:00:13 +0000 seleccionado por galen dentro del laberinto

Buena explicación de la empatía que este film dirigido por Jim Henson tiene entre el público es su propuesta en esta sección. ‘Dentro del laberinto’, a pesar de su achacable envejecimiento, más estético que otra cosa –recordemos que es un film de 1986 y sus efectos especiales se antojan acartonados hoy día–, es un film que despierta nostalgia, simpatía y sigue gustando a nuevas generaciones. Las razones, o al menos una de ellas, es porque es un film honesto, entretenido y bien contado.

Jim Henson, tras la buena acogida de ‘Cristal Oscuro’ y con su dilatada experiencia en el mundo de la fantasía, los “muppets” y las historias infantiles, demostró que solo hace falta imaginación y saber narrar para convencer. Es lo que logró con ‘Dentro del laberinto’, que ni es original, ni tiene grandes estrellas (bueno, una, pero más de la música) ni posee excesivas pretensiones, pero entretiene.

Uno de las grandes virtudes de la cinta y en lo que Henson es considerado todo un maestro, es en dotar de humanidad y riqueza a simples muñecos. En un alarde de artesanía, el director dota a la historia (escrita por Terry Jones, no lo olvidemos) de esa galería de personajes fantásticos que tanto la enriquece, que tanto aportan y que acompañan a la joven protagonista (recordemos Jennifer Connelly) y al villano de turno, encarnado por la estrella David Bowie. Esos personajes que pueblan el relato, monstruos, duendes, un villano maquiavélico (aunque nunca llega a convencer su lado maligno)… todos están dotados de personalidad, de suficientes matices como para enriquecer el manido y arquetípico esquema narrativo.

‘Dentro del laberinto’, fantasía, aventuras y David Bowie

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Con producción de George Lucas, ‘Dentro del Laberinto’ cumple a rajatabla con este esquema del cine de aventuras y fantasía, aquí en nada destaca: quedan bien patentes su referencias a ‘Alicia en el país de las maravillas’ de Carroll o el mismísimo ‘Mago de Oz’, (incluso la patente estética de Escher en un el número previo a la conclusión, repleto de engaños visuales al ritmo del Bowie más enigmático) fuera porque sabe contarlo sin perder el ritmo (a pesar de algún episodio). Se dosifican los episodios con la entrada en escena de nuevos personajes que van completando, dificultando o ayudando según el caso, la aventura fantástica de Sarah, la protagonista a modo de heroína convencida que sumergida en un mundo propio de la imaginación más infantil e inocente, tiene que superar el laberinto hasta rescatar a su pequeño hermanito.

El universo en el que tiene lugar casi toda la película destila una gran imaginación, ese aire artesano, de entusiasmo que es buena esencia del saber hacer de Henson. Cuya primitiva intención era no contar con ningún personaje de carne y hueso (siguiendo la estela de lo que ya alcanzó con ‘Cristal oscuro’), pero aquí la presencia de una estrella de la música con carisma, exótico e histriónico, consiguió que la película alcanzara un mayo status comercial. Un Bowie que encaja a la perfección en su interpretación de Jareth, el rey de los duendes, embutido en trajes y pelucas como pocos podrían lucir con tanto desparpajo y atrevimiento, que además aporta una alta dosis de personalidad al conjunto, que se agradece.

Aunque cierto es que más allá de la estética, de sus canciones y números musicales (nada desdeñables, incluso alguno brillante y en general bien dosificados –para interesados, escuchar la playlist en Grooveshark–), su personaje queda demasiado blando. No resulta un villano que eleve la tensión, se echa en falta que se oponga con más fuerza a la protagonista y su objetivo, al margen de que su motivación no aparece reflejada en ningún momento, más allá de cumplir el deseo que Sarah invoca con sus palabras al comienzo de la historia. Unido a cierta escena menos inspirada (la alocada batalla en la ciudad de los duendes) y ligeras carencias aisladas en el guión son los puntos más débiles.

Junto, quizás a su excesiva inclinación hacia la simplicidad, entendida como concebida y adaptada para agradar al público infantil, en lo que más flaquea, pero esto es algo que los adultos a veces le podemos achacar como negativo. Aunque resulta una película disfrutable de principio a fin por todo tipo de espectadores. Con buenas dosis de humor, fantasía, aventura, personajes sorprendentes y momentos oníricos, casi –o totalmente– surrealistas que la convierten en una cinta entrañable.

Ya pueden hacer su siguiente elección. El equipo (al completo) de editores de Blogdecine está preparado para la siguiente entrega de Críticas a la carta.

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<![CDATA[David Lynch: 'Dune', más allá de las estrellas]]> http://www.blogdecine.com/criticas/david-lynch-dune-mas-alla-de-las-estrellas http://www.blogdecine.com/criticas/david-lynch-dune-mas-alla-de-las-estrellas Tue, 18 May 2010 08:42:16 +0000 seleccionado por galen dune2.jpg

Después de debutar con la extraña ‘Cabeza borradora’ y triunfar con la extraordinaria ‘El hombre elefante’, en la que como ya explicábamos, Lynch alcanzaba una precoz plenitud y fundía clasicismo y autoría con gran talento, el cineasta entraba en la vorágine de estudiar ofertas y preparar proyectos, a cual más ambicioso. Sin ir más lejos, George Lucas, que había concluido la segunda parte de su saga galáctica, barajaba para dirigir la tercera y última parte los nombres de Paul Verhoeven y David Lynch, quizá en la esperanza de que estos talentos, con relativo poco poder en la industria, pudieran ser más manejables, a la vez que eficaces, en la preparación de ‘El retorno del jedi’.

Desechado Paul Verhoeven (“igual pensaban que pondría a follar a los jedi”, recordaba Verhoeven años después, con sorna) Lucas tentó con fuerza a Lynch, y estuvo a punto de firmar. De hecho, cuentan que Lynch llamó a su representante desde el rancho Skywalker para consultarle, a lo que este respondió: “si te quieres forrar sin hacer prácticamente nada, firma”. Pero Lynch no firmó y, lo que son las cosas, Dino de Laurentiis, que llevaba varios años con los derechos comprados de la famosa novela ‘Dune’, y con varias tentativas fracasadas de llevarla a la pantalla, pensó en él y le llamó para hacerla realidad.

El proyecto había comenzado a gestarse a principios de los setenta, con varias productoras pugnando por los derechos de una de las novelas de fantasía (pues de nuevo, no estamos en un relato de sci-fi o ficción científica) más exitosas de todos los tiempos. El escritor y cineasta Alejandro Jodorowski fue el primero que quiso hacerlo en firme, y convenció (o casi) a talentos como Salvador Dali (que cobraría 100.000 dólares a la hora por interpretar al emperador del universo), Orson Welles, Gloria Swanson, David Carradine, Geraldine Chaplin, Alain Delon, Hervé Villechaize y Mick Jagger para colaborar con él en una megaproducción de diez horas.

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Jodorowski llamó a Dan O’Bannon como supervisor de efectos especiales y co-guionista, y a Moebius y H.R. Giger como diseñadores conceptuales de la película (¿suenan mucho esos nombres juntos en otro título famoso?). El proyecto, por supuesto, resultó inviable, y pronto cayó en manos de de Laurentiis, cuya primera opción fue Ridley Scott, pero el cineasta quería partir la historia en dos películas, y hacerla como excusa para una serie de efectos especiales que le interesaban, mientras que de Laurentiis quería algo más personal y espiritual. Scott se fue a hacer ‘Blade Runner’ y de Laurentiis contrató a Lynch.

Una película única

‘Dune’, de Frank Herbert, es una novela ganadora de los prestigiosos premios Nébula y Hugo, que conoció cinco continuaciones, y que como saga es todo un éxito de ventas. Realmente, sin embargo, no es una novela de ficción científica (o ciencia ficción o sci-fi), sino un cuento de hadas, una historia de fantasía. Bajo mi punta de vista, y a pesar de ser consciente de la legión de fans de los libros, se trata de literatura normalita, trascendida por una gran imaginación, pero en ningún caso estamos ante una novela grandiosa estéticamente hablando. Lynch trabajó durante seis meses en seis borradores del guión, sin haber leído siquiera los libros ni tener interés en su género, y la película fue enteramente filmada en México.

Los personajes y la trama de la película son muy afines al universo y al imaginario de Lynch, y así queda palpable en el visionado de la película. Sin embargo no creo que su personalidad sea capaz de expresarse al máximo en una superproducción con 80 sets, 16 departamentos de sonido y un equipo de 1.700 personas, más bien parece diluirse. Buena prueba de ello es que nunca más Lynch trabajó en una producción de este calibre (además de que el fracaso parcial del filme no le proporcionaba mucho margen más), aunque está bastante satisfecho del montaje estrenado en 1984, mientras que reniega de otros montajes de más duración que llegaron a verse en las televisiones estadounidenses.

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Pero no sólo por todo esto es una película única, sino por su aspecto visual, su narrativa y la estructura de un guión que, en su momento, fue muy atacado por lo enrevesado y confuso de su trama, aunque ahora, más de cuarto de siglo más tarde, lo cierto es que resulta un guión muy sencillo de seguir y no se entiende tanta aspereza. Una vez más, estamos en el relato de un héroe, un elegido, que ha de traer el equilibrio al universo, pero Lynch no se acerca a esta historia desde un punto de vista épico (aunque cierta épica retorcida sí que hay) sino tremendamente psicológico y casi surrealista, onírico incluso.

Para contraer y hacer más veloces algunas partes de la historia, decidió emplear numerosas voces en off, que funcionan como pensamientos en voz alta de los personajes. Esta opción es totalmente lógica y ayuda al tono de la historia, pues no sólo es una película sobre la mente (como todo el cine de Lynch), sino que hay telépatas en ella, como todos sabemos. Sin embargo, también redunda negativamente, porque hace a la película mucho más literaria (no había más remedio, si querían adaptar de forma fiel un texto tan farragoso) y más lenta de lo que podría haber sido con otras opciones.

No estamos, por tanto, con un filme de aventuras al uso, sino con un filme de aventuras tremendamente reflexivo, que funciona sobre todo a un nivel abstracto, en la conciencia del que observa, y cuyo feísmo visual provoca un malestar o desagrado en el espectador más perezoso. Pese a todo, el héroe acaba venciendo en su peripecia vital, se impone a todos y termina con los malos (creo que Kyle MacLachlan es una elección perfecta para Paul Atreides, por su combinación de tranquilidad e intensidad), y el cuento de hadas termina razonablemente bien, como no podía ser de otra manera.

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Realmente, ‘Dune’ es un filme muy bello (para entendernos, no es bonito de ver, pero es bello en la armonía de sus partes), en sus rasgos más puramente cinematográficos, es decir en la planificación, la dirección artística, el ritmo. Es como un sueño, o como una pesadilla surrealista. Espléndidamente fotografíado por Freddie Francis, en una variación del Cinemascope que llamaron Todd-AO 35 y que fue empleada varios años, y con una relación de aspecto original de 2.39:1, ‘Dune’ es lo opuesto a la vistosa espectacularidad de ‘Star Wars’, es como su reverso de la moneda. En ese sentido es una valiente jugada anti-comercial, como es habitual en su director.

Con ella completa una inicial, y apócrifa, trilogía, en la que los personajes protagonistas inician, quizá sin saberlo, un difícil y conflictivo viaje a las estrellas. Ya pueden ser las estrellas de la mente de Henry Spencer en su alucinada cabeza, las de los sueños de John Merrick o las auténticas de Paul Atreides. Para Lynch, es la narración de la conquista de lo sublime, aunque signifique la muerte, la locura o la destrucción de una personalidad anterior. Después de esta trilogía luminosa (aunque con sus muchas zonas tenebrosas) iniciará otra trilogía (la conformada por ‘Terciopelo azul’, ‘Corazón salvaje’ y ‘Carretera perdida’) en la que se olvidará de viajar al cielo para hacerlo hacia el infierno.

Conclusión

Obra indudablemente menor de Lynch, que pese a todo posee no pocas virtudes y que merece la pena defender. Fue recibida con estupefacción e incluso por virulencia por la crítica estadounidense (no tanto la europea) y en su país fue un anunciado fracaso de taquilla. Sin embargo cuenta con no pocos seguidores hoy día, y es sin duda un título muy especial dentro de la fantasía y las space-opera. Esto afectó poco a Lynch, que enseguida comenzaría a preparar su siguiente proyecto, en el que cristalizaría un estilo lynchiano tan reconocible hoy día.

Especial David Lynch

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<![CDATA[Clint Eastwood: 'El sargento de hierro']]> http://www.blogdecine.com/criticas/clint-eastwood-el-sargento-de-hierro http://www.blogdecine.com/criticas/clint-eastwood-el-sargento-de-hierro Thu, 13 May 2010 14:00:54 +0000 seleccionado por galen heartbreakridge-f1.jpg

Estoy aquí para comunicaros que la vida, tal y como la habéis conocido, ha terminado. Más vale que os vayáis al pueblo esta noche a reiros y a hacer el gilipollas o a restregar vuestras pichitas contra vuestras novias, o a meterla en cualquier agujero. Pero sea lo que sea hacerlo, porque mañana a las seis de la mañana, vuestros culos serán míos

La de arriba es una de las famosas frases por la que popularmente se recuerda ‘El sargento de hierro’ (‘Heartbreak Ridge, 1986), la película que Clint Eastwood decidió filmar tras un año lleno de felicitaciones por su trabajo. En Europa empezaban a proclamarle como uno de los mejores directores americanos y poco a poco su imagen de autor iba creciendo, por lo que a muchos les sorprendió un proyecto como el presente, una especie de comedia dramática bélica —toma mezcla de géneros— que a priori parecía un ensalzamiento del ejército norteamericano. Eso era lo que pretendía el propio Ejército, que apoyó a Eastwood en todo cuanto quiso, dejándole rodar en determinados lugares y prestando armamento esperando que el actor/director hiciese un film al estilo de ‘Top Gun’ (id, Tony Scott, 1986), el gran éxito de aquel año, y que provocó que muchos jóvenes se alistasen en aviación. ‘El sargento de hierro’ es otra cosa bien distinta, afortunadamente.

Los altos mandatarios del Ejército querían que en la película se reflejase al nuevo ejército el cual no tenía nada que ver con el retratado en el film, en el que Eastwood daba más bien una visión del antiguo en un homenaje a los veteranos, aquellos que habían participado en guerras como la de Corea. No era la primera vez que Eastwood daba vida a un veterano de dicha guerra, y aquí le servía para realizar una vez más un dibujo sobre uno de sus típicos personajes individualistas, de esos que no se adaptan a los nuevos tiempos y que pertenecen a una época ya muerta. El sargento de artillería Tom Highway no se aparta demasiado en su esencia de Harry Callahan, Josey Wales o más recientemente Walt Kowalski, el resumen de todos sus personajes.

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Eastwood ya era alcalde del pueblo en el que vive, Carmel (California), cuando realizó ‘El sargento de hierro’. Republicano de ideas, muchos pensaban que Eastwood se desharía en elogios hacia el Ejército de su país, pero que un cineasta tenga unas determinadas ideas políticas no significa ni por asomo que tengan que aplicarlas a sus películas. De hecho el director de ‘Million Dollar Baby’ es precisamente uno de esos casos en los que su ideología personal nada tiene que ver, no siempre, evidentemente, con la ideología de sus películas, demostrando que no todo es blanco o negro, que los extremos no son buenos.

Una de las cosas que más molestó al Ejército —enseguida declararon no tener nada que ver con la película y retiraron su apoyo— fue su lenguaje mal hablado, algo que también crispó a algunos de los espectadores de la época —comprobado in situ en el momento de su estreno, y es que eran otros tiempos—, pero pocos veían que se trataba de una exageración bien planeada de cara a que el film poseyese un marcado tono de comedia que en algunos momentos alcanza un grado de negrura insólito. El film da comienzo con Highway en prisión relatando un aventura de él y sus hombres con unas prostitutas; la cantidad de tacos que Highway suelta por minuto llama la atención de cualquiera, una efectiva manera de captar el interés. Más tarde nos enteramos de que Highway es un hombre muy condecorado por haber servido a su país en tiempos de guerra. A falta de poco tiempo para el retiro, Highway, de carácter difícil y siempre metido en líos, es trasladado a una base en la que adiestrará a marines. El sitio al que siempre ha querido regresar porque allí se encuentra la mujer de su vida, su ex-esposa (interpretada por Marsha Mason), que le separó por jugar demasiado tiempo a los soldaditos.

‘El sargento de hierro’ se divide en dos partes bien diferenciadas: el entrenamiento y la parte bélica —¿alguien se está acordando de Kubrick?—, estando la primera de ellas también subdividida. Primero vemos como Highway pone en cintura a una pandilla de vagos e inútiles jóvenes que no hacen absolutamente nada en el campo —otra de las razones por las que en el Ejército se sintieron especialmente molestos—, el entrenamiento será en principio un verdadero suplicio y toda esa parte está llena de gags, aunque la seriedad subyace debajo de toda la comicidad que baña dicha parte. Cuando todas las cartas han sido presentadas, Eastwood da uno de esos giros a los que nos tiene acostumbrados pero que siempre sorprenden. El director nos desvela el lado humano de Tom Highway, uno de los personajes mejor retratados por el actor, con detalles tan divertidos como las revistas femeninas que lee para entender mejor a las mujeres, o tan dramáticos como el recuerdo de lo que pasó en Heartbreak Ridge —al paredón el que cogió el título original y lo convirtió en lo que es en nuestro país— y que es la clave para entender la personalidad de Highway. Dicen que el pasado no importa, pero lo cierto es que lo que se hace, lo que se hizo, convierte a uno en lo que es, en lo que será. Hay que bucear en el pasado de los demás para entenderles.

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Con todo lo mala que fue la década de los 80, artísticamente hablando, y lo mal que envejecen muchos de las películas de aquellos años hay que reconocer que ‘El sargento de hierro’ aguanta muy bien el paso del tiempo, aunque personalmente el último tercio del film, el de la parte bélica, es el que encuentro más flojo. No sé si está hecho adrede, parece que sí, pero la torpeza del asalto a la isla de Granada, la rapidez con la que entran y vencen al enemigo, y que dicha victoria haga quedar a Highway como un soldado excelente poniendo en evidencia a su superior —papel que interpreta un caricaturesco Everet McGill— me resulta demasiado facilón. No obstante, hay apuntes en ese tramo muy interesantes y bien mostrados, por ejemplo cuando se producen las primeras muertes. Los soldados entienden que han pasado de lo que parecía un divertido juego a la realidad. Incluso la música de Lennie Niehaus cambia volviéndose más oscura.

La crítica no trató demasiado bien, aunque tampoco demasiado mal, al film, y muchos no supieron ver más allá de los chistes basados en los tacos dichos por Highway. Es lo que ocurre cuando se tiene la imagen equivocada de un actor por determinadas películas. Por cierto, decir que ‘El sargento de hierro’ estuvo en el libro Guinness de los récords por ser la película en la que más tacos había, récord que mantuvo hasta que llegaron Tony Scott y Bruce Willis con ‘El último Boy Scout’ (‘The Last Boy Scout’, 1991). Eastwood tardaría casi dos años en ponerse delante y detrás de las cámaras. Como actor serviría en bandeja todos los ataques posibles de la crítica gracias a su muy olvidable participación en la quinta entrega de Harry Callahan a la que Eastwood volvió por evidentes intereses comerciales para después entregarse a un proyecto muy, muy personal.

Especial Clint Eastwood en Blogdecine:

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