Favoritos de los expertos de luigiitalia en Blogdecine http://www.blogdecine.com/usuario/ seleccionado por los expertos de luigiitalia http://www.blogdecine.com <![CDATA[¿Qué pasa con 'The Ghost', lo último de Roman Polanski?]]> http://www.blogdecine.com/noticias/que-pasa-con-the-ghost-lo-ultimo-de-roman-polanski http://www.blogdecine.com/noticias/que-pasa-con-the-ghost-lo-ultimo-de-roman-polanski Tue, 29 Sep 2009 08:04:49 +0000 seleccionado por los expertos de luigiitalia ghost-mcgregor

Muchos nos habéis escrito, desde el domingo, enviándonos la noticia del famoso arresto del director Roman Polanski en Zurich, donde iba a recibir un homenaje por toda su obra. Pensamos que no era muy buena idea comentar aquí el asunto, ya que se prestaba más a la discusión sobre el viejo caso por el que se le juzgó, cuando lo que a nosotros nos interesa en este sitio es hablar de cine. Pero la detención de Polanski ha afectado a su última película, y eso ya sí que entra totalmente en nuestro terreno.

Tenía pendiente hablar sobre ‘The Ghost’ en Blogdecine, después de que este verano empezase a circular en Internet un primer y diminuto avance de la película, lo nuevo de Polanski desde la adaptación de ‘Oliver Twist’ (2005). Según se ha informado a la prensa, el último trabajo del cineasta no está totalmente acabado, y ahora mismo corre peligro, ante la posibilidad de que Polanski sea deportado a Estados Unidos. Al parecer, faltaba terminar el montaje y añadir la música, tareas que están en el aire en este momento.

Basada en la novela de Robert Harris, ‘The Ghost’ (‘El fantasma’) gira en torno a un primer ministro británico y a un escritor “fantasma”, contratado para ayudarle a terminar sus memorias pero cuyo nombre no aparecerá acreditado; lo que aquí llamamos un “negro”. La trama explota cuando el político revela secretos que ponen en peligro la vida del escritor. A continuación tenéis el “teaser” tráiler de la película, que apenas dura diecisiete segundos:

La película, que está protagonizada por Pierce Brosnan, Ewan McGregor Kim Cattrall, Tom Wilkinson, Timothy Hutton, Eli Wallach, Olivia Williams y James Belushi, no tenía aún distribuidor para Estados Unidos, y con el arresto, que ha vuelto a levantar la polémica en torno al director, parece improbable que alguien esté interesado en hacerse con los derechos para estrenarla allí, con lo puritanos que son.

Esto no tiene nada que ver con Europa, el estreno de ‘The Ghost’ en países como Alemania y Francia ya estaba asegurado, por lo que la llegada a los cines españoles no corría peligro. Eso era antes, cuando todo iba según lo previsto. Pero así es la vida, todo puede cambiar en un segundo. Ya veremos qué ocurre con la película, y con el director, al que ahora mismo le debe importar un pimiento el cine.

PD: Un extra, un consejo del señor Polanski para los aspirantes a cineastas:

Vía | Empire

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<![CDATA['La delgada línea roja', el mundo de Terrence Malick]]> http://www.blogdecine.com/default/la-delgada-linea-roja-el-mundo-de-terrence-malick http://www.blogdecine.com/default/la-delgada-linea-roja-el-mundo-de-terrence-malick Tue, 25 Aug 2009 18:33:41 +0000 seleccionado por los expertos de luigiitalia la-delgada-linea-roja-1.jpg

En el mes de septiembre, mi compañero Adrián Massanet nos ofrecerá un estudio sobre la carrera de Terrence Malick, y preparándome para ello he revisado ‘La delgada línea roja’ (‘The Thin Red Line’, 1998), que como bien sabéis, compitió directamente con ‘Salvar al soldado Ryan’ (‘Saving Private Ryan’, Steven Spielberg) aquel año, tanto en taquilla como en premios. En ambos casos quedó por debajo de la obra maestra de Spielberg, con la que guarda el único parecido de que ambas pueden incluirse dentro del género de cine bélico, por la costumbre de etiquetarlo todo. Malick juega en otra liga, siempre lo ha hecho, su visión del mundo es distinta a la de cualquier otro cineasta, con sus pros y sus contras.

Terrence Malick llevaba más de veinte años sin dirigir una película, desde la aburrida ‘Días del cielo’ (‘Days of Heaven’, 1978), y su vuelta al cine fue una noticia bomba que rápidamente golpeó en todos los despachos de Hollywood. Prácticamente todo el mundo quería participar en el film que estaba preparando el director de ‘Malas tierras’ (‘Badlands’, 1973), no importaba el personaje ni el tema ni nada. Confiaban ciegamente en un director que tan sólo había hecho dos películas. Incluso actores como Sean Penn estaban dispuestos a trabajar con él por tan sólo un dólar. ¿Exageración? ¿Admiración desmesurada?

‘La delgada línea roja’ narra una muy particular historia en el contexto de la batalla de Guadalcanal, durante la Segunda Guerra Mundial, batalla reflejada en el cine multitud de veces, las diversas historias de varios personajes a los que afecta la guerra. Malick no se limita a filmar una película bélica al uso, y esto no va en sentido peyorativo hacia los films bélicos sin más (hay grandes películas de género a lo largo y ancho de la historia del cine), pero la mirada del director de ‘El nuevo mundo’ (‘The New World’, 2005) hace más hincapié en las consecuencias de la guerra sobre el ser humano que en la guerra. Es evidente que ésta es un catalizador para hablarnos de otras cosas que Malick (también guionista, tomando como base la novela de James Jones) considera verdaderamente importantes, y que algo tan inútil y absurdo como una guerra es capaz de terminar con ello para siempre.

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La anhelada paz entre los seres humanos, el lugar con el que todos soñamos para ser felices, se materializan en las experiencias del soldado Witt (un entregado Jim Caviezel), en apariencia un personaje más del relato coral, pero en realidad el verdadero conductor y esencia del mismo. Con sus vivencias (ha desertado del ejército y vive en una especie de paraíso, aunque sólo a sus ojos y los del espectador) y pensamientos, empieza y termina la película. En medio, un periplo íntimo y lírico, por el que pululan los demás personajes, a través de los cuales se nos habla del valor, coraje, cobardía, miedo y demás miserias humanas, aquello que en mayor o menor medida ha hecho que el hombre sea la especie animal más terrible y odiosa que existe sobre el planeta Tierra. Y qué mejor contexto que el de una guerra (el invento más estúpido del hombre) para mostrarlo.

Una vez más, Malick sitúa a sus personajes en una especie de lucha contra la naturaleza, en la cual hay unas leyes propias que escapan al control del hombre. Escenas como las del cocodrilo en total libertad (más tarde en cautiverio), o los niños nadando en unas aguas tan azules que simulan ser el cielo, señalan que en este mundo hay otro mundo mucho más sencillo y hermoso, pero difícil de conservar. La paz que ha experimentado Witt, y ahora añora, se hace patente a lo largo de toda la película. El hombre cambia continuamente el mundo que le han regalado para vivir, sobre el cual a veces no comprende absolutamente nada. Probablemente la escena más poderosa de la película, aquella que resume todas sus intenciones en un prodigio de síntesis visual, es en la que un grupo de soldados comandados por John C. Reilly se cruzan con un nativo que pasa a su lado, casi rozándoles, pero como si no les viera en absoluto, absorto en su mundo y ajeno al que los soldados están a punto de traer. Pocas veces una secuencia tan sencilla ha expresado tanto.

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Malick utiliza el recurso, a veces demasiado manido, de la voz en off, y en vez de centrarse en un sólo personaje, lo hace con varios, cambiando continuamente el punto de vista de la historia, reforzando su condición de film coral. Así de Witt, al que volveremos una y otra vez en la cinta, como verdadero y único nexo de unión entre todos, pasamos sin ningún tipo de orden al sargento Welsh (un tranquilo y acertado Sean Penn), quien tras su incomprensión hacia lo que hace Witt, esconde una gran admiración; el teniente coronel Tall (soberbio Nick Nolte), que se odia a sí mismo por todas las veces que ha tenido que humillarse para conseguir algo, obsesionado con la toma de una importante colina, y que lo daría absolutamente todo por amor; el sargento Keck (controlado Woody Harrelson) que sufre las consecuencias de un mal golpe de suerte, como alegoría a lo caprichoso que puede ser el destino; el capitán Staros (más que convincente Elias Koteas) como héroe anónimo del conflicto, gracias a no obedecer una orden de Tall que acabaría sin remedio con sus hombres; el soldado Bell (Ben Chaplin en su línea) muy enamorado de la mujer que dejó atrás, y que sufrirá también el capricho del destino mostrándole lo perra que la vida puede ser a veces. Y así sucesivamente con todos los demás personajes de la película.

Adrien Brody, cuyo personaje iba a ser el protagonista central de la historia, y John Cusack, no hacen más que subrayar la idea central del film con redundantes personajes que dan vueltas a lo mismo, aunque las situaciones sean otras. No molestan en absoluto, y los actores están muy bien, pero con ellos el film cae en lo obvio. 163 minutos son demasiados para ‘La delgada línea roja’, por no hablar de algunos planos totalmente innecesarios con los que Malick se recrea en la naturaleza (aunque sin llegar a los preocupantes niveles de la vergonzosa ‘El nuevo mundo’), y sabe Dios qué hubiera pasado si el director hubiese conservado su montaje original que rondaba las seis horas, cuyo remontaje hizo que actores conocidos se cayesen de la película (a saber: Mickey Rourke, Bill Pullman, Gary Oldman, Viggo Mortensen y Lukas Haas). Incluso Billy Bob Thorton garbó un texto de tres horas de duración para ser el narrador del film, algo que obviamente también se quedó en la sala de montaje.

‘La delgada línea roja’ supone un film-isla (nunca mejor dicho) dentro del actual panorama cinematográfico, sobre todo viniendo de los USA, cada vez más preocupados en hacer películas de consumo y disfrute inmediato que no quedan en la memoria del espectador, allí donde se cultivan las buenas obras de arte. Malick y su mirada de carácter litúrgico, acompañada poderosamente por esos sacros coros de un casi minimalista Hans Zimmer, va directo al interior del ser humano, al que pone en la peor de las adversidades: luchar contra sí mismo. Una maravilla de película, llena de excelencias técnicas (John Toll, en uno de sus mejores trabajos, y un uso de la steadycam insuperable) que gana a cada nuevo visionado, adquiriendo nuevas lecturas, reafirmándose como una gran obra, imperfecta, pero tal y como aseguraba Jean Cocteau, las grandes obras deben ser imperfectas.

Otra crítica en Blogdecine:

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<![CDATA['Avatar', tráiler y primeras imágenes de lo nuevo de James Cameron]]> http://www.blogdecine.com/default/avatar-trailer-y-primeras-imagenes-de-lo-nuevo-de-james-cameron http://www.blogdecine.com/default/avatar-trailer-y-primeras-imagenes-de-lo-nuevo-de-james-cameron Thu, 20 Aug 2009 14:30:47 +0000 seleccionado por los expertos de luigiitalia

En Blogdecine no solemos publicar dos entradas seguidas sobre tráileres, pero con esto había que hacer una excepción. Aquí tenéis el ansiado primer tráiler de ‘Avatar’, la nueva película del director James Cameron, de la que ya habíamos podido ver un primer cartel. Espero vuestras opiniones sobre el avance, a mí me parece impresionante, no me puedo creer que aún tengamos que esperar tanto para poder ver la película.

Además del tráiler, hay que destacar que también han aparecido hoy seis nuevas imágenes de ‘Avatar’, a las que hay que sumar la primera oficial que salió hace unos días, mostrando a Sam Worthington como Jake Sully. Cinco de estas nuevas fotografías corresponden propiamente a escenas de la película, en las que aparecen Michelle Rodriguez, Sigourney Weaver, Giovanni Ribisi, Stephen Lang (ambos actualmente en nuestras carteleras con ‘Enemigos públicos’) y Worthington, el protagonista principal; la otra imagen fue tomada durante el rodaje, y muestra a Cameron y a Weaver, un reencuentro que promete ser muy especial.

‘Avatar’ gira en torno a Jake Sully, un ex-Marine en silla de ruedas que es enviado, a través de un “avatar” que controla con su mente, a Pandora, un exótico planeta habitado por la raza de los Na´Vi; Jake se verá envuelto en una lucha desesperada por su propia supervivencia y por la del pueblo indígena. La fecha del estreno de ‘Avatar’ es el próximo 18 de diciembre. ¿Veremos esa anunciada revolución cinematográfica o será uno de los mayores fiascos de la Historia?

Galería de fotos

(Haz click en una imagen para ampliarla)

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PD: Por cierto, mañana es el ‘Avatar Day’, en el que un puñado de salas mostrarán gratis 15 minutos de la película. Espero que nos comentéis vuestras impresiones.

Toda la información, vídeos, imágenes, trailer y estreno en: Avatar, la nueva película de Cameron

Vía | Empire y Apple (aquí podéis descargar el tráiler en alta definición)| ¡Gracias a todos los que nos habéis avisado!

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<![CDATA[Especial Stanley Kubrick en Blogdecine]]> http://www.blogdecine.com/default/especial-stanley-kubrick-en-blogdecine http://www.blogdecine.com/default/especial-stanley-kubrick-en-blogdecine Tue, 18 Aug 2009 21:51:07 +0000 seleccionado por los expertos de luigiitalia kubrick-ojo.jpg

La prueba de fuego de una obra de arte es, en definitiva, nuestro apego a ella y no nuestra capacidad de explicar por qué es buena

Creo que de todos los directores de la historia del cine, aquel que ha despertado (y despierta) tantas pasiones como odios es Stanley Kubrick (Dios para mi compañero Juan Luis Caviaro, y ni me quiero imaginar como le apoda mi otro compañero, Adrián Massanet, cuando está a solas). Por eso mismo, en Blogdecine, en esta época de especiales por doquier, empezaremos uno sobre el director de ‘La naranja mecánica’ (‘A Clockwork Orange’, 1975). Será un repaso a todas sus películas, una por una, desde su ópera prima de la que siempre renegó, ‘Fear and Desire’ (1953), hasta la última, ‘Eyes Wide Shut’ (1999), pasando por el montaje completo de ‘El resplandor’ (‘The Shining’, 1980), más un extra de cierta película hecha después de su muerte, uno de sus sueños cumplidos a través de las manos de un amigo y admirador.

Productor y guionista de todos sus trabajos (a excepción de ‘Espartaco’), estaba siempre muy obsesionado por encontrar la perfección a través del ojo de su cámara. Una cámara que nos llevó a la locura de la guerra, a la obsesión amorosa, a los límites de la violencia, al futuro, al siglo XVI, e incluso nos ayudó a buscar a Dios. Osado, original, extraño y sin nadie que recogiera su testigo, sus películas jamás pasarán de moda. Puede que no amara a su personajes, porque amaba el CINE, todo lo que esa palabra quiera decir, y lo demostraremos.

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<![CDATA['Pagafantas', la ilusión del amor]]> http://www.blogdecine.com/default/pagafantas-la-ilusion-del-amor http://www.blogdecine.com/default/pagafantas-la-ilusion-del-amor Sat, 01 Aug 2009 14:24:13 +0000 seleccionado por los expertos de luigiitalia pagafantas-1.jpg

Miremos bien la fotografía de arriba. Situación: un pagafantas (¿necesito explicar lo que significa la palabra?) observa cómo la chica de sus sueños se abraza amorosamente a su novio. Ése es el momento clave de todo pagafantas, el instante en el que todos deberíamos haber dicho: “hasta aquí hemos llegado”. Pero no, hay seres que aún sufriendo dicha escena en su retinas todos los días, pasan de ser pagafantas a ser rematadamente imbéciles. Y es que el pagafantas (todos lo hemos sido alguna que otra vez, y el que diga lo contrario miente vilmente) es ya de por sí un ser patético, alguien que no ve la realidad y se forma en su mente un ideal que no existe ni por asomo. En algún momento de su vida, hicieron (hicimos) el tonto, y ella pasó simplemente a ser su (nuestra) amiga. Luego se desarrollaron como especie y con gran habilidad lograron repetir exactamente lo mismo con toda hembra que se cruzó en su camino.

Seguro que hay pagafantismo femenino (haberlas haylas…), pero creo que es muy diferente al masculino, digamos, que los límites de humillación no están tan abajo, al menos en líneas generales. Pero no es ése el tema del post, evidentemente, aunque mucho me temo que la conversación en los comentarios irá, y sin que sirva de precedente, por ese camino. El tema es la ópera prima de Borja Cobeaga, quien ha tenido la estupenda idea de fijarse en esta especie, tan común en cualquier época de la humanidad, y dedicarles una película tan amable como sincera, aunque no perfecta.

Lo que me extraña de ‘Pagafantas’ es su tibia recepción popular. Con una campaña de marketing que ya quisieran para sí otras producciones nacionales, el film no ha respondido en taquilla como se esperaba. Tal vez muchos no han querido verse reflejados en un tema tan espinoso como el de las relaciones amorosas. Hacer el tonto por la persona que te gusta, dar el brazo a torcer en cosas que antes no se daría ni de coña, y finalmente ser rechazado, o sea, fracasar, es algo que a nadie le hace sentirse cómodo, y rápidamente se intenta borrar de la memoria. O tal vez nada de eso, dado que el film de Cobeaga se estrenó el mismo fin de semana que ‘Ice Age 3: El origen de los dinosaurios’, la elegida por el público español para acudir a las salas, con el consiguiente bombazo en taquilla.

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‘Pagafantas’ es una comedia que trata a esos seres patéticos y ridículos con respeto y sobre todo mucho cariño. El personaje central al que da vida un más que acertado Gorka Otxoa, cae simpático al público, y está enormemente mimado por el director y guionista. Su aventura, o desventura, recorre lugares comunes que a todos suenan, logrando una gran empatía con el espectador, quien se podrá sentir identificado en muchas de las situaciones por las que el joven enamorado (encoñado) pasa. Situaciones que en ningún momento caen en la exageración (uno de los males de la actual comedia), aunque su guión esté mas apoyado en el gag que en una trama coherente. Aún así, el film tiene un acertado ritmo, siempre interesa y consigue hacer reír varias veces, ya sea por tratar el tema como si de un documental (ciertamente inspirado) se tratase, o porque el film, en su mala leche (quizá menos de lo deseado) emana buenrollismo por todos lados, y situaciones en principio ridículas (la escena del karaoke) logran despertar nuestras simpatías.

En la película están todos y cada uno de los malos momentos que un pagafantas tiene que soportar a la espera de que su amor se fije de una vez en él. Y aunque todo parece fluir fácilmente, sin llegar a resultar burdo (por muy poco, que conste), me falta algo que considero primordial en toda experiencia pagafanta: la persona amada, siempre, repito, siempre, sabe que el otro se muere por ella. En la película se centran más en las obsesiones del personaje central (Chema), y su mujer ideal (Claudia) nunca llega a darse cuenta de que lo que él realmente siente por ella es un encoñamiento desmesurado y no amistad. El verdadero punto de inflexión, la crucial situación por la que todo pagafantas pasa es precisamente la que el film no presenta. En su tramo final, algo forzado y precipitado, llega a plantearse la posibilidad de que Claudia sí lo sepa, pero se evita con la peor resolución que pueda plantearse. Me imagino que la idea de una continuación ronda por la cabeza de Cobeaga, es la única explicación que encuentro a un final totalmente fuera de tono.

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El resto está casi todo en su justo sitio. Una historia sencilla que no se complica inútilmente, bien servida y sobre todo bien interpretada. Al respecto es una delicia encontrarse con actores veteranos como Oscar Ladoire y Kiti Manver, que representan la idea de que el pagafantismo no tiene edad, o la espléndida María Asquerino, cuyas breves apariciones suponen los momentos más hilarantes del film. Gorka Otxoa y Sabrina Garciarena tiene una buena química, aunque la película, por motivos lógicos, descuida a la segunda en un rol no demasiado bien escrito (hasta eso parece una coña de sus autores) y un pelín cargante debido a su excesiva simpatía.

‘Pagafantas’ puede presumir de estar muy por encima de la media de lo que se realiza en nuestro país, y más aún cuando la vergüenza ajena es el sentimiento común cada vez que una comedia patria se estrena, aunque tal y como están las cosas, creo que no deberíamos quejarnos. Incluso se permite el lujo de beber de la screwball comedy clásica americana, algo que no todo el mundo sabe hacer. Eso sí, Cobeaga ha pasado de retratar a la alta clase (uno de lo elementos de la screwball) de Bilbao, centrándose en personas más de la calle, con ramalazos argumentales hacia la inmigración, y al estar anclados en los viejos tiempos (el Tío Jaime negándose a poner cámaras digitales en su tienda de fotografía se empareja con la necia persistencia de los pagafantas, incapaces de despertar de su imposible sueño). Dejo para el final, los inspirados chistes sobre Héroes del silencio, punto en el que más se ha sentido identificado un servidor. Mientras me río de Entre dos tierras, me retiro a mis aposentos a escribir sobre el profético título de la ópera prima de Sam Peckinpah.

Otra crítica en Blogdecine:

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<![CDATA[El cine es una mierda]]> http://www.blogdecine.com/default/el-cine-es-una-mierda http://www.blogdecine.com/default/el-cine-es-una-mierda Fri, 17 Jul 2009 14:41:40 +0000 seleccionado por los expertos de luigiitalia esta-tierra-es-mia.jpg

Quiso sentarse un rato a dormir en mi habitación. No despertó. Que ironía, hace casi 39 años yo nacía en su habitación y ahora ella decidió morir en la mía. Un leve quejido significó su adiós y obtuvo la respuesta en el interminable lamento del recuerdo de años y años de una vida digna, y sobre todo llena de bondad. Siempre me perdía en su casa, que me parecía enorme y el lugar más lejano al que quería regresar cada verano, cada Navidad.

Una casa amiga, con ventanas y puertas que daban paso a risas y llantos, a niños corriendo, a tardes durmiendo y a noches hablando. Mi perturbada mente de cinéfilo se bloquea por la cantidad de recuerdos que se agolpan uno tras otro, descubiertos como por primera vez, y me doy cuenta de que mi amor por el cine, o parte de él, se forjó allí, entre aquellas cuatro paredes llenas de rostros perdidos nunca olvidados.

Podría enumerar infinidad de momentos cinematográficos inolvidables que se sucedieron a lo largo y ancho de todos aquellos años en la televisión que me abrió un mundo fascinante, los ciclos dedicados a actores o directores, el descubrimiento de grandes autores cuyos nombres no sabía pronunciar bien, y ahora que la muerte con su silencioso abrigo arropa a la dueña de aquella casa, ésta permanece muda, triste y vacía. Intento agrupar y ordenar todos mis recuerdos de cinéfilo (el resto me los guardo para mí), y la mente empieza a traicionarme, pues con el paso de los años ésta ya no es tan lúcida, aquella casa ya no es tan grande y el mundo es mucho más extenso de lo que imaginaba por aquel entonces.

De entre todo lo que soy capaz de recopilar, sobresale una escena de una película que me impresionó sobremanera con 11 años de edad, y aún sigue haciéndolo ahora: ‘Esta tierra es mía’ de Jean Renoir, uno de sus títulos realizados en suelo estadounidense. El final es simplemente antológico. Charles Laughton es un profesor tímido y cobarde, y en esos últimos instantes se enfrentará a la muerte con un valor y entereza de los que tal vez nadie pueda presumir. Consciente de que su tiempo se acaba, se desviste completamente como ser humano, tira todos sus prejuicios y lleno de una envidiable bondad habla a su alumnos por última vez. Los derechos del ser humano es el tema, y los jóvenes estudiantes escuchan unas palabras que sólo entenderán con el paso de los años, cuando las recuerden. El profesor, que momentos antes se declaraba a la mujer de la que siempre estuvo enamorado y nunca se atrevió a decírselo, subraya el hecho del recuerdo como antídoto a la segura muerte, pues precisamente todo aquello que muere subsiste en la memoria de los vivos.

Esa entereza y ese valor aún me asustan, quizá porque llegado el momento no sea capaz de estar a la altura, y porque todos de un modo u otro intentamos huir de lo inevitable, no pensando o hablando de ello. El cine, en su corta existencia (poco más de un siglo no es mucha edad para un arte) nos ha hablado infinidad de veces de la muerte. Con pasión, con dedicación, de formas desagradables o amenas, disfrazándola, burlándose, e intentado ser el reflejo de una realidad que siempre supera al cine con creces, nunca al revés. Lo cierto es que al lado del cine, la realidad tiene mucha más riqueza de matices, más personajes, más vida. No hay travellings ni banda sonora, no hay escenas eliminadas ni finales felices. De hecho, no hay un sólo final feliz.

“Hola, soy el hijo del difunto” es la terrible y maravillosa frase que un amigo me dijo cuando le visité para darle el pésame por la muerte de su padre. ¿Qué película esconde una frase tan magnífica en un contexto que siempre nos deja mudos y desarmados? ¿Qué película transmite la sensación de un sincero apretón de manos en un momento tan delicado al oír esas palabras? Ninguna. Porque la verdad, la triste verdad que este cinéfilo vanidoso y prepotente descubre (recuerda) es que al lado de la vida el cine es una mierda, una maravillosa mierda.

Hasta pronto, ay de mín probe, vives en mis recuerdos, los de aquella tu vieja casa donde sentiste mi primer llanto. Volveremos a encontrarnos.

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<![CDATA[Clint Eastwood: 'Duro de pelar']]> http://www.blogdecine.com/default/clint-eastwood-duro-de-pelar http://www.blogdecine.com/default/clint-eastwood-duro-de-pelar Mon, 29 Jun 2009 13:44:59 +0000 seleccionado por los expertos de luigiitalia duro-de-pelar-1.jpg

‘Duro de pelar’ es el delirante título que obtuvo en nuestro país ‘Every Which Way But Loose’, título tomado de la canción interpretada por Eddie Rabbitt, y que suena en el film en un par de ocasiones, mucho más acorde con lo que la historia narra, que hace tener una idea del film más simple de lo que ya es. Todos en Malpaso recomendaron a Clint Eastwood no hacer una película cuya calidad se mide por los pocos aciertos que tiene, aunque puede ser vista como una agradable comedia sin ningún tipo de pretensión más allá de lo que es.

Eastwood desoyó todo consejo al respecto, y demostró tener una visión comercial fuera de lo común. El guión de ‘Duro de pelar’ fue rechazado nada más y nada menos que 46 veces, y el actor elegido para el proyecto era Burt Reynolds, a quien Eastwood se le adelantó y se lo robó. El resultado fue la películas más taquillera en la carrera de Eastwood, para sorpresa de propios y extraños. También fue la primera película del actor que obtuvo una calificación para todos los públicos, ya que hasta entonces sus films casi siempre obtenían la calificación R, la cual se aplicaba a películas con contenido violento.

‘Duro de pelar’ narra la historia de Philo Beddoe, camionero que en sus ratos libres se dedica a participar en peleas callejeras ilegales. Acompañado por su amigo y compañero, Orville Boggs, su vida se reduce a trabajar, beber de bar en bar y de vez en cuando meterse en espectaculares peleas. Una premisa que no se desarrolla mucho más. Para que la película tenga una duración considerable, la trama contiene pequeñas subtramas en las que el protagonista se enamora, se mete en líos con una pandilla de motoristas (parodia de los míticos Ángeles del infierno) y tiene que esquivar a un policía con el que se ha peleado y se la tiene jurada.

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Lo cierto es que ‘Duro de pelar’ es una película que se disfruta sin ningún tipo de sobresalto en su desarrollo. Un guión de lo más simple cuyo mayor acierto (y eso no quiere decir mucho) son los pequeños detalles que sobre todo visten a los secundarios, personajes algunos de ellos más interesantes que los principales. Moviéndose siempre en el terreno de la comedia (género por el que Eastwood decidió hacer el film), todo es retratado con un punto cómico. Los presumidos y bravucones motoristas no tienen nada de temibles, más bien son el hazmerreír allá por donde pasan. Ma, madre del compañero de Eastwood, que siempre protesta por las trastadas del orangután Clyde (que Philo ganó en una pelea y del que nunca se separa) vivirá una curiosa experiencia con la renovación del carnet de conducir. La relación entre Orville y Echo, mujer a la que se encuentran en su recorrido y decide unirse a ellos. Los policías que tratan inútilmente de dar caza a Philo. Todos ellos forman el universo que rodea a un personaje que no se aleja de la imagen típica de Eastwood, aunque esta vez suavizado para llegar a un máximo número de espectadores.

Aunque la película está adornada con pequeños detalles, como el excelente uso de una serie de canciones country, elegidas por el propio Eastwood demostrando tener un refinado gusto musical, y a pesar de su simpleza lograr un ritmo decente en la narración (tal vez la única razón por la que el film no se haga insoportable), lo cierto es que el resto está bañado con toques de un humor demasiado grueso. Situaciones como la de la dentadura postiza, los chistes alrededor del orangután, los enfrentamientos con los motoristas, etc. son de una simpleza que asusta. Y el único apunte salvable es que ningún personaje en la película cae mal al espectador, lo que se logra gracias a las interpretaciones de un reparto que, lejos de lucirse, al menos se creen lo que están haciendo. Eastwood explora su sentido del humor, además de lucir un excelente estado físico a sus 48 años, y presumiendo de ser un magnífico lanzador de puños (fue asesorado por un antiguo entrenador, Al Silvani, que se convirtió en asesor de Hollywood, entrenando a gente como Sylvester Stallone para ‘Rocky’), y demuestra tener una química perfecta con la extraña Sondra Locke, quien por aquel entonces comenzaba su relación con Eastwood, lo que incluso llevó al actor de ‘Harry el sucio’ a tener problemas con un socio que no veía bien la relación de Sondra con Eastwood, quien aún estaba casado con Maggie Johnson.

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Geoffrey Lewis, que se convertiría en uno de los actores con los que más trabajaría Eastwood (ya había coincidido con él en ‘Un botín de 500.000 dólares’), da vida a Orville, amigo íntimo de Philo, que siempre le consigue peleas, viviendo un poco a su costa en lo que a tomar decisiones se refiere. El actor cumple a la perfección con un personaje demasiado plano, logrando un carisma interpretativo que en manos de otro ni habría. Y lo mismo puede decirse del resto de actores; desde los ya conocidos en el cine de Eastwood, como Bill McKinney o John Quade, hasta la mítica Ruth Gordon, cuya aparición es más un homenaje de Eastwood al cine clásico que otra cosa.

Un crítico de la época vio en ‘Duro de pelar’ una especie de remake para todos los públicos de la anterior película de Eastwood actor, ‘Ruta suicida’ (film que se salva por la excelente labor del actor tras las cámaras), y lo cierto es que la comparación no es tan descabellada, al menos en los puntos que estructuran el ¿guión?. Tenemos a un Eastwood igual de bobalicón e ingenuo, tenemos a una mujer de armas tomar, y hasta una pandilla de motoristas, todo evidentemente suavizado con un humor que hace gracia sólo en muy determinados momentos. Al menos se atrevieron a finalizar la película con un falso final feliz, subrayando el hecho de que a Eastwood le gustan los antihéroes. Es muy probable que el actor supiese que volverían a estos personajes dos años más tarde (‘Duro de pelar’ fue la película más taquillera de 1978, sólo por debajo de ‘Supermán’ de Richard Donner) con una continuación que cerraba la historia, y que es de lo más insoportable que ha realizado Eastwood como actor en toda su carrera.

Pero antes de eso hablaremos de una de las fugas carcelarias más minuciosas y emocionantes que ha dado el cine en toda su existencia, y que supuso el último reencuentro entre Eastwood y su amigo y mentor Don Siegel.

Especial Clint Eastwood en Blogdecine:

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<![CDATA[Clint Eastwood: 'Licencia para matar']]> http://www.blogdecine.com/default/clint-eastwood-licencia-para-matar http://www.blogdecine.com/default/clint-eastwood-licencia-para-matar Wed, 10 Jun 2009 11:10:52 +0000 seleccionado por los expertos de luigiitalia the-eiger-sanction-1.jpg

‘Licencia para matar’ (cuarta película como director de Clint Eastwood), es el título, equívoco y tramposo, que recibió en nuestro país ‘The Eiger Sanction’, film que en 1975 hizo que Eastwood se desentendiese profesionalmente de la Universal, debido sobre todo a las campañas de promoción que utilizaban en la productora con las películas producidas por la Malpaso. En principio, era un proyecto para que Eastwood simplemente lo protagonizase (en el origen del proyecto, el actor elegido era Paul Newman), uno de esos films destinados a seguir cultivando su imagen de héroe de acción, que tan buenos resultados económicos le daba.

La película parece una especie de respuesta a la saga británica de James Bond, que en aquellos años era tan popular, una cinta de espías en misiones secretas, enfrentados a agentes dobles, con chicas guapas y mucha acción. Pero ‘Licencia para matar’ escapa un poco al esquema de las cintas de 007, por cuanto las escenas de acción huyen de la espectacularidad típica, haciéndolas lo más realistas posible, algo que en la película de Eastwood se preocuparon de enfatizar.

Eastwood da vida a Jonathan Hemlock, un asesino a sueldo retirado que no quiere saber nada de misiones secretas. Vive dando clases de Historia en la Universidad, y su gran pasión es coleccionar valiosos cuadros, obras maestras de la pintura. Hasta él llega la organización de Dragón, que le encargan, bajo chantaje, un nuevo trabajo, asesinar a un agente que ha matado a uno de los suyos. Hemlock accede, garantizándose su última misión, además de una suculenta cantidad de dinero. El problema es que no conocen la identidad del asesino, sólo que éste se encuentra en un equipo de alpinismo que escalará el peligroso monte Eiger en los alpes suizos (de ahí el título original que traducido sería La sanción del Eiger).

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Eastwood quiso convencer a su amigo Don Siegel de que dirigiese la película, pero éste rehusó la proposición alegando que ya estaba mayor para dirigir una película de la cual una buena parte se rodó prácticamente haciendo alpinismo, por lo que el director de ‘Harry el sucio’ le recomendó a Eastwood que fuese él el director. Después del estreno Siegel confesó que la película no le gustaba destacando sólo el trabajo tras las cámaras de su buen amigo. Lo cierto es que ‘Licencia para matar’ es una película extraña, en casi todos sus aspectos. Desde el tono legido hasta la descripción de personajes, pasando por el propio argumento.

Jonathan Hemlock parece una nueva clase de héroe de film. Un asesino a sueldo retirado, que vive bien gracias a sus anteriores trabajos, y que parece disfrutar dando clases en la Universidad. Precisamente la escena de presentación del mismo inspiró pocos años más tarde otra mucho más famosa con cierto arqueólogo dando clases. Evidentemente me refiero a Indianas Jones, donde Spielberg homenajeó a su admirado Eastwood con una secuencia prácticamente idéntica hasta en planificación, cambiando simplemente un par de detalles: el intento de seducción de una alumna mientras Hemlock (o Jones) dan la clase. Eastwood llega más allá mostrando el rechazo de Hemlock, para mostrarnos a alguien con cierto sentido de la moral, algo chocante si tenemos en cuenta que se ganaba la vida matando gente.

Como personaje en sí, Hemlock no es demasiado atractivo o interesante, y Eastwood lo adapta a su universo particular, mostrándonos una vez más a alguien que está por encima del bien y del mal. A su lado George Kennedy, que ya había trabajado con Eastwood en ‘Un botín de 500.000 dólares’, interpreta a un viejo amigo (Ben Bowman) aficionado a la escalada y cuya relación está algo desaprovechada en el guión, perdiéndose una oportunidad única de hablar sobre la amistad traicionada (Bowman, en un abrupto giro de guión resulta ser el espía que Hemlock busca, y la excusa no es del todo convincente). Sí llama la atención el jefe de la organización, llamado Dragon, interpretado por Thayer David, un misterioso albino que necesita transfusiones de sangre cada dos por tres, y no aguanta la luz del día. Vonetta McGee es el reclamo femenino de toda película de espías, aunque su personaje no tenga demasiada relevancia.

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‘Licencia para matar’ cambia la espectacularidad de las escenas de acción de los films de espionaje por la espectacularidad de varias escenas en las que los personajes practican alpinismo. Dichas escenas no contienen ni un sólo efecto especial, fueron realizadas por el propio Eastwood que vio como la Universal se ponía a rezar pensando que su estrella más taquillera podría salir herida en el rodaje de las mismas. De hecho, un miembro del equipo falleció aplastado por una roca el segundo día de filmación, algo de lo que fue testigo el director y le impresionó fuertemente. La belleza de las escenas de escalada es innegable, Eastwood consigue planos preciosos, tanto en el Eiger como las escenas en Monument Valley, escenario explotado por John Ford en varios westerns, género al que Eastwood pertenece por derecho propio. El problema es que por muy bonitas que sean dichas escenas, el realizador se detiene demasiado en ellas, y el film se resiente en el ritmo.

Con todo ‘Licencia para matar’ gana con el paso del tiempo sobre todo por la sobriedad de su puesta en escena. Como curiosidad se puede observar que la banda sonora corre a cargo del gran John Williams con una melodía en verdad muy acertada, el mismo año que hizo el score por el que ganó su segundo Oscar: ‘Tiburón’, un film que pudo haber protagonizado Eastwood, en el papel que luego hizo Roy Scheider.

Eastwood acabó exhausto del rodaje de la película, por lo que su siguiente trabajo como actor lo encargaría a otro director, Philip Kaufman, para al poco de empezarlo sustituirle y terminar firmando una de sus mejores películas como director: ‘El fuera de la ley’.

Especial Clint Eastwood en Blogdecine:

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<![CDATA['Ossessione', el cartero siempre llama dos veces]]> http://www.blogdecine.com/default/ossessione-el-cartero-siempre-llama-dos-veces http://www.blogdecine.com/default/ossessione-el-cartero-siempre-llama-dos-veces Wed, 03 Jun 2009 13:17:54 +0000 seleccionado por los expertos de luigiitalia ossessione-1.jpg

Las dos adaptaciones más famosas de la novela de James M. Cain, ‘El cartero siempre llama dos veces’, son las realizadas por Tay Garnett, que permanece como uno de los clásicos del cine negro, y la de Bob Rafelson, que permanece en las mentes calenturientas gracias a la famosa escena de la cocina entre Jack Nicholson y Jessica Lange. Pocos conocen, lamentablemente, que Luchino Visconti empezaba su carrera como director en 1943 con ‘Ossessione’, precisamente una adaptación de la novela de Cain, cuyos editores impidieron su estreno en cines estadounidenses hasta nada menos que 1976.

Garnett enfocó el material de Cain desde la perspectiva de un thriller; Rafelson desde ninguno, su intención de escandalizar con las secuencias de sexo ahoga por completo la trama y no se sabe muy bien a qué juega. Visconti, como nos acostumbró luego en su cine, se centra en los personajes, en el drama interno que sufren explorando todas y cada una de las posibilidades, no sólo de la pareja protagonista, sino de los demás personajes.

‘Ossessione’ narra la historia de un vividor (Gino Costa) que un día, vagabundeando, logra encontrar trabajo en la casa del dueño de un restaurante, en la que la esposa del mismo (Giovanna) vive una vida que nunca soñó. Su marido la trata como una sirviente, y casi como una esclava. Giovanna se enamorará de Gino, y se convertirán en amantes, pero la presencia del marido es un obstáculo que tendrán que sortear de cualquier forma si quieren permanecer juntos.

‘Ossessione’ permanece como una de las primeras obras del Neorrealismo italiano, en el que directores como Roberto Rossellini o Vittorio De Sica tuvieron mucho que decir. Aunque el inicio de dicho movimiento fue inaugurado con ‘Roma, ciudad abierta’, realizada en 1945, dos años después de ‘Ossessione’, en el film de Visconti se encuentran prácticamente todas las características del movimiento surgido por la inquietud de un sector crítico, todos ellos escritores en la revista Cinema. Visconti, que fue colaborador del gran Jean Renoir, viste todo el film con ese aire típico del Neorrealismo. En las imágenes de ‘Ossessione’ vemos la decepción general de un país acabado por las consecuencias de la Segunda Guerra Mundial, una realidad bien palpable, contextualizando la historia en un entorno de depresión, reflejo de la vida tal cual era en aquellos desoladores años.

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Gino Costa ha servido en el ejército y su recompensa es ser un vagabundo. Giovanna no tiene nada en la vida, sólo estar atada a alguien por el que siente repugnancia, pero sin el que no puede subsistir. Por eso cuando el amor, en forma de obsesión sexual, llama a su puerta, se debate entre la seguridad económica o la emocional. Al lado de Gino el futuro no es muy prometedor, y al lado de su marido todo es un infierno. Gino es alguien que, poco a poco, va consumiéndose por ese amor fatal (ingrediente imprescindible del buen cine negro, y que Garnett en su versión lleva hasta las últimas consecuencias) que parece burlarse de él. Otra obsesión, pero esta vez minando a alguien que no tiene malas intenciones en ningún momento, pero que va cambiando progresivamente hasta convertirse en alguien irreconocible, siendo capaz de echar de su vida al más fiel de los amigos.

‘Ossessione’ es el retrato de dos perdedores, cuyo amor afecta a todo el que les rodea, y como ese amor, pasional, destructivo, obsesivo, le va haciendo perder la perspectiva hasta el punto de cometer un asesinato, un acto horrendo que tendrá irreversibles y desastrosas consecuencias. En un tiempo de guerra, el amor se convierte en algo que no trae esperanza, sino muerte y destrucción. Visconti lo narra todo con esa visión decadente que tienen todas sus películas, sin miramientos, con sequedad. Personajes que terminan aplastados por sus propias aspiraciones, sin poder escapar a un mundo en el que no encajan, y en el que sus destinos ya han sido marcados desde el inicio. Clara Calamai y Massimo Girotti componen dos personajes maravillosos, y su perfecta química traspasa la pantalla.

Visconti entraba por la puerta grande con ‘Ossessione’, e iniciaba una carrera llena de películas inolvidables (‘Senso’, ‘Rocco y sus hermanos ‘ o ‘El gatopardo’), aunque también obtendría un discutible prestigio por films que no aguantan el paso del tiempo, excedidos y manieristas (‘La caída de los dioses).

No tenemos editada ‘Ossessione’ en DVD (ya sabéis lo que quiero decir), y es una verdadera pena. Mientras me lamento, me retiro a mis aposentos a escribir sobre cierta película de reciente estreno que en todo momento imita a Michael Mann.

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<![CDATA[Mis secuencias mágicas de cine: 'Monstruos S.A.', la montaña rusa de las puertas]]> http://www.blogdecine.com/default/mis-secuencias-magicas-de-cine-monstruos-sa-la-montana-rusa-de-las-puertas http://www.blogdecine.com/default/mis-secuencias-magicas-de-cine-monstruos-sa-la-montana-rusa-de-las-puertas Sun, 31 May 2009 17:44:42 +0000 seleccionado por los expertos de luigiitalia monsters inc 15

Toda serie tiene un final, o se lo determina su autor, por variados motivos, y a ésta, después de 27 entregas, más aquellas que comente en una línea alternativa a la que denominé las películas de mi vida, llega a su fin en blogdecine. Dado que el mundo de la animación ha sido uno de los temas que más me han llamado la atención en esta página, y en concreto Pixar, creo que debe ser una de sus películas quien marque el final de las misma. Cierto que el nombre que le dio notoriedad al estudio, durante un tiempo, fueron las dos películas de ‘Toy Story‘, y que el triunfo mundial vino con ‘Buscando a Nemo‘. Sin embargo, creo que el momento en el que Pixar demuestra todo lo que puede llegar a hacer sucede en ‘Monsters S.A.‘, y sobre todo en la espectacular secuencia de la montaña rusa de las puertas.

Pixar aprendió dos cosas con ‘Monsters, S.A’, que el éxito vendría acompañado de litigios, la película estuvo a punto de no ver la luz por problemas de plagio e infracción de derechos de autor, y que cada nueva película supondría un desafío tecnológico en cuanto a diseños y desarrollo de algoritmos para dar vida a lo que imaginaban las mentes claras de sus guionistas y animadores. Las pautas como se harían las futuras películas en Pixar tuvieron su climax aquí, sobre todo por el trabajo de storyboard: Sully empezó siendo Johnson, no habia un Mike Wachoski, y la niña fue un niño, luego una adolescente problemática, hasta llegar a la niña pequeña, encantadora e inocente, a la que se llegó desde su original nombre, Boo… Entre otras cosas, el monstruo de un solo ojo tuvo sentido, cuando se entendió que estaban ante una película de colegas, de esa “buddy movie” que tratan siempre de retratar, de contraste entre dos personajes diferentes, pero que se necesitan, y todo porque un animador se le ocurrió hablar del gordo y el flaco, y de Abbot y Costello, pero a su manera, con matices diferentes.

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Sully fue un personaje que dio mucho trabajo. Querían algo que diese la impresión de miedo, pero que mostrase el gran corazón que luego se muestra en la película. Los cuernos se mantuvieron desde el dibujo original, no así el colorido de su piel, ni el pelo. Aquí, tecnológicamente hablando vinieron parte de los problemas. Si uno se fija con detenimiento en los movimientos de Sully, comprueba que pese a su peso es ágil, y que su pelo tiene vida propia, de tal manera que se tuvo que diseñar cada uno de ellos de manera individual (sucedía, que dependiendo de su posición y de la luz, había partes de su cuerpo que debían estar iluminadas y parte aparecer en sombra, unos debían brillar y otros no a la vez, y no sólo eso, debían demostrar movimiento y vida, algo que a los programadores les llevó mucho tiempo). Ayudó al desarrollo del personaje, el hecho de que fuese John Goodman quien le pusiese voz, apuntando el mismo que a Sully se le debería ver como un jugador de fútbol profesional americano, con su misma agilidad de movimientos para alguien de tanto peso. De hecho, el equipo de trabajo en Monstruópolis funciona igual que lo que se puede ver en cualquier partido.

Se podrían enumerar más cosas del proyecto, pero todo dirige a un mismo punto a esa secuencia de las puertas a la que nos van preparando, pero que nos deja boquiabiertos cuando la vemos en todo su esplendor. Lasseter quería algo impactante, que mostrase el poder de Pixar frente a otros estudios de animación, Dreamworks atacaba ya con ‘Shrek’, y había que marcar distancias.

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Tenían claro que la forma de llegar a la habitación del niño era usando la metáfora del monstruo escondido en el armario, y que para eso era necesario una puerta. Durante toda la película sólo vemos el lugar de trabajo, un mecanismo de raíles que trasladan puertas, donde los monstruos entran y salen recogiendo energía. Sólo imaginamos qué sucede. Nuestra mente pensando en historias y sustos, preparando el camino para lo que viene, y es un riesgo que mal utilizado se le puede volver a uno en contra cuando las expectativas no se ven acompañadas.

No es el caso cuando se nos abre el universo de lo que hasta el momento en el que empieza la secuencia, que ya viene acompañada por el ritmo de una persecución se abre ante nuestros ojos: una montaña rusa de millones de puertas. Saltos, sorpresas, peligros… lo inesperado. Si intuíamos que Pixar podía ofrecernos algo que nos llevase a un mundo inimaginable, esta secuencia lo logra. Nadie se podía esperar una genialidad así. Entre todas las posibilidades, la montaña rusa era lo único que tenía cabida, poniéndose en la situación de aquellos niños, ahora adultos, que habían crecido con las atracciones de los disneyworld de turno. La montaña rusa es poner en imágenes, recuerdos de niños, como el sentimiento de la cercanía de la cúspide y el primer descenso, previo al descanso, y el oh! de exclamación al ver en un plano todo ese universo de puertas que se abre, inacabable, con que termina la primera parte de la secuencia.

Y no son puertas, se convierten en accesos a nuestra memoria selectiva, cuando se empieza el camino una vez se busca la primera escapatoria, y continúa la persecución, abriendo y entrando en toda una variedad de mundos y ciudades paralelas. El ritmo nos mantiene en vilo. Mike y Sully quieren proteger a Boo, y lo que representa, su inocencia y su vitalidad, la moneda de cambio que es la alegría de un niño frente a lo que provoca darles miedo… Esa es la metáfora, el poder corrompe y no vale si eso supone aprovecharse de los niños. Pero no hay descanso, como en la montaña rusa una vez que empieza la atracción, hasta que la fuerza acumulada se pierde y te frenas… No es el caso, porque la secuencia no para, ni cuando acaba la película y se sabe todo lo que ha pasado. Pixar nos mostró un camino, o nos abrió una puerta a su imaginario, para iniciar con ellos un acuerdo de compromiso fiel a su causa. Recupera el ideario del cine antiguo, de los clásicos por los que comenzamos a amar al séptimo arte… Una pregunta oculta planteó Pixar a los espectadores con esta película: ¿te subes a lo que te propongo? Yo lo hice y no me arrepiento. Un final grande para esta serie de secuencias que hoy dice un hasta luego con un punto y aparte.

Nota: Espero lo hayáis disfrutado, como yo escribiéndolas.

Más información | The Pixar Touch

En blogdecine | ‘El coche nuevo de Mike’, otro de los cortos de Pixar

Mis secuencias mágicas en blogdecine:

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