Favoritos de universoweb en Blogdecine http://www.blogdecine.com/usuario/ seleccionado por universoweb http://www.blogdecine.com <![CDATA['El secreto de sus ojos', sencillamente una obra maestra]]> http://www.blogdecine.com/criticas/el-secreto-de-sus-ojos-sencillamente-una-obra-maestra http://www.blogdecine.com/criticas/el-secreto-de-sus-ojos-sencillamente-una-obra-maestra Mon, 05 Oct 2009 04:17:01 +0000 seleccionado por universoweb el-secreto-de-sus-ojos-2.jpg

Empiezo a detestar la expresión Obra Maestra. Se usa con demasiada complacencia y, a menudo, con insuficiente modestia o quizá exceso de coraje. También debería ser empleada con algo más de conocimiento. El término alude a películas en las que la diferencia entre lo buscado y lo encontrado es inexistente. Y no sólo a eso, también a dramas que convocan una tensión psíquica y emocional extrema en el espectador, a la vez que extraen de él lo mejor y lo peor de su interior. Nada más y nada menos. Una de las películas de este año que merece tal calificativo es, a mi juicio, y sin ninguna duda, la cuarta realización de Juan José Campanella.

Decía el director que gana mucho más dinero con un solo episodio de la inigualable serie de televisión ‘House M.D.’, para la que ya ha dirigido tres episodios, que con cualquiera de sus películas. Puede que sea cierto. Pero aunque su gran tríptico televisivo es digno de elogio, en la memoria de los cinéfilos de todo el mundo va a quedarse, y para siempre, ‘El secreto de sus ojos’, un melodrama impredecible, conmocionador y apasionante, muy intrincado, pero resuelto con sencillez y precisión admirables. ¿La película del año?

Tuve la oportunidad de ver esta noble película hace pocos días, durante el último Festival Internacional de San Sebastián. Yo estaba allí, y puedo atestiguar que, justo antes de los títulos de crédito, ya comenzó una atronadora ovación que es, o eso se decía, una de las más inolvidables que ha conocido una película en ese certamen. Y he de reconocer que, dada la respuesta colectiva unánime ante ese visionado, tenía mis dudas de que fuera, en verdad, tan magnífica. Pero la he vuelto a ver y es cierto. No sólo es magnífica, además, es bellísima.

Campanella ya había conocido un éxito masivo con el estupendo melodrama ‘El hijo de la novia’, en la que ya mostraba sus armas como buen director de actores, competentísimo realizador y sensible y habilidoso guionista. Sus otras películas conocidas, ‘El mismo amor, la misma lluvia’ y ‘Luna de Avellaneda’ (entre una filmografía no muy extensa, no tuvieron una respuesta tan global, aunque eran tragicomedias bastante interesantes. En todas ellas el protagonista fue Ricardo Darín, quien de nuevo repite en esta última, y que está, a falta de otra palabra mejor, espectacular.

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Pero es que todos los actores, hasta el último del extenso reparto, están increíbles. Nunca vimos más guapa y fascinante a Soledad Villamil, y Guillermo Francella borda el precioso personaje sanchopancesco de Sandoval, tan importante en esta historia de perdedores cuyo pasado sentimental quedó unido para siempre con el profesional, y cuyas heridas nunca caducan sino que supuran fantasmas imposibles de redimir si no es con una investigación policial interminable y angustiosa.

De modo que se trenzan, de manera magistral, una historia romántica y una historia criminal, que se alimentan y se repudian mutuamente, y el director se mueve entre ambos tonos como pez en el agua, sin perder jamás el control de la historia, capaz de armar la atmósfera precisa a cada momento, y dando muestras de un nervio narrativo inusitado. Los que ya la hayan visto recordarán un plano secuencia (lógicamente trucado, pero no por ello menos meritorio), que tiene lugar en un estadio de fútbol, que será el decorado de una persecución memorable. Pero es la excepción, porque despliega una elegancia y una contención que no aspiran a impresionar al espectador, sino a conmoverle.

Hay secuencias truculentas, otras muy tensas. Pero en ninguna de ellas Campanella se entrega a lo morboso ni a lo efectista, sino que persigue solamente la verdad y la emoción más primaria, más noble. Este cineasta se convierte, de manera incontestable, en un maestro del melodrama y del cine negro, de la ironía y de la convocatoria más sincera a las lágrimas que dentro de una sala de cine nos liberan del propio pasado, de los propios fantasmas, pues nos coloca un espejo, hermoso y libre, en el que desahogarnos y sentirnos vivos de nuevo.

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<![CDATA['The Reader' no es perfecta]]> http://www.blogdecine.com/default/the-reader-no-es-perfecta http://www.blogdecine.com/default/the-reader-no-es-perfecta Wed, 11 Feb 2009 06:54:37 +0000 seleccionado por universoweb The Reader

Con cinco candidaturas a los Oscar y varios premios ya recibidos, se estrena el día 13 ‘The Reader’ (el lector), la adaptación que ha realizado Stephen Daldry (‘Las horas’) de la novela ‘Der Vorleser’, de Bernhard Schlink. Encabezan el reparto Kate Winslet, Ralph Fiennes, Bruno Ganz y Lena Olin, a quienes acompañan rostros menos conocidos como los de David Kross, Jeanette Hain o Ludwig Blochberger.

Una revisora de tranvía, Hanna Schmitz (Winslet), conoce a un adolescente, Michael Berg (Kross), cuando él vomita en su portal. Ella le ayuda y, una vez él ha recuperado su enfermedad, vuelve a su casa para agradecérselo


Así es como comienza ‘The Reader’ , aunque lo que de verdad hace arrancar la película es otro acontecimiento muy diferente. Lo que vemos en esta introducción son situaciones que, aunque podrían haber quedado zafias con otro tratamiento, aquí se perciben delicadas. Es un retazo de la historia que necesitamos conocer para comprender el argumento. No sólo conocerlo cual frío dato informativo: necesitamos ver cómo sucede, pues las emociones que se derivan de ese romance serán lo que dé fuerza a los hechos posteriores. Así que no es algo del todo prescindible. Pero, a pesar de eso, el guión de David Hare dedica a esta etapa más minutos de los necesarios. Ya que la acción no avanza y las escenas se hacen repetitivas en cuanto a su contenido, con algo menos de duración, el efecto habría sido equivalente.

Una vez se ha superado este período, ‘The Reader’ mejora muchísimo y, más adelante, pasado el ecuador del metraje, hay un tramo de película muy poderoso, que es donde todo cobra sentido, donde de verdad se producen sentimientos en el espectador y donde se establece la identificación con los personajes. Se comenta que sería extraño que se llevase el Oscar a la Mejor Película un film que ni siquiera está nominado al mejor montaje. Parece claro que sin un buen montaje una película no puede ser impecable y ‘The Reader’ no cuenta con una buena labor de edición. No estoy hablando de ritmo o duración de los planos, sino de lo que el montaje debería haber hecho con la estructura: con una introducción menos extensa y llegando antes al juicio, el film concentraría sólo momentos buenos en lugar de estar sufriendo altibajos. La división en tres partes de la novela no da los mismos resultados en cine. Si se añade una cuarta en forma de epílogo de dudosa pertinencia, el conjunto es aún más cuestionable.

El juego temporal a base de flashbacks, que no estaba en la novela, no habría sido necesario. En todo caso, sirve para lastrar aún más el ya de por sí lento avance de la historia. Permitiéndose la libertad de hacer cambios, habría sido más sabio por parte de Hare acercarse a una estructura más cinematográfica y ágil para centrarse en los mejores momentos de la narración, que incluir este recurso tan artificioso.

La interpretación de Kate Winslet es buena, pero opino que no iguala la que hizo en ‘Revolutionary Road’ y que, si había que convocarla para el Premio de la Academia por un único film, habría sido preferible elegir el de Mendes. Allí cada palabra que salía de sus labios parecía que estaba gritando Oscar. Aquí su actuación es más monótona, basada casi siempre en una expresión de ceño fruncido que presenta pocos matices. Más profundamente se puede saber si la interpretación es mejor o peor analizando los resultados: la identificación que nos ha creado hacia su personaje es un termómetro perfecto de su trabajo como actriz. Y, al menos a mí personalmente, me despertó mucha más empatía en ‘Revolutionary Road’ que en el film que nos ocupa.

El otro protagonista, David Kross, en el papel de un Ralph Fiennes joven, carece de definición, se presenta vacío, plano. Es difícil mantenerse a su lado ante sus cuitas o ver el atractivo que encuentran en él los personajes femeninos. Uno de sus compañeros de la Universidad de Derecho, con una sola frase, ya demuestra mucho más carisma que Kross en todo el film. Ese Berg joven nunca termina de despertarnos nada, como sí logrará cuando cambie de intérprete para alcanzar la edad madura. Por otro lado, no es creíble que el chico no se hubiese dado cuenta antes de que (SPOILER) Schmitz no sabía leer. Así, el momento de su descubrimiento se nos antoja débil, como también todo el problema que supone para ella el analfabetismo (FIN DEL SPOILER).

El personaje de Bruno Ganz, un intérprete que podría haber aportado mucho a la película, se presenta cuando conviene, como vehículos para sacar adelante el argumento, y luego se abandona por completo, sin que se sepa qué es de él. Lena Olin hace una extraña aparición con un obvio maquillaje avejentador que te hace pensar que inmediatamente habrá un flashback donde la veremos en su edad natural. Sin embargo, no se nos desvelará el misterio del porqué de esta transformación hasta el final. Habría sido mejor evitar esa sensación de descoloque que se produce al verla en el papel de vieja, sobre todo porque más adelante se comprende que era innecesaria y que únicamente se trataba de un capricho, quizá del director, quizá de la propia actriz.

El fondo de esta historia –parcialmente autobiográfica— presenta dilemas morales que, sobre el papel, tienen una enorme fuerza dramática. Sin embargo, en el film no percibimos tales diatribas con la misma intensidad. En el personaje de Winslet sobreentendemos una necesidad de arrepentimiento tras lo que hizo en el pasado. Pero no lo vemos en ella, ya que su interpretación es demasiado hermética en el momento en el que se tendrían que entrever las ganas de reflexionar. Igualmente, cuando se cierne sobre su cabeza la posibilidad de una condena, sentimos poca empatía con Schmitz. Esto también es cuestión de guión, por supuesto: (SPOILER) es decisión suya no sacar a la luz lo que la podría salvar. Y ya que antepone el orgullo a la libertad, suponemos que es lo que ha preferido. Si a ella no le importa ir a la cárcel, tampoco puede provocarnos pena a los espectadores (FIN DEL SPOILER). Con el personaje de Kross también tendríamos que sentirnos conmovidos por la dificultad ante la decisión de si confesar o no ese secreto. Y esto tampoco se transmite en la película.

En ‘The Reader’ podemos hallar grandes momentos rodados de forma bella y elegante –la nominación a la Mejor Dirección de Fotografía me parece adecuada—. Encontramos buenos intérpretes. Se nos narra en ella una historia con aristas emocionales y posibilidades de despertar grandes sentimientos. Pero no es una película perfecta. Muy al contrario, se trata de un film en el que se diferencian demasiado los fragmentos mejores de los no tan logrados.

Más información en Blogdecine sobre ‘The Reader’.

Mi puntuación:

2,5

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<![CDATA['Despedidas', a dos metros bajo tierra]]> http://www.blogdecine.com/default/despedidas-a-dos-metros-bajo-tierra http://www.blogdecine.com/default/despedidas-a-dos-metros-bajo-tierra Tue, 11 Aug 2009 13:14:06 +0000 seleccionado por universoweb okuribito-1.jpg

‘Despedidas’ (‘Okuribito’) se alzó con el Oscar a la mejor película de habla no inglesa en la pasada edición de los famosos premios. Al respecto coincido con mi compañero Jesús León, quien en su crítica afirma, no sin razón, que gracias a ese premio hemos podido disfrutar en nuestro país (y supongo que en muchos otros) de una película como la que nos ocupa. Y así es, me temo. Si el film ganador hubiese sido ‘Vals con Bashir’ o ‘La clase’ (las dos favoritas), es muy probable que ‘Despedidas’ no hubiese gozado ni de estreno en salas comerciales, que todo hay que decirlo, tampoco ha disfrutado de una distribución envidiable.

Sea como fuere, el estreno se ha producido, y eso ha hecho que muchos hayan podido disfrutar de una película que merece todos los elogios posibles, acompañados de los epítetos que tanto nos gusta utilizar, más unas cuantas alabanzas. Yôjirô Takita, que proviene de realizar cintas eróticas se ha marcado un inesperado tanto con una película a la que se ha tachado de ser demasiado occidentalizada. Creo que lo más correcto sería decir que ‘Despedidas’ es una película universal, su mensaje llega a cualquiera más allá de doctrinas, creencias o culturas. Al fin y al cabo, uno de sus temas centrales es la muerte, ésa que no conoce de fronteras ni nacionalidades y a todos trata por igual.

‘Despedidas’ (la traducción literal del título original tendría que haber sido ‘El que envía’) narra la historia de Daigo Kobayashi, un violonchelista que se tiene que buscar la vida cuando la orquesta en la que toca se disuelve porque no compensa económicamente el mantenerla. Terminará siendo ayudante en una funeraria, en la que realizan una ceremonia de despedida del difunto delante de sus familiares, limpiando y maquillando el cuerpo para que su tránsito al otro mundo sea más puro. Daigo se verá metido en un oficio que en un principio no entiende demasiado bien, teniendo que ocultarlo a su propia mujer y conocidos, ya que no está bien aceptado socialmente.

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‘Despedidas’ puede recordar a esa joya de la televisión llamada ‘A dos metros bajo tierra’ (‘Six Feet Under’) en la que la familia Fischer arregla sus propios problemas personales mientras día a día conviven con la muerte. Pero recuerda única y exclusivamente porque el personaje central del film trabaja en una funeraria, lo cual servirá de catalizador para hablar de otras cosas. La obra maestra de la HBO, a su modo trasciende sobre un tema muy común, pero al que todos tenemos un miedo atroz: la muerte. ‘Despedidas’ se acerca también a ella, desde una óptica localista, con sencillez aunque elevando el tono en determinados pasajes, lo cual servirá para ser tachada de sentimentaloide, cuando en verdad no debería ser así.

‘Despedidas’ recuerda en forma a otra película ganadora del mismo premio, y que suele ser la debilidad de todo cinéfilo: ‘Cinema paradiso’. Algunos pensarán que la comparación es exagerada o errónea, pero si se comparan ambas películas se verá que los resortes narrativos son exactamente los mismos, y la forma de llevar al espectador a donde el director quiere, manejando a su antojo los sentimientos de éste (algo parecido sucede en esa joya de nombre ‘Up’), pero lo hace descubriendo totalmente sus cartas, sin trucos ni manipulaciones, logrando ser un film honesto y sincero. Es el espectador quien decide (como ocurre siempre en esto del arte, tal y como decía Kubrick) entrar o no en ese juego. Por mi parte sólo puedo decir que entré de cabeza, dejándome arrastrar por todo un torrente de emociones expuestas a lo largo de una historia que trata no sólo de la muerte, sino del amor por el trabajo, la dedicación, el valor de la vida, el respeto, y sobre todo la comprensión.

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Masahiro Motoki da vida al personaje central con una vitalidad sorprendente, comprendiendo a la perfección la evolución del mismo, logrando una empatía con el espectador fuera de lo común. Él es el pilar fundamental de la película. Desde su fracaso inicial, que le lleva a la frustración por tener que aceptar un trabajo que no comprende, mientras regresa a su pueblo natal donde la memoria le jugará una mala pesada, recordando a un padre que jamás le atendió como quiso. De sus primeros contactos con la muerte, a través de cadáveres que le repugnará tocar aprenderá el valor de la vida en sí y lo efímero de la misma, pero también comprenderá gracias a su jefe (un inmenso Tustomu Yamazaki) el valor de las ceremonias de despedida de los difuntos. El film alcanzará su apogeo en la búsqueda interior de los recuerdos de Daigo, catalizados a través de la más perfecta de las ceremonias, aquella en la que todo cobra sentido, y el film se convierte en una experiencia catártica.

Joe Hisaishi baña musicalmente las imágenes de ‘Despedidas’. El habitual compositor de Hayao Miyazaki es el intermediario entre la película y el público, son sus atemporales notas, cargadas de sensibilidad, las que nos introducen en la historia (cuánta importancia casi invisible hay en la banda sonora de este film, en las de tantos films…). Así pues, y sin cargar jamás las tintas, las melodías de Hisaishi, transportadas al cello de Daigo, acompañan con delicada pleitesía (como cada una de las ceremonias en los funerales) al protagonista, hasta esa explosión final en la que un enfoque de cámara alcanza dimensiones elegíacas.

‘Despedidas’ es un bálsamo en estos tiempos de incomprensión y prejuicios, una obra maestra instantánea e imperecedera, de sublime sencillez, a la que rendirse sin ningún tipo de rubor. Su sinceridad nos arropa con la misma delicadeza con la que Daigo viste a sus pacientes inmóviles, y nos hace recordar la importancia de estar vivos, no por la vida en sí, sino por lo que hacemos con ella.

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<![CDATA[Arriba la emoción, arriba la aventura, arriba el cine]]> http://www.blogdecine.com/default/arriba-la-emocion-arriba-la-aventura-arriba-el-cine http://www.blogdecine.com/default/arriba-la-emocion-arriba-la-aventura-arriba-el-cine Thu, 06 Aug 2009 17:05:34 +0000 seleccionado por universoweb up

Como un buen vaso de agua fresca en un día de calor asfixiante. ‘Up’ sienta tan bien. Hace poco os hablaba de lo mal que veía el cine actual, de lo penoso que resulta mirar la cartelera, tratando de encontrar una película que no sea muy mala. Afortunadamente, entre otros, aún nos quedan los profesionales Pixar. Con ‘Up’ lo han vuelto a lograr. Lograr que se disfrute una película como si fuera la primera vez, que se viva todo lo que sucede en la pantalla, que al llegar a los créditos finales uno sienta ganas de levantarse y aplaudir, dar las gracias a los que han traído agua, en medio del desierto.

Al entrar y sentarme en la butaca, no podía dejar de pensar que Pixar tenía que superarse, o al menos igualarse, con su nuevo producto. Pero la verdad es que pensaba que ‘Up’ iba a estar por debajo de ‘WALL·E’, del mismo modo que ésta lo estuvo de ‘Ratatouille’, posiblemente la película más redonda que ha salido del estudio dirigido por John Lasseter en los últimos años; quizá incluso desde la primera, ‘Toy Story’, que es sencillamente perfecta (por cierto, preparaos para la nueva explosión de ese universo, con el estreno de las dos entregas en 3D y la llegada de ‘Toy Story 3’). Ahora mismo, no sabría dónde situar ‘Up’, pero sí tengo claro que es tan buena como la del robotico que limpiaba basura, si no más.

‘Up’ es algo extraordinario ya desde su punto de partida, planteando una película que gira en torno a un viejo de casi ochenta años… que quiere trasladar su casa a unas lejanas montañas haciéndola volar gracias a miles de globos. ¿Y esto funciona? Vaya que sí. Desde el principio. De hecho, los primeros minutos de ‘Up’ son maravillosos, una delicia que emociona de forma asombrosa. Así que esta película, del sello Disney, destinada a arrasar en taquilla y hacer millones con el mechandising comienza con la historia de un hombre anciano, que se queda viudo, y resulta que efectivamente el público queda atrapado, pegado a la pantalla.

Tras cierto suceso, este viejo, de nombre Carl Fredricksen debe escapar de su situación y entonces decide lanzarse a la aventura, con los globos y todo eso. Sin quererlo, se le suma otro de los personajes principales, un niño un poco pesado, falto de atención y de cariño, llamado Russell. Así empieza otra película, podría decirse, más agitada, con más sobresaltos. Pronto llegamos a un paisaje exótico de América del Sur, que era justamente el sitio donde Carl quería depositar su vivienda. En este tramo es cuando Pixar pone en marcha toda su maquinaria. Comedia desternillante, acción trepidante, animación increíble; espectáculo para todos.

aventura

Más adelante vendrá el momento de conocer al malo de turno (¿Spencer Tracy contra Kirk Douglas?), quien primero parece que va a ayudar a los protagonistas, pero luego, tras una escena genial con unos cascos, se revela como un hombre desquiciado y peligroso. Si bien su presentación y su posterior “transformación” son ejemplares, creo que se podría haber sacado un poco más de jugo a este personaje, siendo alguien que había sido injustamente tratado por la sociedad, y supuestamente su intención es capturar un pájaro, no un villano loco asesino cualquiera; pero bueno, quizá sería rascar demasiado, ¿no?

Como en otras películas de Pixar, ‘Up’ conjuga de forma brillante todo tipo de géneros, convirtiendo su visionado en una experiencia única. En esta película hay minutos donde te partes de risa (los perros parlantes tienen mucha culpa de ello), minutos donde piensas que la vida es una auténtica mierda (Fredricksen volviendo solo a su casa, ya viudo) y minutos donde se te saltan las lágrimas de emoción (los flashbacks). ‘Up’ podría haber sido tanto un drama como una comedia de aventuras, pero prefiere ser ambas cosas, y ahí reside su grandeza. Pete Docter (director) y Bob Peterson (co-director) firman una película apabullante, que no da respiro, pero que parte de una historia y unos personajes, no de ruido, golpes y efectos especiales.

Tampoco voy a decir que ‘Up’ es perfecta. No lo es. Y es una pena, porque con un par de retoques lo habría sido. Con esto no digo que Pixar no sea consciente de que su película podría haber sido aún mejor. Lo que ocurre es que esto no deja de ser un producto para todos los públicos, y eso es una carga de la que no se puede desprender.

De este modo, la película tiene que intentar conciliar su dramática y realista historia (sin lugar a dudas, lo mejor de todo) con las bromas y el tono infantil; todo eso de los perrillos que hablan, cocinan y hasta pilotan, o que el protagonista, de 78 años, que a duras penas puede moverse o levantarse, sea capaz en otros momentos de dar brincos o comportarse como un héroe de acción, empeora el conjunto, lo hace más simplón, pero se entiende y se respeta, por supuesto, los niños tienen pocas oportunidades de ver una película buena de verdad, que no los trate como subnormales. La lástima es que a los adultos nos han privado de una completa obra maestra.

malo

Dicen, los estirados topillos que hablan de cine como si fueran matemáticas, que el público no tiene ni idea, que las películas taquilleras no tienen calidad, que las de verdad, las buenas, responden a otros criterios y que sólo son identificables por otro grupo de espectadores, más exquisito, el de los críticos y analistas y teóricos (ay, qué risa) del cine. Bueno pues, otra vez más, se demuestra con ‘Up’ que el público responde ante verdaderos estímulos, que sabe, que sólo necesita que en la cartelera haya una propuesta auténtica, inteligente, realizada con cariño y buen gusto, que merezca el pago de la entrada; ahí están las cifras.

‘Up’ es una película que recupera la ilusión por el cine, que respeta, emociona y entretiene al público, y que es capaz de devolverlo a su infancia, con magia y espectáculo, para sorprender de principio a fin.

4,5

Otras críticas en Blogdecine:

‘Up’ nos eleva hasta las nubes

‘Up’, despliegue de sentimientos en 3D

‘Up’, Pixar encuentra su techo

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<![CDATA[El cine es una mierda]]> http://www.blogdecine.com/default/el-cine-es-una-mierda http://www.blogdecine.com/default/el-cine-es-una-mierda Fri, 17 Jul 2009 14:41:40 +0000 seleccionado por universoweb esta-tierra-es-mia.jpg

Quiso sentarse un rato a dormir en mi habitación. No despertó. Que ironía, hace casi 39 años yo nacía en su habitación y ahora ella decidió morir en la mía. Un leve quejido significó su adiós y obtuvo la respuesta en el interminable lamento del recuerdo de años y años de una vida digna, y sobre todo llena de bondad. Siempre me perdía en su casa, que me parecía enorme y el lugar más lejano al que quería regresar cada verano, cada Navidad.

Una casa amiga, con ventanas y puertas que daban paso a risas y llantos, a niños corriendo, a tardes durmiendo y a noches hablando. Mi perturbada mente de cinéfilo se bloquea por la cantidad de recuerdos que se agolpan uno tras otro, descubiertos como por primera vez, y me doy cuenta de que mi amor por el cine, o parte de él, se forjó allí, entre aquellas cuatro paredes llenas de rostros perdidos nunca olvidados.

Podría enumerar infinidad de momentos cinematográficos inolvidables que se sucedieron a lo largo y ancho de todos aquellos años en la televisión que me abrió un mundo fascinante, los ciclos dedicados a actores o directores, el descubrimiento de grandes autores cuyos nombres no sabía pronunciar bien, y ahora que la muerte con su silencioso abrigo arropa a la dueña de aquella casa, ésta permanece muda, triste y vacía. Intento agrupar y ordenar todos mis recuerdos de cinéfilo (el resto me los guardo para mí), y la mente empieza a traicionarme, pues con el paso de los años ésta ya no es tan lúcida, aquella casa ya no es tan grande y el mundo es mucho más extenso de lo que imaginaba por aquel entonces.

De entre todo lo que soy capaz de recopilar, sobresale una escena de una película que me impresionó sobremanera con 11 años de edad, y aún sigue haciéndolo ahora: ‘Esta tierra es mía’ de Jean Renoir, uno de sus títulos realizados en suelo estadounidense. El final es simplemente antológico. Charles Laughton es un profesor tímido y cobarde, y en esos últimos instantes se enfrentará a la muerte con un valor y entereza de los que tal vez nadie pueda presumir. Consciente de que su tiempo se acaba, se desviste completamente como ser humano, tira todos sus prejuicios y lleno de una envidiable bondad habla a su alumnos por última vez. Los derechos del ser humano es el tema, y los jóvenes estudiantes escuchan unas palabras que sólo entenderán con el paso de los años, cuando las recuerden. El profesor, que momentos antes se declaraba a la mujer de la que siempre estuvo enamorado y nunca se atrevió a decírselo, subraya el hecho del recuerdo como antídoto a la segura muerte, pues precisamente todo aquello que muere subsiste en la memoria de los vivos.

Esa entereza y ese valor aún me asustan, quizá porque llegado el momento no sea capaz de estar a la altura, y porque todos de un modo u otro intentamos huir de lo inevitable, no pensando o hablando de ello. El cine, en su corta existencia (poco más de un siglo no es mucha edad para un arte) nos ha hablado infinidad de veces de la muerte. Con pasión, con dedicación, de formas desagradables o amenas, disfrazándola, burlándose, e intentado ser el reflejo de una realidad que siempre supera al cine con creces, nunca al revés. Lo cierto es que al lado del cine, la realidad tiene mucha más riqueza de matices, más personajes, más vida. No hay travellings ni banda sonora, no hay escenas eliminadas ni finales felices. De hecho, no hay un sólo final feliz.

“Hola, soy el hijo del difunto” es la terrible y maravillosa frase que un amigo me dijo cuando le visité para darle el pésame por la muerte de su padre. ¿Qué película esconde una frase tan magnífica en un contexto que siempre nos deja mudos y desarmados? ¿Qué película transmite la sensación de un sincero apretón de manos en un momento tan delicado al oír esas palabras? Ninguna. Porque la verdad, la triste verdad que este cinéfilo vanidoso y prepotente descubre (recuerda) es que al lado de la vida el cine es una mierda, una maravillosa mierda.

Hasta pronto, ay de mín probe, vives en mis recuerdos, los de aquella tu vieja casa donde sentiste mi primer llanto. Volveremos a encontrarnos.

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