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'The Equalizer (El Protector)', la contundente elegancia del justiciero

'The Equalizer (El Protector)', la contundente elegancia del justiciero
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Nunca he sido un gran amante de las películas de justicieros urbanos, ya que en la mayoría de los casos da la sensación de ser siempre lo mismo con variaciones tan mínimas que simplemente no merece la pena emplear nuestro tiempo en su visionado. Siempre nos queda la esperanza de que no sea el caso -el Batman de Christopher Nolan no deja de ser eso más que un superhéroe al uso-, lo cual nos lleva a probar suerte con títulos como 'The Equalizer -El Protector-' (Antoine Fuqua, 2014) a ver si suena la flauta por casualidad.

Nadie duda de que uno de los grandes atractivos a priori de 'The Equalizer (El Protector)' está en el hecho de que supone el reencuentro profesional de Denzel Washington y Antoine Fuqua tras haber colaborado por primera vez hace ya más de una década en la notable 'Training Day' (2001), aún hoy el mejor trabajo de su director. Por desgracia, la cinta que nos ocupa se queda algo lejos de alcanzar el nivel de aquella, pero sí que tiene suficientes atractivos para no despacharla por la vía rápida como otra película más de justicieros urbanos.

Un prometedor arranque y un mejor desenlace

Denzel Washington es

No creo Denzel Washington sea uno de los mejores actores actuales, pero siempre podremos confiar en él cuando una película necesita un intérprete sólido y con un saber estar incuestionable, algo que algunas estrellas de Hollywood adquieren con el paso del tiempo y que ayuda a hacer más digerible el visionado de auténticas porquerías en las que se dejan ver simplemente para aumentar el extracto de su cuenta bancaria. Por suerte para nosotros, 'The Equalizer (El Protector)' es mejor que todo eso, algo que queda claro desde sus primeros minutos.

Tomándoselo todo con bastante calma, Fuqua dedica la primera media hora de metraje a conseguir que sintamos simpatía hacia el protagonista -buen detalle el del baile- y a entender el motivo que le lleva a desatar su fiera interior. Además, Washington encuentra un apoyo de lujo en Chloë Grace Moretz, quien da vida a una joven prostituta que es maltratada por su proxeneta. Ellos son los que consiguen que unos diálogos que no son nada del otro mundo suenen naturales y la química entre ellas logra que, al menos de entrada, nos impliquemos en las andanzas como justiciero de Washington.

Saltemos ahora a los últimos 15 minutos, ya que se tratan sin duda de lo mejor de la función, ya que confluye la ya comentada eficacia de Washington con una cuidadísima puesta en escena por parte de Fuqua. Algunos podrán acusarle de limitarse a estilizar la violencia y hacerla atractiva visualmente, pero lo cierto es que no solamente está todo perfectamente coreografiado, ya que Fuqua huye del montaje confuso y permite al espectador entender y "disfrutar" lo que sucede en pantalla. Es ahí cuando la elegancia característica del protagonista realmente encuentra un igual que le permite alcanzar todo su potencial.

El cansino segundo acto de 'The Equalizer (El Protector)'

Escena de

El problema es que tener un buen inicio y un desenlace que deja con muy buen sabor de boca no equivale a tener un todo consistente, porque entre medias hay un extenso segundo acto -más de una hora de metraje- que simplemente no está a la altura de las circunstancias y resta interés de forma notable a 'The Equalizer (El Protector)'. Son tres los principales motivos de ello: No tarda en convertirse en más de lo mismo, aparecen en escena demasiados personajes con escaso o nulo interés y alarga en demasía la llegada del inevitable enfrentamiento final.

Es una pena que los tópicos hagan acto de entrada y solamente instantes puntuales -la escena de presentación del sicario principal interpretado por Marton Csokas, con la cual logran equiparar su contundencia a la del protagonista, dando así más entidad a su rivalidad- y la ausencia de miedo para ser gráficos -alguna ventaja tiene que haber en estar calificada R en Estados Unidos-, aunque sin caer en ningún momento en el mal gusto, a la hora de mostrar la violencia evita que 'The Equalizer (El Protector)' se hunda en la miseria.

Por lo demás, diálogos repetitivos y sin brillo -se nota mucho la ausencia de Moretz en esa parte de la cinta- y una extraña pérdida de entidad del protagonista, que a ratos no es más que una máquina de matar ligeramente más ingeniosa de lo habitual.

De todas formas, el bagaje general es positivo, ya que incluso en sus momentos más flojos nunca llega a resultar un espectáculo insoportable gracias al buen hacer de Washington y, en menor medida, Fuqua y en los buenos realmente merece la pena. Eso sí, los que busquéis un gran entretenimiento entre los estrenos de esta semana será mejor que os animéis con 'Relatos Salvajes' (Damián Szifron, 2014), donde también abunda la violencia, pero junto a una efectiva carga humorística que en 'The Equalizer (El Protector)' brilla por su ausencia.

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