Favoritos de los expertos de jennysparks en Blogdecine http://www.blogdecine.com/usuario/ seleccionado por los expertos de jennysparks http://www.blogdecine.com <![CDATA['La delgada línea roja', el mundo de Terrence Malick]]> http://www.blogdecine.com/criticas/la-delgada-linea-roja-el-mundo-de-terrence-malick http://www.blogdecine.com/criticas/la-delgada-linea-roja-el-mundo-de-terrence-malick Tue, 25 Aug 2009 18:33:41 +0000 seleccionado por los expertos de jennysparks la-delgada-linea-roja-1.jpg

En el mes de septiembre, mi compañero Adrián Massanet nos ofrecerá un estudio sobre la carrera de Terrence Malick, y preparándome para ello he revisado ‘La delgada línea roja’ (‘The Thin Red Line’, 1998), que como bien sabéis, compitió directamente con ‘Salvar al soldado Ryan’ (‘Saving Private Ryan’, Steven Spielberg) aquel año, tanto en taquilla como en premios. En ambos casos quedó por debajo de la obra maestra de Spielberg, con la que guarda el único parecido de que ambas pueden incluirse dentro del género de cine bélico, por la costumbre de etiquetarlo todo. Malick juega en otra liga, siempre lo ha hecho, su visión del mundo es distinta a la de cualquier otro cineasta, con sus pros y sus contras.

Terrence Malick llevaba más de veinte años sin dirigir una película, desde la aburrida ‘Días del cielo’ (‘Days of Heaven’, 1978), y su vuelta al cine fue una noticia bomba que rápidamente golpeó en todos los despachos de Hollywood. Prácticamente todo el mundo quería participar en el film que estaba preparando el director de ‘Malas tierras’ (‘Badlands’, 1973), no importaba el personaje ni el tema ni nada. Confiaban ciegamente en un director que tan sólo había hecho dos películas. Incluso actores como Sean Penn estaban dispuestos a trabajar con él por tan sólo un dólar. ¿Exageración? ¿Admiración desmesurada?

‘La delgada línea roja’ narra una muy particular historia en el contexto de la batalla de Guadalcanal, durante la Segunda Guerra Mundial, batalla reflejada en el cine multitud de veces, las diversas historias de varios personajes a los que afecta la guerra. Malick no se limita a filmar una película bélica al uso, y esto no va en sentido peyorativo hacia los films bélicos sin más (hay grandes películas de género a lo largo y ancho de la historia del cine), pero la mirada del director de ‘El nuevo mundo’ (‘The New World’, 2005) hace más hincapié en las consecuencias de la guerra sobre el ser humano que en la guerra. Es evidente que ésta es un catalizador para hablarnos de otras cosas que Malick (también guionista, tomando como base la novela de James Jones) considera verdaderamente importantes, y que algo tan inútil y absurdo como una guerra es capaz de terminar con ello para siempre.

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La anhelada paz entre los seres humanos, el lugar con el que todos soñamos para ser felices, se materializan en las experiencias del soldado Witt (un entregado Jim Caviezel), en apariencia un personaje más del relato coral, pero en realidad el verdadero conductor y esencia del mismo. Con sus vivencias (ha desertado del ejército y vive en una especie de paraíso, aunque sólo a sus ojos y los del espectador) y pensamientos, empieza y termina la película. En medio, un periplo íntimo y lírico, por el que pululan los demás personajes, a través de los cuales se nos habla del valor, coraje, cobardía, miedo y demás miserias humanas, aquello que en mayor o menor medida ha hecho que el hombre sea la especie animal más terrible y odiosa que existe sobre el planeta Tierra. Y qué mejor contexto que el de una guerra (el invento más estúpido del hombre) para mostrarlo.

Una vez más, Malick sitúa a sus personajes en una especie de lucha contra la naturaleza, en la cual hay unas leyes propias que escapan al control del hombre. Escenas como las del cocodrilo en total libertad (más tarde en cautiverio), o los niños nadando en unas aguas tan azules que simulan ser el cielo, señalan que en este mundo hay otro mundo mucho más sencillo y hermoso, pero difícil de conservar. La paz que ha experimentado Witt, y ahora añora, se hace patente a lo largo de toda la película. El hombre cambia continuamente el mundo que le han regalado para vivir, sobre el cual a veces no comprende absolutamente nada. Probablemente la escena más poderosa de la película, aquella que resume todas sus intenciones en un prodigio de síntesis visual, es en la que un grupo de soldados comandados por John C. Reilly se cruzan con un nativo que pasa a su lado, casi rozándoles, pero como si no les viera en absoluto, absorto en su mundo y ajeno al que los soldados están a punto de traer. Pocas veces una secuencia tan sencilla ha expresado tanto.

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Malick utiliza el recurso, a veces demasiado manido, de la voz en off, y en vez de centrarse en un sólo personaje, lo hace con varios, cambiando continuamente el punto de vista de la historia, reforzando su condición de film coral. Así de Witt, al que volveremos una y otra vez en la cinta, como verdadero y único nexo de unión entre todos, pasamos sin ningún tipo de orden al sargento Welsh (un tranquilo y acertado Sean Penn), quien tras su incomprensión hacia lo que hace Witt, esconde una gran admiración; el teniente coronel Tall (soberbio Nick Nolte), que se odia a sí mismo por todas las veces que ha tenido que humillarse para conseguir algo, obsesionado con la toma de una importante colina, y que lo daría absolutamente todo por amor; el sargento Keck (controlado Woody Harrelson) que sufre las consecuencias de un mal golpe de suerte, como alegoría a lo caprichoso que puede ser el destino; el capitán Staros (más que convincente Elias Koteas) como héroe anónimo del conflicto, gracias a no obedecer una orden de Tall que acabaría sin remedio con sus hombres; el soldado Bell (Ben Chaplin en su línea) muy enamorado de la mujer que dejó atrás, y que sufrirá también el capricho del destino mostrándole lo perra que la vida puede ser a veces. Y así sucesivamente con todos los demás personajes de la película.

Adrien Brody, cuyo personaje iba a ser el protagonista central de la historia, y John Cusack, no hacen más que subrayar la idea central del film con redundantes personajes que dan vueltas a lo mismo, aunque las situaciones sean otras. No molestan en absoluto, y los actores están muy bien, pero con ellos el film cae en lo obvio. 163 minutos son demasiados para ‘La delgada línea roja’, por no hablar de algunos planos totalmente innecesarios con los que Malick se recrea en la naturaleza (aunque sin llegar a los preocupantes niveles de la vergonzosa ‘El nuevo mundo’), y sabe Dios qué hubiera pasado si el director hubiese conservado su montaje original que rondaba las seis horas, cuyo remontaje hizo que actores conocidos se cayesen de la película (a saber: Mickey Rourke, Bill Pullman, Gary Oldman, Viggo Mortensen y Lukas Haas). Incluso Billy Bob Thorton garbó un texto de tres horas de duración para ser el narrador del film, algo que obviamente también se quedó en la sala de montaje.

‘La delgada línea roja’ supone un film-isla (nunca mejor dicho) dentro del actual panorama cinematográfico, sobre todo viniendo de los USA, cada vez más preocupados en hacer películas de consumo y disfrute inmediato que no quedan en la memoria del espectador, allí donde se cultivan las buenas obras de arte. Malick y su mirada de carácter litúrgico, acompañada poderosamente por esos sacros coros de un casi minimalista Hans Zimmer, va directo al interior del ser humano, al que pone en la peor de las adversidades: luchar contra sí mismo. Una maravilla de película, llena de excelencias técnicas (John Toll, en uno de sus mejores trabajos, y un uso de la steadycam insuperable) que gana a cada nuevo visionado, adquiriendo nuevas lecturas, reafirmándose como una gran obra, imperfecta, pero tal y como aseguraba Jean Cocteau, las grandes obras deben ser imperfectas.

Otra crítica en Blogdecine:

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<![CDATA['Avatar', tráiler y primeras imágenes de lo nuevo de James Cameron]]> http://www.blogdecine.com/default/avatar-trailer-y-primeras-imagenes-de-lo-nuevo-de-james-cameron http://www.blogdecine.com/default/avatar-trailer-y-primeras-imagenes-de-lo-nuevo-de-james-cameron Thu, 20 Aug 2009 14:30:47 +0000 seleccionado por los expertos de jennysparks

En Blogdecine no solemos publicar dos entradas seguidas sobre tráileres, pero con esto había que hacer una excepción. Aquí tenéis el ansiado primer tráiler de ‘Avatar’, la nueva película del director James Cameron, de la que ya habíamos podido ver un primer cartel. Espero vuestras opiniones sobre el avance, a mí me parece impresionante, no me puedo creer que aún tengamos que esperar tanto para poder ver la película.

Además del tráiler, hay que destacar que también han aparecido hoy seis nuevas imágenes de ‘Avatar’, a las que hay que sumar la primera oficial que salió hace unos días, mostrando a Sam Worthington como Jake Sully. Cinco de estas nuevas fotografías corresponden propiamente a escenas de la película, en las que aparecen Michelle Rodriguez, Sigourney Weaver, Giovanni Ribisi, Stephen Lang (ambos actualmente en nuestras carteleras con ‘Enemigos públicos’) y Worthington, el protagonista principal; la otra imagen fue tomada durante el rodaje, y muestra a Cameron y a Weaver, un reencuentro que promete ser muy especial.

‘Avatar’ gira en torno a Jake Sully, un ex-Marine en silla de ruedas que es enviado, a través de un “avatar” que controla con su mente, a Pandora, un exótico planeta habitado por la raza de los Na´Vi; Jake se verá envuelto en una lucha desesperada por su propia supervivencia y por la del pueblo indígena. La fecha del estreno de ‘Avatar’ es el próximo 18 de diciembre. ¿Veremos esa anunciada revolución cinematográfica o será uno de los mayores fiascos de la Historia?

Galería de fotos

(Haz click en una imagen para ampliarla)

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PD: Por cierto, mañana es el ‘Avatar Day’, en el que un puñado de salas mostrarán gratis 15 minutos de la película. Espero que nos comentéis vuestras impresiones.

Toda la información, vídeos, imágenes, trailer y estreno en: Avatar, la nueva película de Cameron

Vía | Empire y Apple (aquí podéis descargar el tráiler en alta definición)| ¡Gracias a todos los que nos habéis avisado!

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<![CDATA[Especial Stanley Kubrick en Blogdecine]]> http://www.blogdecine.com/default/especial-stanley-kubrick-en-blogdecine http://www.blogdecine.com/default/especial-stanley-kubrick-en-blogdecine Tue, 18 Aug 2009 21:51:07 +0000 seleccionado por los expertos de jennysparks kubrick-ojo.jpg

La prueba de fuego de una obra de arte es, en definitiva, nuestro apego a ella y no nuestra capacidad de explicar por qué es buena

Creo que de todos los directores de la historia del cine, aquel que ha despertado (y despierta) tantas pasiones como odios es Stanley Kubrick (Dios para mi compañero Juan Luis Caviaro, y ni me quiero imaginar como le apoda mi otro compañero, Adrián Massanet, cuando está a solas). Por eso mismo, en Blogdecine, en esta época de especiales por doquier, empezaremos uno sobre el director de ‘La naranja mecánica’ (‘A Clockwork Orange’, 1975). Será un repaso a todas sus películas, una por una, desde su ópera prima de la que siempre renegó, ‘Fear and Desire’ (1953), hasta la última, ‘Eyes Wide Shut’ (1999), pasando por el montaje completo de ‘El resplandor’ (‘The Shining’, 1980), más un extra de cierta película hecha después de su muerte, uno de sus sueños cumplidos a través de las manos de un amigo y admirador.

Productor y guionista de todos sus trabajos (a excepción de ‘Espartaco’), estaba siempre muy obsesionado por encontrar la perfección a través del ojo de su cámara. Una cámara que nos llevó a la locura de la guerra, a la obsesión amorosa, a los límites de la violencia, al futuro, al siglo XVI, e incluso nos ayudó a buscar a Dios. Osado, original, extraño y sin nadie que recogiera su testigo, sus películas jamás pasarán de moda. Puede que no amara a su personajes, porque amaba el CINE, todo lo que esa palabra quiera decir, y lo demostraremos.

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<![CDATA['Pagafantas', la ilusión del amor]]> http://www.blogdecine.com/default/pagafantas-la-ilusion-del-amor http://www.blogdecine.com/default/pagafantas-la-ilusion-del-amor Sat, 01 Aug 2009 14:24:13 +0000 seleccionado por los expertos de jennysparks pagafantas-1.jpg

Miremos bien la fotografía de arriba. Situación: un pagafantas (¿necesito explicar lo que significa la palabra?) observa cómo la chica de sus sueños se abraza amorosamente a su novio. Ése es el momento clave de todo pagafantas, el instante en el que todos deberíamos haber dicho: “hasta aquí hemos llegado”. Pero no, hay seres que aún sufriendo dicha escena en su retinas todos los días, pasan de ser pagafantas a ser rematadamente imbéciles. Y es que el pagafantas (todos lo hemos sido alguna que otra vez, y el que diga lo contrario miente vilmente) es ya de por sí un ser patético, alguien que no ve la realidad y se forma en su mente un ideal que no existe ni por asomo. En algún momento de su vida, hicieron (hicimos) el tonto, y ella pasó simplemente a ser su (nuestra) amiga. Luego se desarrollaron como especie y con gran habilidad lograron repetir exactamente lo mismo con toda hembra que se cruzó en su camino.

Seguro que hay pagafantismo femenino (haberlas haylas…), pero creo que es muy diferente al masculino, digamos, que los límites de humillación no están tan abajo, al menos en líneas generales. Pero no es ése el tema del post, evidentemente, aunque mucho me temo que la conversación en los comentarios irá, y sin que sirva de precedente, por ese camino. El tema es la ópera prima de Borja Cobeaga, quien ha tenido la estupenda idea de fijarse en esta especie, tan común en cualquier época de la humanidad, y dedicarles una película tan amable como sincera, aunque no perfecta.

Lo que me extraña de ‘Pagafantas’ es su tibia recepción popular. Con una campaña de marketing que ya quisieran para sí otras producciones nacionales, el film no ha respondido en taquilla como se esperaba. Tal vez muchos no han querido verse reflejados en un tema tan espinoso como el de las relaciones amorosas. Hacer el tonto por la persona que te gusta, dar el brazo a torcer en cosas que antes no se daría ni de coña, y finalmente ser rechazado, o sea, fracasar, es algo que a nadie le hace sentirse cómodo, y rápidamente se intenta borrar de la memoria. O tal vez nada de eso, dado que el film de Cobeaga se estrenó el mismo fin de semana que ‘Ice Age 3: El origen de los dinosaurios’, la elegida por el público español para acudir a las salas, con el consiguiente bombazo en taquilla.

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‘Pagafantas’ es una comedia que trata a esos seres patéticos y ridículos con respeto y sobre todo mucho cariño. El personaje central al que da vida un más que acertado Gorka Otxoa, cae simpático al público, y está enormemente mimado por el director y guionista. Su aventura, o desventura, recorre lugares comunes que a todos suenan, logrando una gran empatía con el espectador, quien se podrá sentir identificado en muchas de las situaciones por las que el joven enamorado (encoñado) pasa. Situaciones que en ningún momento caen en la exageración (uno de los males de la actual comedia), aunque su guión esté mas apoyado en el gag que en una trama coherente. Aún así, el film tiene un acertado ritmo, siempre interesa y consigue hacer reír varias veces, ya sea por tratar el tema como si de un documental (ciertamente inspirado) se tratase, o porque el film, en su mala leche (quizá menos de lo deseado) emana buenrollismo por todos lados, y situaciones en principio ridículas (la escena del karaoke) logran despertar nuestras simpatías.

En la película están todos y cada uno de los malos momentos que un pagafantas tiene que soportar a la espera de que su amor se fije de una vez en él. Y aunque todo parece fluir fácilmente, sin llegar a resultar burdo (por muy poco, que conste), me falta algo que considero primordial en toda experiencia pagafanta: la persona amada, siempre, repito, siempre, sabe que el otro se muere por ella. En la película se centran más en las obsesiones del personaje central (Chema), y su mujer ideal (Claudia) nunca llega a darse cuenta de que lo que él realmente siente por ella es un encoñamiento desmesurado y no amistad. El verdadero punto de inflexión, la crucial situación por la que todo pagafantas pasa es precisamente la que el film no presenta. En su tramo final, algo forzado y precipitado, llega a plantearse la posibilidad de que Claudia sí lo sepa, pero se evita con la peor resolución que pueda plantearse. Me imagino que la idea de una continuación ronda por la cabeza de Cobeaga, es la única explicación que encuentro a un final totalmente fuera de tono.

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El resto está casi todo en su justo sitio. Una historia sencilla que no se complica inútilmente, bien servida y sobre todo bien interpretada. Al respecto es una delicia encontrarse con actores veteranos como Oscar Ladoire y Kiti Manver, que representan la idea de que el pagafantismo no tiene edad, o la espléndida María Asquerino, cuyas breves apariciones suponen los momentos más hilarantes del film. Gorka Otxoa y Sabrina Garciarena tiene una buena química, aunque la película, por motivos lógicos, descuida a la segunda en un rol no demasiado bien escrito (hasta eso parece una coña de sus autores) y un pelín cargante debido a su excesiva simpatía.

‘Pagafantas’ puede presumir de estar muy por encima de la media de lo que se realiza en nuestro país, y más aún cuando la vergüenza ajena es el sentimiento común cada vez que una comedia patria se estrena, aunque tal y como están las cosas, creo que no deberíamos quejarnos. Incluso se permite el lujo de beber de la screwball comedy clásica americana, algo que no todo el mundo sabe hacer. Eso sí, Cobeaga ha pasado de retratar a la alta clase (uno de lo elementos de la screwball) de Bilbao, centrándose en personas más de la calle, con ramalazos argumentales hacia la inmigración, y al estar anclados en los viejos tiempos (el Tío Jaime negándose a poner cámaras digitales en su tienda de fotografía se empareja con la necia persistencia de los pagafantas, incapaces de despertar de su imposible sueño). Dejo para el final, los inspirados chistes sobre Héroes del silencio, punto en el que más se ha sentido identificado un servidor. Mientras me río de Entre dos tierras, me retiro a mis aposentos a escribir sobre el profético título de la ópera prima de Sam Peckinpah.

Otra crítica en Blogdecine:

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<![CDATA['Fantastic Mr. Fox' de Wes Anderson, primeras imágenes]]> http://www.blogdecine.com/default/the-fantastic-mr-fox-de-wes-anderson-primeras-imagenes http://www.blogdecine.com/default/the-fantastic-mr-fox-de-wes-anderson-primeras-imagenes Wed, 22 Jul 2009 22:34:13 +0000 seleccionado por los expertos de jennysparks mr-fox

Ya podemos echar el primer vistazo al nuevo trabajo de Wes Anderson tras ‘Viaje a Darjeeling’, su peor película hasta el momento. Las dos imágenes que tenéis en esta entrada pertenecen a ‘Fantastic Mr. Fox’, la primera incursión del director en la animación; en concreto, Anderson ha optado por la tradicional y laboriosa técnica del “stop motion”, empleada también en la reciente ‘Los mundos de Coraline’.

‘Fantastic Mr. Fox’ es una adaptación de la obra homónima del gran Roald Dahl, editada en España con el título de ‘El superzorro’; esperemos que no opten por el mismo para la película. La historia, escrita para el público infantil (y no para idiotas, como se suele hacer hoy día), se centra en un astuto zorro que debe superar en ingenio a tres malvados granjeros que tratan de hacer daño a su familia. Atención a los nombres de los actores que han prestado sus voces a los personajes principales de la película: George Clooney, Meryl Streep, Bill Murray, Adrien Brody, Owen Wilson, Willem Dafoe, Anjelica Huston, Jason Schwartzman y Michael Gambon, entre otros. Vaya amigos tiene este Anderson, ¿eh?

La fecha de estreno de ‘El fantástico Sr. Zorro’ es el próximo 13 de noviembre.

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PD: Cate Blanchett iba a ser la voz de la Sra. Zorro (Sra. Zorra suena algo contradictorio), pero fue sustituida por Streep.

Vía | Worstpreviews

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<![CDATA[El cine es una mierda]]> http://www.blogdecine.com/default/el-cine-es-una-mierda http://www.blogdecine.com/default/el-cine-es-una-mierda Fri, 17 Jul 2009 14:41:40 +0000 seleccionado por los expertos de jennysparks esta-tierra-es-mia.jpg

Quiso sentarse un rato a dormir en mi habitación. No despertó. Que ironía, hace casi 39 años yo nacía en su habitación y ahora ella decidió morir en la mía. Un leve quejido significó su adiós y obtuvo la respuesta en el interminable lamento del recuerdo de años y años de una vida digna, y sobre todo llena de bondad. Siempre me perdía en su casa, que me parecía enorme y el lugar más lejano al que quería regresar cada verano, cada Navidad.

Una casa amiga, con ventanas y puertas que daban paso a risas y llantos, a niños corriendo, a tardes durmiendo y a noches hablando. Mi perturbada mente de cinéfilo se bloquea por la cantidad de recuerdos que se agolpan uno tras otro, descubiertos como por primera vez, y me doy cuenta de que mi amor por el cine, o parte de él, se forjó allí, entre aquellas cuatro paredes llenas de rostros perdidos nunca olvidados.

Podría enumerar infinidad de momentos cinematográficos inolvidables que se sucedieron a lo largo y ancho de todos aquellos años en la televisión que me abrió un mundo fascinante, los ciclos dedicados a actores o directores, el descubrimiento de grandes autores cuyos nombres no sabía pronunciar bien, y ahora que la muerte con su silencioso abrigo arropa a la dueña de aquella casa, ésta permanece muda, triste y vacía. Intento agrupar y ordenar todos mis recuerdos de cinéfilo (el resto me los guardo para mí), y la mente empieza a traicionarme, pues con el paso de los años ésta ya no es tan lúcida, aquella casa ya no es tan grande y el mundo es mucho más extenso de lo que imaginaba por aquel entonces.

De entre todo lo que soy capaz de recopilar, sobresale una escena de una película que me impresionó sobremanera con 11 años de edad, y aún sigue haciéndolo ahora: ‘Esta tierra es mía’ de Jean Renoir, uno de sus títulos realizados en suelo estadounidense. El final es simplemente antológico. Charles Laughton es un profesor tímido y cobarde, y en esos últimos instantes se enfrentará a la muerte con un valor y entereza de los que tal vez nadie pueda presumir. Consciente de que su tiempo se acaba, se desviste completamente como ser humano, tira todos sus prejuicios y lleno de una envidiable bondad habla a su alumnos por última vez. Los derechos del ser humano es el tema, y los jóvenes estudiantes escuchan unas palabras que sólo entenderán con el paso de los años, cuando las recuerden. El profesor, que momentos antes se declaraba a la mujer de la que siempre estuvo enamorado y nunca se atrevió a decírselo, subraya el hecho del recuerdo como antídoto a la segura muerte, pues precisamente todo aquello que muere subsiste en la memoria de los vivos.

Esa entereza y ese valor aún me asustan, quizá porque llegado el momento no sea capaz de estar a la altura, y porque todos de un modo u otro intentamos huir de lo inevitable, no pensando o hablando de ello. El cine, en su corta existencia (poco más de un siglo no es mucha edad para un arte) nos ha hablado infinidad de veces de la muerte. Con pasión, con dedicación, de formas desagradables o amenas, disfrazándola, burlándose, e intentado ser el reflejo de una realidad que siempre supera al cine con creces, nunca al revés. Lo cierto es que al lado del cine, la realidad tiene mucha más riqueza de matices, más personajes, más vida. No hay travellings ni banda sonora, no hay escenas eliminadas ni finales felices. De hecho, no hay un sólo final feliz.

“Hola, soy el hijo del difunto” es la terrible y maravillosa frase que un amigo me dijo cuando le visité para darle el pésame por la muerte de su padre. ¿Qué película esconde una frase tan magnífica en un contexto que siempre nos deja mudos y desarmados? ¿Qué película transmite la sensación de un sincero apretón de manos en un momento tan delicado al oír esas palabras? Ninguna. Porque la verdad, la triste verdad que este cinéfilo vanidoso y prepotente descubre (recuerda) es que al lado de la vida el cine es una mierda, una maravillosa mierda.

Hasta pronto, ay de mín probe, vives en mis recuerdos, los de aquella tu vieja casa donde sentiste mi primer llanto. Volveremos a encontrarnos.

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<![CDATA['American History X', potente aunque tramposo melodrama]]> http://www.blogdecine.com/criticas/american-history-x-potente-aunque-tramposo-melodrama http://www.blogdecine.com/criticas/american-history-x-potente-aunque-tramposo-melodrama Sun, 19 Jul 2009 21:35:17 +0000 seleccionado por los expertos de jennysparks imgamerican-history-x2.jpg

Soy el tipo más peligroso de esta prisión. ¿Y sabes por qué? Porque controlo los calzoncillos

- Lamont

Hay una secuencia que me gusta mucho en esta película. Es hacia el final de su metraje. Tiene lugar un flash-back en blanco y negro (uno entre varios), y en él, por fin, conocemos al fallecido padre de la triste familia Vinyard, un bombero de ideas reaccionarias cuyos discursos xenófobos y llenos de odio van a calar muy profundo en la mente de su hijo mayor, Derek, bien interpretado por Edward Norton. En un breve diálogo conocemos las semillas del odio, el modo en que las ideas de los mayores pasan a la siguiente generación, manipulando su forma de pensar.

No es la única buena escena en esta desigual película, que muchos saludaron como una impresionante obra maestra cuando se estrenó, y que estuvo en boca de todo el mundo durante un cierto tiempo. El tema del racismo, y más concretamente, de los jóvenes neonazis, parecía haber encontrado su drama catedralicio. Pero, aunque esta película tiene suficientes motivos de interés, está muy lejos de representar la aportación definitiva a un tema tan importante. Y esto por varias razones.

Una historia de violencia

La primera de ellas es un guión tremendamente habilidoso, pero que tiende a adentrarse en terrenos fáciles, en lugares comunes, en vez de profundizar más a fondo en la llaga. Es como si supiera bien por dónde no debe moverse, para facilitar las cosas, y no se complica demasiado a la hora de hablarnos del terrible drama del llamado neonazi perfecto, y de su doliente familia. Con inteligencia, pese a todo, sabe mostrarnos bien de qué forma fueron calando en Derek unas ideas que cristalizaron con el dolor de la muerte de su padre.

En efecto, no hay nada como el odio y la destrucción, es decir como la ira, para alejar de uno mismo el dolor de una pérdida o de una existencia miserable. Esto el guión, y la película, saben sugerirlo muy bien. Al final, los neonazis no son más que una panda de inadaptados. Terriblemente violentos y peligrosos, sí, pero también sufrientes. Unos jóvenes marginales que focalizan toda su frustración en una forma de vida agresiva y radical, dirigidos por un cerebro mayor, aquí personificado por el astuto y despiadado Cameron (un buen Stacy Keach).

El viaje desde la inocencia hasta el odio, y de ahí a la comprensión y la redención por parte de Derek, se antoja anémico y forzado, innecesario casi, tendencioso y aleccionador. Los esfuerzos de Norton (ahora hablaremos sobre él) para hacer creíble esta peripecia vital son enormes, pero no bastan, porque el espectador tiene que poner demasiado de su parte para creerse que este neonazi cruel y sin sentimientos se da cuenta de sus errores. Todo queda contado de forma muy tangencial, los negros son demasiado duros o demasiado graciosillos, y los blancos demasiado manipulables o manipuladores.

La vida es más inasible y resbaladiza que esto.

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Una dirección ambiciosa

La segunda razón de peso, casi definitiva, para considerar esta película muy por debajo de las exageraciones que se han dicho de ella, es la labor de su director, Tony Kaye, un londinense experto en anuncios y videoclips que se pasó a la dirección con esta película, esperando demostrar su gran talento con una obra maestra irrepetible. Y la sensación que se tiene es la de que Kaye está convencidísimo de que cada plano que filma es único, maravilloso y genial. Su exceso de autocomplacencia, su ambición, no tienen límites. Y aunque al final es cierto que tiene talento, también tiene mucho que crecer como artista.

Su decisión de mezclar dos tipos de fotografía (color y B&N) es, como poco, discutible. Pero es que, además, su uso y abuso de una cámara lenta recalcitrante, destinada a subrayar de manera exagerada los dramas internos de sus personajes, le desacreditan como un director de fuste. En su intento por firmar un drama social, tiene ecos de Oliver Stone y de Spike Lee, pero parece más preocupado por dejar claro en cada fotograma que es un genio.

No todo es negativo en su labor, nada más lejos. Este cineasta tiene capacidad para crear ambientes y atmósferas agobiantes, asfixiantes casi, y una destreza inusual para dar con la cuerda de la tensión en las imágenes, de modo que la inseguridad y la inquietud se adueñen del espectador. También es un director de actores competente, y su uso de la cámara es fluido y creativo. Pero su deseo de dejarlo todo bien mascado, de poner en un altar sus ideas, termina por despreciar la inteligencia del espectador.

Cuenta que quiso quitar su nombre de los créditos, porque denunció que Norton había reeditado su película, con el fin de lucirse más él, en detrimento del equilibrio del filme. Puede que sea cierto, pero aunque Norton quisiera ganar en protagonismo, nada de esto tiene que ver con la puesta en escena de Kaye, como por ejemplo sus planos finales de las olas en el mar, más propio de un videoclip que de un largometraje, y que nada aportan, salvo una andanada de lujosas imágenes, a la historia de los personajes.

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Tengo un problema con Edward Norton

Norton asombró al mundo entero con un trabajo formidable, el de ‘Las dos caras de la verdad’, creo que se titulaba (traducción horrible para el más estimulante ‘Primal Fear’), dirigida por el mediocre Gregory Hoblit, y en la que él era lo mejor de la función de lejos. Este gran debut dejó claro que nos encontramos ante un actor de raza. Ahora bien, es un actor tan consciente de sí mismo, tan seguro de su genio (como el director, lo que son las cosas), que su trabajo acaba resintiéndose de ello.

Le ocurre algo parecido a otro gran actor muy famoso, Leonardo DiCaprio. Se nota demasiado que está interpretando, es demasiado consciente de su propia interpretación, le falta naturalidad, serenidad, que la escena fluya a través de él. Quiere ser el protagonista a toda costa. Y, de igual manera que DiCaprio, imita demasiado a sus maestros, sobre todo a Robert DeNiro, de quien ambos se han confesado discípulos irredentos.

Su interpretación fue nominada al Oscar en aquel año, aunque tuvo que conformarse con eso, porque fue Roberto Benigni quien se lo llevó. De todas formas, el ganador debió haber sido Nick Nolte, por su fabulosa intepretación en la tremebunda ‘Aflicción’. Desde entonces, Norton ha seguido intentando ganar el Oscar de manera demasiado evidente, y exagerando sus trabajos. Con el tiempo ha ganado algo en sobriedad y ha dejado de interpretar, para ganar en sinceridad, pero sigo notando que interpreta cada vez que aparece en la pantalla.

A su lado, Edward Furlong me parece que le gana la partida limpiamente. Este es un actor nato, que nunca comete el error de actuar, sino que vive la secuencia de modo absoluto. Un tanto más para James Cameron, que le descubrió en ‘Terminator 2’, y en la que ya dio muestra de una gran capacidad de sugerencia, y de una entereza asombrosa. Furlong es el opuesto a Norton, instintivo y natural, relajado y humilde. Y aunque lleva un tiempo poco presente en películas importantes, quizá en un futuro (tiene aún 32 años) pueda dar más de sí.

Conclusión

‘American History X’ merece la pena verse, pero no es, bajo ningún concepto, la película definitiva sobre los neonazis. Tal vez haga falta un talento más valiente para llevarla a cabo (y esto queda confirmado por la filmografía posterior de este director). A pesar de sus bondades, este filme es demasiado tramposo para ser tomado demasiado en serio

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<![CDATA[1998: 'Salvar al soldado Ryan' y 'La delgada línea roja']]> http://www.blogdecine.com/default/1998-salvar-al-soldado-ryan-y-la-delgada-linea-roja http://www.blogdecine.com/default/1998-salvar-al-soldado-ryan-y-la-delgada-linea-roja Mon, 13 Jul 2009 20:03:23 +0000 seleccionado por los expertos de jennysparks spr2.JPG


Yo no saldría si fuera vosotros. Ese francotirador tiene talento.

-Soldado Jackson


Mira la jungla. Mira esas enredaderas. Retorciéndose, tragándoselo todo. La naturaleza es cruel, Staros.

-Coronel Gordon Tall

Recientemente, dándome un paseo por la red, descubro uno de esos viejos foros que hace años abrieron este debate, un debate que a mí me parece apasionante, porque aunque es verdad que son películas muy diferentes, también tienen muchos puntos en común que resulta interesante poner en contacto, por la sola razón de que con ello se discute sobre dos formas muy distintas de entender y vivir el cine.

En 1998 se estrenaron, con pocos meses de diferencia, dos de las películas bélicas más famosas de los últimos años, dirigidas por sendos directores míticos, ambas sobre la segunda guerra mundial, aunque con dos entornos muy distintos. Por un lado la gris y deprimente Francia ocupada (filmada en Normandía, pero también Irlanda y algunos puntos de Reino Unido), y por otro la exuberante Guadalcanal (además de esa isla, los exteriores son de islas Solomon y Queensland, Australia). Dos maneras de mirar. Una es notable, la otra sublime.

La película de Steven Spielberg fue el mayor éxito económico de aquel año, lo que teniendo en cuenta su extrema violencia gráfica, que la obligó a exhibirse como NC-17, es una hazaña aún mayor por tratarse el director de quien se trata. Cinco Oscar rubricaron su excelente año, y no ganó el de mejor película porque se la llevó la muy inferior ‘Shakespeare in Love’. En cuanto a la de Malick, significó su regreso después de veinte años desaparecido del mapa. Soy consciente de que muchos prefieren la primera respecto a la segunda. Yo sólo voy a dejar mi punto de vista.

Mientras que ‘Salvar al soldado Ryan’ es una gran película, pues dentro de ella hay mucho gran cine, poniéndola al lado de la monumental obra de arte de Malick, parece cine convencional, incluso tosco. Por supuesto que la propuesta de Spielberg es muy diferente, pero mientras la suya parte de las convenciones del género y de un clasicismo hijo de Ford y Walsh, la de Malick sencillamente no tiene precedentes, y está fuera de todo parámetro.

El de Spielberg es un relato clásico de itinerario, con un grupo de hombres bien definido, una historia potente y una puesta en escena soberbia. Muchos se sorprendieron de lo descarnado de sus imágenes, lo que fue lo más comentado en el momento de su estreno, como si Spielberg nunca hubiera filmado un tiburón comiéndose a dentelladas a Robert Shaw. El principal problema que tengo con esta película son su prólogo y epílogo innecesarios, ñoños y reiterativos. Sin ellos la película hubiera ganado en unidad y fuerza dramática. En el resto Spielberg tenía la lección bien aprendida, y se dispuso a filmar las más realistas secuencias bélicas de la historia.

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El bélico, un complejo género

Mucho se ha hablado del desembarco de Normandía, esos veinte minutos largos que nos dejaron a todos boquiabiertos. Son ciertamente impresionantes, y merecen pasar con letras de oro a la historia del cine. Para muchos, es lo mejor de la película, e incluso el resto es un pegote necesario pero menor. Yo, por mi parte, también considero soberbia la secuencia de la batalla final y todo el bloque entre las ruinas del pueblo francés, tan deudor de ‘La chaqueta metálica’.

El tono de Spielberg, además, es abiertamente elegíaco y épico. Para él, la Segunda Guerra Mundial fue un evento crucial en la historia del hombre, y se le nota una autoexigencia que no vemos en otras películas suyas. Alumno aventajado de los grandes maestros de la narración norteamericana, está dispuesto a dejar una aportación en la que no escatima suciedad, veracidad, emotividad, una planificación cuidada hasta el mínimo detalle, una representación brutal del campo de batalla.

También existe un cierto cinismo no sólo en su propio punto de vista sobre las decisiones de los jefazos del ejército norteamericano, también en la forma en que su pelotón acoge esas decisiones, en un ejemplo de permitir que el tema fluya desde sus personajes, y no venga impuesto desde los intereses del director. Aunque en este punto Spielberg se muestra ambivalente y termina por otorgar una aureola de heroísmo a sus soldados, y una extraña justificación moral a las decisiones del ejército norteamericano.

De hecho, hay destellos que quedan fuera de lugar, o que parecen reprimidos, como Caparzo (un buen Vin Diesel) asegurando, fuera de sí, que ellos no acribillarían a un mensajero alemán, cuando su capitán (un sorprendente Hanks) le asegura que sí lo harían. Reflexiones interesantes que a Spielberg le importan poco. Lo suyo es la furia y la intensidad, como el eléctrico momento del francotirador, o la emboscada final. Es un portentoso alquimista audiovisual que nos regala grandiosos espectáculos, llenos de emoción y belleza.

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Más allá del género

Pero todo lo de lo que es capaz Spielberg en esta notable película, toda esa furia, el horror de la guerra, los combates descarnados, la planificación audiovisual, está contenido en ‘La delgada línea roja’, en la que hay muchas cosas más además de estas. Más niveles, más lecturas. El extraordinario bloque, escalonado en varias secuencias y segmentos, de la toma de la posición de la colina, rivaliza con el Spielberg más inspirado, y la secuencia de la batalla final, en el que las exhaustas tropas japonesas son aniquiladas y puestas de rodillas es, probablemente, tal como aseguraba Nacho Aguilar en zonadvd la más perfecta secuencia bélica de la historia del cine, además de una de las más terribles.

La pericia y la genialidad de Malick en cuanto a la planificación, la disposición de espacios y tiempos rítmicos, el sublime trabajo de cámara (quizá las más maravillosas tomas de steady y de grúas que se han visto en cine), valdrían para superar a la práctica totalidad de directores, salvo muy pocos maestros de la puesta en escena, como el propio Spielberg. Pero es que, además, trasciende con mucho los encorsetamientos del género para construir una lírica representación de los momentos más íntimos de la muerte, una interiorización anímica del asesinato, una crónica de la destrucción de la naturaleza con lo que esto supone de desconexión con lo único que tenemos de eterno.

Para Malick la guerra es una excusa con la que poder desplegar un coro de voces interiores, una sinfonía lírica de imágenes y sonidos sagrados, prístinos, de escasa vocación narrativa y cuyo mayor objetivo es convertir al cine en un altar de esperanza, en el arte que siempre debió ser y que muy pocas veces es, sometido como está a las leyes del mercado, de lo narrativo y lo políticamente correcto. Malick está más allá de modas, de estilos, de taquilla y de géneros.

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Postdata y Fotografía

Los dos mejores trabajos del a menudo autocomplaciente director de fotografía Janusz Kaminski, son precisamente aquellos por los que ha ganado el Oscar: ‘La lista de Schindler’ y ‘Salvar al soldado Ryan’. Trabajos superlativos, sobre todo el primero de ellos. Su labor en el segundo, con un estilo cercano al documental, desaturando los colores, con abundante grano y muchísimo contraste, es magnífica, pero ha de situarse por debajo del alucinante trabajo de fotografía de John Toll para Malick, que es considerado por muchos de los profesionales de esa disciplina como uno de los mejores de la historia.

Y no sólo en la fotografía, el sonido no tiene nada que envidiar al del todopoderoso Spielberg, ni el diseño de producción. En realidad, técnicamente es igual o mejor, y estéticamente es muy superior. Es como colocar a Megan Fox al lado de Gloria Grahame. Fox es espectacular, impactante. Pero si la colocas al lado de Grahame, parece hasta convencional, del montón. Es lo que tienen las obras de arte.

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<![CDATA[De lo que va realmente 'El caballero oscuro' ('The Dark Knight')]]> http://www.blogdecine.com/default/de-lo-que-va-realmente-el-caballero-oscuro-the-dark-knight http://www.blogdecine.com/default/de-lo-que-va-realmente-el-caballero-oscuro-the-dark-knight Tue, 07 Jul 2009 09:01:14 +0000 seleccionado por los expertos de jennysparks joker

“Su moralidad, su ética… es un chiste sin gracia. Lo abandonan en cuanto huelen un problema. Sólo son tan buenos como el mundo les permite ser. Te lo mostraré. Cuando las cosas se tuerzan, estas… personas civilizadas… se comerán entre ellos”.

Las casualidades existen, vaya que sí. El mismo día que compramos unos altavoces nuevos para ver cine en casa, decidimos ver ‘El caballero oscuro’ una vez más, para probar la calidad del sonido (y de paso, volver a disfrutar de la película en versión original, en una pantalla relativamente grande), y me preparo para sacar punta a un par de ideas que me rondaban por la cabeza, que estaba deseando escribir aquí... y ese día, mi compañero Adrián publica un artículo sobre la misma película. Pero ya veis que he seguido adelante, y no es para repetir nada.

Apuntaba mi compañero, acertadamente, que a pesar de lo mucho que se ha dicho sobre ‘The Dark Knight’, aún se puede añadir algo más. Lo que me sorprendió es que no aportara nada nuevo sobre el final (casi final) de la película, aunque lo comenta y ha dado juego a un interesante debate entre los lectores. Precisamente, uno de los dos asuntos sobre los que yo quería hablar aquí era la secuencia de los dos barcos, el experimento social del Joker. Y es que, tras volver a verla, y volver a pensarla y discutirla, sigo creyendo que nadie se ha enterado realmente de lo que ocurre ahí, que no se ha pasado de una lectura superficial, no reflexionada.

La primera vez que vi la película, me pasó como a la mayoría con la polémica secuencia. Los detonadores a mano, el Joker esperando, la composición de Hans Zimmer aumentando de intensidad, de forma agobiante, y… no pasa nada. Los barcos siguen ahí, los de a bordo miran nerviosos el reloj, la hora señalada transcurrió. Y no pasa nada. La expresión de incredulidad del Joker es la mía, y me consta que la de muchos más. Porque la película estaba siendo bestial hasta ese momento, sin concesiones. Y llega ese momento cumbre y Christopher Nolan se baja los pantalones. Finalmente, ‘El caballero oscuro’ se revelaba como un producto comercial de Hollywood, donde no se permiten determinadas actuaciones, donde los personajes, de pronto, se comportan honradamente y no atacan la conciencia del público.

Lo bueno, esta vez, me decía, es que la película tiene otro final, y cuando lo normal es que nos resultara pesado seguir con la trama, aquí nos alegramos, porque aún quedan cosas por ver, y Nolan puede hacer olvidar la ñoñería anterior. Así ocurre, en cierto modo, pues el cierre de ‘El caballero oscuro’ es de los que no se olvidan, con un monólogo precioso a cargo de Jim Gordon, y la fantástica banda sonora, otra vez, acompañando las emocionantes palabras dedicadas al no-héroe de Gotham, mientras éste huye, injustamente perseguido por perros y policías.

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Un inciso aquí. Ya en el primer visionado lamenté algo de lo que sigo sin recuperarme. Y es el desenlace de Harvey Dent. Porque este hombre, destrozado, se merecía algo más. El Joker le utiliza, Bruce Wayne le utiliza, hasta Rachel Dawes le utiliza (para alejarse de Wayne). Y él sólo hace lo que debe, honestamente. Su recompensa es una muerte deshonrosa. Convertido Dent en el tercer “freak” de la historia, rabioso y descontrolado, habla de justicia, de responsabilidades, de decencia… y Batman se lo carga, sin más. Adiós, monstruo. Se merecía un final más digno (a mí no me paga la Warner por pensar, pero quizá un suicidio habría servido) y es lo que me deja más insatisfecho de ‘El caballero oscuro’. Lo de los barcos no, porque tras el segundo visionado descubrí lo que pasaba realmente. Y voy ya a eso.

Situación límite. El Joker ha descontrolado Gotham con un bidón de gasolina y un par de balas (sus propias palabras). La gente huye. Las carreteras están bloqueadas, y los dos ferrys son una excelente opción para abandonar la ciudad. Dos grupos dentro, uno de ciudadanos y otro de presos, delincuentes, criminales. Nada más salir descubren que cada grupo cuenta con un dispositivo para hacer explotar el otro barco. Y si no lo hacen, ambos vuelan por los aires. El Joker los va a utilizar para demostrar la teoría que expuso a Batman (la cita de arriba), el “bad joke” sobre el que se sostiene la sociedad, en realidad, según él, poco menos que una frágil manada de perros salvajes (lo de esta película y los perros es algo singular).

Pero ya sabemos lo que ocurre. Y todos hablan de cobardía de Nolan, de no hacer lo que debía, que era que, al menos, uno de los grupos activasen los explosivos del otro barco. Porque es una película para el gran público y Hollywood son unos mojigatos. Bueno. Eso es lo que yo pensé la primera vez que la película. Pero no es así. En realidad, todo es bastante más crudo que eso. ¿Por qué nadie, dentro del barco, hace lo que la mayoría ha decidido y activa el detonador? La respuesta no es porque son bondadosos, como mantiene Batman. Él, que está lejos y no sabe lo que ha ocurrido, dice lo que cree, que la gente es buena por naturaleza. El caballero oscuro está equivocado, es un ingenuo.

“Batman vive al margen de la ley. Pero no le pedimos que se entregue por eso. Lo hacemos porque tenemos miedo. Hasta ahora éramos felices dejando que Batman limpiara nuestras calles”.

Ahí está la clave. Es parte del discurso que da Harvey Dent en la rueda de prensa en la que Batman iba a aceptar las condiciones del Joker y desvelar su identidad. Dent habla claro. La gente es cobarde. Es egoísta. Y no piensa en nada mientras está asustada, sólo es seguir adelante con su vida, tal como está. El mismo Joker dice algo parecido, más tarde, vestido de enfermera. Mucho antes, en un restaurante, Dent discute sobre la presencia de Batman y lo defiende, pues la ciudad le necesita; tal como están las cosas, ese justiciero al margen de la ley ayuda mucho más que toda la policía junta. Por supuesto, en cuanto las cosas se tuercen un poco, como señalaba el payaso, nadie se acuerda de nada, y aquí tienen que caer cabezas. La primera, la de Batman.

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Todo esto tiene su culminación en la secuencia de los ferrys. La gente vota que se explote al otro barco. Eso anula la teoría de la bondad humana, sin discusión. Los ciudadanos civilizados se amparan en la democracia para justificar el terrible acto de asesinar a todos los que viajan en el otro ferry. Pero no activan la bomba. Claro. Porque son unos cobardes. Necesitan a alguien que pulse el botón. Y no hay nadie con la voluntad suficiente para hacerlo. Porque eso puede conllevar problemas, responsabilidades, que los demás te señalen. Y nadie, nadie, nadie, quiere problemas. Que lo haga otro. Aunque signifique que todos volamos por los aires.

Por eso necesitan a Batman. Porque es el único que puede hacer lo que los demás no pueden, porque lo da todo por la protección de la ciudad, no es egoísta (bueno, sólo cuando le piden que elija entre su amor y el caballero blanco, pero ahí sólo demuestra su humanidad). Él, Jim Gordon, Rachel Dawes (la única que se encara al Joker en la fiesta), Harvey Dent (antes de su tragedia)... ellos se lo juegan todo. Y algunos lo pierden. El resto, la ciudad, la gente, los protegidos… son unos cobardes que sólo buscan su propio beneficio, ante todo. Al mínimo problema, nadie mira por nadie. Nolan no nos da otra explosión no porque se baje los pantalones; no nos la da porque está dando su visión de la sociedad. Y de eso va realmente, en el fondo ‘El caballero oscuro’. Porque no es casual que se titule como el cómic de Frank Miller. Aunque las casualidades existan.

PD: El preso tira el interruptor al agua. ¿Bondad? No, él no tiene miedo, y no entra en el juego del payaso. Tan sencillo como eso.

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<![CDATA[Clint Eastwood: 'Duro de pelar']]> http://www.blogdecine.com/default/clint-eastwood-duro-de-pelar http://www.blogdecine.com/default/clint-eastwood-duro-de-pelar Mon, 29 Jun 2009 13:44:59 +0000 seleccionado por los expertos de jennysparks duro-de-pelar-1.jpg

‘Duro de pelar’ es el delirante título que obtuvo en nuestro país ‘Every Which Way But Loose’, título tomado de la canción interpretada por Eddie Rabbitt, y que suena en el film en un par de ocasiones, mucho más acorde con lo que la historia narra, que hace tener una idea del film más simple de lo que ya es. Todos en Malpaso recomendaron a Clint Eastwood no hacer una película cuya calidad se mide por los pocos aciertos que tiene, aunque puede ser vista como una agradable comedia sin ningún tipo de pretensión más allá de lo que es.

Eastwood desoyó todo consejo al respecto, y demostró tener una visión comercial fuera de lo común. El guión de ‘Duro de pelar’ fue rechazado nada más y nada menos que 46 veces, y el actor elegido para el proyecto era Burt Reynolds, a quien Eastwood se le adelantó y se lo robó. El resultado fue la películas más taquillera en la carrera de Eastwood, para sorpresa de propios y extraños. También fue la primera película del actor que obtuvo una calificación para todos los públicos, ya que hasta entonces sus films casi siempre obtenían la calificación R, la cual se aplicaba a películas con contenido violento.

‘Duro de pelar’ narra la historia de Philo Beddoe, camionero que en sus ratos libres se dedica a participar en peleas callejeras ilegales. Acompañado por su amigo y compañero, Orville Boggs, su vida se reduce a trabajar, beber de bar en bar y de vez en cuando meterse en espectaculares peleas. Una premisa que no se desarrolla mucho más. Para que la película tenga una duración considerable, la trama contiene pequeñas subtramas en las que el protagonista se enamora, se mete en líos con una pandilla de motoristas (parodia de los míticos Ángeles del infierno) y tiene que esquivar a un policía con el que se ha peleado y se la tiene jurada.

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Lo cierto es que ‘Duro de pelar’ es una película que se disfruta sin ningún tipo de sobresalto en su desarrollo. Un guión de lo más simple cuyo mayor acierto (y eso no quiere decir mucho) son los pequeños detalles que sobre todo visten a los secundarios, personajes algunos de ellos más interesantes que los principales. Moviéndose siempre en el terreno de la comedia (género por el que Eastwood decidió hacer el film), todo es retratado con un punto cómico. Los presumidos y bravucones motoristas no tienen nada de temibles, más bien son el hazmerreír allá por donde pasan. Ma, madre del compañero de Eastwood, que siempre protesta por las trastadas del orangután Clyde (que Philo ganó en una pelea y del que nunca se separa) vivirá una curiosa experiencia con la renovación del carnet de conducir. La relación entre Orville y Echo, mujer a la que se encuentran en su recorrido y decide unirse a ellos. Los policías que tratan inútilmente de dar caza a Philo. Todos ellos forman el universo que rodea a un personaje que no se aleja de la imagen típica de Eastwood, aunque esta vez suavizado para llegar a un máximo número de espectadores.

Aunque la película está adornada con pequeños detalles, como el excelente uso de una serie de canciones country, elegidas por el propio Eastwood demostrando tener un refinado gusto musical, y a pesar de su simpleza lograr un ritmo decente en la narración (tal vez la única razón por la que el film no se haga insoportable), lo cierto es que el resto está bañado con toques de un humor demasiado grueso. Situaciones como la de la dentadura postiza, los chistes alrededor del orangután, los enfrentamientos con los motoristas, etc. son de una simpleza que asusta. Y el único apunte salvable es que ningún personaje en la película cae mal al espectador, lo que se logra gracias a las interpretaciones de un reparto que, lejos de lucirse, al menos se creen lo que están haciendo. Eastwood explora su sentido del humor, además de lucir un excelente estado físico a sus 48 años, y presumiendo de ser un magnífico lanzador de puños (fue asesorado por un antiguo entrenador, Al Silvani, que se convirtió en asesor de Hollywood, entrenando a gente como Sylvester Stallone para ‘Rocky’), y demuestra tener una química perfecta con la extraña Sondra Locke, quien por aquel entonces comenzaba su relación con Eastwood, lo que incluso llevó al actor de ‘Harry el sucio’ a tener problemas con un socio que no veía bien la relación de Sondra con Eastwood, quien aún estaba casado con Maggie Johnson.

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Geoffrey Lewis, que se convertiría en uno de los actores con los que más trabajaría Eastwood (ya había coincidido con él en ‘Un botín de 500.000 dólares’), da vida a Orville, amigo íntimo de Philo, que siempre le consigue peleas, viviendo un poco a su costa en lo que a tomar decisiones se refiere. El actor cumple a la perfección con un personaje demasiado plano, logrando un carisma interpretativo que en manos de otro ni habría. Y lo mismo puede decirse del resto de actores; desde los ya conocidos en el cine de Eastwood, como Bill McKinney o John Quade, hasta la mítica Ruth Gordon, cuya aparición es más un homenaje de Eastwood al cine clásico que otra cosa.

Un crítico de la época vio en ‘Duro de pelar’ una especie de remake para todos los públicos de la anterior película de Eastwood actor, ‘Ruta suicida’ (film que se salva por la excelente labor del actor tras las cámaras), y lo cierto es que la comparación no es tan descabellada, al menos en los puntos que estructuran el ¿guión?. Tenemos a un Eastwood igual de bobalicón e ingenuo, tenemos a una mujer de armas tomar, y hasta una pandilla de motoristas, todo evidentemente suavizado con un humor que hace gracia sólo en muy determinados momentos. Al menos se atrevieron a finalizar la película con un falso final feliz, subrayando el hecho de que a Eastwood le gustan los antihéroes. Es muy probable que el actor supiese que volverían a estos personajes dos años más tarde (‘Duro de pelar’ fue la película más taquillera de 1978, sólo por debajo de ‘Supermán’ de Richard Donner) con una continuación que cerraba la historia, y que es de lo más insoportable que ha realizado Eastwood como actor en toda su carrera.

Pero antes de eso hablaremos de una de las fugas carcelarias más minuciosas y emocionantes que ha dado el cine en toda su existencia, y que supuso el último reencuentro entre Eastwood y su amigo y mentor Don Siegel.

Especial Clint Eastwood en Blogdecine:

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