Favoritos de sandman en Blogdecine http://www.blogdecine.com/usuario/ seleccionado por sandman http://www.blogdecine.com <![CDATA['Apocalypto', la caza del hombre]]> http://www.blogdecine.com/criticas/apocalypto-la-caza-del-hombre http://www.blogdecine.com/criticas/apocalypto-la-caza-del-hombre Wed, 17 Nov 2010 21:16:39 +0000 seleccionado por sandman corre-ok.jpg

¡Soy garra de Jaguar y soy cazador! ¡Y mis hijos cazarán en este bosque después de mí!

-Garra de Jaguar

La imagen que abre este post define perfectamente la esencia de ‘Apocalypto’: cinética en estado puro, movimiento perpetuo de los personajes, sin tregua, siempre hacia delante. Quizá es ésta la definición perfecta del buen cine de aventuras. Y es que el film dirigido por Mel Gibson es puro espectáculo arrollador, de los que hacen que la platea vibre con las andanzas de sus personajes y sufra ante su incierto destino. Esto que parece tan obvio, se ha convertido en una especie de quimera dentro del panorama actual del cine de acción, postrado ante el dios de los efectos especiales y confundido hace tiempo ya el ritmo con la sucesión espasmódica de planos y más planos. Por eso cobran más valor cintas como ésta, que recuperan la dignidad de un género arrastrado por el barro demasiadas veces. El bajito actor australiano vuelve a demostrar que sabe de qué va esto del cine, le pese a quien le pese.

No corren buenos tiempos para Mel Gibson. Sus excesos verbales y su errática conducta han conseguido que la industria hollywoodiense dé la espalda a uno de sus mayores activos. El tipo que no hace tanto convertía en oro todo lo que tocaba, se ha convertido en un apestado. ¿No me creéis? Su ansiado y apetecible proyecto sobre vikingos ha quedado aplazado sine die tras la deserción de Leonardo DiCaprio; la última película de su amiga Jodie Foster, protagonizada por él mismo no consigue ver la luz y por si fuera poco, el elenco de ‘Resacón en las Vegas 2’ que se encuentra en pleno rodaje, ha vetado la presencia del actor, siendo sustituído por Liam Neeson. Sería una lástima que viera su carrera truncada por su conducta fuera de las pantallas. Pero como esto es un blog de cine, obviemos el carácter del señor Gibson y vayamos a lo que realmente importa: su obra.

Nos encontramos en lo más profundo de la américa precolombina. La primera escena recuerda poderosamente a la que abre ‘Ciudad de Dios’ (‘Cidade de deus’, Fernando Meirelles, 2002): una cámara frenética sigue a ras de suelo a un tapir —como la gallina del film brasileño— perseguido por una tribu de indígenas maya. La persecución termina brutalmente, pero suavizada por las risas de los miembros de la tribu. Mel Gibson nos recuerda que es éste un mundo muy distinto al nuestro y conceptos como la crueldad, no poseen el mismo significado. La violencia es implícita a la vida, y no se concibe la una sin la otra. Por otra parte, el escenario es de una exhuberancia total. En un mundo donde los placeres son cada vez más virtuales, la fisicidad y sensualidad de ‘Apocalypto’ sumergen al espectador en un espectáculo sensorial de primer orden. También ayuda a la inmersión la decisión del director de respetar el dialecto original de los mayas —opción adoptada también en ‘La Pasión de Cristo’, utilizando en aquella ocasión el latín, hebreo y arameo—.

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La estructura del film es harto sencilla —que no simple, ojo, que se lo digan si no a Clint Eastwood—: tras unos primeros veinte minutos en los que conoceremos a los protagonistas y y su entorno —una primitiva y humilde aldea en medio de la selva— pronto se presenta el conflicto: una salvaje tribu rival asalta el poblado diezmando a la población y capturando al resto —salvo a los niños, que quedarán abandonados a su propia suerte en una desgarradora escena—. Los cautivos serán vendidos como esclavos o directamente ofrecidos como sacrificios humanos al dios Kukulkan. La huída del protagonista de su funesto destino centrará la segunda parte de una película honesta como pocas: da lo que promete, y con creces.

El trayecto de los indios convertidos en esclavos hasta su destino final —una ominosa pirámide desde cuya cumbre ruedan cabezas humanas y rodeada por masas de enfervorecidos creyentes— muestra al espectador un mundo ya extinguido, extraño, hostil y tan distinto a todo lo que conocemos, que la sensación es la misma que provocaría un viaje por Marte. La ambientación del film en esta parte es brutal, y también lo más criticado. Los historiadores pusieron el grito en el cielo por la multitud de incorreciones históricas que presenta la película, y sobre todo, con la manera tan sanguinaria de presentar a la cultura maya, un pueblo realmente muy adelantado a su tiempo y mucho más civilizado de lo que muestra Mel. Pero no hay que olvidar que esto es cine de espectáculo, no un documental antropológico, y el director simplemente coge las partes que le parecen pertinentes para contar su historia, magnificando unas y eclipsando otras. Ningún film es inocente, y éste tampoco lo es, pero reconozco que me rindo ante el ruido y la furia del relato y me olvido de posibles afrentas históricas. Mea culpa.

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La segunda parte de ‘Apocalypto’ consiste en una brutal caza del hombre, lo que la emparenta con clásicos como ‘El malvado Zaroff’ (‘The Most Dangerous Game’, Ernest B. Schoedsack, Irving Pichel, 1932) o ‘La presa desnuda’ (‘The Naked Prey’, Cornel Wilde, 1966). Aquí la naturaleza se erige como protagonista absoluta y el protagonista se aprovecha de su conocimiento del medio para hacer frente a sus captores. El relato mete la directa y la pantalla se convierte en un frenesí de cataratas, fieras salvajes, arenas movedizas y trampas mortales. La cámara adopta muchas veces el punto de vista de sus frenéticos personajes y el patio de butacas se convierte en una montaña rusa. That’s entertaiment!. Como gimmick final, Mel Gibson nos descubre que estamos ante el relato del fin de una era, de un mundo, y el final feliz se tiñe de amargura. El director cede el testigo al Terrence Malick de ‘El nuevo mundo’ (‘The New World’, 2005) y salimos del cine zarandeados. Como tiene que ser.

Otras críticas en Blogdecine:

‘Apocalypto’, carne y sangre

‘Apocalypto’, pura emoción

‘Apocalypto’, menuda estupidez. Y, encima, aburrida

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<![CDATA['La princesa prometida', pequeño gran cine imperecedero]]> http://www.blogdecine.com/criticas/la-princesa-prometida-pequeno-gran-cine-imperecedero http://www.blogdecine.com/criticas/la-princesa-prometida-pequeno-gran-cine-imperecedero Sun, 26 Sep 2010 19:02:56 +0000 seleccionado por sandman bride6.jpg

“Hola, me llamo Íñigo Montoya. Tú mataste a mi padre. Prepárate a morir”

-Ínigo Montoya (Mandy Patinkin)

Hubo un tiempo en que Rob Reiner nos tenía a todos desconcertados, tanto por su buena fortuna como por un singular talento que parecía capaz de salir airoso de todo tipo de proyectos, por muy dispares y complejos que fueran, y de todos ellos salía con notable alto. Entre 1986 y 1992 dirigió cinco películas que han quedado como el ejemplo de un cine comercial de altísima calidad, y en las que cabía el suspense, la aventura juvenil, el retrato de pareja, el terror, el cuento de hadas, el humor negro…Realmente era un director que se había ganado un respeto y un lugar entre los mejores artesanos de su tiempo. Desgraciadamente se le acabó la buena fortuna, y desde 1994 ha dirigido media docena larga de películas que apenas han despertado el interés del respetable, por mucho que el bueno de Reiner haya intentado regresar a esa época dorada, que cada vez queda más lejos en la memoria.

Sin embargo, bastante antes de que se le terminase la inspiración o el talento o la suerte, Reiner tuvo la suerte de dirigir uno de los mejores guiones de aventuras de los últimos treinta años, escrito por el gran guionista William Goldman (Chicago, 1931), el cual adaptaba su propia novela. ‘La princesa prometida’ (id, 1987) es una magnífica película de comedia, de aventuras, de fantasía, de venganza. Pero sobre todo y ante todo es una celebración del cine, un cuento que podemos ver una y mil veces, y siempre lo pasamos en grande. El título perfecto para ver un día de lluvia, preferiblemente con una buena taza de chocolate caliente, y sin olvidarnos de las imprescindibles sustancias psicotrópicas. ‘La princesa prometida’ jamás tuvo mayor pretensión que la de divertir y dejarnos bien a gusto, y quizá por eso ha pasado a la historia del cine americano.

Resulta dificilísimo, por no decir imposible, encontrar una película de aventuras, incluidas todas las de animación que en los últimos años nos están llegando, y que de alguna forma imitan o parten de algunas de las ideas y chistes de esta película, que llegue al nivel de surrealismo y de subversión narrativa de ‘La princesa prometida’, relato de libertad absoluta. Y que, sin embargo, gocen de un guión tan asombrosamente férreo, construido en apariencia sin costuras, pero que se sospecha elaborado hasta el mínimo detalle, pues en su esqueleto nada sobra y nada falta. Es decir, nos encontramos ante un ejemplo de ascetismo y de austeridad que, a la postre, se revela riquísimo en imaginación, fecundo en personajes llenos de vida y dibujados con precisión, y casi inagotable en ideas, chistes, inventiva y amor por el cine y los cuentos. Filmada en impresionantes paisajes de Inglaterra e Irlanda, hacen faltas más películas de la belleza de esta.

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Espadas, acertijos, resurrecciones

Con ‘La princesa prometida’ el cine parece volver a nacer, rejuvenecido y revitalizado. Tras empezar con el recurso del abuelo que le lee un cuento al nieto, recurso que no se encontraba en la novela, y que la enriquece aún más, pasamos a la pura aventura sin más preámbulos, con la fenomenal persecución en los Acantilados de la Locura, y posterior secuencia de esgrima, secuencia que puede ser, fácilmente, una de las mejores, más divertidas e ingeniosas de esgrima desde que Errol Flynn encarnara a Robin Hood. El hombre de negro se bate en duelo, pero antes un diálogo inolvidable sobre una espada, un padre muerto y una venganza en ciernes. Aquí da la impresión de que hay tiempo, energía y talento para todo. Aún le quedarán dos pruebas al hombre de negro, de astucia y de fuerza, para rescatar a Buttercup, pero claro…nada es lo que parece.

La película posee dos mitades bien diferenciadas: hasta que la princesa es liberada por el hombre de negro es la primera, y la segunda de nuevo el intento de rescate, con un Westley hecho polvo y ayudado en la empresa por los dos antiguos enemigos. Se habla de amor y de venganza en todo momento, pero no hay ni rastro de ñoñería ni de violencia comercial en todo el metraje, pues Reiner obra el milagro de un equilibrio estético muy notable, capaz de cautivar a personas de cualquier edad y, sospecho, de cualquier parte del mundo, ya que este cuento es completamente universal y disfrutable, aunque se esfuerce uno por lo contrario. Vamos, que te obligan a pasártelo a lo grande, quieras o no.

Y para la princesa perfecta, pocas más adecuadas que la bella y magnífica actriz Robin Wright, que hace una pareja muy estimulante con el divertido Cary Elwes (siempre un actor un poco bizco, pero a quién le importa), que va de guaperas aventurero y lo borda. Eso sí, ambos están rodeados de un grupazo de actores y rostros de primer orden: para el inefable y casi inmortal Íñigo Montoya (quizá el personaje más recordado) contaron con el estupendo Mandy Patinkin, que tiene algunas de las mejores frases. Para el gigantón turco Fizzik tuvieron la suerte de que André el Gigante, uno de los luchadores profesionales más famosos de la historia. Y hay más gente estupenda: Chris Sarandon como el odioso príncipe Humperdinck, Fred Savage, Peter Falk, Billy Cristal...

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Magníficamente fotografiada por Adrian Biddle, en su segundo trabajo después del infierno de rodaje de ‘Aliens’ (id, James Cameron, 1986), y con un fabuloso, por decir algo suave, diseño de producción de Norman Garwood, que desgraciadamente se ha prodigado poco, y que contó con la ayuda de Richard Holland y Keith Pain en la dirección artística, todos nos acordamos siempre, al final, del magistral diseño de vestuario de Phyllis Dalton, toda una leyenda de su oficio, con títulos como ‘Lawrence de Arabia’ (id, 1962) y ‘Doctor Zhivago’ (id, 1965), ambas de David Lean, a sus espaldas, y por supuesto de la música de Mark Knopfler, que no se sabe por qué, pero es el acompañamiento ideal a sus imágenes. ‘La princesa prometida’, dentro de cincuenta años, seguirá tan joven, o más, que ahora. Tiempo al tiempo, el más justo de todos los jueces.

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<![CDATA[Justin Bieber ya tiene su película (y en 3D)]]> http://www.blogdecine.com/noticias/justin-bieber-ya-tiene-su-pelicula-y-en-3d http://www.blogdecine.com/noticias/justin-bieber-ya-tiene-su-pelicula-y-en-3d Wed, 04 Aug 2010 19:23:54 +0000 seleccionado por sandman justin-bieber-biopic-3d.jpg

Hoy es un día especial en la historia de la raza humana; quizá el que más después de que Dios se aburriera de los dinosaurios y nos creara a nosotros, sus pequeños y traviesillos hijos. Ya se ha confirmado que Paramount Pictures está preparando una película basada en la vida y la obra de Justin Bieber. En el rarísmo caso de que de no sepáis de quién hablo, es esa chica ese chico que tenéis en la imagen de arriba. Un genio de inconmensurable talento que con apenas 16 años ya está revolucionando la música, y de paso, el universo entero. De hecho, desde que se puso a la venta su seminal ‘One Time’ (2009), los científicos más respetados ya empiezan a considerar cercana la fecha del primer contacto entre nuestro planeta y una (o varias) razas alienígenas. Aleluya.

Por el momento no se han dado a conocer muchos detalles del biopic (esto es, película biográfica). Davis Guggenheim ya tiene una oferta sobre la mesa (que no podrá rechazar) y Biever se interpretará a sí mismo (como es normal, no hay nadie como ella él). También se sabe que la película, aún sin título (propongo ‘I Am 99% God and 1% Imperfect Human Being’), se estrenará en salas 3D (por supuesto, el 2D está anticuado y apesta) el 11 de febrero de 2011, pues Bieber ha expresado su deseo de que la película (la obra maestra, empecemos ya a hablar con propiedad) esté en los cines para el día de San Valentín. Es increíble, qué visión, qué coloso, es sin duda alguna la criatura más perfecta jamás creada por las gónadas de Dios. No creo que haya palabras para expresar la gran suerte que tenemos de vivir para ver algo así, antes del fin del mundo (16 de noviembre de 2012), nos deleitaremos, nos conmocionaremos, gozaremos como nunca y nos hará por fin libres.

Actualización: La película se titula ‘Justin Bieber: Never Say Never’.

PD: Chicle de menta. Es lo que estoy mascando ahora mismo, no es broma.

Vía | Deadline

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<![CDATA[Quentin Tarantino: 'Kill Bill vol. 2', el retrato de una venganza completada]]> http://www.blogdecine.com/criticas/quentin-tarantino-kill-bill-vol-2-el-retrato-de-una-venganza-completada http://www.blogdecine.com/criticas/quentin-tarantino-kill-bill-vol-2-el-retrato-de-una-venganza-completada Thu, 29 Jul 2010 06:23:20 +0000 seleccionado por sandman

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La historia de una venganza. Así, a secas. Es como se podría definir el primer volumen del díptico ‘Kill Bill’. En ella, como señalamos, se plantea una historia en la que prevalece la acción trepidante, los golpes de katana y sangre a borbotones. Pero también algunos interrogantes quedan suspendidos. Hasta que en ‘Kill Bill vol. 2’ todo encuentra su perfecto encaje. Respuestas. Eso es lo que más encontramos en la segunda entrega, pero también una honda profundización en los personajes. Algo que sólo se dibuja en su primera mitad y ahora toma cuerpo.

Tarantino plantea este segundo volumen dispuesto a ofrecer el antídoto perfecto contra el veneno inoculado en el espectador con la novia y sus encuentros sanguinolentos. Su particular recorrido vengativo ahora queda explicado. Para ello Tarantino prescinde más del homenaje asiático para dejarse embaucar por el espíritu del auténtico spaguetti western para ofrecer la explicación de todo, para darnos a conocer la auténtica motivación de la protagonista para trazar a katana su único objetivo: matar a Bill.

Y si había un personaje misterioso del que no sabemos nada ese es Bill. Y para presentarlo adecuadamente Tarantino nos regala una de sus especialidades: la entrada en escena del villano. Bueno, aunque villanos en realidad son todos los que pueblan el díptico de Kill Bill, porque en esencia es un retrato del lado perverso, un análisis de los pensamientos, sentimientos e inquietudes de un asesino. Pero a lo que iba, conocemos, por fin, a Bill. Un asombroso David Carradine, a quien el director le otorga su particular homenaje dándole un personaje tan malvado como hipnótico.

En el flashback con sabor a añejo (por aquello del tono sepia de la escena), intuimos una parte esencial de la relación entre Bill y la novia. Es sólo el comienzo del conflicto. Luego comprobamos como ella continua con su cometido esencial en la vida, saciar su sed de redención. Conocemos nuevos personajes, y más a algunos de los que poco conocíamos (la sanguinaria y bellísima Elle Driver, una Daryl Hannah sorprendente).

Menos acción, más drama

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Tarantino le da solución de continuidad al salvajismo del primer volumen, pero ahora se preocupa más de justificar cada gota de sangre. Ahora podemos entender los motivos, aunque ése es precisamente el suspense sobre el que se construye ‘Kill Bill vol. 2’. Conocer porqué Bill debe morir y la novia matarlo. Porqué se quiere vengar. Aquí Tarantino no tiene prisa, se adorna con escenas llenas de buenos diálogos, de acción (las menos, pero no menos intensas, buena prueba de ello es el enfrentamiento con Elle Driver), pero sobre todo dándole a la novia la posibilidad de expresar la fuerza que le mueve.

Tarantino logra momentos asombrosos: el encuentro de Bill y Budd, el entierro claustrofóbico, el capítulo oriental (y el más claro y evidente de todo el conjunto, imitando el estilo del cine de los Shaw Brothers) el apoteosis final, un duelo verbal que ilumina las zonas que aún quedaban oscuras. Pero también es cierto que enreda (digámoslo así) en momentos que aportan bien poco a la trama y que parece más un ejercicio de autocomplacencia. Véase la visita de Budd al club donde trabaja (clara admiración de Tarantino por este actor) o la de la novia al que le debe dirigir en última instancia a Bill, en un gran momento fílmico, pero de escasa aportación a la narración.

Los personajes: comprendiendo el mal

Con todo, Tarantino logra impregnar su estilo en cada personaje, en cada encuentro y en cada escena. Y también es fácil apreciar a la madurez como autor que se percibe. Gran dominio de la puesta en escena y sacando el máximo partido a sus ingeniosos y hábiles diálogos. Pero sobre todo, logra exponer el alma de los personajes. Algo complejo de conseguir. Aquí tenemos a la galería de villanos, despiadados, letales, como protagonistas y conocemos un poco qué motivaciones les arrastran. En el fondo, Quentin nos muestra su particular visión sobre la vida y la muerte (como bien queda patente en el encuentro con la hija y en el diálogo con Bill próximo al duelo final).

A través del viaje vengativo, en su segunda etapa, de la novia, vamos descubriendo sus emociones, su sentimiento. Todo ello ambientando en el salvaje oeste, en el desierto fronterizo, donde la temible culminación de venganza debe tener lugar.

Uma Thurman se postulaba en el primer volumen como una actriz polivalente, mostraba el enorme esfuerzo requerido para las escenas de lucha. Ahora, en el segundo volumen, nos vuelve a deleitar con ellas (los enfrentamientos y su adiestramiento con Pai-Mei, personaje recuperado nuevamente a modo de homenaje), pero también sabe dotar a la novia, a Beatrix Kiddo, de alma, de sentimientos (más allá de la ira) y de un sorprendente lado maternal.

De nuevo Tarantino sale airoso al mezclar tantos ingredientes pero de nuevo cocinados bajo su receta. El estilo Tarantino se convierte en un clásico y viendo en su conjunto ‘Kill Bill’ a nadie le cabe duda de que sabe narrar y filmar con un talento asombroso. Esta segunda parte que ahora nos ocupa es un buen ejemplo de todo ello, un gran ejercicio de estilo, con un resultado notable (aunque quizás no a la altura de ‘Pulp Fiction), especialmente si logramos fundir ambas entregas y valorar el díptico como una sola pieza cinematográfica.

En Blogdecine, especial Quentin Tarantino:

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<![CDATA['Machete' de Robert Rodriguez, tráiler]]> http://www.blogdecine.com/trailers/machete-de-robert-rodriguez-trailer http://www.blogdecine.com/trailers/machete-de-robert-rodriguez-trailer Wed, 05 May 2010 19:09:48 +0000 seleccionado por sandman

Este tráiler va a hacer las delicias de muchos de vosotros, estoy seguro. ‘Machete’ es la extensión del fake tráiler que apareció en esa cosa llamada ‘Grindhouse’ que contenía las películas —si se les puede llamar así a esos dos engendros— ‘Planet Terror’ de Robert Rodriguez y ‘Death Proof’ de Quentin Tarantino. Danny Trejo en un papel principal de una película que va camino de convertirse en objeto de culto, aunque cuando este tipo de cosas se huelen antes de su estreno no suele acabar bien el asunto. Robert Rodriguez es capaz de hacer películas muy aceptables —‘Abierto hasta el amanecer’ (‘From Dust Till Dawn’, 1996)— y luego memeces de gran calibre cuyos títulos me niego a escribir. Aquí está ayudado en la dirección por el montador Ethan Maniquis.

‘Machete’ gira en torno a un ex-agente federal que inicia una sangrienta venganza contra sus jefes tras haber sido traicionado. A Trejo le acompaña una espectacular reparto formado por Michelle Rodriguez, Jessica Alba, Robert De Niro, Lindsay Lohan, Cheech Marin, Jeff Fahey, Steven Seagal, Don Johnson y Rose McGowan. Tiros, persecuciones, mutilaciones, coches, tías buenas de armas tomar, explosiones y mucho más es lo que promete este divertido avance del film.

‘Machete’ se estrena el 3 de septiembre en los USA.

Vía | Viva Hollywood

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<![CDATA['La guerra de las galaxias: Una nueva esperanza' (1)]]> http://www.blogdecine.com/criticas/la-guerra-de-las-galaxias-una-nueva-esperanza-1 http://www.blogdecine.com/criticas/la-guerra-de-las-galaxias-una-nueva-esperanza-1 Tue, 27 Apr 2010 20:06:49 +0000 seleccionado por sandman esperanza.jpg

“Iré contigo a Alderaan. Ya no me queda nada aquí. Quiero aprender los caminos de la Fuerza y convertirme en un Jedi como mi padre”

– Luke

Los clásicos rótulos amarillos nos ponen un poco en situación. Una situación de tiranía absoluta en toda la galaxia, a la que se opone un grupo de rebeldes. Ya desde el comienzo, los rebeldes son los buenos y los imperiales son los malos. Estamos en el terreno más básico de folletín de aventuras, sin el menor complejo ni la menor vuelta de hoja. Las letras amarillas se pierden en el espacio, hay una clásica panorámica hasta encontrar un planeta en primer término, y somos testigos de la primera de muchas batallas galácticas. Una nave intenta zafarse de otra muchísimo más grande que ella, que la acaba fagocitando, por así decirlo.

Pero antes conocemos a los primeros personajes, que son dos droides (los famosos C3po y R2d2), los primeros que hablan. El alto y dorado es un quejica y un llorón, mientras que su bajito acompañante habla un lenguaje binario incomprensible, que sin embargo es explícito en sus emociones. En cuanto los soldados imperiales entran en la pequeña nave, se desata una batalla campal de rayos láser. Los rebeldes tienen las de perder, y de la humareda de los disparos emerge una figura enorme y oscura, con un extraño casco y larga capa. Es imposible imaginar cómo debió ser la recepción de estas imágenes en el público, aquel lejano verano de 1977.

Lo primero y más importante que desprenden estas imágenes iniciales son su sencillez y desverguenza, su absoluta entrega a la aventura más primaria. De tal forma, los viejos arquetipos (el malvado opresor, la valiente princesa, los secundarios cómicos) funcionan con inusitada pureza clásica. No hay, por el momento, profundidad psicológica. Los diseños interiores de las estructuras tecnológicas son soberbios, aunque se percibe cierto aire setentero en las caracterizaciones y en algunos recursos lumínicos. Y es imposible abstraerse de la influencia inicial de ’2001, una odisea del espacio’ en algunos planos.

Carrie Fisher clava a Leia Organa en cada enfrentamiento verbal con Vader, aunque la limitada dirección de actores de Lucas (que no mejorará con los años) limita un poco su capacidad interpretativa. A Lucas se le da mucho mejor el montaje y la planificación, que son excelentes. Y como escritor no tiene prisa en ir contándonos acontecimientos: los droides llegan a Tatooine y, tras una larga discusión, se separan. Las cortinillas de diversos formatos comienzan a hacer acto de presencia para pasar de una secuencia a otra. Sea como fuere, ambos droides terminan en manos de los jawas, que se dedican a venderlos a terceros. El destino, o la providencia, o la fuerza, determina que acaben en manos de la familia Skywalker.

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Un joven hambriento de aventuras

Lo cierto es que todo este bloque inicial es bastante lento. Observamos con todo detalle a los droides compañeros de viaje de C3po y R2d2, y hasta empezamos a temer por su destino. Conocemos, eso sí, por fin, a los Skywalker, y el bello tema musical que oímos en cuanto Beru llama a su sobrino (“¿Luke?”) ya le señala como el atípico protagonista de la historia. Luke es un muchacho aparentemente huérfano y soñador, aburrido de la vida en la granja con sus tíos, que espera algo más de la existencia que pudrirse en medio del desierto. El habitualmente denostado Mark Hamill clava a este adolescente melancólico, en el que fue su debut para el cine. Podemos percibir con total nitidez su soledad y su frustración juvenil.

Con su atuendo casi totalmente blanco, y su aspecto de no haber roto un plato en su vida, Luke es el perfecto “don nadie” que ha de demostrar lo que tiene de especial en su interior, porque en realidad es un “diamante en bruto”. Es muy hermoso, además, de qué manera Lucas une a Luke y Obi-Wan Kenobi, con el diálogo que el primero tiene con su tío Owen Lars, en el que hablan del misterioso ermitaño que vive en Tatooine. Además, se nombra por primera vez al padre de Luke, de una forma tremendamente hábil y misteriosa, aunque quizá por enésima vez a Luke su tío le escatima cualquier información sobre ambos.

¿Y qué imagen existe más expresiva de la necesidad de realizar el propio destino, que ese momento famoso en el que Luke, hastiado de su vida, observa a los soles gemelos de Tatooine? Al mirar a ambos soles, Luke sin duda intenta averiguar qué ha de hacer para cambiar su vida, que es la clave de de las tres iniciales películas.

Pero una vez más, R2d2 va a ser fundamental para hacer avanzar la historia, y como está obsesionado por encontrar al que él cree que es su dueño (Kenobi), propicia el encuentro de este con Luke al escaparse. Y también sabe Lucas cómo electrizar la acción, con la aparición de los moradores de las arenas, grimosas criaturas que le pegan un buen susto a Luke (y al espectador), y que son espantadas por Obi-Wan de manera muy ingeniosa, pues para asustarlas imita el sonido y la apariencia (al menos lejana) de una enorme criatura del desierto de la que apenas vimos el esqueleto anteriormente.

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El marcaje de actores de Lucas (sus órdenes en cuanto a movimiento y fisicidad de los actores) se demuestra torpe una vez más, y hasta un actor de la experiencia de Alec Guinnes, en la presentación de su personaje, gira primero la cabeza y luego se quita la capucha, cuando lo lógico hubiera sido al revés o al mismo tiempo. Pero Guinnes, uno de los mejores intérpretes de su generación, está siempre apagado y poco carismático como Obi-Wan Kenobi. Años más tarde, renegaría del papel, tildándolo incluso de estúpido. Por cierto, que el encuentro entre Kenobi y Skywalker es un sinsentido respecto del final del episodio III, en el que Kenobi deja al bebé Luke en manos de los Lars.

También es un sinsentido que no reconozca a R2d2, con el que corre tantas aventuras en su juventud, y es que Lucas fue tremendamente incoherente en muchos detalles uniendo el episodio III y el IV. Es un disparate que quiera contarnos que lo tenía todo pensado de antemano, cuando se observa en el gesto de Guinnes que no tiene ni idea de quién es Luke y qué ha venido a hacer allí. ¿No se suponía que Kenobi había quedado al cuidado de Skywalker? En fin, la vida es así. Centrémonos en esta película. Se podría haber hecho de forma más interesante la averiguación de que el viejo Ben Kenobi es Obi-Wan Kenobi, aunque tampoco parecía tan difícil.

Es formidable la secuencia de diálogo en casa del ermitaño, cómo Kenobi le cuenta a Luke acerca de su padre, y le entrega su antigua espada láser. Es evidente (esto sí...) que Obi-Wan miente a Luke cuando le cuenta cómo murió su padre, y es muy emocionante cuando por fin le habla de la Fuerza, concepto que Lucas maneja con total familiaridad, como si toda su vida hubiera sido un jedi. Así las cosas, queda completamente natural que Kenobi le pida a Luke que le acompañe en su cruzada para salvar a la princesa. Y, como tantos héroes, cuando por fin le dan la oportunidad de cambiar su vida, no se atreve, y en un principio se niega a ir con él.

A continuación conocemos por fin la Estrella de la Muerte, en la que manda un siervo del emperador, el Grand Moff Tarkin, interpretado con gran talento por el inolvidable intérprete Peter Cushing, también británico y de la misma generación que Alec Guinnes. A su lado, Darth Vader es poco mas que un lacayo brutal, aunque parece disfrutar de un rango suficiente como para asfixiar a los subalternos. El diálogo sobre el poder de esa estación espacial incide en el tono semi-medieval, culto y literario, tan clásico a oídos de los espectadores. Pero volvemos a Luke, que descubre que los soldados imperiales, buscando a los droides, han arrasado a los jawas y a la misma cabaña de los Lars. Y el homenaje a ‘Centauros del desierto’ es evidente, y con él termina el primer acto de la película y comienza el segundo.

Otras críticas en Blogdecine:

Especial ‘La guerra de las galaxias’ en Blogdecine:

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<![CDATA['El nombre de la rosa', los crímenes impunes de la Santa Madre Iglesia]]> http://www.blogdecine.com/criticas/el-nombre-de-la-rosa-los-crimenes-impunes-de-la-santa-madre-iglesia http://www.blogdecine.com/criticas/el-nombre-de-la-rosa-los-crimenes-impunes-de-la-santa-madre-iglesia Mon, 29 Mar 2010 13:34:23 +0000 seleccionado por sandman 022.jpg

“Sí, es culpable. Culpable de haber malinterpretado, en su juventud, el mensaje de los evangelios. Y es culpable de haber confundido el amor a la pobreza con la ciega destrucción de la riqueza y la propiedad. Pero, mi señor abad, él es inocente de los crímenes que han bañado en sangre esta abadía, porque el hermano Remigio no sabe leer griego, y todo este misterio gira en torno al robo y posesión de un libro escrito en griego y escondido en alguna parte de la biblioteca”

-Fray Guillermo de Baskerville

Si uno vive en perpetuo enganche a las pantallas, como yo mismo, tiende a colocar películas en lo más alto de su escalafón personal, por detalles o rasgos de esas películas. Puede haber otras que no haya visto, que sean mejores, pero hasta que no las vea no moveré el escalafón. Me explico: siempre coloco a ‘Aliens’ en lo más alto en cuanto a relatos de horror+Sci-fi. Cuando vea una mejor, la sucederá en el escalafón. De momento no ha sucedido. Tampoco ha sucedido que ninguna película que yo haya visto, hasta ahora, supere a ‘El nombre de la rosa’ en cuanto a recreación histórica de la oscura época medieval.

Pero no sólo eso. Pocas películas hay más clásicas que esta. Y digo clásico en el sentido estricto: una obra que no cesa de producir nuevos significados. Es decir, una obra que estará viva durante mucho tiempo. Y por la desgraciada razón de que, por lo visto, la Iglesia Católica, esa secta infame, seguirá viva mucho tiempo, cometiendo crímenes impunes, o crímenes ocultados durante décadas, que para el caso viene a ser lo mismo. ‘El nombre de la rosa’ posee, entre otras muchas virtudes, la sana disposición de no mostrar piedad con los poderes fácticos de la Iglesia Católica y Apostólica, mientras nos narra una apasionante aventura de investigación criminal.

En el ‘making of’ de la edición especial en DVD, Annaud contaba cómo Umberto Eco, autor de la novela homónima, esperaba que aquel año fuera el año de la película, igual que hacía pocos meses había sido el año triunfal de una novela extraordinaria, éxito de ventas en todo el mundo, sobre la que los críticos literarios no habían cesado de vertir lógicos y ferovorosos parabienes. Y lo fue, entre otras porque Annaud, que cinco años antes había filmado la inolvidable ‘En busca del fuego’, se dejó literalmente la piel en éste su cuarto largometraje, y es que por aquel entonces Annaud sólo filmaba hazañas que pudieran demostrar su suicida instinto artístico.

Una ambientación magistral

Con los mínimos elementos, pero sin dejar nada al azar, cuidando al máximo los detalles, Annaud se rodea de espléndidos profesionales que aportan una creación individual de indudable peso en el conjunto. Tanto la soberbia y humilde fotografía del gran operador, ya fallecido, Tonino Delli Colli (habitual de Sergio Leone), como el espectacular, pero comedido, diseño de producción del ahora famoso Dante Ferreti (que lleva dos décadas trabajando para Scorsese), y el inteligentísimo diseño de vestuario de la genial Gabriella Pescucci, sin olvidarnos de la extraña y emocionante música de James Horner.

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Este grupo de eminentes artistas, orquestado con mano de hierro por el director, no tiene el menor reparo en mostrar la más oscura época de la edad media en todo su “esplendor”: sentimos en nuestra piel la mugre y la peste de la extrema pobreza (muchas veces provocada por los diezmos salvajes que la Iglesia pedía (robaba) a sus seguidores (esclavos); y también, sobre todo, la jerarquía de clases entre los monjes más poderosos y los más humildes. Pocas veces, o nunca, hemos presenciado una crítica más feroz, pero sutil, y más culta a los estamentos más básicos de la Iglesia, a su hipocresía, su crueldad, su ceguera.

Y Annaud se mueve por este ambiente como pez en el agua, conociendo cada objeto, cada gesto, cada detalle de la escenografía y de la vida de los monjes. Otorgando importancia a cada escenario por separado (la biblioteca, el scriptorium, el patio, las celdas…), filmando con total humildad, sin buscar lo bonito o lo espectacular, indagando en una vida que se nos antoja completamente real, un verdadero viaje en el tiempo. Y no se escatima tampoco en un reparto genial de rostros feos o directamente simiescos, no sólo el de Ron Perlman (que a fin de cuentas, interpreta con genio a un personaje deforme), sino el de casi todos los monjes, excepto algunos particularmente bellos, de belleza casi efébica.

Y frente a todos ellos un superlativo Sean Connery, de belleza más rotundamente viril, serena incluso, que conoció un renacer con esta película, a la que aporta su inmensa humanidad. Guillermo de Baskerville, monje franciscano (quizá la única orden religiosa que merece la pena que haya existido en la cristiandad), ya era una gran creación sobre el papel, pero Connery alcanza otra gran creación en la imagen. Criminalista e investigador, observador de la naturaleza, hombre de mente analítica y creativa a la vez (el prototipo de detective de Edgar Allan Poe), Baskerville sobre todo nos conmueve por su profunda compasión, por su verdad interior.

La luz de la razón frente a las tinieblas del fanatismo

Como no podía ser de otra manera, encuentro perfectamente actual esta historia, más ahora con la avalancha de escándalos acerca de la vergonzosa actuación de la iglesia, no sólo comentiendo crímenes que parece que nadie va a pagar, sino ocultándolos. No sé de qué se sorprende la gente, siempre ha sido igual con ellos. Y en esta abadía, cuyo nombre Adso guarda en prudente silencio, suceden hechos terribles, cuya investigación por parte de Guillermo apunta a la existencia de un libro secreto, y por parte de la Inquisición (o más bien, de Bernardo Gui, interpretado por F. Murray Abraham) apunta al Maligno.

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Como instrumento de control del gobierno, como tentáculo represor del pueblo, la Iglesia y su apéndice más temible, la Inquisición, son mostrados en toda su inimaginable atrocidad, como nunca antes, y creo que nunca después, en la historia del cine. Ante ellos, Guillermo sólo puede aportar las pruebas. Impagable su frase: “apostaría algo más que mi fe a que esas torres contienen más que aire”. Sin embargo, Guillermo es un hombre profundamente espiritual. Como Thoreau, como Bacon, un hombre moderno y libérrimo. Su vanidad intelectual es la llama que desencadenará la dolorosa verdad, para que el pueblo llano, que son los que importan (porque son los que siempre sufren) se tome la justicia por su mano.

Poema acerca de la necesidad de confrontar fe y sensatez, arrepentimiento y orgullo, humildad y dignidad, relato terrible y consolador, que pinta un mundo desolador y gélido en el que, pese a todo, hay lugar, aunque ínfimo, para el amor fraternal, el placer sexual, la risa liberadora (legendario el combate dialéctico entre Guillermo y el Venerable Jorge en la biblioteca, acerca de la risa…), y, sobre todo, de la necesidad de hacer perdurar la cultura, los libros, el arte, la esperanza en un mundo gobernado por seres sensibles y sabios, y no por fanáticos o ambiciosos.

Obra maestra intemporal, que nos concede la oportunidad de redimirnos, pues nos dota de herramientas intelectuales frente a aquellos que manejan la espiritualidad como un negocio, como una artera institución capaz de todo por el poder.

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<![CDATA[57º Festival de San Sebastián: 'Inglourious Basterds', auténticos infames hijoputas]]> http://www.blogdecine.com/criticas/57-festival-de-san-sebastian-inglourious-basterds-autenticos-infames-hijoputas http://www.blogdecine.com/criticas/57-festival-de-san-sebastian-inglourious-basterds-autenticos-infames-hijoputas Mon, 21 Sep 2009 08:06:09 +0000 seleccionado por sandman quentin-tarantino-ib.jpg

Cuando, en cierta secuencia, al término de ‘Death Proof’, sentimos compasión por un asesino despiadado como Stuntman Mike, interpretado con gran oficio por Kurt Russell, nos sentimos también miserables por experimentar ese sentimiento, mientras asistimos a la implacable venganza de la que es objeto, y por cierto que merecida venganza. Algo similar ocurría en la que posiblemente sea la obra magna del director de Tennessee, Kill Bill, pues en la venganza de La Novia sus enemigos llegaban a adquirir cierta dignidad a la hora de morir.

Ahora, con este ‘Inglourious Basterds’ (no voy a escribir la estúpida traducción española), Tarantino nos entrega, como suele hacer, una fuerte dosis de sí mismo, en su extraño y feroz, brillante y desequilibrado, homenaje y reescritura de las constantes del cine de aventuras y espionaje con el trasfondo de la Segunda Guerra Mundial, y lo hace arrebatándoles la humanidad a la mayoría de los aliados y dándosela algunos nazis, elaborando una fascinante galería de rostros y caracteres, para un violento zarpazo de ingenioso y arrollador cine de autor.

Los personajes, y sus actores, son el motivo de esta película

Dice Tarantino que cuando escribe, puede tener en la cabeza algunas ideas o alguna estructura previa, pero que sus personajes, a los que con tanto mimo ha esbozado, son los que le van dictando qué es lo que va a suceder. También toma a dictado los diálogos, imaginando que les oye hablar. Ha llegado hasta tal punto, en la confianza extrema que tiene a sus hijos de papel y celuloide, que les permite incluso cambiar el rumbo de la historia, en una orgía de sangre final de pasmoso salvajismo. Todo es posible en esta oda desenfrenada al poder subversivo del cine.

Porque amor al cine hay en el cariño de Tarantino no sólo a sus personajes, sino a los actores que les interpretan, todos ellos, como siempre, en estado de gracia, y muchos (sobre todo Pitt y Waltz) como si no fueran ellos, en una transformación física y anímica absoluta, embebidos de sus propias creaciones, pletóricos de felicidad y talento por participar en esta fantasía lúdica, verdadero capricho estético del director que ha de entenderse como tal. En él hay cabida para que una actriz célebre (Kruger, que parece fugada de alguna película clásica de los años treinta) acuda a una misión suicida con un crítico de cine (Fassbender, en una creación estupenda), y termine su labor la dueña de un vetusto cine sediente de sangre nazi.

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Pero de todos ellos el personaje más inolvidable de la película es, sin lugar a dudas, el fascinante monstruo alemán interpretado con inusual maestría por el casi desconocido Christoph Waltz, que se inscribe con letras de oro en la larga tradición de sádicos y astutos oficiales nazis de la historia del cine. Hans Landa es un cruce entre el doctor Lecter, Sherlock Holmes y Reinhard Heydrich, y con él Tarantino echa el resto y añade otro complejo y oscuro rostro a su particular universo. Ganador del premio en Cannes, es probable su nominación al Oscar como mejor secundario, pero esto es un filme coral, y su personaje no tiene nada de secundario, de hecho es la pieza catedralicia de la película.

Un relato que se hace corto

Presentada en el Festival de Cannes de este año, dentro de su Sección Oficial a concurso, la séptima realización de Quentin Tarantino fue vista allí con un montaje diferente del que ahora llega a las salas. Como Blogdecine no estuvo presente en Cannes, sólo pueden aventurarse conjeturas acerca de tal montaje, en teoría más corto que el que ahora ha llegado a las salas y a San Sebastián. La película dura 160 minutos, estructurados en cinco grandes bloques o capítulos que abarcan un núcleo central que se va ramificando con total naturalidad.

No existen, por tanto, tres actos definidos y diferenciados. Me comentaba Alberto Abuín que es una película de momentos. Y es cierto, pero hecho a drede. Los cinco bloques están escritos de modo que parece que van, cada uno de ellos, perforando y percutiendo en una idea y un motivo, hasta profundizar en ella y terminar con un gran clímax que salpica el futuro devenir de los acontecimientos. Y todo comienza, y termina con Landa. Primero en el capítulo 1, que a modo de introducción nos presenta a este abyecto y encantador personaje (y que es una de las mejores secuencias jamás dirigidas por Tarantino), y finalmente en el capítulo 5, donde Landa conoce un inesperado desenlace al inesperado giro que él mismo había provocado.

Entre medias, saltos temporales tan del gusto del director, un capítulo dedicado al precioso personaje de Mélanie Laurent, y el fabuloso capítulo de la posada, en el que Tarantino, como venía haciendo durante toda la película, llega lo más lejos posible en la dilatación del tiempo. En ese sentido el relato se hace corto: no sólo porque desearíamos conocer más a fondo a estos personajes, sino porque el objetivo de Tarantino, más que la acción, es el suspense. El tiempo se alarga hasta el paroxismo, para deleite de las mascaradas que supone el lenguaje.

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Lenguaje en doble sentido, el visual y el sonoro, este último auténtico motivo y razón de ser del suspense, pues con los diferentes idiomas y acentos, Tarantino desvela su gran pasión por la voz y los juegos de palabras. De hecho, sólo se lanzó a hacer ‘Inglourious Basterds’ con confianza cuando conoció al políglota Waltz. Y todo esto convierte el mero hecho de asistir a verla doblada al español en un disparate sin pies ni cabeza, pues se pierde un nivel importantísimo de esta estupenda película. Una película en la que el tono y el estilo parecen fluctuar con desdén, pero que está filmada con verdadero arrojo, y cuyo montaje final parece algo tosco y acerado, pero eso no hace sino acrecentar su bestialismo y su sequedad visual.

Tarantino se ríe de la Segunda Guerra Mundial, pero también del género. Al mismo tiempo, les riden pleitesía a ambos. No quiere hacer un filme perfecto, quiere grandes momentos, disfrute lúdico, sorprender, hacer reir, de la mano de estos “infames hijoputas”. Y lo consigue con creces. Vaya si lo consigue.

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<![CDATA['Gran Torino' y la aparente obviedad]]> http://www.blogdecine.com/criticas/gran-torino-y-la-aparente-obviedad http://www.blogdecine.com/criticas/gran-torino-y-la-aparente-obviedad Sun, 15 Mar 2009 10:27:43 +0000 seleccionado por sandman Torino

En ‘Gran Torino’, Clint Eastwood se dirige a sí mismo en el papel de Walt Kowalski, un anciano que se queda viudo y que no se lleva bien con sus dos hijos ni con las familias de éstos. Es uno de los pocos norteamericanos que quedan en su barrio, poblado por asiáticos e hispanos, lo que choca con su forma de pensar, retrógrada y racista. Walt está cabreado con todo el mundo, o eso podría parecer porque, cuando alguien comienza a tratarlo como si fuese su familia, se verá que el problema no estaba en él.

Desde el inicio del film, el personaje que interpreta Clint Eastwood remarca de forma algo exagerada su humor. A su cara de perro añade un gruñido característico de este animal, que puede parecer una sobreactuación. Sin embargo, considero que era necesario dar esta indicación al principio de la película para dejar muy claro el tono. Muchas veces, con las películas que podrían parecer serias o que vienen de la mano de directores que no han hecho mucha comedia, el espectador reprime sus ganas de reír porque no piensa que sea eso lo que tiene que hacer. Por lo tanto, es conveniente hacer esa exageración cómica para decirle a quien la ve que se relaje y deje salir sus más instintivas carcajadas. Sólo de esta forma, la mayor parte del metraje que viene a continuación se verá con el temperamento adecuado.


Y es que el propio Eastwood se está riendo. No se ríe de las personas de otras razas, pero sí de la tontería que existe hoy en día con la corrección política. Esta actitud que implica no ofender nunca con la palabra ni con los comentarios, pero guardarse para uno mismo las ideas xenófobas que se han tenido siempre, no es otra cosa sino hipocresía. El personaje está como pez fuera del agua, pero no por la cantidad de inmigrantes que le rodea (como podría parecer), sino porque no sabe comportarse de acuerdo a las costumbres de hoy en día. Es decir, la diferencia entre él y otros paisanos suyos es que éstos disimulan la incomodidad ante quienes son diferentes, no que éstos no la sientan.

‘Gran Torino’ demuestra cómo la coraza puede ser áspera, pero puede quedarse únicamente en eso: una piel, algo sólo exterior que se resquebraja con poco. Se dice siempre que lo que define a un hombre no son sus palabras, sino sus actos. Y, en guión de cine, esto se dice mucho más aún, como regla inquebrantable. Por ello hay que hacer un estudio muy superficial del film para decir que el mensaje de la película es facha. Claro, vemos a un Harry Callahan de ochenta años que desempolva el rifle para resolver cualquier cuestión y ahí nos quedamos. Pero no es sólo eso. ‘Gran Torino’, por lo tanto, descoloca. Descoloca a los bienpensantes y al mismo tiempo a quienes pudiesen esperar un film de acción desmesurada.

políticamente incorrecto

El guión de ‘Gran Torino’ es muy aristotélico (unidad de escenario y de acción) y la trama es sumamente sencilla –no quiero decir simple—. Eastwood no se anda por las ramas con su manera de realizarlo, no le añade interludios pretenciosos ni rebusca en las estrategias para dar rodeos a lo que quiere expresar. Sin embargo, lo que puede aparentar ser obvio no lo es tanto si, como decía antes, las lecturas que se han quedado en lo superficial han sido las equivocadas.

La película habla sobre consecuencias, sobre la necesidad de apechugar con lo que se ha hecho. Desde el primer momento, el personaje del cura imberbe trata de extraer del sr. Kowalski una confesión. SPOILER. Pero él es más de los que prefieren pagar por sus responsabilidades que librarse de ellas. Así, cuando su actitud desencadene una violencia que se va de las manos, no dudará en remediarlo, aunque sea a costa de lo poco que le queda de vida. Esta resolución es lo único que me crea alguna duda sobre la película: si bien con el resto de las acciones nos va dando un mensaje de unión y reconciliación, aquí lo que parece leerse es que hacen falta sacrificios para acabar con los problemas sociales. Si debe morir un viejo para que se encierre a cada pandilla de tres al cuarto, mal vamos. Pero supongo que este sentimiento mío no es otra cosa que la rabia y la impotencia que se produce cuando lo acribillan, es decir, lo que sienten Thao y Sue; es decir, lo que la película quiere hacerte sentir. FIN DEL SPOILER

Sue

‘Gran Torino’ es un film de personajes y especialmente sobre la evolución de éstos. La estrategia de Nick Schenk para retratarlos ha sido partir de los tópicos para luego ir desvelando facetas que los completen. Por ello, lo que se puede tachar de trazo grueso en realidad es la estrategia más acertada para ofrecerte una definición y luego una evolución. Los actores encajan en este modo de escritura, especialmente Eastwood, que desentierra todos sus ademanes de matón, añadiéndoles los gestos de cascarrabias propios de su edad. A través de esto, vemos lo que tenemos que comprender de su personaje perfectamente, así que se puede concluir que su interpretación es perfecta y que, si es verdad que se va a retirar como actor, será una pena, pues de momento sus papeles sólo los puede hacer él. Si el guión no está escrito para él, está hecho a su medida.

Entre el resto del elenco encontramos a sus hijos, nueras y nietos. La nieta pelirroja es la que más destaca de toda esta familia, demostrando ser una niñata mimada que no merece nada de lo que su abuelo le pueda ofrecer. Gracias al retrato de estos familiares, ‘Gran Torino’ pone de parte de Walt, es decir, del viejo, a espectadores de cualquier edad. Por la parte asiática, Eastwood ha hecho un cásting con mucho actor no profesional. Parece mentira que Ahney Her, que interpreta a Sue, la adolescente que va consiguiendo penetrar en la vida de su vecino, se estrene aquí como actriz, ya que tiene una actitud muy lograda y es el segundo personaje más interesante de la película. Nos extraña menos de Bee Vang, Thao, que se deja llevar, mientras con su expresión lo que provoca es la ternura. Es gracioso también el personaje del curilla, Christopher Carley, que no es lo que podría parecer.

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‘Gran Torino’ es un film muy interesante que analiza aspectos de nuestra sociedad al mismo tiempo que penetra en las almas de sus personajes. Cuando se pone en boca de alguien que una película le ha gustado mucho, se suele decir eso de “Me he reído, he llorado…”. En este caso la frase más adecuada.

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Mi puntuación:

4

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