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Syfy 2017 | Los tiburones ausentes de '47 Meters Down' y vergüenza ajena en el oeste con 'Stop Over in Hell'
Críticas

Syfy 2017 | Los tiburones ausentes de '47 Meters Down' y vergüenza ajena en el oeste con 'Stop Over in Hell'

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Tras dejar con muy buen sabor de boca con el preestreno de la sensacional ‘Logan’, la XIV Muestra Syfy de Cine Fantástico de Madrid arrancó de forma oficial ayer y no puedo decir que la primera jornada fuese muy estimulante. Ya os hablamos hace unas horas de ‘Worry Dolls’ y ‘Seoul Station’, pero es que el día no fue a mejor con las dos siguientes proyecciones.

En el caso de ’47 Meters Down’, una fallida apuesta por el cine con tiburones que utiliza de forma muy limitada a esa temible criatura, aún hay alguna escena de tensión rescatable, pero ‘Stop Over in Hell’ es un western que produce vergüenza ajena, un perfecto ejemplo de qué no habría que hacer nunca y que va de cabeza a mi lista de peores películas que he visto.

‘47 Meters Down’, tensión a cuentagotas

Parece que últimamente ha resurgido el interés por los tiburones en el cine y ’47 Meters Down’ ha querido aprovecharlo de una forma bastante inesperada: Reduciendo al máximo las apariciones de estos escualos para que funcionen en realidad más como una forma de justificar que dos hermanas no puedan salir de una jaula que accidentalmente ha caído al fondo del mar que como una criatura sedienta de sangre y carne humana.

De esta forma todo se traslada al drama humano con Mandy Moore como gran estrella de la función. Ahí los cimientos son débiles, pues durante sus primeros minutos el director Johannes Roberts no logra crear la necesaria empatía con ella y su hermana -la televisiva Claire Holt-, llegando al punto en el que lo único que uno está deseando es que sufran lo máximo posible antes de que uno o varios tiburones acaben con ellas.

47 Meters Down

Ese sufrimiento es lo que no tarda en darnos Roberts, también autor del guion junto al español Ernest Riera, pero lo hace de una forma un tanto tramposa, tanto en lo referente a la duración de sus bombonas de oxígeno botellas de aire comprimido como en otros detalles en los que no entraré para evitar desvelaros más de lo necesario. No obstante, hay algún momento de tensión genuina, insuficiente para compensar el resto, pero que sí hace su visionado más llevadero.

Además, tanto Moore como Holt saben mostrar bastante bien lo mal que lo están pasando allí abajo, compensando así en parte la escasa presencia de los escualos. Sin embargo, se pierde ese toque visceral que nos predispondría a pasar por alto las lagunas de su libreto, limitando así de paso las interpretaciones de sus dos protagonistas. Con todo, nunca llega a resultar tan estúpida o aburrida como ‘Worry Dolls’, pero tampoco tiene suficientes virtudes como para ir más allá del insuficiente alto.

‘Stop Over in Hell’, difícil hacerlo peor

Una de las peores películas que he visto en toda mi vida. Una increíble sucesión de decisiones erróneas por parte de alguien que demuestra no tener conocimientos del lenguaje audiovisual más allá de intentar incluir algunos homenajes a otros westerns y a usar de forma desastrosa la cámara lenta, llegando a provocar directamente carcajadas por el sinsentido resultante de su abusiva utilización -llega un punto en el que parece más una forma de alargar su metraje que cualquier otra cosa-

No me olvido tampoco del obvio redoblaje que en el mejor de los casos da la sensación de estar leyéndolo y en el peor destruye la interpretación del actor o la actriz. Me cuesta entender qué hace por ejemplo Nadia de Santiago en un subproducto de esta categoría -lo de Ramón Langa aún podría ser por amistad pasarse un día por el rodaje-, pero es que incluso la parte de su actuación basada en el lenguaje no verbal llevaría a pensar en una actriz amateur a cualquier que no la conozca de antemano.

Escena Stop Over In Hell

Además, el horroroso trabajo tras las cámaras de Victor Matellano tiene al cómplice ideal en el guion firmado por Antonio Durán, Juan Gabriel García y el propio Matellano, empezando por la construcción de personajes -triste que el más inspirado sea un deficiente que solamente se ríe de forma un tanto absurda y colecciona orejas de sus víctimas-, siguiendo por los diálogos -hay varias conversaciones que cuesta mucho creerse que sus autores reflexionasen lo más mínimo al respecto- y acabando por la propia evolución de la historia.

El disparate es tal que sencillamente no hay nada que merezca la pena rescatar, ya que incluso las escenas gore carecen del impacto necesario, y eso que se nota que es donde han intentado elaborar la película un poco más, seguramente por contar con la implicación del legendario Colin Arthur, quien ya había colaborado con Matellano en sus anteriores trabajos. De hecho, lo mejor que puede decirse de ella es que hay que verla para poder creerse lo mala que es.

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