Favoritos de jennysparks en Blogdecine http://www.blogdecine.com/usuario/ seleccionado por jennysparks http://www.blogdecine.com <![CDATA['Parcialmente nublado', otra joya de Pixar]]> http://www.blogdecine.com/cine-animacion/parcialmente-nublado-otra-joya-de-pixar http://www.blogdecine.com/cine-animacion/parcialmente-nublado-otra-joya-de-pixar Fri, 12 Jun 2009 06:00:04 +0000 seleccionado por jennysparks pixar.jpg

Aviso: Actualización forzosa debido a que hemos tenido que quitar el vídeo del corto porque no podemos colgar contenidos ajenos.

Supongo que ya le habréis dado al play (los pocos que habréis llegado a tiempo de verlo aquí, sino, hacedlo por favor empleando el link al final del post), y habréis terminado de disfrutar de esta joya antes de poneros a hablar conmigo. En caso contrario, primero hacedlo, y luego leedme, porque voy a hablar sobre ella sin tapujos, en una crítica que se adelanta varios meses a la aparición de este delicatessen audiovisual. Pero antes que nada me gustaría dar las gracias a Antonio Toca, pues sin él no hubiera podido, primero, verla y disfrutarla yo mismo, y segundo, poder ofrecerla a vosotros y hablaros de ella.

Cuando un grupo de artistas puede justificar por si solo la existencia de una grandísima compañía productora y distribuidora que durante décadas ha sido la principal exportardora al mundo de productos de animación, estamos hablando de una proeza. Ya tocará en su momento hablar de ‘Up’, que tiene la ambición, nada menos, que de superar ‘Wall-E’, que ya el verano pasado se nos antojó insuperable. De momento detengámonos en el corto que lo acompañará en cines: una conmovedora historia de amistad y de lealtad.

Este cortometraje comienza con un plano soberbio, que es toda una inspiración en cuanto a ritmo (esa condenada característica invisible de la que hablábamos hace poco) y a planificación, y termina con un golpe de efecto de puro genio que le redime a uno de tanto mal narrador de futuros apocalípticos y demás directorcillos que deberían dedicarse a otra cosa. Los protagonistas de esta historia son dos auténticos perdedores con los que uno congenia desde el primer plano, lo cual, si uno es consciente de la dificultad que supone, ya le avisa a uno de lo que va a poder visionar.

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Los cortometrajes son sólo una categoría menor de narración siempre que sus autores se sientan limitados por el soporte. También es cierto que, al ser animación, y animación de gran presupuesto en este caso, la imaginación del artista no tiene ningún encorsetamiento. Pero eso también entraña el riesgo de la dispersión y la falta de dirección. No es el caso. Cierto también que ese regusto Disney está presente en la caracterización de, por ejemplo, las nubes secundarias, que fabrican unos cachorros entrañables.

Pero, aunque lo bordea, la ñoñería nunca hace aparición de forma empalagosa o manipuladora. Muy al contrario, es la base emocional por la que nos dejamos arrastrar y que hace creíble la existencia de dos parias, dos pringados, la nube incapaz de crear algo cariñoso y la cigüeña que, con un estoicismo que logra conmovernos, ha de apechugar con lo que toque. Ahí, el relato se adentra en unas claves de humor muy nítidas: la pareja desastrosa pero que aún así continúa unida. Es decir, lo que ya hacían el gordo y el flaco, y todas las parejas mudas que, desde ellos, han aparecido en el cine.

No hacen falta diálogos, al igual que en aquellas películas mudas, cualquier persona, o niño, del mundo, puede adentrarse en esta historia. Es decir, es totalmente universal. La única pega que se le puede poner es lo poco que dura, pues desearíamos que durase más. Este es el producto de unos narradores en estado de gracia. Ahora la pregunta es: ¿podrá ‘Up’ superar esto? Lo bueno de Pixar es que siempre está dispuesto a sorprendernos de nuevo. No sólo es imposible aburrirse con ellos, también es imposible no aplaudir su ingenio.

P.D. inevitable: De nuevo, gracias a Antonio Toca por su paciencia y por su dedicación a este blog aún ahora que no es parte de él.

Más información | AWN
En blogdecine | Los cortometrajes de Pixar online
En blogdecine | ‘Presto’, un homenaje de gran altura
En blogdecine | ‘Burn-E’, el nuevo cortometraje de Pixar

Vía | Tachnovation

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<![CDATA[El cine porno aburre a las ovejas]]> http://www.blogdecine.com/reflexiones-de-cine/el-cine-porno-aburre-a-las-ovejas http://www.blogdecine.com/reflexiones-de-cine/el-cine-porno-aburre-a-las-ovejas Wed, 10 Jun 2009 20:14:14 +0000 seleccionado por jennysparks 16.jpg

¿Cómo una industria que factura al año, en el mundo, tropecientos millones de dólares, y que fabrica al año decenas de miles de películas logra hacer malo ese dicho de: “de la cantidad sale la calidad”? Es que es verlo para creerlo. Y ya, ya sé que algunos estarán diciendo, o pensando, ahora mismo que esto no es cine, que es una basura. Y que además está grabado en vídeo, la mayoría de las veces. Bien, todo esto es cierto, no voy a venir a negarlo yo.

Pero por un lado el cine porno (no empleemos, hagan el favor, el recalcitrante eufemismo de “cine para adultos”) me parece un fenómeno sumamente interesante, que no merece ser despreciado y llevado al ostracismo (gente como mi admirado Paul Thomas Anderson, sin duda uno de los más grandes cineastas del mundo, asegura ser capaz de distinguir entre los estilos del cine porno de cada año…), y que, de alguna forma, es hasta necesario y cumple una importante función social. Lástima que adolezca de tantos problemas crónicos. Hablemos un poco de metesac…digo, de porno, ¿qué os parece?

Sí, vale. Soy un consumidor de porno. Supongo que como el 95% de los hombres y el 33,333% (o algún número abstracto y falso) de las mujeres. Tampoco soy un devorador compulsivo, pero precisamente por eso puedo hablar con conocimiento de causa. Y que no se preocupe el lector que no voy a salirle ahora con el consabido (y falso) argumento de que en el cine porno falta precisamente eso, argumento. Aún recuerdo a ese productor de la insuperable ‘El gran Lebowski’, alegando que lo que le falta al cine porno es emoción, historias. No estoy de acuerdo. Tampoco voy a empezar ahora con ese argumento, patrimonio de las espectadoras femeninas, de que al cine porno le falte erotismo, sugerencia, sensualidad.

Eso es cine erótico, que tiene buenos exponentes, como el célebre (en justicia) Tinto Brass, y alguno que otro más. Es decir, el cine erótico se puede defender. El cine porno, pues no. Y en cuanto a que no es cine sino vídeo, cuántas veces habremos hablado en este blog de películas filmadas en vídeo o HD. La frontera está cada vez menos clara, y supongo que tendremos que hablar de cine cada vez que nos encontremos ante un soporte audiovisual. Pero me voy por las ramas, decía que el porno es más bien para hombres. O puede que no…

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De todos los tipos de porno, el que más posibilidades ha dado ha sido el malogrado “Gonzo”, ese porno en el que un tipo simula ir con una cámara de vídeo por aquí y por allá, y fíjate tú qué casualidad, se encuentra con orgías y situaciones morbosas de toda índole, lo que son las cosas. El problema es que no saben darle el debido uso, pues a menudo el protagonista no es el que lleva la cámara (usando el punto de vista siempre deseable en toda narración), sino otro fulano. Y, para colmo, ¡la chica pregunta por qué su amigo lleva una cámara! Como si eso fuera necesario. Amigos realizadores de porno, el espectador no es imbécil, no hace falta justificar la cámara en mano.

Pero el cine porno es un catálogo de obviedades. A todos nos gusta ver a una chica con una minifalda estupenda…pero ¿es necesario que sin agacharse siquiera ya se le vea su estupendo trasero? Es que suelen ponerles las falditas a la altura de la cadera. El morbo no es la imagen facilona, hay que echarle un poco de ingenio. Por eso el cine porno aburre hasta a las ovejas, sobre todo porque toman al espectador por idiota. Pero claro, con ese catálogo de vedettes (y en eso, me temo, el cine europeo es en lo único que gana al yankee, están mucho más buenas las checoslovacas o italianas que las norteamericanas…aún me vuelve loco Monica Sweetheart, de quien no me he resistido poner una foto al principio de este post), qué más les da el ingenio.

Pero más alla de eso. ¿Por qué todas las películas porno tienen que ser, no ya cutres, sino decididamente horteras? Es que no lo entiendo, maldita sea. Y en ocasiones el asunto alcanza lo grotesco. Los directorcillos de cine porno se creen artistas incomprendidos muchas veces (y peor es con las actrices, alguna ingenua cree que logrará llegar a ser actriz dramática…) y se ponen a “experimentar” con diseños de producción inenarrables, o movimientos de cámara dignos de un chiquillo de trece años. Para luego, a la hora de la verdad, ser incapaces de filmar lo importante (o sea, la razón por la que nos ponemos a ver una peli porno, diablos) con un mínimo de profesionalidad.

Y, ya para terminar, ¿por qué co*ç$% doblan las películas porno? ¿A alguien le interesan los diálogos? ¿Acaso los gemidos y gritos del personal son más interesantes en otro idioma? Uno intenta poner la versión original en Canal+, para evitarse esos doblajes dantescos… pero no hay. Y así vamos, con muchas preguntas sin respuesta, y con películas porno que son, en el 99,9999 % de los casos, auténticos calcos unas de otras: flirteo insustancial-lamidas y babeadas varias-penetración vaginal-penetración anal-corrida facial (esa es otra, desde que a mediados de los ochenta se descubrió en occidente, porque en oriente era algo habitual, la corrida facial, deben haberse filmado 342984394893482394 escenas iguales). Y así cinco escenas por película y a casita, que llueve. Olé y olé. Y además olé.

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Además, me llama muchísimo la atención lo ingenuos y hasta entrañables que resultan los profesionales de este gremio, muchas veces. Como esos directores que aseguran que es un cine mucho más realista que el cine convencional porque todo lo que se ve es real (???), o esos actores que viven en una realidad paralela. Aún recuerdo cierta chusca mesa redonda con Nacho Vidal, en la que este hombre, en perpetuo estado de estar encantado de haberse conocido, nos contaba un poco sus experiencias como actor. En el fondo, son buena gente y hacen algo que les gusta. Lo malo es que no convencen porque siempre hacen lo mismo y lo hacen mal.

Pero aún descubrimos alguna que otra secuencia interesante, un cruce de miradas o un gesto llenos de intensidad física, que con toda seguridad han sido producto del azar, y no del talento del director. En fin, que no podía pasar la oportunidad de hablar, aunque fuera por una vez, de este “ejem” género.

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<![CDATA[Destrozando sagas de Ficción Científica]]> http://www.blogdecine.com/reflexiones-de-cine/destrozando-sagas-de-ficcion-cientifica http://www.blogdecine.com/reflexiones-de-cine/destrozando-sagas-de-ficcion-cientifica Fri, 05 Jun 2009 14:03:12 +0000 seleccionado por jennysparks alienvspredator.jpg

Sí, la verdad es que estoy muy cabreado. Este fin de semana tenía que haber supuesto un acontecimiento para todos los amantes de la buena ficción científica, pues por fin nos cuentan aquella guerra del futuro en la que las máquinas ponen a la humanidad al filo del exterminio. Confieso que durante todos estos años, intrigado ante las posibilidades que se le abrían al eventual director de la nueva película, imaginé (y llegué a escribir) historias, personajes y situaciones que podrían haber culminado aquella creación insuperable de ficción científica. Pero ya se sabe. No está el horno para bollos.

De un modo implacable, y a lo largo de las dos últimas décadas, los grandes mitos (además de los más populares) de la ficción científica, han ido conociendo nuevas entregas, y todos ellos, salvo una honrosa excepción, han naufragado del modo más patético a la hora de recoger el testigo para las nuevas generaciones. Y es que una mala suerte increíble, sumada a una incompentencia o a una enorme presión de los estudios, parece haberse cebado en los icónicos terminators, aliens y depredadores.

Todo esto me produce ahora las ganas de escribir porque en alguna parte he leído que McG y su equipo, con muy buen criterio, no repiten lo que ya funciona. Yo siempre he pensado que si algo ya funciona, no hay ningún motivo para cambiarlo. Y si tienes un ansia brutal de hacerte el geniecillo y de pasar olímpicamente de aquello que fue sublime (lo que a mi modo de ver esconde una gran inseguridad estética), puedes hacerlo. Pero ahí te ves en la tesitura de ser capaz de reinventar. La honrosa excepción de la que hablaba es la de Christopher Nolan y su soberbio díptico ‘Batman Begins’/‘El caballero oscuro’. Tan poderosa es su creación, que deja en un nivel muy bajo todas las anteriores, incluidas aquellas añoradas de Burton, que siempre me parecieron tan falsas y faltas de ritmo.

Ahora bien, lo que Nolan ha hecho con esa saga de ficción científica, no es tan espectacular como lo que se logró con ‘Aliens’ respecto de ‘Alien’, porque lo antecedentes para Nolan no eran especialmente brillantes, y para el director de la segunda aventura de Ripley era un reto siquiera sostenerse al lado de la primera. Y aquí llegamos al meollo de la cuestión. ¿Por qué hoy, 23 años después, aquél logro es tan extraordinario? Lo que Cameron hizo con la segunda parte no fue ignorar lo hecho por Scott. De una parte se alejaba de él, pero por otra le era absolutamente fiel en dos cosas: el personaje de Ripley (y todo lo que vivió en la primera), y la fascinación por la criatura.

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De esa fascinación surge el elaborado código de ficción científica que Cameron diseñó en solitario con el guión. La segunda parte englobaba a la primera. Mientras que esta era el primer esbozo, aquella era la confirmación y el ensanchamiento de un universo. Ahora bien, ¿por qué la tercera parte fracasaba? Es cierto que Sigourney Weaver se esforzaba por mantener una continuidad anímica, pero el relato lo impedía, porque el ‘Alien 3’ de Fincher intentaba parecerse a la primera y era incapaz de sorprender, porque se alejaba visualmente de aquel universo tan bien fijado en la retina. Ya la penosa cuarta parte, ‘Alien Resurrección’, del competente Jeunet, buscaba un diseño de producción, un ambiente, que uniese la segunda y la tercera, pero se diluía porque el personaje principal estaba desligado de sus aventuras precedentes y porque no sentía la menor fascinación por su criatura. Es decir, le importaba un comino lo que el espectador sentía por todo este universo.

Lo malo fue que todo continuó sin Ripley, y escuchando las peticiones de los espectadores más frikis, que consideraban una necesidad ver fusionadas ambas sagas, llegó el hijo bastardo más nauseabundo de la ficción científica, ‘Alien vs. Predator’. El filme original de McTiernan era una vigorosa aventura que, a pesar de sus limitaciones, ofrecía al espectador una experiencia adrenalítica y aterradora, que se adentraba en una fisicidad y un bestialismo muy de agradecer y que parece casi perdida en el cine de aventuras. Se continuó con una segunda parte muy inferior, pero aún así disfrutable e igualmente salvaje. Pero el personaje parecía agotado porque ningún director de fuste parecía querer darle vigor. Ahora bien, no se merecía ni ese cruce bastardo ni la penosa secuela que aún mucha gente defiende, eso sí, sin más argumentos que “mola mogollón”, o el que da Jesús Palacios: “qué gran diseño de producción”.

Así podemos otorgar el mérito que se merecen los grandes artistas (esos a cuyo esfuerzo suele hacer oídos sordos el espectador medio) cuando arma una trilogía imposible, como es el caso de Coppola con ‘El Padrino’, donde logra un difícil equilibrio entre todas las partes, más aún con tantos años de distancia, o el de Lucas, cuando, a pesar de ser cierta su inferioridad respecto a las primeras, nunca se sale del universo que él se ha trazado en las tres nuevas películas de ‘Star Wars’.

Ahora amenazan con darnos una nueva versión de ‘Alien’, dirigida por un desconocido que dicen que es un genio. Y con otra de ‘Predator’, dirigida por el flojísimo Robert Rodríguez, quien, menos mal y esperamos que sea definitivo, aplaza así su película sobre Red Sonja. Es decir, lo peor no es que se haya degradado e infantilizado a estos iconos, sino que la degradación continúa, pues hay directores con poder (y sin talento) dispuestos a sacar toda la tajada que puedan. No me parecería mal si tanta gente no les diese crédito, es decir, si les diesen la espalda como por suerte parece que está ocurriendo con la infumable cuarta parte de ‘Terminator’. Y es que los espectadores somos confiados, pero no lelos.

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En blogdecine:


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<![CDATA[James Cameron y las secuencias de acción]]> http://www.blogdecine.com/directores/james-cameron-y-las-secuencias-de-accion http://www.blogdecine.com/directores/james-cameron-y-las-secuencias-de-accion Wed, 03 Jun 2009 04:06:45 +0000 seleccionado por jennysparks terminator3.JPG

Los 80 fueron la peor época para el cine de acción. Walter Hill había perdido la onda. Morían los de la vieja escuela, como Aldrich y Peckinpah. Sólo quedaba James Cameron, que era fantástico

-Quentin Tarantino *

Hace varios meses le dediqué un especial, para comenzar mi andadura en Blogdecine, a James Cameron, que para mí es claramente no sólo el mejor director de ficción científica de la historia del cine, y por extensión uno de los más grandes de todos los tiempos, sino también, quizá, el mejor director de secuencias de acción. Y es que en aquel análisis de diez partes sólo hablamos, un poco de pasada, de cada película, en lugar de profundizar en sus temas y virtudes. En cuanto a los temas de ficción científica que ha desarrollado, otro día le dedicaremos su tiempo. Hoy vamos a hablar de diez secuencias de acción suyas.

Son, de entre algunas más, las diez mejores secuencias de acción que creo ha dirigido, y ahora mismo no puedo imaginarme ninguna mejor de otro director. Y si digo esto es para que el lector aporte sus propias opiniones, y elija sus propias secuencias y directores favoritos de escenas de acción. Las que describo a continuación no son sólo persecuciones y tiros. Hay otros elementos que las hacen únicas, como tensión y suspense. Son “set-pieces” en toda regla, y para ellas nadie como Cameron.

De esta maravilla, insuperable para directores con muchísimo más dinero pero muchísimo menos talento, entresaco dos secuencias que me parece un milagro lo bien que quedaron teniendo en cuenta el poquísimo dinero conque contaban, y lo bien escritas que están. Y es que esto demuestra quienes son los más grandes directores.

    1. Rescate de Kyle Reese a Sarah Connor

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Desde que aparece el terminator por la puerta del Tech-Noir (también tiene coña el nombre) dispuesto a matar a Sarah Connor (min. 32:25) hasta que la policía detiene a Kyle Reese y se hace cargo de Sarah (min. 48 aprox.) transcurren más de quince minutos excepcionales que pueden considerarse un bloque temático y temporal en sí mismo, es decir, una secuencia entera aunque cambien de lugar varias veces. En ella el tema, claro está, es la huida del todopoderoso e imparable cyborg, pero Cameron, que es un escritor maravilloso, hace lo inimaginable: mientras van huyendo en coche Kyle comienza a explicar a Sarah (y a nosotros mismos, que lo vemos todo bajo su punto de vista) todo el follón en que está metida con una claridad prístina. No creo recordar ninguna secuencia de persecución en que se aproveche la velocidad para introducir diálogos. Generalmente se para un poco y se habla, para continuar corriendo. Im-presionante.

    2. Huida final y destrucción del Terminator

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En esta ocasión desde que el exterminador irrumpe en el escondite de la pareja (min. 80 aprox.) hasta que por fin es destruido el puñetero cyborg (min. 95 aprox.), son otros quince minutos alucinantes, que todo director de cine de acción debería estudiar detenidamente antes de pedir a producción veinte milloncejos de dólares. Teniendo una continuidad temático-temporal, forman un bloque indivisible, que comprende la velocísima (con fragmentos acelerados, bien es cierto, pero otros que no lo están y son igualmente sorprendentes) persecución en moto, y la posterior con el camión y Sarah corriendo desesperada, y la soberbia secuencia de la fábrica, en la que ya, tan exhausto el espectador como los personajes, sentimos una catarsis viendo que el pelmazo del terminator es vencido por fin. Más acción, más dinamismo, más tensión, más suspense, sinceramente creo que no se le puede pedir al cine.

La secuela del excelente filme de Ridley Scott que Cameron escribió en solitario (algo que muchos no saben, o le conceden poca importancia) es para algunos sensiblemente inferior a la primera, para otros, como yo mismo, claramente superior. De tono muy distinto a aquélla, ésta es un cruce entre un western a lo Howard Hawks (con varios personajes encerrados esperando un ataque), un bélico adrenalítico y una sci-fi despiadada, como debe ser. Tiene varias secuencias de acción antológicas:

    3. Emboscada a los marines y rescate de Ripley

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Otra grandiosa “set-piece” de prácticamente un cuarto de hora duración, que le deja a uno agotado y sin aliento. Bien entrada la película, ya en la segunda hora de metraje, tiene lugar por fin la aparición de la mortífera horda de aliens. Que me nombren a mí una película reciente de corte similar que no tarde quince minutos en vender todo el pescado, como se suele decir. Aquí Cameron tiene los redaños (por no decir otra cosa) de hacernos aguantar sesenta minutos para que los soldados entren en la estación termonuclear, se vean arrasados por los bichos después de una espera inaguantable de tensión, y acuda rauda Ripley conduciendo ella misma el tanque APC. Sin palabras.

    4. La trampa a Ripley y Newt

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Más corta que las otras grandiosas secuencias comentadas, pero igual de intensa. Ripley y Newt servidos en bandeja para sendos “agarracaras”, y el enérgico Hicks atravesando el cristal con su cuerpo después de que Hudson dispare sobre él. La adrenalina que suelta uno en este momento valdría para descargar un camión de cemento sin pestañear.

    5. Huída por los túneles

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De nuevo una “set-piece” que comprende desde bien entrado el minuto 108 hasta más del 120, y que está separada de la anterior secuencia por un breve diálogo. Es decir, descansos los justos. Desde que los alienígenas cortan la luz del complejo hasta que los escasos dos supervivientes del segundo ataque por fin abandonan el lugar, ocurre de todo, y lo más impresionante es la huída desesperada por los túneles para llegar a la pista de aterrizaje, con una luz roja que le pone a uno la carne de gallina.

    6. Cara a cara con la Reina

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Prácticamente 16 minutos para un bloque que va inmediatamente unido al anterior, pero que está separado temáticamente, puesto que allí el asunto era el ataque de los aliens y la huida, y aquí es el rescate de la niña a la que Ripley ya considera su hija. Además, para colmo, está hecho a tiempo real, puesto que son quince minutos lo que le da el androide antes de que la planta estalle en una explosión termonuclear. Es decir, un alucine. Y en esos 16 minutos le da tiempo a Cameron a enmendar la plana al clímax de Scott en la primera parte con Ripley corriendo por la Nostromo, a dar detalles originales de la forma de vida de los aliens con la descripción de la reproducción de la reina, con detalles sobre su comportamiento y el de sus guardianes. ¿Para qué seguir? Y aún encuentro gente que no traga a Cameron y prefiere a otros directores que son incapaces de armar cinco minutos como esto. Pero como suelo decir, las cosas caen por su propio peso.

Escrita, filmada, mezclada y montada en sólo un año, la secuela de esta película es, para algunos (no para mí), muy superior al original. Pero es casi un remake con todo lo que Cameron había aprendido en apenas siete años.

    7. El camión y la motocicleta

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Creo que McG no vio esta película, y más concretamente esta secuencia, que podría ostentar el título, fácilmente, de mejor secuencia de acción de toda la historia. En caso contrario no se atrevería a afirmar que su terminator es el mejor de todos. No hay nada en su filme, salvo quizá más presupuesto todavía, equiparable, ni de lejos, a la persecución del T-1000 a John Connor y posterior rescate del T-800. En justicia empieza en el minuto 28, cuando el T-800 localiza en carretera a John, y no dos minutos y medio después, que es cuando le salva del T-1000, ya que es una secuencia (un bloque temático-temporal) sin elipsis. De modo que dura 9 minutos. Inolvidable.


    8. Sarah escapa del sanatorio mental

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Desde más o menos el 47 hasta el 63, uno de esos bloques de acción inalcanzables para el resto de los mortales y que este director narra con una precisión majestuosa. Tres acciones paralelas (la huida de Sarah, la llegada del T-1000, la llegada in-extremis de John y el T-800), cada una con su espacio y sin molestarse, algo que parece fácil pero que es muy complejo. Finalmente llega el clímax con el enfrentamiento directo al T-1000 (incluido el auto-homenaje del enemigo abriendo las puertas y siendo rechazado de un disparo en la cabeza), y otra huída por los pelos. Para quitarse el sombrero.

9. Cyberdine Systems y el helicóptero

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Para no abusar, pues no es necesario, diremos que este bloque va desde el minuto 100, más o menos, hasta el 123. Es decir, desde que toman la decisión de volar Cyberdine hasta que finalmente se estrellan todos contra la fundición. Podría decirse que comprende hasta el final, porque el tema es el mismo, y no hay elipsis, pero la parte de la fundición funciona con una estructura independiente. Aún así, tenemos no sólo la muy tensa escena del edificio Cyberdine, sino también la complejísima (no me quiero imaginar la complicación del rodaje…) persecución del helicóptero, que tomó varias semanas de filmación. Aquí no hay ordenadores, ni nada por estilo. Las tomas del helicóptero son reales. Esto es cine.

    10. Impacto contra el iceberg

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Lo que muchos no quieren ver sino como una ñoñería y un arquetipo catastrofista, otros lo vemos como el más bello relato feminista que se recuerda y la más conmovedora historia sobre la dignidad humana. Para cerrar este post sobre las secuencias de acción del maestro, queda la secuencia del impacto contra el iceberg, que si la minutamos desde que lo avistan hasta que por fin cierran todos los compartimentos, son cuatro minutos de planificación y montaje ejemplares. Hay muchas más en esta película, y seguramente más vistosas para otros. De hecho, el hundimiento tuvo lugar en poco más de una hora (algunos dicen que menos), así que podría ser una secuencia entera (temática y sin elipsis) todo el hundimiento, pero eso sería ya hilar muy fino.

Hasta aquí hemos llegado con las diez. Para mí es una colección insuperable. Creo que en parte he hecho este post porque he leído por ahí que ‘Terminator Salvation’ es una digna película de acción, como si el hecho de tener acción bastase para redimir a una muy floja película, o como si unas buenas escenas de acción fuesen posibles en una película muy floja. Esto es, a mi entender, infravalorar el cine e infravalorar la acción. Si una película tiene grandes escenas de acción es que es una gran película, y no creo que sea el caso de la cuarta película de una saga dinamitada.

*Puede verse a este director diciendo estas palabras en los contenidos adicionales del Dvd de ‘Reservoir Dogs’

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<![CDATA[La violencia es la clave del cine]]> http://www.blogdecine.com/reflexiones-de-cine/la-violencia-es-la-clave-del-cine http://www.blogdecine.com/reflexiones-de-cine/la-violencia-es-la-clave-del-cine Tue, 21 Apr 2009 09:08:56 +0000 seleccionado por jennysparks bonnie-and-clyde.jpg

Recientemente, en uno de esos debates que tanto me gusta iniciar por la sola intención de hablar de algo más que de pósters, tráilers y blockbusters basados en famosos cómics, alguien comentó algo en torno a la violencia en el cine, un tema que a lo largo de los años, hasta la actualidad (y lo que te rondaré, morena), siempre ha estado en boca de todos, y que es empleado, de cuando en cuando, por los medios de comunicación de forma asquerosamente manipuladora e ignorante. Pero es lo que hay en estos tiempos de bienpensantes y de bienintencionados que, a mi modo de ver, no tienen mucha idea de cómo funciona el ser humano ni de para qué sirve el arte.

Vayamos al grano y cojamos al toro por los cuernos, argumentando una idea que ya dejé más o menos esbozada en aquella locura de texto en torno a ‘300’: no existen gran arte, esto es, un arte importante, que sobreviva al tiempo, sin violencia, sin una investigación sincera y valiente de por qué el hombre es esta criatura ambivalente y terrible, incapaz de madurar sin dolor y sin sufrimiento. De la capacidad del artista para introducir la violencia, o simplemente para entenderla, depende, por ejemplo, encontrarse ante una buena película o una película que no valga la pena. Así de sencillo. Me explico.

Quizá lo mejor sería también dejar claro qué es violencia para el que suscribe esta entrada. Porque si acudimos a la RAE lo que aparece es lo siguiente:
violencia.

(Del lat. violentĭa).

1. f. Cualidad de violento.

2. f. Acción y efecto de violentar o violentarse.

3. f. Acción violenta o contra el natural modo de proceder.

4. f. Acción de violar a una mujer.

Pero esto seguramente les sepa a poco a la mayoría, a mí incluido. Yo creo que lo que entendemos todos por violencia en realidad es una concepción muy reduccionista de ella. Porque supongo que estaremos de acuerdo en que la violencia es algo más que ríos de sangre y de casquería fina. Eso, más bien, es grafismo gore. Morbo (que a veces comparto, todo sea dicho…) por presenciar la destrucción del cuerpo humano, su fragilidad material. Pero violentarme, lo cierto es que no me violenta nada, la mayoría de las veces. Puede impresionarme por su salvajismo o asquearme, o provocarme rechazo, pero para que me violenten algo más tiene que suceder en la pantalla.

Estoy por afirmar que la violencia es imprescindible para crear una buena película. Ahora bien, cualquiera le dice algo como esto a un profesor de comunicación audiovisual, o a un periodista de espectáculos, y se te queda mirando como si acabaras de llegar de marte. Pero es que el arte ha de provocar una intensa conmoción emocional, ese milagro que tan raras veces ocurre y que tanto tiene que ver con violentarse, con despertarse de un estado de modorra intelectual en el que se acepta lo que hay. Por eso quizá el arte ha de ser incómodo, desagradable por naturaleza, aunque sólo sea a un nivel muy sutil.

A mi modo de ver, el arte comienza y termina con el hombre corriente, o con el ser humano en toda su complejidad y en su terrible dualidad. Si esto es así (y creo fervientemente que es así), es imposible crear arte sin dar testimonio de la oscura violencia que le define. Porque en sí misma la violencia no es buena ni mala, es y nada más. El sexo, incluso el más cariñoso, es violento. El nacimiento de un bebé es violento. La violencia no es oscura o malvada. Es el hombre el que puede ser oscuro y malvado. Ni más ni menos. Está en nuestra naturaleza desatar la violencia de nuestro interior, pero también darle una forma creativa o destructiva. Quizás esa sea la línea que separa a los dos grandes grupos de personas: los que crean (¿artistas, o personas creativas?) con la violencia, y los que destruyen con ella.

Haciendo memoria conozco pocas secuencias más violentas en toda la historia del cine que aquella en la que George Bailey (inolvidable James Stewart) golpea a su amigo Bert (fordiano, como siempre, Ward Bond) después de que su mujer huya de él porque ni siquiera le reconoce, en la que quizá sea una de las más hermosas películas que he visto jamás, ‘It’s a Wonderful Life’. He de reconocer que cada vez que veo este momento doy un respingo involuntario en mi asiento. Me siento literalmente como si fuera yo el que golpease a ese personaje, y no sólo eso, siento la culpa de haberlo hecho y la ceguera de la locura que embarga a George Bailey. El drama de esa película (no olvidemos que dram en griego significa acción) está tan bien formalizado, es tan intenso, que la violencia te purifica.

Me parece el mejor ejemplo para argumentar que la violencia en el arte ejerce, cuando es un arte elevado e importante, de catarsis emocional, de liberación. Por eso quizá es tan importante que el artista sea tan honesto, tan sincero. De lo contrario la catarsis puede convertirse en justificación de la violencia, en espectáculo de ella, tal como sucede en la deleznable ‘La naranja mecánica’, que con la excusa de hablar sobre la violencia termina haciendo un show insufrible y divertido con ella. Si a lo largo de la historia el cine se ha enfrentado con ese problema, y ha tenido en figuras importantísimas del cinematógrafo como Akira Kurosawa u otros artistas, a personas capaces de hablar de ello y de mostrarlo de forma cruenta pero lúcida, es porque el cine está en disposición de no entregarse al morbo por el morbo, como algunos creen, y a tratar temas resbaladizos con dignidad.

Pero volveremos al tema una y otra vez, y los medios de comunicación encontrarán a sus cabezas de turco, como el ínclito Quentin Tarantino, quien una vez dijo, a tenor de una protesta de algún periodista sobre la violencia de sus películas, que haría la película más violenta de todos los tiempos algún día. ¿Cuánto nos apostamos a que sale alguien con el tema antes y durante el estreno en cines de ‘Inglourious Basterds’? Pero ya pasó con el estreno de ‘Bonnie & Clyde’, con la que Arthur Penn escandalizó a su época en cuanto al tratamiento de la violencia en el cine. No sólo había muchos tiros en aquella secuencia, sino un salvajismo psicológico lleno de desesperación. Y es que la violencia física depende de la psicológica, más aún en un mundo globalizado donde encendemos la televisión y vemos incontables muertes en genocidios de medio mundo, para después servirnos una cerveza.

“No hay nada moral o inmoral en el arte, un artista puede expresarlo todo”, decía Oscar Wilde. Sin duda para el Kubrick de ‘La naranja mecánica’ o para el Gibson de ‘La pasión de Cristo’, esto significa que pueden inundarnos de violencia sin sentido y encima vanagloriarse de lo valientes que son. Pero en mi opinión, aquel gran artista quería decir que el arte no es un medio ideológico (algo de lo podríamos hablar en otra entrada), ni de mensaje anti o pro violencia. La belleza anda por otro lado, y a lo mejor para llegar a ella no hay más remedio que mostrar lo terrible, porque en lo terrible anda encerrado lo bello, y lo bello en lo terrible.

Pero pensemos, ya para terminar, en el cuento de caperucita. Repasémoslo, pero sin el lobo. Caperucita iba a ver a su abuelita, y para eso escogió el camino del bosque, siguió andando y…siguió andando, y después siguió andando y…bueno pues al final llegó a casa de su abuelita, y juntas se comieron las galletas que le había hecho su madre. ¿A quién le importa ese cuento sino aparece el lobo, es decir, la violencia, la tensión? De hecho, queremos que aparezca el lobo. ¿Cómo íbamos sino a aprender que hay que tener cuidado cuando vas solo por un bosque sombrío?

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