Favoritos de sandman en Blogdecine http://www.blogdecine.com/usuario/ seleccionado por sandman http://www.blogdecine.com <![CDATA[57º Festival de San Sebastián: 'Inglourious Basterds', auténticos infames hijoputas]]> http://www.blogdecine.com/criticas/57-festival-de-san-sebastian-inglourious-basterds-autenticos-infames-hijoputas http://www.blogdecine.com/criticas/57-festival-de-san-sebastian-inglourious-basterds-autenticos-infames-hijoputas Mon, 21 Sep 2009 08:06:09 +0000 seleccionado por sandman quentin-tarantino-ib.jpg

Cuando, en cierta secuencia, al término de ‘Death Proof’, sentimos compasión por un asesino despiadado como Stuntman Mike, interpretado con gran oficio por Kurt Russell, nos sentimos también miserables por experimentar ese sentimiento, mientras asistimos a la implacable venganza de la que es objeto, y por cierto que merecida venganza. Algo similar ocurría en la que posiblemente sea la obra magna del director de Tennessee, Kill Bill, pues en la venganza de La Novia sus enemigos llegaban a adquirir cierta dignidad a la hora de morir.

Ahora, con este ‘Inglourious Basterds’ (no voy a escribir la estúpida traducción española), Tarantino nos entrega, como suele hacer, una fuerte dosis de sí mismo, en su extraño y feroz, brillante y desequilibrado, homenaje y reescritura de las constantes del cine de aventuras y espionaje con el trasfondo de la Segunda Guerra Mundial, y lo hace arrebatándoles la humanidad a la mayoría de los aliados y dándosela algunos nazis, elaborando una fascinante galería de rostros y caracteres, para un violento zarpazo de ingenioso y arrollador cine de autor.

Los personajes, y sus actores, son el motivo de esta película

Dice Tarantino que cuando escribe, puede tener en la cabeza algunas ideas o alguna estructura previa, pero que sus personajes, a los que con tanto mimo ha esbozado, son los que le van dictando qué es lo que va a suceder. También toma a dictado los diálogos, imaginando que les oye hablar. Ha llegado hasta tal punto, en la confianza extrema que tiene a sus hijos de papel y celuloide, que les permite incluso cambiar el rumbo de la historia, en una orgía de sangre final de pasmoso salvajismo. Todo es posible en esta oda desenfrenada al poder subversivo del cine.

Porque amor al cine hay en el cariño de Tarantino no sólo a sus personajes, sino a los actores que les interpretan, todos ellos, como siempre, en estado de gracia, y muchos (sobre todo Pitt y Waltz) como si no fueran ellos, en una transformación física y anímica absoluta, embebidos de sus propias creaciones, pletóricos de felicidad y talento por participar en esta fantasía lúdica, verdadero capricho estético del director que ha de entenderse como tal. En él hay cabida para que una actriz célebre (Kruger, que parece fugada de alguna película clásica de los años treinta) acuda a una misión suicida con un crítico de cine (Fassbender, en una creación estupenda), y termine su labor la dueña de un vetusto cine sediente de sangre nazi.

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Pero de todos ellos el personaje más inolvidable de la película es, sin lugar a dudas, el fascinante monstruo alemán interpretado con inusual maestría por el casi desconocido Christoph Waltz, que se inscribe con letras de oro en la larga tradición de sádicos y astutos oficiales nazis de la historia del cine. Hans Landa es un cruce entre el doctor Lecter, Sherlock Holmes y Reinhard Heydrich, y con él Tarantino echa el resto y añade otro complejo y oscuro rostro a su particular universo. Ganador del premio en Cannes, es probable su nominación al Oscar como mejor secundario, pero esto es un filme coral, y su personaje no tiene nada de secundario, de hecho es la pieza catedralicia de la película.

Un relato que se hace corto

Presentada en el Festival de Cannes de este año, dentro de su Sección Oficial a concurso, la séptima realización de Quentin Tarantino fue vista allí con un montaje diferente del que ahora llega a las salas. Como Blogdecine no estuvo presente en Cannes, sólo pueden aventurarse conjeturas acerca de tal montaje, en teoría más corto que el que ahora ha llegado a las salas y a San Sebastián. La película dura 160 minutos, estructurados en cinco grandes bloques o capítulos que abarcan un núcleo central que se va ramificando con total naturalidad.

No existen, por tanto, tres actos definidos y diferenciados. Me comentaba Alberto Abuín que es una película de momentos. Y es cierto, pero hecho a drede. Los cinco bloques están escritos de modo que parece que van, cada uno de ellos, perforando y percutiendo en una idea y un motivo, hasta profundizar en ella y terminar con un gran clímax que salpica el futuro devenir de los acontecimientos. Y todo comienza, y termina con Landa. Primero en el capítulo 1, que a modo de introducción nos presenta a este abyecto y encantador personaje (y que es una de las mejores secuencias jamás dirigidas por Tarantino), y finalmente en el capítulo 5, donde Landa conoce un inesperado desenlace al inesperado giro que él mismo había provocado.

Entre medias, saltos temporales tan del gusto del director, un capítulo dedicado al precioso personaje de Mélanie Laurent, y el fabuloso capítulo de la posada, en el que Tarantino, como venía haciendo durante toda la película, llega lo más lejos posible en la dilatación del tiempo. En ese sentido el relato se hace corto: no sólo porque desearíamos conocer más a fondo a estos personajes, sino porque el objetivo de Tarantino, más que la acción, es el suspense. El tiempo se alarga hasta el paroxismo, para deleite de las mascaradas que supone el lenguaje.

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Lenguaje en doble sentido, el visual y el sonoro, este último auténtico motivo y razón de ser del suspense, pues con los diferentes idiomas y acentos, Tarantino desvela su gran pasión por la voz y los juegos de palabras. De hecho, sólo se lanzó a hacer ‘Inglourious Basterds’ con confianza cuando conoció al políglota Waltz. Y todo esto convierte el mero hecho de asistir a verla doblada al español en un disparate sin pies ni cabeza, pues se pierde un nivel importantísimo de esta estupenda película. Una película en la que el tono y el estilo parecen fluctuar con desdén, pero que está filmada con verdadero arrojo, y cuyo montaje final parece algo tosco y acerado, pero eso no hace sino acrecentar su bestialismo y su sequedad visual.

Tarantino se ríe de la Segunda Guerra Mundial, pero también del género. Al mismo tiempo, les riden pleitesía a ambos. No quiere hacer un filme perfecto, quiere grandes momentos, disfrute lúdico, sorprender, hacer reir, de la mano de estos “infames hijoputas”. Y lo consigue con creces. Vaya si lo consigue.

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<![CDATA['Gran Torino' y la aparente obviedad]]> http://www.blogdecine.com/criticas/gran-torino-y-la-aparente-obviedad http://www.blogdecine.com/criticas/gran-torino-y-la-aparente-obviedad Sun, 15 Mar 2009 10:27:43 +0000 seleccionado por sandman Torino

En ‘Gran Torino’, Clint Eastwood se dirige a sí mismo en el papel de Walt Kowalski, un anciano que se queda viudo y que no se lleva bien con sus dos hijos ni con las familias de éstos. Es uno de los pocos norteamericanos que quedan en su barrio, poblado por asiáticos e hispanos, lo que choca con su forma de pensar, retrógrada y racista. Walt está cabreado con todo el mundo, o eso podría parecer porque, cuando alguien comienza a tratarlo como si fuese su familia, se verá que el problema no estaba en él.

Desde el inicio del film, el personaje que interpreta Clint Eastwood remarca de forma algo exagerada su humor. A su cara de perro añade un gruñido característico de este animal, que puede parecer una sobreactuación. Sin embargo, considero que era necesario dar esta indicación al principio de la película para dejar muy claro el tono. Muchas veces, con las películas que podrían parecer serias o que vienen de la mano de directores que no han hecho mucha comedia, el espectador reprime sus ganas de reír porque no piensa que sea eso lo que tiene que hacer. Por lo tanto, es conveniente hacer esa exageración cómica para decirle a quien la ve que se relaje y deje salir sus más instintivas carcajadas. Sólo de esta forma, la mayor parte del metraje que viene a continuación se verá con el temperamento adecuado.


Y es que el propio Eastwood se está riendo. No se ríe de las personas de otras razas, pero sí de la tontería que existe hoy en día con la corrección política. Esta actitud que implica no ofender nunca con la palabra ni con los comentarios, pero guardarse para uno mismo las ideas xenófobas que se han tenido siempre, no es otra cosa sino hipocresía. El personaje está como pez fuera del agua, pero no por la cantidad de inmigrantes que le rodea (como podría parecer), sino porque no sabe comportarse de acuerdo a las costumbres de hoy en día. Es decir, la diferencia entre él y otros paisanos suyos es que éstos disimulan la incomodidad ante quienes son diferentes, no que éstos no la sientan.

‘Gran Torino’ demuestra cómo la coraza puede ser áspera, pero puede quedarse únicamente en eso: una piel, algo sólo exterior que se resquebraja con poco. Se dice siempre que lo que define a un hombre no son sus palabras, sino sus actos. Y, en guión de cine, esto se dice mucho más aún, como regla inquebrantable. Por ello hay que hacer un estudio muy superficial del film para decir que el mensaje de la película es facha. Claro, vemos a un Harry Callahan de ochenta años que desempolva el rifle para resolver cualquier cuestión y ahí nos quedamos. Pero no es sólo eso. ‘Gran Torino’, por lo tanto, descoloca. Descoloca a los bienpensantes y al mismo tiempo a quienes pudiesen esperar un film de acción desmesurada.

políticamente incorrecto

El guión de ‘Gran Torino’ es muy aristotélico (unidad de escenario y de acción) y la trama es sumamente sencilla –no quiero decir simple—. Eastwood no se anda por las ramas con su manera de realizarlo, no le añade interludios pretenciosos ni rebusca en las estrategias para dar rodeos a lo que quiere expresar. Sin embargo, lo que puede aparentar ser obvio no lo es tanto si, como decía antes, las lecturas que se han quedado en lo superficial han sido las equivocadas.

La película habla sobre consecuencias, sobre la necesidad de apechugar con lo que se ha hecho. Desde el primer momento, el personaje del cura imberbe trata de extraer del sr. Kowalski una confesión. SPOILER. Pero él es más de los que prefieren pagar por sus responsabilidades que librarse de ellas. Así, cuando su actitud desencadene una violencia que se va de las manos, no dudará en remediarlo, aunque sea a costa de lo poco que le queda de vida. Esta resolución es lo único que me crea alguna duda sobre la película: si bien con el resto de las acciones nos va dando un mensaje de unión y reconciliación, aquí lo que parece leerse es que hacen falta sacrificios para acabar con los problemas sociales. Si debe morir un viejo para que se encierre a cada pandilla de tres al cuarto, mal vamos. Pero supongo que este sentimiento mío no es otra cosa que la rabia y la impotencia que se produce cuando lo acribillan, es decir, lo que sienten Thao y Sue; es decir, lo que la película quiere hacerte sentir. FIN DEL SPOILER

Sue

‘Gran Torino’ es un film de personajes y especialmente sobre la evolución de éstos. La estrategia de Nick Schenk para retratarlos ha sido partir de los tópicos para luego ir desvelando facetas que los completen. Por ello, lo que se puede tachar de trazo grueso en realidad es la estrategia más acertada para ofrecerte una definición y luego una evolución. Los actores encajan en este modo de escritura, especialmente Eastwood, que desentierra todos sus ademanes de matón, añadiéndoles los gestos de cascarrabias propios de su edad. A través de esto, vemos lo que tenemos que comprender de su personaje perfectamente, así que se puede concluir que su interpretación es perfecta y que, si es verdad que se va a retirar como actor, será una pena, pues de momento sus papeles sólo los puede hacer él. Si el guión no está escrito para él, está hecho a su medida.

Entre el resto del elenco encontramos a sus hijos, nueras y nietos. La nieta pelirroja es la que más destaca de toda esta familia, demostrando ser una niñata mimada que no merece nada de lo que su abuelo le pueda ofrecer. Gracias al retrato de estos familiares, ‘Gran Torino’ pone de parte de Walt, es decir, del viejo, a espectadores de cualquier edad. Por la parte asiática, Eastwood ha hecho un cásting con mucho actor no profesional. Parece mentira que Ahney Her, que interpreta a Sue, la adolescente que va consiguiendo penetrar en la vida de su vecino, se estrene aquí como actriz, ya que tiene una actitud muy lograda y es el segundo personaje más interesante de la película. Nos extraña menos de Bee Vang, Thao, que se deja llevar, mientras con su expresión lo que provoca es la ternura. Es gracioso también el personaje del curilla, Christopher Carley, que no es lo que podría parecer.

thao

‘Gran Torino’ es un film muy interesante que analiza aspectos de nuestra sociedad al mismo tiempo que penetra en las almas de sus personajes. Cuando se pone en boca de alguien que una película le ha gustado mucho, se suele decir eso de “Me he reído, he llorado…”. En este caso la frase más adecuada.

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Mi puntuación:

4

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