Favoritos de los expertos de titifano en Blog de Cine http://www.blogdecine.com/usuario/ seleccionado por los expertos de titifano http://www.blogdecine.com <![CDATA['Los odiosos ocho', el western respira (V)]]> http://www.blogdecine.com/criticas/los-odiosos-ocho-el-western-respira-v http://www.blogdecine.com/criticas/los-odiosos-ocho-el-western-respira-v Wed, 20 Jan 2016 09:13:18 +0000 seleccionado por los expertos de titifano
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Que el western parece querer volver a ponerse de moda es algo que ya no sólo se vislumbra en el horizonte. Muestras como ‘Slow West’ (íd., John McLean, 2015) o ‘The Salvation’ (íd.,Kristian Levring, 2014), o el próximo estreno de la sorprendente ‘Bone Tomahawk’ (íd., S. Craig Zahler, 2015) muestran al género no sólo de vuelta entre nosotros, sino renovándose de forma inesperada hacia nuevos rumbos. Ahora nos llega Quentin Tarantino con ‘Los odiosos ocho’ (‘The Hateful Eight’, 2015), probablemente su mejor trabajo tras las cámaras, aquel en el que ha estilizado por completo su estilo, renunciando y abrazando al mismo tiempo sus tics, y en el que su amor por el cine queda más patente que nunca.

Y lo hace con una visión muy diferente a la que podría haber hecho el gran John Ford, de quien Tarantino ha declarado recientemente que nunca le gustó demasiado —salvo con el aislado caso de ‘La diligencia’ (‘Stagecoah’, 1939)—, que él se acerca más a directores como Howard Hawks, heredando de él el carácter grupal de algunas de sus películas, como también hace otro director que en ‘Los odiosos ocho’ navega en la sombra: John Carpenter. Tarantino considera su film postapocalíptico, y algo de ‘La cosa’ (‘The Thing’, 1982) posee este claustrofóbico y violento western. Por cierto, los descartes de Ennio Morricone en aquel film son utilizados aquí al lado de los 25 minutos compuestos por el maestro para la banda sonora.

La idea de ‘Los odiosos ocho’ nace del propio director recordando viejos westerns televisivos en los que varios personajes quedan encerrados ocultando su naturaleza bondadosa o malvada al espectador hasta el final. Cuando tuvo listo el primer borrador, éste sospechosamente se filtró en Internet, Tarantino se pilló el mosqueo del siglo, pero poco después decidió hacer una representación teatral simplemente con la lectura del guion, eligiendo a actores que más tarde aparecerían en la película —otros no— obteniendo un éxito estruendoso. ‘Los odiosos ocho’ era una realidad, y la decisión de rodarla en UltraPanavision 70 mm, acertada o no —no sé hasta qué punto cuando la mayoría son interiores—, suena a capricho personal de su director. Porque puede.

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El UltraPanavision de 70 mm lleva cinco perforaciones de arrastre en la película y el positivo, y las lentes anamórficas de adaptación, con un factor de x0,25m, lo cual proporciona al espectacular aspect radio de 2.76:1 —en la de 35 mm el factor de compresión es de x2, a veces de x1,50, una diferencia considerable—. Lo penoso del asunto es que no todas las salas de cine están preparadas, lo cual resulta irónico, para proyectar un film así. En España sólo sucede en Barcelona, donde además el film se proyecta completo, sin el corte de 20 minutos aplicado al resto de ciudades.

Malditos bastardos

Con ecos de ‘El día de los forajidos’ (‘Day of the Outlaw’, André De Toth, 1959) y sobre todo ‘El gran silencio’ (‘Il Grande Silenzio’, Sergio Corbucci, 1968) —de la que directamente toma varias escenas prestadas— Tarantino construye toda una pieza operística alrededor de la premisa de un rescate, el de la bandida más cabrona del oeste, Daisy Domergue —una Jennifer Jason Leigh pletórica que ha recibido una muy merecida nominación al Oscar—, haciendo casi una relectura de su ópera prima, la magistral ‘Reservoir Dogs’ (ífd., 1991). Los interiores, en los que el director derrumba todo elemento teatral con su puesta en escena, vuelven a tomar sentido. Hawks no sólo resuena en sus imáganes, también Alfred Hitchcock.

‘Los odiosos ocho’ está estructurada en tres partes bien diferenciadas, cada una desencadenada a partir de un giro argumental que Tarantino se permite el lujo de explicar mediante el uso del flashback. Esto puede ser visto como innecesario, como pose —y de hecho creo que es así en otros trabajos del director—, pero lo que importa no es el destino, sino el viaje, y éste es increíblemente superior a lo visto en los siete films anteriores de su director. Ocho auténticos canallas, con un sentido de la moral y la justicia que raya la anarquía, motivados todos por ocultas razones personales, las cuales se irán descubriendo poco a poco y con gran entusiasmo, gracias sobre todo a la impecable labor actoral de todo su elenco.

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Un elenco por el que se pasean rostros ya conocidos en el universo tarantiniano, caso de Tim Roth, Michael Madsen o Samuel L. Jackson, quien por supuesto posee un momento de gloria, con un muy atrevido monólogo que recuerda al de la película más famosa de su director. Del resto destacaría, cómo no, a Kurt Russell, cuyo personaje parece una malévola evolución del de la película de Zahler, maravillosamente compenetrado con Jason Leigh, probablemente la mujer más golpeada y machacada de la historia de un género tradicionalmente masculino. También el televisivo Walton Goggins brilla a gran y rabiosa altura, un cambiachaquetas espléndido con el que Tarantino efectúa una nada disimulado mensaje alrededor de la mentira y la conveniencia extendiéndolo a todo el relato.

Todos mentimos

Es precisamente ese punto el que más me ha llamado la atención de ‘Los odiosos ocho’. No únicamente por reflejar la violencia histórica de un país más tambaleado de lo que pensamos. Si el western en sí es ya de por sí una mentira, o como diría Leone una fábula con la que acercarse a la verdad, Tarantino le saca un provecho inusitado a dicho elemento, convirtiendo una carta del presidente Lincoln en todo un McGuffin con el que denunciar sin miramientos, y de forma muy violenta, esa mentira que posee un excesivo alcance político y humano. Como la bola de nieve que cae ladera abajo, como la tormenta que encierra a ocho personajes a enfrentarse los unos con los otros.

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También me ha sorprendido muy gratamente el hecho de que el director que más parece admirar a Sergio Leone ha renunciado, sorprendentemente, a plegarse a la tentación de homenajearle teniendo en la música a alguien como Morricone. Así y cuando el flashback tiene lugar, Tarantino dilata el tiempo en determinada secuencia y en lugar de usar al compositor italiano, utiliza a David Heiss y la canción ‘Now You Are Alone’. También puede aplicarse a la tensa secuencia en la que Demian Bichir interpreta ‘Noche de paz’ al piano. Probablemente el mayor acto de respeto hacia Leone por parte de Tarantino, en el que toma definitivamente el relevo generacional.

Además logra estilizar su estilo, y cuando la película parece que va a desmadrarse a lo bestia, y eso sucede en numerosas ocasiones en su tercio final, Tarantino pisa el freno o lo equilibra con una secuencia posterior. La descarnada violencia explícita, que algunos pueden ver como casquería barata —algo que sí sucedía en su primer western— encuentra su sentido en un hambre de justicia verdadera y que se nivela entre los momentos poéticos —la lectura de la carta, que deriva en la necesidad de la mentira para proporcionar una falsa paz— o el golpe violento de terrible verdad, como el impresionante monólogo de Jennifer Jason Leigh, grito de rebeldía que incide en la mal llamada violencia de género.

Apasionante, hermosa, violenta, y con cierta tendencia a la salida de tono, que parece hecho a propósito para luego recuperarse, ‘Los odiosos ocho’ es un deleite visceral y estremecedor sobre la condición humana, hurgando en la propia historia de los Estados Unidos.

Otra crítica en Blogdecine:

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<![CDATA['Sicario', descenso a los infiernos]]> http://www.blogdecine.com/criticas/sicario-descenso-a-los-infiernos http://www.blogdecine.com/criticas/sicario-descenso-a-los-infiernos Mon, 18 Jan 2016 11:53:52 +0000 seleccionado por los expertos de titifano
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En una de las secuencias más llamativas de ‘Sicario’ (id, Denis Villeneuve, 2015) —nominada a muy pocos Oscars en la próxima edición— un grupo de asalto, de esos que trabajan para las altas esferas realizando operaciones peligrosas y secretas, el director Denis Villeneuve —con un par de joyas, o más, en su recomendable filmografía—, ayudado de Roger Deakins filma lo que la película narra a través de los ojos de su protagonista, un descenso a los infiernos. El horizonte, bajo el que va desapareciendo el grupo de asalto, posee el color del fuego, y acto seguido las órdenes son las de usar las armas con total libertad.

Un descenso a los infiernos vivido en primera persona por el personaje principal, la agente del FBI Kate Macer (Emily Blunt), otro gran personaje femenino en la filmografía de su director. Desde su ópera prima hasta la presente, el cine de Villeneuve se ha caracterizado por poseer una sensibilidad femenina absolutamente envidiable, lejos de maniqueísmos y estupideces sobre la diferencia de sexos. Todo un logro en un mundo asquerosamente machista —quien piense lo contrario vive en los mundos de Yupi, con una piruleta en la mano y la ignorancia en la otra—, cruel, violento y lleno de cloacas humanas. Con Macer realiza además un juego de traspaso emocional hacia el espectador. Como ella, somos los testigos.

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Posee ‘Sicario’ tres formas de retratar el difícil mundo en el que vivimos —aquí representado de forma alegórica con la lucha contra el cártel de droga mexicano, sobre todo en la ciudad de Juárez, de la que algún político ha expresado su disgusto con la película, aludiendo a estúpidas razones políticas—, y que juntas conforman la visión total, quizá nunca completa, del enorme basurero moral en el que vivimos. Una de ellas es aérea —lejos del objetivo—. Las tomas en planos cenitales del film —y que recuerdan a las de ‘La isla mínima’ (Alberto Rodríguez, 2014)— son mucho más que bonitas panorámicas aéreas. Muestran el aspecto de ese infierno de lejos, y siempre algún detalle visual en el que fijarse.

La segunda es sobre la superficie, y que comprende buena parte del film. Desde el impactante descubrimiento inicial del film —todas las películas de Villeneuve comprenden en su comienzo un hecho traumático para el personaje central—, hasta la magistral secuencia en la autopista de la frontera mexicana, en la que la labor del montador Joe Walker brilla con luz propia. El infierno comienza a mostrar su forma, sus peligros, y en ese tramo la actriz Emily Blunt destaca por la impecable labor de mostrar emocionalmente sus dudas, sus reparos, pero sobre todo sus miedos. Nuestros miedos.

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El infierno que nadie quiere ver

La tercera es bajo tierra, y da comienzo con la secuencia al inicio señalada. Un confuso viaje a través de unos grandes túneles, la inmersión completa en el infierno, y cuya verdad desvelada, más allá de las diferentes agencias que parecen tomar parte, o no, en un complicado entramado, es de lo más terrible. En ese punto, Macer cede el testigo al espectador, ya identificado de sobra con ella, y asiste a la verdadera naturaleza de la misión. Una misión que concluye en una cómoda casa, alrededor de una cómoda mesa con cuatro seres humanos cenando. En ella, un inmenso Benicio del Toro —que parece va a protagonizar una innecesaria secuela sobre su personaje— explica con pocas palabras, miradas y definitivos actos, lo que hay que hacer en este mundo para aplicar justicia. El mundo de lobos que él mismo le cita a Macer posteriormente, y para el que casi nadie está preparado.

No es ‘Sicario’ un título colocado porque sí. El viaje infernal de su protagonista —Emily Blunt demuestra aquí que es capaz de absolutamente todo— da comienzo con la definición en pantalla del término, seguido de los sonidos de su corazón —impresionante trabajo en la banda sonora por parte de Jóhann Jóhannsson— y concluye con el título sobre la imagen de unos niños jugando al fútbol, sobresaltados por el sonido de disparos en algún lugar no muy lejano. Unos niños —uno de ellos hijo de un policía corrupto— que serán criados en dicho infierno, o cerca de él, que crecerán y se convertirán en alguien, a uno u otro lado. Una vez más Villeneuve deja al espectador el juicio moral cerrando su film de forma inesperada.

Para dicho descenso Villeneuve se sirve —además de una labor actoral de lo más completa—, o el uso del fuera de campo en instantes inesperados —el momento de Alejandro (Del Toro) torturando a un detenido, o la comentada secuencia de la cena—, de una misteriosa e implacable fotografía de Roger Deakins, añadiendo textura al viaje físico y emocional de su protagonista, un viaje que se irá oscureciendo paulatinamente. Comienza de día, concluye de noche, y en su epílogo recupera la luz del día con nuevos lobos en la lucha encarnizada de un mundo más jodido de lo que pensamos.

Otras críticas en Blogdecine:

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<![CDATA[Añorando estrenos: 'Polytechnique', Denis Villeneuve y el universo femenino]]> http://www.blogdecine.com/criticas/anorando-estrenos-polytechnique-denis-villeneuve-y-el-universo-femenino http://www.blogdecine.com/criticas/anorando-estrenos-polytechnique-denis-villeneuve-y-el-universo-femenino Wed, 02 Dec 2015 13:01:49 +0000 seleccionado por los expertos de titifano
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“Si tengo un hijo, le enseñaré a amar. Si tengo una hija, le enseñaré que el mundo es suyo”

Al que no le quede aún claro que el cine de Denis Villeneuve da más importancia a los personajes femeninos que a los masculinos debería ver la que es una de sus mejores, sino la mejor, películas: ‘Polytechnique’ (id 2009). La misma recoge el fatídico hecho acaecido en el Instituto Politécnico de Montreal el 6 de diciembre de 1989, cuando un alumno armado con un rifle semi-automático, acabó con la vida de catorce mujeres, hirió a otras quince, y se suicidó tras proclamar que “luchaba contra el feminismo”. Villeneuve cambió los nombres reales por respeto a las víctimas, y no estrenó el film sin el visto bueno de los familiares de los fallecidos en aquel horror.

77 minutos de puro cine en los que el director canadiense maneja con habilidad un tema tan espinoso como el femenismo mal entendido, la violencia presente en la sociedad, y las consecuencias de un acto perfectamente condenable desde varias perspectivas. A través de un aterrador blanco y negro, de un montaje soberbio, de flashforwards y flashbacks entrelazados, Villeneuve se erige como un genio de la síntesis, ofreciendo una pieza fílmica reflexiva hasta límites insospechados, siempre teniendo en cuenta la inteligencia del espectador, y también sin ponérselo fácil, aun partiendo de un hecho verídico.

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Lo cierto es que el director posee un punto de partida real, es decir, la matanza en sí, y construye toda una ficción, una fábula si se quiere llamar así —toda película lo es—, y llega a la verdad. Más allá de querer reconstruir lo que sucedió ese día —a partir del cual la política sobre armas en Canadá cambió considerablemente—, Villeneuve plasma una serie de acontecimientos entrelazados a través de diversos puntos de vista —el saber cambiarlos continuamente, requiere algo más que habilidad— sin entrar en ningún tipo de condena ideológica, aun dejando claras las razones por la que el asesino —cuyo nombre jamás llega a decirse— hace lo que hace. Villeneuve va más allá del panfleto, y ofrece una oportunidad para pensar detenidamente.

Si ‘Polytechinque’ no engancha al espectador en los dos primeros minutos ya no lo hará después. Una fotocopiadora, una mujer sacando fotocopias, un ambiente de instituto, y de repente el horror en forma de disparo inesperado, la secuencia se ensordece, el silencio se adueña de la función y el espectador entra en una especie de shock, con innumerables ramificaciones morales, algunas de ellas de lo más espinosas —esta película se estrena hoy día, y las reyertas en cierta red social serían catastróficas—, y precisamente ese silencio estará omnipresente en la función, de muchas y diversas formas. El silencio como condena, como tabla de salvación, como catarsis definitiva.

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Durante todo el tramo en el que se produce la matanza, y con el que ya Villenuve demostraba mano para el manejo de la tensión —por momentos parece que estamos ante un film de suspense, sobre todo, cuando todo es narrado desde la perspectiva de uno de los protagonistas masculinos del film—, se recurre al silencio para todo. A la primera de las nueve víctimas encerradas en una de las aulas —uno de los instantes más terroríficos del cine que no pertenece al género de terror— la interrumpe con una ráfaga de disparos cuando aquélla proclama que no es feminista. El silencio utilizado como arma. Más tarde, dos de las supervivientes en dicha aula, deben permanecer calladas haciéndose las muertas, pensando que el asesino ha vuelto a por ellas, instante de mayor terror aún. El silencio como salvación.

Fascinante rompecabezas visual

Ni un solo personaje es capaz de pronunciar una sola palabra coherente en dicho tramo, y el espectador, aun conociendo el resultado, tiene un nudo en la garganta. El silencio de nuevo, esta vez traspasando la pantalla. Villeneuve deja para el inicio y el final dos confesiones, una es la del asesino —atención a cómo lo muestra en determinado momento, desenfocado, no sabemos nada de él, sólo su rostro—, otra es una emotiva carta de una de las supervivientes a la madre de aquél. En medio un rompecabezas visual que debe ser construido en nuestra mente, incluidos los planos inclinados, que sugieren más de lo que parece. Y aun teniendo en cuenta el portentoso trabajo visual, o el uso del formato scope —impresionante cuando la cámara está tras las puertas o sigue a diversos personajes por el campus, muy alejado del postureo de Gus Van Sant en ‘Elephant’ (id, 2003)—, los actores escapan a la etiqueta de intérpretes, y resultan ser personajes.

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La sutileza de nuevo como arma —peligroso término en una película de estas características— en manos de uno de los mejores narradores del cine actual. Villenuve no condena, sólo muestra, y cuando quiere pronunciarse, lo hace a favor de la mujer, no podía ser de otra forma. De la mujer luchadora, de la superviviente en un mundo enteramente machista —esa es la cruda realidad—. De ahí esos preciosos planos sobre el triunfo laboral de la superviviente —y que además establecen un paralelismo, con otra secuencia, sugiriendo que, tras una desgracia, hay dos opciones, rendirse, o seguir luchando—, con su iluminado rostro como señal de victoria en este asqueroso mundo. La frase del inicio es pronunciada en la citada carta, no como reproche, sino como sentida reflexión a la realidad.

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Reflexión que Villeneuve nos invita a hacer en uno de los más impactantes planos vistos en una película. El cenital que hermana con sangre a verdugo y una de sus víctimas. Si la decisión de filmar en blanco y negro fue por no resaltar la sangre en la película, el contraste entre ambos colores sirve mejor a las intenciones del director. No sólo por la atmósfera fría de Canadá, con la nieve muchas veces presente, sino porque el rojo pasa a ser negro que se funde con otro en una atrevida unión, que escapa a absurdas razones ideológicas, dejando el debate político por los suelos.

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Y cuando creíamos que el film ya nos ha golpeado bastante, Villeneuve, una vez más concluye su film con una secuencia, como siempre en su obra, que invita a continuar trabajando en nuestras mentes. Ese fantástico travelling por el techo del instituto, con la imagen al revés. Las lecturas son tantas, y tan válidas como queramos. Desde la más evidente —este mundo está al revés— hasta la más sugerente —hay que ver este mundo desde otras perspectivas, desde otra altura, desde otro ángulo—. Magistral.

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<![CDATA['El puente de los espías', emocionante defensa de la humanidad en tiempos oscuros]]> http://www.blogdecine.com/criticas/el-puente-de-los-espias-emocionante-defensa-de-la-humanidad-en-tiempos-oscuros http://www.blogdecine.com/criticas/el-puente-de-los-espias-emocionante-defensa-de-la-humanidad-en-tiempos-oscuros Tue, 01 Dec 2015 15:01:47 +0000 seleccionado por los expertos de titifano
Una imagen de El Puente de los Espías

“Estamos en guerra. Por el momento esta guerra no requiere soldados, requiere información.”

Este viernes llega a la cartelera española ‘El puente de los espías’ (‘Bridge of Spies’), una de las películas más esperadas e importantes del año. Esperada porque reúne por cuarta vez a Steven Spielberg y Tom Hanks; importante porque estamos ante una auténtica joya, un vibrante thriller con magníficas interpretaciones que, a pesar de su ambientación histórica, tiene mucho que decir sobre nuestra realidad en este 2015.

Tuve la oportunidad de ver ‘El puente de los espías’ antes del estreno gracias a una invitación de 20th Century Fox, que juntó a un grupo de comunicadores/reporteros para un evento especial en Londres donde pudimos mantener una breve charla con Spielberg y Hanks. Hoy os dejo mi opinión del film y el jueves publicaré lo que se dijo en ese encuentro con estos dos iconos del cine (ya os adelanto que hay varias anécdotas muy divertidas).

Dos actorazos en manos de un director (todavía) extraordinario

Matt Charman y los hermanos Coen (encargados de una reescritura para aportar ingenio y humor) firman el guion de la película. Arropado por un impresionante diseño de producción que recrea acontecimientos tan famosos como la construcción del muro de Berlín, Spielberg transporta al espectador a la Guerra Fría para contar la aventura de un héroe improbable, un hombre recto que luchó por lo que creía, que no se dejó arrastrar por las masas dominadas por el miedo (el terrorismo “islámico” es nuestro nuevo enemigo).

‘El puente de los espías’ se basa en la asombrosa historia real de James B. Donovan, abogado de una empresa de seguros que, inesperadamente, es empujado a jugar un papel crucial en el tenso enfrentamiento entre Estados Unidos y la URSS que pudo desembocar en una III Guerra Mundial. El detonante del relato es la detención de Rudolf Abel, a quien da vida un sorprendente Mark Rylance, tan sumergido en su personaje (prestad atención a sus dedos en la primera escena) que llega a eclipsar al mejor Tom Hanks. Debería ser, al menos, nominado al Oscar.

Pero cuando Hanks centra la atención… es una combinación entre James Stewart y Gary Cooper. Hablamos de un brillante actor que sigue entregado en cuerpo y alma a su profesión, y bajo las órdenes de un auténtico genio para la puesta en escena (todavía en forma a sus 68 años) nos regala algunos de las mejores momentos de su carrera; aporta carisma, humanidad y credibilidad, hasta el mínimo detalle, a un personaje que fácilmente podría resultar impostado (alguien demasiado correcto para ser real) y tiene una escena con Rylance al final que me emocionó muchísimo.

‘El puente de los espías’, un thriller impecable

El resto del calculado elenco (Amy Ryan aporta detalles fantásticos con un personaje breve pero fundamental), la emocionante música de Thomas Newman y la hermosa fotografía de Janusz Kaminski (que nos lleva a recordar ‘El tercer hombre’) aportan solidez a un poderoso drama que tiene madera de clásico. Nadie puede predecir qué películas van a perdurar y cuáles pero apuesto que ‘El puente de los espías’, con momentos tan intensos, será recordado como uno de los mejores trabajos de Spielberg.

Y dicho eso, antes de terminar, voy con un apartado que considero necesario incluir: mis problemas con la película. Dura un poco más de la cuenta (es decir, se notan sus más de dos horas), divide el punto de vista innecesariamente (veo desafortunado detenerse tanto en mostrar los caminos que llevan a los arrestos de los estadounidenses) y caricaturiza a los villanos (de ambos bandos). Al margen de esas pegas, magnífica.

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