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'The Host (La huésped)', invasores crepusculares

'The Host (La huésped)', invasores crepusculares
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Si una película da grandes beneficios a una productora, lo más habitual es que lo exprima hasta la extenuación con todas las secuelas posibles. Por desgracia para Summit Entertainment, el estreno de 'La saga Crepúsculo: Amanecer. Parte 2' ('The Twilight Saga: Breaking Dawn. Part 2', Bill Condon, 2012) cerraba la franquicia que más ha hecho para denigrar la figura del vampiro en el cine, por lo que se abría la veda para encontrar su sustituta en lo referente a amores adolescentes imposibles. Hace pocas semanas se estrenaba la insípida 'Hermosas criaturas' ('Beautiful Creatures', Richard LaGravanese, 2013), pero su intento de explotar la fórmula cambiando a los vampiros y hombres lobo por brujas no contó con el respaldo del público, algo que de repetirse en próximas tentativas —y ya hay muchas en camino— podría, para alegría de muchos, finiquitar esta veta. Sin embargo, mañana se estrena en España —En Estados Unidos aún tendrán que esperar una semana más— 'The Host (La huésped)', adaptación cinematográfica de otra novela de Stephenie Meyer —también responsable de los libros que dieron pie a La saga Crepúsculo— que ya amenaza en su campaña publicitaria con ser el inicio de otra franquicia de dudoso interés.

Prefiero dejar que seáis vosotros los que saquéis conclusiones del hecho de que Stephenie Meyer fue la escritora que más libros vendió en Estados Unidos en los años 2008 y 2009, consiguiendo que la gente comprase más de 55 millones de unidades de sus novelas en ese lapso temporal. Las aventuras de los vampiros gusiluz fueron clave para lograr esas cifras, pero justamente en 2008 fue cuando lanzó 'La huésped', novela que no gozó del mismo éxito que las de la otra saga de Meyer —también es cierto que las ventas de ésta se dispararon tras dar el salto al cine—, pero que no tardó demasiado en ser adquirida para dar el salto a la gran pantalla. El resultado artístico es ligeramente superior a 'Crepúsculo' ('Twilight', Catherine Hardwicke, 2008), pero no lo suficiente como para ser merecedora de un simple aprobado.

Imagen de la película

Me llamó poderosamente la atención el anuncio de que Andrew Niccol había sido el director elegido para liderar 'The Host (La huésped)' tanto en la puesta en escena como en las labores de adaptación de la novela original. Era una noticia desconcertante, ya que Niccol era un autor bastante reputado, tanto por la escritura de guiones para otros realizadores —'El show de Truman' ('The Truman Show', Peter Weir, 1998)— como por las películas escritas y dirigidas por él mismo, en especial por la magnífica 'Gattaca' (id., 1997). Sin embargo, ninguno de sus tres primeros largometrajes gozó del éxito esperado y algo cambió en los seis años que separaron los estrenos de la notable 'El señor de la guerra' ('Lord of War', 2005) y la mediocre 'In Time' (id., 2011) y no fue precisamente para bien.

Niccol siempre ha demostrado una marcada querencia por los argumentos distópicos, pero en 'In Time' no había ni rastro de su talento, quedando la sensación de que había preferido jugar sobre seguro para garantizar la continuidad de su carrera. El resultado fueron unos ingresos mundiales de más de 170 millones de dólares habiendo costado apenas 40. Su destino estaba sellado y 'The Host (La huésped)' no es más que otro paso en esa dirección. No esperéis encontrar aquí rastro alguno del lirismo, capacidad reflexiva —bueno, de esto hay, pero saturada de tópicos y como mero telón de fondo para que la película parezca más interesante de lo que realmente es— o profundidad narrativa demostrada, en mayor o menor grado, en sus tres primeros trabajos tras la cámara. Sí hay que agradecerle que abrace ocasionalmente el absurdo de determinadas situaciones, en especial en lo relacionado el complicado cuartero amoroso que se establece entre la protagonista —anodina Saoirse Ronan—, la alienígena que se ha apoderado y otros dos lozanos muchachos.

La voz en off es un recurso que Niccol se ve forzado a utilizar para reflejar la supervivencia de la personalidad de Melanie ante la usurpación de su cuerpo por parte de Wanda, pero no consigue trascender en ningún momento sus limitaciones, cayendo de lleno en lo absurdo en multitud de ocasiones. Pasando ya al global de la historia, Niccol muestra un innegable interés en que la parte romántica no canibalice al resto, dosificando con corrección su presencia hasta que ésta gana demasiado peso en el tramo final de la película. Con anterioridad, Niccol se extiende en la faceta humana de la historia por encima de cualquier reflexión sobre los invasores extraterrestres más allá de que ellos consideraban a los humanos indignos de su planeta y que una de ellas —inocua Diane Krueger— tiene una obsesión personal con aniquilarlos.

El resto son breves incisos para crear un clima de suspense que nunca logra despegar, sólo consiguiendo cierto impacto en el espectador el momento en el que unos humanos incautos deciden quitarse la vida antes que ver cómo su identidad es suplantada por alguno de los invasores. Esto se debe a que Niccol intenta huir de los artificios a la hora de retratar a los humanos, algo que se nota especialmente en el caso el personaje interpretado por William Hurt, ya que consigue transmitir cercanía y ser alguien con auténticos sentimientos. Menos efectivo resulta mostrando los miedos del resto de personajes, dejándose llevar por los, sospecho que heredados del original literario, tópicos más manidos que uno pueda recordar.

Se nota además que la productora no ha querido gastarse demasiado dinero, ya que gran parte de la película está ambientada en interiores, en especial en una cueva gigante en la que sobrevive la resistencia humana. Niccol sabe convertir esa limitación en virtud, ya que ofrece escenarios muy diferenciados dentro del mismo espacio, evitando así caer en lo repetitivo. La pega es que las tramas que él mismo desarrolla como guionista carecen de chispa y acaban alargando el metraje hasta unas excesivas dos horas. Tampoco ayuda nada ese previsible epílogo que deja la puerta abierta a secuelas ya confirmadas por Meyer, quien también ha dicho que no tiene aún ni idea de por dónde van a ir los tiros. Mi lado escéptico me lleva a pensar que está esperando a ver qué es lo más comentado de la película por sus fans —que los tendrá— y tirar en esa dirección.

Imagen de William Hurt en

'The Host (La huésped)' no es realmente una mala película, pero sí un muestrario de ideas desaprovechadas —cuando no caen directamente en el absurdo— por no haber ido más allá de una premisa sugestiva. No resulta tan artificial como todas las entregas de La saga Crepúsculo y hay detalles interesantes o apuntes cómicos —no tengo claro que sean de forma deliberada o no— que consiguieron que no llegara realmente a aburrirme. Menos da una piedra.

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