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Paul Newman | 'Esperando a Mr. Bridge' de James Ivory
Críticas

Paul Newman | 'Esperando a Mr. Bridge' de James Ivory

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De todas las películas en las que intervino Paul Newman, probablemente una de las más desafortunadas e innecesarias sea ‘Esperando a Mr. Bridge’ (‘Mr. And Mrs. Bridge, James Ivory, 1990), al menos en mi opinión. Un pequeño ladrillo de más de dos horas de duración, que como contrapeso posee dos portentosas interpretaciones por parte de Paul Newman y Joanne Woodward, en la que sería la última reunión cinematográfica del matrimonio por excelencia de Hollywood.

El propio actor reconoció que el film sería un fracaso nada más leer el guion, del cual se enamoró, llegando a afirmar que, por muy poca gente que fuese al cine a ver la película ya se habrían superado todas las expectativas. Newman pensaba que del libreto de Ruth Prawer Jhabvala —ganadora de dos Oscars al mejor guion por ‘Una habitación con vistas’ (‘A Room With a View’, 1985) y ‘Regreso a Howard’s End’ (‘Howard’s End’, 1992)— no se podría hacer una película, y poco se equivocaba.

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Basada en dos novelas de Evan S. Connell, en la que sería la única adaptación al cine de su obra, ‘Esperando a Mr. Bridge’ narra la vida de un matrimonio y sus respectivos hijos en un período que abarca desde finales de los años diez a mediados de los cuarenta, centrándose sobre todo en los segundos. El Mr. y la Mrs. Bridge del título original —el español parece un mal chiste— son un matrimonio que parece vivir anclado en épocas pasadas, lo que les traerá problemas con determinadas personas e incluso con sus hijos.

Una pareja en estado de gracia

Joanne Woodward, extraordinaria y maravillosa actriz que creo nunca ha estado lo suficientemente bien considerada, se luce por completo con su difícil personaje a medio camino entre la inocencia y la ceguera voluntaria, un tipo de mujer siempre apegada a su marido y que apenas vierte opinión cuando temas serios, sobre todo el sexo, son puestos sobre la mesa. Su compenetración con Newman es de las que están hechas a pruebas de balas, y aquí debieron disfrutar lo suyo enfrentándose con dos personajes complementarios pero muy diferentes.

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Newman en cambio deja de lado el lado más estival del método Actor’s Studio y compone un Mr. Bridge contenido, hierático y con una extraña habilidad para aunar humor con un atroz conservadurismo. El actor no se pasa ni un milímetro, controlando en todo momento el timing. Pocos actores han sabido moverse delante de una cámara, y en el otoño de su vida, Newman seguía demostrando que era de los mejores, sino el mejor. Su Mr. Brige es un ser repelente y al mismo tiempo gracioso por lo desfasado que está en su tiempo.

El problema es el de casi siempre en un film dirigido por James Ivory: el ritmo y una puesta en escena contemplativa en el sentido literal del término. Una mirada demasiado almibarada que choca con lo presuntamente dramático del subtexto. ‘Esperando a Mr. Bridge’ no tiene demasiado que contar. No hay conflicto, no hay catarsis, no hay progresión dramática, sólo un puñado de actores —podemos encontrar a unos jóvenes Robert Sean Leonard y Kyra Sedgwick— recitando con convicción sus frases e intentando vestir algo más a sus sosísimos personajes.

Poco a poco Newman separaría más en el tiempo sus apariciones en pantalla. El cine había cambiado considerablemente en cuestiones de consumo y la falta de buenos personajes para un actor de su edad era una terrible realidad. Tendríamos que esperar cuatro años para verle pasárselo en grande a las órdenes de los hermanos Coen.

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