Favoritos de vinnikun en Blogdecine http://www.blogdecine.com/usuario/ seleccionado por vinnikun http://www.blogdecine.com <![CDATA['Origen', y los sueños cine son]]> http://www.blogdecine.com/criticas/origen-y-los-suenos-cine-son http://www.blogdecine.com/criticas/origen-y-los-suenos-cine-son Sun, 15 Aug 2010 15:47:14 +0000 seleccionado por vinnikun inception-f1.png

Jordi Costa en su página del facebook se sorprende del éxito masivo que está teniendo Christopher Nolan con sus dos últimas obras y de como éste parece haber convencido a la humanidad de que es un genio. Asegura que el director se ha aprovechado de la poca memoria cinéfila del público actual, que no se acuerda de películas como ‘El año pasado en Marienbad’ (‘L’année dernière à Marienbad’, 1961, Alain Resnais), una de las referencias de ‘Origen’ (‘Inception’, 2010) la nueva megapelícula del director de ‘El caballero oscuro’ (‘The Dark Knight’, 2008), que está dando de hablar desde su estreno y no dejará de hacerlo durante mucho tiempo.

Costa que subraya una y otra vez que el film de Nolan tiene numerosos aciertos no es del pensar de la mayoría que se ha rendido ante las enormes cualidades de un film único. Hubiera estado bien que el señor Costa hubiese dejado para después del estreno del film la salida de su delirante cómic ‘2.000 años de cine’ —ilustrado por Dario Adanti— porque indudablemente se hubiese dejado influir por el film de Nolan. De todos modos que George Clooney interprete al director de la revista Fotogramas es una idea que no puede ser de Costa, se la han inoculado en su subconsciente.

Efectivamente, ‘Origen’ es un film que posee numerosas referencias. ¿Y?

El film de Resnais, que comentaremos aquí en un futuro, no es la única referencia importante de ‘Origen’. A lo largo y ancho de dos horas y media de gran cine descubrimos alusiones a un montón de películas conocidas, algunas muy directas, otras no tanto. Podríamos nombrar ‘Dark City’ (id, 1998, Alex Proyas) —la ciudad cambiando a capricho del arquitecto—; ‘Matrix’ (id, 1999, The Wachowski Brothers) —las luchas sin gravedad en el hotel—; o ’007 al servicio secreto de su majestad’ (‘On Her Majesty’s Secret Service’, 1969, Peter Hunt), el film favorito de Nolan de la saga Bond, al que le dedica un buen homenaje en uno de los clímax finales de la cinta.

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Ahí tenemos también al amigo Alvy Singer que define la ansiedad de la influencia con una certera combinación entre ‘Origen’ y ‘Blade Runner’ (id, 1982, Ridley Scott). De ahí podríamos saltar a las numerosas referencias literarias que el trabajo de Nolan posee, desde Borges hasta Philip K. Dick pasando por numerosas teorías relativas a los sueños; y cómo no, experiencias personales del propio director que incluso ha tomado apuntes de sus propios sueños. Al fin y al cabo todos tenemos derecho a soñar y hablar de ello a quien queramos. Mi compañero Adrián Massanet opina que el hablar sobre el mundo onírico sólo está reservado a los más genuinos poetas de cada época, negando a Nolan su derecho de hacerlo, única y exclusivamente porque ha creado un mundo propio con reglas, poniendo lógica a algo que no la tiene.

He ahí el gran acierto de Christopher Nolan, un director que parece querer superarse con cada nueva película que realiza, corriendo el enorme riesgo de tropezar en el intento. La mayor parte de su cine habla de la mente humana, ‘Memento’ (id, 2000), ‘Insomnio’ (‘Insomnia’, 2002), ‘Batman begins’ (id, 2005), ‘El truco final. El prestigio’ (‘The Prestige’, 2006) o la que nos ocupa hablan de distintas facetas de la mente; memoria, ilusión, sueños y algún estado mental alterado le han servido al director para construir thrillers construidos con exactitud, apartándose de lo que el cine de Hollywood puede ofrecer pero jugando hábilmente las cartas que posee todo blockbuster. Nolan no hace superproducciones de consumo rápido y olvido instantáneo, su cine impacta y deja pensativo al espectador durante días. En ‘Origen’ ha ido más allá con su sentido y atrevido homenaje al arte que Nolan más admira: el cine. Al compartirlo con todos nosotros ha provocado una catarsis de proporciones épicas, vistas las reacciones de casi todo el mundo.

El cine es el mejor de los sueños

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A principios de año nos llegaba con retraso la maravilla de Kathryn Bigelow ‘En tierra hostil (The Hurt Locker)’, en la que la oscarizada directora, más allá de su trama, efectuaba un ejercicio de cinefilia de altura: el cine ofrecido a base de chutes, el cine como adicción. Nolan efectúa el mismo ejercicio en ‘Origen’ pero utilizando los sueños, elemento común al cien por cien de la humanidad. Sus múltiples referencias no ahogan el universo creado por el director y logra erigirse como obra única destinada a sobrevivir en el tiempo colocando el listón de la fantasía a una altura nunca imaginada. Además ha sido capaz de provocar algo que a la mayoría de los consumidores de blockbusters no les gusta hacer: pensar.

Y ese pensamiento se produce gracias a la intrincada estructura narrativa del film, algo a lo que todos deberíamos estar ya más que acostumbrados en el cine de Nolan. Si recordamos sus entregas del hombre murciélago veremos que sus tramas están muy alejadas de las de otras adaptaciones de superhéroes, casi siempre más simples e inofensivas. A modo de eso que ahora llaman techno thriller —Michael Mann sería su máximo exponente— Nolan construye una aventura inolvidable de un grupo de especialistas en entrar en los sueños de la gente para robarles ideas. Ahora aceptarán la aparente imposible misión de inocular una idea en una mente en lugar de robarla.

Aunque ‘Origen’ requiere de la completa atención del espectador —en realidad todo el cine requiere de ello— éste jamás llega a perderse gracias a la inteligencia de su máximo artífice, nuestro particular arquitecto, Christopher Nolan, que nos va dando información todo el tiempo hábilmente mezclada en un rompecabezas —magistralmente montado por Lee Smith— que juguetea con realidad y sueño manteniendo siempre el norte. Si los personajes tienen su propia brújula —llamada tótem— para saber si están en un sueño o no, el espectador también posee un punto de referencia que le hace diferenciar entre los distintos niveles por los que se mueve la película.

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Los actores están todo en pleno estado de gracia sin que ninguno resalte por encima de los demás. Leonardo DiCaprio demuestra una vez más su versatilidad, aunque su personaje recuerde en demasiado aspectos al interpretado a las órdenes de Martin Scorsese en la floja ‘Shutter Island’ (id, 2010). Ellen Page da vida a Ariadna, la arquitecto de los sueños, en otra de las múltiples referencias del film, esta vez a la mitología griega con la historia de Teseo y el minotauro. Tom Hardy, el futuro Mad Max, es uno de los descubrimientos del film, y que introduce el poco humor que contiene la historia. Cillian Murphy ya es un habitual en el cine de Nolan, y ‘Origen’ es probablemente la película del director donde más se luce el actor. Ken Watanabe, Michael Caine, Joseph Gordon-Levitt, que lleva él solo el peso de uno de los momentos cumbre del film —el del hotel—; Tom Berenger, Pete Postlethwaite y Marion Cotillard, que le da la oportunidad a Nolan de acercarse al Film Noir, conforman un más que suculento reparto que funciona en bloque.

Dos horas y media de cine arrebatador, fascinante, que a través de una historia de fantasía nos envuelve hasta llegar a un plano final cortado inteligentemente por Nolan para despertarnos de su sueño. Al igual que Cobb ya no nos importa si lo que hemos visto es un sueño o no, en nuestro caso lo que importa es el viaje transcurrido, y éste ha sido apasionante.

Posdata

Estoy convencido de que si Sam Peckinpah todavía viviese, estaría encantado con ‘Origen’, no por sus escenas de violencia, sino por la utilización del ralenti en la ya famosa secuencia de la furgoneta, en la que el tiempo se dilata hasta el paroxismo. Todo un atrevido homenaje a la manipulación de dicho elemento dentro del cine.

Otras críticas en Blogdecine:

En Blogdecine | Orígen (Inception), la película

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<![CDATA[57º Festival de San Sebastián: 'Inglourious Basterds', auténticos infames hijoputas]]> http://www.blogdecine.com/criticas/57-festival-de-san-sebastian-inglourious-basterds-autenticos-infames-hijoputas http://www.blogdecine.com/criticas/57-festival-de-san-sebastian-inglourious-basterds-autenticos-infames-hijoputas Mon, 21 Sep 2009 08:06:09 +0000 seleccionado por vinnikun quentin-tarantino-ib.jpg

Cuando, en cierta secuencia, al término de ‘Death Proof’, sentimos compasión por un asesino despiadado como Stuntman Mike, interpretado con gran oficio por Kurt Russell, nos sentimos también miserables por experimentar ese sentimiento, mientras asistimos a la implacable venganza de la que es objeto, y por cierto que merecida venganza. Algo similar ocurría en la que posiblemente sea la obra magna del director de Tennessee, Kill Bill, pues en la venganza de La Novia sus enemigos llegaban a adquirir cierta dignidad a la hora de morir.

Ahora, con este ‘Inglourious Basterds’ (no voy a escribir la estúpida traducción española), Tarantino nos entrega, como suele hacer, una fuerte dosis de sí mismo, en su extraño y feroz, brillante y desequilibrado, homenaje y reescritura de las constantes del cine de aventuras y espionaje con el trasfondo de la Segunda Guerra Mundial, y lo hace arrebatándoles la humanidad a la mayoría de los aliados y dándosela algunos nazis, elaborando una fascinante galería de rostros y caracteres, para un violento zarpazo de ingenioso y arrollador cine de autor.

Los personajes, y sus actores, son el motivo de esta película

Dice Tarantino que cuando escribe, puede tener en la cabeza algunas ideas o alguna estructura previa, pero que sus personajes, a los que con tanto mimo ha esbozado, son los que le van dictando qué es lo que va a suceder. También toma a dictado los diálogos, imaginando que les oye hablar. Ha llegado hasta tal punto, en la confianza extrema que tiene a sus hijos de papel y celuloide, que les permite incluso cambiar el rumbo de la historia, en una orgía de sangre final de pasmoso salvajismo. Todo es posible en esta oda desenfrenada al poder subversivo del cine.

Porque amor al cine hay en el cariño de Tarantino no sólo a sus personajes, sino a los actores que les interpretan, todos ellos, como siempre, en estado de gracia, y muchos (sobre todo Pitt y Waltz) como si no fueran ellos, en una transformación física y anímica absoluta, embebidos de sus propias creaciones, pletóricos de felicidad y talento por participar en esta fantasía lúdica, verdadero capricho estético del director que ha de entenderse como tal. En él hay cabida para que una actriz célebre (Kruger, que parece fugada de alguna película clásica de los años treinta) acuda a una misión suicida con un crítico de cine (Fassbender, en una creación estupenda), y termine su labor la dueña de un vetusto cine sediente de sangre nazi.

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Pero de todos ellos el personaje más inolvidable de la película es, sin lugar a dudas, el fascinante monstruo alemán interpretado con inusual maestría por el casi desconocido Christoph Waltz, que se inscribe con letras de oro en la larga tradición de sádicos y astutos oficiales nazis de la historia del cine. Hans Landa es un cruce entre el doctor Lecter, Sherlock Holmes y Reinhard Heydrich, y con él Tarantino echa el resto y añade otro complejo y oscuro rostro a su particular universo. Ganador del premio en Cannes, es probable su nominación al Oscar como mejor secundario, pero esto es un filme coral, y su personaje no tiene nada de secundario, de hecho es la pieza catedralicia de la película.

Un relato que se hace corto

Presentada en el Festival de Cannes de este año, dentro de su Sección Oficial a concurso, la séptima realización de Quentin Tarantino fue vista allí con un montaje diferente del que ahora llega a las salas. Como Blogdecine no estuvo presente en Cannes, sólo pueden aventurarse conjeturas acerca de tal montaje, en teoría más corto que el que ahora ha llegado a las salas y a San Sebastián. La película dura 160 minutos, estructurados en cinco grandes bloques o capítulos que abarcan un núcleo central que se va ramificando con total naturalidad.

No existen, por tanto, tres actos definidos y diferenciados. Me comentaba Alberto Abuín que es una película de momentos. Y es cierto, pero hecho a drede. Los cinco bloques están escritos de modo que parece que van, cada uno de ellos, perforando y percutiendo en una idea y un motivo, hasta profundizar en ella y terminar con un gran clímax que salpica el futuro devenir de los acontecimientos. Y todo comienza, y termina con Landa. Primero en el capítulo 1, que a modo de introducción nos presenta a este abyecto y encantador personaje (y que es una de las mejores secuencias jamás dirigidas por Tarantino), y finalmente en el capítulo 5, donde Landa conoce un inesperado desenlace al inesperado giro que él mismo había provocado.

Entre medias, saltos temporales tan del gusto del director, un capítulo dedicado al precioso personaje de Mélanie Laurent, y el fabuloso capítulo de la posada, en el que Tarantino, como venía haciendo durante toda la película, llega lo más lejos posible en la dilatación del tiempo. En ese sentido el relato se hace corto: no sólo porque desearíamos conocer más a fondo a estos personajes, sino porque el objetivo de Tarantino, más que la acción, es el suspense. El tiempo se alarga hasta el paroxismo, para deleite de las mascaradas que supone el lenguaje.

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Lenguaje en doble sentido, el visual y el sonoro, este último auténtico motivo y razón de ser del suspense, pues con los diferentes idiomas y acentos, Tarantino desvela su gran pasión por la voz y los juegos de palabras. De hecho, sólo se lanzó a hacer ‘Inglourious Basterds’ con confianza cuando conoció al políglota Waltz. Y todo esto convierte el mero hecho de asistir a verla doblada al español en un disparate sin pies ni cabeza, pues se pierde un nivel importantísimo de esta estupenda película. Una película en la que el tono y el estilo parecen fluctuar con desdén, pero que está filmada con verdadero arrojo, y cuyo montaje final parece algo tosco y acerado, pero eso no hace sino acrecentar su bestialismo y su sequedad visual.

Tarantino se ríe de la Segunda Guerra Mundial, pero también del género. Al mismo tiempo, les riden pleitesía a ambos. No quiere hacer un filme perfecto, quiere grandes momentos, disfrute lúdico, sorprender, hacer reir, de la mano de estos “infames hijoputas”. Y lo consigue con creces. Vaya si lo consigue.

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