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'Open Windows', el poder de Internet

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Nacho Vigalondo es uno de los casos más peculiares de nuestro cine. El tío es un líder de masas interneteras, con un montón de seguidores y amigos en las redes sociales. Amable, cinéfago más que cinéfilo, simpático y con un peculiar sentido del humor, es admirado por un montón de espectadores que le ríen las gracias allá por dónde va, menos a la hora de pasar por taquilla para ver una de sus películas. ‘Los cronocrímenes’ (2007) tuvo una penosa distribución —algo muy habitual en nuestro país—, y ‘Extraterrestre’ (2011) se la pegó de forma estrepitosa.

Era de esperar que un proyecto como ‘Open Windows’ (2014) protagonizado por Elijah Wood y la ex estrella del porno Sasha Grey significase por fin el canto de cisne de un director que al parecer no es tan mediático como parece. La hostia taquillera fue de órdago, mientras que en lugares como Twitter no dejaban de tuitear mensajes de la gente diciendo lo maravillosa que era la experiencia. El poder de Internet, que muchas veces no se corresponde con la vida real. Curiosamente ‘Open Windows’ versa sobre ello, y mucho más; resultado irregular pero que podría tratarse del mejor film de su director.

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Una pantalla vestida para matar

Muchos hablaron de Alfred Hitchcock como principal referencia en ‘Open Windows’ por su ¿parecido? con la obra maestra ‘La ventana indiscreta’ (‘Rear Window’, 1954). Espantosas comparaciones aparte, creo que el verdadero referente del suspense planteado en la película es realmente Brian De Palma, que efectivamente fue un alumno aventajado de Hitchcock, pero Vigalondo parece estar reescribiendo los efectismos de películas como ‘Doble cuerpo’ (‘Body Double’, Brian De Palma, 1984) que el suspense orquestado por el mítico director británico. Sin embargo eso es lo de menos, lo que verdaderamente importa es el riesgo que corre Vigalondo en la forma, siempre de vital importancia, elegida para narrar su historia.

‘Open Windows’ está narrada a través de la pantalla de un ordenador portátil, el del protagonista de la película, Nick —un muy soso Elijah Wood, como viene siendo habitual en sus últimas interpretaciones, que hacen que echemos de menos la época infantil del actor, donde apuntaba maneras—, que ha ganado una velada con su actriz favorita, Jill Goddard —Sasha Grey intentando apartarse de su imagen de estrella porno—. El espectador siempre tendrá el punto de vista de Nick hasta ese último tercio de film, en el que un doble giro argumental echa a perder casi todo.

El riesgo que supone el narrar un film a través de las diferentes ventanas que se abren y cierran en la pantalla del portátil es evidente. Se corre el riesgo de confundir al espectador, de aburrirlo incluso. Pero Vigalondo se esfuerza, quizá demasiado, en hacer entretenida la función sin que nos perdamos un solo instante. No deja de ser una variante de los found footages que tanto abundan últimamente, pero sin tanto metraje aburrido e innecesario. Para ello Vigalondo echa mano de tres puntos argumentales de interés, alguno más que otros, enganchando al espectador desde el inicio.

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¿Quiénes somos en Internet?

Por un lado la posibilidad de tener el control de cualquier elemento electrónico como un móvil o un ordenador ajenos. Nick logra acceso, gracias a la ayuda de un misterioso personaje, al móvil de la actriz que ha decidido suspender su velada con él. Otro serían las intenciones de dicho personaje misterioso, y que al parecer se encuentra en todos lados, y la tercera la existencia de alguien llamado Nevada, una especie de Keyser Sozé de Internet, al que nadie ha visto y que podría ser cualquiera, sin duda el aspecto más interesante del relato.

‘Open Windows’ es una película que va de más a menos, lamentablemente. El buen arranque tiene la función va diluyéndose a lo largo del metraje pasando por varios instantes en los que la suspensión de incredulidad es poco menos que un milagro. Evidentemente muchos aspectos técnicos del film casan más con la pura ciencia-ficción, género del que Vigalondo es un enamorado, que con la posibilidad de que sucedan. Un villano no demasiado bien dibujado y un clímax apagado juegan también en contra del disfrute de un film que sobre todo debe verse como una experiencia.

Con todo, ‘Open Windows’ es un film tan entretenido como olvidable. Vigalondo no atina en la escritura de situaciones o personajes —ni uno sólo de ellos contiene un mínimo de interés— y acierta más en la puesta en escena, sugiriendo instantes para mí tan personales como esos minutos finales, en los que el espíritu de Philip K. Dick navega sin complejos. Nevada puede ser todos y cada uno de nosotros, o tal vez viceversa. Nuestra verdadera e intransferible identidad puede verse alterada cada vez que nos exponemos ante un mundo virtual que poco a poco va tomando el control. Desaparecer o no es una opción.

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