Favoritos de los expertos de universoweb en Blogdecine http://www.blogdecine.com/usuario/ seleccionado por los expertos de universoweb http://www.blogdecine.com <![CDATA['Titanic', la perfecta detectora de esnobs]]> http://www.blogdecine.com/reflexiones-de-cine/titanic-la-perfecta-detectora-de-esnobs http://www.blogdecine.com/reflexiones-de-cine/titanic-la-perfecta-detectora-de-esnobs Thu, 27 Aug 2009 16:15:20 +0000 seleccionado por los expertos de universoweb pdvd_053.jpg


Moravia me criticaba y Sartre me defendía. Leí el artículo de Moravia con gran interés. Destrozaba la película, pero lo hacía con sutileza. Sus ideas eran tan claras e interesantes, hasta el punto de que incluso me agradó que las críticas me llegasen de un modo tan profesional. La defensa de Sartre fue diferente, era demasiado filosófica y demasiado especulativa como para poder convencerme.

- Andrei Tarkovski

Hace pocos días por fin nos ha llegado el primer avance del esperado regreso al cine de uno de los directores vivos más importantes. Por supuesto, me refiero a James Cameron y a su ‘Avatar’. Y ha habido reacciones para todos los gustos: a algunos les ha parecido un montaje espectacular de imágenes que comienza a confirmar la gran película que en teoría veremos en cines a finales de año (o principios del siguiente), a otros les ha decepcionado y están bastante seguros de que va a resultar un bluff total.

Personalmente, me parece una idiotez emitir juicios de valor sobre algo que no hemos visto, por mucho que nos entreguen traileres o avances. Pero ocurre una cosa curiosa: estoy seguro de que muchos ya están construyendo su futura idea acerca de la película. Allá ellos. Y en muchos comentarios que he leído se repite un cierto esnobismo que, de forma irónica, no observaba yo desde ‘Titanic’. El caso de Cameron, con ciertos esnobs, es más sangrante incluso que el de Steven Spielberg: muchos espectadores se divierten volcándose en sus prejuicios.

Y el lector se estará preguntando: “¿Massanet, alma de cántaro, a qué viene la cita en la cabecera del texto?”. Pues muy sencillo. Tarkovski hablaba ahí sobre la recepción en Venecia de ‘La infancia de iván’, su debut como director. Y demostraba una ironía y una inteligencia superlativas, diciendo una gran verdad y revelándose como un artista de un coraje inédito. En esta ocasión tuvo más suerte que Cameron, ya que un escritor, un opinador, decía algo en su contra con sensibilidad y sensatez.

¿Argumentos?

Lo que más me asombra es que mientras algunos lectores (esto es verídico) se sienten como si se hubieran meado en su alfombra, o le hubieran llamado furcia a su santa madre, porque el que firma este texto dijera en cierta ocasión que ‘True Lies’ ni siquiera tiene unas secuencias de acción dignas de su director; un artista de la categoría de Tarkovski, con un par, rinde de esta forma pleitesía a un crítico que le demostró sabiduría y buen oficio. En cuanto a esos lectores tan ofendidos, ellos mismos dejan claro la pobreza de su personalidad y de su intelecto.

Yo, por mi parte, estoy deseando encontrar algún argumento en contra de la sexta realización de James Cameron que realmente valga la pena. Sólo leo, u oigo, ataques brutales con el colmillo bien afilado, y de ellos los más comedidos se refieren a ella como “esa puta basura”, “esa mierda infecta” o “la chorrada más denigrante que he visto en mi vida”. Como suele sucederme, los extremismos me hacen sospechar que su dueño no merece mucho respeto.

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Por supuesto que yo también pierdo a veces el norte, como cuando oigo alabanzas excesivas sobre Kubrick, a quien estoy hasta los mismísimos de que le llamen Dios (otro extremismo, dicho sea de paso) despreciando la labor de miles de cineastas más importantes, de lejos, que él. Y digo alguna burrada que otra. Pido disculpas, pero por lo menos no me dejo arrastrar por la opinión de la mayoría, más bien al contrario.

Porque, ¡qué bien queda decir que ‘Titanic’ es una porquería! ¿No es cierto? Ahí tenemos, por tanto, a los F.A.T (Fervorosos Anti Titanic), que basta que la nombres para que salte sobre tí uno de sus miembros con una andanada furiosa de ataques tendenciosos. Deben tener reuniones clandestinas en muchas ciudades, decidiendo conjuntamente sus débiles argumentos, porque da igual de donde sean, que siempre te dicen las mismas ideas tendenciosas. A saber:

1. Que es una historia de amor sensiblera, ñoña, y mil veces vista, con la que Cameron abandona sus oscuros registros anteriores, ablandándose. (Ignoran estos F.A.T. que todas las películas de Cameron son una historia de amor, y si no me creen, revísenlas)

2. Que está rematadamente mal hecha. (Siendo uno de los directores con más sentido visual de la actualidad, precisamente es un prodigio de puesta en escena sencilla y de elegancia, y si secuencias como la de la cena en primera clase, de soberbia planificación, o el crescendo del hundimiento no se lo demuestra, entonces es que no quieren ver, sencillamente, lo que hay en pantalla)

3. Que es un guión paupérrimo y muy mal escrito. (Como si fuera cualquier cosa elaborar un guión, en solitario además, en el que se da cuenta del siniestro más famoso del siglo XX, con varias docenas de personajes perfectamente dibujados, y con un personaje central, Rose, que es un emblema de la búsqueda de la libertad para la mujer de principios de siglo).

4. Que los actores están fatal. (Sin comentarios)

5. Que la historia es demasiado sencilla. (Es cierto, como todas las de Cameron)

Por lo tanto:

Reto desenfadado al lector

Estoy deseando, y lo digo de buen rollo aunque algunos eso no lo entienden cuando el que firma es Adrián Massanet, que los lectores me indiquen lo equivocado que estoy, si son capaces, esgrimiendo una serie de argumentos perfectamente defendibles, dignos de figurar en la futura tumba de esta grandiosa y bellísima película, como el epitafio que según ellos merece. Y no se preocupen, no voy a pensar que se mearon en mi alfombra, sino que nos lee mucha peña con la cabeza bien amueblada.

¿Quién sabe? Es muy posible que la perfecta detectora de esnobs, en un futuro próximo, sea ‘Avatar’. Pueden, de esta forma, entrenarse para no ser parte de la horda de esnobs que, sin ninguna duda, irán a por ella a degüello, como si Cameron les hubiera obligado a acudir al cine a punta de pistola.

En Blogdecine:

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<![CDATA['Atmósfera cero', remake en marcha]]> http://www.blogdecine.com/default/atmosfera-cero-remake-en-marcha http://www.blogdecine.com/default/atmosfera-cero-remake-en-marcha Wed, 19 Aug 2009 21:46:12 +0000 seleccionado por los expertos de universoweb outland-remake-lene.jpg

‘Atmósfera cero’ (‘Outland’, 1980) es sin duda la mejor película del antaño eficaz artesano Peter Hyams, una entretenidísima película (con un sensacional Sean Connery) de Sci-Fi que no disimulaba ser un remake no oficial de ‘Sólo ante el peligro’ (‘High Noon’, Fred Zinnemann, 1952) ambientado en el espacio. Una maravilla con un uso ejemplar de los efectos visuales y que mostraba a Hyams como un excelente narrador, con secuencias de acción muy inspiradas (la persecución a pie quitaba la respiración). Ahora, en estos tiempos en los que necesitan versionarlo todo de nuevo, está en fase de preparación un remake de dicha cinta. ¿Nunca van a dejar de torturarnos con noticias como ésta?

Pero lo peor no es que se haga una nueva versión de ‘Atmósfera cero’, que dicho sea de paso no necesita ninguna puesta al día, no, lo peor es que su director será Michael Davis, el responsable de ese engendro sin gracia ninguna que es ‘Shoot ´Em Up’. Ya me imagino por dónde irán los tiros en este remake, a no ser que Davis se haya convertido ahora en un sobrio director con pulso firme, cosa que si me lo permiten, voy a dudar un poco, porque si no, ¿qué sentido tiene en estos tiempos taquicárdicos de montajes mareantes y productos de rápido consumo, hacer una versión de ‘Atmósfera cero’ que no sea un tripi intergaláctico?

Vía | Comingsoon

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<![CDATA[Cine español Vs. Cine estadounidense]]> http://www.blogdecine.com/default/cine-espanol-vs-cine-estadounidense http://www.blogdecine.com/default/cine-espanol-vs-cine-estadounidense Sat, 22 Aug 2009 13:35:53 +0000 seleccionado por los expertos de universoweb amenabar.jpg

De vez en cuando, en una de esas reuniones cinéfilas en las que varias personas apasionadas y a menudo prepotentes (yo el que más, muchas veces) hablan sin complejos del cine que más llena sus vidas, y también del cine que más detestan, con todo tipo de argumentos y barbaridades verbales, surge un tema que a mí, en lo personal, suele dejarme estupefacto, pues siempre encuentro a más de uno (y más de dos) capaces de defender lo indefendible: que el cine español es tan bueno como el estadounidense.

Carlos Heredero, uno de los pocos críticos a los que leo que no tiene complejos para abrir debates teóricos sobre cine (lo que a otros “críticos” les produce risa, quizá porque no tienen la capacidad para ello), lo llama la ‘técnica del avestruz’. Consiste en no ver lo que hay, en inventarse una realidad paralela. Y que conste que siempre dejo que intenten desarrollar sus argumentos, a ver si alguno de ellos dice alguna verdad. Pero de momento (¡qué curioso!) nunca lo han conseguido.

Argumentos apasionantes

No hace falta un gran esfuerzo de memoria para echar mano de los consabidos lugares comunes a los que se aferran estos cinéfilos-avestruces. La primera maniobra verbal es destrozar sin ningún tipo de escrúpulo el 99% del cine de Hollywood, aludiendo que no hacen más que remakes, películas ultra comerciales y comedias imbéciles (como si todo el cine estadounidense viniera de Hollywood). A mi habitual respuesta de que también hacen cine en otras partes de ese país (además, se diferencian notablemente entre sí), la segunda estrategia, de un ingenio deslumbrante, es la de despreciar sistemáticamente a cualquier autor importante, aludiendo que son una panda de pseudo-artistas muy por detrás de los genios europeos, y sobre todo los españoles.

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Para terminar de rematar la estupenda estrategia comparan la absoluta libertad de los cineastas españoles, su empuje, su juventud, su progresismo ideológico (aquí el interlocutor suele alzar el mentón, orgulloso de que sus compatriotas directores sean tan progres, como él, claro…ejem), mientras que los “aburguesados”, “fachas” o simplemente “falsos” directores americanos (independientes o no), no hacen más que demostrar una y otra vez su necesidad de triunfar en las taquillas (aquí no importa la taquilla, ejem, importa el arte…), descuidando el nivel estético de sus películas.

Si cree el lector que, hacia el final de estos argumentos, sigo prestando atención, se equivoca. Mi cerebro hace lo que el de Homer cuando escucha a Flanders, se larga a otros lugares, pero mi cerebelo registra las conversaciones. Ni siquiera me tomo la molestia en replicar. Total, para qué. Sin embargo puedo replicar ahora. Esta clase de avestruc…errrr, digo, de aficionados, suele meterse también mucho con grandes nombres como Spielberg o Cameron, en un punto de esnobismo que termina por delatar su absoluta falta de personalidad. De hecho, es habitual oír el clásico: “Spielberg, en verdad, no tiene ni puta idea, sólo vale para entretener”.

Vale, bien, yo soy tan crítico con cierto estilo de producciones norteamericanas como cualquier otro. Pero en cuanto a lo de entretener (muchos habituales lectores de Blogdecine creen que detesto que me entretengan, cuando no es cierto), ni siquiera para eso, que es lo mínimo que puede hacer el cine, sirve el 95% de los directorcillos que hacen películas en este desgraciado país que es España. Por supuesto, siempre pueden echar mano, estas avestruces, de Alejandro Amenábar, que según ellos es tan hábil como Spielberg… ¡pero mucho más coherente y humano que él! Claro que sí. Bravo y bravo.

Y para terminar, el recurso definitivo: “aquí hay menos dinero que allí, y eso tiene mucho mérito”.

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Pero más allá de los gustos de cada cual, y de argumentos más o menos válidos: las cosas caen por su propio peso. El argumento del dinero, más que tendencioso, no tiene ni pies ni cabeza. ¿Por qué no se puede hacer en España una película como ‘Olvídate de mí’ (Michel Gondry, 2004), o como ‘Brokeback Mountain’ (Ang Lee, 2005)?, sendas obras de arte. No tienen grandes presupuestos. Ahora bien, sus directores son de primera fila en el mundo. No son americanos, dirían algunos. Ya, pero están realizadas en una industria que funciona con una perfección suiza. ¿Quieren directores americanos? No he visto en toda la década una película española de la calidad de ‘Punch-Drunk Love’, ‘Match Point’, ‘Million Dollar Baby’, ‘Hijos de los hombres’, ‘Little Children’, todas ellas películas bastante asequibles.

El cine de animación español es lo único que da un poquito de esperanza, pero en lo demás tenemos a una serie de pseudo-profesionales (sobre todo directores) sin ningún mérito ni formación para ponerse detrás de una cámara, sin referentes y sin futuro. Sin vigor. Sí, claro, están los “artistas”, el universal Pedro, el cotidiano Trueba (que sin duda es el rey de las avestruces), el humilde Cuerda. Comparémoslos, aunque sólo sea por un segundo, con el valor universal de David Lynch, de Terrence Malick, de Francis Ford Coppola, de Martin Scorsese, de Clint Eastwood, de James Cameron, de Paul Thomas Anderson, de Quentin Tarantino, de Steven Spielberg, de Woody Allen, de John Lasseter y compañía, de Gus Van Sant, de Sidney Lumet, de Brian de Palma, de Kathryn Bigelow, de John Carpenter, de Todd Haynes, de David Fincher, de Christopher Nolan, del gran M. Night Shyamalan. Nah…esos nombres no tienen nada que hacer con el gran cine español, ¿no es cierto?

Todos ellos han hecho grandes, incluso excepcionales películas, con cuatro cuartos. Aquí nuestro “gran” Jose Luis Garci hace una basura como ‘Sangre de mayo’ con más dinero con el que se hizo ‘The Terminator’. Pero así andamos cuando nuestro gran cineasta vivo, Víctor Erice, no dirige un largometraje desde hace casi veinte años, y el único que ha hecho gran cine en esta década, Enrique Urbizu con ‘La caja 507’, no da muchas señales de vida.

Pero seguro que estoy cegado, que le tengo manía al pobre cine español, que sólo me gusta lo vulgar y lo comercialoide, que dentro de cien años los estudiosos hablarán del glorioso cine español. Os dejo ya, tenía una hamburguesa que comer, pero me han ofrecido una merienda a base de jamón serrano y vino tinto. Y no puedo decirle que no a eso.

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<![CDATA[Steven Spielberg: 'Tiburón', apoteosis de la aventura]]> http://www.blogdecine.com/default/steven-spielberg-tiburon-apoteosis-de-la-aventura http://www.blogdecine.com/default/steven-spielberg-tiburon-apoteosis-de-la-aventura Wed, 19 Aug 2009 15:10:05 +0000 seleccionado por los expertos de universoweb jaws-jaws-468735_686_353.jpg

Vamos a necesitar un barco más grande…

-Jefe Brody

Antes del estreno de su irregular ‘Loca evasión’, Spielberg ya había firmado para realizar la adaptación del exitazo de ventas ‘Jaws’ (‘Mordiscos’ ‘Mandíbulas’, un título fenomenal) escrito poco antes por Peter Benchley. La decisión de tomar las riendas de esta arriesgada producción tuvo como resultado un bombazo en las taquillas de todo el mundo, que convertiría a Spielberg en uno de los directores más interesantes de su generación, y que cambiaría el panorama del marketing cinematográfico, creando el concepto (tan dañino a menudo) de blockbuster veraniego.

Pero más allá de estos detalles superficiales, ‘Tiburón’ es, claramente, la mejor película que Spielberg dirigió hasta ese momento, y seguramente una de sus cuatro o cinco mejores. Una aventura inigualable, que sólo ha ganado con el paso de los años. Una oscura fantasía de turbio trasfondo marino, tan entretenida como terrorífica, tan costumbrista como gótica. Spielberg había alcanzado la madurez con rotundidad, recogiendo el testigo de los Ford, Walsh y Hawks. Ahí es nada.

Fue el rodaje más infernal que ha conocido Spielberg, saliéndose con mucho del presupuesto inicial, y llegando a perder los nervios durante las muchas semanas extra que duró el rodaje. La causa principal fue el tiburón mecánico del que llegaron a hacerse tres modelos (uno completo, para tomas acuáticas, y dos con sólo un lado construido, para tomas laterales), pues todos ellos dieron innumerables dolores de cabeza (por mal funcionamiento o porque simplemente se hundían al fondo marino) a un equipo que, además, tuvo que lidiar con las altas temperaturas y con la complejidad que siempre se presenta al rodar en alta mar.

Pero fue el primer grandioso éxito de taquilla que conoció Spielberg, y que hasta la llegada de la fundacional ‘Star Wars’, dos años después, fue la película más exitosa de la historia del cine. Ganó además tres Oscar merecidísimos (música, montaje y sonido) y dejó las playas vacías durante todo el verano, provocando un terror social a los tiburones que todavía persiste, cuando en realidad, estos grandes escuales sólo atacan al hombre cuando carecen de otras presas. Pero este icónico monstruo (uno de más de la Universal…) había llegado para aterrorizar el subconsciente del espectador.

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Melville resucitado

Podría considerase a ‘Tiburón’ como una visión moderna de ‘Moby Dick’, salvando las distancias, claro está. Pero es inevitable rememorar al fiero capitán Ahab en el carácter obsesivo y oscuro de Quint, el misterioso y brutal caza-tiburones cuyo barco será utilizado para dar caza definitiva al monstruo que aterroriza (sobre todo en los bolsillos…) a las playas de Amity. Ahora bien, el filme no es, tan sólo, la historia de una cacería. Su fenomenal guión (que multiplica las virtudes de la intensísima novela), firmado por Carl Gottlieb, es una joya que explora las miserias de una comunidad.

De hecho, en un principio, el jefe Brody tiene a otros enemigos muy distintos al tiburón. En realidad, son otros tiburones. Hablo, claro está, del alcalde de la ciudad y de sus más importantes empresarios, a los cuales Spielberg, con una dirección de actores ya afinadísima y que no teme exagerar un poco los caracteres, no duda en dejar como a una panda de canallas sin escrúpulos, capaces de impedir que se cierren las playas (y así, ofrecer más alimento al escualo…) con tal de no perder las ganancias de otro verano lleno de turistas.

El jefe Brody es, de hecho, el ser más noble que se nos presenta en la película: el que no teme afrontar sus responsabilidades, el que no lame el culo a los poderosos, el que a pesar de su miedo al agua se ofrece para salir a acabar con la pesadilla. El ya fallecido Roy Scheider da cuerpo a este personaje con gran humanidad, sin querer lucirse y viviendo siempre de manera muy intensa la secuencia. Como el David Mann de ‘Duel’, el Roy Neary de ‘Encuentros en la tercera fase’, o el Oskar Schindler de ‘La lista de Schindler’, es un personaje al que le superan las circunstancias, pero que dando todo lo que tiene dentro sale milagrosamente con vida, él y sus seres queridos.

Al igual que en otros relatos magistrales de horror, anteriores y posteriores, como ‘Los pájaros’ (Hitchcock, 1963) o ‘Aliens’ (Cameron, 1986), Spielberg deja lo mejor para el final, después de haber dado un buen repaso a la raza humana, y haber escogido al más recto (Brody) al más inteligente y leal (Matt Hooper, interpretado con gran veracidad por el Richard Dreyfuss) y al más salvaje y valiente (Quint, Robert Shaw en otro papel memorable para él, cuatro años antes de morir de un ataque al corazón).

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Rasgos Estilísticos

Si con ‘Duel’, Spielberg había demostrado un vigor narrativo asombroso para su edad y su experiencia, con ‘Tiburón’ alcanza la maestría absoluta en un relato con algunos puntos de conexión con aquella, sobre todo en lo relativo a una oscura fuerza destructiva cuyas razones y motivos nunca quedan claros. Tanto el camión de aquélla como el gigantesco carnívoro de ésta, son parábolas de nuestros miedos más ocultos e irrefrenables, a los que Spielberg dota de una malevolencia y una inteligencia asombrosa, mostrándolos, sin embargo, con estilos diferentes.

Todo lo referido de los problemas de producción con la criatura mecánica, dio lugar a un cambio, dicen, en muchas ideas de la puesta en escena, teniendo como resultado mostrar mucho menos a la amenaza marina. Sea cierto o no, el tiburón da tanto miedo cuando no está en la superficie como cuando se deja ver, impresionándonos con su tamaño y su fuerza. Spielberg logra un admirable crescendo basado sobre todo en la creciente desesperación del trío protagonista, que se va dando cuenta paulatinamente de que su adversario no sólo es más fuerte, sino también más inteligente que ellos.

Si el espectador presta atención, verá que gran parte de las secuencias de la primera parte de la película están filmadas en planos-secuencia, máxime dos, con excepcional uso del scope y en una altura más baja que la mirada humana, concretamente la cadera, de modo que los actores miran por encima de cámara. Esto se mantiene en la parte final, a bordo del barco, con la diferencia de que los personajes observan a menudo al mar, es decir por debajo de la cámara o a ras de ella. Pareciera que el tiburón les obliga a bajar, a descender, a aceptar su inferioridad.

Tres secuencias magistrales, por lo menos, anteceden al largo y superlativo viaje en barco. Primero la del segundo ataque del tiburón, que tiene como resultado la muerte de un niño, que Spielberg filma de manera ejemplar, nunca mostrando al escualo, sino con planos muy cortos de la carnicería (propios de la mirada del niño) o muy largos, propios del policía, culminando una larga escena de suspense en la que no sabemos nunca qué va a ocurrir; el tercer ataque, después de una falsa alarma, en el que casi muere el propio hijo del policía; y el viaje nocturno en busca de pruebas para cerrar las playas, en el que Hopper se pega un susto de muerte.

El dominio del tempo y del suspense en estas tres secuencias, que algunos han tildado de hitchcockiano, es absoluto, y acreditan a Spielberg como un narrador de primerísima fila, pero es que las formidables secuencias de los barriles de oxígeno, de la narración de lo ocurrido con el USS Indianápolis por parte de Quint, o la caza de la presa a los cazadores en la parte final, con un clímax que no importa cuántas veces veas pues siempre te subes a las paredes por su inusitado salvajismo y su profunda emoción, todo ello iluminado con gran destreza por Bill Butler, un operador que empezó con Coppola y que desarrolló después una interesante carrera que aún, octogenario, continúa.

Conclusión

Comenzaba así la lista de éxitos no sólo económicos, también estéticos de este cineasta, anunciados por su ‘Duel’. También comenzaba una serie de trabajos con John Williams (después del intrascendente que tuvieron con ‘The Sugarland Express’) en los que director y compositor encontrarían una comunión perfecta, y en los que la música del segundo contribuiría sobremanera en el ritmo y la atmósfera buscadas.

Convertido en director estrella, este rotundo triunfo le transportaría al grupo de los directores más famosos y cotizados del mundo, grupo en el que ha continuado hasta la actualidad, aunque pocas veces lograría algo tan hermoso y formidable como este ‘Tiburón’. Algunos, después de ‘Inteligencia Artificial’, aseguraban que debido a la conexión Kubrick que le proporcionó esa película, su cine se oscureció y se hizo más violento. Esto es un disparate sin pies ni cabeza, y ahí está ‘Tiburón’ para demostrarlo.

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<![CDATA['Bram Stoker's Dracula', océanos de tiempo]]> http://www.blogdecine.com/default/bram-stokers-dracula-oceanos-de-tiempo http://www.blogdecine.com/default/bram-stokers-dracula-oceanos-de-tiempo Tue, 18 Aug 2009 16:20:20 +0000 seleccionado por los expertos de universoweb d11.JPG

He cruzado océanos de tiempo para encontrarte…

-Dracula

La larga secuencia de la llegada del conde a Londres es un esfuerzo narrativo que comienza con unas nubes amenazadoras de tormenta y concluye con la primera toma de sangre del conde a Lucy. Entre tanto, tenemos varios hilos dramáticos que se van trenzando y alimentando entre sí de manera casi perfecta. Por un lado está el Demeter (cuyo capitán, al menos su voz en off, también es de Anthony Hopkins, con lo que interpreta tres roles en esta película), navío en el que como todos sabemos viaja Drácula hacia Londres. También está el sanatorio de Carfax, con el doctor Seward y Renfield; el zoo, del que se escapa un lobo blanco; y la casa de Lucy.

La manera que tiene Coppola de unirlo todo, a parte de emplear el genial corte ‘The Storm’ de la imponente música de Kilar, es empleando la cámara de manera magistral como si todos estos escenarios estuvieran en alta mar, es decir, moviéndose igual que si se encontraran a bordo de un barco. Todo acaba formando un collage fascinante. La tormenta es Drácula, por supuesto, y así se nos muestra de qué forma su llegada a Londres afecta a todos habitantes.

El punto de vista del vampiro

Con una técnica llamada pixilación, que es en verdad muy antigua, obtenemos el punto de vista de Drácula nada más llegar a Londres, convertido en una especie de bestia, u hombre lobo. Decir que ésta cámara subjetiva resulta fascinante es quedarse corto. Con su habitual modestia, Coppola lo llama “un punto de vista curioso” en los comentarios del director. En fin. La bestia ruge en el jardín y Lucy, hipnotizada, se levanta en plena noche a encontrarse con él. La escena no puede ser más hipnótica. Lucy camina por el laberinto y Mina la sigue, para encontrarse con Lucy y Dracula haciendo el amor bestialmente sobre un banco de piedra. La bestia termina mordiéndole el cuello.

Existe cierta controversia con este momento, pero me parece que está claro que el conde hipnotiza también a Mina para que olvide lo que ha visto. En cualquier caso lo importante es constatar que la ambición de Coppola está a la altura de su destreza narrativa. Y no tiene el menor interés por repetir lo que otros han hecho con la bella novela de Stoker, y esto siguiendo los pasos de tres películas sobre todo: ‘Nosferatu’ de Murnau, ‘La bella y la bestia’ de Cocteau y ‘Vampyr’ de Dreyer.

Pero el punto de vista del vampiro es lo más importante, y no sólo a un nivel técnico. Drácula es a partir de este momento el eje sobre el que gira la narración. Y cuando empieza a moverse por Londres, en pleno día, la cámara no vuelve a ser subjetiva hasta el siguiente ataque a Lucy. De hecho, Coppola, aprovechando la cercanía de la novela de Stoker con el nacimiento del cine, efectúa un bellísimo homenaje en el segmento en que el conde seduce a Mina. Un bloque totalmente inventado por los cineastas, pero que, al contrario de lo que muchos dicen, no me parece una traición a la novela y una razón para despotricar sobre la decisión de titularla como lo hicieron, más bien parece que abrimos los ojos a capítulos perdidos del relato, tal es su riqueza dramática.

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Además, la identificación de Coppola con este príncipe de las tinieblas es casi tan grande como la que siente con Michael Corleone. Más parece, por tanto, una reescritura que una transformación. Y el espíritu de la novela está, así, más vivo que nunca, por lo que lo sí creo que se deba poner el nombre del autor en el título. Pero hablábamos del homanaje al cine, y lo obtenemos con esos breves segundos filmados con la cámara Pathé (de manivela), exactamente igual que en la época del cine mudo, con las mismas lentes también. Y existe un gran criterio en el momento de dejar de usar la Pathé y regresar a las lentes actuales, que es cuando Drácula ve a Mina.

También tenemos la escena en que ambos visitan al cinematógrafo, y en la que Drácula a punto está de alimentarse de Mina (aunque en el último segundo se arrepiente y no lo hace), y en el que hipnotiza (una vez más) al lobo blanco que se fugó del zoo. Es interesante observar que lobo y conde poseen en ese instante unos ojos muy parecidos. Comienza así una historia de amor que para cierto sector cinéfilo es la perdición de la película y que para otros es una visión nueva, romántica y coherente, que se cuenta en paralelo a la degradación física de Lucy, propiciada por la necesidad de Drácula de su sangre, y que a su vez propiciará la llegada de Van Helsing.

Los planos de gran complejidad técnica se van sucediendo con rapidez: la sombra que es el conde hace marchitarse a las flores de la habitación de Lucy; así mismo esa sombra, al huir, deja un reguero de sangre en el suelo. Complejos no sólo en lo visual, también en lo sonoro, todo un alarde de destreza. También es un alarde de recreación histórica, este momento, con la transfusión de sangre. Pero todos los objetos de esta película están muy cuidados: fonógrafos, máquinas de escribir, tocadiscos… Es decir, por primera vez se tomaron muy en serio crear un tejido histórico que hiciera más espeluznante la historia.

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El hada verde

La famosa secuencia de la absenta está hecha con algunos de los más antiguos efectos visuales que se conocen, y así lo quería Coppola, para lograr un extraño y absorbente equilibrio entre modernidad y apariencia de primeros años del cine. Ambos amantes experimentan una serie de regresiones temporales que logran que el pasado se toque con el presente y los libere. Hay romanticismo pero también una sexualidad explícita en la dirección de actores de ambos intérpretes (Oldman y Ryder espléndidos…). A los planos se les superponen algunas imágenes del pasado (concretamente, las del prólogo, y otras como ilustraciones de Transilvania). El collage visual, por tanto, se acentúa.

Pero la historia de amor se rompe, porque Harker escapa de su cautiverio en Rumanía, y Drácula se venga terminando con Lucy, con lo que tenemos una secuencia que es pareja natural de aquella en la que llega a Londres, por superponer varios escenarios y situaciones. Ambas funcionan como dos pinzas, dos pilares, sobre los que se sostiene todo este grandioso bloque, que además en la novela, es el mejor escrito, el más oscuro y misterioso, y aquél en el que Stoker alcanza la categoría de maestro literario. Y si en el primer bloque la idea unificadora era la tormenta marina, en este existe cierto tono de trance sensorial adecuado a la muerte de Lucy, además del viento invocado por el vampiro.

Por supuesto, la reminiscencia al bautizo de Anthony en ‘El Padrino’, es ineludible. Aquí tenemos de fondo, no un bautizo, sino la boda de Mina y Harker. La única pega que puede ponerse a este clímax es que no participe en él Van Helsing, que deja a los demás hombres a cargo de Lucy mientras va a llenarse el estómago. A este respecto cabe defender a capa y espada el trabajo de Hopkins, que aún no había recibido el Oscar como Hannibal Lecter cuando filmó ésta. Su Van Helsing es, seguramente, el más salvaje y alocado de todos los que en el cine han existido. Y esto a algunos les chocó, y al que suscribe le parece un acierto, pues ¿quién puede vencer a este poderoso vampiro sino un tipo tan salvaje como él?

En el ataque final, el vampiro se transforma por entero en un lobo, y veremos a un lobo real abalanzarse bestialmente sobre el cuello de Lucy (cuyos gritos y gemidos a menudo provienen de la exquisita voz de Diamante Galant), y acabar por fin con su vida, con cortes directos de Mina y Jonathan besándose recién casados (y con un homenaje directo, en esa habitación llenándose de sangre, a ‘El resplandor’, de Kubrick). Sin duda, el conde siente cómo Mina está con otro hombre, y se venga siendo especialmente cruel con su víctima. La escena de su funeral está directamente inspirada en ‘Blancanieves y los siete enanitos’, con ese ataúd de cristal.

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Antes de la recta final obtenemos una secuencia que rivaliza en horror con cualquiera de Fisher u otras que nos muestran a los vampiros no como ángeles caídos, sino como criaturas del averno. Me refiero, claro está, a la escena en que decapitan a la pobre Lucy, convertida en una furcia sanguinolenta. Hay muchas cosas en esta secuencia que la convierten en algo inolvidable, como algunos planos filmados al revés (cuando el vampiro se introduce en su ataúd, por ejemplo), o momentos impensables pocos años atrás, como el vómito de sangre en el rostro de Van Helsing.

En cuanto al contraataque de Van Helsing y su grupo de caza-vampiros, esto merece ser tratado en profundidad en el siguiente y último capítulo sobre ésta película, para no cansar a nuestros lectores. Pero antes de eso, un Breve Interludio:

Breve Interludio: Los Actores

Para terminar, en cuanto al grupo de actores, puedo comentar las siguientes notas: me parece un grupo de actores bien cohesionado, pero con matices. Puedo defender a muerte las caracterizaciones y la valentía de Gary Oldman, Anthony Hopkins y Winona Ryder, que se dejan la piel en su trabajo, dando lugar a una nueva visión en torno a tres personajes que hemos visto hasta la saciedad en el cine. En cuanto al reparto de secundarios, pues creo que hay inteligencia en cuanto a las elecciones, sobre todo en la memorable interpretación de Tom Waits como Renfield, que culmina una serie de participaciones con Coppola realmente notable.

Tengo mis problemas con Keanu Reeves, un actor que siempre me ha parecido mediocre y muy blando, pero supongo que da el reflejo perfecto al salvaje y sexual conde. No era fácil dirigir a este grupo de actores, y pienso que Coppola lo hizo con su habitual pericia en la dirección de actores.

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Estudio F.F. Coppola en Blogdecine

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<![CDATA['Bram Stoker's Dracula', la renovación de un mito]]> http://www.blogdecine.com/default/bram-stokers-dracula-la-renovacion-de-un-mito http://www.blogdecine.com/default/bram-stokers-dracula-la-renovacion-de-un-mito Thu, 13 Aug 2009 14:41:04 +0000 seleccionado por los expertos de universoweb d1.JPG

La sangre es la vida…y será mía…

-Vlad Tepes

En los fabulosos comentarios del director de la edición en DVD de esta película, y en su introducción, Coppola asegura que el conde Drácula está basado en un personaje histórico, el noble rumano conocido como Vlad “El Empalador” Tepes. Esto es inexacto, por lo que me veo obligado, de forma temeraria pero también honesta, a corregir al maestro. Stoker no se basó en Vlad Tepes, simplemente cogió el nombre por el que se le conocía, Dracul, que leyó en un añejo volumen llamado ‘An Account of the Principalities of Vallachia and Moldavia’. De hecho se basó más en personajes reales como la condesa Erzsébet Báthory, y en su propio jefe, el histrión Henry Irving (uno de los actores más famosos de la época, y que estaba destinado a interpretarlo).

Esto se puede documentar en la maravillosa biografía escrita por Barbara Belford sobre el escritor, o en la que quizá es una de las mejores ediciones de ‘Dracula’ del mundo, la que sacó Valdemar en 2005 (con valiosísimas informaciones compiladas por su traductor y prologuista Óscar Palmer Yáñez). Pero lo cierto es que con el estupendo guión de James V. Hart (con toda probabilidad, lo mejor que ha hecho en su vida este irregular escritor) y con el tratamiento visual de la historia por parte de Coppola, realmente parece que nos cuentan una página perdida de la historia de Europa.

Un prólogo legendario y un primer tercio sorprendente

Con unas imponentes notas a piano que parecen amenazadores tañidos de campanas infernales (la música es obra del genio Wojciech Kilar, que saltó a la fama mundial con este imponente score) pasamos a una recreación en maqueta de la famosa cúpula de Constantinopla, y a una poderosa imagen del derribo de su cruz cristiana por el signo de la media luna musulmana. Un mapa de Europa con la sombra de la media luna avanzando a través. Un brazo protegido por una armadura roja y empuñando una espada se opone a esa sombra.

El prólogo de esta película establece de manera rotunda el tono visual, emocional y lírico de esta película. Un prólogo hecho con cuatro cuartos, pero muy bien planificado, inspirado en parte en ‘Iván el Terrible’ (Eisenstein, 1944/1958) y en ‘Campanadas a medianoche’ (Welles, 1966), y cuya batalla está resuelta con sombras sobre fondo rojo al modo de un guiñol de marionetas, para ocultar el bajo presupuesto de que disponían. Además, ya percibimos que a pesar de estar inmersos en plena época de cambios informáticos (la excepcional ‘Terminator 2’ se había estrenado un año antes, asombrando a los espectadores con su villano de metal líquido) Coppola había optado por un estilo de efectos más antiguos, pasados de moda, pero puestos al día.

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Así, cuando Elizabetha, conociendo la (falsa) muerte de su amado, se suicida lanzándose al Río Princesa, está claro que tanto las nubes del cielo como las que rodean el castillo, son falsas. Pero el efecto que producen, mostrando tan directamente su falsedad, es una teatralidad cómplice con el espectador que ya se ha perdido en el cine (por cierto que el plano es un homenaje a la película preferida de Coppola de terror, el icónico ‘Nosferatu’ de Murnau, 1927). Se emplean con asiduidad, también, los planos combinados (una imagen de otro plano dentro del plano, como un ensueño), pero todos los efectos son ‘a cámara’.

El príncipe Vlad renuncia a Dios por el dolor de su esposa muerta, a la que la Iglesia maldice por haberse suicidado, y arroja el agua bendita mezclándola con la sangre de ella. Clava la espada en la cruz, y de ella brota sangre como de un animal herido. Es un ángel caído que lo dio todo por una causa y no obtuvo más que dolor. El escenario, una sencilla capilla, diseñado por Thomas Sanders y Andrew Precht, deviene un sangriento collage de imaginería cristiana, la más oscura y violenta de todas las religiones. Este prólogo magistral es uno de los mejores bloques de la película, sin duda.

A partir de aquí el guión sigue bastante fiel al libro en cuanto a los hechos. Jonathan Harker (un inexpresivo y sosísimo, como acostumbra, Keanu Reeves, y el mayor miscasting de la película) se despide de su prometida Mina (guapísima y espléndida Winona Ryder, a quien Coppola perdonó haberle dejado tirado a última hora para ‘El padrino, parte III’) que parece mucho más lujuriosa que en la novela, pues devora a Harker a besos. Harker es enviado a Transilvania, como sabemos. Una elegante (y absurdamente criticada) transición en la que el ocelo de un pavo real se transforma en un túnel a través de las montañas da paso al viaje hacia lo desconocido.

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Todo el segmento de Harker en Transilvania es el más barroco, imaginativo, alocado y fastuoso de la entera carrera de Francis Ford Coppola. Y todo ello rodado a cámara, insistimos. Así, tenemos en primer término el diario de Jonathan, y proyectada en él a la sombra del tren en el que viaja; el castillo de Drácula (que asemeja un hombre torturado sentado en su trono si observamos bien) que es una maqueta pintada en cristal superpuesta al plano en el interior de un estudio… De hecho, aunque parezca asombroso, toda la película está filmada en estudio.

Una vez que llega al castillo, obtenemos una impresionante creación sonora de ambientes, ecos y gemidos que parecen poblar el castillo (no en vano, uno de sus tres Oscar lo ganó a los Efectos Sonoros de Tom C. McCarthy y David E. Stone), además de unas sombras que parecen actuar de forma ajena a sus dueños (un efecto artesanal más complicado de lo que parece). En cuanto al conde, se aleja de manera consciente y radical, de otras iconografías famosas del mismo, como el mítico frac inmortalizado por Bela Lugosi. Tan establecida estaba esa imagen hasta la llegada de los vampiros de Anne Rice, que la gente se disfrazaba de vampiro poniéndose un frac, quizá con una pajarita roja…

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De manera progresiva, Harker va comprendiendo que está en serio peligro y que su anfitrión tiene algo de diabólico. En esa progresión hay varios momentos inolvidables, como cuando le arrebata algunas preciosas gotas de sangre de su hoja de afeitar, cuando observa al conde bajar reptando por el muro del castillo, o la ya famosa secuencia erótica con las novias de Dracula. Coppola las quería a todas completamente desnudas, pero aunque no se salió con la suya, la escena es verdaderamente subyugante. Ahí tenemos a tres diablesas (una alucinante Monica Bellucci en su primer papel en cine, junto a Michaela Bercu y Florina Kendrick, esta última rumana, por cierto) haciendo enloquecer a Harker de sexo y voluptuosidad.

Cuando Dracula aparece (con un efecto, como los de todas las apariciones de las chicas, propio del repertorio de un mago de feria) Harker, ahora, enloquece de horror. Pero enseguida volvemos al sexo (esta es, desde luego, una película sobre el sexo) con la muy sensual relación de Mina y Lucy (una sexy Sadie Frost, de quien esperábamos más cosas de las que ha hecho), que a la llegada del Conde, y empapadas de lluvia, jugueteando en el laberinto del jardín de Lucy, se besan de manera poco casta, por decirlo de alguna manera. Pero de la fenomenal secuencia del desembarco hablaremos en el siguiente capítulo, con calma, pues lo merece.

Estudio F.F. Coppola en Blogdecine

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<![CDATA['Home', el mundo se acaba]]> http://www.blogdecine.com/default/home-el-mundo-se-acaba http://www.blogdecine.com/default/home-el-mundo-se-acaba Tue, 11 Aug 2009 20:16:55 +0000 seleccionado por los expertos de universoweb 6a010535f2c8a4970c01156fca4716970c-800wi.jpg

Vamos a ver cómo lo digo para que me crean. No…me parece que nadie me va a creer. Somos así de tercos, de necios. De hecho a mí mismo tampoco me creo a veces. Lo voy a decir igual: no es que el mundo se vaya a acabar, es que el mundo ya se ha acabado. Dicen que podemos dar marcha atrás y deshacer la cloaca de mundo en que vivimos. Pero tengo la sensación, cada vez mayor, de que es una falacia. Es demasiado tarde. Al menos esa es la sensación que me queda después de ver esta joya de película documental.

Mientras espectáculos de dudoso nivel estético como ‘Watchmen’, ‘Terminator Salvation’, ‘Harry Potter y el misterio del príncipe’ y otros de similar catadura, inundan las pantallas para destrozarle el gusto al espectador, empleando cientos de millones de dólares para ello, y queriendo contarnos grandes dramas de altura planetaria, otro cine se abre camino y nos habla de verdaderos dramas planetarios, de hechos que nos atañen a todos, que nos afectan y de los que somos responsables. ¿Qué necesidad más grande puede cubrir el cine?

Un documental excepcional

Si ‘Tierra’, un monumental esfuerzo (que aunque desequilibrado e irregular, resultaba de una innegable fuerza visual) para unir y dar capítulo final a todas las partes de la serie original, se erigía en un alegato sobre la fragilidad de la vida y en un homenaje a la belleza de este planeta, ‘Home’, auténtico sueño personal de su realizador Yann Arthus-Bertrand (que tuvo que pedir dinero y apoyo a muchisimas personalidades del mundo de la moda, el arte y los deportes para poder sacar adelante este proyecto) es la constatación de que la actividad humana en el planeta es una catástrofe.

Este hombre es un afamado fotógrafo, especializado en tomas aéreas, cuyos trabajos seguro que muchos lectores habrán podido admirar en los grandes almacenes, pues suya es la famosa imagen del corazón de Nueva Caledonia que hemos podido ver impresa en tantas portadas, y suyos los libros ‘La tierra desde el aire’ y ‘La tierra desde arriba’, extraordinarios tomos de fotografía, auténticos superventas, y piezas de gran prestigio que le han valido el reconocimiento mundial como fotógrafo y defensor de la naturaleza.

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En ‘Home’, Arthus-Bertrand realiza un ejercicio que en ficción (¿por qué será que el documental me parece, cada vez más, un reducto de libertad en el audiovisual?) sería un verdadero suicidio audiovisual: todos los planos son de la misma distancia focal. Aún así, y pese a que en un principio tal elección parece un obstáculo para el disfrute total de sus imágenes, poco a poco vamos entrando en su propuesta estética, y al final no podemos despegar los ojos, y la conciencia, de su narración.

Él mismo narra la historia, una historia que, tal como dice, nos concierne a todos y es la de todos, y su voz es la de un hombre cultivado, comprometido, apasionado y dolido. Pero también la de un hombre que aún conserva un rayo de esperanza. En la versión española, el gran actor Juan Echanove es el encargado de la narración, y he de decir que sorprende mucho su trabajo por su sobriedad, su sensibilidad y su escasa teatralidad, tres características de las que adolecen tantos narradores en lengua castellana.

El documental ofrece un crescendo admirable, desde la explicación, tremendamente bien escrita, de la disposición de los minerales y de los elementos básicos de nuestro planeta, para a continuación desarrollar un lúcido y espeluznante retrato de nuestra llegada a la Tierra como ser civilizado (esa palabra me parece una falacia grotesca) con cientos de imágenes grandiosas que nos dan una idea exacta de las barbaridades que estamos cometiendo contra nuestro hogar. No exagero si digo que ver esta película le quita a uno las ganas de todo.

Y aunque al final sí que podemos rozar un rayo de esperanza; sobre todo porque gracias a filmes como este uno se percata de que hay por ahí gente que vale la pena, no sólo banqueros, empresarios, cantamañanas, lelos; también cineastas y fotógrafos a los que les importa algo el mundo en que viven. Ahora que el mundo se acaba, es un consuelo… Por cierto, aquí la tenéis completamente gratis, pues se estrenó en todo el mundo (el estreno más grande la historia en términos de países simultáneos) mientras salía gratis en la red:

‘Home’ a film by Yann Arthus-Bertrand

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<![CDATA[Mis películas favoritas de gángsteres de los últimos años]]> http://www.blogdecine.com/default/mis-peliculas-favoritas-de-gangsteres-de-los-ultimos-anos http://www.blogdecine.com/default/mis-peliculas-favoritas-de-gangsteres-de-los-ultimos-anos Wed, 05 Aug 2009 16:45:58 +0000 seleccionado por los expertos de universoweb

promesas del este

Ahora que se aproxima el estreno de Michael Mann con ‘Enemigos públicos’, el cine de gángsteres vuelve a apuntarse una nueva aportación que volverá a poner de actualidad todo aquello que las suele caracterizar: disparos, persecuciones, extorsiones, bandas implacables contra policías incorruptibles (o no). Habitualmente hemos visto mafiosos norteamericanos, irlandeses, rusos o napolitanos, pero todos viven fuera de la ley, con sus propias reglas. En definitiva, una serie de ingredientes que hacen que este género, que ha vivido grandes clásicos, se mantenga vivo con interesante títulos de vez en cuando.

Johnny Depp como John Dillinger será el próximo, pero en los últimos años hemos asistido a otros gángsteres que han protagonizado algunos largometrajes interesantes y que bien merece recordar. Por supuesto, son producciones de los últimos quince años, sin querer mirar más atrás, donde la lista se atiborraría de destacados clásicos. En definitiva, una vistazo al cine más reciente de los protagonistas del crimen organizado bajo mi particular perspectiva.

A continuación el listado sin ningún orden preferente:

‘Donnie Brasco’

Empezamos por esta película dirigida por Mike Newell, ya que también nos encontramos con un Johnny Depp metido en la piel de un agente del FBI que busca infiltrarse en el corazón de la mafia. Junto a Depp están Al Pacino y Michael Madsen. Sin duda dos elecciones sensacionales para el reparto, la garantía y el prestigio de Pacino y el saber hacer en la sombra, como gran secundario de Madsen. La película deja un buen sabor de boca, precisamente por sus actores, por la historia y por alguna escena memorable, aunque la realización de Newell no termina de ser todo lo redonda que el excelente guión ofrecía. La película ofrece una visión de una mafia decadente, sin buscar glamour ni grandes alardes sino con sobriedad, centrándose más en la psicología de sus protagonistas.

‘L.A. Confidential’

Basada en una conocida obra de James Ellroy, supuso todo un acierto por parte de Curtis Hanson, que logró su mejor trabajo con esta recreación de la capital californiana en la década de los cincuenta. Un reparto de primera con un gran Kevin Spacey, Russell Crowe, además de Guy Pierce, Danny DeVito y la bellísima Kim Basinger en su mejor interpretación (ganó el Oscar). Excelente narración, en una cinta muy completa que se adentra en la difícil época que vive el departamento de policía sacudido por una sociedad llena de corrupción y maleantes. Gran ambientación, con un tono narrativo oscuro y muy apropiado a la temática.

‘Snatch: cerdos y diamantes’

La película que lanzó a la fama a Guy Ritchie y su peculiar estilo, aunque lamentablemente no ha sido capaz de superarse (ni siquiera igualarse). Un título curioso, distinto que ofrece una visión más rockera (incluso videoclipera), con mucho nervio, ritmo y gran sentido del humor (muy negro). Protagonizada por Brad Pitt (pasado de vueltas pero apropiado a su personaje), Benicio del Toro y Vinnie Jones, además del duro de Jason Statham. Se sale del guión del cine de gángsteres si nos atenemos al esquema más clásico, pero precisamente destaca por ser diferente y contener algunos momentos sensacionales.

Ve el video en el sitio original.

‘Infiltrados (The Departed)’

La película que le dio gloria en forma de estatuillas doradas a Martin Scorsese y un nuevo ejemplo de su cine contundente, bien construido y con personajes de marcado carácter. Un especialista en el género que ofrece una historia no demasiado original (de nuevo un policía infiltrado que intenta desarticular la mafia local), pero que contiene la esencia del género. DiCaprio, Damon, Baldwin, Wahlberg y los veteranos Baldwin y Nicholson (sin olvidar a la bella Vera Farmiga) conforman un reparto brillante y sobresaliente. Una obra dura, violenta y con un desenlace sorprendente.

‘Camino a la perdición’

Dirigida por Sam Mendes y protagonizada por nada menos que Tom Hanks, Paul Newman y Jude Law es un buen ejemplo de aproximación al género al más puro estilo clásico. Una ambientación extremadamente cuidada, sombría, melancólica y seria que nos depara un film memorable. Quizás más desbordante en lo visual que en lo narrativo, pero sabe amoldarse Mendes al aroma tradicional de este tipo de historias y consigue un resultado brillante. Grandes y elegantes interpretaciones, con diálogos fantásticos, profundos y sobrecogedores. Una película llena de emociones.

Ve el video en el sitio original.

‘Promesas del este’

Impactante largometraje que nos enseña la crudeza, la violencia y la oscura mafia rusa. Dirigida magistralmente por David Cronenberg, no deja indiferente por su tono sobrio, rudo y brutal para mostrar el crimen organizado de la europa oriental en Londres. Un trabajo sobresaliente de Viggo Mortensen con una historia absorbente llena de escenas impactantes y momentos gloriosos de gran cine (incluyendo alguna muy violenta rodada con mucho talento).

Ve el video en el sitio original.

‘Gomorra’

Una de las mejores películas del pasado año, retrataba de un modo escueto, limpio pero con soberbia contundencia la Camorra, la poco conocida (desde dentro) mafia napolitana. Un film europeo que desmitifica la visión glamourosa del crimen organizado habitual del cine y que está basada en la narración en primera persona del escritor y periodista Roberto Saviano. La película, dirigida por Matteo Garrone con una realización realista, sin alardes y entrelazando varias historias, logra un retrato portentoso de la mafia y sus tentáculos en la sociedad.

Bonus title:

‘American Gangster’

El primer visionado de este largometraje de Ridley Scott me dejó bastante satisfecho, pero reconozco que al volverla a ver en DVD las sensaciones fueron menos entusiastas. A pesar de todo, resulta una producción interesante, con buenos momentos y dos excelentes personajes (quizás lo mejor del film). Por ello la incluyo como título extra de esta particular selección, porque al menos no merece olvidarse de ella.

Veremos si Michael Mann logra convencer con ‘Enemigos públicos’ y entra a formar parte de este listado de gángsteres recientes en el cine.

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<![CDATA['El rostro impenetrable', de Peckinpah a Brando pasando por Kubrick]]> http://www.blogdecine.com/default/el-rostro-impenetrable-de-peckinpah-a-brando-pasando-por-kubrick http://www.blogdecine.com/default/el-rostro-impenetrable-de-peckinpah-a-brando-pasando-por-kubrick Mon, 27 Jul 2009 17:54:26 +0000 seleccionado por los expertos de universoweb el-rostro-impenetrable-1.jpg

‘El rostro impenetrable’ (‘One-Eyed Jacks’, 1961) es un proyecto que sufrió mil cambios antes de terminar siendo lo que es: uno de los westerns más extraños jamás filmados. Su gestación partió de la novela ‘The Autentic Death of Hendry Jones’ de Charles Neider, obra que en realidad hacía referencia sobre las andanzas de Billy el Niño. El primer guión fue escrito nada más y nada menos que por Sam Peckinpah, por aquel entonces un completo desconocido en el mundo del cine, aunque no en el de la televisión. Como director hizo acto de presencia Stanley Kubrick que ni corto ni perezoso echó al futuro director de ‘Grupo salvaje’, quien en años posteriores reconoció dos secuencias del film como suyas. En 1973, Peckinpah hizo ‘Pat Garret y Billy the Kid’, donde curiosamente rescató a dos de los actores secundarios de ‘El rostro impenetrable’.

Pero Kubrick no pudo terminar la película porque chocó de narices con alguien cuyo ego y narcisismo superaban con creces a los del director de ‘Senderos de gloria’: Marlon Brando, que como era el que mandaba, le dio un puntapié a Kubrick, y el mundo entero se quedó sin saber qué habría hecho éste con un western. Aún así, en el resultado final quedaron resquicios del talento de dos personalidades que darían mucho que hablar en años posteriores.

‘El rostro impenetrable’ narra la historia de una amistad traicionada, la de Rio y Dad Longworth, dos bandidos que huyendo en México de un robo, uno de ellos (Longworth) tiene que dejar al otro atrás para ir en busca de ayuda. Pero Dad decide dejar a Rio a su suerte, quien pasa cinco años en una prisión mexicana, hasta que un día huye de ella, y busca a Dad para vengarse. Como puede verse, éste era un material idóneo para que Peckinpah realizase el guión, aunque la escritura final es de Guy Trosper y Calder Willingham, quienes bajo la supervisión de Brando (uno de los actores más poderosos que han existido), quisieron plasmar un western atípico, con buenos no muy buenos, y malos no tan malvados. Una historia compleja llena de grises, tal y cómo lo expresaba Brando, quien se quejó de que al final la productora hiciese una película más accesible y convencional de lo que él realmente hizo. Su montaje tenía una duración de cinco horas, quedando la cosa en dos horas y cuarto. Probablemente estaríamos hablando de una película totalmente distinta a la que tenemos, pero nunca sabremos si mejor o peor. En el primer caso, tendría que haber sido una obra maestra.

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El film supone la única película de Marlon Brando como director, experiencia que no debió satisfacerle demasiado ya que no repitió detrás de las cámaras, muy probablemente por no poder hacer nada ante la imposición de la productora de que recortase el film. Sea como fuere, lo cierto es que su inexperiencia como director fue notada por todo el equipo de rodaje, que tuvo que aguantar como Brando se extendía en los días de filmación, o como se pasaba horas sentado frente al mar preparándose psicológicamente para una secuencia (los inconvenientes del Actor´s Studio). Con todo lo problemático que fue el rodaje y la postproducción, hay que decir que ‘El rostro impenetrable’ (imperdonable y casi ridículo título español) es una gran película, no exenta de fallos, pero con un poder de fascinación que aún a día de hoy sigue totalmente vigente.

Y es que hay algo de enigmático y atractivo en una historia que se sustenta sobre todo en un esquema clásico, la típica historia de buenos y malo, bañada de apuntes ambiguos, interpretada de forma soberbia por casi todo su reparto, y enfatizada por un Brando que, tras las cámaras, dota a la película de una extraña atmósfera que la enriquece. Uno de sus aspectos más llamativos es que está ambientada al lado del océano, todo lo contrario a la mayor parte de los westerns. Un océano que parece funcionar de catalizador de los sentimientos encontrados de Rio, quien por un lado desea cumplir su venganza, aunque sabe que eso acabará con él, o empezar una nueva vida olvidando todo rencor. Puede notarse en dicho personaje cómo Brando actor choca con Brando director; su interpretación es buena, pero queda en segundo plano ante su ofuscación cuando se filma a sí mismo. Todos los planos en los que aparece, parecen los más grandes planos jamás filmados en todos los aspectos, hasta en su intimismo resulta épico, autocomplaciente, desgarrador, contemplativo y muy confiado de sí mismo. Extraña mezcla de cualidades que representan lo mejor y lo peor de la película.

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Afortunadamente, ‘El rostro impenetrable’ contiene muchas más secuencias en las que Brando no esté intentando parecer un Dios, y es precisamente el actor quien las consigue. Todo en lo que interpretando da lugar a un clarísimo divismo, resulta lo contrario a la hora de dirigir al resto del reparto. Brando deja a sus actores libres, consiguiendo éstos lo que todo actor persigue: que no se note que está interpretando, ser el personaje. Karl Malden se come enterito a su compañero de reparto, con el que ya le unían dos experiencias previas, ‘Un tranvía llamado deseo’ (‘A Streetcar Named Desire’, Elia Kazan, 1951) y ‘La ley del silencio’ (‘On the Waterfront’, Elia Kazan, 1954). Su personaje se ama y se odia al mismo tiempo, y su relación con el de Brando es de lo más conseguido del film (¿ecos de Peckinpah?) A Longworth le mueve la codicia, conseguir dinero, un estatus, y sobre todo, tener controlado un mundo en el que él es el jefe; por la contra en la larga y espléndida secuencia de la fiesta, Longworth es un ser encantador, un perfecto padre y devoto esposo, alguien dedicado a su pueblo, a su gente, y nada haría pensar que tras esa fachada (ojo, no falsa) se esconde un ser que puede ser muy despiadado. Malden en su salsa.

Katy Jurado, Slim Pickens, y cómo no, Ben Johnson componen inolvidables personajes, tal vez un pelín descuidados por ese excesivo recorte de metraje, pero no dañados. Rostros algunos de ellos que parecen haber nacido para pertenecer por derecho propio al género del western, sobre todo en el caso de uno de los mejores amigos de John Ford, que da vida a Bob Amory, que le propone a Rio dar un golpe en el pueblo en el que el amigo que le traicionó es el sheriff, dato con el que Amory jugará todo el tiempo en beneficio propio. Brando hace gala de una sorprendente sobriedad a la hora de filmar a sus secundarios y sus pequeñas historias, utilizando muy inteligentemente los espacios (esa casa al lado del mar, el interior del bar, etc) logrando estar muy inspirado en la planificación. Los tiroteos de la película son una lección de montaje y creación de tensión.

Tal vez ‘El rostro impenetrable’ termine de forma precipitada (aunque el duelo es antológico), pero al menos se atreve con un falso final feliz, esa cabalgada final hacia ninguna parte. La extraña sensación que dejan en el recuerdo las imágenes del film sobrevive de forma inesperada al paso del tiempo, y es ése el misterio de una película intrigante en sí misma, que nos muestra a un director ambicioso, minucioso (tal vez se le pegó de Kubrick) y con personalidad, por mucho que el propio actor renegase del montaje final. Mientras pienso en lo que hubiera sido capaz de hacer Brando si hubiese dirigido más películas, me retiro a mis aposentos a escribir sobre el film de terror más ridículo de los últimos años.

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<![CDATA['American History X', potente aunque tramposo melodrama]]> http://www.blogdecine.com/default/american-history-x-potente-aunque-tramposo-melodrama http://www.blogdecine.com/default/american-history-x-potente-aunque-tramposo-melodrama Sun, 19 Jul 2009 21:35:17 +0000 seleccionado por los expertos de universoweb imgamerican-history-x2.jpg

Soy el tipo más peligroso de esta prisión. ¿Y sabes por qué? Porque controlo los calzoncillos

- Lamont

Hay una secuencia que me gusta mucho en esta película. Es hacia el final de su metraje. Tiene lugar un flash-back en blanco y negro (uno entre varios), y en él, por fin, conocemos al fallecido padre de la triste familia Vinyard, un bombero de ideas reaccionarias cuyos discursos xenófobos y llenos de odio van a calar muy profundo en la mente de su hijo mayor, Derek, bien interpretado por Edward Norton. En un breve diálogo conocemos las semillas del odio, el modo en que las ideas de los mayores pasan a la siguiente generación, manipulando su forma de pensar.

No es la única buena escena en esta desigual película, que muchos saludaron como una impresionante obra maestra cuando se estrenó, y que estuvo en boca de todo el mundo durante un cierto tiempo. El tema del racismo, y más concretamente, de los jóvenes neonazis, parecía haber encontrado su drama catedralicio. Pero, aunque esta película tiene suficientes motivos de interés, está muy lejos de representar la aportación definitiva a un tema tan importante. Y esto por varias razones.

Una historia de violencia

La primera de ellas es un guión tremendamente habilidoso, pero que tiende a adentrarse en terrenos fáciles, en lugares comunes, en vez de profundizar más a fondo en la llaga. Es como si supiera bien por dónde no debe moverse, para facilitar las cosas, y no se complica demasiado a la hora de hablarnos del terrible drama del llamado neonazi perfecto, y de su doliente familia. Con inteligencia, pese a todo, sabe mostrarnos bien de qué forma fueron calando en Derek unas ideas que cristalizaron con el dolor de la muerte de su padre.

En efecto, no hay nada como el odio y la destrucción, es decir como la ira, para alejar de uno mismo el dolor de una pérdida o de una existencia miserable. Esto el guión, y la película, saben sugerirlo muy bien. Al final, los neonazis no son más que una panda de inadaptados. Terriblemente violentos y peligrosos, sí, pero también sufrientes. Unos jóvenes marginales que focalizan toda su frustración en una forma de vida agresiva y radical, dirigidos por un cerebro mayor, aquí personificado por el astuto y despiadado Cameron (un buen Stacy Keach).

El viaje desde la inocencia hasta el odio, y de ahí a la comprensión y la redención por parte de Derek, se antoja anémico y forzado, innecesario casi, tendencioso y aleccionador. Los esfuerzos de Norton (ahora hablaremos sobre él) para hacer creíble esta peripecia vital son enormes, pero no bastan, porque el espectador tiene que poner demasiado de su parte para creerse que este neonazi cruel y sin sentimientos se da cuenta de sus errores. Todo queda contado de forma muy tangencial, los negros son demasiado duros o demasiado graciosillos, y los blancos demasiado manipulables o manipuladores.

La vida es más inasible y resbaladiza que esto.

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Una dirección ambiciosa

La segunda razón de peso, casi definitiva, para considerar esta película muy por debajo de las exageraciones que se han dicho de ella, es la labor de su director, Tony Kaye, un londinense experto en anuncios y videoclips que se pasó a la dirección con esta película, esperando demostrar su gran talento con una obra maestra irrepetible. Y la sensación que se tiene es la de que Kaye está convencidísimo de que cada plano que filma es único, maravilloso y genial. Su exceso de autocomplacencia, su ambición, no tienen límites. Y aunque al final es cierto que tiene talento, también tiene mucho que crecer como artista.

Su decisión de mezclar dos tipos de fotografía (color y B&N) es, como poco, discutible. Pero es que, además, su uso y abuso de una cámara lenta recalcitrante, destinada a subrayar de manera exagerada los dramas internos de sus personajes, le desacreditan como un director de fuste. En su intento por firmar un drama social, tiene ecos de Oliver Stone y de Spike Lee, pero parece más preocupado por dejar claro en cada fotograma que es un genio.

No todo es negativo en su labor, nada más lejos. Este cineasta tiene capacidad para crear ambientes y atmósferas agobiantes, asfixiantes casi, y una destreza inusual para dar con la cuerda de la tensión en las imágenes, de modo que la inseguridad y la inquietud se adueñen del espectador. También es un director de actores competente, y su uso de la cámara es fluido y creativo. Pero su deseo de dejarlo todo bien mascado, de poner en un altar sus ideas, termina por despreciar la inteligencia del espectador.

Cuenta que quiso quitar su nombre de los créditos, porque denunció que Norton había reeditado su película, con el fin de lucirse más él, en detrimento del equilibrio del filme. Puede que sea cierto, pero aunque Norton quisiera ganar en protagonismo, nada de esto tiene que ver con la puesta en escena de Kaye, como por ejemplo sus planos finales de las olas en el mar, más propio de un videoclip que de un largometraje, y que nada aportan, salvo una andanada de lujosas imágenes, a la historia de los personajes.

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Tengo un problema con Edward Norton

Norton asombró al mundo entero con un trabajo formidable, el de ‘Las dos caras de la verdad’, creo que se titulaba (traducción horrible para el más estimulante ‘Primal Fear’), dirigida por el mediocre Gregory Hoblit, y en la que él era lo mejor de la función de lejos. Este gran debut dejó claro que nos encontramos ante un actor de raza. Ahora bien, es un actor tan consciente de sí mismo, tan seguro de su genio (como el director, lo que son las cosas), que su trabajo acaba resintiéndose de ello.

Le ocurre algo parecido a otro gran actor muy famoso, Leonardo DiCaprio. Se nota demasiado que está interpretando, es demasiado consciente de su propia interpretación, le falta naturalidad, serenidad, que la escena fluya a través de él. Quiere ser el protagonista a toda costa. Y, de igual manera que DiCaprio, imita demasiado a sus maestros, sobre todo a Robert DeNiro, de quien ambos se han confesado discípulos irredentos.

Su interpretación fue nominada al Oscar en aquel año, aunque tuvo que conformarse con eso, porque fue Roberto Benigni quien se lo llevó. De todas formas, el ganador debió haber sido Nick Nolte, por su fabulosa intepretación en la tremebunda ‘Aflicción’. Desde entonces, Norton ha seguido intentando ganar el Oscar de manera demasiado evidente, y exagerando sus trabajos. Con el tiempo ha ganado algo en sobriedad y ha dejado de interpretar, para ganar en sinceridad, pero sigo notando que interpreta cada vez que aparece en la pantalla.

A su lado, Edward Furlong me parece que le gana la partida limpiamente. Este es un actor nato, que nunca comete el error de actuar, sino que vive la secuencia de modo absoluto. Un tanto más para James Cameron, que le descubrió en ‘Terminator 2’, y en la que ya dio muestra de una gran capacidad de sugerencia, y de una entereza asombrosa. Furlong es el opuesto a Norton, instintivo y natural, relajado y humilde. Y aunque lleva un tiempo poco presente en películas importantes, quizá en un futuro (tiene aún 32 años) pueda dar más de sí.

Conclusión

‘American History X’ merece la pena verse, pero no es, bajo ningún concepto, la película definitiva sobre los neonazis. Tal vez haga falta un talento más valiente para llevarla a cabo (y esto queda confirmado por la filmografía posterior de este director). A pesar de sus bondades, este filme es demasiado tramposo para ser tomado demasiado en serio

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