Favoritos de zalomero en Blogdecine http://www.blogdecine.com/usuario/ seleccionado por zalomero http://www.blogdecine.com <![CDATA['Under attack', una secuencia de '9']]> http://www.blogdecine.com/default/under-attack-una-secuencia-de-9 http://www.blogdecine.com/default/under-attack-una-secuencia-de-9 Fri, 24 Apr 2009 04:17:45 +0000 seleccionado por zalomero ackers 9

Primero fue un cortometraje, y luego vino el descubrimiento por alguien con la mano suficiente para convertir ese trabajo en un largometraje. Y además, en el universo de la animación. Shane Acker dirigió un cortometraje que mostraba en un mundo apocalíptico la lucha de unos muñecos de trapo por encontrar a aquel que les salvase no sólo de las máquinas que robaban sus almas, sino que encontrase aquello que recuperase el mundo en el que antes vivían. ‘9‘, que así era su título, en honor al héroe, no sólo dejaba la sensación de ser parte de algo más grande. En realidad, a quienes lo disfrutaban le dejaba con ganas de más.

Eso mismo pensaron Tim Burton y Timur Bekmambetov para decidir producir a Shane Acker la película de ‘9’. Y eso es lo bueno, que la produce Tim Burton, porque el miedo que trae el desarrollar un guión sobre la idea de un cortometraje hasta el punto de justificar un largometraje, existe. Por eso, viene bien que vayan soltando secuencias en Internet para que vayamos haciéndonos una idea hasta el día del estreno, ese 09.09.09 que es marketing sobre todo. La escena en cuestión lleva el nombre de ‘Under attack‘, viene de la mano de MTV, y en la que podemos ver la lucha de 9 y otros muñecos de trapo contra un monstruo, con tijeras en vez de manos, que les caza y les roba su alma. Sinceramente, la misma, es espectacular y vale para el propósito por el que nos la han entregado, un buen aperitivo. ¿El resto? Con lo que ya llevamos visto, se han ganado el beneficio de la duda. Sobretodo por el cortometraje.

‘Under attack’, secuencia de ‘9’

‘9’, Teaser Trailer

‘9’, cortometraje de Shane Acker

Vía | Protoones
En blogdecine | 20 cortometrajes de animación que no te puedes perder

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<![CDATA['Where The Wild Things Are', tráiler]]> http://www.blogdecine.com/trailers/where-the-wild-things-are-trailer http://www.blogdecine.com/trailers/where-the-wild-things-are-trailer Fri, 27 Mar 2009 15:25:59 +0000 seleccionado por zalomero

Por fin, aquí tenemos el esperadísimo tráiler de una de las películas más interesantes del año, ‘Where The Wild Things Are’. Como ya sabéis, se trata del último trabajo del realizador Spike Jonze, firmante de dos rarezas tan disfrutables como ‘Adaptation: El ladrón de orquídeas’ y ‘Cómo ser John Malkovich’.

Espero vuestras opiniones sobre el tráiler, a mí la verdad es que me ha encantado, lo he visto varias veces y no puedo sino desesperarme por la lejanía del día del estreno, que como muy pronto no será hasta mediados del mes de octubre (a España está previsto que llegue en diciembre, pero esperemos que adelanten la fecha).

La película está protagonizada por Max Records y Catherine Keener, mientras que gente tan conocida como Forest Whitaker, Paul Dano, James Gandolfini o Benicio Del Toro han prestado sus voces para los monstruos.

Vía | ZonaFandom | ¡Muchas gracias a todos los que nos habéis avisado sobre la salida del tráiler!

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<![CDATA['La joven del agua', la cumbre del cine fantástico]]> http://www.blogdecine.com/default/la-joven-del-agua-la-cumbre-del-cine-fantastico http://www.blogdecine.com/default/la-joven-del-agua-la-cumbre-del-cine-fantastico Sat, 18 Apr 2009 15:15:54 +0000 seleccionado por zalomero 5.jpg

Que el cine fantástico es una de las formas de representación más difíciles de dominar para cualquier artista es algo patente en el hecho, incuestionable, de las pocas obras (cinematográficas o literarias) abiertamente fantásticas (como ésta) que consiguen alcanzar una altura estética y, más aún, que sobreviven al paso del tiempo, pero estamos saturados de muchísimas historias fantásticas que no tienen pinta de perdurar. Doy por hecho que el lector de éstas líneas sabe diferenciar entre ficción científica y fantasía, y que aprecia ambas formas, aunque son radicalmente opuestas.

Una de las características más importantes de la fantasía es la necesidad de que el autor haga sentir al espectador que por muy fantasiosos que sean los elementos de su historia, puede creer ciegamente en ellos. De hecho, es un acto de fé. Quizá por eso sólo los más grandes artistas han sabido domeñar la fantasía y hacerla suya. Pero es que, ¿hay un acto de fe más grande que modelar una obra de arte? Pues bien, uno de esos grandes artistas es el norteamericano, de origen hindú, M. Night Shyamalan. Aquí alcanza el techo de los maestros con la que de lejos es su obra mejor formalizada, la más hermosa, libre, compleja película que ha escrito y dirigido.

Shyamalan, tras dirigir dos películas muy menores, se convirtió en una celebridad planetaria gracias a la sorprendente ‘The Sixth Sense’, un raro ejercicio de cine fantástico, que dibujaba los primeros trazos de una personalidad inclinada a hacer creíble lo increíble, a aproximar a la sensibilidad occidental experiencias que no aceptamos como verosímiles, pero que su inmenso talento hacía verosímil gracias a una fe más allá de lo concebible. Cine fantástico que se antojaba como algo real. Y que se vio ampliado y confirmado por la magistral ‘Unbreakable’ (que en España tuvo el título absurdo de ‘El protegido’), una realización que afina incluso mejor que la anterior la sensibilidad y el coraje ilimitado de su máximo responsable. Después de la magnífica, intensa e incomprendida ‘Signs’ y de la lírica ‘The Village’, Shyamalan estaba preparado para dar lo mejor de sí mismo, y así fue.

Si la obra más verdadera, más importante, de un artista, nace de lo más profundo de su ser, según yo creo sinceramente, no hay duda de que ‘La joven del agua’ surge de los sentimientos más terribles, y al mismo tiempo más hermosos, del alma de Shyamalan, que aquí se entrega en sacrificio, como director de éxito, para ser aniquilado por aquellos incapaces de apreciar lo que tiene esta película de bello y de inimitable. Que nadie se lleve a engaño, cuando Shyamalan elaboraba, siquiera interiormente, esta historia, sabía perfectamente lo que le esperaba si podía mantenerse fiel a sí mismo con todas las consecuencias. Pero así tiene que ser: con el atrofiado gusto de la gran masa de espectadores de cine, es hasta deseable que ésta película conociera un rechazo tan masivo, una tal perplejidad.

El caso de Shyamalan es realmente único en la industria de su país por varias razones. Quizás la más importante de todas ellas es que, dado el éxito mundial de algunos (pocos) de sus filmes, el resto, los más arriesgados, los más bellos, reciben una atención enorme, y disfrutan de una campaña de promoción en principio sólo destinada a blockbusters casi seguros. También Shyamalan tiene talento para diseñar sus campañas de presentación, y aunque luego sus proyectos a menudo no dan el dinero que sus productores desearían, es uno de los pocos artistas personalísimos del cine que, al menos de momento, consigue repercusión mediática a nivel global. Lo cierto es que esa posición privilegiada en la industria (que con los últimos batacazos se tambalea, pero que todavía posee) se la ganado él a pulso, es un derecho conquistado, y no regalado por nadie. Pero hay una gran verdad: muchos no saben reconocer los méritos y sólo les interesa ir a la yugular.

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La construcción de un universo real

Sería curioso elaborar una lista con los relatos sobre sirenas y otras criaturas marinas que ha dado el cine. En ese sentido, algo muy interesante en ‘Lady in the Water’ es que para elaborar ese necesario misticismo, Shyamalan se sirve de herramientas y medios muy austeros, dando por hecho que con pocos datos y algunos esbozos, el espectador puede aportar toda la información, o simplemente imaginarla, que él sólo da en off, por decirlo de alguna manera. Su procedimiento es el siguiente: creando una atmósfera de gran densidad, en la que priman los ecos sonoros y las brumas de ese extraño complejo de apartamentos, nombrando de pasada algunas viejas leyendas orientales, y gracias a un prólogo animado de sorprendente concisión y lirismo, el director nos sitúa completamente en el tono místico en que instala a sus personajes.

No se me viene a la cabeza ningún director de fantasía más contenido que Shyamalan. En el viaje subacuático del apocado Cleveland (sensacional Paul Giamatti), que aporta un poco más de imaginería plástica a ese mundo secreto de las ninfas marinas, la mayoría de los directores, encantados consigo mismos, habrían dado el “do de pecho” con una puesta en escena más espectacular, más vistosa. Shyamalan, por el contrario, resuelve la secuencia con muy pocos planos y, al igual que en toda la película, con un estilo despojado, directo, ajeno a todo divismo. Hay algo intensamente suicida y sorprendente en este relato: una película que se zambulle sin complejos en un tono abiertamente fantástico, una película de autor que huye de toda veleidad personal. Creo que la verdadera fuerza, en última instancia, de esta hermosa película, reside en la profunda conmoción que provoca, debido a la convicción y el amor que Shyamalan pone en ella.

Las primeras secuencias de esta película están narradas con un único plano, máxime dos. Pero la mayoría con un sólo plano, dentro del cual pueden convivir hasta nueve personajes, o que puede empezar con un suave travelling lateral, o que encuentra obstáculos desenfocados que impiden la correcta visión del personaje a foco. La pericia de Shyamalan con la cámara es ya la de un consumado artista, hasta tal punto que se puede afirmar sin exagerar que “escribe con la cámara”. Para ello encuentra una completa sintonía con otro gran artista, el insigne operador Christopher Doyle. Juntos crean una fotografía que otorga a la imagen un tono poco constrastado, así como colores apagados, que le dan ese aspecto tan brumoso. Los colores azules y verdes, algo difuminados, son los que crean ese ambiente onírico.

Nada sobra y nada falta en la construcción de universo que, a poco que uno se deje arrastrar por él, es más verdadero que la misma vida. Con la fotografía de Doyle y la música de James Newton Howard como pilares maestros, Shyamalan da una lección artística a otros directores (como Peter Jackson, los hermanos Wachowski y otros astutos realizadores de éxito), que no confían plenamente en la inteligencia del espectador y que trazan los contornos de sus vistosos universos (en realidad cómics baratos financiados con muchísimos dólares y poco ingenio) con trazo grueso, por acumulación, en lugar de por sugestión, dominando los resortes del misterio y suscitando la imaginación del espectador, en lugar de seducirle gracias a un mamotreto de imágenes prefabricadas.

Este camino, que Shyamalan ha convertido en una investigación particular de la puesta en escena y la estructuración de relatos, promete mucho más. Significa ir de la mano y proponer al espectador ser co-autor de las imágenes, no sólo en su sentido visual, sino sobre todo en lo que significan como idea emocional. En caso contrario se le ofrece al espectador una idea preconcebida, un espectáculo que impone las propias ideas, y que provoca su indolencia y su bienestar. Sin duda habrá muchos que prefieran esta segunda opción, pero qué duda cabe que el escaso grupo que forman los primeros son los espectadores más valiosos (los más inteligentes y exigentes) con quienes puede dialogar estéticamente un artista.

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En ‘Lady in the Water’ la galería de personajes representa una abstracción. Shyamalan renuncia a ofrecer un perfil psicológico extenso de ellos. Sirven, tal como dice el crítico de sombrío destino, como herramientas para contar la historia. Sin embargo, de alguna forma misteriosa, emana de ellos una trágica humanidad, una apariencia frágil y real. Incluso la propia Story (tiene agallas Shyamalan para ponerle ese nombre a su sirena…) es en sí misma una abstracción. Su relación con Cleveland significa una redención por ambas partes, pero también la vuelta a un arquetipo de amistad y pérdida. Y todo se ensambla gracias a la inspiración musical de Newton Howard, que firma la que quizá es su obra magna. En su partitura, repleta de ese sentido de lo maravilloso tan necesario en esta historia, hay espacio para la tensión, lo bufonesco, lo místico. Pero sobre todo está dedicada a conmovernos hasta lo más profundo. A hacernos creer, a tener esperanza.

Desequilibrada, desigual, desacomplejada, desesperada, desafiante, puede que ‘Lady in the Water’ sólo encuentre espacio para los paladares más exigentes. O puede, empiezo a pensarlo, que necesitemos desprejuiciarnos para disfrutar toda la verdad que late en ella. Para muchos lo más importante es el reconocimiento inmediato, el éxito inmediato. Para otros el premio es simplemente poder hacer películas como esta, aunque sólo sea una. Ese es el éxito.

En Blogdecine:

‘La Joven del Agua’, la magia de Shyamalan

‘La Joven del Agua’, precioso cuento sobre el destino de nuestras vidas

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<![CDATA[Hugh Jackman lo tiene todo]]> http://www.blogdecine.com/default/hugh-jackman-lo-tiene-todo http://www.blogdecine.com/default/hugh-jackman-lo-tiene-todo Wed, 15 Apr 2009 13:45:24 +0000 seleccionado por zalomero jackman

Hugh Jackman es uno de los actores del momento. Dicen que es el hombre vivo más sexy del planeta; eso no lo sé, ni me interesa, pero sí que su popularidad ha subido de forma imparable y que ahora mismo es una de las estrellas más famosas, respetadas y queridas de Hollywood. Imagino que sabréis que anoche se pasó por el plató de ‘El hormiguero’. Tuve la suerte de verlo (si “mon amour” no revisara a diario el teletexto, ni me entero, odio la televisión) y de comprobar, otra vez, qué gran showman es Jackman. Como ya demostró en la pasada gala de los Oscars, el actor es cualquier cosa menos un “divo”, es extremadamente carismático y divertido, y es imposible no rendirse a sus pies.

El motivo de que Hugh Jackman acapare portadas y titulares estos días, así como de que estuviera ayer en el mencionado programa de televisión, es el estreno de la famosa ‘X-Men orígenes: Lobezno’, el próximo 30 de mayo abril, en España. En cierta manera, se completa un círculo en la carrera de este actor, nacido en Sidney (Australia) hace 40 años. A pesar de que ya llevaba tiempo dedicado a la interpretación, no fue hasta que encarnó a Lobezno en la primera ‘X-Men’ que su nombre empezó a aparecer en los medios y se le comenzó a catalogar de estrella. Aún era pronto, pero qué duda cabe que se le intuía un prometedor futuro. Por cuarta vez, Jackman se deja las garras largas y, tras una dura preparación física y estudiar a De Niro en ‘El cabo del miedo’, presenta su nuevo trabajo desde lo alto de una cima. Ésa a la que sólo pueden subir los actores con más talento y fortuna. Como pasó en el Kodak Theatre, todos le ríen, todos le adoran, todos le aplauden.

wolverineHugh Michael Jackman, que es como al parecer se llama realmente, está en lo más alto de su popularidad, pero lo cierto es que su carrera como actor apenas acaba de comenzar, le queda mucho por delante (al menos, eso espero). El personaje de Wolverine, aparte de proporcionarle fama cuando más lo necesitaba, le ha permitido explotar su rostro versión más física y carnal, su etiqueta de sex symbol, y también de estrella comercial, taquillera, pero esto es sólo una parte del talento del australiano, un intérprete que, como debe ser, no deja que nadie entre en su vida privada (si todos los famosos hicieran lo mismo… ay).

Al igual que la gran mayoría de los seres vivos del planeta, descubrí a Jackman gracias a la espectacular ‘X-Men’ (2000) de Bryan Singer. No lo tenía fácil para encarnar a un personaje tan conocido como Lobezno, pero su dedicado esfuerzo y la facilidad para entender la esencia del papel dieron sus frutos; por méritos propios acabó siendo el rostro más reconocible y querido de los tres títulos de la rentable saga. En 2001 volvió a saborear el éxito (aunque bastante menor) en la entretenida ‘Swordfish’, donde repetiría con Halle Berry y quedaría patente su valía como futura estrella.

Pero Hugh Jackman es un tipo alegre y vitalista, y nunca faltan galanes en Hollywood, así que no tardó nada en embarcarse en productos menos violentos, más ligeros y románticos. Aquí cabe destacar ‘Kate y Leopold’, donde enamoraba a Meg Ryan en una de sus películas menos recordadas, aun cuando le supuso recibir una nominación a los prestigiosos Globo de Oro, la única que tiene hasta el momento (ninguna a los Oscars). En 2004 protagonizó lo que se suponía que iba a ser un rompedor producto fantástico, pero ‘Van Helsing’ no cosechó la recaudación esperada y las críticas la pusieron de mala para abajo. No es de extrañar que Jackman se tomara luego un año de descanso en lo que a cine se refiere y se centrara en el teatro (así se llevó un premio Tony).

Tras el fiasco de ‘Van Helsing’, y con la saga mutante como colchón mediático, Jackman toma tres de las mejores decisiones de su carrera, que en definitiva se resumen en ponerse a las órdenes de tres excelentes directores. Y es que en 2006, el australiano trabajó para Woody Allen, Christopher Nolan y Darren Aronofsky, ahí es nada. Su breve pero estupendo papel en la divertida ‘Scoop’ era el primer paso para lograr su madurez interpretativa, cosa que, a mi parecer, logra ya en la fantástica ‘El truco final (El prestigio)’, donde mantiene un memorable duelo con Christian Bale. Al igual que cuando se hizo con el papel de Lobezno, la suerte tuvo mucho que ver para que acabara participando en el rodaje de ‘La fuente de la vida’, que estuvo a punto de estar protagonizada por Brad Pitt. Finalmente, fue el australiano quien se quedó con el papel principal en esta (en mi opinión) preciosa historia sobre el amor, la vida y la muerte. A día de hoy, creo que es lo mejor que ha hecho Jackman como actor.

actor

Han pasado ya tres años y realmente, o al menos es lo que a mí me parece, Hugh Jackman no ha logrado nada del mismo nivel. Su fama ha ido en aumento y no para de trabajar, pero la calidad de las películas (y de sus papeles) está por debajo de sus posibilidades, de lo que ha demostrado. Así, a falta de ver la última de Lobezno, nos encontramos con dos títulos de cuyo visionado estoy seguro que se ha arrepentido más de uno, ‘Australia’ y ‘La lista’. El primero debía ser un bombazo de taquilla y un acaparador de Oscars, pero finalmente sólo hizo algo de taquilla y mucho daño en la carrera de Nicole Kidman, la principal damnificada del “fracaso”. El segundo es uno de esos productos sin ningún sentido, que extrañamente siguen fabricándose, y vendiéndose únicamente por la entidad del reparto protagonista; un thriller muy torpe del que tengo pendiente hablar en los próximos días.

Dicho esto, todo esto, sólo me queda pedir a Jackman que cuide un poco más la selección de sus proyectos, que no se olvide nunca de que es un estupendo actor y, sobre todo, que nunca pierda ese contagioso sentido del humor.

PD: ¿Sabéis lo único que odio de Hugh Jackman? Que me hace sentir un completo vago por no ir al gimnasio. Sip.

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<![CDATA['Déjame entrar', poesía en clave vampírica]]> http://www.blogdecine.com/default/dejame-entrar-poesia-en-clave-vampirica http://www.blogdecine.com/default/dejame-entrar-poesia-en-clave-vampirica Mon, 13 Apr 2009 09:35:30 +0000 seleccionado por zalomero dejame entrar 1
Es ‘Déjame entrar’ una película atípica en su género, sobria y elegante en su narración y soberbia en su conjunto. Un film que versa más sobre el miedo y el vacío que habitan en sus protagonistas, de orígenes distintos, uno humano y la otra vampira, pero ambos preadolescentes que se enfrentan a la incomprensión y a la soledad, que genera tanto terror como ternura. ‘Déjame entrar’ no es una cinta de vampiros al uso, rompe el género, trasciende más allá, de ahí lo de atípico y ofrece un fascinante relato sobre la fragilidad y la amistad, lleno de emoción y sensibilidad, narrado, por Tomas Alfredson, de forma pausada y contundente. No se limita a los tópicos vampíricos a la hora de plantear la presencia de uno de ellos, sino que dando un paso original, los iguala con los humanos en el sentimiento, muestra sus dificultades y su dependencia, todo ello para cautivar como una verdadera poesía cinematográfica.

‘Déjame entrar’ (apropiado título en español) es la adaptación de una exitosa y muy recomendable novela homónima (‘Let the Right One In’) de John Ajvide Lindqvist, que él mismo se encarga de escribir. En esa complicada tarea de eliminar lo accesorio para el lenguaje fílmico, Lindqvist ha realizado un sublime trabajo, un ejercicio acertadísimo de síntesis que mantiene intacto el espíritu del original.

La película se adentra en el territorio oscuro de Oskar, un joven de 12 años que lucha en su interior contra el vacío y el miedo y gesta indicios de una violencia retenida (reflejada en su cuchillo), que de liberarse ayudaría a redimir el dolor de su complicada situación. Un chico raro, al que nada le interesa su alrededor y que vive casi abstraído, si no fuera porque es el objetivo de un acoso escolar que lo atormenta sobremanera. Su hogar desestructurado no es el colchón ideal donde soportar su soledad, así que encuentra en el jardín helado debajo de su casa a su nueva vecina, una joven extraña e inquietante que parece comprenderle, y con la que congenia rápidamente. Eli, que va descalza y no tiene frío, parece desaliñada y con la mirada triste, no es lo que él piensa en principio, pero el descubrimiento de quien se trata verdaderamente no resulta trascendente, Oskar lo asume como prueba de amistad e incipiente amor.

La elegancia y pausa con la que Alfredson encauza la narración es completamente ajustada a la historia. Claro estilo nórdico de ritmo sereno, que avanza sin prisa pero sin pausa, es un fiel reflejo o quizá consecuencia directa del gélido paisaje de un suburbio de Estocolmo a comienzos de los años 80, que es el escenario y la época donde se desarrolla la conmovedora historia. Alfredson introduce, como cuidadas pinceladas, las escenas de verdadero impacto. De esas que dejan huella, boquiabierto al espectador y que no resultan fácil de olvidar. Es un buen ejemplo del uso de una economía de medios, un presupuesto bien empleado con auténticas dosis de ingenio y sorpresa.

Los elementos fantásticos son desarrollados con enorme naturalidad lo que les confiere un marcado carácter realista, a lo que ayuda un espléndido manejo del sonido y de la fotografía. El miedo que destila ‘Déjame entrar’ es más inquietud que terror, más impacto por la historia que espectacularidad visual. Lo que no resta que haya momentos verdaramente turbadores y fascinantes: la mujer que arranca en llamas, el cadáver en el hielo o la antológica escena de la piscina son buenos ejemplos del enorme poder de fascinación que produce el film.

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‘Déjame entrar’ sobresale por ser una historia diferente, que en nada se parece a cualquier otra aproximación al subgénero del vampirismo en el cine, pero sobre todo capaz de encojer el corazón, sobresaltar, transmitir ternura y serenidad, todo ello con una pasmosa naturalidad. Encomiable es el trabajo para mostrar a una vampira, con sus características sobrenaturales, pero que vive lastrada por su necesidad de sangre y oculta del sol, para aparecer como una niña frágil, casi inocente que tiene en sus capacidades extraordinarias su verdadera fuerza para subsistir. Una fuerza que intenta transmitir a Oskar, que parece descubrir el apoyo para superar sus miedos y enfrentarse (con enorme contundencia) a los que le tienen sometido como objeto de burla permanente.

Estupendo trabajo de los dos jóvenes protagonistas (Kåre Hedebrant y Lina Leandersson), que logran convencer y que cuando están juntos en pantalla demuestran una extraordinaria compenetración y sus diálogos fluyen con cadencia, pero con hondura.

Sin embargo, la valentía de la película reside en evitar el fácil sentimentalismo. Ofrece toda la crudeza y brutalidad necesaria, con un mensaje sin concesiones que fascina y conmueve de principio a fin. Sin duda un hito en el cine fantástico, tanto por su nueva y original visión del mito del vampiro, como por la sinceridad que desborda en cada plano. Una película conmovedora, poética y prodigiosa.

Mi puntuación:

4,5

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