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'Piraña 3D', comida basura

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En 1978 el siempre inteligente Roger Corman produjo el segundo film —el primero en solitario—, del realizador Joe Dante, que comenzaba con ‘Piraña’ (‘Piranha’) una fructífera etapa que se desarrollaría durante los años 80 en películas tan significativas como ‘Aullidos’ (‘The Howling’, 1981), ‘Gremlins’ (id, 1984), ‘El chip prodigioso’ (‘Innerspace’, 1987) y ‘No matarás… al vecino’ (‘The Burbs’, 1989). El trabajo de Dante era una lógica respuesta en clave de serie B al superéxito de Steven Spielberg ‘Tiburón’ (‘Jaws’, 1975), que había reventado las taquillas hacía pocos años, generando con ello un aluvión de copias además de cambiar los patrones del cine de entretenimiento, operación iniciada con dicho film y completada con la famosa saga galáctica de Lucas.

Mucho ha llovido desde entonces, y en ese ejercicio tan común de revisar viejas fórmulas para compaginarlo con las nuevas tendencias, y con ellas las nuevas formas de ver y disfrutar el cine, léase 3D, nos llega la última película del interesante Alexandre Aja, especialista en remakes ,ese “género” tan admirado y seguido por muchos. En ocasiones la operación le ha salido bien, tal es el caso de la estimable ‘Las colinas tienen ojos’ (‘The Hills Have Eyes’, 2006), que supera con creces el original de Wes Craven; y otras es mejor olvidar, caso de ‘Reflejos’ (‘Mirrors’, 2008), que no era capaz de mejorar el ya mediocre film oriental. Lamentablemente ‘Piraña 3D’ se acerca más al trabajo protagonizado por Kiefer Sutherland que al otro, que parece destinado a convertirse en el mejor film de su director, ése que jamás superará.

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Así pues que el inicio de ‘Piraña 3D’ sea una secuencia protagonizada por el mismísimo Richard Dreyfuss no es coincidencia alguna. Se trata de un clarísimo homenaje a la obra maestra del género, y el hecho de que el personaje perezca a la velocidad del rayo suena a declaración de intenciones: las pirañas se lo van a pasar de miedo en la película, los veraneantes no tanto y el espectador depende. Un servidor se aburrió enormemente con el film, de principio a fin, disfrutando únicamente de alguna que otra broma salvaje del señor Aja, pero lejos de la malsana atmósfera de su mejor película, antes mencionada. Uno puede mirar esta película como una especie de juego macabro entre Aja y el espectador, al que intenta impresionar primero con una soporífera presentación de personajes, a cada cual más tonto, y después con una orgía sangrienta pocas veces vista en el cine reciente debido a su detallismo.

Y es ahí donde la película se desequilibra ferozmente, nunca mejor dicho, porque si el primer tramo resulta insufrible hasta límites insospechados, el segundo es un exceso de proporciones cósmicas que transmite la misma sensación de aburrimiento por repetición, uno de los males más extendidos del actual cine hollywoodiense. No hay duda de que Aja parece haberlo hecho adrede; la operación parece tan sencilla como maliciosa, aunque habría que decir más bien que es simplona y anodina. No hay un solo personaje que caiga bien, a excepción del interpretado por Elisabeth Shue, cuyo rol entra de lleno en el grupo de heroínas de acción en la tradición de Sigourney Weaver o Linda Hamilton en trabajos de James Cameron. El resto son chavales que sólo piensan en aparearse y estar de fiesta, lógico en ciertas edades, pero con un grado de imbecilidad que raya lo surrealista. Tal vez por ello Aja descarga toda su furia en el impactante tramo final esperando que el espectador disfrute con la matanza de tanto jovenzuelo mononeuronal.

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Pero dejando a un lado ciertos detalles con evidente mala leche, diría que Aja no se encuentra demasiado cómodo con lo que narra, y que incluso se le ha ido la mano bastante. Si la primera parte resulta un completo aburrimiento, la segunda es a todas luces un exceso sangriento que termina saturando. De acuerdo que Aja demuestra tenerlos bien puestos al mostrarnos algunas escenas desagradables sin ninguna concesión, pero al repetirse tanto cae de nuevo en el hastío, además de desaprovechar, quien sabe si intencionadamente, todas las posibles situaciones de suspense que la historia pueda plantear. Y el presunto sentido del humor que el film pueda destilar queda reducido a un par de chistes sin gracia alguna, como ese final que remite directamente al mejor instante de ‘Deep Blue Sea’ (id, Renny Harlin, 1999). Y ahí se acaba todo.

‘Piraña 3D’ se consume con la misma rapidez que un Mcmenú de cuarto de libra —sólo con queso, en mi caso— para más tarde olvidar qué se ha comido. Pero en este caso ni siquiera el “manjar” se disfruta durante su ingestión, a lo cual no ayuda ni las estimulantes presencias de Elisabeth Shue o Dina Meyer, y alguna que otra conocida actriz porno a la que Aja destroza literalmente. De los actores masculinos mejor ni hablar, y respecto a las tres dimensiones, si ya sabemos que no convierten en buena una película tampoco la hacen mala. En el caso de ‘Piraña 3D’ hasta diría que está mal utilizada, recordando a lo que se probaba con el inventito allá por los años 50. ¿Otro ejercicio de nostalgia?

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