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'La invitación', un intenso thriller psicológico
Críticas

'La invitación', un intenso thriller psicológico

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Karyn Kusama es conocida por su debut como guionista y directora del filme ‘Girlfight’(2000), con el que obtuvo el Gran Premio del Jurado en Sundance, el Premio de la Juventud en Cannes, y un Premio Gotham a la Mejor Película. Sin embargo, en los años posteriores, decidió dar un enfoque más comercial a sus películas, así lo demuestran sus dos siguientes trabajos ‘Æon Flux’ (2005) y ‘Jennifer’s Body’ (2009).

Por este motivo, ha sido una grata sorpresa comprobar que con ‘La invitación’ ('The invitation', 2015) parece que la realizadora tiene intención de regresar a sus orígenes independientes, dirigiendo una cinta que abandona las convenciones de género para llevar a cabo una aguda crítica sobre las relaciones sociales, enmarcada dentro de un historia de terror escalofriante.

Obviando la absurda secuencia inicial

The Invitation

Que ‘La invitación’ haya pasado por varios festivales y haya ganado el premio a Mejor Película en Sitges de 2015 no es suerte, ni casualidad. Estamos ante un intenso thriller psicológico de terror que no da respiro, consiguiendo crear una atmósfera de tensión tan grande que el espectador mantendrá –con mucho gusto– el trasero bien pegado a la butaca, desde el inicio de la cinta hasta el final.

El guión, exceptuando la absurda escena inicial que está fuera de lugar y resulta totalmente innecesaria para los hechos que la siguen, es un trabajo muy notable de Phil Hay y Matt Manfredi, que ya trabajaron con Kusama en ‘Æon Flux’, además de escribir juntos cintas como ‘Amor loco / Amor prohibido ('Crazy / Beautiful’ 2001) o ‘Furia de Titanes’ ('Clash of the Titans', 2010). Con ´La invitación', ambos consiguen tejer una buena historia que reflexiona sobre las situaciones límite a las que el dolor más agudo puede hacer llegar a las personas.

Will y Eden formaban un matrimonio con un hijo en común (Aiden Lovekamp), pero la muerte en trágicas circunstancias del niño afectó irremediablemente a su relación, hasta el punto de que un día ella desapareció sin previo aviso. Años más tarde, Eden regresa a la ciudad casada con otro hombre y como una persona completamente diferente: ella ha cambiado radicalmente, su mirada ahora es luminosa y absurdamente feliz, parece haber superado el trauma del pasado…

La tensión aumenta sin prisa pero sin pausa

The Invitation3

Sin embargo, desde el minuto uno en el que los personajes se encuentran dentro de la casa, algo raro se palpa en el ambiente, pero solo Will parece darse cuenta: en primer lugar, se niega a creer que Eden haya sido capaz de dejar de lado el profundo dolor sentía después de la pérdida tan dolorosa por la que pasaron. Tampoco puede concebir – sin que le resulte algo muy sospechoso- que haya podido volver a la misma casa donde vivía con él y con el niño fallecido como si nada hubiera malo sucedido allí.

Los hechos viran de forma inquietante al principio, cuando Eden y su nuevo marido, David, revelan que se han unido a un grupo de autoayuda que conocieron estando en México. Gracias a este grupo ambos han aprendido una nueva ‘filosofía de vida’ en la que los sufrimientos humanos son sólo reacciones químicas de las que podemos librarnos si lo deseamos de verdad.

Eden y David hacen lo posible por explicarse ante sus amigos, aunque nadie parece tomarles demasiado en serio, de manera que todos retoman su animada charla para ponerse al día después de tanto tiempo sin verse. O eso parece… Will sigue creyendo algo anda mal y va volviéndose cada vez más más paranoico, al contrario que el resto de grupo, que se muestra cada vez más relajado.

Will acabará por aislarse y, a medida que recorre las habitaciones de su antigua casa, sus sospechas y sus intrigas se entremezclarán con los recuerdos de su pasado y esta explosiva mezcla acabará germinando en su cabeza, haciendo que su comportamiento se mueva entre la locura y la cordura, consiguiendo arrastrar consigo al espectador, que seguramente no será capaz de sacar algo en claro hasta que se desvele el final.

Interpretaciones que elevan la calidad del filme

La Invitacion

Pero esta película es más que una simple historia de terror. Contiene un drama que un encuentra su punto exacto de intensidad, además de introducir una interesante reflexión sobre las estúpidas y excéntricas relaciones interpersonales y su evidente falsedad, ¿a qué de debe ese absurdo deseo de mostrarnos siempre educados, agradables, sensibles y simpáticos con la gente que nos rodea? El exceso de buenrollismo puede llegar a convertirse en un infierno…

Kusama logra aumentar el malestar de la situación social que presenta, (de por sí incómoda) mediante la mezcla de los personajes en parejas y exparejas, llevando esa familiaridad a un territorio absolutamente escalofriante. Y, como debe ser en cualquier película de género que se precie, los sobresaltos necesarios están hábil y satisfactoriamente dosificados, sin caer en el exceso.

En cuanto a interpretaciones, hay que destacar la de Tammy Blanchard (‘Into the Woods’, 2014) que se mete en la piel de una mujer que, a pesar de sus esfuerzos por dejar atrás su característica fragilidad fruto de un pasado triste, presenta una actitud extrañamente artificial y perturbadora, caracterizada por un humor, una mirada y una sonrisa que resultan en todo momento inquietantes.

Michiel Huisman está genial como anfitrión de los invitados, un hombre que se presenta muy conciliador y con aparentes intenciones de apaciguar los ánimos que levanta el carácter hostil y salvaje del personaje de Logan Marshall-Green. Pero sin duda, la interpretación que más me ha sorprendido, para bien, es la de John Carroll Lynch, que con su simple presencia y un par de aportaciones verbales espeluznantes –junto con algunas que no se ven ni se oyen, pero se intuyen—, conseguirá dejar la sangre helada a más de uno…

Lo mejor: El guión está muy logrado, en él se combinan a la perfección todos los elementos de esta historia que, a pesar de su lento desarrollo, no pierde ni un ápice de tensión. Lo peor: La escena inicial de la película sobra. Pretende servir como prólogo y que el espectador vaya abriendo boca para lo que viene, pero resulta completamente inútil.

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