Favoritos de ramhh en Blogdecine http://www.blogdecine.com/usuario/ seleccionado por ramhh http://www.blogdecine.com <![CDATA[Clint Eastwood: 'La gran pelea']]> http://www.blogdecine.com/default/clint-eastwood-la-gran-pelea http://www.blogdecine.com/default/clint-eastwood-la-gran-pelea Tue, 18 Aug 2009 13:36:18 +0000 seleccionado por ramhh la-gran-pelea-1.jpg

‘La gran pelea’ (lamentable título para ‘Any Which Way You Can’) fue la respuesta de la Warner al fracaso de ‘Bronco Billy’, cuyas pocas posibilidades comerciales ya se conocían de antemano. Así pues, los ejecutivos presionaron a Clint Eastwood para que realizase la secuela del que hasta ese momento era su film más taquillero, ‘Duro de pelar’. Sabe Dios en qué estaba pensado Eastwood para acceder sin ningún problema a rodarla, probablemente en el dinero, y en el hecho de así poder realizar después proyectos más personales.

Para ello encargó la dirección a su colega y amigo Buddy Van Horn, jefe de especialistas de muchos films, y cuya filmografía como director consta de tres títulos, todos con Eastwood, y curiosamente de los peores del actor. Van Horn se limitó a realizar una secuela en toda regla, esto es, idéntico reparto (exceptuando a Beverly D´Angelo, que en un alarde de inteligencia no intervino), idéntica historia, idéntico humor, idénticas peleas, e idéntico orangután, aunque el simio encargado de dar vida a Clyde no era el mismo que en la anterior entrega, pues éste había engordado demasiado (sic). Una vez más, el peludo intérprete se convierte en lo mejor de una función aburrida y previsible.

El argumento de ‘La gran pelea’ es mínimo. Philo Beddoe (Eastwood) está retirado de las peleas ilegales, hasta que la mafia organiza una en la que se verá obligado a participar por la cantidad ingente de dinero que hay en juego, y porque supondría el perfecto broche de oro a todas sus peleas. Evidentemente, la policía no le pondrá las cosas fáciles, ni la mítica banda de motoristas palurdos que se la tienen jurada a Beddoe. Menos mal que está Clyde para solucionar las cosas, y amenizar en la medida de lo posible la vida al sufrido espectador.

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Y es que ‘La gran pelea’ es una película que no hay por donde cogerla. Su humor chusco, sus reiteradas situaciones, muchas un calco de las presentadas en la primera película, no interesan ni lo más mínimo, y cuesta bastante ver metido a Eastwood en la piel de un pueblerino experto lanzador de puños y buenazo de corazón. Pero la pasta manda en este caso, el film se hizo para recaudar dinero, y sin llegar a los límites de ‘Duro de pelar’, recaudó lo suficiente para seguir salvaguardando la imagen de Eastwood como actor taquillero.

‘La gran pelea’ es una película próxima al cartoon, un dibujos animados pero sin gracia, aunque lo intenta sobradas veces. Al respecto, cabe citar a la banda de motoristas, parodia de los Ángeles del infierno, que se la pegan una y otra vez persiguiendo a Beddoe sin resultado alguno. Escenas como la del alquitrán pueden provocar cierta gracia, y también cierto rechazo. Las monadas del orangután se limitan a dejar un buen montón de heces en los asientos de los coches patrulla de la policía. Las peleas son eso, peleas, en la mayor parte bien planificadas, pero quizá demasiado largas, y siguiendo la tónica general del film, repetitivas.

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El título español hace referencia a la larguísima secuencia final, en la que Beddoe se lía a puñetazos con Jack Wilson, interpretado por William Falconetti Smith, cuya relación está basada en el respeto mutuo, pero hay que demostrar quién de los dos es mejor luchador. Dicha pelea parece, o es, un homenaje a la que transcurre en ‘El hombre tranquilo’ (‘The Quiet Man’, John Ford, 1952), pero evidentemente las comparaciones son odiosas, y ésta no las resiste, ya sea porque no es tan divertida, o tan esperada por el espectador (da igual que por los personajes sí), o por el carisma de los actores, que aunque compenetrados no llegan a los niveles de John Wayne y Victor McLaglen. En cualquier cosa el homenaje es un bonito detalle, sin más.

Eastwood volvía a demostrar buen feeling con su compañera en la vida real, Sondra Locke, lo que dicen costó 20 años de amistad con Robert Daley, quien no veía con buenos ojos dicha relación, o al menos eso es lo que aseguran las malas lenguas. Sea como fuere, ‘La gran pelea’ supuso el fin de la relación de Eastwood con Daley, quien además no estaba de acuerdo en cómo se llevaban las cosas en la Malpaso. No obstante, éste es un dato que nada tiene que ver con la calidad de la película, que no es un bodrio, pero poco le falta. Pueden salvarse en ella, pequeños apuntes, como un intento de mirada nostálgica sobre sus personajes, y cómo no, un excelente gusto musical por parte de Eastwood, quien aquí se atreve a hacer un dúo con el mismísimo Ray Charles (ya hablaremos en su momento del documental que Eastwood dirigió sobre él) con una canción titulada ‘Beers to you’, ideal para cantar en los bares. En el film también aparece brevemente Fats Domino, lo que hará las delicias de unos cuantos, servidor incluido.

Os dejo aquí los títulos de crédito iniciales del film, en los que precisamente suena la canción citada, de lo mejor de una mala película que nada añadía a la carrera de Eastwood a no ser unos cuantos ceros más en su cuenta bancaria. Pronto seguiría desconcertando al personal con un film de espionaje que intenta darse la mano con la Sci-Fi.

Especial Clint Eastwood en Blogdecine:

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<![CDATA[Clint Eastwood: 'Fuga de Alcatraz']]> http://www.blogdecine.com/default/clint-eastwood-fuga-de-alcatraz http://www.blogdecine.com/default/clint-eastwood-fuga-de-alcatraz Wed, 08 Jul 2009 18:19:23 +0000 seleccionado por ramhh escape-from-alcatraz-1.jpg

Tras el exitazo de ‘Duro de pelar’ (una de las películas más accesibles y menos complicadas de todas cuantas protagonizó Clint Eastwood), el actor volvió a verse con Don Siegel, amigo y mentor, en ‘Fuga de Alcatraz’, film de un denominado subgénero carcelario, película en la que ambos alcanzaron una de las cumbres de sus respectivas carreras. Hacía 8 años (estamos en 1979) que Eastwood y Siegel no coincidían profesionalmente, muy probablemente porque el alumno había cogido ventaja al maestro y Siegel realmente ya no estaba para muchos trotes. Estamos hablando de la última gran película de Siegel, tras la cual hizo las menores ‘Golpe audaz’ y ‘Jinxed!’ (de la que os hablaré en el especial de Sam Peckinpah, ya que le ayudó a dirigirla).

Richard Tuggle adaptó el libro de J. Campbell Bruce, en el que se narraba la famosa fuga por parte de tres hombres de la prisión más segura de los Estados Unidos: Alcatraz, la cual ha sido elevada a la categoría de mito gracias sobre todo al cine. Basado pues, en hechos reales, el guión se centra sobre todo en la fuga en sí; Tuggle estaba convencido de que el actor idóneo para dar vida al cerebro del plan (Frank Lee Morris) era Eastwood, y cuando Siegel leyó el guión llegó a la misma conclusión, por lo que no le fue demasiado difícil convencer a su amigo de que interpretase el papel principal.

El libreto de ‘Fuga de Alcatraz’ es uno de los más elaborados de la década de los 70, un guión que podríamos calificar como perfecto. Con pocos elementos se construye toda una odisea que además de describir al detalle todo un laborioso plan para escaparse de la prisión, nos describe como pocos a una serie de personajes de lo más fascinante, entre los que sobresale el central, Frank Lee Morris, prácticamente una leyenda. En la Paramount (Eastwood y Siegel trataron con ellos porque consideraban mala la promoción que la Universal había dado a las anteriores películas producidas por la Malpaso) querían que en el prólogo se explicase todo el pasado de Morris, algo a lo que Siegel se negó en redondo. El experto director (recordemos, uno de los mejores narradores que ha parido el cine, así de claro) explicó que cuantos más detalles se den de un personaje, cuanto más se trate de definirle psicológicamente, menos fuerza tendrá, más irreal será. Dejar al espectador el imaginarse cosas, gracias a la sutileza, es una decisión mucho mejor, y ésta es precisamente una de las principales características de Eastwood como director: la sutileza. En ese aspecto, ‘Fuga de Alcatraz’ es toda una lección de cine.

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El inicio no puede ser más sugerente. En una noche lluviosa, fotografiada magistralmente por Bruce Surtess (grande entre los grandes), se narra la llegada de Morris a la prisión, cual figura fantasmal que llega de otro mundo para permanecer de por vida en un lugar en el que la libertad sólo es un sueño. Su imperturbable silencio define a Morris como alguien parco en palabras, reservado y con un toque de misterio. Más tarde, en su primera charla con el alcaide (excelente Patrick McGoohan), descubrimos por la ficha que éste tiene en su despacho, que Morris posee un coeficiente de inteligencia superior, detalle que se nos desvela justo después de darnos cuenta de que uno de los cortauñas que el alcaide tenía en su mesa ha desaparecido; al plano siguiente, Morris lo está utilizando en su celda escondiéndolo en el tacón de su zapato. El personaje queda así lo suficientemente definido: observador y callado. El resto queda a la imaginación del público, cuando poco a poco se nos va desvelando algo más de su personalidad, siempre con esa sutileza antes mencionada.

Ahí está la famosa conversación entre Morris y English (Paul Benjamin), el jefe de los reclusos negros, sentado en lo alto de las gradas del patio (las cuales señalan la jerarquía de la minoría negra en la prisión). English le recrimina a Morris el no haberse sentado a su lado, creyendo que es porque tiene miedo o simplemente odia a los negros; Morris sentándose casi pegado a él le espeta que realmente odia a los negros, ganándose al instante la simpatía de English. Morris es duro cuando tiene que serlo (el preso que lo elige como juguete sexual), pero también hace cosas que le alejan de esa dureza (se lleva en su fuga al ratón/mascota de un compañero fallecido, o se interesa por el estado de un preso al que le han retirado su derecho a pintar). Así pues, es un personaje que entra de lleno en la iconografía del propio Eastwood. Tuggle no se equivocaba cuando decía que satisfaría por completo a los seguidores del actor.

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Don Siegel se inspiró en parte en ‘La evasión’, la obra maestra de Jacques Becker de la que os hablaba hace unos días, sobre todo en la exposición del plan de fuga, donde todo está explicado al mínimo detalle con un realismo casi aterrador. Al igual que en el film de Becker, Siegel filma siempre en el interior de la prisión, pero se arriesga con éxito en el inicio, con esa llegada de Morris desde el exterior, un exterior oscuro, indefinido, como si fuera de los muros de la prisión no hubiese absolutamente nada. También en las escenas del patio puede verse en el horizonte la línea de una San Francisco difícil de alcanzar, y que representa la libertad. El resto del tiempo, Siegel nos hace sentir la claustrofobia de una prisión que se cerró al poco del primer intento de fuga con supuesto éxito. La película se rodó en la verdadera Alcatraz, por lo que la sensación de realismo no puede alcanzar cotas más altas, aparte de que Siegel opta a veces por un tono casi documental en lo que se refiere a la fuga en sí. Además los hechos ocurrieron en la vida real, sin que nunca se supiese si Morris y sus dos acompañantes (había un cuarto hombre que no se atrevió a irse con ellos) tuvieron éxito, simplemente no encontraron sus cuerpos. Siegel deja a manos del espectador el decidirlo, otro de sus aciertos.

‘Fuga de Alcatraz’ es una película en la que los gestos cobran una vital importancia, mucho más que las acciones en sí. Eso puede apreciarse sobre todo en el personaje central, uno de los mejores que han podido caer en manos de Eastwood actor, observemos los pequeños detalles alrededor de su persona en instantes como el del despacho del alcaide, lo cuidadosamente que lleva a cabo su plan de evasión, la forma de tratar a su compañeros, a los guardianes. En definitiva, Morris es uno de esos personajes caramelo, mimado en el guión por Tuggle, y filmado por Siegel con mucho cariño. El carisma de Eastwood hace el resto, añadir que esta película es una en las que mejor está utilizado el rostro del actor.

Dentro del subgénero carcelario, ‘Fuga de Alcatraz’ es una de las mejores películas jamás realizadas, una obra maestra que funciona como un mecanismo de relojería, con precisión. Personajes interesantes y una historia apasionante en la que no falta un uso del suspense que nada tiene que envidiar a Hitchcock, llenan un trabajo impecable en todos los aspectos, el último gran salto canto de cisne de Don Siegel. Fue un éxito, y la crítica la recibió con los brazos abiertos. Al año siguiente, Eastwood se embarcaría en uno de sus proyectos más personales, las aventuras de un pequeño circo, de claro sabor crepuscular, una de esas películas que hacía porque le interesaban de verdad, aunque económicamente no le reportaran demasiado.

Especial Clint Eastwood en Blogdecine:

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<![CDATA[Clint Eastwood: 'Duro de pelar']]> http://www.blogdecine.com/default/clint-eastwood-duro-de-pelar http://www.blogdecine.com/default/clint-eastwood-duro-de-pelar Mon, 29 Jun 2009 13:44:59 +0000 seleccionado por ramhh duro-de-pelar-1.jpg

‘Duro de pelar’ es el delirante título que obtuvo en nuestro país ‘Every Which Way But Loose’, título tomado de la canción interpretada por Eddie Rabbitt, y que suena en el film en un par de ocasiones, mucho más acorde con lo que la historia narra, que hace tener una idea del film más simple de lo que ya es. Todos en Malpaso recomendaron a Clint Eastwood no hacer una película cuya calidad se mide por los pocos aciertos que tiene, aunque puede ser vista como una agradable comedia sin ningún tipo de pretensión más allá de lo que es.

Eastwood desoyó todo consejo al respecto, y demostró tener una visión comercial fuera de lo común. El guión de ‘Duro de pelar’ fue rechazado nada más y nada menos que 46 veces, y el actor elegido para el proyecto era Burt Reynolds, a quien Eastwood se le adelantó y se lo robó. El resultado fue la películas más taquillera en la carrera de Eastwood, para sorpresa de propios y extraños. También fue la primera película del actor que obtuvo una calificación para todos los públicos, ya que hasta entonces sus films casi siempre obtenían la calificación R, la cual se aplicaba a películas con contenido violento.

‘Duro de pelar’ narra la historia de Philo Beddoe, camionero que en sus ratos libres se dedica a participar en peleas callejeras ilegales. Acompañado por su amigo y compañero, Orville Boggs, su vida se reduce a trabajar, beber de bar en bar y de vez en cuando meterse en espectaculares peleas. Una premisa que no se desarrolla mucho más. Para que la película tenga una duración considerable, la trama contiene pequeñas subtramas en las que el protagonista se enamora, se mete en líos con una pandilla de motoristas (parodia de los míticos Ángeles del infierno) y tiene que esquivar a un policía con el que se ha peleado y se la tiene jurada.

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Lo cierto es que ‘Duro de pelar’ es una película que se disfruta sin ningún tipo de sobresalto en su desarrollo. Un guión de lo más simple cuyo mayor acierto (y eso no quiere decir mucho) son los pequeños detalles que sobre todo visten a los secundarios, personajes algunos de ellos más interesantes que los principales. Moviéndose siempre en el terreno de la comedia (género por el que Eastwood decidió hacer el film), todo es retratado con un punto cómico. Los presumidos y bravucones motoristas no tienen nada de temibles, más bien son el hazmerreír allá por donde pasan. Ma, madre del compañero de Eastwood, que siempre protesta por las trastadas del orangután Clyde (que Philo ganó en una pelea y del que nunca se separa) vivirá una curiosa experiencia con la renovación del carnet de conducir. La relación entre Orville y Echo, mujer a la que se encuentran en su recorrido y decide unirse a ellos. Los policías que tratan inútilmente de dar caza a Philo. Todos ellos forman el universo que rodea a un personaje que no se aleja de la imagen típica de Eastwood, aunque esta vez suavizado para llegar a un máximo número de espectadores.

Aunque la película está adornada con pequeños detalles, como el excelente uso de una serie de canciones country, elegidas por el propio Eastwood demostrando tener un refinado gusto musical, y a pesar de su simpleza lograr un ritmo decente en la narración (tal vez la única razón por la que el film no se haga insoportable), lo cierto es que el resto está bañado con toques de un humor demasiado grueso. Situaciones como la de la dentadura postiza, los chistes alrededor del orangután, los enfrentamientos con los motoristas, etc. son de una simpleza que asusta. Y el único apunte salvable es que ningún personaje en la película cae mal al espectador, lo que se logra gracias a las interpretaciones de un reparto que, lejos de lucirse, al menos se creen lo que están haciendo. Eastwood explora su sentido del humor, además de lucir un excelente estado físico a sus 48 años, y presumiendo de ser un magnífico lanzador de puños (fue asesorado por un antiguo entrenador, Al Silvani, que se convirtió en asesor de Hollywood, entrenando a gente como Sylvester Stallone para ‘Rocky’), y demuestra tener una química perfecta con la extraña Sondra Locke, quien por aquel entonces comenzaba su relación con Eastwood, lo que incluso llevó al actor de ‘Harry el sucio’ a tener problemas con un socio que no veía bien la relación de Sondra con Eastwood, quien aún estaba casado con Maggie Johnson.

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Geoffrey Lewis, que se convertiría en uno de los actores con los que más trabajaría Eastwood (ya había coincidido con él en ‘Un botín de 500.000 dólares’), da vida a Orville, amigo íntimo de Philo, que siempre le consigue peleas, viviendo un poco a su costa en lo que a tomar decisiones se refiere. El actor cumple a la perfección con un personaje demasiado plano, logrando un carisma interpretativo que en manos de otro ni habría. Y lo mismo puede decirse del resto de actores; desde los ya conocidos en el cine de Eastwood, como Bill McKinney o John Quade, hasta la mítica Ruth Gordon, cuya aparición es más un homenaje de Eastwood al cine clásico que otra cosa.

Un crítico de la época vio en ‘Duro de pelar’ una especie de remake para todos los públicos de la anterior película de Eastwood actor, ‘Ruta suicida’ (film que se salva por la excelente labor del actor tras las cámaras), y lo cierto es que la comparación no es tan descabellada, al menos en los puntos que estructuran el ¿guión?. Tenemos a un Eastwood igual de bobalicón e ingenuo, tenemos a una mujer de armas tomar, y hasta una pandilla de motoristas, todo evidentemente suavizado con un humor que hace gracia sólo en muy determinados momentos. Al menos se atrevieron a finalizar la película con un falso final feliz, subrayando el hecho de que a Eastwood le gustan los antihéroes. Es muy probable que el actor supiese que volverían a estos personajes dos años más tarde (‘Duro de pelar’ fue la película más taquillera de 1978, sólo por debajo de ‘Supermán’ de Richard Donner) con una continuación que cerraba la historia, y que es de lo más insoportable que ha realizado Eastwood como actor en toda su carrera.

Pero antes de eso hablaremos de una de las fugas carcelarias más minuciosas y emocionantes que ha dado el cine en toda su existencia, y que supuso el último reencuentro entre Eastwood y su amigo y mentor Don Siegel.

Especial Clint Eastwood en Blogdecine:

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<![CDATA[Clint Eastwood: 'Ruta suicida']]> http://www.blogdecine.com/default/clint-eastwood-ruta-suicida http://www.blogdecine.com/default/clint-eastwood-ruta-suicida Fri, 26 Jun 2009 09:56:56 +0000 seleccionado por ramhh the-gauntlet-1.jpg

‘Ruta suicida’ es el espectacular título que recibió en nuestro país ‘The Gauntlet’, cuya traducción sería algo así como “arrojar el guante” o “desafío”, o también un término militar denominado “guerra de bastones”, que tiene su origen en las prácticas de los indios americanos que hacía pasar a sus prisioneros por un pasillo de guerreros armados con hachas. Si el prisionero terminaba el pasillo con la cabeza alta se le consideraba alguien con valentía. Esto enlaza con la famosa secuencia final de la película, y cómo no, es un elemento de western, género al que Eastwood estará ligado eternamente.

‘Ruta suicida’ llegó a la Malpaso casi de rebote. En un principio la Warner había adquirido los derechos para que la protagonizasen Barbra Streisand y Clint Eastwood, a quien le apetecía rodarla (sería su sexta película como director), pero no veía con buenos ojos a su compañera de reparto. Al respecto, Eastwood bromeó alguna vez alegando que temía que en cualquier momento la actriz se pusiese a cantar en un film tan violento. Fue precisamente esa violencia la que hizo que Streisand se apartase del proyecto, siendo sustituida por Sondra Locke, quien consiguió una de sus mejores interpretaciones, además de poseer una extraordinaria química con Eastwood, por aquel entonces compañero sentimental de la actriz.

Clint Eastwood da vida a Ben Shockley, un policía de poca monta que recibe la misión de llevar a una prostituta (Gus Molly), testigo de un juicio, desde Las Vegas a Phoenix. Lo que en principio parece una misión más sin importancia alguna, se va convirtiendo en una auténtica pesadilla para Schockley y su acompañante, más importante de lo que le dijeron. Una historia simple en su línea central, quizá demasiado simple, pero rica en matices, pequeños detalles muy reveladores e interesantes, que en su momento supusieron en cierto modo una innovación en el thriller. El guión corresponde a Dennis Shryack y Michael Butler, que en 1985 ofrecerían dos nuevos libretos a Eastwood, aceptando éste uno de ellos (‘El jinete pálido’), y rechazando el otro que sería protagonizado por Chuck Norris (‘Código de silencio’).

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‘Ruta suicida’ podría ser considerada, sólo en parte, como heredera directa de los films de Harry Callahan (hasta ese momento Eastwood le había dado vida tres veces). Sin embargo, Ben Shockley es un personaje totalmente opuesto a Callahan. Para empezar es un borracho empedernido, desaliñado, que ha perdido toda esperanza de formar una familia o resolver en su carrera policial un caso verdaderamente importante que le reporte fama y prestigio. Ahora sólo sueña con cumplir su tiempo de servicio y jubilarse como buenamente puede para perderse en el olvido. Shockley además es tonto, torpe e ingenuo, no se da cuenta de la evidente trampa que le han tendido (el espectador se lo huele desde el primer momento, y la prostituta no hace más que advertirle de ello, hasta hay apuestas sobre si lo conseguirán o no). Cuando se da cuenta de que todo el mundo a su alrededor está asquerosamente podrido (salvo honrosas excepciones) es cuando estalla, y decide hacer algo por poner en evidencia las mentiras de la burocracia, y la corrupción del estamento policial, algo que sí le empareja con Callahan.

Eastwood realiza una especie de road movie (ese tortuoso viaje de los dos personajes centrales atravesando peligros mil y conociéndose el uno al otro), no exenta de elementos de puro western. No en vano, parte de la acción transcurre en grandes espacios, algo desérticos, cambiando el caballo por una moto. También hablamos de un film muy violento, tanto en los diálogos como en la acción de la historia, siendo lo más recordable los tres espectaculares tiroteos por los que Eastwood fue fuertemente criticado, acusado de exponer violencia de forma gratuita. Sin embargo, nada más lejos de la realidad. El primer tiroteo, el de una pequeña casa en la que los protagonistas se refugian, y que termina literalmente derrumbada, está inspirada en un hecho real en el que sucedió exactamente lo mismo (el secuestro de Patty Hearst), y Walter Hill la reproduciría para su inspirada ‘Forajidos de leyenda’ (‘The Long Riders’, 1980). El segundo, el de un coche de policía sirve como punto de inflexión en el relato, policías con rostro desconocido (la noche ayuda en el anonimato), dado que a partir de ahí Shockley sale de su estrechez mental. El último ocurrido en Phoenix, prodigiosamente filmado es una exagerada alegoría sobre el estamento policial (“A los policías se les paga por disparar, no por pensar”, sentencia en dicho momento un personaje), culminando en la secuencia final con cuatro de los personajes rodeados por un montón de policías que no entienden qué narices está pasando, reflejo de lo perdido y tambaleante que está el cuerpo policial.

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El personaje femenino tiene una fuerte presencia en la trama, más allá de ser una mera puta que puede poner en jaque a altos estamentos que antaño pidieron sus servicios. Con ella, Eastwood derrumba buena parte de los convencionalismos machistas que había en este tipo de cine. Sirva como ejemplo, la excelente secuencia en la que secuestran el coche de un policía con éste dentro, y Molly responde con ingenio a los comentarios machistas del oficial, comparando las profesiones de prostituta con la de policía. Molly es como Shockley (otro antihéore más en la carrera de Eastwood), una perdedora que no sabe cómo abandonar la vida que lleva. Su relación con su “protector” va enriqueciéndose con matices inteligentemente expuestos a lo largo de la trama. Tras la confesión íntima de Shockley (sensacional Eastwood como actor en ese momento), se da cuenta de que ambos son iguales, y a ella le enternece la torpeza e ingenuidad de él. La secuencia en la que ella llama por teléfono para apostar dinero a que Molly lo logrará es la forma de decirle a Shockley que se está enamorando de él.

‘Ruta suicida’ fue la película más cara hasta el momento de la Malpaso. Escenas como las de los tiroteos (sobre todo el final), o la explosión de un helicóptero que choca contra unos cables de alta tensión, encarecieron el rodaje, aunque dichas secuencias quedaron perfectas en pantalla. La persecución de Shockley y Molly a bordo de una moto por parte del mencionado helicóptero es una lección de planificación y de cómo enmarcar el paisaje, logrando la sensación de peligro en todo momento. Gracias a la puesta en escena de Eastwood (aún así con un fallo: la fotografía obra de Rexford Metz, sólo brillante en un par de momentos), y los matices que enriquecen una historia muy convencional, ‘Ruta suicida’ es un entretenimiento de primera, que cuenta además con excelentes interpretaciones de todo su reparto, desde Eastwood y Locke hasta un William Prince que compone un personaje extraño, que no puede ocultar su perversión, pasando por Pat Hingle, Michael Cavanaugh, Doug McGrath o Bill McKinney, habituales en el cine de Eastwood. Al año siguiente, probaría las mieles de un supertaquillazo inesperado con una comedia en la que un orangután prácticamente le robaría el protagonismo.

Especial Clint Eastwood en Blogdecine:

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<![CDATA[Clint Eastwood: 'El fuera de la ley']]> http://www.blogdecine.com/default/clint-eastwood-el-fuera-de-la-ley http://www.blogdecine.com/default/clint-eastwood-el-fuera-de-la-ley Thu, 18 Jun 2009 08:34:40 +0000 seleccionado por ramhh josey-wales-1.jpg

‘El fuera de la ley’ (‘The Outlaw Josey Wales’) es la quinta película como director de Clint Eastwood, cuyo guión fue escrito por Philip Kaufman, a quien el actor le encargó la tarea para dirigirla. Así fue durante la primera semana de rodaje, pero pronto empezaron las discrepancias entre Kaufman y Eastwood, sus visiones del proyecto no coincidían y el actor de ‘Harry el sucio’ ejerciendo su poder de productor no dudó en despedir a Kaufman, tomando las riendas del proyecto. Eastwood declaró al respecto que tal vez la visión de Kaufman fuera mejor, pero no era la suya, toda una declaración de principios por parte de alguien que tiene las ideas muy claras a la hora de dirigir una película.

Desde luego, visionando ‘El fuera de la ley’ uno llega a esa conclusión, pues Eastwood alcanza aquí una de sus cotas más altas en su trayectoria como director (también como actor), una obra monumental en la que están presentes todas las constantes de su cine, y el logro es aún mayor cuando en aquellos años (estamos en 1976) el western no se encontraba precisamente en su punto más álgido, sino todo lo contrario. Eastwood le devolvió su épica, añadiendo un fuerte carácter nihilista, con un tratamiento de la violencia terrible, casi inaguantable. Eastwood en estado puro.

‘El fuera de la ley’ narra la historia de Josey Wales, un granjero del sur que sufre en sus carnes las devastadoras consecuencias de la Guerra Civil, después de presenciar como un grupo denominado Los botas rojas asesinaban a su familia y a él le daban por muerto. Pronto no pensará más que en reclamar venganza, uniéndose a un pequeño grupo de rebeldes del sur, que en su desesperación por estar perdiendo la guerra, intentan no darse por vencidos, resistiéndose a creer lo evidente. En un intento de rendirse al enemigo, son traicionados y la mayor parte asesinados, siendo únicamente Wales y un joven con ganas de destacar, los únicos que se darán a la fuga, mientras se reúne un grupo para cazarlos. La cabeza de Josey Wales ahora tiene un precio.

‘El fuera de la ley’ es un relato uniforme en el que se pueden apreciar distintos bloques. El inicio, mientras desfilan tomándose su tiempo los títulos de crédito, no puede ser más descriptivo. Wales no puede impedir el asesinato de su familia, tras enterrarlos aquél practica con un revólver (escena que repetiría en la posterior y laureada ‘Sin perdón’), y tras un manejo de la elipsis absolutamente inaudito (no sabemos cuánto tiempo transcurre), Eastwood filma uno de los mejores planos de su carrera: ése en el que en lo alto de una pequeña colina, sentado ante las tumbas de su familia, detrás de él van surgiendo como fantasmas el pequeño grupo de renegados a los que se unirá. El rostro de Wales ya no es el de un padre de familia, su mirada no es de este mundo. Una estúpida guerra le ha quitado todo lo que tenía.

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La película refleja perfectamente el estado de ánimo del pueblo americano tras haber perdido la Guerra de Vietnam. Eastwood es del sur, al igual que su personaje, pero su visión no es criticar al enemigo, sino reflejar la decepción general de un pueblo vencido, al menos tangencialmente. En cierto momento su personaje sentencia que todos los hombres pueden vivir en paz sin pelearse, una triste utopía que no hace más que apoyar esa decepción, y al mismo tiempo la demuestra reuniendo a lo largo de su viaje a distintas personas procedentes de diversos lugares, con los que se asentará en un lugar casi aislado, idílico y perfecto para todos ellos, que sólo buscan vivir en paz.

Los personajes que van apareciendo a lo largo del periplo de Wales determinan los distintos bloques mencionados, con el valor añadido de que Eastwood, en lo que es un prodigio de fluidez narrativa, los englosa perfectamente en un único bloque. A través de ellos se dibuja también la personalidad de Wales, y su personaje evoluciona psicológicamente. Sam Bottons, fallecido el pasado mes de diciembre, inolvidable protagonista de ‘La última película’ (‘The Last Picture Show’) con la que debutó en el cine, da vida al joven acompañante de Wales, representa al joven idealista y rebelde, la víctima joven que toda guerra se lleva injustamente. Su valor le lleva incluso en sus últimos suspiros de vida, a ayudar a Wales a salvarse de dos bandidos que les tienen atrapados. Chief Dan George (visto en otro western mítico, ‘Pequeño gran hombre’ de Arthur Penn) da vida a Lobo solitario, el carismático indio que se encuentra Wales y con el que establece una relación de amistad de lo más curiosa, llena de un feeling pocas veces visto en una película, proporcionando los momentos de humor del film, casi todos gracias a la impresionante interpretación del actor nativo americano, con quien Eastwood tuvo que estar muy atento y cuidadoso, pues se olvidaba continuamente de los diálogos. En los westerns protagonizados por Eastwod la figura del indio, o no aparecía, o era tratada con sumo respeto, tal y como sucede en ‘El fuera de la ley’, donde hace acto de presencia otro actor de origen nativo, Will Simpson, dando vida a un jefe indio con el que Wales hace un pacto de honor para poder convivir en el mismo territorio, un acuerdo por encima de toda ley, de todo gobierno, firmado con la sangre del hombre común, lo único que debería tener un auténtico valor.

Sondra Locke, futura compañera sentimental de Eastwood, aparece aquí por vez primera en una de las películas del director. Su personaje, de aspecto virginal y morboso, hace pensar a Wales en otra cosa que no sea la venganza, haciéndole recordar que una vez tenía una familia, y que las sensaciones de dicho recuerdo son agradables. John Vernon (el alcalde en ‘Harry el sucio’) da vida a Fletcher, compañero que Wales que se ve sin querer obligado a traicionarle y después perseguirle. De connotaciones de los films de Peckinpah, esta relación de amistad rota es otra de la pautas del relato, teniendo su desenlace en los momentos finales tras la consumación por parte de Wales de su venganza, cuando Fletcher simula no conocerle remidiéndose de su error. En personajes aún más secundarios, encontramos a John Quade y Bill McKinney, que seguirían trabajando con Eastwood en más de sus películas.

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El personaje de Eastwood parece una prolongación de los que hizo para Sergio Leone, con cambios sustanciales. Esta vez su nombre es muy pronunciado y conocemos su pasado. Pero al mismo tiempo, Wales es, en tradición con los personajes de Eastwood, un antihéroe. Su sentido de la justicia le empareja con Harry Callahan, alguien que está por encima de toda ideología, obligado a utilizar la violencia con tal de hacer cumplir la ley. Su desacuerdo con toda la hipocresía que le rodea queda reflejado en su huraño comportamiento hacia todos los que le rodean (Wales ha perdido la esperanza en buena parte del ser humano); escupe continuamente su tabaco contra sus víctimas, a la chaqueta de un hombre que intenta timarle con un brebaje, incluso a un fiel perro que le acompaña a todos lados y responde a sus escupitajos con gruñidos.

En la progresión dramática de ‘El fuera de la ley’ no faltan los momentos violentos, que casi siempre resuelven la tensión que se acumula en ciertas partes de la película. Una violencia que avanza in crescendo, y filmada por Eastwood con mucha más sobriedad y sequedad de lo que Leone lo hizo en la trilogía del dólar. Los tiroteos del principio, el enfrentamiento a dos hombres en una sucia cantina, el duelo con cuatro jóvenes soldados del norte, o la escena en la que mata al líder de Las botas rojas como culminación de su venganza. Una escena llena de matices, como por ejemplo ir jalando sus revólveres contra su adversario mientras lo acorrala y le clava su propia espada. Wales ha terminado su trabajo y su extraño parpadeo es como si despertara de un trance.

‘El fuera de la ley’ es una de las mejores película de Clint Eastwood en su doble faceta. Su puesta en escena, deudora de Siegel y Leone, incluso del Anthony Mann que se preocupaba de enmarcar el paisaje en la historia, es de lo más concisa y directa. Bruce Surtess, que cristalizó las inquietudes del director en cuanto a iluminación (abriendo un camino más tarde explorado por sus sucesores), realiza un trabajo impecable. Jerry Fielding, que compuso varias de las bandas sonoras de las películas de Sam Peckinpah, inicia aquí su pequeña trayectoria en el cine de Eastwood con un trabajo que obtuvo una nominación al Oscar, la única que consiguió la película aquel año.

Muy machacada por la crítica en su momento (de público fue un éxito más bien modesto), hoy emerge como una de las obras maestras de su autor, llena de poesía, de un lirismo apenas perceptible pero que subyace en cada plano, en cada secuencia. Tras su rodaje, Eastwood se tomó un descanso de sus tareas de director, interpretando ese mismo año una nueva entrega de las andanzas de Harry Callahan, en un rodaje mucho más ligero. De ella hablaremos en el siguiente post del especial.

Especial Clint Eastwood en Blogdecine:

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<![CDATA[Clint Eastwood: 'Harry el ejecutor']]> http://www.blogdecine.com/default/clint-eastwood-harry-el-ejecutor http://www.blogdecine.com/default/clint-eastwood-harry-el-ejecutor Mon, 22 Jun 2009 18:59:32 +0000 seleccionado por ramhh the-enforcer-1.jpg

‘Harry el sucio’ (‘Dirty Harry’, Don Siegel, 1971) y Harry el fuerte’ (‘Magnum Force’, Ted Post, 1973) fueron sendos éxitos de taquilla, y la intención de hacer una saga que se prolongaría hasta una quinta entrega, no existía. Gail Morgan Hickamn y S.W. Schurr fueron los autores del guión original, el cual no sabían cómo hacérselo llegar a Clint Eastwood para que lo leyera, hasta que se les ocurrió llevarlo a un restaurante propiedad del actor, en Carmel. Se lo entregaron al cocinero y éste se lo pasó a Eastwood, quien quedó completamente convencido de la historia, poniéndose enseguida manos a la obra.

‘Harry el ejecutor’, cuyo título original es ‘The enforcer’, iba a titularse en un principio ‘Dirty Harry III’, o sea ‘Harry el sucio 3’, cambiando muy convenientemente al indicado, que curiosamente proporcionó que Eastwood fuese demandado por plagio cuatro años más tarde, acusado por un escritor de haber copiado el título de una de sus obras. En realidad, Eastwood se inspiró en el clásico film protagonizado por Humphrey Bogart, el excelente film de Raoul Walsh que en nuestro país recibió el título de ‘Sin conciencia’, y cuyos derechos eran propiedad de la Warner, precisamente distribuidora y coproductora de ‘Harry el ejecutor’. Evidentemente, el caso fue desestimado.

La historia de ‘Harry el ejecutor’ es de lo más simple. Un grupo de terroristas amenazan con hacerlo volar todo por los aires si no se cumplen sus demandas. Evidentemente, Harry Callahan, que sigue poniendo de los nervios a sus superiores por sus métodos poco ortodoxos, será el encargado de atraparlos, aunque para ello tenga que poner patas arriba toda la ciudad de San Francisco, y tener que aguantar a su nuevo compañero, una mujer recién salida de la escuela de oficiales.

El esquema de la película es idéntica al de las anteriores. Se empieza mostrando un acto brutal por parte de los malvados de la película, para acto seguido, mostrar a Callahan en sus quehaceres diarios como Inspector de policía, resolviendo un atraco a una licorería, en la cual provoca unos cuantos destrozos con el fin de que los atracadores no se salgan con la suya. Sus superiores no aprobarán dichas formas, y Callahan se verá relegado a ser supervisor de futuros inspectores. En este tramo sale a relucir la decepción de Callahan hacia el sistema, que en este caso no duda en lanzar a la calle policías inexpertos. El carácter misógino del personaje se acentúa cuando tiene que evaluar a una mujer, que más tarde será su compañera. Opinión que irá cambiando cuando Callahan compruebe que su nueva compañera es más dura y efectiva de lo que piensa; y ella descubra que su misoginia es en realidad una máscara con la que oculta su frustración por haber perdido ya a varios compañeros.

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A partir de ahí se narran los esfuerzos de Callahan y su compañera por atrapar a los terroristas, los cuales terminan secuestrando al alcalde de la ciudad (que representa toda le memez gubernamental que Callahan tanto desprecia), teniendo el clímax final en la isla de Alcatraz (Eastwood volvería años más tarde a ella de la mano de Don Siegel). Una progresión lógica, y hasta previsible, que en su recorrido no está exento de algunos toques de humor. Baste citar las secuencias de las pruebas del bazooka, o la persecución de un delincuente por parte de Callahan en la que atraviesan literalmente el rodaje de una película porno, algo prohibido en aquellos años. La violencia sigue siendo uno de los principales elementos del film, una violencia descarnada, dura y concisa, muy bien mostrada por James Fargo, colaborador de Eastwood en varios de los rodajes de la Malpaso, y que aquí dio el gran salto a la dirección, consiguiendo el que muy probablemente sea el mejor trabajo de su mediocre carrera como director (en su filmografía “destacan” el peñazo de ‘Caravanas’ o cierto film con Chuck Norris cuyo título español no recuerdo).

Curiosamente la puesta en escena de Fargo es más inspirada de lo esperado, superior a la de Ted Post en el film anterior. Fargo se las ingenia para solventar con su cámara las deficiencias de un guión bastante esquemático. Sugerentes movimientos de cámara, cuidada planificación dotan al film de un ritmo realmente envidiable (aprende, Michael Bay), aunque el film se resiente por culpa del mencionado guión, plano y exponiendo elementos en los que luego no profundiza, como por ejemplo, el dibujo de los terroristas; éstos son presentados como unos seres desalmados, pero cuyas motivaciones se nos escapan, parecen más bien una pandilla de lunáticos (algo que también hubiera estado bien para desarrollar) a los que sólo les interesa hacer el mal. Aún así ‘Harry el ejecutor’ fue una de las primeras películas en las que se introdujo el elemento del terrorista interno, los ecos de Vietnam están bien presentes en ese detalle del guión.

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Eastwood, que esta vez no tuvo que desempeñar labores tras las cámaras (aunque es muy probable que siguiera de cerca el trabajo de Fargo), da lo que se espera de él cuando interpreta a Harry Callahan, al que da vida con su habitual solidez, y con la ventaja de conocerlo muy bien, lo matiza hasta la perfección. A su lado, en unos de sus primeros papeles para el cine, Tyne Daly, que da vida a la compañera de Callahan. Daly no era ninguna belleza y correspondía a los patrones que por aquel entonces tenía la mujer luchadora (eran tiempos en los que la igualdad de sexos era un tema de lo más candente, pues empezaba a dar pasos de gigante), y logra dar la réplica a Eastwood, con un personaje muy rico, alguien que logra entender la política de Callahan y sabe que no se equivoca, estableciéndose una curiosa relación entre ambos. Harry Guardino recupera su personaje de la primer entrega; y el excepcional Bradford Dillman da vida al superior que hace la vida imposible a Callahan, rol quizá demasiado acentuado e incluso maniqueo.

‘Harry el ejecutor’ fue un éxito de taquilla que benefició tanto a la Warner (que ya empezaba a tener en nómina a Eastwood hasta el día de hoy), como a la Malpaso, con la que Eastwood empezaría dentro de poco a arriesgar con proyectos mucho más personales. Al año siguiente dirigiría y protagonizaría un thriller de acción, ‘Ruta suicida’ (‘The Gaunlet’), primero del grupo de films herederos directos de la saga Callahan, pero de eso hablaremos en el siguiente post del especial.

Especial Clint Eastwood en Blogdecine:

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<![CDATA[Clint Eastwood: 'Licencia para matar']]> http://www.blogdecine.com/default/clint-eastwood-licencia-para-matar http://www.blogdecine.com/default/clint-eastwood-licencia-para-matar Wed, 10 Jun 2009 11:10:52 +0000 seleccionado por ramhh the-eiger-sanction-1.jpg

‘Licencia para matar’ (cuarta película como director de Clint Eastwood), es el título, equívoco y tramposo, que recibió en nuestro país ‘The Eiger Sanction’, film que en 1975 hizo que Eastwood se desentendiese profesionalmente de la Universal, debido sobre todo a las campañas de promoción que utilizaban en la productora con las películas producidas por la Malpaso. En principio, era un proyecto para que Eastwood simplemente lo protagonizase (en el origen del proyecto, el actor elegido era Paul Newman), uno de esos films destinados a seguir cultivando su imagen de héroe de acción, que tan buenos resultados económicos le daba.

La película parece una especie de respuesta a la saga británica de James Bond, que en aquellos años era tan popular, una cinta de espías en misiones secretas, enfrentados a agentes dobles, con chicas guapas y mucha acción. Pero ‘Licencia para matar’ escapa un poco al esquema de las cintas de 007, por cuanto las escenas de acción huyen de la espectacularidad típica, haciéndolas lo más realistas posible, algo que en la película de Eastwood se preocuparon de enfatizar.

Eastwood da vida a Jonathan Hemlock, un asesino a sueldo retirado que no quiere saber nada de misiones secretas. Vive dando clases de Historia en la Universidad, y su gran pasión es coleccionar valiosos cuadros, obras maestras de la pintura. Hasta él llega la organización de Dragón, que le encargan, bajo chantaje, un nuevo trabajo, asesinar a un agente que ha matado a uno de los suyos. Hemlock accede, garantizándose su última misión, además de una suculenta cantidad de dinero. El problema es que no conocen la identidad del asesino, sólo que éste se encuentra en un equipo de alpinismo que escalará el peligroso monte Eiger en los alpes suizos (de ahí el título original que traducido sería La sanción del Eiger).

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Eastwood quiso convencer a su amigo Don Siegel de que dirigiese la película, pero éste rehusó la proposición alegando que ya estaba mayor para dirigir una película de la cual una buena parte se rodó prácticamente haciendo alpinismo, por lo que el director de ‘Harry el sucio’ le recomendó a Eastwood que fuese él el director. Después del estreno Siegel confesó que la película no le gustaba destacando sólo el trabajo tras las cámaras de su buen amigo. Lo cierto es que ‘Licencia para matar’ es una película extraña, en casi todos sus aspectos. Desde el tono legido hasta la descripción de personajes, pasando por el propio argumento.

Jonathan Hemlock parece una nueva clase de héroe de film. Un asesino a sueldo retirado, que vive bien gracias a sus anteriores trabajos, y que parece disfrutar dando clases en la Universidad. Precisamente la escena de presentación del mismo inspiró pocos años más tarde otra mucho más famosa con cierto arqueólogo dando clases. Evidentemente me refiero a Indianas Jones, donde Spielberg homenajeó a su admirado Eastwood con una secuencia prácticamente idéntica hasta en planificación, cambiando simplemente un par de detalles: el intento de seducción de una alumna mientras Hemlock (o Jones) dan la clase. Eastwood llega más allá mostrando el rechazo de Hemlock, para mostrarnos a alguien con cierto sentido de la moral, algo chocante si tenemos en cuenta que se ganaba la vida matando gente.

Como personaje en sí, Hemlock no es demasiado atractivo o interesante, y Eastwood lo adapta a su universo particular, mostrándonos una vez más a alguien que está por encima del bien y del mal. A su lado George Kennedy, que ya había trabajado con Eastwood en ‘Un botín de 500.000 dólares’, interpreta a un viejo amigo (Ben Bowman) aficionado a la escalada y cuya relación está algo desaprovechada en el guión, perdiéndose una oportunidad única de hablar sobre la amistad traicionada (Bowman, en un abrupto giro de guión resulta ser el espía que Hemlock busca, y la excusa no es del todo convincente). Sí llama la atención el jefe de la organización, llamado Dragon, interpretado por Thayer David, un misterioso albino que necesita transfusiones de sangre cada dos por tres, y no aguanta la luz del día. Vonetta McGee es el reclamo femenino de toda película de espías, aunque su personaje no tenga demasiada relevancia.

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‘Licencia para matar’ cambia la espectacularidad de las escenas de acción de los films de espionaje por la espectacularidad de varias escenas en las que los personajes practican alpinismo. Dichas escenas no contienen ni un sólo efecto especial, fueron realizadas por el propio Eastwood que vio como la Universal se ponía a rezar pensando que su estrella más taquillera podría salir herida en el rodaje de las mismas. De hecho, un miembro del equipo falleció aplastado por una roca el segundo día de filmación, algo de lo que fue testigo el director y le impresionó fuertemente. La belleza de las escenas de escalada es innegable, Eastwood consigue planos preciosos, tanto en el Eiger como las escenas en Monument Valley, escenario explotado por John Ford en varios westerns, género al que Eastwood pertenece por derecho propio. El problema es que por muy bonitas que sean dichas escenas, el realizador se detiene demasiado en ellas, y el film se resiente en el ritmo.

Con todo ‘Licencia para matar’ gana con el paso del tiempo sobre todo por la sobriedad de su puesta en escena. Como curiosidad se puede observar que la banda sonora corre a cargo del gran John Williams con una melodía en verdad muy acertada, el mismo año que hizo el score por el que ganó su segundo Oscar: ‘Tiburón’, un film que pudo haber protagonizado Eastwood, en el papel que luego hizo Roy Scheider.

Eastwood acabó exhausto del rodaje de la película, por lo que su siguiente trabajo como actor lo encargaría a otro director, Philip Kaufman, para al poco de empezarlo sustituirle y terminar firmando una de sus mejores películas como director: ‘El fuera de la ley’.

Especial Clint Eastwood en Blogdecine:

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<![CDATA[Clint Eastwood: 'Un botín de 500.000 dólares']]> http://www.blogdecine.com/default/clint-eastwood-un-botin-de-500000-dolares http://www.blogdecine.com/default/clint-eastwood-un-botin-de-500000-dolares Wed, 27 May 2009 22:08:58 +0000 seleccionado por ramhh thunderbolt.jpg

‘Un botín de 500.000 dólares’ es el título que en nuestro país tuvo ‘Thunderbolt and Lightfoot’, la ópera prima de Michael Cimino, director al que descubrió Clint Eastwood, dándole aquí la oportunidad de dirigir tras haber escrito parte del guión de ‘Harry el fuerte’, la exitosa segunda entrega de las aventuras de Harry Callahan. Recordemos que el caso de Cimino es uno de los más llamativos en la historia de Holllywood. Tras ser apadrinado por alguien de la fama de Eastwood, consigue el reconocimiento de la Academia al ser premiado merecidamente por una obra maestra del calibre de ‘El cazador’ (The Deer Hunter’, 1978), para dos años más tarde arruinar a la United Artists con ‘La puerta del cielo’ (‘Heaven´s Gate’, 1980), hermoso western lírico que fue destrozado en su distribución, acortando en casi una hora su duración.

Cinco años tardó en volver a ponerse tras las cámara, regresando con la que para muchos es su mejor película, la impresionante ‘Manhattan sur’ (‘The Year of the Dragon’, 1985), para dos años más tarde volver a caer en los fracasos económicos (lo único que les preocupa a los grandes estudios) con ‘El siciliano’, con un imposible Christopher Lambert, seguida de ’37 horas desesperadas’, nada desdeñable remake de una de las obras maestras de William Wyler, y ‘Sunchaser’ que sólo la vimos cuatro gatos. Ahora Cimino vive en Francia, donde ha publicado varios libros y sigue escribiendo guiones, soñando tal vez con encontrarse con alguien como Eastwood, que le dé una oportunidad, como la que el actor le dio en 1974.

‘Un botín de 500.000 dólares’ es un thriller rural, con toques de road movie, que narra la historia de un famoso atracador de bancos (Thunderbolt) que entabla amistad con un delincuente de poca monta (Lightfoot) que intenta emularle en todo, mientras son perseguidos por antiguos socios del primero, que creen se ha quedado con el botín de un importante atraco. Será el novato el que proponga la idea de repetir el atraco en el mismo sitio utilizando los mismo métodos.

Eastwood, una vez más en su carrera, da vida a un antihéroe, rompiendo esquemas sobre su propia imagen. El inicio es un indicativo de cómo Eastwood trata sus personajes y el reflejo que éstos desprenden hacia un espectador que cree haberlo visto todo cuando se trata de asistir a películas de sus actores predilectos. Eastwood da vida a un peculiar predicador (no sería la única vez), al que un particular visitante en su parroquia empieza a disparar. La persecución que sigue a continuación, en la que el perseguido guarda una calculada distancia con su perseguidor, de forma que éste no le alcance con los disparos de su arma, indica al final de la misma que ambos personajes están cansados. No nos encontramos ante dos personajes jóvenes que se lían a tiros en una secuencia de acción. Es entonces cuando Lightfoot hace acto de presencia con un coche robado, conduciendo de forma temeraria, haciendo gala de su juventud y vitalidad. Ambas personalidades han sido expuestas, y su encuentro no puede ser más contundente.

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‘Un botín de 500.000 dólares’ fue una de las primeras películas que se inscriben dentro del subgénero buddy movies, impulsado durante aquellos años por films como el presente o ‘Dos hombres y un destino’, que poco antes había sido un superéxito taquillero ganador de varios Oscars. Precisamente lo mejor del film de Cimino son sus dos personajes centrales, algo a lo que contribuyeron las interpretaciones de Clint Eastwood y Jeff Bridges, que por aquel entonces venía de protagonizar las prestigiosas, y maravillosas, ‘La última película’ de Peter Bogdanovich, y ‘Fat City’ de John Huston, y cuya actuación en ‘Un botín de 500.000 dólares’ le reportaría una más que merecida nominación al Oscar a mejor actor secundario. Ambos actores tienen una compenetración perfecta, muy bien reflejada en pantalla. Dicen que Cimino le sugirió a Bridges que durante el rodaje estuviese todo el tiempo intentando hacer reír a Eastwood, al que muy pocas veces se le había visto sonreír en pantalla. El joven actor así lo hizo, logrando que Eastwood nos mostrase hasta dónde pueden llegar sus labios cuando sonríe. Esto se aprecia en los distendidos momentos de humor que el film tiene, y en los que Bridges da lo mejor de sí mismo.

Como toda ópera prima en la que casi siempre se quiere abarcar demasiadas cosas, en ‘Un botín de 500.000 dólares’, Cimino toca varios palos. Siendo en su totalidad una película de hombres y para hombres (la mujer apenas tiene cabida en el relato, y cuando hace acto de presencia es para ser usada como elemento puramente sexual), se refuerza el universo de la amistad masculina, reflejada en la evolución que sufren Thunderbolt y Lightfoot, a pesar de que el primero le advierte al segundo que llega diez años tarde para ser su amigo, enfrentada a la relación que Thunderbolt tiene con sus antiguos compañeros (interpretados por dos excelentes actores que no sería la última vez que trabajarían con Eastwood, George Kennedy y Geoffrey Lewis), donde la traición está a la orden del día (¿ecos de Peckinpah?). En el viaje de los personajes, Cimino se para en retratarnos una América rural a través de estrambóticos personajes, como el del hombre que conduce como un loco y tiene el tubo de escape de su coche conectado al interior, recreándose en los extensos paisajes de Montana. Al mismo tiempo, el director construye un film sobre golpes perfectos, en el que su parte final está dotada de un excelente dominio del suspense y la violencia. Sirva como ejemplo la secuencia en la casa del director del banco, al que obligan a decir el número de la combinación de la caja fuerte, o el golpe en sí, en el que vemos un enorme cañón, recuerdo de la Guerra de Corea, en la que combatió Thunderbolt (no sería la única vez que Eastwood interpretase a un veterano de dicha guerra). Cimino no es capaz de mezclar todos estos elementos y encontrar el equilibrio perfecto, acentuándose además con un torpe uso de las elipsis.

Aún así, ‘Un botín de 500.000 dólares’ permanece como una estupenda película, cuyos máximos atractivos están en las relaciones entre sus personajes, perdedores eternos en un mundo en el que no se adaptan. La ironía final, aquella que señala que el mundo es de los que tienen experiencia en sobrevivir, se presenta a través del cumplimento del sueño americano en la figura de un botín escondido tras la pizarra de una vieja escuela, para poder acariciarlo y soñar lo que se hubiera hecho con él, antes de caer en brazos de la muerte mientras Thunderbolt acompaña a Lightfoot en su viaje de destino incierto.

La película fue un moderado éxito que no afectó lo más mínimo a la carrera de Eastwood, quien ya se encontraba pensando en dirigir un curioso thriller de alpinismo, ‘Licencia para matar’, en el mismo año en el que no pudo trabajar en ‘Tiburón’ de Steven Spielberg, pero de eso hablaremos en el próximo episodio. Mientras tanto os dejamos con el precioso final de ‘Un botín de 500.000 dólares’, en el que se puede escuchar una bonita canción de Paul Williams.

Especial Clint Eastwood en Blogdecine:

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<![CDATA[Clint Eastwood: 'Harry el fuerte']]> http://www.blogdecine.com/default/clint-eastwood-harry-el-fuerte http://www.blogdecine.com/default/clint-eastwood-harry-el-fuerte Fri, 22 May 2009 12:21:27 +0000 seleccionado por ramhh harry-el-fuerte-1.jpg

Un hombre debe conocer sus limitaciones

Esta frase que se repite un par de veces en ‘Harry el fuerte’ fue contribución de Clint Eastwood al guión de la película. Guión que el propio actor, ejerciendo funciones de productor a través de su productora, Malpaso, controló en todo momento. Debido al fracaso de su anterior película, la cual sólo dirigió, Eastwood volvió a interpretar a Harry Callahan en una secuela que responde a motivos únicamente comerciales, resultando cómo no, un exitazo en aquella época. El actor había encontrado su propio filón, a modo de saga, para llenar sus arcas y así poder dedicarse a proyectos mucho más personales que no obtendrían la misma respuesta por parte del público de la serie Callahan (y derivados).

1973, John Milius (futuro director de películas tan conocidas como ‘El viento y el león’ y ‘Conan, el bárbaro’), en asociación con Michael Cimino (futuro realizador de ‘El cazador’ y ‘Manhattan Sur’, y que siempre declaró que su participación en la escritura de ‘Harry el fuerte’ no fue tanta como se piensa), escribieron un guión que en cierto modo era una respuesta a las airadas reacciones que tuvo la crítica con ‘Harry el sucio’, tachándola de fascista.

‘Harry el fuerte’ (que fue como se tituló en nuestro país ‘Magnum Force’ para dejar bien claro que se trataba de una continuación de ‘Harry el sucio’) empieza tras unos títulos de crédito en los que se ve una pistola Magnum empuñada, y nos recuerdan la famosa frase del film anterior (“Sé lo que estás pensando…”). A continuación somos testigos de cómo el sistema judicial falla dejando libre a un peligrosos delincuente, el cual es asesinado por un policía al poco de salir del juzgado. Poco a poco se cometen asesinatos de idéntica índole en la ciudad de San Francisco, algo que por muchos será visto como lo que deberían hacer las autoridades, y otros estarán totalmente en contra.

Con esto se le daba la vuelta a la tortilla con respecto a la ideología del primer film. Los métodos de Callahan se tergiversan en la figura de cuatro policías que disparan a diestro y siniestro para hacer cumplir la ley, sin importar quién muere en ello. Callahan no está de acuerdo con eso, y lo deja bien claro en una de las frases de guión más atrevidas de la película, y que puede ser malinterpretada por mucho: “No hay nada de malo en disparar, si se hace a la gente adecuada”. Callahan no está de acuerdo con el sistema que deja libres a delincuentes que deberían estar encerrados, pero mientras no haya alguien que lo cambie, seguirá acatando las órdenes aunque sea a regañadientes y cruzando de vez en cuando la línea. Nada que ver con matar a gente inocente en el cumplimiento del deber.

‘Harry el fuerte’ es más larga que su predecesora, aunque el esquema es prácticamente el mismo. La diferencia radica en que se humaniza un poco más el personaje de Callahan, parándose en su vida personal y la relación con la gente próxima a él, partes en las que sí se nota la mano de Cimino en el guión. Momentos como el del encuentro sexual de Callahan con una chica asiática están inspirados en la vida real, ya que por aquel entonces Eastwood recibía infinidad de cartas de mujeres orientales haciéndole proposiciones sexuales. El problema de estos instantes en la intimidad del personaje central, es que rompen el ritmo de la película, a veces de forma muy abrupta.

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Eastwood rechazó dirigir la película (no dirigiría un film de la serie Callahan hasta la cuarta entrega) y le ofreció la silla de director a Ted Post, con el que ya había trabajado en ‘Cometieron dos errores’, curiosamente muy parecida argumentalmente a ‘Harry el fuerte’, pero esta vez Post no estaba tan inspirado, y el film se resiente en su apática puesta en escena. Hay incluso quien dice que Post no dirigió gran parte del film, siendo el director de la segunda unidad, Buddy Van Horn (futuro director de la quinta entrega de la serie) el que se hizo cargo, ayudado por el actor. Sea como fuere, ‘Harry el fuerte’ es un film tambaleante en la dirección, con escenas de acción (toda la parte final en el muelle) muy bien rodadas, y otras no tanto. Eso sí, la violencia se incrementó en un cien por cien. Atención a la escena del asesinato de una prostituta a manos de su chulo. Inaguantable, y también de abierto carácter manipulador, de forma que cuando el asesino recibe su merecido a manos de un policía, el espectador no siente pena alguna. Milius recalcó en el guión momentos como éste, subrayando el hecho de que ahí fuera hay gente que comete crímenes horribles y nadie hace nada para evitarlo.

Clint Eastwood volvía a dar vida con eficacia al Inspector de la policía de San Francisco más famoso de la historia del cine, mostrando aquí su vulnerabilidad. Al lado de él, podemos disfrutar de Hal Holbrook, dando vida a su superior, jugando un doble papel; por un lado está todo el rato haciéndole la vida imposible a Callahan, y por otro es el jefe del comando de policías que juzgan y ejecutan (en un momento dado se le escapa “todo sospechoso es culpable hasta que no se demuestre lo contrario”). En dicho equipo, que con sus trajes de cuero motorizados semejan ser nazis (otra idea de Eastwood), podemos encontrarnos a dos actores que más tarde se harían famosos en la pequeña pantalla. Robert Urich, en su primer papel para el cine (sería uno de los protagonistas de ‘Los hombres de Harrelson’); y David Soul, al que luego se le asociaría de por vida con la exitosa ‘Starsky & Hutch’.

Ted Post no era Don Siegel, algo que queda muy claro viendo una película como ‘Harry el fuerte’. Aún así, tenemos un film muy entretenido, cuya visión de la aplicación de la justicia y la extralimitación del poder policial siguen vigentes hoy día. A Eastwood, el trabajo de Michael Cimino debió parecerle sumamente interesante, pues le encargó el guión de su siguiente film como actor, ‘Un botín de 500.000 dólares’, y le dio la oportunidad de dirigir su primer largometraje. De ello hablaremos en el siguiente episodio.

Especial Clint Eastwood en Blogdecine:

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<![CDATA[Clint Eastwood: 'Primavera en otoño']]> http://www.blogdecine.com/default/clint-eastwood-primavera-en-otono http://www.blogdecine.com/default/clint-eastwood-primavera-en-otono Wed, 13 May 2009 17:07:54 +0000 seleccionado por ramhh breezy-1.jpg

Había olvidado lo que era hacer films de esta forma tan agradable. Volveré a trabajar con Clint siempre que me lo pida.

Esta es la frase que un contento William Holden soltó tras trabajar a las órdenes de Clint Eastwood en la que es la primera gran sorpresa en su carrera como director. El público ya estaba acostumbrado a una figura concreta dentro de las películas protagonizadas por Eastwood, quien los dejó a todos con la boca abierta en el momento de estrenar ‘Primavera en otoño’ (significativo título español de ‘Breezy’), una historia de amor en toda regla, y el primer film dirigido por el actor en el que él no aparecía interpretando a un personaje. Fue producida por la propia compañía del actor (la Malpaso) en asociación con la Universal, que se encargó de distribuirla, teniendo un coste ínfimo para la época (menos de un millón de dólares).

Vaya de antemano que el film fue un completo fracaso (probablemente el mayor en la carrera de Eastwood), y aún hoy permanece como una de sus películas menos conocidas. Resulta curioso, mirando los dos carteles, cómo se las ingeniaron para publicitar una película de Clint Eastwood sin él en pantalla. Durante muchos años, el actor declaró que ‘Primavera en otoño’ era su película favorita de las que había realizado, lo cual resulta lógico. Eastwood coge como estandarte de su cine el film en el que más arriesgó, y que injustamente fue ignorado.

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‘Primavera en otoño’ narra la sencilla historia de amor entre un hombre maduro, cincuentón (Frank Harmon), y una joven adolescente (Breezy) que se cruza en su vida. Dos personajes totalmente distintos, él seguro de sí mismo e individual, con la vida ya arreglada y asentado; ella, libre como el viento, experimentando y sobre todo aprovechando cuando la oportunidad de amar se presenta a su puerta. Además de eso, la diferencia de edad marca la principal traba. Las marcadas convenciones sociales, las ideas morales de los que rodean a Frank, serán un fuerte obstáculo ante el cual rendirse o resistir. Jo Heims fue la autora del guión, y ya había trabajado con Eastwood en ‘Escalofrío en la noche’, película con la que la presente tiene algún punto en común.

Eastwood contó con un actor de la talla de William Holden, uno de los más característicos del Hollywood clásico, cuyo contraste con la principiante Kay Lenz es excelente. Un actor de los viejos tiempos para dar vida a un tipo de hombre algo anticuado, demasiado encerrado en su mundo y sin ataduras emocionales de ningún tipo con nadie; y por el otro, un actriz desconocida que presta cuerpo y voz a una chiquilla con ganas de conocer el mundo, sin temor, siempre de frente y con el corazón abierto. Ambos personajes quedan perfectamente dibujados en las primeras escenas de la película. Eastwood, usando el típico montaje paralelo, nos da información de la rutina de cada uno de ellos. Frank se despide desde la ventana de su casa de una mujer con la que ha pasado la noche, mientras arruga el papel donde ha apuntado su número de teléfono. Con ese sencillo detalle sabemos que es un hombre solitario, independiente y no quiere compromisos. Algo parecido sucede con Breezy, pero el enfoque es distinto; ella se despierta en el cochambroso cuarto de un joven con el que ha dormido, se viste y simplemente se va, feliz y contenta, mientras se despide de su fugaz compañero. Frank quiere deshacerse de una mujer y Breezy se despide de su amante sin ningún tipo de tensión.

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Ambos comportamientos marcarán su relación desde el mismo momento en que sus vidas se cruzan. Frank es demasiado serio, y Breezy todo lo contrario. Él teme por el qué dirán y ella se lanza a quererle sin pensar en las consecuencias. Eastwood acierta de lleno al filmar esta historia de amor (que en cierto modo es un precedente de ‘Los puentes de Madison’, como ‘Infierno de cobardes’ de ‘El jinete pálido’) de la forma más sencilla posible, sin establecer ningún juicio moral sobre los actos de los dos atemporales enamorados. ‘Primavera en otoño’ es una película hija de su tiempo, muy setentera y con algunos tics propios de la época, pareciéndose en el tono a films como ‘Love Story’, o incluso ‘Verano del 42’, con la que guarda el paralelismo de tener al mismo compositor, Michel Legrand, que compone un score muy nostálgico (algunos dirán ñoño) con canción incluida, y que cobra vital importancia en la película. El tiempo se escapa para Frank, y su última oportunidad de ser feliz (o tal vez la primera) se presenta a modo de muchacha moderna, que nada sabe de épocas pasadas, pero que no le tiene miedo al amor. Ese contraste de modos de entender la vida, de personajes pertenecientes a dos mundos distintos, lo recalca Eastwood utilizando en el momento preciso el score de Legrand.

Pero ‘Primavera en otoño’ se distingue de los films mencionados por el pulso firme de un Eastwood, que rehuye de toda grandilocuencia y divismo en su puesta en escena, en la que intenta controlarse con el uso del teleobjetivo, muy de moda en aquellos años. Eso sí, el actor/director se permite el lujo de autohomenajearse en dos ocasiones. Cuando la pareja acude a un cine, la película que proyectan es ‘Infierno de cobardes’, el anterior trabajo de Eastwood (algo parecido sucedía en ‘Harry el sucio’, en la que se puede ver la marquesina de un cine donde se proyecta ‘Escalofrío en la noche’), y en cierto momento que caminan por un paseo marítimo, un hombre apoyado en la barandilla es el propio director de la película, quien agacha un poco la cabeza, quizá con la intención de que no se le reconozca. Meras anécdotas, algo que no volvió a repetirse en la carrera de Eastwood.

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‘Primavera en otoño’ ha envejecido muy dignamente, y es que a diferencia de otras películas de aquel entonces, el tema está tratado con una sensibilidad especial que aún hoy resulta atractiva. ‘Breezy’ nos habla de vivir cada momento con total intensidad, de no perder la ilusión y de enfrentarse a lo que venga con la mayor ilusión sin importar los prejuicios morales y sociales (dichos impedimentos no escapan a los propios protagonistas, cuyo primer contacto sexual se produce en casi total oscuridad). El amor es algo caprichoso que no conoce de formulismos ni juicios, se presenta y hay que cogerlo. Esto queda perfectamente reflejado en un instante inteligentemente narrado por Eastwood. Hacia el final, cuando Frank ya ha intentado echar de su vida a Breezy por culpa de los mencionados prejuicios sociales, recibe una llamada en medio de la noche en la que le notifican que alguien ha tenido un accidente, rápidamente se viste y acude al hospital. Eastwood coloca la cámara detrás de William Holden, ocultándonos la identidad de la persona accidentada (el espectador piensa que es Breezy), hasta que vemos que se trata de una antigua amante de Frank recién casada, quien le confiesa no arrepentirse del poco tiempo que pasó con su marido. Esto hace mella en Frank, quien recapacita y busca a Breezy. El film termina con un falso final feliz, pues mientras la cámara se aleja de los personajes que caminan hacia donde su amor les lleve, Frank sentencia que no durarán más de un año, y Breezy, siempre optimista, le dice que un año es toda una vida. Da igual el tiempo que dure el amor, la intensidad con la que se ha vivido es lo que cuenta.

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La película fue un estruendoso fracaso, y Eastwood tuvo que volver a ponerse en la piel de su personaje más famoso para lograr un éxito taquillero. Harry Callahan volvía a utilizar su Magnum, y el actor recuperaba el apoyo del público. En el próximo post hablaremos de la segunda aventura cinematográfica de Harry el sucio; de momento os dejamos los títulos de crédito de ‘Primavera en otoño’, en los que suena la canción de esta maravillosa película.

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