Favoritos de kirikin en Blogdecine http://www.blogdecine.com/usuario/ seleccionado por kirikin http://www.blogdecine.com <![CDATA[Alberto Abuín escribe lo nuevo de Rodrigo Cortés]]> http://www.blogdecine.com/noticias/alberto-abuin-escribe-lo-nuevo-de-rodrigo-cortes http://www.blogdecine.com/noticias/alberto-abuin-escribe-lo-nuevo-de-rodrigo-cortes Wed, 28 Dec 2011 09:40:42 +0000 seleccionado por kirikin rodrigo-cortes-foto-3-set-rodaje.jpg

Actualización del 29 de diciembre: Como muchos habéis adivinado, la noticia era falsa, una broma por el Día de los Santos Inocentes.

Imagino que muchos lectores habrán notado la ausencia de Alberto Abuín durante este mes de diciembre. Él se ha estado excusando en que tiene mucho trabajo pendiente, pero hasta hoy desconocíamos la razón principal de su falta de contribución al blog. Entre apenado y orgulloso por mi amigo y compañero, os traigo dos noticias. La mala es que Alberto deja Blogdecine. La buena es que lo hace para centrarse por completo en el guion de una película que podría dirigir Rodrigo Cortés (‘Buried’).

De momento, el proyecto carece de título oficial y se encuentra en una fase inicial de la producción, falta rematar el borrador definitivo del guion, pero ya se ha empezado a tantear a algunos actores de cierto renombre en el panorama nacional, para facilitar la siempre complicada búsqueda de financiación (no hay subvención pública alguna). La historia, llena de elementos autobiográficos, es un thriller erótico pero hay mucho humor despiadado y crítica social (dardos envenenados contra los responsables de la crisis económica en la que estamos inmersos). Os puedo adelantar que la trama gira en torno a tres personajes, una joven entregada a los vicios del sexo con hombres maduros, una ejecutiva que se deja humillar ante su jefe para mantener su empleo (hay una escena con un lápiz y un perro, no me dejan decir más), y un hombre amargado adicto al alcohol (evidentemente el alter ego de Alberto, ejem…) que intenta olvidar sus penas entre sesiones de cine y baratas prostitutas. Los destinos de los tres personajes se cruzarán a causa de un maletín lleno de dinero de enigmática procedencia…

En cuanto a Cortés, aún ocupado con la post-producción de ‘Luces rojas’, se ha mostrado muy interesado en trasladar el relato a la gran pantalla y podría ser su cuarto largometraje. Alberto mantiene una buena relación con el director orensano, al que conoció en un pase de prensa de ‘Concursante’ en 2007, y llevan meses hablando de este proyecto en común, al que Cortés ha incorporado también algunas anécdotas personales. ¿Habrá sexo en un ataúd? Ya veremos. Espero que pronto tengamos más noticias y que el rodaje pueda comenzar cuanto antes. Te echaremos de menos, ¡mucha suerte Alberto!

PD: Los especiales que llevaba (e iba a iniciar) mi compañero, dedicados a Eastwood, la Hammer o “El amor en 32 películas”, se repartirán entre los editores y se continuarán lo antes posible.

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<![CDATA[Críticas a la carta | 'El show de Truman' de Peter Weir]]> http://www.blogdecine.com/criticas/criticas-a-la-carta-el-show-de-truman-de-peter-weir http://www.blogdecine.com/criticas/criticas-a-la-carta-el-show-de-truman-de-peter-weir Fri, 25 Nov 2011 09:32:10 +0000 seleccionado por kirikin trumanshowf1.jpg

Cuando echamos la vista atrás y vemos que la Academia de Hollywood premió como mejor película de 1998 a ‘Shakespeare enamorado’ (‘Shakespeare in Love’, John Madden, 1998) nos entristecemos un poco al pensar que fue el año de películas como ‘Salvar al soldado Ryan’ (‘Saving Private Ryan’, Steven Spielberg) —una obra maestra más de su director—, ‘La delgada línea roja’ (‘The Thin Red Line’, Terrence Malick) —una gran obra que gana con el paso del tiempo—, ‘Un plan sencillo’ (‘A Simple Plan’, Sam Raimi) —gran film noir que supone la cima de su director—, y cómo no, ‘El show de Truman’, (‘The Truman Show’, Peter Weir), film que en cierto modo profetizaba sobre el poder de los reality shows, que se erigía como una de las mejores cintas de su estimable realizador, amén de ofrecer uno de los mejores papeles de Jim Carrey, hasta aquel entonces enfrascado en un buen número de personajes llenos de tics y muecas.

Que las película mereció más nominaciones —sólo consiguió las de mejor director, mejor actor secundario y mejor guión— es algo que ya se sabía entonces y que el paso del tiempo ha ido confirmando. Recientemente en la sección Respuestas, uno de nuestros lectores, el avispado luisss, fue aplaudido al resumirla con una sola palabra: vida. Pocas veces debo estar yo de acuerdo con un lector, pero es una palabra que la define a la perfección. ‘El show de Truman’ es, a las puertas del 2012, mucho más actual y revolucionaria de lo que fue en el momento de su estreno. Un canto a la vida y una crítica sin cuartel al poder de la televisión y la lucha por las audiencias, pero sobre todo un retrato del ser humano con todo lo bueno y lo malo que tenemos, que es mucho.

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El concepto de ‘Gran hermano’, tan conocido en nuestro país gracias a un penoso programa de televisión que, temporada tras temporada, ha ido lobotomizando a los espectadores tontos, proviene de la famosa novela de George Orwell ‘1984’, publicada en 1949, y que posee dos adaptaciones cinematográficas, ‘1984’ (id, Michael Anderson, 1956) y ‘1984’ (‘Nineteen Eighty-Four’, Michael Rsdford, 1984). Dicho concepto no se utiliza en la película pero su influencia está más que clara. No obstante, la idea de una vida de ficción paralela a la real tampoco es original —en realidad ¿qué es original y qué no?—; hay precedentes en la serie de televisión ‘Twilight Zone’ y en alguna que otra novela de Philip K. Dick —aún sueño con una adaptación de ‘Time Out of Joint’, cuya premisa argumental es simple y llanamente impresionante—. Andrew Niccol recupera la idea base para su libreto, y la premisa que propone aterra por su verosimilitud. Una empresa adopta un bebé al que convertirá en el protagonista del reality show más exitoso de la historia, todo un mundo creado para él, siendo totalmente inconsciente de que vive una farsa.

Considero un gran acierto en el libreto de Niccol el hecho de que el espectador sepa enseguida que Truman vive en un enorme plató —tanto que puede apreciarse desde el espacio exterior al igual que la muralla china—, y no juegue al suspense presentándonos ese detalle al final como si de uno de esos giros dramáticos de guión se tratase. A cambio se opta por descubrir la terrible verdad al poco de su inicio —no obstante, ese foco que cae del cielo, y la angulación de la cámara, simulando monitores, son suficientes pistas al respecto—, e impactar en el espectador simplemente con la premisa, que por sí sola ya resulta aterradora y capta nuestro interés. El film critica la curiosidad humana, el vouyeur que todos llevamos dentro, y ahí estamos frente a la pantalla, interesándonos por la vida de un pobre desgraciado al que no se le ha dado la oportunidad de elegir. Hay que alabar el trabajo de síntesis realizado en el guión, pues hablamos de una película que dura poco más de hora y media, y aúna en poco tiempo mucha información hábilmente dosificada.

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Y es un acierto esa opción de la supresión del suspense porque resulta prácticamente absurdo. La vida de Truman no tiene nada de especial, y me refiero a la vida ficticia que vive desde su nacimiento. Weir y Niccol ya logran que nos involucremos en la historia porque reconocemos nuestro lado vouyeur, y porque en el fondo deseamos que Truman consiga su objetivo, salir de esa mierda de mundo —dicho sea de paso que sirve como alegoría de un mundo ideal, aunque controlado por un ser superior, un dios muy particular, llamado Christof— y por ende alcanzar el amor, representado en el personaje al que da vida una encantadora Natascha McElhone. Es ése el único y poderoso punto de inflexión en la historia, y que en cierto modo habla de la propia naturaleza del ser humano al creer en algo más que lo que vemos, a aspirar a algo mejor y por coherencia a luchar por nuestros sueños, sean posibles o no. Cualquiera de nosotros puede ser Truman, nos identificamos con él y no necesitamos protagonizar un reality show para ello. Sus miedos y temores son los mismos que los nuestros y la falsedad del mundo que le rodea es la nuestra propia, el querer disfrutar con los placeres y sufrimiento de los demás, olvidándonos de lo principal: disfrutar y sufrir por nosotros mismos. De sentir.

Por primera vez en la carrera de Jim Carrey, su histrionismo le queda a la perfección. Su actuación va acorde con todo el mundo en el que vive y en el que prácticamente es un producto más de marketing. La evolución de su personaje queda perfectamente captada en una interpretación llena de matices en la que el actor demuestra que es mucho mejor de lo que nos había hecho creer con sus papeles de payaso. Atención a la forma de saludar todas las mañanas a sus vecinos, la misma que usa al final con reverencia incluida y de connotaciones muy diferentes. Pocas veces se nos ha erizado la piel como el momento de la libertad de Truman, porque representa la nuestra propia. Por el camino queda un personaje odioso a cargo de una excelente, como siempre, Laura Linney, una arrebatadora música de Burkhard von Dallwitz y Philip Glass, y un Ed Harris glorioso. Todos al servicio de una puesta en escena de Peter Weir a base de planos que encierran a sus personajes en perfecta consonancia con lo que se cuenta. La liberación de Truman se produce fuera de campo, cuando la película ha terminado y el controlable espectador busca otro canal. No es difícil imaginar que Truman se encontrará con el amor de su vida. Y habrá sido su elección, porque el amor es, como la vida, una cuestión de voluntad.

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<![CDATA[Vampiros de verdad: 'Drácula' de Francis Ford Coppola]]> http://www.blogdecine.com/criticas/vampiros-de-verdad-dracula-de-francis-ford-coppola http://www.blogdecine.com/criticas/vampiros-de-verdad-dracula-de-francis-ford-coppola Sun, 27 Nov 2011 17:12:07 +0000 seleccionado por kirikin draculacoppolaf1.jpg

He cruzado océanos de tiempo para encontrarte

Cuando medio mundo quedó encantado, y el otro medio no, con la vuelta de Francis Ford Coppola a la saga de ‘El padrino’, el famoso director ganador de cinco Oscars sorprendió con su siguiente proyecto, una adaptación de la mítica novela de Bram Stoker sobre el más conocido de los vampiros literarios y cinematográficos. La última adaptación oficial databa de 1979 a cargo de John Badham, y atrás quedaban las exploraciones de la Hammer, con Terence Fisher y Christopher Lee a la cabeza, y también las míticas creaciones de Tod Browning y F.W. Murnau, amén de un buen número de apariciones en películas no tan conocidas —hablamos de uno de los personajes de ficción más llevados a una pantalla de cine—, por lo que volver a un personaje tan tratado era, cuanto menos, curioso. Todo el mundo estaba expectante por saber si Coppola repetiría un fracaso del estilo de ‘Corazonada’ (‘One From the Heart’, 1982) —con el que comparte el hecho de haber sido rodadas íntegramente en estudio— o, por el contrario era un éxito.

‘Drácula’ (‘Bram Stoker´s Dracula’, 1992) terminó siendo uno de los más grandes éxitos de su director en una época en la que los avances en los efectos visuales empezaban a cobrar una gran importancia —recordemos que esta película está filmada entre ‘Terminator 2: el juicio final’ (‘Terminator 2: Judgment Day’, James Cameron, 1991) y ‘Parque jurásico’ (‘Jurassic Park’, Steven Spielberg, 1993), que todavía tienen el listón muy alto al respecto—. Coppola utilizó efectos bastante artesanales para así poder abaratar la producción, pues en Columbia no iban a dejar que se pasasen del presupuesto asignado, que al final quedó en unos 40 millones de dólares. El origen de la película se encuentra en el acuerdo que Winona Ryder y Coppola tenían por aquel entonces, debido a que la actriz no “pudo” protagonizar ‘El padrino, parte III’ (‘The Godfather, part III’, 1990) —fue sustituida por Sofia Coppola, para desgracia de muchos— y el director acordó con ella que le presentase un guión interesante en el que ambos pudiesen colaborar. Lo que en un principio iba a ser una miniserie de televisión dirigida por Michael Apted, terminó siendo la película que hoy todos conocemos. Afortunadamente.

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La controversia con esta película surgió a raíz de su título original, ‘Bram Stoker´s Dracula’ —a punto estuvo de titularse ‘Francis Ford Coppola´s Dracula’, pero al propio director no le pareció una buena idea—, y de las declaraciones de su guionista James V. Hart —si echamos un vistazo a su currículum, comprobaremos que éste es el mejor trabajo de su carrera—, que aseguraba haber realizado una escritura totalmente fiel a la obra de Stoker. Absolutamente falso. Y ahí empezaron los problemas, pues numerosos fanáticos del libro, amén de literatos varios y autores teatrales conocedores profundos del original, aprovecharon para sacar sus colmillos y atacar sin piedad al film de Coppola, sin caer en la cuenta —ignorancia, lo llamo yo— que el medio cinematográfico posee herramientas muy distintas a las de la literatura. Además del hecho de que una cosa es la promoción de un film, y otra bien distinta el film en sí, prueba patente de que muchos espectadores juzgan una obra cinematográfica por cómo se la han vendido y no por lo que la obra es o les ha sugerido.

James V. Hart habló de más al afirmar esa fidelidad, pues a la vista está que no es así. Sin embargo eso no invalida para nada la película, la cual presenta unas novedades con respecto al original que también suponen una sorpresa al compararla con cualquier otra adaptación del mítico vampiro. Para empezar tenemos un prólogo, realmente fascinante, en el que vemos el origen de Drácula y su amor por su Elisabeta, su partida a la batalla y posterior reniego de la Iglesia, a la que representó siendo un feroz guerrero. Un prólogo lleno de fuerza en el que Coppola deja clara la intencionalidad teatral del relato, filmando una sangrienta batalla como si de sombras chinescas se tratase. Gary Oldman —en un papel para el que fueron considerados Andy Garcia, quien lo rechazó por el alto contenido sexual de la película, Gabriel Byrne, Armand Assante, Antonio Banderas, Viggo Mortensen y Jeremy Irons, quien a punto estuvo de iniciar rodaje—, Winona Ryder y Anthony Hopkins —que llega a realizar tres papeles en la película— protagonizan este pequeño segmento en el que se subraya el carácter romántico y sangriento de la historia. Amor y sangre unidos en un fatídico destino.

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Destino que compartirán los mismos personajes siglos después. Oldman da vida a un Drácula envejecido a punto de trasladarse a Londres, y Hopkins y Ryder a personajes que bien podrían ser la reencarnación de Elisabeta —Mina Harker— o del hombre que condena el suicidio de aquella —Van Helsing—. Tres líneas narrativas que terminan confluyendo cuando Drácula en Londres deja mortales rastros de su existencia. El encuentro entre Mina y un Drácula completamente rejuvenecido gracias al poder de la sangre muestran a un Coppola muy inspirado que rinde homenaje al nacimiento del cine, el cual curiosamente coincidió con la publicación de la novela de Stoker. Imágenes del conde, cuya presencia parece recordar al Corleone de la saga más conocida de su realizador, paseando por las calles londinenses al ritmo de los fotogramas de un viejo cinematógrafo, y el posterior encuentro con su amada reencarnada poseen una fuerza arrebatadora que se repite en la escena del lobo, momento en el que Mina queda completamente fascinada por el conde, o la escena de la absenta, de una sensualidad y erotismo muy marcados. Al fin y al cabo ‘Drácula’ es una historia de amor y sexo.

Y siempre ha sido así, incluidas las versiones de Murnau, Browning o Fisher, a las que Coppola rinde sendos homenajes en diversos instantes del film. Pero esta vez se hace hincapié en el lado humano de Drácula, quien recordemos, fue humano una vez. Ese es otro de los aspectos que diferencian esta adaptación del resto. Drácula es un eterno enamorado entristecido, primero por la muerte de su amada, y luego enfurecido por el hecho de que la Iglesia, a la que tanto defendió, rechaza el alma de Elisabeta por haberse suicidado. Su maldición, provocada por él mismo, será vagar a través de los tiempos en busca de su amor perdido —la frase que inicia este texto me parece una de las más bellas jamás pronunciadas en una película, por todo lo que encierra y por ser un ejemplo perfecto de síntesis—, dejar muertes allá por donde pasa, encontrar a su amor, y con ello el perdón de Dios en un clímax lleno de lirismo. Nunca la muerte del vampiro más famoso de todos los tiempos estuvo tan cargada de belleza, y aunque los colores, y en parte los decorados, evocan a los mejores títulos de la Hammer, Coppola es capaz de crear algo nuevo con un material tan manido.

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La música del polaco Wojciech Kilar, de gran épica en algunos momentos y terroríficamente íntima en otros, llena cada plano del film, y es capaz de transportarnos a esa especie de mundo onírico creado por Coppola, donde se funden cine, teatro y literatura con inusual equilibrio, algo que muy probablemente ha enfadado a los más puristas de cada arte. Nunca una actriz tan mediocre como Winona Ryder estuvo tan sensual y atractiva, Anthony Hopkins da vida a un Van Helsing tan temible como el conde Drácula, terriblemente conservador y puritano, y Gary Oldman hace la interpretación de su vida, logrando que sintamos al mismo tiempo fascinación y repulsión. Al respecto cabe citar la muy inteligente decisión de que Mina es la única, junto con el espectador, que ve al Drácula humano. El resto de personajes sólo lo ven como un viejo decrepito —Keanu Reeves, sin duda lo peor del film, dando vida a Jonathan Harker, en su visita al castillo en Transilvania, y cuya estancia es una muy barroca pesadilla—, o un monstruo, al que también da vida un Oldman lleno de maquillaje, obra y gracia de Greg Cannom.

Coppola se reunió con el equipo en su rancho, días antes de iniciar rodaje y entre otras cosas, obligó a los actores a una lectura de la obra de Stoker en voz alta, algo que les llevó dos días enteros. El famoso realizador quiso que sus intérpretes estuviesen perfectamente familiarizados con el material. El resultado, dejando a un lado alguna laguna narrativa —arreglada por la voz en off de Hopkins como uno de los narradores, algo que nunca gustó demasiado a Coppola— y el penoso trabajo de Reeves, es firme y por decirlo de alguna manera, vampirizador. Y he ahí uno de los grandes aciertos de Coppola realizador. Su puesta en escena logra una conexión única, y muy elegante, entre el poder vampirizador del cine —la escena de las sombras chinescas antes comentada— y su personaje. Porque ante todo no estamos ante el Drácula de Stoker, al cual sin duda reconocemos, sino ante el de Coppola, ante una reinterpretación del mito. Y nos ha seducido como lo haría el más grande de los vampiros, dejando claro que su existencia y su poder sólo tienen una razón de ser: el amor.

Vampiros de verdad en Blogdecine:

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<![CDATA[Frases de cine | 7 de noviembre | Sobre el lenguaje, el 3D, el cine español... y los villanos de Hollywood]]> http://www.blogdecine.com/frases-citas/frases-de-cine-7-de-noviembre-sobre-el-lenguaje-el-3d-el-cine-espanol-y-los-villanos-de-hollywood http://www.blogdecine.com/frases-citas/frases-de-cine-7-de-noviembre-sobre-el-lenguaje-el-3d-el-cine-espanol-y-los-villanos-de-hollywood Mon, 07 Nov 2011 17:30:17 +0000 seleccionado por kirikin david-cronenberg-madrid-un-metodo-peligroso.jpg

Después de una entrega especial centrada en Spielberg y ‘Capitán Trueno’, esta semana volvemos al formato tradicional de “frases de cine”. Ya sabéis, declaraciones curiosas, divertidas, polémicas… de profesionales del cine. Empezamos con David Cronenberg, que visitó España recientemente y se ofreció a contestar algunas preguntas a través del Twitter de la distribuidora de su último film, ‘Un método peligroso’ (estreno el 25 de noviembre); sí, contestó una mía, pero la respuesta más llamativa fue la que os dejo a continuación:

Creo que todas mis películas son divertidas, en un cierto nivel. No me imagino haciendo una película sin humor de ningún tipo.

Hablando de Twitter. Muchos famosos lo usan, cada vez más, pero a Ralph Fiennes no le gusta nada. Cree que está ejerciendo una mala influencia en el lenguaje.

Nuestra expresividad y el uso que le damos a algunas palabras se está diluyendo hasta el punto de que un párrafo con más de una oración se ha convertido en un problema. Y para qué decir de una palabra con más de dos sílabas.

En la página de Respuestas, Jemoen colgó una recopilación de incendiarias declaraciones de actores y cineastas. Aparte de los severos ataques lanzados a las películas de Godard por parte de directores como Bergman o Welles, me llamaron mucho la atención las perlas de Vincent Gallo. Ojo a esto:

A Sofia Coppola le gusta cualquier tío que tenga lo que ella quiere. Si quiere ser fotógrafa, se folla a un fotógrafo. Se quiere ser directora de cine, se folla a un director de cine. Es un parásito, igual que el cerdo de su gordo padre lo fue.

Gallo también tuvo palabras de afecto hacia Martin Scorsese, diciendo que lleva 25 años sin hacer una buena película. Como sabréis, el director de ‘Taxi Driver’ ha estado ocupado con su primera película filmada en 3D, ‘La invención de Hugo’ (‘Hugo’). Sobre su experiencia con el formato:

Es excitante pero requiere respeto. Realmente es como volver a empezar… Seguimos experimentando para ver hasta dónde podemos llegar. Miraremos un plano y diremos “¿qué podríamos hacer para usar la profundidad?”. Verdaderamente, fue un divertido dolor de cabeza.

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Quien ya puede presumir de haber dirigido y estrenado una película en 3D es Steven Spielberg. No es uno de sus mejores trabajos, pero ‘Las aventuras de Tintín y el secreto del Unicornio’ tiene secuencias espectaculares y por el momento está siendo un éxito de taquilla (todavía no se ha estrenado en EE.UU.). En una de las muchas entrevistas que ha concedido Spielberg, le preguntaron en qué se parecían Tintín e Indiana Jones y por qué ambos personajes eran tan populares; su respuesta:

Porque ni Tintín ni Indiana Jones son superhéroes, son personas reales.

Tan reales como James Bond. Con la nueva entrega (‘Skyfall’) ya filmándose, Roger Moore, uno de los rostros del famoso 007, quiso dedicar unas palabras a otro de los actores que han encarnado al agente secreto:

Sean Connery es un buen actor; es una pena que no pueda entender nada de lo que dice.

Se vuelve a hablar de ‘Sin City 2’ y se baraja la posibilidad de que Mickey Rourke vuelva a estar en el reparto. De cómic en cómic, el actor acabó hablando de ‘Iron Man 2’:

Intento encontrar los momentos en los que el villano no es un cliché, un malvado tío diabólico, y es una gran lucha. La tuve con ‘Iron Man 2’ y perdí. Marvel cortó las pelotas a Jon Favreau y quiso un villano unidimensional. La interpretación y todas las cosas que intenté aportar acabaron por los putos suelos. Eso puede llevar a que dejes de preocuparte. A no querer hacer el esfuerzo de intentar hacer un villano inteligente o un villano que tiene razones para justificarse.

Sigamos con el buen rollo. Recordaréis que ‘Los pasos dobles’, de Isaki Lacuesta, fue la ganadora de la Concha de Oro en la última edición del festival de San Sebastián, una decisión que no sentó muy bien a algunos, como el director Arturo Ripstein (muy molesto) o el crítico Carlos Boyero. Lacuesta se ha referido a este asunto (lo de siempre, “Boyero caca”) y a otros, como el escaso apoyo de los medios a la cultura, o eso que decimos a menudo cuando una película española sale bien: “es tan buena que no parece española”.

Coletilla que, durante décadas, ha servido para referirse a películas de Juan Carlos Fresnadillo, Enrique Urbizu, Álex de la Iglesia, Daniel Calparsoro, Isabel Coixet, Oscar Aibar, Alejandro Amenábar, Javier Rebollo, Chapero Jackson, José Luis Guerín, Marc Recha, Mariano Barroso, Javier Fesser, Gonzalo Suárez, Juanma Bajo Ulloa, Nacho Vigalondo, Jame Balagueró, Paco Plaza… y otros tantos que ahora me olvido. El cine español: todo aquel que parece extranjero. Viceversa: este periodista (este espectador) no parece español.

A todo esto, ¿alguien estuvo pendiente de la gala de entrega de premios de San Sebastián? Vale, allí veo una mano… dos… La que muchos no nos perderemos será la que tendrá lugar el 26 de febrero en el teatro Kodak de Los Angeles. Eddie Murphy será el próximo presentador de la ceremonia de los Oscars, y hace poco, mientras hacía promoción de su última película, ‘Un golpe de altura’ (‘Tower Heist’), dijo esto:

No siento la presión, solo tengo que presentar a la gente y mantenerme en pie. Y tal vez haga un par de sketches tontos o algo así.

Hablando de cosas que todos queremos ver. Scarlett Johansson confirmó, por si quedaba alguna duda, que las fotos que se filtraron hace un par de meses en las que aparecía desnuda, son auténticas.

Eran viejas, de hace tres años. Se las envié a mi marido [Ryan Reynolds]. No hay nada malo. No es como si estuviera rodando una porno… aunque tampoco habría nada de malo en eso.

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Y para terminar, una bomba de sinceridad. Es lo único que, quizá, pueda apartar de nuestras mentes la idea sugerida por Scarlett. Ojo a lo que ha soltado Ron Meyer, jefe de Universal Studios:

Hacemos un montón de películas de mierda. Y cada una de ellas me parte el corazón. [...] Una de las peores películas que hemos hecho ha sido ‘El hombre lobo’ [‘The Wolfman’, 2011]. ‘El hombre lobo’ y ‘Babe 2’ son dos de las películas más penosas que hemos producido, pero también hemos hecho películas en las que hemos creído. Hicimos ‘United 93’, que es una de las películas de las que más orgulloso estoy. ‘Cowboys & Aliens’ no fue suficientemente buena. Fue una película mediocre, y todos hicimos un trabajo mediocre con ella. [...] ‘El mundo de los perdidos’ [‘Land of the Lost’, 2010] fue directamente una mierda. No hay excusa para ello. Todo salió mal. [...] ‘Cowboys & Aliens’ no se merecía más de lo que sacó, tampoco ‘El mundo de los perdidos’, pero ‘Scott Pilgrim’ sí se merecía algo mejor, no llegó a calar hondo en la gente, aunque fue una de esas películas que no cuestan mucho, así que no fue un gran fracaso.

Vía | Respuestas, Hollywood Reporter, E! Online, Los tiempos, Las horas perdidas, Twitter Universal_Spain, El país, 20 minutos, Coming Soon, Varsity

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<![CDATA['Gremlins', la antológica banda sonora de Jerry Goldsmith]]> http://www.blogdecine.com/bandas-sonoras/gremlins-la-antologica-banda-sonora-de-jerry-goldsmith http://www.blogdecine.com/bandas-sonoras/gremlins-la-antologica-banda-sonora-de-jerry-goldsmith Tue, 08 Nov 2011 20:45:28 +0000 seleccionado por kirikin gremlins

Entre la vorágine de relanzamientos que suelen hacer las discográficas para mantener vivo el entusiasmo de melómanos, recientemente se ha anunciado un esperadísimo trabajo de Jerry Goldsmith: ‘Gremlins’. Una banda sonora que causó sensación por los ochenta que lograba captar la esencia que el genial compositor era capaz de otorgar a cintas de género, como ésta que nos ocupa.

La película cuenta con ese factor nostálgico de los ochenta, algo similar como ocurriera con la inmersión de ecos de Williams a cargo de Giacchino en ‘Super 8’. Solo que se mantiene completamente viva. No se trata de una nueva ni edulcorada versión. Es la completa partitura de Goldsmith para la fantástica película dirigida por Joe Dante en 1984.

Como podemos recordar con este tema principal, los siniestros ‘Gremlins’ contaban con el acompañamiento rítmico de sintetizadores y acordes electrónicos (algo estridentes pero entrañables) muy propios de la época y que ahora los fans podemos volver a rememorar de forma íntegra.

Nada menos que un doble disco con la banda sonora completa ahora remasterizada apropiadamente. En el disco extra encontramos una recreación del score junto con tres canciones del film y una suite extensa no editada hasta ahora. La edición se completa con un libreto donde se explica todo el proceso de restauración del sonido, comentarios y entrevista al propio Joe Dante.

Vía | FilmScore

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<![CDATA[Frases de cine | 26 de septiembre | Sobre el cine y el público actual, las películas violentas o el final de 'Seven']]> http://www.blogdecine.com/frases-citas/frases-de-cine-26-de-septiembre-sobre-el-cine-y-el-publico-actual-las-peliculas-violentas-o-el-final-de-seven http://www.blogdecine.com/frases-citas/frases-de-cine-26-de-septiembre-sobre-el-cine-y-el-publico-actual-las-peliculas-violentas-o-el-final-de-seven Mon, 26 Sep 2011 19:56:45 +0000 seleccionado por kirikin j-edgar-leonardo-dicaprio-eastwood-gay.jpg

Una semana más os traigo una selección con frases y declaraciones curiosas, interesantes y polémicas, de actores, directores y profesionales del cine. Hoy empezamos con Clint Eastwood, al que le preguntaron por la supuesta homosexualidad del personaje protagonista de su nueva película, ‘J. Edgar’, interpretado por Leonardo DiCaprio:

No es una película sobre dos tíos gays. Es sobre cómo este hombre manipuló a todos a su alrededor y se las apañó para resistir el paso de nueve presidentes. Quiero decir, me importa una mierda si era gay o no.

William Friedkin ha vuelto a ser noticia gracias a la presentación de su nuevo trabajo, ‘Killer Joe’, en los festivales de Venecia y Toronto, donde ha gustado bastante. Ojo a su opinión sobre la industria del cine actual:

Cada vez es más difícil hacer material original adulto en este clima. Sólo se preocupan por hacer películas que son cómics y remakes. Las audiencias han cambiado. Están condicionadas por la televisión, y la televisión apunta al mínimo común denominador. Sus expectativas son más bajas.

Brad Pitt siempre es noticia, lo quiera o no, solo tiene que dejarse ver o abrir la boca. El actor, actualmente en nuestras carteleras con ‘El árbol de la vida’ (‘The Tree of Life’), habló hace poco sobre su etapa con Jennifer Aniston:

Llegó a estar claro que estaba intentado encontrar una película sobre una vida interesante, pero yo no estaba viviendo una vida interesante. Creo que mi matrimonio tuvo algo que ver con ello, tratando de fingir que el matrimonio era algo que no era. Empecé a ponerme enfermo de mí mismo, sentado en el sofá, escondiéndome. Comencé a sentirme patético.

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José Coronado ha recibido muchos elogios por su papel de Santos Trinidad en ‘No habrá paz para los malvados’, estrenada este pasado viernes. El espectador nunca llega a saber la historia de Santos, de dónde viene y por qué actúa así...

No hace falta, solo se sabe que, en algún momento de su vida, estuvo en el lado bueno. Ahora es un tipo que borracho mata a tres personas. Urbizu respeta la inteligencia del espectador, a diferencia de muchos otros directores, que te lo dan todo masticado y todo hecho.

Otra de Pitt. Habéis visto ‘Seven’, ¿verdad? Ese final inolvidable… estuvo a punto de desaparecer, se quiso cambiar, pero el actor se negó. Evidentemente, no sigas leyendo si todavía tienes pendiente la película de David Fincher…

Los productores pensaban que el personaje sería mucho más heroico si finalmente no disparaba a John Doe. Y para ello pensaban no meter la cabeza de su mujer en la caja. No sé, tal vez pensaban poner la de un perro…

Como sabéis, Eddie Murphy será el próximo presentador de la gala de los Oscars. Su amigo Steve Martin le ha dado un consejo:

Si te sientes cansado a la mitad, dale un Red Bull a Neil Patrick Harris y lánzale algunas partituras.

‘Drive’ se estrenó hace un par de semanas en Estados Unidos y Ryan Gosling ha hablado mucho sobre ella. En una entrevista dijo que entiende que su personaje está condicionado por las películas que ha visto, y para explicarse contó esta anécdota:

Cuando era un crío vi ‘Acorralado’ [‘First Blood’], y de alguna manera me hechizó, pensé que yo era Rambo. Fui al colegio al día siguiente y había metido cuchillos en mi mochila, se los lancé a los demás niños en el recreo, y me expulsaron. Ningún niño salió herido, yo no quería herir a nadie, gracias a Dios, pero mis padres me dijeron: “No puedes ver más películas violentas”. Tuvieron mucho cuidado con lo que veía porque tenía un gran impacto en mí. Me dijeron que solo podía ver películas bíblicas y de National Geographic, pero ésas sí eran jodidamente violentas…

De nuevo sobre Friedkin. Juno Temple (un nombre que oiremos mucho, sobre todo porque participa en la última película de Batman) es una de las protagonistas de ‘Killer Joe’, y cuenta cómo fue trabajar con el director:

Lo principal, y lo dice antes de cada toma, es: “mantenlo fresco, mantenlo fresco”. Confía mucho en ti y a cambio tú confías en él con todo tu corazón. Hace solo una o dos tomas de todo, y cuando tienes a un director que cree tan fuertemente en ti, lo único que quieres es hacerlo bien desde el momento en que grita acción.

A Sigourney Weaver le preguntaron recientemente sobre varios proyectos en los que podría estar involucrada. Sobre si estará o no en las secuelas que va a rodar James Cameron de ‘Avatar’, contestó esto:

Jim dice que nadie muere nunca en la ciencia-ficción.

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El pasado viernes se estrenó en España la comedia romántica ‘Con derecho a roce’ (‘Friends with Benefits’), en la que Justin Timberlake y Mila Kunis tuvieron que rodar varias escenas desnudos. Algo que al cantante y actor parece encantarle:

Francamente, creo que el desnudo frontal es mi mejor perfil.

Vía | Hitfix, Rottentomatoes, Sfx, 20minutos, Aullidos, Poprosa, Elperiódico, Lashorasperdidas, Eonline, Theplaylist

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<![CDATA[Encuesta de la semana | Títulos de películas]]> http://www.blogdecine.com/blogdecine/encuesta-de-la-semana-titulos-de-peliculas http://www.blogdecine.com/blogdecine/encuesta-de-la-semana-titulos-de-peliculas Sun, 18 Sep 2011 16:24:05 +0000 seleccionado por kirikin blogdecine-encuesta-de-la-semana-titulos-cine

Hoy vuelven las encuestas a Blogdecine. Tras un necesario descanso, retomo la sección con uno de los dos temas que os propuse en los resultados del último cuestionario; vamos a centrarnos en los títulos de las películas.

Un asunto especialmente delicado en este país porque se suma al maldito doblaje de las películas extranjeras, todavía en pie con argumentos tan sólidos como que aquí se hace el mejor doblaje del mundo, que mantiene a gente empleada o que dejaríamos de ir al cine por tener que leer subtítulos (raro, los millones de españoles que seguimos al día las series norteamericanas no tenemos problema alguno con eso). Lo curioso del tema es que a pesar de todas las críticas y las protestas, seguimos viendo títulos “traducidos” de manera lamentable o absurda en nuestra cartelera; nadie se da por aludido, y así las cosas, el 23 de diciembre hablaremos de ‘El topo’ (‘Tinker, Tailor, Soldier, Spy’) y en el verano de 2012 de ‘El caballero oscuro: La leyenda renace’ (‘The Dark Knight Rises’). Qué le vamos a hacer, quizá es que a los distribuidores les encanta pensar que forman parte del proceso creativo que da origen al cine.

Cuatro preguntas os esperan en la encuesta de hoy. ¿Cuál es tu título español favorito de una película extranjera? ¿Cuál es el peor, el más inapropiado? ¿Hacen bien las distribuidoras en cambiar los títulos pensando en el mercado nacional o deberían limitarse a traducirlos literalmente? ¿Y cuál dirías que es el mejor título de la historia del cine? Quiero saber qué pensáis de todo esto, no dejéis pasar la oportunidad de dejar clara vuestra opinión.

ACTUALIZACIÓN: Terminó el plazo para votar. Muchas gracias a todos los que habéis participado, en breve publicaré los resultados.

PD: Los títulos de todas las ganadoras al Oscar a la mejor película, hasta 2010:

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<![CDATA['El árbol de la vida', arte más allá de lo narrativo]]> http://www.blogdecine.com/criticas/el-arbol-de-la-vida-arte-mas-alla-de-lo-narrativo http://www.blogdecine.com/criticas/el-arbol-de-la-vida-arte-mas-alla-de-lo-narrativo Sun, 18 Sep 2011 09:57:15 +0000 seleccionado por kirikin the_tree_of_life_movie_01.jpg

Terrence Malick, aunque se resiste a ser fotografiado y a conceder entrevistas, lo que le confiere un aura de misterio y la sensación de que se trata de un ermitaño incapaz de relacionarse con el mundo, ni está solo ni está desconectado del mundo. Le acompañan (le han acompañado siempre), en su viaje estético y vital, nombres como los del filósofo Martin Heidegger, el poeta Walt Whitman o el escritor, poeta, agrimensor, naturalista, activista, anarquista, conferenciante y fabricante de lápices Henry David Thoreau. Y por su visión panteísta y su condición de creador de imágenes, está realmente conectado al hombre, a la vida y al mundo. Desde 1973 ha dirigido cinco largometrajes y, aunque jamás será acreedor de (siempre sospechosos, o casi siempre) consensos de ninguna clase y en ningún lugar, ahora goza de un enorme prestigio como cineasta y de una libertad en sus proyectos con la que pueden ejercer su misión muy pocos (contados con los dedos de una mano) directores en el mundo. Un privilegio conquistado, y no regalado por nadie, a base de coherencia y de una total fidelidad a sí mismo y a su misión de escultor de imágenes y sonidos cinematográficos. Imágenes y sonidos que da la impresión de pertenecerle sólo a él, en verdad, y con los que ha construido una obra breve en títulos pero enorme en cuanto a su capacidad de arrastre, su vuelo poético, su refinada e inimitable búsqueda de lo invisible. Esa indagación abstracta en regiones del alma y de la mente que para muchos artistas queda vedada.

Ahora, tras su paso triunfal por Cannes (no exento de voces que la aborrecían), ha llegado a España la última de estas películas (dicen que ya tiene terminado el rodaje de la siguiente, y que prepara una séptima) y son esperables y lógicas las reacciones dispares (hasta opuestas) ante una película absolutamente inclasificable, alejada de cualquier otra que podamos ver en una pantalla ahora o nunca, y ante la que no es posible acercarse, y mucho menos realizar un análisis medianamente serio y valioso, haciendo uso de las herramientas o los arquetipos que tantas veces se emplean cuando se trata de escribir sobre una obra cinematográfica, pues sus múltiples aristas (conceptuales, filosóficas, formales, temáticas, técnicas, líricas) lo impiden, ya que Malick llega quizá más lejos que nunca en su particular y muy radical concepción del cine. Pero, aunque radical, palpitan en sus imágenes, aunque sea en el subsuelo de ellas, algunas de las indagaciones espirituales de los más grandes directores norteamericanos (Ford, Capra, Lynch), europeos (Truffaut, Erice, Resnais) o asiáticos (Ozu, Mizoguchi, Yimou), y participan de una universalidad incontestable, que las convierte en plenamente accesibles para cualquier ser humano. Una película que, además, encuentra en sus enormes desequilibrios estructurales su verdadera razón de ser y su indescriptible éxtasis emocional. No es la perfección, ni la verdad, lo que aspira a capturar esta hermosa película, sino la escurridiza, luminosa y percutante energía de la vida misma.

Muchos se acercarán a esta película y sentirán un irresistible y feroz rechazo. Probablemente abandonen la sala o se sientan defraudados. No es nada nuevo. Reacciones similares tuvieron lugar cuando ‘La delgada línea roja’ (‘The Thin Red Line’, 1998) o ‘El nuevo mundo’ (‘The New World’, 2005), vieron la luz. La probabilidad de que esto ocurra será mucho mayor si el espectador no conoce la obra previa de Malick, o si no es consciente de que este director no tiene el menor interés, nunca lo ha tenido, en entretener o enamorar al espectador con una historia bellamente filmada. No son cosas que le interesen o que le muevan para salir de su casa y ponerse a filmar una película. Tampoco le interesa una narración convencional, o filmar un episodio de la vida de un personaje como lo haría cualquier otro director. Aún quedan algunos artistas en el mundo que son capaces de elaborar un mundo propio en las páginas de un libro, o en las imágenes y sonidos de una película simplemente porque ellos respiran y beben eso como una forma de vida, y una misteriosa chispa en su interior les obliga a establecer sus propias reglas y a no hacer algo que a se haya hecho, o no de la misma forma. Es decir, son creadores. Y no pueden dejar de serlo. Ni siquiera les interesa la narración, ni la trama. Sólo una cosa les importa, y es permitirnos, a nosotros, asistir a las secretas conexiones de todas las cosas vivas, como demiurgos o profetas capaces de comprender todo lo que nos destruye y nos llena de paz, todo lo que tememos y lo que amamos, lo que nos aprisiona y nos hace libres.

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Amar es perdonar, comprender, aceptar

Algunos analistas que la habían visto decían que ‘El árbol de la vida’ (‘The Tree of Life’, 2011) era una obra de enormes ambiciones, que trataba de conectar poéticamente al ser humano con los orígenes del universo, y que en su secuencia se buceaba en cuestiones metafísicas inextricables y crípticas. Todo ello desde una puesta en escena muy autocomplaciente y forzada, hasta grandilocuente. Para mí, la realidad es muy otra. No existe tal ambición desmesurada (al menos, en lo temático) ni tales elementos crípticos. Siendo una película con algunos grandes defectos (sobre todo en su zona final), sorprende por la enorme contención de su estrategia estética y porque, aunque su carácter espiritual la lleva a mostrar imágenes como la creación de una supernova o el surgimiento de un enorme dinosaurio en una playa, sorprendentemente su cámara jamás se aleja de la realidad de una familia de Texas, del nacimiento de un niño, del pulso vital de lo cotidiano. Su único interés es el hombre, y el corazón de esta película es el perdón como la única y definitiva prueba de amor pleno y definitivo, y como territorio final de redención y sosiego. Y a partir de ahí la imaginación de Malick propone una zambullida sin límites a los misterios indescrifrables de la infancia, y es de tal calibre su aportación que se inscribe con letras de oro en la larga tradición de esas maravillosas películas que han hecho de la transición de niño a adulto la medula espinal de su secuencia.

El director se crió en Waco, Texas, en una familia conflictiva de grandes altibajos económicos y sentimentales, y tuvo una adolescencia marcada por el contacto con la naturaleza y el aprendizaje de los resortes violentos del mundo que le rodeaba. Su hermano murió en circunstancias que nadie conoce bien del todo. Pero sí se conoce que él se ha sentido durante años terriblemente culpable por ello. Estamos, por tanto, ante una confesión fílmica en toda regla, y ante la expresión dramática de unos demonios interiores violentísimos y muy dolorosos, pero también ante la evocación plácida, sensorialmente apabullante, de unos recuerdos muy intensos. En la ficción son los recuerdos de un hombre roto y perdido en una gran ciudad, agobiado por enormes edificios de cristal y acero, y por un trabajo que le aporta dinero y posición, pero que le vacía por dentro y no le hace feliz. Ese hombre, al que aporta su rostro el imprescindible Sean Penn, es un alter-ego evidente del propio director, y cuando no vaga por el fotograma o conversa oscuramente con su padre en un ascensor que le lleva a ninguna parte, se evade en la remembranza de su infancia con sus dos hermanos, que en la cosmogonía de Malick viene a representar el paraíso perdido que ya vimos en las sociedades preindustriales de las Islas Solomon de ‘La delgada línea roja’ o en la Virginia salvaje de ‘El nuevo mundo’. Se trata de un hombre que anhela recuperar una inocencia y una alegría que en su vida parecen perdidas, y que pasan por aceptar las propias enormes limitaciones y que la muerte es invencible y caprichosa, pero que no puede arrebatarle todo lo bueno que ha conocido.

Pero para ello tendrá que recordar (es decir, volver a pasar por el corazón) muchos acontecimientos terribles y oscuros que le marcaron para siempre y que sólo ahora, siendo un hombre maduro, puede intentar comprender. De este modo, la película es un enorme flash-back, que en los primeros momentos son como fogonazos que golpean su cuerpo y que luego, durante dos horas, serán el eje central del relato. Nos convertiremos en él, y nos sentiremos completamente identificados (yo mismo me he sentido estremecedoramente retratado en mi relación con mi padre y con mi hermano) en su vértigo emocional, y seremos testigos privilegiados de la vida rutinaria de una familia media de mediados del siglo XX en un barrio residencial como pudo haber miles en Estados Unidos. Seremos parte de esa familia y se nos permitirá compartir sus momentos de euforia y sus miserias y épocas de dolor. Pero nunca desde lo moral o lo narrativo, y siempre desde lo sensorial, lo fugaz, crisol de instantes irrepetibles que, en su misma esencia, llega a convocar una tensión psíquica y espiritual muy difícil de describir y que sólo las grandes obras de arte pueden atesorar, y se descubre uno llorando ante sus imágenes, sin saber muy bien si las lágrimas están provocadas por la belleza de esas imágenes o por lo desgarrador y lacerante de algunas escenas. O quizá porque uno comprende que realmente ya no está solo en el mundo.

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Rasgos de una complejísima puesta en escena

Bien sabrán los lectores que el rodaje tuvo lugar hace más de dos años, y que se llegaron a filmar casi 600.000 metros de película. Después del rodaje, Malick se dedicó, durante muchos meses, a pulir su obra obsesivamente, añadiéndole por primera vez elementos digitales, y el resultado es uno de los aspectos cinemáticos más perfectos de la historia del cine. Ya en el rodaje repitió el mismo esquema con el eminente operador Emmanuel Lubezki, cuando ambos convinieron en que toda luz sería natural, que todos los lugares de rodaje se verían completamente privados de cables o utensilios eléctricos, y que todos los planos serían cámara en mano, salvo muy pocos de grúa, que precisamente tuvieron lugar en el árbol que preside la casa. La cámara de Malick es más nerviosa y fluctuante que nunca, y no tiene miedo de efectuar furiosos barridos y panorámicas de derecha a izquierda y viceversa, así como de picar, contrapicar y torcer la cámara si con todo ello puede expresar con mayor potencia el estado anímico de sus personajes. Pero también caben en ella esos rasgos contemplativos, serenos, de obras anteriores, en los que queda patente su capacidad innata para la observación pura de la naturaleza, no como un entorno preciosista, sino como una metáfora de lo que quiere expresar y también como conexión de sus criaturas con algo más grande y eterno que ellos mismos. Los grandes poetas siempre observaron la naturaleza, no por un amor entrañable o ingenuo hacia ella, sino como constatación de que estamos unidos al entorno natural por lazos inmortales que, a su vez, nos vuelven a nosotros inmortales. En el cine, puede que haya muy pocos que comprendan (es un experto geólogo y conoce todas las plantas) o se acerquen a un río o a un bosque como lo hace él.

En ‘El árbol de la vida’, con un aspecto de 1.85:1, se han utilizado cámaras de 35 mm, así como cámaras submarinas y otras Panavisión 65 mm. También se ha trabajado, para los complejísimos planos del universo y de la creación del mundo, con cámaras Phantom de alta velocidad y cámaras digitales. En la pantalla, se tiene la sensación de obtener la película más heterogénea, a un nivel plástico, de toda la obra de Malick. Por otro lado, es la primera vez que filma imágenes de la vida contemporánea, siempre preocupado por un pasado más o menos reciente. Sin duda, es un cambio importante. Pero también prosigue en su obsesión por la luz cortada del amanecer y del atardecer, como la atmósfera perfecta para fijar los recuerdos. El montaje sigue siendo abrupto e impredecible, con cortes chocantes que superponen el mismo plano o simplemente le arrebatan segundos, o con enormes contrastes entre un plano y otro, tanto de significado como de tonalidad, lo que muchas veces trastoca drásticamente el flujo emocional de una secuencia y nos pone en la incómoda necesidad de tener que rellenar los huecos de la historia, siguiendo los hilos de los gestos o las réplicas. Todo es tan veloz, tan vertiginoso, como un recuerdo, y también, como tal, a menudo no sabemos si lo que estamos viendo es un hecho objetivo y dramatizado o bien un pensamiento o un anhelo o una necesidad de incluir en ese recuerdo actos o frases que nunca se hicieron o nunca se dijeron. En otras ocasiones, casi parece que asistamos más a un sueño, o al recuerdo de un sueño. Pero en lugar de desorientarnos o de confundirnos entre sueños y recuerdos, nunca perdemos el mapa emocional y sentimental de los personajes y eso nos ayuda a seguir la película con total perfección, sin perder jamás la tensión interna de la secuencia.

La cámara está muy encima de los actores, incluso de los bebés, en secuencias complejísimas. Malick trabajaba con un equipo mínimo y buscaba el ambiente propicio para que los acontecimientos ocurriesen realmente, más que ser fingidos o interpretados. Una técnica muy complicada de llevar a cabo, y que requiere de muchas horas y de una delicadeza y una dureza extremas. Pero de esta forma Malick es capaz de apresar numerosos instantes casi mágicos, en los que el azar, la improvisación, y hasta la verdad, hacen su aparición de repente. Todo para construir algunos de los momentos más hermosos del cine reciente: el niño que comienza a tocar la guitarra en segundo término y el padre le acompaña, abrumado por la emoción, con su piano; la mariposa que vuela alrededor de la madre y finalmente se posa en su mano; los niños de pocos meses de edad jugando en el jardín de la casa y compitiendo por el cariño de su madre con muy diferentes tácticas; el bebé que apenas gatea por el suelo enfrentándose a la enorme escalera de la casa, escalera que terminará en una buhardilla que más adelante albergará algunos de sus sueños recurrentes; los hijos aprovechando la ausencia del dictatorial padre para convertir la casa en un espacio de anarquía y risas; la piedad de un dinosaurio cazador hacia su presa, cuando ya la tiene acorralada; la reunión celestial de familias en una playa de ensueño… Malick se lanza con toda su potencia visual a hablar con Dios, a preguntarle por qué los seres queridos mueren y por qué nos sentimos tan solos, para así librarse de la culpa del hermano muerto, para situar al hombre más allá de lo narrativo y buscar la belleza de lo que no se ve, pero se siente.

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Dicen que Sean Penn, al ver su personaje reducido a un mero fantasma en la película, se ha cogido un buen cabreo. Pero a mi modo de ver, su presencia fugaz, casi trastornada, es vital para la película, y ejerce de ancla y de pregunta ante la respuesta que son los recuerdos, y si su segmento hubiera disfrutado de mayor tiempo, el enorme peso de las vivencias de los chavales habría quedado aún más desequilibrado y la película, ya de por sí agotadora, se hubiera aniquilado a sí misma en una sucesión de viajes hacia el pasado y hacia el presente. Brad Pitt, cuyo personaje estaba previsto que lo interpretara el fallecido Heath Ledger, borda un dificilísimo trabajo de contención y de explosión, que fácilmente podría haber caído en lo exagerado o incoherente, pero que este actor cada vez más dueño de su talento, es capaz de clavar con una precisión admirable. Sin embargo, la unión de todos los personajes al final, las imágenes del interior torturado de Penn, la elegíaca secuencia de la playa en la que la madre sigue hablando con Dios y tienen lugar tantos reencuentros, queda bastante forzada, y no acaba de encontrar el necesario tempo y la necesaria fuerza expresiva, como si Malick hubiera necesitado de una hora más para ensamblarla debidamente, y aunque no empaña todo lo demás, ni mucho menos, desmerece bastante del largo segmento de los niños, en cuyos juegos y descubrimientos está, de lejos, lo más valioso de esta audaz película. También en la relación de un hijo con su padre, tan generoso y cálido como estricto y violento, maestro de los sinsabores y la agresividad de un mundo despiadado.

Las conquistas de una obra revolucionaria

Y así, poco a poco, odiaremos a un padre que representa la oscuridad, mientras la madre representa la luz. Pero luego sentiremos piedad por un progenitor que también es un hombre roto y vacío, para el que la vida es demasiado dura y pesada, y que detrás de toda su dureza esconde mucho dolor y mucha frustración. Y poco a poco iremos viendo como el perdón y la aceptación y comprensión total del otro es la llave para que el pasado por fin se cierre y, quizá, se abra un futuro que parece cada vez más negro. ‘El árbol de la vida’ se instala en este presente oscuro dominado por el capitalismo salvaje y la crítica situación individual de cada uno, pero vuelve la mirada a un pasado que puede darnos la libertad, la energía y la alegría de volver a empezar y así construir un mundo, y sobre todo un interior de cada uno, más libre y esperanzador. Terrence Malick, aunque siempre narra algunas de las más terribles negruras del alma del hombre común, tiene plena confianza en él, y no se cansa de esperar que lo mejor de él reemplace a lo peor y que seamos capaces de encontrar la belleza en el mundo que nos rodea y dejemos de revolcarnos en nuestras miserias. La música de Alexandre Desplat (quien, al parecer, ha tenido una relación creativa con Malick tan tortuosa y llena de problemas como la tuvieran Hans Zimmer o James Horner), uno de los compositores más inspirados de la actualidad, es complejísima y también incide en toda esta búsqueda de esperanza a través del camino del dolor y la oscuridad. Más que llamar la atención sobre sí misma, con melodías o sinfonías destacadas, se incrusta a la perfección en el collage audiovisual que construye Malick, acompañada también de grandes piezas de Bach, Brahms y otros.

Obra lírica antinarrativa, verdadera investigadora de nuevas formas cinematográficas, y a la vez compulsiva confesión en forma de arte, ‘El árbol de la vida’ es una experiencia sensorial obligatoria para todo aquél que no encuentre ya satisfacción en las formas más obsoletas y anticuadas del cine como cuentacuentos, y sí como el exacto soporte de los recuerdos y de los sueños.

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* Especial Terrence Malick en Blogdecine

Otras críticas en Blogdecine

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<![CDATA['Fantasía', la difícil fusión de música y cine]]> http://www.blogdecine.com/criticas/fantasia-la-dificil-fusion-de-musica-y-cine http://www.blogdecine.com/criticas/fantasia-la-dificil-fusion-de-musica-y-cine Tue, 13 Sep 2011 07:54:42 +0000 seleccionado por kirikin 800_fantasia_blu-ray_11.jpg

Dijo el gran Fernando Vallejo, uno de los pocos que dice las cosas como son y como él las siente (por muy radical o contradictorio que resulte a veces), que la literatura es muy poca cosa comparada con la música, que es el arte más perfecto y más sublime de todos. Y que cuando la literatura tiende a ser música, es decir, a potenciar la musicalidad de las palabras y de la narración, es más literatura que nunca. Creo que del cine se puede decir lo mismo: olvidarse de las reglas dramáticas del teatro y de la representación teatral, de significados morales o psicologismos, puede ser el camino hacia la imagen cinematográfica pura, tendiendo a los valores musicales como exaltación de la sensorialidad. Desde el principio del cinematógrafo, la relación entre las películas y la música se ha desarrollado de muchas, y a menudo apasionantes formas, y las conquistas y las derrotas de esta relación son un tema no menos apasionante del que hablar. Algunos dicen que el cine no necesita música, otros precisan de la música (sinfónica, jazzística, rockera, o de cualquier clase) para alimentar su propia imaginación y crear un mundo propio. Supongo que ambas vertientes son válidas, siempre que el cine se convierta en algo más que en un cuentacuentos obsoleto.

Y algunos hitos del cine han tratado de convertir sus imágenes, su puesta en escena, y hasta sus colores, en música. Con mayor o menor fortuna, pero han buscado la hazaña. Una de esas es, claro, ‘Fantasía’ (‘Fantasia’, 1940) dirigida por casi una docena de realizadores de animación no acreditados, orquestados todos bajo la batuta de Walt Disney, quien en un principio había pensado en un gran cortometraje, o quizá futura película, con la que relanzar a un personaje en horas bajas y al que él guardaba un cariño reverencial, el icónico Mickey Mouse. Como todos sabemos, a ese corto se añadieron otros muchos cuando decidieron producir un gran largo de animación compuesto de diferentes segmentos, sobre todo gracias a la insistencia del célebre director de orquesta Leopold Stokowski, que trabajó intensamente en la película y sin cobrar ni un dólar por ello, buscando un homenaje a la música mal llamada clásica (el término música culta o música docta es mucho más apropiado, me parece), y acercarla a su vez a las nuevas generaciones, incluidos los millones de niños que tenían en las películas Disney un aprendizaje emocional tan enorme.

Fueron finalmente ocho segmentos los que se dibujaron y se orquestaron para dar forma a esta película mítica. Los enormes costos se tradujeron en un mimo casi sobrenatural por el detalle y por una animación tradicional que todavía no ha sido superada. Sin embargo, ‘Fantasía’ adolece de dos defectos que limitan muchísimo su capacidad de arrastre. Por un lado, como en toda película de segmentos hilvanados de forma caprichosa, el espectador no puede acceder a una comprensión anímica de un conjunto tan deslavazado. Por otro, aunque hay no pocos instantes en que no solamente música e imagen se funden, sino que la imagen llega a surgir de la música, hay muchos otros en los que el espectáculo se limita a “ilustrar” la pieza musical, con la consecuente pérdida de fuerza expresiva, convirtiéndose en una película mucho más convencional y hasta aburrida, que naufraga en sus pretensiones de manera casi total, pues en esos momentos sólo se puede hablar de una película “bonita”, expresión que a mi juicio no indica nada bueno. Eso sí, no puede dejar de admirarse, incluso de entusiasmarse, con el coraje suicida de unos creadores que, ya en 1940, proponían un cine de animación como nunca antes había visto o creado nadie, aunque eso significase trabajar a espaldas del público.

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Romanticismo y barroquismo

No es de extrañar, por otra parte, que el fragmento más recordado sea, precisamente, ‘El aprendiz de brujo’. No solamente porque contiene algunas de las imágenes más valiosas de la película (esas pequeñas escobas surgiendo de la masa de astillas, después de que Mickey las machaque sin compasión con su hacha, que es tremendamente violenta y pone la carne de gallina hoy día), quizá porque en realidad es el episodio más narrativo de todos. El resto alterna entre lo romántico y lo barroco con delectación, pero con desiguales resultados. Es el problema de abarcar demasiado, de ofrecer tantos registros tonales, que terminan por cristalizar un batiburrillo de ideas y sensaciones dispares. Al sentimiento ominoso, de arcaico temor, del episodio de ‘Una noche en el monte pelado’, con la espectral música de Modest Petróvich Músorgski, se une la liviandad de la Sinfonía Pastoral de Beethoven, con toda suerte de criaturas mitológicas en un paraíso soñado. Y a eso el larguísimo tramo de El Cascanueces, de Piotr Ilitch Tchaïkovski, en el que cabe el surrealismo de cocodrilos bailando con hipopótamos, y el lirismo de un ballet de peces, y hojas celebrando la llegada del invierno con su danza.

Y no solamente eso: un alucinante viaje hacia el periodo de los dinosaurios que deja con la boca abierta. Pero es demasiado. Lo que se consigue así es que el orgasmo visual se interrumpa una y otra vez cuando se encuentra en su clímax, y que la imaginación y el ánimo del espectador deba transformarse continuamente, de modo que cuando aún permanecen los restos de una imagen en la retina, se sustituyen por otros, y el cansancio coge el relevo al entusiasmo. Creo que muchos de estos episodios merecerían una película completa en la que llevar hasta el final sus propuestas. De este modo sólo se asiste a un conjunto de cortometrajes muy diferentes entre sí, que nos desorienta y que resulta insatisfactorio. Y tampoco puede decirse que todos los episodios gocen de una inspiración visual semejante, pues algunos son furiosamente vanguardistas mientras otros se anclan en un pasado que, a fuerza de querer ser revisionado de cuentos o formas que ya incluso a mediados de siglo estaban anticuados. ¿Consecuencia?: ‘Fantasía’ es una película en la que cada espectador acaba quedándose con una secuencia, y es la que programa en su reproductor, despreciando las otras. Es decir, no es un conjunto, sino un capricho que se acerca demasiado a la autocomplacencia creadora.

Dicen que su lógico batacazo comercial (al menos para las expectativas, aunque con el paso de los años y los reestrenos, ha recaudado muchísimo más de lo que costó) fue causa de una profunda depresión para Walt Disney. Por suerte para el estudio, acababan de estrenar la maravillosa ‘Pinocho’ (‘Pinocchio’, 1940), y aún les quedaban muchos años de esplendor creativo e industrial, antes de su actual decadencia y pérdida de personalidad. Pocas películas existen tan desequilibradas, y a su modo tan hermosas y audaces, como ‘Fantasía’, a la que sin duda se puede catalogar de rareza mítica, que posee imágenes que dejan alucinado, y otras que invitan a un bostezo involuntario, verdadera joya de la imperfección hecha cine, que nos invita a reflexionar sobre la capacidad del cine de reinventarse a sí mismo, más que una “summa artis”, en su eterna condición de arte balbuciente y por tanto joven y con todo su futuro por descubrir y roturar.

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<![CDATA['En agosto', apocalíptico y hermoso cortometraje de animación]]> http://www.blogdecine.com/cine-animacion/en-agosto-apocaliptico-y-hermoso-cortometraje-de-animacion http://www.blogdecine.com/cine-animacion/en-agosto-apocaliptico-y-hermoso-cortometraje-de-animacion Wed, 31 Aug 2011 07:55:54 +0000 seleccionado por kirikin

Ahora que se termina el mes de agosto (ya era hora…) os traigo un cortometraje que me ha dejado alucinado por su impecable factura técnica y por el alcance estético de sus imágenes, y que precisamente se titula ‘En agosto’. Arranca con las imagénes de una tormenta que amenaza con inundar la ciudad de Bogotá, y termina con una enorme ola que todo lo traga, en una narración que dura quince minutos y que a nadie dejará indiferente. Un relato en el que el presente y el pasado se vinculan por lazos invisibles pero poéticos, con un ritmo muy particular para ir mostrándonos los sucesos y los personajes, y con un sentido de la atmósfera admirable, enriquecido por ceremonias ancestrales, visiones de mundos que se fueron, y la sensación de que el tiempo se escapa entre los dedos de la mano como la arena. Verónica y Pedro, separados por varias décadas, se nos presentaran como dos seres conectados en un mundo que se derrumba.

Es un cortometraje dirigido por Andrés Barrientos y Carlos Andrés Reyes, que mezcla de forma ejemplar el 2D con el 3D, y que tardó dos años en producirse, dada su enorme complejidad, y gracias al estudio Oruga Animation y la productora Dia-Fragma, Fábrica de películas. Por la densidad conceptual y el ritmo pausado, se aleja bastante de otros cortos más divertidos y hasta frenéticos que he traído en otras ocasiones, pero creo que muchos lectores sabrán apreciar la serena belleza de este interesantísimo cortometraje de animación. Ya diréis qué os parece. Para mí, sin duda, la animación y el documental (entendido como una forma de ficción), son las formas más esenciales del cine.

Vía | D’LAST FRAME

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