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'Múltiple', vuelta al redil
Críticas

'Múltiple', vuelta al redil

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A estas alturas, hay que reconocer que M. Night Shyamalan es un hombre con talento. Aunque su forma de demostrarlo ha sido regresiva, es un gran maestro hinchador de globos. En sus inicios, solía pincharlos en el acto final con sus famosos giros imposibles marca de la casa. Desde que el truco se desgastó, ha andado deambulando con obras trash como ‘El incidente’ (The Happening, 2008) o ‘After Earth’ (2013) para volver al redil con la vergonzosamente tramposa, pero divertida ‘La Visita’ (The Visit, 2015).

Su don para hacer que las ideas de grano grueso parezcan serias y de alto cine ha vuelto. ‘Múltiple’ ('Split', 2016) es una película que encantará a sus seguidores, pese a que ha sustituido su bouquet de thriller de alto standing con el nicho de la serie B al que realmente siempre perteneció. Si antes hacía cine de palomitas con aspiraciones de trascendencia, ahora consigue hacer cine de explotación disfrazado de película de suspense a lo ‘Identidad’ (Identity, 2003), a la que se parece bastante.

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Regreso a la forma

Cuando se habla de que el buen Shyamalan ha regresado, se puede afirmar, al menos, que el director vuelve a disfrutar con el proceso de colorear sus guiones con un manejo de la tensión impecable. Tanto el inicio, como algunas de las escenas del encierro de las tres chicas que secuestra el personaje protagonista, tienen un uso de la cámara en primera persona extremadamente diestras al captar el desasosiego y la angustia de las víctimas, acompasado con el suspense cruel del buen Hitchcock, de quien cita, a menudo, su ‘Psicosis’ (Psycho, 1960).

Uno de los aspectos más destacados en las promociones fue la promesa de ver a James McAvoy interpretando a algunas de las 23 personalidades de Kevin, lo cual no llega a suceder nunca, ya que sólo son cuatro las que dominan a todas las demás. Un poco tramposo, sí, pero además inútil y desaprovechado, ya que la premisa de algún detalle escondido dentro de una de esas personalidades habría dado para un thriller psicológico apasionante que ‘Múltiple’ elige no ser. En su lugar, hay una mistificación de una de sus personalidades sobreimpresionada en un torture porn sin sangre.

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Shyamalan pierde el pulso cuando deja escapar sus teorías psicosexuales. Se intensifican las escenas abarrotadas de exposición junto al terapeuta y entran en juego las descripciones del abuso sexual infantil, usadas de forma tan oportunista que sustentan ideas asombrosamente estériles sobre la psique humana. Es en esos momentos cuando se descubre que ‘Múltiple’ está más interesada en la sordidez de ver a un adulto atormentando adolescentes que en lograr una coherencia temática real. Al final, el tema del trauma es, a la manera de un giallo italiano, una vía de escape de la líbido del protagonista y/o el director.

Propósitos difusos

A pesar de su insistencia por hacer creer al espectador en un terrible secreto, las teorías sacadas de cierta película de Cronenberg se machacan hasta que la pista de aterrizaje queda suficientemente lisa para la revelación, que no es tanto un twist como una excusa para abrazar más cómodamente su condición de serie B, lo que nos lleva a evaluar la necesidad previa de algunas de las situaciones más repetitivas, pasajes de chicas encerradas gritando mientras el actor hace su impresionante show de acentos y expresiones.

No hay tanto secreto que descubrir, después de todo, y las razones del encierro no se sostienen, quedando claro que todo es una excusa orquestada hábilmente para despistar del verdadero objetivo. Shyamalan intenta dibujar un paralelo entre las personalidades estropeadas de captor y víctima, un vínculo entre el sufrimiento y la pureza traído por los pelos. Sobre él se apoyaría toda la estructura, en torno a la cual gira una acción paralela de la que cuelgan todos sus fundamentos temáticos. El final recurre a ellos, sin estar justificado por el personaje previamente, cayendo como comodín en una partida en la que vas de farol.

Como en el resto del cine de su autor, lo importante es el viaje, y sus trucos baratos son ya como esa manía que perdonas aunque haya muestras de que las burbujas se le han subido otra vez demasiado a la cabeza. La vaga conclusión se pretende redimir con un último “giro” SPOILERS o epílogo, que indica que la peli que hemos estado viendo no es quizá la que pensábamos. El autoguiño onanista y algo grandilocuente, se permite hacer una escena postcréditos Marvel de su propio universo, aunque apenas hay relación directa de aquél con lo transcurrido en sus excesivas dos horas previas.

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