Favoritos de o-mf en Blogdecine http://www.blogdecine.com/usuario/ seleccionado por o-mf http://www.blogdecine.com <![CDATA[Jennifer Connelly o los ojos más bellos del cine]]> http://www.blogdecine.com/actores/jennifer-connelly-o-los-ojos-mas-bellos-del-cine http://www.blogdecine.com/actores/jennifer-connelly-o-los-ojos-mas-bellos-del-cine Thu, 14 May 2009 19:46:53 +0000 seleccionado por o-mf jennifer-connelly2.jpg

Hay actores que tienen algo especial. Se suele decir que “enamoran a la cámara”, o que tienen un talento innato a la hora de trabajar con ella, de modo que aunque la historia no sea del todo convincente, ellos sostienen la imagen con su sola presencia, casi sin esforzarse (o esa es la percepción que uno tiene, aunque en el fondo la realidad es muy diferente). Una de esas actrices maravillosas es la oriunda de Catskill Mountains, Nueva York, nacida hace treinta y nueve años, la hermosa y brillante Jennifer Connelly. Una de las más talentosas y desaprovechadas actrices de su generación.

Algo tienen los ojos de esta muchacha, ahora una mujer cercana a la cuarentena. Unos ojos que no, independientemente de la historia que vivan, siempre conservan un halo de infinita melancolía, de dulzura y de belleza. Esa belleza que tiene que ver con la dignidad, y con una capacidad hipnótica que trasciende con mucho el grueso de papeles que, por desgracia, le ha tocado interpretar. De entre las muchísimas actrices bellas y de talento que han sido infrautilizadas en el cine norteamericana, pienso que muy pocas se acercan al magnetismo de Connelly.

Ya de muy pequeña se dieron cuenta de que la niña era una belleza fuera de lo común, y sus amorosos padres se convencieron de que podría hacer carrera de modelo infantil. No se equivocaron, y pronto triunfó, viajando por todo el mundo, participando en toda suerte de comerciales, y apareciendo en numerosas revistas. Pero la pequeña Connelly, que en la madurez ha llegado a afirmar que no recuerda casi nada de aquella época, no se sentía nada feliz con ese trabajo, y ansiaba dejarlo atrás y dedicarse a la interpretación. Una gran necesidad de expresarse como actriz residía en el corazón de aquella niña. Quería ser intérprete a toda costa, y no paró hasta conseguirlo. Lo hizo a los catorce años.

Puede que fuera por suerte, o porque era muy parecida a la actriz que encarnaría a Deborah Gelly de mayor (Elizabeth McGovern), o quizá porque McGovern era muy parecida a ella, quién sabe, pero Sergio Leone la aceptó para debutar en su película ‘Érase una vez en América’, una ambiciosa superproducción que relataba una trágica historia entre gangsters a principios del siglo XX. Quizá Leone no lo sabía, teniendo en cuenta además que no era un director precisamente especializado en actrices, pero la breve e inolvidable intervención de Connelly en aquella irregular película se convirtió en el corazón y en el alma del relato. Su breve secuencia de danza es lo más bello que filmó en su vida el realizador italiano. Y a todos se nos quedó grabada en la memoria.

Convertida en toda una estrella a los catorce años por su presencia y su belleza, a pesar del fracaso económico de la película, Connelly comenzó su dificultosa y extraña carrera, que no abarca demasiados títulos, la verdad, y que no se cuenta por éxitos de público o crítica, sino por buenas interpretaciones suyas, pues por muy disparatado que sea el proyecto, ella lo vive con total convicción. Después de un par de títulos que no merecen la pena ni mencionar, Connelly participó en la fantasy ‘Dentro del laberinto’ (‘Labeyrinth’, Jim Henson) que dos años después presentó a una Connelly que había sufrido un considerable estirón, pero que apenas se sostenía, pues el relato era excesivamente infantiloide y plano.

De nuevo un par de títulos que no merecen ni ser reseñados, pues son tan ínfimos y poco importantes que no añaden nada a su carrera. Convertida en una muy atractiva muchacha, Dennis Hopper confió en ella para cerrar el triángulo compuesto por Don Johnson y Virginia Madsen, para el filme negro ‘The Hot Spot’ (1990), titulado en España ‘Labios ardientes’, y que aunque no goza de demasiado prestigio, lo cierto es que es un más que digno policiaco, con algunos clichés, pero bien narrada por Hopper, con momentos muy eróticos, que anticipaban ese gusto por el erotismo noir en los años noventa. En ella, apreciábamos cómo había crecido Connelly en tan solo seis años, su potencial erótico y su belleza innegable.

Menudo cambio. Y seguía transmitiendo el potencial de gran actriz a desarrollar. Lamentablemente para ella, los años noventa no iban a ser precisamente un camino de rosas, pues iba a participar en nueve películas más, muy desiguales, ninguna realmente notable, y de la que se podría rescatar la ciertamente entrañable ‘El secreto de los abbott’, dirigida por Pat O’Connor en 1997. El resto de sus películas en esa década oscila entre lo grotesco, lo zafio y lo muy prometedor finalmente muy decepcionante. Esto último sucede con ‘La brigada del sombrero’ (memez de traducción para el original ‘Mulholland Falls’).

En esa película se cumple la máxima en esta fase de la carrera de esta actriz: el máximo aliciente es su atractivo y su arrollador magnetismo. El resto es insulso y fofo. Como en este drama que intenta el enésimo retorno al cine negro clásico, fracasando estrepitosamente. O la sosa y un poco absurda ‘The Rocketeer’, que aunque bastante digna, podía haber dado mucho más. Aunque a quién le importaba, con una Connelly tan arrebatadora. Pocas veces ha estado tan guapa, pocas veces ha sido una actriz la justificación absoluta del pago de una entrada. Pero, sobre todo, resulta increíble cómo la actriz parece surgida de una importante película de los años cincuenta, y hacer creíble su papel en medio de tanta blandenguería…

Pero, ¿para qué engañarnos? No es Connelly una actriz de un tirón taquillero espectacular, ni mucho menos, ni de un carisma que provoque clamor popular. Yo creo que pertenece a esas actrices de raza a las que sólo un paladar refinado puede degustar como se merece. No es una actriz que se base en la popularidad, es más bien una actriz de rasgos más independientes, aunque su extrema belleza pueda hacer aparentar lo contrario. Y tanto la boba ‘Career opportunities’, como la flojísima ‘The Heart of Justice’ basaban su mayor interés en el atractivo de la Connelly. Imagino la basura de guiones que tuvieron que llegarle a esta chica para que tuviera que aceptarlos.

Cerró década con una nueva exhibición de sensualidad y elegancia en la muy floja ‘Dark City’, que aunque fue plagiada descaradamente por los Wachowski en la saga Matrix, se trata de una película muy deslavazada, sin fuerza ni interés ninguno, más allá de algunas ideas sueltas interesantes para la ficción científica que serían explotadas por otros directores de mayor talento. Imagino que Jennifer tenía que sentirse decepcionada y desilusionada, pues no acababa de cuajar una carrera interesante. Es posible que esperase que todo cambiara con ‘Requiem por un sueño’, película en la que por fin pudo demostrar su talento, a pesar de ser un drama astuto y mentiroso, sobrecargado y autocomplaciente hasta extremos agotadores. Veíamos a una actriz en su plenitud, mucho más delgada, menos voluptuosa, pero en cierto modo más atractiva, más impresionante.

Esta década en la que nos encontramos ha sido, por lo menos bastante más interesante en todos los aspectos, aunque sin echar cohetes. En 2001 el insulto al espectador y a cualquier enfermo de esquizofrenia titulado ‘Una mente maravillosa’ tuvo la grandísima suerte de contar con ella para interpretar a la esposa de Nash, lo que le proporcionó un justísimo Oscar, pues ella era, de muy lejos, lo mejor de aquella nadería de película. Por fin, aunque fuera con una historia como aquella, Connelly era una actriz en su madurez capaz de demostrar de lo que era capaz. Pocas veces en el cine reciente se han visto unos ojos más conmovedores. Lástima que fuera precisamente en una película tan deleznable.

Con su Oscar recién ganado la llamó Ang Lee para su menor aunque muy interesante ‘Hulk’, que una vez más fue un éxito moderado de taquilla a pesar de sus expectativas. De nuevo, ella era lo mejor de la función. Pero ese mismo año protagonizó la que quizá es la mejor película de su carrera, en la que ella estaba literalmente impresionante, ‘Casa de arena y niebla’, un complejo drama en el que se ponía a la altura nada menos que de Ben Kingsley. Sus ojos eran igual de tristes y bellos que siempre, y además teníamos a una pedazo de actriz en su madurez regalándonos su intepretación. Poco importan, pues, las subsiguientes ‘Dark Water’, ‘Reservation Road’ o ‘Ultimátum a la Tierra’.

Pero fue una secundaria de lujo en la excelente ‘Little Children’ y en la muy floja ‘Blood Diamond’, donde de nuevo era la mejor, muy por encima de la obviedad de Leonardo DiCaprio o Djimon Hounsou. Quizá nunca consiga ser una gran actriz reconocida, pero los chispazos de su talento, y su innegable belleza ahí quedan para admirarlos como merecen, aún en una carrera tan errática. Siempre es un aliciente encontrársela en un reparto de actores.

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<![CDATA[Opinión crítica de 'Watchmen']]> http://www.blogdecine.com/default/opinion-critica-de-watchmen http://www.blogdecine.com/default/opinion-critica-de-watchmen Tue, 17 Mar 2009 07:00:42 +0000 seleccionado por o-mf watchmen

Tras la larga espera, llegó la hora. Las manecillas del reloj señalaban el momento en que la película ‘Watchmen’ se proyectaba por fin en los cines. Veinte años atrás, se compraban los derechos del cómic de Alan Moore y Dave Gibbons para llevarlo a la gran pantalla. Quizá, cuarenta años más tarde, la película se reestrene y las salas se llenen de todos los que quieren volver a experimentar ‘Watchmen’ en una gran pantalla, de forma similar a lo que pasó con ‘Star Wars’ o ‘Blade Runner’. He dicho quizá. Hoy, ahora, aún no estoy seguro de hasta qué punto es una buena película, o si es algo más, una imperfecta obra maestra. A falta de volver a verla, por lo menos una vez más, aquí os dejo mis impresiones, mi opinión crítica de ‘Watchmen’, paradójicamente, una película inesperada.

El “visionario” Terry Gilliam, el primer director al que le encargaron adaptar ‘Watchmen’, se veía incapaz de llevar a cabo la tarea, y pidió consejo a Alan Moore, co-creador del cómic. Éste, cuando aún Hollywood no le había destrozado ninguna obra y se mostraba más accesible, le respondió que, sinceramente, no veía posible que pudiese hacerse una película. Otros dos cineastas tan dispares como Darren Aronofsky y Paul Greengrass también trabajaron en el proyecto, con los mismos resultados que Gilliam. Nada. Irrealizable. ¿Tenía razón Moore? ¿Era imposible hacer una película de ‘Watchmen’? Creo que todos los que hemos leído el cómic contestamos en su momento que sí, que es imposible. Entonces llega Zack Snyder y dice: No, es posible.

Pletórico, tras el sorprendente éxito de la sangrienta y bellísima ‘300’ (adaptación y superación del flojito cómic de Frank Miller), Snyder se embarca en la realización de la misión imposible, trasladar un cómic de unas 400 páginas, inadaptable según todos los que lo habían intentado antes, en una película. Con un presupuesto estimado en 100 millones de dólares, a estas alturas un tanto ridículo para una superproducción industrial (sin ir más lejos, la reciente ‘El curioso caso de Benjamin Button’ costó 160), un reparto sin estrellas y la intención de contar la decadente existencia de unos superhéroes en una realidad alternativa, que nada tienen que ver con los que han triunfado en el cine antes, Snyder emprende un camino que tiene como final el pasado viernes 6 de marzo, cuando, efectivamente, demostró que tenía razón. Que él tenía razón y (casi) todos los demás estábamos equivocados. Que ‘Watchmen’ está en los cines, que es una película.

snyder

Filmar ‘Watchmen’ traía consigo una gran oportunidad pero también, y sobre todo, un temible hándicap; por un lado, se aseguraban una historia extraordinaria, que ha maravillado a todos durante años, el material de un cómic que ha sido catalogado como el mejor de toda la Historia; por otro lado, por eso mismo, era prácticamente imposible que la película pudiera satisfacer las expectativas (y los caprichos) de todos los que defienden el cómic, porque se ha cometido la insensatez de pretender adaptar una de las obras cumbre de la cultura humana. Por otro lado, la complejidad, la dureza y el pesimismo de la historia van en contra de lo que se hace en Hollywood, esto es, de lo que suele gustar al gran público. Todo en contra. Ahí tenemos las críticas que se le han hecho a la película hasta ahora; unos la atacan porque es demasiado fiel, otros porque no es tan fiel como debería ser. Resulta de lo más divertido comprobar las contradicciones de estas dos posturas. O que se considere que la comercial ‘V de Vendetta’ es mejor adaptación que ‘Watchmen’. Me parece de risa.

Pero Zack Snyder ya sabía dónde se metía. Y no es que no le preocupara. De hecho, no puede negarse que ha cuidado a los fans en todo momento, y es que, por encima de todo, él es también un fan, un “friki”, que idolatra la obra de Moore y Gibbons (decir que sólo hace justicia al primero es absurdo, ¿acaso Gibbons no sigue el guión de Moore en sus dibujos?). Snyder ha tenido en cuenta lo que se esperaba de su adaptación, pero también ha tenido que lidiar con los gastos heredados de todos los proyectos anteriores que no vieron la luz, y con unos productores que no le han puesto las cosas fáciles, impidiendo, por ejemplo, que se estrene el montaje que verdaderamente quería el director. Porque, por mucho que se diga, estamos ante la visión de Snyder del cómic. Recortada, pero suya. Su interpretación y su forma de entender el complejo material del que disponía. Habrá que esperar al DVD para disfrutarla por completo.

comediante

Poco más de dos horas y media es lo que dura el montaje estrenado de ‘Watchmen’. Una duración que supone también otro elemento que asustará y derribará a muchos, aparte de la nada convencional historia que la película cuenta o la complejidad de su estructura, que no es la del cómic, porque eso habría sido un suicidio, pero que no deja de ser inteligente, ingeniosa, y difícil de digerir para la mayoría (especialmente si no has ojeado una sola página del original); en este sentido, creo que hay que aplaudir el trabajo de los guionistas David Hayter y Alex Tse, que no lo tenían nada fácil. Por otra parte, el metraje también ha sido atacado porque no son pocos los que creen que faltan más minutos, más material, más película. ¿Se puede pensar que todo el cómic de ‘Watchmen’ pueden trasladarse, por completo, al cine? Al parecer, sí se piensa. Snyder, al frente del proyecto, tenía las de perder, tanto si se recortaba la historia como si no, tanto si sólo se basaban en el cómic, como si se trasladaba con extrema fidelidad.

Entonces, ¿qué es ‘Watchmen’? ¿Es una adaptación fiel o no? En mi opinión, es lo más cercano a una adaptación fiel que podía hacerse, pero también, y en conjunto, una buena película. Toma el espíritu y la esencia del cómic, convierte en imágenes de cine las viñetas del cómic, lo que nos permite disfrutar en una gran pantalla de la historia que en su día imaginaron Moore y Gibbons, pero sin encorsetarse más de la cuenta en la adaptación, tomándose libertades y mostrándolo desde una perspectiva única; desde luego, totalmente cinematográfica. Señoras y señores, fans y no fans del cómic, adultos y no adultos, ‘Watchmen’ es un espectáculo sin precedentes que merece el pago de la entrada. Lejos de lo que pueda parecer, no es una película de entretenimiento y efectos especiales (si eso es lo que quieres ver, ya tienes asegurada la decepción), es mucho más, y prepárate para usar el coco, porque esto no puede consumirse relajada y cómodamente. No, no. Esto hay que vivirlo y pensarlo, capturarlo en tus retinas y en tu cabeza, desmontarlo poco a poco, pieza a pieza, hasta descubrir lo que realmente hay, lo que es ‘Watchmen’.

cartelDesgraciadamente, me temo que muchos la están tomando injustamente con ella, sin mucho fundamento, porque es más fácil insultarla que tratar de comprenderla, y porque es más cómodo poner el piloto automático y devorar cubos de palomitas que intentar razonar y buscar la lógica a lo que la película propone. O quizá soy yo el que se está equivocando, incapaz de quitarme de encima la mágica atracción de sus imágenes, la fuerza de su discurso. Como he dicho, sólo la he visto una vez, y me parece absurdo pretender desmenuzar la película en un texto de esta extensión, ahora mismo; pero os diré lo que he encontrado. He encontrado belleza, emoción y mucha tristeza. Y ahí es donde me ha atrapado la película de Zack Snyder. Hay planos visualmente maravillosos, pero lo que me ha cautivado, y donde creo que radica la grandeza de la película, es en la narración de la trágica, triste y desoladora historia de unos personajes condenados al olvido, cuya tarea, lejos de ser heroica, resulta demencial, e inútil; sin sentido, como la vida misma.

Tenía muchas dudas sobre cómo iba a quedar plasmado el Dr. Manhattan en la película, porque los personajes creados digitalmente no suelen transmitir demasiado, pero finalmente no sólo me ha convencido, sino que me parece de lo mejor de ‘Watchmen’. Los efectos especiales han superado mis expectativas, haciendo creíble un personaje increíble; algo que no se habría logrado sin la magnífica interpretación de Billy Crudup; como Osterman, lo poco que sale, y como Manhattan, ese superhombre azul de mirada y voz triste, intentando aclarar su mente y descubrir qué es todo, qué es él y qué somos nosotros, los pequeños e insignificantes seres humanos que se dan tanta importancia. No menos brillantes resultan las creaciones de Rorschach, El Comediante y Búho Nocturno. El primero debería ser el típico justiciero, pero realmente es violento, sucio y oscuro, un “tipo bueno” que defiende la justicia pero terrible en las formas, con ese atuendo tan siniestro y representativo. Fantástico en lo visual y en lo interpretativo, con un impresionante Jackie Earle Haley (su última escena es uno de los motivos que justifican la versión cinematográfica, en carne y hueso, de esta historia). El Búho es quizá uno de los personajes más polémicos, porque parece (sólo parece) que no hace nada, pero su evolución es crucial para la trama; creo que Patrick Wilson está estupendo en el papel, ha captado el alma del nostálgico personaje y su caracterización es ideal.

Los personajes de Manhattan, Rorschach y El Comediante son razones que justifican esta película, puntos fuertes para defender la visión de ‘Watchmen’ de Snyder. El Comediante es una joya, un personaje carismático, de ambigua personalidad, amoral, que afortunadamente está interpretado de forma impecable por Jeffrey Dean Morgan. Él protagoniza algunas de las escenas más potentes de la película, destacando la secuencia en la que se enfrenta a unos manifestantes y habla del sueño americano; no sé a vosotros, pero a mí me dejó la piel de gallina. ¡Ahí está la esencia del maldito cómic inadaptable! Ahí y en secuencias como la de Manhattan en Marte, al ritmo del “Prophecies” de Philip Glass, o en los asombrosos créditos iniciales, una auténtica maravilla, con el “The Times They Are A-Changin” de Bob Dylan como fondo musical y como parte del contenido. Eso es cine, y eso es ‘Watchmen’, se quiera ver o no.


(Los impresionantes créditos iniciales)

Sin embargo, a pesar de que ya he dicho que necesito volver a ver la película, y de que estoy convencido que el tiempo (objeto de reflexión en esta historia) pondrá a ‘Watchmen’ en su sitio, relajando los juicios, hay elementos que no encajan correctamente en el logrado entramado cinematográfico de Snyder. Ante todo, lo que más desestabiliza el conjunto, son los momentos “a lo 300”; esas luchas bailadas en las que El Comediante, Búho, Espectro y Ozymandias golpean como si estuvieran hechos de acero. Se entiende que haya pequeñas concesiones al gran público, porque esto no deja de ser un producto de Hollywood, y si sus propios ejecutivos no entienden o aprueban la cosa, no la dejan salir adelante. Pero creo que esas peleas a cámara lenta perjudican muchísimo el disfrute total de la película, te llegan a sacar de la pantalla, pero más que nada es que van en contra del discurso central de la historia. Con esas secuencias se ensalzan a los superhéroes, y la cosa va justo de lo contrario.

Por otro lado, dos de los puntos débiles de ‘Watchmen’, son los personajes de Laurie/Espectro de Seda y Adrian/Ozymandias, demasiado importantes en la trama y demasiado flojos en su retrato, que impiden que la película vuele a la altura deseada. Creo firmemente que el casting fue erróneo en estos dos casos, Malin Akerman y Matthew Goode no encajan y no hacen creíbles a sus personajes. Cuenta Snyder que Tom Cruise intentó convencerle para que le dejara el papel del hombre más listo del planeta, pero que no se pusieron de acuerdo porque él lo quería para el de Osterman/Manhattan. Creo que Snyder se equivocó, y también que su idea habría perjudicado al personaje azul. Por no hablar de que habría provocado una polémica innecesaria, al margen del tema de las partes íntimas (porque Manhattan aparece desnudo, como en el cómic, lo que ha provocado también reacciones de lo más infantiles, quizá por complejos).

buho-ozymandiasDejando a un lado a Akerman, que me parece una actriz, ahora mismo, incapaz de darle entidad ni siquiera a un personaje como el de Laurie (que tampoco requería especial talento, dicho sea de paso) creo que el error que representa Goode es más importante. No digo que lo haga mal, hay escenas donde el personaje cobra vida, pero creo que éste requería a otro actor, sencillamente, otro con un físico más apropiado y que entendiera que Ozymandias es un hombre que se cree un superhombre, un Dios en la Tierra, alguien superior, no ese tipo tan chulesco que vemos en la película. Por más que lo diga, su pasión por la figura y logros de Alejandro Magno no queda patente en su forma de actuar, por no hablar de que, así retratado, es más fácil adivinar su implicación real en la trama (sigo pensando que el final del cómic era mejor, por mucho que resultara más difícil de explicar o se considere “increíble”, ¿acaso el Dr. Manhattan es creíble?). Es una pena, porque es un personaje que podía dar mucho juego y no se le aprovecha. Protagoniza momentos importantes en pantalla y eso perjudica a la película.

Concluyo este artículo, en el que no tenía previsto extenderme tanto, con dos pensamientos, una recomendación y un agradecimiento. Creo que ‘Watchmen’ va a ser valorada mejor y más justamente de aquí a unos años, cuando pase todo el huracán mediático y de críticas destructivas (o amargadas, usad lo que queráis); dicho eso, también pienso que la película, por más que el tiempo la trate mejor, no es la gran obra que debería ser, habiendo adaptado un cómic tan lúcido, retorcido y magistral como el de Moore y Gibbons. Una lástima, pero hay que pensar en positivo, podría haber sido muchísimo peor, y no nos habría extrañado. Por último, mi recomendación es que vayas a verla, independientemente de haber leído o no el cómic, de si tienes 50 años o 20, de si crees que te va a parecer genial o una basura; simplemente, ve al cine, hazte a la idea de que vas a ver algo diferente, que dura dos horas y media, y disfruta cuanto puedas. Ah, y gracias por todo, Zack Snyder.

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En Blogdecine:

‘Watchmen’, ¿una adaptación demasiado fiel?

‘Watchmen’, crónica de un fracaso anunciado

‘Watchmen’, la frialdad hecha espectáculo

Todo sobre la película ‘Watchmen’

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<![CDATA['Brokeback Mountain', puro, intenso y triste amor]]> http://www.blogdecine.com/default/brokeback-mountain-puro-intenso-y-triste-amor http://www.blogdecine.com/default/brokeback-mountain-puro-intenso-y-triste-amor Fri, 23 Jan 2009 16:33:37 +0000 seleccionado por o-mf brokeback

El 22 de enero de 2008, hace prácticamente un año, nos dejó Heath Ledger, demasiado pronto, fallecido por una letal mezcla de medicamentos; una noticia que me afectó profundamente, no sólo por la admiración que sentía hacia su trabajo y por el impacto de las circunstancias de su muerte, sino también porque sucedió cuando ambos teníamos la misma edad. Como homenaje personal hacia este actor, que apenas empezaba a demostrar su gran talento, revisé anoche ‘Brokeback Mountain’, la película que le hizo ganar prestigio y que casi le proporciona un Oscar. Lástima que una vez más no premiasen al mejor, esperemos que gracias a su antológica interpretación en ‘El caballero oscuro’ se le haga justicia.

‘Brokeback Mountain’ era el título del relato de Annie Proulx que apareció publicado en The New Yorker en 1997. Aunque pronto se vio que era un material excepcional para una película, Hollywood no estaba preparado, y se pensó que el público tampoco. Pasaron los años y los directores interesados, hasta que llegó el ecléctico Ang Lee y decidió que ésta sería su próxima película (tras ‘Hulk’, que me encanta). La pasión y el talento visual del realizador taiwanés resultaron ideales para la adaptación del relato, que había pasado a ser una historia de dos horas tras el trabajo de Diana Ossana y Larry McMurtry. Ellos, Lee y Gustavo Santaolalla (imposible olvidar el tema central que compuso para esta película) resultarían premiados con el Oscar, en una noche en la que, sorprendentemente (por no decir otra cosa), ‘Crash’ quedó como mejor película del año.

‘Brokeback Mountain’ nos traslada a Wyoming en 1963, para contarnos cómo se conocieron los jóvenes Ennis del Mar y Jack Twist. Ambos necesitan dinero y acuden al mismo lugar, para acabar trabajando juntos, cuidando y vigilando ovejas, en la montañosa zona (ficticia) que da título a la película. Una zona fría y solitaria que les va acercando poco a poco, hasta que una noche comparten lecho, y no pueden detener por más tiempo la pasión que sienten el uno por el otro.

Ese crucial momento ocurre en torno a los primeros 25 minutos de la película (cumpliendo con la regla de los tres giros), que es mucho tiempo para lo que pasa realmente. Sin embargo, Ang Lee consigue que el tiempo apenas se note, gracias al aprovechamiento de un paisaje precioso, un montaje inteligente y un uso muy eficaz de las expectativas del público, que sabe lo que va a ocurrir pero no cuándo. Todo ese primer acto se emplea para presentarnos a los dos protagonistas, pero también para narrarnos dónde y cómo se produce el enamoramiento entre ambos.

ledger

Ennis y Jack descuidan su trabajo y pronto se les notifica que abandonen el lugar. La idea de su separación resulta demasiado dolorosa y, frustrados, se golpean violentamente, fruto de la impotencia. La despedida, sin embargo, se produce de forma tranquila y casi silenciosa. Ennis revela que ha perdido una camisa y Jack sonríe. Se dicen adiós y marchan a sus respectivos hogares, con la posibilidad de que jamás vuelvan a verse. Ennis no puede resistirlo y se aparta a llorar en un callejón (impresionante escena ésta). Acto seguido contemplamos cómo se ha casado con su prometida, Alma (Michelle Williams), con la que forma una familia. La tapadera es segura, pero los sentimientos del muchacho hacia su amado siguen ahí, afectando su vida, a punto de explotar.

Sin menospreciar el estupendo trabajo de Gyllenhaal, me parece innegable que Heath Ledger es la película. Su personaje es el motor de la historia y su interpretación la que consigue atraparnos y emocionarnos. Ledger se mete en la piel de Ennis y hace lo que sólo los actores de verdad pueden hacer: dar vida a un personaje ficticio. Ennis del Mar se convierte en una persona real, con sus miradas, sus gestos y sus expresiones particulares, con su propio carácter y personalidad. Durante toda la película hay grandes momentos (el del callejón que ya he mencionado, el de la imagen de arriba, el hallazgo de la camisa que creía perdida) y casi todos tienen que ver con el Ennis de Ledger, con cómo este actor se transformó en otra persona. Imprescindible la versión original para apreciar, por ejemplo, el tono de voz o la forma de hablar, parte esencial del personaje.

Jake Gyllenhaal encarna a Jack Twist, que es totalmente diferente a Ennis. Jack es alegre, alocado, valiente, optimista, mientras que Ennis es reservado, callado y pesimista, debido a un suceso que vivió cuando era niño (lo cual explica mucho de su comportamiento posterior). Jack ama a Ennis pero no entiende porqué deben vivir separados, encontrándose sólo en contadas ocasiones durante años. Al igual que su compañero, Jack se casa (con Lureen, Anne Hathaway) y mantiene una familia, pero no deja de proponer la ruptura de todas las apariencias y la apuesta por el amor. Hay dos momentos en los que Gyllenhaal, en mi opinión, se come la pantalla, y ambas ocurren cuando su personaje ya no soporta más su situación: el enfrentamiento con su suegro y la última discusión con Ennis.

jack y ennis

Una historia de amor dramática no es nada sin los obstáculos que impiden el feliz desenlace. En las barreras vienen dadas por el obvio, absurdo y peligroso rechazo de una parte de la sociedad hacia la homosexualidad, tema de moda otra vez por el éxito de ‘Mi nombre es Harvey Milk’. En la película de Ang Lee, sin embargo, no sólo tenemos el riesgo de que Ennis y Jack sean atacados por su relación, también, y no menos importante, nos encontramos con el trauma del primero de ellos, que le condena a vivir con frustración, infeliz. La diferente forma de llevar su romance condiciona finalmente el final de cada uno, y resulta genial cómo se plasma en la película, pues ambos quedan reflejados con cierta ambigüedad. La versión de lo que le ocurre a Jack y la última frase de Ennis han provocado y seguirán provocando debate.

Quizá es poco el tiempo que ha transcurrido para valorar adecuadamente el sitio de ‘Brokeback Mountain’ en la Historia del cine, pero lo que me parece indudable es que la película sigue teniendo, por lo menos, la misma fuerza e intensidad que cuando se estrenó, despejada ya la novedad y la polémica de su propuesta. Una impresionante y bellísima película, en mi opinión, y en definitiva, una obra maestra.

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<![CDATA['Tierra', el planeta desafortunado]]> http://www.blogdecine.com/default/tierra-el-planeta-desafortunado http://www.blogdecine.com/default/tierra-el-planeta-desafortunado Mon, 26 Jan 2009 07:09:18 +0000 seleccionado por o-mf 20071107-documental-tierra-g.JPG

Hace cinco mil millones de años, aproximadamente, un meteorito colisionó contra la Tierra, provocando una inclinación en su eje que originó los climas. Por eso a este planeta se le llama el planeta afortunado

Con estas palabras comienza el grandioso documental del que vamos a hablar, que abarca, en la medida de las posibilidades de un documental de largometraje, a todo el planeta Tierra, y que nos sumerge en la historia de tres madres (una osa polar, una ballena jorobada, una elefanta) que intentan sacar adelante a sus proles, desde enero a diciembre de un año natural, pormenorizando sus grandes dificultades para sobrevivir, mostrando sus esfuerzos y su desesperación, otorgando a estas tres diferentes criaturas el protagonismo absoluto, sin pasar por alto a otras muchas razas que también obtienen sus minutos.

Con un gran esfuerzo de producción, ‘Tierra’ tiene como objetivo enamorarnos con las imágenes y los sonidos sagrados de un planeta moribundo, al que no comprendemos del todo, al que amenazamos con nuestra presencia contaminadora (en todos los sentidos de la palabra), y al que más nos vale respetar un poco más. Y vaya si lo consigue. Nadie puede ver este documental y quedarse como si nada. Nadie con sangre en las venas, claro.

Durante varios años, la cadena BBC produjo una de las series documentales más aclamadas de todos los tiempos, por su complejidad técnica, por su belleza de representación, por la variedad de registros documentales que dominaba con total maestría. Convencidos, los productores, de que merecía la pena regresar con mucho de ese material ya mostrado en las televisiones del mundo, lo refundieron con un material nuevo, y le dieron una estructura cerrada con la que armar un largometraje que hace dos años comenzó su andadura por el mundo.

Nació así un documental que es ya, por merecimientos propios, toda una leyenda. En él se cristalizan todos los avances que este noble género cinematográfico (en el que, por su propia naturaleza, se invierte mucho más en tecnología audiovisual, y en riesgo formal que en cualquier otro), y se dan la mano las más evolucionadas puestas en escena de la ya estudiadísima representación de la naturaleza en estado salvaje. Alcanza ‘Tierra’ la alquimia en su seguimiento de las vidas de estas criaturas-personajes, pero no sólo en eso. En la construcción poética del paso del tiempo, en los inmensos saltos geográficos de su historia, en la indagación del misterio de la vida misma.

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Porque lo que este extraordinario documental logra con una intensidad indescriptible, es la captura de lo efímero de la vida. Un concepto que infravaloramos, por habernos aislado en este mundo cómodo y artificial que hemos creado. Así, nos han cortado de raíz todo contacto con lo que hay de inmortal y eterno en todos nosotros. Maravillosos documentales como este se encargan, al menos, de describir de dónde venimos, de recordarnos el tan proverbial como ajeno a nuestra rutina “círculo de la vida”, de dar cuenta, además, del terrible impacto que nuestra actividad y nuestras demandas causan en un sistema al mismo tiempo robusto y frágil.

La voz que narra, en su versión inglesa, es la del buen intérprete, y mejor narrador aún, Patrick Stewart. Y creo que su trabajo es muy superior a la del famoso (sobre todo por su voz) James Earl Jones (que ofrece su talento en la versión norteamericana), y a la del español, habitual doblador de Clint Easwood entre otros, Constantino Romero. Stewart, con su voz bellamente atenorada, con su tono cultivado, es un ejemplo de contención y elegancia, de herramienta imprescindible pero sutil a la hora de vertebrar las imágenes.

Con su ayuda, caracterizamos mucho mejor a la osa, a la ballena y a la elefanta. Se convierte en el portador de sus conciencias, especuladas por supuesto a partir de sus actitudes y sus características como raza, tomando el testigo de los mejores y más reputados narradores de documentales, erizándonos la piel con plausibles subidones de intensidad, y cautivándonos con pequeños e irrepetibles momentos de la vida de las docenas y docenas de animales y plantas cuyo destino se nos muestra. Y ahí radica uno de los grandes méritos de esta película: el desarrollar unos resortes de ficción sobre un material enteramente documental.

Para algunos, ahí reside también uno de los defectos de esta película, el intentar emocionar al espectador manipulándole con la forma de narrar respecto a lo narrado. Son momentos como aquellos en los cuales Stewart enfatiza inteligentemente la voz para dar más realce a una conclusión importante, a un dato espectacular, o a un hecho estremecedor. También aquellos cuya pertinencia desequilibra el conjunto, pero que nos meten literalmente en la piel de seres muy distintos a nosotros, con quienes sin embargo compartimos nuestra mortalidad.

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Hay momentos en que esta película atrapa lo inimaginable. Gracias a las cámaras de 70 mm en alta definición, somos testigos privilegiados de la escalofriante cacería del lobo blanco sobre el caribú, en una secuencia de persecución que por planificación y tensión rivaliza con grandes secuencias de acción del cine de aventuras, si bien aquí se nos entregan hechos reales cuya captura es una hazaña por parte del cámara. También, por supuesto, hay instantes de una belleza paroxística, pero integrados en una secuencia, en un todo dotado de un motivo, que impide que sean consideradas meras postales.

Así, obtenemos planos de una complejidad y fuerza sobrecogedoras, de entre los que destacan el de el gran tiburón blanco y el leopardo, ambos dando cuenta de una presa, empleando para ello su altamente desarrollado diseño de cazadores. La cámara hiper-lenta se encarga de representar cada segundo del acto natural de la muerte para sobrevivir. Y en ese momento, el espectador queda reducido a simple criatura del universo. Confrontados a una verdad tan antigua como el tiempo, no podemos sino empequeñecernos anímicamente en el sofá, acogernos con humildad a nuestra condición de simples humanos controlados, mal que nos pese, por las reglas de la naturaleza.

Y, sobre todo, señala con el dedo a nuestra raza por ser capaces de condicionar, por nuestra ignorancia, la actividad vital del planeta entero. Ya no hay coartadas para el calentamiento global. Pero su razón de ser no es amenazadora, ni profética, ni apocalíptica. Sino la del respeto, el amor y la esperanza.

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