Favoritos de xtremo en Blogdecine http://www.blogdecine.com/usuario/ seleccionado por xtremo http://www.blogdecine.com <![CDATA['Celda 211', el corazón de la bestia]]> http://www.blogdecine.com/criticas/celda-211-el-corazon-de-la-bestia http://www.blogdecine.com/criticas/celda-211-el-corazon-de-la-bestia Mon, 09 Nov 2009 22:35:06 +0000 seleccionado por xtremo celda_211.jpg

Recuerdo a Daniel Monzón como un crítico cinematográfico con buen gusto y mejores maneras. Un chaval con cultura y buen verbo al que daba gusto leer. Un buen día dio el paso de hacerse director de cine, y no puede decirse que empezara con buen pie. ‘El corazón del guerrero’, que fue su debut, podría haber dado algo de sí en otras manos, pero en las suyas se convirtió en una carta de presentación muy floja, sin ningún interés.

Pero menos interés tuvo aún el intento de comedia de ‘El robo más grande jamás contado’, que algunos analistas defendieron con presencia de ánimo admirable pero estéril, pues no había por donde cogerla. Y con la anodina ‘La caja Kovak’ terminé por perder la esperanza de que este extraordinario cinéfilo pudiera convertirse en director importante alguna vez. Pero ahora llega con ‘Celda 211’, que es algo más que una buena película de género. Es la película española del año.

Un relato poderoso y sin fisuras

Justo cuando no daba un duro por él, se calza Monzón un relato de presos, cárceles y motines que se erige, por derecho propio, en todo un clásico de este subgénero del suspense. Con una experiencia en la dirección de actores y la puesta en escena, que se le supone en su ya cuarta realización, y adaptando de manera ejemplar la novela homónima de Francisco Pérez Gandul, ayudado en esas labores por el excelente guionista Jorge Gerricaechevarría, Daniel Monzón se hace mayor como artista incontestablemente.

En sus manos, la novela de Pérez Gandul deviene una mina de oro de inagotables posibilidades visuales. La cárcel, cualquier cárcel, se convierte en un espacio asfixiante donde la muerte, el dolor y las posibilidades de traición son infinitas, donde la vida y la esperanza son efímeras, y donde las más primarias pasiones humanas se dan la mano con la cobardía y la estupidez, la crueldad y la dignidad de las ratas atrapadas y en el punto de mira.

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Comienza de manera admirable esta ‘Celda 211’, y lo mejor es que va subiendo más y más, sin parar, en un crescendo admirable sin la menor concesión con el espectador. El que espere un espectáculo amable que se quede en casa. Esto es cine descarnado y brutal, cine de verdad, grande, adulto, complejo. Con una galería de personajes inolvidable, algunos de los cuales abandonan su rol previo para transformarse a causa de la desesperanza y la violencia.

Y entre todos los presos destaca Luis Tosar en una interpretación antológica, que le coloca desde ya mismo entre los más grandes intérpretes europeos. Su Malamadre no es sólo una bestia con corazón, pues el director y el intérprete son lo suficientemente inteligentes y talentosos para dotar de una vida a este personaje como pocas hemos visto en el cine español de los últimos años. Malamadre es el alma de la película, y lo que la hace trascender los límites del propio género. Le amamos y le odiamos al mismo tiempo, qué pocas veces sucede eso en una pantalla de cine.

A su lado, Alberto Ammann compone un digno funcionario de prisiones, aunque es cierto que el actor sufre en comparación con el gigante Tosar. Es un actor competente, si bien un par de veces parece que van a fallarle las piernas. Pero mantiene el tipo. Aunque en general el reparto es poco menos que formidable, y el casting soberbio. Nos creemos hasta al último figurante con frase que se pasea por la cárcel (entre otras cosas, porque los diálogos son excelentes), y es que aquí han hecho las cosas como Dios manda.

Monzón narra con convicción y sobriedad, sin cosas extrañas ni florituras, ateniéndose a los personajes y preocupándose por ser creíble siempre. Nunca pierde el control de la historia, y ayudado por la labor del operador Carles Gusi (que firma una imagen dura y acerada) y la de la montadora Cristina Pastor (que monta con talento y elegancia un tema tan escabroso), además de por la percutiente partitura de Roque Baños, firma una obra contundente e inolvidable.

Post Data Inevitable

Esto es cine de primerísima factura, con una producción de gran profesionalidad, que está dando sus frutos en taquilla y entre la crítica. Viene a demostrar que la gente desea ver buen cine español, por mucho que algunos no se quieran dar cuenta. Ahora bien, tiene que valer la pena verlo. Hoy estaba la sala a rebosar, y más que va a estarlo cuando arrase en los Goya, como estoy seguro que va a hacer.

Por cierto, apuesto porque el inevitable remake americano no se hará esperar. Pero esta no se la pierdan.

Celda 211 en Blogdecine

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<![CDATA[Top Blogdecine | 'El secreto de sus ojos' te deja huella]]> http://www.blogdecine.com/default/top-blogdecine-el-secreto-de-sus-ojos-te-deja-huella http://www.blogdecine.com/default/top-blogdecine-el-secreto-de-sus-ojos-te-deja-huella Tue, 27 Oct 2009 10:47:48 +0000 seleccionado por xtremo top blogdecine 29oct
Es la película que colocamos en el número uno de nuestro Top. Un ranking con los films en cartelera que mejor valoramos todo el equipo de Blogdecine y que retomamos nuevamente para facilidad de nuestros lectores y usuarios (que queda destacado a la izquierda). Semanalmente actualizaremos el listado y también todos podéis participar votando según vuestro criterio en la página de producto de cada película. Haremos un repaso también a vuestros gustos cada semana.

En esta que comenzamos con el Top de Blogdecine hemos querido señalar la honda huella que deja ‘El secreto de sus ojos’ de Campanella, una película entrañable, con un ritmo asombroso y que como indicaban nuestros compañeros Adrián Massanet y Alberto Abuín en sus respectivas críticas, apunta a convertirse en la película del año.

Del resto de películas en el Top, cabe destacar lo nuevo de Woody Allen, que parece retomar el buen pulso de años atrás y el superéxito de Amenábar. Sin olvidarnos de una reciente incorporación a las carteleras como es ‘After’, que Beatriz Maldivia ha valorado positivamente. En el quinto puesto tenemos a ‘Moon’, tras su triunfal paso por Sitges (con opiniones positivas de Juan Luis Caviaro y Alberto Abuín) y para completar un top ten, podemos incluir con puntuaciones similares y sin un orden especial a ‘Infectados’, ‘La cruda realidad’, ‘Yo, también’ o ‘Katyn’, y la nueva entrega de ‘Millennium’ quedaría en un discreto lugar.

Esperamos vuestra participación, ya sabéis: Me encanta/Insoportable, en la página de cada película en Blogdecine.

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<![CDATA['El secreto de sus ojos', el Amor]]> http://www.blogdecine.com/criticas/el-secreto-de-sus-ojos-el-amor http://www.blogdecine.com/criticas/el-secreto-de-sus-ojos-el-amor Sun, 18 Oct 2009 12:21:46 +0000 seleccionado por xtremo elsecretodesusojos-f1.jpg

Dicen que las más grandes historias hablan sobre el amor. Durante siglos y siglos, poetas, pintores, escritores, cineastas y demás artistas, han intentado representar dicho sentimiento, en un vano deseo de encerrarlo en expresiones. Si hacemos un repaso a la historia del cine, vemos que infinidad de películas —la inmensa mayoría— cuentan en su columna vertebral con el amor como principal motor de sus relatos. Y si no centramos únicamente en aquellas que lo han tratado de frente, la lista puede ser de lo más variopinta. Juan José Campanella ya nos había ofrecido alguna historia en la que el amor cobra vital importancia; tanto ‘La hijaEl hijo de la novia’ —la película que le hizo famoso—, como ‘El mismo añoamor, la misma lluvia’ —estrenada en nuestro país a raíz del éxito de la antes mencionada—, o ‘Luna de Avellaneda’, contenían en sus tramas aproximaciones al tema de las relaciones amorosas.

Ahora, Campanella —que también ha logrado ganarse cierto prestigio como director de series de televisión americanas—, va más lejos con ‘El secreto de sus ojos’, sin duda alguna, una de las mejores películas que se han estrenado en este 2009. Con la apariencia de un thriller, excelentemente construido y narrado, el director se adentra en los recovecos de lo único que realmente merece la pena en este mundo: el amor.

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‘El secreto de sus ojos’ narra la historia de Benjamín Espósito, quien acaba de jubilarse después de haber pasado prácticamente toda su vida profesional como empleado de un Juzgado Penal. Ahora, para matar el tiempo libre que tiene, decide escribir un libro en el que narrará una experiencia vital de su pasado. En el año 1974, el juzgado en el que trabajaba es encargado de investigar un caso de violación y asesinato, en el que Espósito se vio envuelto de forma muy directa, al llegar a conocer al marido de la asesinada, y conmocionarse por la capacidad de amarla que tenía éste, y al que ayudará en todo lo posible para encontrar al asesino.

Un argumento de thriller, en el más puro estilo clásico, en el que Campanella apuesta fuerte yendo más allá, narrando una de esas historias atemporales en la que la mirada del cineasta, apoyada en las miradas de sus personajes, desviste a los mismos en un relato, que con gran sutileza, y amor por lo que narra, respira verdad por cada minuto de su metraje. Como ya había hecho con anterioridad, el director argentino, hace explotar con enorme sencillez —que no simpleza— emocionalmente al espectador, en un duro e inolvidable viaje, en el que la verdadera historia se halla tras los ojos de los personajes que componen la película. Ojos tras los cuales se ocultan secretos, pero que no pueden mentir. Amores secretos y reprimidos, amores incondicionales, amores destructivos, amores muertos, son los mostrados por los ojos que en el film se cruzan miradas de verdad, motivaciones de todo lo hecho por los personajes.

Campanella siempre coloca su mirada a la altura de la de sus protagonistas, a los que trata con mimo y delicadeza. Su puesta en escena, de latente sobriedad, a veces apoya emocionalmente lo narrado. En cierto momento clave del film, una de las incógnitas al misterio de encontrar un asesino, es revelada mediante una emocionante definición sobre la pasión —palabra ligada al amor sin ningún tipo de duda—, en la que Campanella alza la cámara, para en el siguiente cambio de plano, bajarla desde lo más alto en un impresionante travelling, seguido de un falso —pero muy eficaz— plano secuencia que funciona como catarsis emocional. Grandilocuencia que se da la mano con la sencillez más pasmosa, que muestra la envidiable capacidad de Campanella para narrar, llegando a una elegancia que hacía tiempo no se veía en una pantalla de cine.

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Puede que ‘El secreto de sus ojos’ resulte un poco larga, cayendo un poco en el subrayado en su parte final, pero incluso eso puede tomarse como algo bueno. Campanella está enamorado de los personajes, como si no quisiera soltarlos, y en un bloque final lleno de revelaciones, el director se la juega poniendo sobre la mesa mucho más de lo esperado. Con una sola secuencia —la sorpresa argumental del film, pelín previsible— Campanella derrumba sin prejuicios todas nuestras creencias sobre la justicia y la venganza, y enfrenta las distintas consecuencias que un amor sentido durante mucho tiempo puede provocar. Los secretos salen a la luz, algunos son horribles, y otros simplemente no van a ser fáciles, y en una maravillosa escena final, Campanella cierra la puerta tras el personaje central, para hacer íntimo por fin lo que todos ya sabíamos.

Ricardo Darín, Soledad Villamil, Pablo Rago, Javier Godino y Guillermo Francella, en verdadero estado de gracia, logran a lo que todo intérprete aspira, que veamos un personaje y no un actor. Todos a merced del amor, la verdadera motivación de cada uno de sus actos, y Campanella jugueteando con ellos, demostrando que dicho sentimiento puede producir al mismo tiempo algo bello y horrible. Dentro de muchos años, nadie recordará films muy taquilleros de este año, pero cuando se haga un repaso a la presente década, ‘El secreto de sus ojos’ se alzará como uno de los títulos más importantes de nuestros días, como la magistral película que es.

Otra crítica en Blogdecine:

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<![CDATA[Sitges 09 | 'The Road' ('La carretera'), rueda de prensa con Viggo Mortensen y John Hillcoat]]> http://www.blogdecine.com/default/sitges-09-the-road-la-carretera-rueda-de-prensa-con-viggo-mortensen-y-john-hillcoat http://www.blogdecine.com/default/sitges-09-the-road-la-carretera-rueda-de-prensa-con-viggo-mortensen-y-john-hillcoat Mon, 12 Oct 2009 21:19:34 +0000 seleccionado por xtremo road-postercico.jpg

El último día en Sitges fue el de ‘The Road’ (‘La carretera’). La película, adaptación de la novela de Cormac McCarthy, se proyectó por la mañana, en el pase de las ocho y media, y por la noche, siendo la encargada de clausurar la 42ª edición del Festival. A las once y media, estábamos citados para asistir a una rueda de prensa en la que iban a estar Viggo Mortensen y John Hillcoat, el protagonista y el director del film.

He estado en otras ruedas de prensa, creedme que se nota cuando viene una estrella. No se cabía en la sala, y el nerviosismo era muy palpable, todos querían tener el mejor sitio y la mejor visibilidad (muchos parecían fanáticos del actor). Con un poco de retraso, por fin entraron Hillcoat y Mortensen, recibiendo rápidamente una marea de flashes. Ángel Sala dio las gracias a todos, presentó a los invitados e inició la ronda de preguntas. No hubo mucho tiempo, y tampoco creo que las pocas preguntas que se hicieron (algunas ridículas) dieran la oportunidad de aprovechar mejor el encuentro, pero bueno, al menos pude oír y ver de cerca a uno de los mejores actores del planeta, y saber un poco más sobre la película, que por cierto, por lo que he oído ha gustado mucho, no sólo a mí.

  • Viggo. La película me ha hecho pensar en que el hombre es un lobo para el hombre. ¿Piensas lo mismo?

VM: El hombre puede ser un lobo y también un cordero. En la novela, como en la película, que es bastante fiel, se quiere dar la idea de que el “good guy” (“hombre bueno”) se define por sus elecciones. Elegir por el amor, o por el odio. Todos podemos hacer cosas buenas o malas.

  • Hola Viggo. Tu personaje lo pasa bastante mal en la película. ¿Que habrías hecho tú en su lugar?

VM: Bueno, soy testarudo. Intentaría aguantar todo lo posible. Nunca se sabe. Son situaciones por las que vamos al cine, las que se cuentan en este cuento. Lo importante es para qué, ¿para qué sobrevivir? ¿Sobrevivir nada más, o hay otra cosa, más allá? Una elección, como comenté antes.

  • ¿Fue muy duro el rodaje, y cómo hacían para mantener el buen humor? Y luego para Viggo, el director de ‘Solomon Kane’ dijo que tú habías sido su primera elección, si nos podría decir algo sobre esto.

JH: Hacer la película fue muy duro. Se hizo en localizaciones exteriores, en invierno, fue duro. Pero dio significado a la película. Ayudó a contar la historia, y al equipo. Rodamos en 50 localizaciones, tuvimos que movernos por 4 Estados diferentes. Esto le dio una dimensión más a la película.

VM: A ver si me acuerdo… que otros directores quieren contratarme. Bueno, como actor me parece muy bien, hace falta trabajo [risas].

  • Para los dos. La película da mucho miedo, ¿qué os aterra más?

JH: A encontrarme totalmente negado por el miedo. Es difícil, estar bajo tanta presión, guardar la humanidad, hacer lo correcto.

VM: Yo tengo miedo a fracasar como actor. El desafío era encontrar la forma de desnudarse desde dentro, de ser honesto, con los sentimientos, más que en otras películas, otros cuentos. Era importante encontrar al niño, encontrar a un genio en realidad. Con el trabajo de fotografía, de Javier Aguirresarobe, del equipo, la preparación del director… con todo ese trabajo, sin un niño, no tenemos nada. Y yo tampoco tengo un compañero, que me pueda sacar lo que tengo que hacer. Hay que tener un poco de miedo como actor, para aprender, para hacer algo nuevo e interesante.

  • Para Viggo. ¿Cómo te preparaste físicamente para el papel?

VM: Bueno, dejé la tortilla a un lado [risas]. No, hay que comer un poco menos. Tenía que estar más flaquito. Escuché música, poesía, vi películas. Todo lo que yo creía que me ayudaría a entrar en un estado de emoción. Un estado de gracia con el niño. Pero no fueron las cosas exteriores lo más importante. Lo más importante era, como digo, encontrar el coraje para decir la verdad, sin palabras.

  • Hola Viggo, buenos días. Para ti, ¿qué es más complicado, mantener a salvo tu vida privada o interpretar un papel? Lo digo porque si hay algo que te hace ser un actor enigmático y poderoso es eso, la clave para no aparecer en los medios y no desgastarte como actor.

VM: No lo pienso, la verdad. La protejo. Por respeto a mi familia y los amigos. No me interesa llamar la atención de esa manera. Lo que es difícil es portarte bien y admitir tus errores. Es lo que cuenta este cuento también. Ser honesto con el chico. Se creó un vínculo muy fuerte, una complicidad, por todo lo que vivimos. Es de verdad y creo que se nota. Eso no se puede fingir.

  • ¿Cómo es trabajar con un niño tan joven y contarle cosas tan duras?

JH: En términos de logística, fue muy difícil. Me gran miedo era encontrar un niño así, que nos pueda llevar por un viaje tan oscuro. Hablé mucho con Viggo sobre esto, era muy importante. Y cuando lo encontramos [el niño se llama Kodi Smit-McPhee] fue una bendición. Fue un regalo. Aprendí mucho con él. Hubo un momento precioso. En la película, cuando el hombre está a punto de cruzar una línea moral, en el guión, y en la novela, se decía que el niño debía llorar desconsolado. Lo intentamos pero no le salía. Él decía que no funcionaba, que él lo que sentía era cabreo, que no podía llorar. Así que lo hicimos así. Y él tenía razón. Fue increíble.

VM: Quiero contar algo, para que sepáis cómo es. Es un niño, y durante el rodaje tenía que divertirse. Fue complicado, hacía frío, nevaba. Pero se burlaba de todo, en el buen sentido. Se mostraba maduro e ingenioso al rodar. Pasó algo muy divertido con Robert Duvall. Tras rodar un par de tomas, se me acercó y me preguntó dónde habíamos encontrado a este chico, es genial. Luego fui a ver a Kodi y le pregunté qué tal había ido. Me dijo: “Está bien el viejito” [risas]. Es australiano, pero no se nota. La gente piensa que es de Estados Unidos. Y además habla un castellano bastante bueno. Durante el rodaje, Javier era el que más sufría, por el tiempo, los cielos grises, y se ponía de rodillas, rogando, maldiciendo al cielo. El niño se partía de risa. Había otro chico argentino con nosotros y entre él y yo le enseñamos a hablar… el buen castellano [risas].

  • Hemos visto varias películas sobre el apocalipsis, ¿qué pensáis sobre esto?

JH: Están pasando cosas en el mundo. Hemos vivido en una burbuja. Pero ahora estamos con el cambio climático, y estamos siendo más conscientes de todo.

VM: Yo soy optimista, es el fin del Festival, pero no del mundo… ni de la selección argentina [risas].

  • Se dice que ya no hay películas sin publicidad. ¿Por eso aparece una Coca-Cola en la película?

JH: La Coca-Cola es parte de la novela. Se incluye por el poco corazón de las empresas. No fue por dinero. De hecho, tuvimos problemas. Quisimos ser fieles y contactamos con ellos, pero mejor que lo cuente Viggo.

VM: A mí no me interesa hacer propaganda. Excepto de la película, por eso estamos aquí. La Coca-Cola está en el libro. A mí me divertía la idea de que fuera una Coca-Cola light [risas]. Habría sido gracioso. Pero tuvimos problemas, ellos sólo ponen sus productos en películas para toda la familia. Así que me dieron un número, y yo les llamé. Les conté todo. Va a quedar genial. Más barato, gratis. Como si estuvieran gratis en el mundial [risas]. Si fuera Pepsi no sería como en el libro. La rodamos con varias, con Pepsi, con Fanta… Lo hicimos mejor con la Coca [risas]. Les enviamos escena rodada y quedaron impresionados. Y aceptaron.

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La cosa acabó ahí, pero debo contar algo que me ocurrió esta misma mañana, para cumplir con los hechos, con la narración verdadera de mi estancia en Sitges. Ya sabéis todo eso del cansancio acumulado. Además, hoy llevaba mi portátil en la mochila (la que me dieron el primer día), por si se repetían los problemas de Internet que ya os conté, y se ve que la mochila estaba más agotada aún que yo, no ha aguantado el peso extra y se ha roto. Entre una cosa y otra, y que soy un desastre con la hora, eran las once y cuarto, estaba a punto de empezar la rueda de prensa y… ¡no encuentro mi acreditación!

Después de volverme loco buscando, me doy por vencido y concluyo que la única opción es volver al Auditori, por si se me hubiera caído mientras veía ‘The Road’. Me atendió una chica muy amable que me aseguró que buscaría en la sala una vez acabara lo que se estaba proyectando en esos momentos. Pero Mortensen y Hillcoat estaban a punto de llegar y yo seguía sin mi acreditación. ¿Me dejarían pasar?

A menudo, “mon amour” me habla del karma. Si hubiera estado allí conmigo, me lo habría vuelto a comentar. ¿Os acordáis de aquel “segurata” que protagonizó la anécdota de uno de mis textos? Bien, pues estaba allí, cuando me acerqué a la sala Tramuntana a punto de dar las once y media. Por supuesto que, de todos, tenía que estar él. Me acerqué. Y en lugar de pedirme nada, me hizo el típico gesto de “vale, puedes seguir”. Por si acaso, le conté lo de la acreditación. Me dijo que no había problema, que me conocía. Le doy las gracias. Sigo caminando, y me planto delante de una de las dos puertas. Hay demasiada gente y me voy a la segunda.

Entonces un tipo me para y me pide la acreditación. Le explico que la he perdido en el Auditori y que el vigilante me ha dejado pasar. Le da igual, no puedo entrar. Resoplo. Se lo vuelvo a contar, con más detalles. Me pregunta de qué medio vengo, como si me fuera a pillar. Le respondo. Me mira y me dice: “¿Cómo perdéis las acreditaciones, qué os pasa?”. Antes de que se forme en mi cabeza alguna respuesta adecuada, suficientemente contundente como para que deje de decir tonterías, se hace a un lado y me dice que pase, sin mirarme. ¿A qué venía esa actitud? ¿Por qué se comportó como si fuera un policía de aduana y yo un maldito terrorista que quiere inmolarse para despachar vírgenes eternamente?

Él mismo me lo aclaró un rato después. Por suerte, encontraron rápidamente mi acreditación y fui a buscar al tipo este de aire tan chulillo, para que las cosas quedaran claras. Me pidió disculpas en cuanto me vio, antes de decirle nada. Las acepté y me preguntó qué tal me había parecido el Festival. Le dije que bien, pero que estaba ya un poco harto. “Estamos todos hartos, demasiado estrés”, me respondió, y dio una larga calada a su cigarrillo, como si Jean-Luc Godard lo estuviera filmando. Asentí y me fui a comer algo, antes de ir al Retiro, con las prisas de siempre, y la mochila rota, a ver ‘Cold Souls’.

PD: Madre mía, qué bien se está en casa. Estos días os seguiré hablando del Festival, pero ya desde un hogar, con la paz que me aporta mi pareja, y sin sofocos. Dormir más de cinco horas, qué placer…

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<![CDATA['Forrest Gump', superficial y ultraconservadora]]> http://www.blogdecine.com/criticas/forrest-gump-superficial-y-ultraconservadora http://www.blogdecine.com/criticas/forrest-gump-superficial-y-ultraconservadora Tue, 15 Sep 2009 16:23:13 +0000 seleccionado por xtremo forrest-gump-feather.jpg

Es todo lo que tengo que decir sobre eso…

-Forrest Gump

Hay películas que extrañamente, al menos para mí, gozan de un estatus de intocables, pues son “vacas sagradas”. Es decir, que basta que digas algo negativo sobre ellas para que sus seguidores se abalancen a por tí. Supongo que sus razones no tendrán (o sí, que sorpresas te da la vida), pero nunca he creído en las vacas sagradas, ni en los consensos generalizados. Siempre me han hecho sospechar que detrás de ellos lo que se esconde es pereza para cuestionar las cosas. ¿Por qué no se puede disentir?

La tentación es demasiado grande para no sucumbir a ella. No es cuestión de crear polémica (bueno, no en parte), sino de decir lo que se piensa por el mero placer de hacerlo. Me siento tan marciano cada vez que algún cinéfilo me cuenta lo mucho que ama esta película, que al menos tengo que concederme el capricho de escribir que ‘Forrest Gump’ es mucho más que el ‘E.T’ particular de Zemeckis. Este delirio yanqui es, probablemente, la más calculada y presuntamente ingenua oda a la grandísima falacia en que se ha convertido ese chiste llamado Estados Unidos.

Poética de las barras y las estrellas

Imaginemos por un momento que ésta película, en lugar de ser norteamericana, es española, o francesa (tampoco quiero dañar sensibilidades…). Así, en lugar de contarnos la vida de un chico que vivió y creció en la América Profunda, pues vivió y creció en Ávila, o en Normandía. Y en lugar de ir a la Guerra de Vietnam, pues sirvió en la Guerra de Ifni, o fue un activista de Mayo del 68. ¿Podría tener cabida ahí un retrasado mental y un tono de cuento de hadas? Creo que sería una historia ridícula. Pero, cosa curiosa, a pocos le parece ridículo si tiene lugar, como en esta memez de película, en los Estados Unidos. Hasta ese punto hemos llegado en la colonización (pseudo)cultural de ese país a otros territorios, europeos por ejemplo.

En otras palabras, la poética de la historia (que comenzó con el western…menos mal que tenemos a Peckinpah o al tito Clint) de Estados Unidos no puede tener lugar en ningún otro país del mundo, y las más de las veces no es más que una mentira, un romanticismo que encubre y justifica atrocidades históricas. Es decir, un impulso ultraconservador con el que el cine estadounidense, que estoy pronto a admitir que es el de más vitalidad del mundo (le pese a quien le pese) impregna a veces películas que requieren de un poco de perspectiva para ser juzgadas como merecen.

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Porque de ingenuidad, mucho me temo, aquí no hay nada. Ingenuos seríamos nosotros, espectadores, si defendiéramos que, a fin de cuentas, Forrest va a la guerra, sí, pero allí pierde a su mejor amigo, además de que su superior (Gary Sinise, lo mejor de la película, pues es un gran actor) resulta terriblemente mutilado y sufre una vida, desde entonces, llena de miseria, y que sólo retomará cuando haga las paces con Dios… A mí no me basta nada de eso, pues me parece mucho más importante constatar que Zemeckis retrata aquella guerra con todos los tópicos a su alcance, y dota a ese evento de una superficialidad que, personalmente, me causa náuseas.

Ya, se supone que lo vemos todo según los ojos de Forrest. Pero eso es un arma de doble filo, porque si nos identificamos con él pasamos de la superficialidad a un ultraconservadurismo feroz, maquillado por la óptica del personaje, que justo cuando va a decir algo sobre Vietnam, ¡voilá!, se queda sin micro. Así, para Zemeckis (antes el gran director de ‘Regreso al futuro’ o ‘¿Quién engañó a Roger Rabbit?’), este gran fresco de Estados Unidos le sirve para crear un cómic vistoso y bienintencionado, en el que nos cuenta la preciosa y un poquito sangrienta, pero en definitiva entrañable, historia de su nación.

Porque, a fin de cuentas, el mismo Forrest no es más que una parábola de lo más hermoso de ese país. Forrest representa el corazón roto de Estados Unidos, lo más puro y lo más noble que hay en él, su esperanza de futuro y su capacidad para olvidar el pasado. Es la cristalización definitiva del Sueño Americano, pues triunfa en los deportes, va a la guerra y se hace millonario gracias al duro trabajo. Y, para rematar esa vida que le espera a todo americano, si no se cuestiona las atrocidades de su país, conoce a varios presidentes. Qué vida más maravillosa…

Todo ello aderezado por un bonito piano cuando la cosa se pone triste, y con preciosas imágenes creadas por ordenador de atardeceres y paisajes exóticos. ¿Qué más se le puede pedir al cine?

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<![CDATA[Steven Spielberg: 'Tiburón', apoteosis de la aventura]]> http://www.blogdecine.com/criticas/steven-spielberg-tiburon-apoteosis-de-la-aventura http://www.blogdecine.com/criticas/steven-spielberg-tiburon-apoteosis-de-la-aventura Wed, 19 Aug 2009 15:10:05 +0000 seleccionado por xtremo jaws-jaws-468735_686_353.jpg

Vamos a necesitar un barco más grande…

-Jefe Brody

Antes del estreno de su irregular ‘Loca evasión’, Spielberg ya había firmado para realizar la adaptación del exitazo de ventas ‘Jaws’ (‘Mordiscos’ ‘Mandíbulas’, un título fenomenal) escrito poco antes por Peter Benchley. La decisión de tomar las riendas de esta arriesgada producción tuvo como resultado un bombazo en las taquillas de todo el mundo, que convertiría a Spielberg en uno de los directores más interesantes de su generación, y que cambiaría el panorama del marketing cinematográfico, creando el concepto (tan dañino a menudo) de blockbuster veraniego.

Pero más allá de estos detalles superficiales, ‘Tiburón’ es, claramente, la mejor película que Spielberg dirigió hasta ese momento, y seguramente una de sus cuatro o cinco mejores. Una aventura inigualable, que sólo ha ganado con el paso de los años. Una oscura fantasía de turbio trasfondo marino, tan entretenida como terrorífica, tan costumbrista como gótica. Spielberg había alcanzado la madurez con rotundidad, recogiendo el testigo de los Ford, Walsh y Hawks. Ahí es nada.

Fue el rodaje más infernal que ha conocido Spielberg, saliéndose con mucho del presupuesto inicial, y llegando a perder los nervios durante las muchas semanas extra que duró el rodaje. La causa principal fue el tiburón mecánico del que llegaron a hacerse tres modelos (uno completo, para tomas acuáticas, y dos con sólo un lado construido, para tomas laterales), pues todos ellos dieron innumerables dolores de cabeza (por mal funcionamiento o porque simplemente se hundían al fondo marino) a un equipo que, además, tuvo que lidiar con las altas temperaturas y con la complejidad que siempre se presenta al rodar en alta mar.

Pero fue el primer grandioso éxito de taquilla que conoció Spielberg, y que hasta la llegada de la fundacional ‘Star Wars’, dos años después, fue la película más exitosa de la historia del cine. Ganó además tres Oscar merecidísimos (música, montaje y sonido) y dejó las playas vacías durante todo el verano, provocando un terror social a los tiburones que todavía persiste, cuando en realidad, estos grandes escuales sólo atacan al hombre cuando carecen de otras presas. Pero este icónico monstruo (uno de más de la Universal…) había llegado para aterrorizar el subconsciente del espectador.

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Melville resucitado

Podría considerase a ‘Tiburón’ como una visión moderna de ‘Moby Dick’, salvando las distancias, claro está. Pero es inevitable rememorar al fiero capitán Ahab en el carácter obsesivo y oscuro de Quint, el misterioso y brutal caza-tiburones cuyo barco será utilizado para dar caza definitiva al monstruo que aterroriza (sobre todo en los bolsillos…) a las playas de Amity. Ahora bien, el filme no es, tan sólo, la historia de una cacería. Su fenomenal guión (que multiplica las virtudes de la intensísima novela), firmado por Carl Gottlieb, es una joya que explora las miserias de una comunidad.

De hecho, en un principio, el jefe Brody tiene a otros enemigos muy distintos al tiburón. En realidad, son otros tiburones. Hablo, claro está, del alcalde de la ciudad y de sus más importantes empresarios, a los cuales Spielberg, con una dirección de actores ya afinadísima y que no teme exagerar un poco los caracteres, no duda en dejar como a una panda de canallas sin escrúpulos, capaces de impedir que se cierren las playas (y así, ofrecer más alimento al escualo…) con tal de no perder las ganancias de otro verano lleno de turistas.

El jefe Brody es, de hecho, el ser más noble que se nos presenta en la película: el que no teme afrontar sus responsabilidades, el que no lame el culo a los poderosos, el que a pesar de su miedo al agua se ofrece para salir a acabar con la pesadilla. El ya fallecido Roy Scheider da cuerpo a este personaje con gran humanidad, sin querer lucirse y viviendo siempre de manera muy intensa la secuencia. Como el David Mann de ‘Duel’, el Roy Neary de ‘Encuentros en la tercera fase’, o el Oskar Schindler de ‘La lista de Schindler’, es un personaje al que le superan las circunstancias, pero que dando todo lo que tiene dentro sale milagrosamente con vida, él y sus seres queridos.

Al igual que en otros relatos magistrales de horror, anteriores y posteriores, como ‘Los pájaros’ (Hitchcock, 1963) o ‘Aliens’ (Cameron, 1986), Spielberg deja lo mejor para el final, después de haber dado un buen repaso a la raza humana, y haber escogido al más recto (Brody) al más inteligente y leal (Matt Hooper, interpretado con gran veracidad por el Richard Dreyfuss) y al más salvaje y valiente (Quint, Robert Shaw en otro papel memorable para él, cuatro años antes de morir de un ataque al corazón).

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Rasgos Estilísticos

Si con ‘Duel’, Spielberg había demostrado un vigor narrativo asombroso para su edad y su experiencia, con ‘Tiburón’ alcanza la maestría absoluta en un relato con algunos puntos de conexión con aquella, sobre todo en lo relativo a una oscura fuerza destructiva cuyas razones y motivos nunca quedan claros. Tanto el camión de aquélla como el gigantesco carnívoro de ésta, son parábolas de nuestros miedos más ocultos e irrefrenables, a los que Spielberg dota de una malevolencia y una inteligencia asombrosa, mostrándolos, sin embargo, con estilos diferentes.

Todo lo referido de los problemas de producción con la criatura mecánica, dio lugar a un cambio, dicen, en muchas ideas de la puesta en escena, teniendo como resultado mostrar mucho menos a la amenaza marina. Sea cierto o no, el tiburón da tanto miedo cuando no está en la superficie como cuando se deja ver, impresionándonos con su tamaño y su fuerza. Spielberg logra un admirable crescendo basado sobre todo en la creciente desesperación del trío protagonista, que se va dando cuenta paulatinamente de que su adversario no sólo es más fuerte, sino también más inteligente que ellos.

Si el espectador presta atención, verá que gran parte de las secuencias de la primera parte de la película están filmadas en planos-secuencia, máxime dos, con excepcional uso del scope y en una altura más baja que la mirada humana, concretamente la cadera, de modo que los actores miran por encima de cámara. Esto se mantiene en la parte final, a bordo del barco, con la diferencia de que los personajes observan a menudo al mar, es decir por debajo de la cámara o a ras de ella. Pareciera que el tiburón les obliga a bajar, a descender, a aceptar su inferioridad.

Tres secuencias magistrales, por lo menos, anteceden al largo y superlativo viaje en barco. Primero la del segundo ataque del tiburón, que tiene como resultado la muerte de un niño, que Spielberg filma de manera ejemplar, nunca mostrando al escualo, sino con planos muy cortos de la carnicería (propios de la mirada del niño) o muy largos, propios del policía, culminando una larga escena de suspense en la que no sabemos nunca qué va a ocurrir; el tercer ataque, después de una falsa alarma, en el que casi muere el propio hijo del policía; y el viaje nocturno en busca de pruebas para cerrar las playas, en el que Hopper se pega un susto de muerte.

El dominio del tempo y del suspense en estas tres secuencias, que algunos han tildado de hitchcockiano, es absoluto, y acreditan a Spielberg como un narrador de primerísima fila, pero es que las formidables secuencias de los barriles de oxígeno, de la narración de lo ocurrido con el USS Indianápolis por parte de Quint, o la caza de la presa a los cazadores en la parte final, con un clímax que no importa cuántas veces veas pues siempre te subes a las paredes por su inusitado salvajismo y su profunda emoción, todo ello iluminado con gran destreza por Bill Butler, un operador que empezó con Coppola y que desarrolló después una interesante carrera que aún, octogenario, continúa.

Conclusión

Comenzaba así la lista de éxitos no sólo económicos, también estéticos de este cineasta, anunciados por su ‘Duel’. También comenzaba una serie de trabajos con John Williams (después del intrascendente que tuvieron con ‘The Sugarland Express’) en los que director y compositor encontrarían una comunión perfecta, y en los que la música del segundo contribuiría sobremanera en el ritmo y la atmósfera buscadas.

Convertido en director estrella, este rotundo triunfo le transportaría al grupo de los directores más famosos y cotizados del mundo, grupo en el que ha continuado hasta la actualidad, aunque pocas veces lograría algo tan hermoso y formidable como este ‘Tiburón’. Algunos, después de ‘Inteligencia Artificial’, aseguraban que debido a la conexión Kubrick que le proporcionó esa película, su cine se oscureció y se hizo más violento. Esto es un disparate sin pies ni cabeza, y ahí está ‘Tiburón’ para demostrarlo.

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<![CDATA[Sam Raimi promete arrastrarte al infierno]]> http://www.blogdecine.com/criticas/sam-raimi-promete-arrastrarte-al-infierno http://www.blogdecine.com/criticas/sam-raimi-promete-arrastrarte-al-infierno Mon, 17 Aug 2009 14:55:54 +0000 seleccionado por xtremo lohman

‘Arrástrame al infierno’ (‘Drag Me To Hell’, 2009) es el llamativo y ajustado título de la última película del director Sam Raimi, uno de esos pocos privilegiados que pueden usar su nombre como reclamo para el público. Pero el de Raimi es un caso particular, porque lo más famoso que ha realizado es la actual trilogía de ‘Spider-Man’ (ya se cocinan otras tres películas más), y eso puede llevar a error a muchos de los que se acerquen a ver su nuevo trabajo.

Y es que antes de orquestar las aventuras del hombre araña, Sam Raimi se ganó un nombre gracias a otra trilogía, mucho menos glamourosa, pero también popular, a su modo: ‘Evil Dead’ (en español, la primera de las tres películas se llama ‘Posesión infernal’), de la que, por cierto, igualmente se viene diciendo desde hace años que tendrá continuación. ‘Arrástrame al infierno’ es el regreso del director a ese cine con el que empezó, en un giro hacia atrás que sólo puede entenderse como una búsqueda de aire fresco, de libertad, de identidad, tras años de encorsetamiento en Hollywood. Y la jugada no le ha salido nada mal.

En términos económicos, que aunque no nos gusten también cuentan, la película ha logrado unos 76 millones de dólares en todo el mundo, unas cifras estupendas teniendo en cuenta que costó 30 hacerla. Así que Raimi logra dos tantos con su nueva obra: por un lado, hace justamente lo que le apetecía y lo que, al parecer, más le satisface; por otro lado, filma otro producto rentable en taquilla, que refuerza su posición. Pero lo fundamental, lo que más nos interesa, es la película en sí: ¿funciona o no? A mí sólo se me ocurre responder que sí. ‘Arrástrame al infierno’ cumple con todo lo que promete, principalmente, hacer pasar un mal y un buen rato, todo junto, como le gusta al director: “No puedo hacerlo de otra forma, porque soy tan cobarde que cuando me asusto empiezo a reír”.

Dice Raimi que muy pocos tienen su retorcido gusto por el horror y la comedia, pero parece que son más de los que cree. Por lo que me cuentan, lo que pasó en la sala en la que estuve es lo mismo que ha pasado en muchas otras: silencio, sustos y carcajadas, repitiéndose una y otra vez el mismo ciclo. No he visto muchas veces algo así en un cine, pasarlo tan mal y tan bien en apenas un segundo (mi novia casi me arranca el brazo derecho en una de las escenas), y es que ‘[REC]’ provocaba sustos, pero no risas. Personalmente, hacía tiempo que no me encontraba con una película de terror tan entretenida, sencilla y honesta como ‘Arrástrame al infierno’. Parece mentira que haya disfrutado más con ésta que con la nueva de Michael Mann, ‘Enemigos públicos’, pero así ha sido.

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Tras un prólogo que es toda una declaración de intenciones, llega el título y la historia de Christine Brown (estupenda Alison Lohman), una chica sencilla y acomplejada que necesita un ascenso en su trabajo para, entre otras cosas, demostrar su valía a los demás, especialmente a la madre de su novio, el profesor Clay Dalton (Justin Long, tan poco acertado como siempre), que cree que Christine no es más que una joven de pueblo. Así que cuando la Sra. Ganush (una genial Lorna Raver) va al banco donde trabaja para pedir otra prórroga en su hipoteca, la chica decide quedar bien con su jefe y negar la ayuda a la anciana. Cosa de la que se va a arrepentir muy pronto.

A partir de ahí, la película deja los terrenos convencionales para comenzar a desmadrarse. La Sra. Ganush pasa de ser una tierna y débil vieja gitana a un verdadero monstruo vengativo. Tras una durísima (y tronchante) contienda en los aparcamientos subterráneos del banco, la anciana hará portadora de una terrible maldición a Christine. Nadie la cree, ni siquiera su novio, pero pronto empieza a tener visiones y su vida se va transformando en un infierno. Es sólo el principio, un demonio piensa apoderarse de ella y parece que nada podrá impedírselo.

Sobran algunos sustos repetidos, un poco de metraje (aunque dura poco más de una hora y media) y se echa en falta un poco más de historia, que está bien que sea simple y todo eso, porque es lo de menos, pero tiene tan poco fondo que en seguida se agota y no da para más, dando la sensación en varios momentos que Sam Raimi no sabe ya que hacer con sus personajes, y de ahí que vuelva una y otra vez a lo mismo (a la vieja y su pañuelo, aun cuando ya no tiene sentido que aparezcan). Si lo que buscas es una película de terror que además divierta, y no le vas a pedir tres pies al gato, no te lo pienses más, ve a ver ‘Arrástrame al infierno’, y si vas con una chica, pídele antes que se corte las uñas.

3,5

Otra crítica en Blogdecine:

‘Arrástrame al infierno’, Raimi trata de regresar a su género

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<![CDATA['Paintball', manténgase fuera del alcance de los cinéfilos]]> http://www.blogdecine.com/default/paintball-mantengase-alejado-del-alcance-de-los-cinefilos http://www.blogdecine.com/default/paintball-mantengase-alejado-del-alcance-de-los-cinefilos Wed, 12 Aug 2009 13:10:17 +0000 seleccionado por xtremo paintball-1.jpg

Iba a incluir ‘Paintball’ en la sección imaginaria de películas ridículas (sección iniciada a mi modo con ‘La semilla del mal’) que tengo intención de continuar un día de estos con otras perlitas merecedoras de pertenecer a ese selecto grupo. Pero pensando sobre ello, me he dado cuenta de que los films ridículos por muy malos que sean, tienen algo en esa ridiculez que hace que te tomes la película a cachondeo y al menos se pase un buen rato. Evidentemente la intención de la película no es la de hacer reír.

‘Paintball’ está mucho más abajo que muchas de las tonterías que se estrenan. No es ridícula, es simplemente un bodrio. De su penosa calidad no se extrae nada bueno, no hay resquicio alguno al que se le pueda sacar algo de provecho. Mirando que una de sus productoras es Filmax, no sé de que me extraño. Salvo honrosas excepciones, los de esta casa tienen un sentido del entretenimiento muy extraño, ya sea en los films de terror con los que nos torturan de vez en cuando, o en apuestas supuestamente diferentes como la que nos ocupa.

El Paintball del título es un juego en el que participan varias personas formando dos equipos de combatientes que tendrán que hacerse con seis banderas en un basto territorio. Un divertimento con el que la gente libera adrenalina y se olvidan de sus problemas personales. Sin embargo, lo que empieza como un juego se convertirá en algo mucho más serio cuando un miembro del equipo es asesinado con munición real. Pronto todo cambiará, y el juego pasará a ser una dura prueba de supervivencia. El hombre cazando al hombre.

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Una idea que remite a clásicos como ‘El malvado Zaroff’ (‘The Most Dangeorus Game’, 1932, Irvin Pichel y Ernest B. Schoedsack), película versionada un montón de veces en títulos tan dispares como ‘Surviving The Game’ de Ernst Dickerson, o ‘Cazadores de mentes’ de Renny Harlin, con sus respectivos cambios en la trama. Se trata de indagar en uno de los aspectos más oscuros del ser humano: el deseo irrefrenable de hacer daño al prójimo (recordemos que somos la única especie animal que nos matamos entre nosotros simplemente por placer). Por supuesto, la idea es terrible, siempre lo fue, y cargada de un morbo que puede ir en aumento, dependiendo del valor que le eche el director o el guionista. No es el caso.

Mario Schoendorff y Daniel Benmayor debutan en escritura y dirección respectivamente con ‘Paintball’. Desconozco totalmente sus intenciones a la hora de hacer esta película. Los críticos nos pasamos media vida hablando de las intenciones de los autores de un film como si estuviéramos dentro de sus cabezas; incluso hay veces en las que pensamos abiertamente que tenemos razón, pero viendo cosas como la presente, a uno le entran unas ganas irresistibles de dejar de ver cine o marcar en una lista negra a ciertos directores (algo parecido a lo que hacéis vosotros, queridos lectores, con alguno de nosotros). Schoendorff ha realizado un guión pésimo, lleno de incoherencia, planteando algunas situaciones absurdas cuya solución clama al cielo. La puesta en escena de Benmayor no ayuda demasiado. Cambiando cada dos por tres el punto de vista, alejando la cámara, acercándola, convirtiéndola en subjetiva, unas gotitas de Ridley Scott (el operador Juan Miguel Azpiroz queriendo ser Slaewomir Idziak), y absolutamente nada de emoción ni garra.

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El posible interés de la película se acaba a los pocos minutos de su comienzo. En cuanto uno de los personajes es abatido, el espectador ya sabe cómo se desarrollará la historia, y hasta puede aventurarse a adivinar quién quedará con vida en un juego que se sabe mucho antes de lo necesario que sirve para regocijo de mentes millonarias perturbadas que disfrutan con la muerte del prójimo. Se acaba el posible suspense, la sorpresa, el interés, y en el film no ocurre absolutamente nada que despierte nuestra aletargada mente, aburrida de presenciar tópicos y más tópicos servidos sin vergüenza alguna, o momentos en los que uno quisiera salirse del cine (los rezagados en el grupo no tienen perdón de Dios).

Pero el mayor problema que he visto en ‘Paintball’ no es el desfile de insensateces que se produce a lo largo de su metraje (ese final, Dios mío), sino algo fundamental en toda cinta de género de terror o suspense o acción, o de lo que quiera que trate esta película, y que es algo en lo que Alfred Hitchcock hacía hincapié: una película vale lo que vale el malo de la historia. En ‘Paintball’ ese malo no existe, quieren hacerlo invisible, queriendo decir que podríamos ser cualquiera de nosotros (siempre que estemos podridos de dinero, claro). Uno nunca siente la amenaza, ni el más mínimo temor de un enemigo al que no ven, pero él a ellos sí, estando tan seguro de sí mismo que hasta se permite el lujo de echar una meadita entre tanto trabajo (el colmo de los colmos).

‘Paintball’ partió con nada más y nada menos que 175 copias de cara a convertirse en uno de los mayores éxitos del cine español reciente, y lo que ha logrado poco más de un mes después, es que nadie se acuerde de ella. Así que en realidad yo les estoy haciendo un enorme favor empleando mi valioso tiempo hablando de la película. Señores de Filmax, me deben ustedes aproximadamente unas dos horas de vida (si sumamos las de todos los espectadores que han visto la película tampoco debe ser mucho más), pero os lo perdono porque con ‘[Rec] 2’ es muy probable que os redimáis. O no.

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<![CDATA['La momia', rotunda obra maestra del cine de aventuras]]> http://www.blogdecine.com/criticas/la-momia-rotunda-obra-maestra-del-cine-de-aventuras http://www.blogdecine.com/criticas/la-momia-rotunda-obra-maestra-del-cine-de-aventuras Mon, 03 Aug 2009 18:40:14 +0000 seleccionado por xtremo 2.JPG

(Después de que un misterioso viento sople amenazante por enésima vez): Eso pasa mucho por aquí...

-Rick

Hace algunos días dejaba mi opinión sobre la infumable sexta parte de la saga que tiene como protagonista a Harry Potter, lamentando mucho, sobre todo, que una vez más nos escatimen un gran espectáculo de aventuras, un género tan difícil como dicen que es la comedia, por ejemplo. Y es difícil, me parece, porque si echamos un vistazo a la sección de películas de aventuras de la Fnac, o de cualquier gran superficie, nos podemos desmoralizar, a poco que uno tenga un mínimo de buen gusto.

Así que hay que recurrir a lo, poco, bueno que hay, y revisarlo bien y agradecer al cielo que haya directores capaces (aunque sólo sea por una vez) de ofrecernos un buen espectáculo. No soy muy dado a hablar de un cine tan abiertamente comercial, por eso quizá tiene más mérito. Y es que diez años después de su aparición, ‘La momia’ me parece más refrescante y vigorosa que nunca, una excusa perfecta para animarse (y de qué manera) en estas tediosas e insoportables jornadas veraniegas de la capital.

Amor por la aventura

Aparece el logo de la Universal, y sobre él oímos unos inquietantes coros que ya empiezan a ponernos en situación. Ese logo, que es el planeta Tierra, se transfigura en un Sol abrasador, que corona la cúspide de la pirámide de Keops. La cámara vuela marcha atrás hasta descubrir la esfinge de Gizeh, cuyos artesanos retocan o quizá limpian. Un narrador nos va explicando el devenir de los acontecimientos. Las imágenes, la mayoría creadas por ordenador, parecen extraídas de un cuadernos de ilustraciones. Estamos en Tebas. El tono abiertamente elegíaco y místico de este comienzo recuerda poderosamente al de ‘Bram Stoker’s Dracula’ (película sobre la que comenzaremos un concienzudo análisis en breves días), como otras secuencias, que son homenajes de aquella.

Está narrado con solemnidad y muy buen gusto, también con un diseño de producción sensacional (que no va a decaer en toda la cinta), obra de Allan Cameron, un gran profesional que tiene entre sus créditos películas del calibre de ‘Tropas del espacio’. Y existe un gran sentido de la atmósfera tanto en la primera secuencia como en la que la sigue, cuando Imhotep (un gran Arnold Vosloo) intenta devolver a la vida a su amada Anck Su Namun. Todo está debidamente exagerado e idelizado, pues este Egipto nunca existió, pero hay en sus imágenes una gran pasión por ese universo y un decidido espíritu pulp.

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Ya había avisado Sommers de su amor por el pulp y la aventura literaria clásica, con sus dignas adaptaciones de ‘El libro de la selva’ y de ‘Las aventuras de Huck Finn’, además de con la divertida serie B ‘Deep Rising’. Y aquí, en su plenitud, da muestras de su amor por la aventura y su buen hacer. Tras el prólogo presenciamos una gran batalla que nos recuerda, salvando las distancias, a ‘Lawrence de Arabia’ (como otras secuencias). No, no exagero nada. He visto demasiadas películas malas de aventuras y sé lo que me digo. Sommers filma muy bien, y con mucha chispa, en esta secuencia en la que por fin conocemos a Rick O’Connell, un aventurero encarnado por un Brendan Fraser perfecto, a falta de otra palabra mejor.

Horror y humor

Para muchos, a esta historia la echa a perder su socarronería, su desvergüenza y su sano cachondeo. Para mí, sin embargo, son grandes virtudes perfectamente trenzadas con la historia de horror y aventuras sobrenaturales que intenta contarnos. Hace falta mucho talento para hacerlo de la forma en que lo hace Sommers, con una facilidad asombrosa. En lugar de anularse mutuamente, su horror y su humor se retroalimentan, formando un todo indisoluble. Digamos que su variada e inspirada galería de personajes, todos ellos, tienen un lado humorístico y otro más serio, y van fluyendo a través de la historia con total armonía.

Un ejemplo: Rachel Weisz (sin duda, una de las mejores intérpretes de su generación), da vida a la patosa y encantadora Evelyn, una bibliotecaria experta en el Egipto antiguo. Debido a su torpeza, la biblioteca queda hecha un desastre caótico en un divertido momento. Con ello se gana una buena reprimenda de su jefe, el doctor Terrence Bey (interpretado muy competentemente por el actor hindú Erick Avari). El momento es muy gracioso. Después llega el hermano de ella, Jonathan (interpretado por el gran John Hannah) y de nuevo otra divertida secuencia (el hermano es un desastre). Ahora bien, en cuanto dan con un objeto que intuyen puede llevarles hasta secretos nunca antes encontrados, este trío de actores (y el director que les guía, claro está) cambia de tono y registro, y todo se vuelve un poco más serio. Y se logra con total naturalidad, dejando que los actores tomen el control de la escena.

Por supuesto que la historia es un completo (y gozoso) disparate, no intento decir lo contrario. Un sacerdote del faraón Seti que resucita con ayuda de un libro negro y muere con uno dorado, que tiene tanto poder que resulta invencible (y capaz de provocar las siete plagas, o de controlar tormentas de arena…). Pero una vez más no importa el qué sino el cómo. Y, de hecho, sino fuera tan disparate no sería tan gozoso. Y cuando debes reírte te ríes (casi siempre), y cuando debes pasar miedo lo pasas. No muchas películas pueden presumir de lo mismo.

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Sommers fue acusado de plagiar a Spielberg y a su saga arqueológica. Yo no le acuso, le admiro por ello. ¿Dónde está el crimen? Sommers coge el espíritu Spielbergiano y lo pervierte, pero sin perder su esencia, y va dejando unas gotas de Lean por aquí, otras de Coppola (su Drácula) por allá. Y todo ello ayudado por un reparto en estado de gracia que desprende una química espectacular. Odiamos y despreciamos a Beni (el gran cómico Kevin J. O’Connor) pero nos lo pasamos pipa con él. Por eso cuando Rick lo pilla y lo machaca nos duelen los golpes pero también nos reímos. Como el resto de los actores, se nota que se lo pasaron bomba durante el rodaje, y por eso nosotros también lo pasamos en grande.

También tenemos grandes diálogos, como ese en el que Evelyn está como una cuba y Rick intenta besarla. Sommers (que siempre redacta sus libretos en solitario) no volvería a escribir un guión con unos diálogos tan naturales y divertidos, y con una estructura tan trabajada, desde entonces, y no parece que ‘Gi.Joe’ vaya a devolvernoslo. Ya nos decepcionó con la segunda parte, muy inferior, de esta película, y con el prometedor pero flojo ‘Van Helsing’. Pero ahí queda la diversión y el placer de filmar, y muy bien, esta maravilla de aventura, con ideas como ese chorro de arena colándose por la cerradura, claro plagio (pero muy hermoso) de la bellísima secuencia de ‘Bram Stoker’s Dracula’, cuando el conde se transforma en una niebla verde y se cuela en la alcoba de Mina…

Todo ello sostenido por una partitura musical imponente, obra del ya fallecido Jerry Goldsmith, que nos describe con precisión ese mundo tan macabro y proverbial, tan fascinante como desconocido, que Sommers maquilla con tanta imaginación. ¿O no es imaginación desbordada el momento en que le roban la inmortalidad a Imhotep? ¿La persecución del gigante de arena? ¿Las relaciónes, vivísimas, entre todos los personajes? ¿Los planos como un Egipto soñado? Muchos la pondrán muy por debajo del clásico de Freund, pero esta grandísima película de aventuras es una hermosa hija de su tiempo.

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<![CDATA['Harry Potter y el misterio del príncipe', desastrosa sexta parte de la famosa saga]]> http://www.blogdecine.com/criticas/harry-potter-y-el-misterio-del-principe-desastrosa-sexta-parte-de-la-famosa-saga http://www.blogdecine.com/criticas/harry-potter-y-el-misterio-del-principe-desastrosa-sexta-parte-de-la-famosa-saga Fri, 24 Jul 2009 22:11:22 +0000 seleccionado por xtremo hp1.jpg

Sería muy interesante conocer en persona al director de este engendro, el británico David Yates, y preguntarle por las razones que le dieron los ejecutivos de la todopoderosa Warner Brothers para elegirle como el responsable de cerrar una de las sagas más rentables de los últimos tiempos. Aunque probablemente ni siquiera se las dieron, ni falta que le hacía. Sin embargo sí que le preguntaron en cierta ocasión cuál es su película favorita de la saga, y su respuesta fue ‘Harry Potter y el prisionero de Azkabán’.

Curiosa respuesta, desde luego, sobre todo si tenemos en cuenta que el que la dio es el director de la sosísima, aburridísima, banal quinta parte, y ahora repite en funciones para firmar la que con toda seguridad es la peor de toda la saga. Qué duda cabe a estas alturas de que los ejecutivos han puesto a una marioneta sin personalidad en la silla del director, con el objetivo de entregar sucesivas películas, muy pulcras ellas, pero presididas por la más aplastante y deprimente mediocridad.

El también británico anodino y burdo (en un principio los anglosajones querían marcar su territorio, y le salió el tiro por la culata, como veremos) Chris Columbus fue quien inició la serie, un profesional aburrido que condenaba la serie a la trivialidad, pero después de dos películas llegó el milagro, precisamente con un latino, un mexicano, el gran Alfonso Cuarón, que entregó una obra maestra de una belleza que sorprendió a propios y extraños (el que suscribe incluido), y a quien muchos querían volver a ver como director de otra parte.

En lugar de eso tomó las riendas, para la más que digna cuarta parte, el de nuevo británico Mike Newell, que siempre es un director interesante (a ver qué le sale con ‘El príncipe de Persia’...), que sin llegar a las altas cotas alcanzadas por su colega Cuarón, si supo mantener el tipo. Pero a continuación llegó ‘Harry Potter y la orden del Fénix’, que además era la peor novela de su autora, y todo se vino abajo. De pronto, el mito del niño mago se vulgarizó, la magia se convirtió en truquerío barato y la aventura en tosco folletín.

Una novela fascinante

Lo que yo daría por escribir una novela como la sexta parte de esta saga, que recuperaba con creces el sabor perdido de la quinta novela. Una novela centrada en el personaje más interesante de la amplia galería creada por Rowling, el fascinante Tom Riddle/Voldemort, y en la que todos los elementos (lo fantástico, lo terrorífico, lo emocional) fluían con exacta precisión. Había, pues, un poco de esperanza de que aunque el mismo director de la olvidable quinta parte se encargara también de ésta, finalmente se obtuviera una digna película de aventuras. Pero no sólo las esperanzas han sido vanas, sino que el desastre es mayúsculo.

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Lo más interesante de la novela, es decir, todo lo relativo a los recuerdos que nos hablan del pasado de Tom Riddle, ha sido maltratado, o directamente eliminado. Sin todo eso, que era el corazón, la razón verdadera de ser, de la estupenda novela, el relato se vuelve tan frágil como el quebradizo, pobrísimo guión de Steve Kloves, que intenta enmendar el desaguisado cometiendo auténticos disparates de escritura. Y es que se le concede más importancia a los diversos flirteos amorosos de una pandilla de adolescentes que a contar una historia mínimamente decente.

Sorprende, por tanto, que algunos sean capaz de otorgar, como he leído recientemente, nada menos que un 8 sobre 10 a tan insulsa comedieta de amores, que cuando quiere ponerse seria y emocionante, bordea el ridículo más espantoso, y que cuando se pone las pilas, por fin, e intenta ofrecer lo que se supone que vamos a ver, es decir un espectáculo de aventuras y horrores, un viaje hacia la comprensión de tan oscuro hechicero, fracasa estrepitosamente.

El sentido de la aventura de Yates

No sólo se han fusilado, por decirlo suavemente, las partes más fascinantes de la novela, sino que el climax final se le ha escamoteado al espectador. Quien haya leído la novela, y no vamos a desvelar lo que ocurre (que el lector respire tranquilo), esperaba sin duda, un final apoteósico, un sacrificio épico, una batalla entre magos que quitara la respiración. No solamente no obtenemos nada de eso, sino que nos ofrecen un anticlimax deplorable, una conclusión gélida y muy mal realizada, y unas decisiones de puesta en escena (esos magos con la varita en alto…) que directamente dan vergüenza ajena.

¿Qué ocurrió, se quedaron sin presupuesto o directamente no tenían ganas de hacer una aventura decente? La obtención del horrocrux todavía tiene algo, pero mucho menos de lo que cualquier lector podía imaginar leyendo la novela. No hay ni una sola secuencia memorable, porque ni el director, ni el guionista, ni los responsables financieros de este proyecto (que se están llenando los bolsillos de dinero…) se creen lo que están filmando. No saben lo que es la aventura, lo que representa para el espectador. Estamos por tanto ante cine muerto, predigerido, de usar y tirar, caduco, inservible, infumable.

Vulgarizando así la Aventura, convirtiendo definitivamente la serie en un sub-producto para adolescentes, seguramente se aseguran el beneplácito del sector más perezoso (mentalmente hablando) de la grada, pero degradan lo que este maravilloso género puede llegar a regalar, y se condenan a ser rápidamente olvidados. Aunque con toda probabilidad poco les importa, pues añaden varios cientos de millones más a su cuenta corriente.

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