Favoritos de themorningbell en Blogdecine http://www.blogdecine.com/usuario/ seleccionado por themorningbell http://www.blogdecine.com <![CDATA[57º Festival de San Sebastián: Palmarés, el triunfo de la necedad]]> http://www.blogdecine.com/criticas/57-festival-de-san-sebastian-palmares-el-triunfo-de-la-necedad http://www.blogdecine.com/criticas/57-festival-de-san-sebastian-palmares-el-triunfo-de-la-necedad Sat, 26 Sep 2009 17:13:25 +0000 seleccionado por themorningbell zinemaldia-647x231.JPG

El mundo del cine es curioso, como todos sabemos. Y también curioso es el mundo de los cinéfilos. Y también el de los jurados y los festivales. Qué se le va a hacer. A fin de cuentas, lo que cuenta es el buen cine, no la justicia de los premios, y aunque no hemos tenido de lo segundo algo ha habido de lo primero. Algunos malos presagios se han cumplido, además del habitual reparto de concesiones.

San Sebastián es una ciudad maravillosa, aunque terriblemente cara también. La gente de aquí es amigable, aunque bastante borde también. Todo tiene su cara y su cruz. El festival está bastante bien organizado y es uno de los más importantes del mundo, pero también es tristemente célebre por los disparates que conforman sus sucesivas entregas de premios. Hubo esta tarde reacciones para todos los gustos cuando se supo lo que habían decidido Cantet y compañía. No, la de Campanella no se ha llevado nada. Era previsible.

Nada que objetar a la Concha de Oro, pues ‘City of Life and Death’ es una película de rara fuerza narrativa, llena de coraje, dura pero elegante, terrible y conmocionadora. Era una de las dos, la otra era ‘El secreto de sus ojos’, que podía llevarse el máximo galardón sin que los miembros del jurado tuvieran que escapar de la ciudad de incógnito. Ahora bien, es el único acierto pleno de una lista de premios que no hay por donde coger, porque es un insulto.

Lo más notable, y estúpido, es la concesión de la Concha de Plata al mejor actor a Pablo Pineda, que se interpreta a sí mismo en la ridícula ‘Yo, también’. Este debutante se esfuerza y obtiene momentos de sinceridad incontestable, pero no se puede situar por delante del fenomenal trabajo de Robert Duvall en ‘Get Low’, o de Ricardo Darín en ‘El secreto de sus ojos’. Con esta decisión desprecian todo lo que significa una buena interpretación, por muy loable que sea la de Pineda, que no puede compararse al genio de estos dos gigantes.

Es este un premio de una correción política nauseabunda, que desactiva todo lo que, en teoría, los directores del filme pretendían conseguir (aunque la realidad es justamente la contraria, digan ellos lo que digan), que no era otra cosa que obtener para el colectivo con síndrome de down una igualdad de reconocimiento social. Pero ya se sabe, esto es España, la grande, donde nunca triunfan precisamente los mejores. En cuanto al premio a su compañera Lola Dueñas, se trata de una actriz de talento en un personaje muy menor, y nunca podría considerarse superior a la gran Julianne Moore de ‘Chloe’ o a las actrices protagonistas de la injustamente infravalorada ‘Blessed’.

Pero el disparate continúa cuando observamos que la vieja leyenda de que el cine francés tiene que llevarse algo por narices en este festival se cumple año sí y año también. Algunos le echarán la culpa al presidente del jurado, Laurent Cantet, que puede haber barrido para casa. La verdad es que es la única explicación al Premio Especial para la nefasta ‘Le refuge’, de François Ozon. Ya que la película de Campanella no se alzaba con el mayor galardón, podría haber ganado este. Pero está claro que, teniendo garantizada su distribución y su éxito en medio mundo, el jurado quería impulsar a otras películas, y no a las más interesantes.

Ahora bien, la cima de tanta necedad es la concesión del premio al mejor director al español Javier Rebollo, por la puesta en escena, plúmbea, pagada de sí misma, deprimente, autocomplaciente, espantosa, de su estúpida ‘La mujer sin piano’, que algunos consideran gran cine, pero para quien esto firma es el ejemplo más abyecto de cine de autor. Considerar su trabajo por delante del de Campanella, nuevamente, o el de ‘Blessed’ es un atentando a la razón.

Un poco de sentido común creo que hay en otorgarle la mejor fotografía a ‘City of Life and Death’, así como el premio al mejor guión a ‘Blessed’, con lo que esta pequeña gran película recibe un poco de reconocimiento. Pero ambas decisiones no consiguen maquillar un palmarés de locos, en el que se premia al cine español simplemente por ser español y estar presente aquí, y al peor cine francés porque es lo que se suele hacer.

Termina así mi crónica, aunque de manera bastante agridulce, de esta edición del Festival de San Sebastián, primero al que asiste Blogdecine como acreditado, y que espero que haya ofrecido algo más que la simple colección de datos y críticas habituales en la prensa. Lo cierto es que siento tener que abandonar la ciudad, pero todo se acaba. El año que viene volveremos, de eso no hay duda, y deseando que tanto la selección de películas como el palmarés final estén a la altura del prestigio de este certamen maravilloso.

Nos vemos en Madrid.

Palmarés Completo:

- Concha de Oro a la mejor película: City of Life and Death de Lu Chan (China).

- Premio Especial del Jurado: Le Refuge de François Ozon (Francia).

- Concha de Plata al mejor director: Javier Rebollo por La Mujer sin Piano (España- Francia).

- Concha de Plata a la mejor actriz: Lola Dueñas por Yo, También (España).

- Concha de Plata al mejor actor: Pablo Pineda por Yo, También (España).

- Premio del Jurado a la mejor fotografía: Cao Yu por City of Life and Death.

Premio Kutxa-Nuevos Directores

- Mejor película: Le Jour Où Dieu Est en Voyage de Philippe Van Leeuw (Bélgica). Mención especial: Together de Matias Armand Jordal (Noruega).
Premio Horizontes

- Mejor película: Gigante de Adrián Biniez (Uruguay). Mención especial: Francia de Israel Adrián Caetano (Argentina).
Premios paralelos

- Premio TCM del público: Precious de Lee Daniels.

- Premio TCM del público a la mejor película europea: Desert Flower de Sherry Hormann (Alemania).

- Premio Gaztea de la Juventud: The Children of Diyarbakir de Miraz Bezar (Turquía-Alemania).

- Premio Otra Mirada de TVE: Precious de Lee Daniels. Mención especial: La Mujer sin Piano de Javier Rebollo.
Premios 5ª Cine en Movimiento

- Mejor película: In the Sands of Babylon de Mohamed Al-Daradji

- Premio Panavision a la película: Segal de Yuval Shani, de la Universidad de Tel Aviv (Israel). La dotación del premio Panavision consiste en 10.000 € (diez mil euros) en equipos de rodaje de Panavision para el siguiente rodaje del director del corto ganador.

- Segundo premio, consistente en una invitación para participar en el Short Film Corner del próximo Festival de Cannes, para:

· Segal de Yuval Shani. Por la manera metafórica en que nos presenta a un personaje libre en contraste con la sociedad en la que se encuentra.

· He Long Chuang Gang (The Opposite Shore) de Ao Shen, de la Academia de Cine de Pekín (China). Por la solidez y la madurez que demuestra el realizador para abordar un tema relacionado con una de las minorías en China.

· L’ Merja (L’Etang) de Azzam El Mehdi, de ESAV (Escuela Superior de las Artes Visuales de Marruecos). Por la poesía y minimalismo con que trata un tema vital y sus resonancias sociales.

- Mención Especial del Presidente del Jurado: A Pehuajó de Catalina Marín, de la Escuela de Cine de Uruguay. Por la sencillez con que expresa la desolación de los sentimientos y de su entorno.
Premios 16ª Cine en Construcción

- Premio Cine en Construcción de la Industria: La Vida Útil, de Federico Veiroj (Uruguay).

- Premio TVE: Norberto Apenas Tarde de Daniel Hendler (Uruguay).

- Premio Casa de América: Rompecabezas de Natalia Smirnoff (Argentina ).

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<![CDATA['Paranoid Park', el cine ha muerto]]> http://www.blogdecine.com/criticas/paranoid-park-el-cine-ha-muerto http://www.blogdecine.com/criticas/paranoid-park-el-cine-ha-muerto Sun, 08 Mar 2009 16:20:08 +0000 seleccionado por themorningbell paranoid_park_ver3.jpg

Les guste a algunos o no, lo cierto es que el cine se desarrolló sobre todo en la etapa muda, y después poco más se ha investigado en cuanto a sus formas y posibilidades. Algunos dicen que la causa principal es la llegada del sonido, o más bien de los diálogos, que hacen más literarias las películas. Pero hay teorías para todos los gustos. Aunque me parece poco discutible que, sobre todo en Estados Unidos, los estudios hicieron propio un esquema que, con ciertas variaciones (algunas de ellas muy interesantes), desarrollaron durante los años 30, 40 y 50, perfeccionándolo y dando forma a lo que se entiende, mal, como clasicismo.

Este clasicismo no es más (ni menos, ciertamente), que una representación deudora de la novela del siglo XIX y del teatro de principios del siglo XX, con presentación, nudo y desenlace, con conflictos y objetivos, con personajes protagonistas y secundarios, y el director como un director de teatro, que se encarga de que todo funcione, pero sin dejar una huella personal en muchas ocasiones, supeditado a las necesidades del estudio y las estrellas. El cine clásico (lo que signifique está equívoca expresión) es sólo un cine, no es el Cine.

Ahora, casi tres décadas después del colapso del sistema de los estudios, muchos claman que nos encontramos con un cine (sobre todo norteamericano) deprimente, repetitivo y sin ideas. Pero a mi juicio creo que muchos espectadores están demasiado condicionados por el pasado del cine norteamericano, que abrió ventanas al futuro sólo en el caso de grandes directores como Howard Hawks, Orson Welles, Alfred Hitchcock o John Ford, pero que, como todo “sistema”, encorsetó la representación audiovisual hasta que la fórmula se agotó sin remisión. Los directores importantes de ahora mismo, los que tienen algo que decir, o bien investigan formas de representación opuestas (aunque conociéndolas profundamente) al cine clásico, o bien se alimentan de otras cinematografías y las implementan a su herencia. Gus Van Sant pertenece al primer grupo.

Realmente lo más lógico es que muchos detesten su cine. Estoy seguro de que este director es bien consciente de ello. Y realmente le importa muy poco. Su trayectoria es irregular, extraña y fascinante, y conforme pasan los años y va cerrando su discurso y perfilando más su mirada, más irregular, extraña y fascinante resulta, pero también más importante, pues se erige en crónica (como de una forma muy diferente hace Clint Eastwood en ‘Gran Torino’) de un país en proceso de desintegración moral y social, que se debate entre sus fantasmas como una bestia errabunda, cuyos héroes no son más que reminiscencias de un pasado cada vez más lejano, y cuyo presente es un paisaje fantasmal en el que es casi imposible reconocer a víctima y asesino, al héroe del villano. La vida por fin se abre camino en el cine norteamericano. Lo quieran algunos cinéfilos o no, el pasado (por suerte) nunca vuelve, y los puentes hacia el futuro están ahí.

Y la primera imagen de este alucinado y alucinante, lisérgico casi, ‘Paranoid Park’ es precisamente el puente más grande de Portland, recortado sobre un cielo gris y cuajado de nubes azules, que amenazan tormenta, con la imagen acelerada. Sobre ese puente pasan los títulos de crédito acompañados de una música desconcertante, esquizofrénica, que mezcla sin pudor lo plácido con lo alocado, notas de suspense con arpas celestiales. Ya con el primer plano sabemos que no vamos a asistir a cine predigerido, predecible u ortodoxo. Y ya desde el comienzo advertimos un trabajo de creación sonora muy complejo, que no siempre acompaña a las imágenes en un contínuo temporal, sino que elabora por su cuenta una trama sonora que otorga a la secuencia significados dispares, que la enriquece, en suma, con ecos, susurros, temas musicales fantasmagóricos y lánguidos.

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El responsable de la calidad de la imagen es el ya legendario director de fotografía Christopher Doyle (que venía de filmar la maravilla ‘Lady in the Water’ y que por cierto tiene una pequeña aparición en la película como el tío del protagonista) quien en colaboración con Rain Li, y en evidente complicidad con Van Sant, construye un imaginario visual realmente único, consistente en una gama infinita de grises y cololores desaturados, muy acorde con la atmósfera fantasmal que se pretende crear. Con una gran libertad, filman en 35 mm. y a continuación en 16 mm., ralentizando la imagen, como si fuera un sueño del que no podemos despertar. Planificando desde el estilo que Van Sant lleva edificando desde hace veinte años, pero añadiéndole mayor fluidez y flexibilidad, olvidándose del punto de vista de los personajes y adquiriendo uno etéreo, volátil, que se adentra no sólo en las vivencias del skater protagonista, sino sobre todo en su mente y en sus sentimientos más primarios.

Planos largos y densos, auténtico atentado directo y mortal contra la narración cinematográfica tradicional, saltos aparentemente arbitrarios en el tiempo que se niegan a contar la historia como otros podrían contarla, y que se convierten en personalísimas formas de acercarse a esta compleja historia de skaters desorientados, zombies, alejados de cualquier pensamiento pragmático, incapaces de adaptarse a un mundo que no sea el suyo propio interior, representado en un parque paranoide que obedece tan solo sus propias reglas y al que sólo los iniciados pueden acceder. Más que una historia criminal sobre skaters, deviene parábola del mundo interior del adolescente sumergido en infinitas dudas y carentes de atención y comprensión.

Una vez más, acompañamos por un itinerario pesadillesco a uno de los adolescentes hermosos y errabundos de Van Sant. De todos ellos, quizá Alex (interpretado con convincente neutralidad por Gabe Nevins), sea el más hermoso. Por momentos, pareciera que Van Sant le dedique una declaración de amor con la cámara, pues entrega numerosos primeros planos al rostro de este muchacho, tan bello que parece una muchacha, y tan trágico que sus momentos de skater (y los movimientos de otros skater) parecen una canción de dolor por la multiforme y siempre posible crueldad del mundo. Muchos no entrarán en estas imágenes, les repugnarán o las considerarán equivocadas, elititistas o falsamente artísticas. Directamente una negación del cine.

Yo personalmente creo que no se le puede pedir más al cine. Y de todas formas el cine me importa poco, me interesa más lo que se puede hacer con sus restos, a dónde se puede llegar con él. El cine ha muerto, larga vida al cine.

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